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Opinión

Inflaciones eran las de antes

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Ante la pregunta de inflación, el ex ministro Lorenzino dijo: “Por favor, sáquenme de acá”.

Alejandro Borensztein

Alejandro Borensztein

Como todo el mundo sabe y se ha dicho infinidad de veces, este gobierno tiene el mejor equipo en 50 años. No entiendo que espera el Presidente para poner a los titulares. No digo que los suplentes no sirvan, pero cuando abren la boca son livianitos y cuando van a trabar no ponen la piernita lo suficientemente fuerte.

Deberían aprender del Tolo Gallego que esta semana contó en el programa de Macaya y Benedetto, que en el Mundial 78 cuando venía un delantero contrario, entre él, Pasarella y Tarantini se miraban y uno gritaba “¡amortigualo!”. Eso era lo último que escuchaba el tipo antes de perder el conocimiento y ser retirado por los camilleros.

Hay muchos ejemplos futboleros para entender como se defienden ciertas situaciones, pero la única verdad es que llegó el momento de que el gobierno se ponga firme y explique las cosas como son: no podemos seguir gastando la que no tenemos.

Y lo más importante de todo: si los argentinos vamos a seguir gastando la que no tenemos, por lo menos tengamos la viveza de no andar gritándolo a los cuatro vientos porque si no los de afuera se van a avivar y se van a volver a llevar los dólares que trajeron, que es exactamente lo que pasó en estos días.

Si bien el gobierno intenta tibiamente explicar el problema, evidentemente lo hace con escrúpulos.

Aprovechando que la Rosada explica poco y nada, los peronistas se reagrupan y empiezan a pedir a los gritos que se mantengan los subsidios para ver si pueden congraciarse con los votantes que perdieron.

Lo más grave no es que sean tan demagogos sino que sean tan buchones. Los gritos opositores también llegan a los oídos del granjero de Ohio, a quien el banco de su barrio lo convenció de invertir sus ahorros en bonos argentinos porque rinden una bocha.

Pero cuando el tipo escucha a Graciela Camaño pidiendo a los gritos que las tarifas solo se actualicen por la inflación, o sea que se mantengan los subsidios, o al kirchnerismo pidiendo directamente que se congelen, deja el tractor y piensa: “o sea que yo soy el boludo que le está subsidiando la luz y el gas al banana de Caballito que usa mis dólares para irse a veranear a Florianópolis”.

Al toque, el granjero llama al banco, rescata sus dólares y sale a comprar bonos uruguayos que rinden menos pero son más seguros por el simple hecho de que Uruguay no tiene el nivel de déficit que tenemos nosotros. Entre otras razones, porque los uruguayos se pagan la luz ellos solitos, mi alma.

El gobierno disimula el bolonqui todo lo que puede. Ante el periodismo, Dujovne dice que mantiene la meta de inflación del 15% y te mira fijo sin parpadear. Y no te miente. La meta y el porcentaje se mantienen. Lo que cambia es el plazo. Sigue siendo el 15%, pero a julio. Así, al menos, esta vez se aseguran de cumplirla. Después, con lo que vaya a pasar de agosto a diciembre, vemos.

Ojo, seamos justos: en ese mismo cargo de Ministro de Economía y ante la misma pregunta sobre la inflación hecha por una periodista extranjera, alguna vez el entonces ministro Lorenzino dijo: “Por favor saquenmé de acá”. No olvidar.

Volviendo al punto. ¿Es grave la inflación? Sólo si sos pobre. En el fondo, al Estado le sirve porque le va licuando los gastos que tiene que pagar. A los ricos también, por la misma razón. Y la clase media se la banca porque después de 70 años ya aprendió a surfearla.

¿Es mucho 25% al año? Nada, una pichincha.

Cuando la dictadura terminó en 1983, la inflación era del 433%. Los militares le habían dejado a Alfonsín una bomba y se escaparon por la ventana. ¿Le suena amigo lector? El déficit del Estado era insostenible y los intereses de la deuda eran asfixiantes. Durante el primer año de Alfonsín la inflación se disparó aún más: 688% anual.

Don Raúl, que representa todo lo que está bien, creyó ingenuamente que con la llegada de un gobierno democrático y republicano, el mundo nos iba a tratar de manera diferente ayudándonos con la deuda y las inversiones. ¿Le suena amigo lector? Pero ni el mundo en general, ni Ronald Reagan en particular, funcionaban así.

El año con menos inflación fue 1986 con 87% anual. En 1989 la cosa reventó y terminamos con 3.079% de inflación anualizada.

Luego vino Menem con toda la polenta peronista y en su primer año sólo tuvimos 2.314% de inflación. Un alivio para todos.

Cuando ya no sabían que inventar para frenar la crisis, apareció Cavallo con una fórmula mágica: la ley de convertibilidad. De aquí en más y para siempre, un dólar iba a valer un peso y chau. Por ley, terminábamos con la inflación. Único en el mundo. Cavallo, un genio incomprendido que ahora emputece al país deambulando por los canales de televisión para tratar de vender su libro. Detalle: los Kirchner lo adoraban. Pero no fueron los únicos. Para las elecciones de 1999 todos los candidatos se comprometieron a mantener la convertibilidad. No fuera cosa que la clase media se enojara y no los votara.

Sin embargo, la deuda y el déficit no paraban de crecer. Y cuando todo estaba por explotar, hubo un clamor unánime para que el mismo Cavallo fuera convocado por De la Rúa para resolver el problema.

El hecho de que aún hoy nadie se haya hecho cargo de aquel clamor no debería sorprendernos. Todavía la sociedad argentina no se hizo cargo de la dictadura. Fueron marcianos que nos invadieron.

Después vinieron el 2001, Duhalde, Remes Lenicov y finalmente Lavagna. La megadevaluación y el aumento del precio de los comodities nos sacaron del pozo.

Luego llegó el kirchnerismo e inventó una fórmula genial: no hay inflación porque Moreno, su pistola y sus matones así lo dicen. Punto. Como mucho, un 7 u 8% anual. Un éxito. El hecho de que la nafta haya arrancado en 2003 costando 0,90 centavos y terminado en 2015 costando casi 15 pesos es simplemente porque en la Argentina los surtidores andan como el orto.

Lo mismo pasó con la yerba La Tranquera en COTO (de $0,99 a $22,25 o sea 2.147% de aumento), la Coca Cola en DISCO ($2,49 a $29,95 o sea 1.103% de aumento) o el filet de merluza en JUMBO ($5,75 a $75,99 o sea 1.222% de inflación). Todos errores de la cajeras que tocan cualquier tecla y se pasaron la década ganada llamando a la supervisora para que venga con la llavecita.

La mejor prueba de que durante el kirchnerismo no hubo inflación es que nunca aumentaron ni el agua ni el gas ni la luz ni el transporte ni nada que el Estado pudiera subsidiarle a la clase media y a los ricos.

Ahora la pregunta del millón no es si este gobierno sabe como salir del problema o no. Ponéle que no.

En realidad, la verdadera y única pregunta es: ¿estamos los argentinos dispuestos a hacer lo que hay que hacer para realmente cambiar o preferimos seguir así y que no nos rompan las pelotas? To be or not to be. Esa es la cuestión.

No es tan difícil. El mundo pudo. Pero sin docencia nunca se va a entender y sin acuerdos políticos nunca se va a resolver, incluyendo sindicalistas y, ni hablar, empresarios.

Al fin y al cabo, ¿por qué cuando sube el dólar sube la lata de tomate? Muy fácil. El tomate es el componente nacional del producto por lo tanto tiene un costo en pesos. Pero hay dos componentes que tienen costo en dólares: el aluminio que se usa en la aleación de la lata de tomate y el amortiguador del BMW del dueño de la fábrica de latas de tomate.

¿Por qué las cosas han sido así? Por que esto es Argentina, amigo lector. Hoy tenemos una nueva oportunidad para enfrentar la realidad y terminar con esta joda.

Alguien tiene que salir a explicar que nadie tiene derecho a pedir más nada. Salvo el 30% de pobres. No es que ellos sean la prioridad. Son la única prioridad.

A los demás sólo les cabe poner. Empresarios, sindicalistas, industriales, legisladores, gobernadores, jueces, ministros, constructores, agroganaderos, empleados, profesionales, monotributistas, exportadores, importadores, banqueros, periodistas, artesanos, textiles, y funcionarios de todo tipo. Nadie más pide más nada. Todos ponen, en la medida de cada uno. Salvo el 30% al que hay que ir a rescatar.

Ya lo dijo JFKennedy antes de convertirse en aeropuerto: “No pregunten más que puede hacer EEUU por ustedes, pregúntense que pueden hacer ustedes por EE.UU”. Donde dice EE.UU. tachar y poner Argentina. No hay otra. Ahora o nunca.

 

CLARIN

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Andrés Malamud: “El peronismo dividido, con una economía razonable, pierde las elecciones”

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El politólogo habló con Infobae al terminar su presentación en el 54 Coloquio de IDEA

El politólogo Andrés Malamud durante su exposición en IDEA

El politólogo Andrés Malamud durante su exposición en IDEA

En el mundo académico, el politólogo Andrés Malamud es muy conocido y respetado. Quizás porque hace muchos años que vive afuera, pero siempre sigue conectado con el debate local, a través de twitter, de sus infinitos amigos, de su talento especial para escuchar, entender, tender puentes. Sin embargo, los empresarios supieron de él en este 54° Coloquio de IDEA. Aquí, la charla que tuvo con Infobae al término de su participación en el primer panel, “Pensar la Argentina”.

– Su ponencia en IDEA tuvo mucho impacto. Cuéntenos cómo se sintió hablando en un ambiente empresario y, además, en traje.

– Me sentí muy cómodo a pesar del traje. Por las organizadores, sobre todo mujeres, que me convocaron, me dieron libertad para criticar el concepto con el cual ellas convocaron a este evento. Además, ellas pertenecen a un grupo social que no se hace notar por la distinción de clase. Eso es muy interesante. Este es un lugar de gente con plata, sin embargo, es gente que se comporta como cualquier otra persona, no te hablan con la papa en la boca, no te hacen sentir que son una oligarquía. Es algo que facilita mucho la comunicación.

– Efectivamente, un primer shock fue cuando dijo que no estaba de acuerdo con el concepto de cambio cultural. Explíquenos por qué.

– Por tres razones. Me siento incómodo primero porque el cambio cultural es un refrán, un concepto del Gobierno. Que una asociación empresaria lo tome la pega con el Gobierno, lo cual no es necesariamente bueno.  Se supone que acá tienen que abarcar un espectro político más amplio. La segunda razón es porque remite a una cuestión valorativa, ven el problema argentino como un problema moral. El cambio cultural piensa que la cultura es mala, que no funciona. Y la cultura son los valores. Yo creo que el problema argentino es político, tiene que ver con los incentivos. Nosotros ganamos y hacemos las cosas mal, porque el que las hace bien, pierde. Entonces, no tiene que ver con que seamos buenos o malos, sino con que hagamos las cosas buenas o malas. Finalmente, porque la cultura en la historia está vinculada con los extremismos. Mao, Che Guevara, hasta los totalitarismos fascistas europeos siempre reivindicaron una cierta cultura o una imposición cultural. Y lo que yo decía al final es que el único cambio cultural que me parece tolerable es el que empieza por uno mismo, el cambio en primera persona. Yo me cambio, yo no te cambio, como sos vos es tu problema, lo que puedo exigir son comportamientos.

– También habló de los incentivos como un asunto central. Ahora pareciera, y se discutió mucho en este Coloquio de IDEA, el incentivo por el contrario, digamos, por default, de la cárcel. Es decir, si no hacés las cosas bien, si los empresarios no hacen las cosas bien, pueden ir presos. ¿Cree que eso va a favorecer que los empresarios cambien?

– Solo eso. Si no fuese por los cuadernos no estarían hablando hoy de cambio cultural. No es que se levantaron un día y vieron la luz, tuvieron una epifanía y de repente dijeron ahora somos honestos. Es que tiene consecuencias en serio. Después la cultura es una cuestión de inercia a lo largo del tiempo, una vez que uno siente que lo castigan si no es honesto, y se beneficia siéndolo, lo va internalizando. Pero no es a partir de un cambio motivacional apoyado por una arenga de autoayuda que vamos a cambiar los comportamientos. Es con premios y castigos, palo y zanahoria, como pasó en cualquier país que hoy reputamos civilizado.

(Idea)

(Idea)

– Un concepto muy fuerte fue que la Argentina no se jodió con el peronismo, tomando esa idea de cuándo se jodió la Argentina de Mario Vargas Llosa. No se jodió hace 70 años, tal vez tampoco hace 100. Es disruptivo porque no es la culpa la tiene alguien, sino que nuestra convivencia que no funciona. ¿Cuál es el remedio?

– Sí, yo mencionaba el Martín Fierro y el “Cambalache”, que son pre-peronistas, para marcar que el premio para afanar es anterior al peronismo. Y la Argentina tiene cosas buenas y cosas malas. Las buenas las destacó María Esperanza Casullo cuando habló de la sociedad igualadora e integradora. Y esto no tenemos que perderlo de vista. Las cosas malas tienen que ver con la desconfianza, los argentinos habitualmente tienen éxito en el exterior, el problema es cuando estamos juntos. Lo que hay que cambiar es la matriz de incentivos, dicen los economistas. Y esto tiene que ver con el Estado, que multe lo que corresponde y premie lo que corresponde. En países no muy lejanos, en Uruguay o en Chile, hay control social, te miran feo si vos tirás basura en la calle, te miran feo si no das facturas. No es el Estado policía que está controlando, son tus conciudadanos. Eso hay que construirlo.

– Eso hay que construirlo. ¿Cuál sería una receta posible?

– La teoría de lo que se trata es de monitorear para que todos sepamos que estamos siendo vistos, no digamos controlados, aunque Perón decía que “el hombre es bueno, pero si se lo controla es mejor”. Lleguemos a un acuerdo, controlemos el robo, hagamos cosas moderadamente dentro de un carril y esto es bueno para todos, no solamente para los dos que compiten, también para aquellos que son representados por esos dos.

– Pareciera que el Gobierno quiere llegar a un acuerdo… Pero vio que Carrió patea un poco ese hormiguero. Por ahí lo hace por las buenas causas, pero pareciera que representa también una parte de la sociedad que no quiere ningún acuerdo.

– Definitivamente. La cuestión es si se puede utilizar esta pulsión moralista como funcional al sistema, a los acuerdos que el sistema necesita para que la Argentina funcione. Sergio Berensztein preguntaba: ¿y entonces dónde queda el conflicto?. No, el conflicto sigue, la competencia fundamental de la democracia es eso, pero es un conflicto institucionalizado. La democracia es incertidumbre con reglas, con límites. Lo que tenemos que acordar son los límites, después adentro nos damos con todo lo que tengamos.

– Sé que estuvo reunido el lunes con Marcos Peña. ¿Cómo está viendo al Gobierno? ¿Superando las crisis? ¿Aprendiendo? ¿O haciendo más o menos lo mismo?

– Veo que están aprendiendo, pero en parte es porque lo quiero creer. Podés desconfiar de mi respuesta. Lo que veo también es que el peronismo unificado gana las elecciones, pero el peronismo dividido, con una economía razonable, pierde las elecciones. Cambiemos solo tiene que lograr ser razonable y que el peronismo siga dividido. Por ahora, podría conseguirlo.

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Pablo Tonelli: “Cristina Kirchner tiene que estar presa, es claro que cometió delitos gravísimos”

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El diputado de Cambiemos, además, adelantó que no apoyará el pedido de juicio político contra el ministro de Justicia, Germán Garavano, que impulsa Elisa Carrió. “Es una exageración”, planteó

Foto : El diputado nacional Pablo Tonelli (Télam)

El diputado nacional por Cambiemos Pablo Tonelli respaldó al mismo tiempo a la líder de la Coalición Cívica, Elisa Carrió, y al ministro de Justicia, Germán Garavano, los protagonistas de una interna dentro del oficialismo, y consideró que la ex presidenta Cristina Kirchnertiene que estar presa, porque es claro que cometió delitos gravísimos“.

A raíz de la  situación judicial de la ex mandataria, Garavano criticó en una entrevista radial la utilización de las prisiones preventivas y señaló que “no es bueno” para el país que una ex presidenta sea detenida, algo que le valió los cuestionamientos de Carrió, que mañana podría presentar un pedido de juicio político contra el funcionario.

En este marco, Tonelli consideró que las declaraciones del Ministro de Justicia se realizaron con una “falta de oportunidad en el tiempo, al día siguiente de la vergonzosa decisión de Casación de absolver a Carlos Menem” y se mostró a favor de la postura de Carrió sobre Cristina Kirchner: “Tiene razón cuando dice que tiene que estar presa; coincido con ella, porque me parece que es tan evidente que ha cometido delitos gravísimos que no tengo la menor duda de que va a terminar condenada y presa“.

La ex presidenta Cristina Kirchner (AFP)

La ex presidenta Cristina Kirchner (AFP)

Tonelli, además, señaló que “no es bueno que todos los ex presidentes estén presos, porque habla de nosotros como sociedad; habla mal de nosotros”.

Sin embargo, el diputado oficialista señaló que no apoyará el pedido de juicio político contra Garavano. “Me parece una exageración; un juicio político procede en casos extremadamente graves y lo de Garavano es una opinión”, afirmó en diálogo con radio El Destape.

Otro diputado de Cambiemos, Daniel Lipovetsky, también se manifestó en contra del pedido de juicio político: “Mi opinión personal es que no hay fundamento”, señaló, y amplió: “Carrió tiene las preocupaciones de todo el bloque Cambiemos de luchar contra la impunidad y la corrupción, y en ese sentido Garavano ha sido un ejemplo”.

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Fito Páez: “La grieta es un invento de un par de caballeros y unas señoritas con tiempo libre y sin formación cultural”

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Luego de brillar en el Carnegie Hall en Nueva York, el músico habló a solas con Infobae. La peligrosa dominación de las redes sociales, el “error” de asociarlo con el kirchnerismo, la grieta en la sociedad y el amor después del amor. Intimo, frontal, verdadero Fito reflexiona sobre su vida

Llegó al lugar donde durante años solo llegaron sus sueños. Fue el viernes 28 de septiembre, con los ojos bien abiertos y el corazón que se le escapaba del cuerpo, cuando se subió al escenario que siempre había deseado.

El Carnegie Hall de Nueva York brillaba. Y Fito Páez (55) brilló en esa sala donde antes desplegaron todo su talento figuras como Liza Minelli, los Rolling Stones, los Beatles, hasta Mercedes Sosa y Astor Piazzolla.

En su noche mágica no estuvo solo: lo acompañaron “toda mi gente querida”: su novia, la actriz  María Eugenia Kolodziej (28), sus hijos Margarita (14, de su relación con Romina Richi) y Martín (20, de su vida junto a Cecilia Roth), y sus grandes amigos de la juventud. Fito sintió sobre ese escenario que ya nada más podía pedirle a la vida.

Ahora, cuando la emoción aun perdura pero siente que ya no tiene que pellizcarse para saber que no estuvo soñando, Páez dice frente a Infobae sentirse “pleno y libre“. Y confiesa que en su vida va liviano “porque no le debo nada a ningún partido político, ni tampoco busco agradar“.

Pero a Fito Páez, quizás como a su música, es mejor no presentarlo. Hay que escucharlo. Escuchemos, entonces.

—¿Que pensás de las redes sociales?

El teléfono es una máquina de dominación brutal. Todo lo que me pasa a mí, ‘yo, yo, yo’ todo el tiempo. Y también es una máquina de anestesiar. Ahora hay revolucionarios de Instagram. O de Facebook, o Twitter. No, no va eso. Eso está paralizado ahí. La acción siempre es en la calle, en el Parlamento. Todo se hace allí. En los escenarios reales, no en la virtualidad.

—¿Y los trolls?

—Me da miedo la virtualidad. El otro día leí un informe sobre cómo se forman los ejércitos trolls para atacar o denostar a alguien, es terrorífico. Es un método bélico claramente ¿no? Con sus sistemas, sus protocolos bélicos formales.

—¿Te afecta lo que digan de vos?

—No, no leo nada. Igual ya sabés cómo es eso, el 33% te ama, el 33% te odia y el 33% no le importa nada lo que hacés, la vida es más o menos así.

—¿Cómo te informás?

—Yo leo las cosas que me dan ganas de leer. Escucho la música que me da ganas de escuchar. A esta altura de mi vida ya releo y re escucho, estoy en ese período. Volver  a escuchar a Charly, volver a escuchar a Haydn, volver a escuchar a Mozart, volver a escuchar a Spinetta, volver a escuchar a Nebbia, a Steely Dan, a Mitchell. Y volver a descubrir cosas increíbles, volver a leer a Borges. Guau, es otro… Lo lees desde otra perspectiva cuando pasa el tiempo, es increíble ese momento. Son las mieles de la vejez (risas).

—¿Te preocupa el paso del tiempo?

—Claro, cómo no me va a preocupar, muchísimo. No me puedo emborrachar tanto como antes. Me tengo que cuidar mucho más. Ya si como la pizza después sé que se me va a hacer más difícil bajarla. Soy flaco con panza, no quiero.

—En la canción ‘Al lado del camino’ decís: “No pertenezco a ningún ismo”. Y quizás muchas veces se te asocia con algún partido político, mismo con el kirchnerismo.

No, es un error. No tengo que operar para nadie, no tengo que quedar bien con nadie, no hago las cosas para que alguien esté más o menos contento, no tengo que agradarle a nadie. A mí me gustaron muchísimas políticas del kirchnerismo, pero realmente yo no militaba el kirchnerismo porque no soy un hombre que milite en la vida política.

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—¿Qué te gustaba del kirchnerismo?

Sacaban el matrimonio igualitario, vamos. Sacaban la asignación universal por hijo, vamos. Se creaban universidades públicas, vamos. Che, ¿como no? O sea todas las cosas que yo veía positivas las apoyé y estuve allí, fui con mi cuerpo, di la cara, no tenía nada que ocultar. Pero no formé parte, no estoy afiliado a un partido político. Yo soy un hombre de las artes y de las humanidades, y eso no quiere decir que sea algo bueno (risas).

—¿Pero no sentís que mucha gente te colgó la etiqueta kirchnerista y se te cerraron puertas?

No. Tocamos en el Carnegie Hall el sábado, me están lloviendo millones de ofertas para hacer mil cosas, de mil plataformas digitales para compañías de discos, de managers, de Europa, aquí, allá. No, no, no se cierra ninguna puerta. Lo que sí lo te puedo decir es que el mundo no son los editoriales de los diarios argentinos. Hay un mundo allí afuera del correo de lectores de los diarios y de los editoriales, de las cuatro o cinco personas que leemos todos los días los diarios…. el mundo es muchísimo más amplio que eso.

—¿Lo decís por algo en particular?

—No, porque lo vivo, porque lo veo. Yo soy un viajero. Estoy en Colombia, estoy en Brasil. Te vas a Europa, te vas a Medio Oriente, y ves que hay otras realidades. Y que nuestra específica es muy neura ¿viste? Todavía la idea de Martínez Estrada sobre La cabeza de Goliat pensando en Buenos Aires, y sobre todo Argentina, sigue siendo real, y fue escrita en los años ’50, ’60 creo. Todavía esa mirada sobre el país sigue teniendo una actualidad impresionante. Lo recomiendo el libro, La cabeza de Goliat.

—¿Creés que existe la famosa grieta?

No. La grieta es una cosa que se inventaron ahora un par de caballeros y unas señoritas con tiempo libre y sin formación cultural. El mundo es así. La grieta ¡que antigüedad! Siempre estaba lo de Boca y River, no es de ahora muchacha. En Rosario yo conocí familias rotas por Central y por Newells, familias que no se hablaron nunca más. Esos hechos se suceden en todos los países, los demócratas y los republicanos…

—Pero la grieta es parte de nuestro día a día…

—Mirá, es peligroso el ‘Yo, yo, yo, yo’ hundiéndome cada vez mas. Porque decís ‘yo, yo, yo’ y las cosas crecen. Pero el ‘yo, yo, yo, yo’ nunca hace florecer nada, eso también lo sabemos. No florecen las cosas si la mirada es al ombligo. Porque cuando estás desconectado del mundo y de los demás lo único que cargás es la amargura de creerte que sos lo único que existe en el universo… y que vale la pena. Esas son vidas desgraciadas.

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—¿Como te fue en el amor a lo largo de tu vida?

Un quilombo, un quilombo bárbaro. Me sentí muy amado y amé mucho. Siento que he tenido una vida, que tengo una vida privilegiada total en ese sentido. Soy totalmente hétero, me vínculo con las mujeres, con las personas que han estado conmigo de la mejor manera que hemos podido cuando fuimos pareja.

—¿Y las rupturas?

—Creo que no hay ninguna maldad sino que a veces en las vidas maritales las cosas pueden tomar rumbos que pueden ser incómodos para alguno de los dos y eso genera la ruptura. Pero te diría que con casi todas mis ex parejas mantengo un vínculo precioso, de amor, de encuentro permanente, ya sea por la red o a través de los hijos, tanto con Cecilia, con Romina, con Fabi Cantilo. Son parte de la familia, yo soy parte de sus familias. Entonces hemos elaborado vínculos sanos, complejos pero sanos.

—¿Creés en la suerte? 

—Sí. Yo creo mucho en la suerte. Creo que hay voluntad de muchas personas que hacemos esto pero también la suerte es importante. Y la curiosidad ¿viste? Así que es una mezcla de todos esos elementos. Yo no paro en ese sentido. No sé, si lo puedo hacer aquí lo puedo hacer en la triple frontera. Siempre tengo una idea para escribir.

—¿Cómo sos como padre? 

—A veces, como todo padre, te ves desconocido, loco, zarpado en tu casa diciéndoles cosas. Por qué le dije esto a Martín, por qué le dije esto a Margarita… Me acuerdo siempre de un momento cuando fuimos a ver a U2 en La Plata, Martín tenía unos 12-13 años, y cuando empezó el concierto sacó el teléfono y quería filmarlo, y yo que soy un viejo choto milenario policía de la ciudad de Rosario le dije “no, no filmes con el teléfono porque te vas a perder el concierto”. Y se puso a llorar. Entonces me hizo tanto daño hacerlo llorar, que pensé “qué viejo choto que soy” ¿entendés?

—¿Qué te preocupa hoy?

—A mí me preocupa hacer reír a mis hijos. Y que se pongan bananas en la cabeza. Que se diviertan. Que tengan un mundo… El mundo después se va a ocupar de decirles que fue y será una porquería como decía Discepolo. Pero mi tarea como padre es hacerles la vida hermosa, que vean la parte hermosa del mundo. Y en eso estoy.

Foto TN.com.ar

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