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Macri se pierde el Mundial

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A partir del jueves es el momento para que el Gobierno haga todo el zafarrancho junto.

Macri pasó por Ezeiza antes de que la Selección fuera a Europa. Pero él se quedó en el país, donde tendrá mucho trabajo durante el Mundial.

Macri pasó por Ezeiza antes de que la Selección fuera a Europa. Pero él se quedó en el país, donde tendrá mucho trabajo durante el Mundial.

Alejandro Borensztein

Alejandro Borensztein

Que nos presten 50.000 palos verdes fue una noticia ideal para la fría noche del jueves, que dio para ponernos contentos, abrir un tinto, entrarle a un guiso con papitas y arvejas bien calentito, y meterse en la cama haciendo cucharita felices y pipones.

En cambio, un guadañazo del gasto público por 200.000 millones de mangos para bajar el déficit fiscal era una noticia que podía haber esperado unos días más. Lo ideal hubiera sido anunciarlo el próximo sábado a la mañana, tipo 11:00, promediando el primer tiempo del partido Argentina – Islandia.

Evidentemente a esta gente todavía le cuesta encontrarle el timing a la comunicación. Comprensible, recién van dos años y medio.

¿De que estamos hablando? Veamos.

Ya faltan pocos días para que las verdaderas voces futboleras, las que agitan sus cantos de guerra, mandan a quemar el Gallinero, ruegan que se ahoguen los Bosteros, piden que se muera la Guardia Imperial, imploran que se quemen los Cuervos y tantas voces más, finalmente se callen y se guarden.

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Durante largas semanas, en cada pueblo del país, aflorarán de abajo de las piedras millones de advenedizos entonando el deplorable “…Vamos, vamos Argentina, vamos vamos a ganar, que esta barra bullanguera, no te deja, no te deja de alentar…”. Un espanto que a todo futbolero de alma que se precie de tal, lo deprime.

Pocos se animarán a reconocerlo, pero el verdadero futbolero, el que forma parte de esa minoría de experimentados, apasionados e incondicionales amantes del fútbol, puesto a elegir, prefiere que su equipo gane la Copa Libertadores antes de que Argentina salga Campeón del Mundo.

Hagan una encuesta a la salida del Monumental y no van a encontrar un solo hincha de River dispuesto a resignar la Libertadores a cambio de que Argentina gane un Mundial. Lo mismo ocurriría en cualquier otro estadio del país.

Si por casualidad apareciera en la Bombonera un hincha de Boca priorizando la Selección Argentina por sobre la azul y amarillo, éste sería inmediatamente catapultado desde la tercera bandeja hacia el Riachuelo.

Si usted, amigo lector, forma parte de esta honrosa secta, sabe que lo que estoy diciendo es rigurosamente cierto. Y si no forma parte, créame que no le estoy mintiendo ni un poquito.

Según las estadísticas, los ratings, los abonados, los asociados y demás datos, hay aproximadamente 5 millones de argentinos que viven el fútbol con una pasión desbordante. Van a las canchas a ver a sus equipos, miran los partidos por televisión y pasan sus vidas atravesados por la suerte de sus amados colores.

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Los otros 40 millones suelen simpatizar con algún club, eventualmente miran algún que otro partido al pasar pero, en realidad, el fútbol les importa poco y desconocen casi todo sobre el asunto. Hasta que llega el Mundial.

En ese momento, o sea el próximo fin de semana, millones de abuelas, tíos, niñas, cuñados y demás personas a las que jamás les interesó el fútbol, comentarán preocupados que al medio campo argentino le falta marca o que los centrales no dan seguridad o que ellos se la hubieran tocado suave al primer palo y no fuerte y al medio como hizo ese burro. Habrá que explicarles una y otra vez la ley del offside y nos cansaremos de escuchar frases tales como “¿Por qué no lo ponen a Palermo?”.

Nosotros, los hombres y las mujeres que cada domingo damos el corazón, los que guardamos en la memoria los secretos del fútbol, los que sabemos que ya se jugaron todos los partidos posibles y además tuvimos el privilegio de verlos, tendremos que bancarnos esta humillación. Por eso los mundiales se hacen cada cuatro años en vez de hacerse todos los años. Por respeto a los verdaderos hinchas.

No es falta de patriotismo. Todos queremos que gane la Selección. Pero nosotros tenemos claro donde está lo importante.

El auténtico hincha de Independiente quiere que gane la Argentina, pero para él no es lo mismo si juega o no juega Agüero.

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Los hinchas de River van a gritar el gol argentino de una manera muy diferente si lo hace el Pipita Higuaín, que juega en Italia pero arrancó en River, que si lo hace el pibe Pavón que es un fenómeno, pero juega en Boca.

Ese es el verdadero hincha. El que debemos cuidar y valorar, entre otras razones porque somos una minoría.

Y eso es lo que el gobierno debe aprovechar. Salvo los 5 millones que estamos esperando que empiece el campeonato local y se reanude la Libertadores de una buena vez, los otros 40 millones, durante casi un mes, no van a pensar en otra cosa que no sea el Mundial.

En otras palabras, a partir del jueves es el momento para que el gobierno haga todo el zafarrancho junto. El Presidente y su equipo deben concentrarse en lo que tienen que hacer y olvidarse del Mundial. Aprovechen, no sean giles.

Un poco ya se están avivando. Se reunieron con la CGT pero pasaron a un cuarto intermedio hasta el martes y ahí habrá anuncios. Nada que un buen dolor de muelas de Triaca no pueda postergar hasta el jueves. Listo, al mediodía arranca Rusia – Arabia Saudita y el viernes ya tenés un partidazo: España – Portugal con el basura de Cristiano Ronaldo. Pueden acordar lo que quieran que ya no le va a importar a nadie.

Los recortes grosos, la suspensión de obras públicas, la llamada a un gobernador para decirle “discúlpame, pero el ATN (Aporte del Tesoro Nacional) que te prometimos no va a salir”, son todas cosas que deben hacerse el jueves 21 a la tarde, durante Argentina – Croacia, o el martes 26 con Argentina – Nigeria.

El primer tiempo de los partidos de Brasil también garpa. Hasta el segundo gol la gente se engancha porque siempre está la posibilidad de que pierdan. No te da para anunciar toda una reforma laboral, pero un recortecito ministerial se la banca bien.

Los partidos de Uruguay son ideales para anunciar medidas duras. La gente los quiere a los yorugas y se pega al televisor hasta el final. Ahí te entra un aumento de naftas sin ningún problema.

Los partidos de Alemania, Inglaterra y España son ideales para despidos de tecnócratas o recortes de falsas pensiones por invalidez.

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Querido Fondo Monetario

En fase de octavos de final hay que tirar toda la batería de malas noticias. Es el momento justo para que el INDEC actualice datos de inflación, actividad económica, desempleo, crecimiento, etc. No me guardaría más pálidas para cuartos de final porque nadie nos garantiza que lleguemos. A lo sumo me reservaría un nuevo tope a las paritarias o una minidevaluación para el caso de que lleguemos a semifinales o eventualmente a la final. Pero no especularía con el éxito.

También los opositores deberían avivarse. Moyano quiere hacer un paro el jueves y ya está pensando en ir amontonando camiones en la ciudad durante días como hicieron en San Pablo. ¿De verdad, Huguito vas a hacer ese quilombo? ¿Le vas a complicar el Mundial a 40 millones de argentinos? Yo te aviso que si ponés el Mundial en riesgo, en un minuto te van a quemar todos los camiones. No vas a tener tiempo ni de sacar los escarpines que cuelgan del espejito retrovisor.

Estuvieron más vivos los kirchneristas que armaron y coparon un Congreso del PJ el viernes pasado, rapidito antes de que el Mundial los eclipse. Gritaron por Néstor y Cristina, putearon un rato a Macri, siguieron con la joda de que la Patria está en peligro y después se desconcentraron con los helicópteros de juguete pacíficamente. No se los comió el Mundial. No hizo falta, con la molestia en el gemelo derecho de Ever Banega alcanzó y sobró para que no se entere nadie.

Nos dieron 50.000 palos para dormir tranquilos por un rato. Mucho más de lo que nadie se podía imaginar. Ahora no queda más remedio que hacer todo lo que había que haber hecho desde el primer día.

Conociéndolos y sabiendo que, como siempre, no van a explicar nada, aprovechen los goles de Messi que ojalá vengan y hagan lo que tengan que hacer.

Ardua tarea. El Presidente no va a tener tiempo de ver ni un partido. Lo lamento, macho.

Clarin

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Mauricio Macri reveló el motivo por el cual la final de la Libertadores no se jugará en River y apuntó contra la Justicia por la violencia 3 de diciembre de 2018

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El presidente Mauricio Macri brindó este lunes una conferencia de prensa para analizar los alcances de la cumbre del G20 que se realizó el último fin de semana en Buenos Aires.

El jefe de Estado contestó además sobre diversos temas de la agenda local, entre ellos la final frustrada entre River y Boca por la Copa Libertadores, que se jugará la semana que viene en España, muy lejos del continente en el cual se disputa el torneo.

El mandatario hizo hincapié en un detalle que ya había mencionado la semana pasada en una declaración ante los periodistas acreditados en Casa Rosada. Dijo que a la hora de tomar la determinación de llevar el clásico a Madrid, pesó más en las autoridades de la Conmebol y de la FIFA que los hayan escupido en el Monumental, que la violencia contra el micro de Boca.

A mí me parece mucho peor que unos violentos que tiran piedras, los violentos que escupen a otra persona que tienen al lado. A mí me parece que eso es inaceptable. Lo que le pasó a las autoridades en el ingreso a la confitería me parece más grave que lo que pasó en la calle, porque eso denota una degradación. Y eso tiene mucho más que ver en la decisión de castigarnos y no tener la final que falta en la Argentina“, contó el Presidente.

Una vez más el jefe de Estado apuntó contra la Justicia, especialmente la de la Ciudad de Buenos Aires, porque a casi diez días del ataque a los jugadores xeneizes no hay personas detenidas. Y aquellas que habían sido apresadas en los alrededores del estadio acusadas de diversos ilícitos, ya fueron liberadas.

“No sé cómo, pero los jueces tienen que encontrar formas de interpretar las leyes para que los violentos no puedan salir y no puedan sentir que esto es un juego, que lo que hacen no tiene ninguna consecuencia. Ni ustedes ni yo queremos vivir en una ciudad militarizada por una final”, analizó.

A modo de ejemplo, Macri se refirió a un video que se viralizó en redes sociales donde el micro del Manchester City es atacado por hinchas del Liverpool en la previa de un partido de Champions, que se jugó en abril de este año. Según relató el jefe de Estado, la Justicia individualizó a uno de los agresores, lo juzgó y le aplicó una pena de 14 años de prisión. “¿Qué hincha se anima a tirar una piedra en el próximo partido si te dan una condena de 14 años? Esa es la forma de corregir los comportamientos, la mayoría de nosotros somos gente
normal
“, dijo Macri.


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El presidente Mauricio Macri brindó este lunes una conferencia de prensa para analizar los alcances de la cumbre del G20 que se realizó el último fin de semana en Buenos Aires.

El jefe de Estado contestó además sobre diversos temas de la agenda local, entre ellos la final frustrada entre River y Boca por la Copa Libertadores, que se jugará la semana que viene en España, muy lejos del continente en el cual se disputa el torneo.

El mandatario hizo hincapié en un detalle que ya había mencionado la semana pasada en una declaración ante los periodistas acreditados en Casa Rosada. Dijo que a la hora de tomar la determinación de llevar el clásico a Madrid, pesó más en las autoridades de la Conmebol y de la FIFA que los hayan escupido en el Monumental, que la violencia contra el micro de Boca.

A mí me parece mucho peor que unos violentos que tiran piedras, los violentos que escupen a otra persona que tienen al lado. A mí me parece que eso es inaceptable. Lo que le pasó a las autoridades en el ingreso a la confitería me parece más grave que lo que pasó en la calle, porque eso denota una degradación. Y eso tiene mucho más que ver en la decisión de castigarnos y no tener la final que falta en la Argentina“, contó el Presidente.

 Infobae

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¿Es esto la Argentina?

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Qué semana frenética, entre los dislates del fútbol y el éxito de la cumbre mundial.

En esta página se transpira la camiseta toda la semana, hasta el último minuto. Elijo el tema. Pasan cosas. Cambio todo sobre la marcha. Le pongo garra. Corazón. Pero a veces el vértigo de la realidad te termina ganando.

¿Qué duda había de que el gran tema de la semana era el papelón de la final entre Boca y River? La jugamos. No la jugamos. Con público. Sin público. “Ok, decidan lo que decidan Boca no la piensa jugar”, dijo el guapo de Angelici que el día del incidente había arrugado firmando un papelito comprometiéndose a jugar el día siguiente. “Tranquilos” le dijo a los de la Conmebol. “Mañana domingo nos levantamos tempranito, desayunamos, si todavía nos queda algún jugador ahogado por los gases lo hacemos vomitar en el hotel antes de salir, le ponemos un colirio al capitán Pablo Pérez y al mediodía enfilamos para el Monumental felices y contentos”. Al enterarse de esto, los jugadores de Boca se le plantaron: “Jugá vos, campeón”.

“Con ventaja deportiva no queremos jugar” dijo D’Onofrio haciéndose el caballero, después de haberse hecho el boludo durante horas junto a los capos de la Conmebol en lugar de suspender el partido inmediatamente. “Che, no exageren que no murió ningún jugador de Boca” fue la premisa de los responsables del partido.

Efectivamente no murió ninguno porque Dios es argentino, aunque a veces no parezca. Un micro de dos pisos doblando a 60 km por hora desde Av. Del Libertador, atacado con piedras y gases, con el chofer desvanecido y entrando al Monumental bajo una lluvia de objetos contundentes, podría haber sido una tragedia para los que iban arriba del bondi y para los que caminaban por ahí.

“La salud de los jugadores es lo primero” declaró el jueves un muchacho de apellido Domínguez que preside la Conmebol porque es el único dirigente que todavía no fue preso. Sin embargo, el día del partido ese mismo tipo los quería hacer jugar de prepo. Al fin y al cabo, un volante central sin un ojo y medio plantel asfixiado por los gases no pueden empañar esta fiesta del deporte.

Luego el gran sainete. Jugamos mañana domingo. Abran el estadio. Suspendemos. Cierren el estadio. Nos reunimos el martes en Asunción, acuerdan Domínguez, Angelici y D’Onofrio. Ridículos. ¿Por qué el martes en Asunción si el lunes estaban los tres en Buenos Aires? Ok, se juega en Vélez, sin público. O en Mendoza. No, mejor fuera del país. ¿En Asunción? ¿En Miami? ¿En Rio? ¿En Medellín? ¿Y si jugamos otra vez en la Bombonera que ahí anduvo todo fenómeno? No se discute más: vamos a Qatar que nos queda cerca a todos. Hasta que finalmente, Madrid. La Copa Libertadores de América en España con todos los chistes posibles sobre el General San Martín y la emancipación latinoamericana. “Vení a jugar, no somos tan buenos, pueden ganar”, toreó D’Onofrio que se olvidó el equilibrio emocional en el auto. Después pidió perdón. No le demos más vueltas. Definitivamente, el tema de la nota era la final. Hasta que llegó Macron.

Fue el protagonista del mejor sketch de humor político internacional de la última década. El presidente francés baja del avión. No hay nadie. “¿Es esto la Argentina?” le pregunta a un empleado aeroportuario con pechera amarilla que estaba paradito al pie de la escalerilla con otro ñato de camisa blanca que justo pasaba por ahí. “Brigitte, agendaste bien lo del G20?… ¿estás segura que era hoy?”. A punto de subirse a un Uber, apareció Michetti y les empezó a hablar en francés. ¿Hacía falta? Nuestra vicepresidenta abusa de la comparación con Boudou.

Trump anuncia que se va a reunir con Putin. Air Force One en el aire. En Washington, su abogado declara que mintió y que en realidad Putin lo ayudó para derrotar a Hillary. Entonces cambiamos. Trump no se reúne nada con Putin. Todavía no aterrizó y ya todo es un puterío. A los alemanes (justo a ellos) no les anda el avión y mandan a Merkel en un vuelo de línea.

Llega Xi Jinping. Como el tipo es el único que viene en visita oficial lo espera una banda militar. El primero que baja del avión es un custodio, pero como para nosotros los chinos son todos iguales, arranca la música de la banda militar. El custodio se mete de vuelta en el avión. La banda deja de tocar. ¿No hay uno de protocolo que le conozca la cara a Xi Jinping?

A esta altura la final de la Libertadores va dejando de ser el tema. El G20 pica en punta. Macri y Trump se reúnen a la 7 de la mañana. Lindo horario. ¿Van a conversar sobre inversiones o van a sacarse sangre? La vocera de EEUU informa que hablaron sobre la actividad económica “depredadora” china. O sea, lo mandó en cana a Macri. Nos arruinó. Adiós a las inversiones chinas. Que la central nuclear te la banque Cadorna.

Putin se abraza frente a todos con el príncipe de Arabia Saudita como diciendo “no se metan con mi amigo que es un crack”. Sin duda el G20 es el tema más divertido. Vamos por ahí. Hasta que de repente Buenos Aires tiembla. ¡Terremoto en el medio del G20! Lo único que faltaba. ¿Arrancamos con todos los chistes posibles sobre temblores o abandono la página?

No hace falta. “Nuestro cronista tiene más información sobre la cumbre, adelante por favor” dice la conductora de TN a un periodista que a las 11:38 AM con 22º de temperatura se inmortaliza con la respuesta más extraordinaria de la historia de la televisión: “Estoy en el baño”, dicho con el clásico eco que produce un ámbito cerrado, azulejado y rodeado de mingitorios e inodoros enlozados. “Enseguida retomamos el contacto” cierra la conductora y todo indica que el G20 ya pinta para show.

Sin embargo, la gran noche del Colón limpia todo. Una gloria. Orgullo. Emocionante. Perfecto. Otro país.

Amigo lector, desde que yo entregué esta nota y hasta ahora que usted la está leyendo, y conociendo a la Argentina, pudo haber pasado cualquier cosa. Sin embargo, todo parece indicar que el evento salió muy bien. Incluidas las protestas. Los que están contra la cumbre marcharon de manera impecable. Respetando lo acordado. Aislando a los pocos violentos.

Nobleza obliga también hay que decir que, de todos los presidentes y presidentas que tuvimos este fin de semana en Argentina, la que mejor se portó fue Cristina. Una lady. Ni mu. Se quedó calladita en El Calafate. Ojalá fuera siempre así. Doble mérito: por un lado, superando el fastidio que le provoca el inmundo G20 con sus sucios opresores y por el otro bancándose la chinche que le debe haber dado el hecho de que no le tocó presidirlo a Ella.

La única decepción fueron los encapuchados tirapiedras. De ellos se esperaba mucho más. Sobre todo después de las muy buenas performances que tuvieron en los dos shows previos que dieron en el Congreso, el de diciembre pasado y el último cuando se aprobó el presupuesto. Contra Patricia Bullrich se hacen los guapos. Pero viene la CIA, la KGB, el Mossad, el M16 y arrugueti. Al final nuestros troskos son unos pecho fríos.

¿Y si le pedimos a los servicios extranjeros que nos dejen a los francotiradores por un tiempito más? Aunque sea hasta que termine la Superliga.

Finalmente, hoy termina la fiesta. Domingo de despedidas y cierta melancolía porque se van todos. Se va el príncipe que descuartiza periodistas, el ruso que envenena opositores, el chino que firma 10 ejecuciones por dia, Donald Trump que separa padres inmigrantes ilegales de sus hijos nacidos en EEUU. Se va Erdogan. Una pena. Nos quedamos solos otra vez. En la fría y temible oscuridad de siempre bajo el control operativo de D’Onofrio, Angelici, Chiqui Tapia y el Caverna Godoy. Que miedo.

¿Hay esperanza? Obvio que sí. Cuando hacemos las cosas bien, al final salen bien.

¿Viste Gato? Por fin una. Si querés llorar, llorá. Al final lloramos todos. Armate un par de G20 más y ganas en primera vuelta. Vamos macho, acelerá.

Por un rato, fuimos otro país. Ya lo dijo Macron. ¿Es esto la Argentina?

Alejandro Borenztein

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Christine Lagarde: “El segundo trimestre de 2019 debería marcar el principio de un giro económico, luego el pueblo argentino decidirá su futuro”

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En una entrevista con Infobae, la directora gerente del Fondo Monetario Internacional aseguró que el programa acordado con el país “está funcionando”, pero avisó que la situación será “dura durante los próximos meses”

Christine Lagarde, número uno del FMI

Christine Lagarde, número uno del FMI

Christine Lagarde da pocas entrevistas. Sabe del peso enorme de sus palabras y las administra con cuidado. Pero accedió a hablar con Infobae durante en una entrevista compartida con otros dos medios nacionales muy poco antes de su llegada hoy a la Argentina para participar de la cumbre del G20. Durante las próximas y seguramente vertiginosas 48 horas, en las que aprovechará para mantener un encuentro con Mauricio Macri en la Casa Rosada, la directora gerente del Fondo Monetario Internacional será una de las grandes estrellas del encuentro internacional que colocará a Buenos Aires en el centro de todas las miradas.

Nos sentimos muy orgullosos y privilegiados de apoyar a la Argentina en ese viaje. Es un viaje difícil, lo sabemos y lo vemos, pero fue decidido por el capitán, no por nosotros

Sentada en su escritorio en la oficina del piso séptimo que ocupa en la sede del Fondo, en Washington, rodeada de papeles, pantallas y fotos enmarcadas, incluida una en la que se la ve junto al papa Francisco, Lagarde explicó en tono amable y reflexivo las razones del inédito apoyo que la Argentina de Macri recibió y recibe todavía del FMI, afirmó que el programa acordado con el país, que incluye un crédito récord de 57.000 millones de dólares a tres años, “está funcionando”, y se mostró confiada en que a partir del segundo trimestre del año que viene la caída económica comenzará a revertirse y los números marcarán el inicio de una senda de crecimiento.

No ignora que ese camino incluye un proceso electoral en diciembre de 2019. Y que esas elecciones pueden ratificar el rumbo actual o gatillar un volantazo si quien gana es, por ejemplo, Cristina Kirchner. La titular del Fondo no mencionó a la ex presidenta. “Nuestro foco es la economía y la gente, nuestro foco no es una representación política en particular”, dijo. Pero inmediatamente insistió en la idea de que el FMI espera un giro económico a partir de abril. “Luego de eso será el pueblo argentino el que decida qué quiere para su futuro”, señaló.

Lagarde, en su escritorio del FMI, durante la entrevista con Infobae

Lagarde, en su escritorio del FMI, durante la entrevista con Infobae

A continuación, el tramo referido a la Argentina de una entrevista que abarcó tanto la situación de la economía global, acechada por agendas nacionalistas y una guerra comercial en ciernes, como los riesgos de la tentación populista en América latina, con sus “promesas irreales”, y un tema que la desvela: el endeudamiento global, un tema al que, afirma, hay que prestar especial atención.

– En Washington el presidente Macri es visto como un modelo contra el populismo en América latina y bajo su liderazgo el FMI firmó con la Argentina el programa más importante jamás acordado. ¿Es esa la principal razón del acuerdo, el hecho de que Macri sea visto como un modelo contra el populismo?

Creo que la razón por la cual nosotros, el board del FMI, decidimos apoyar el programa diseñado y definido por las autoridades argentinas es su credibilidad y las necesidades de financiamiento que tenía la Argentina. De modo que fue un arreglo entre la credibilidad, la propiedad, el diseño y las necesidades financieras. Todo eso combinado, junto con el respaldo internacional que fue claramente expresado por el board en su totalidad, fue lo que dio lugar a este importante programa.

– ¿Cree que la meta del déficit cero comprometida por la Argentina fue demasiado ambiciosa? ¿Era necesario ir tan lejos?

– Creo que es una respuesta a lo ocurrido en el verano (boreal), tal como lo vimos en julio y agosto, que caracterizaría como una combinación de factores externos, sumado a un caso importante de corrupción y a una falta de confianza en los últimos desarrollos, una respuesta fuerte y una firme corrección fue definida y propuesta por las autoridades argentinas, y creímos que sería la apropiada.

¿El punto más alto de la crisis quedó atrás? Creo que todavía la situación va a ser dura durante los próximos meses, ya saben, tres o cuatro meses, y luego un giro

– Más de la mitad de los argentinos tienen una imagen negativa del FMI, algunos ponen el costo del programa en Washington, en Estados Unidos y en el FMI, pero no en Buenos Aires. ¿Qué le diría a esas personas?

– Diría que este es un programa que fue concebido, diseñado, ajustado y elaborado por las autoridades argentinas, a las que en definitiva le pertenece. Cuando el presidente Macri me llamó por primera vez, tenía junto con su equipo una idea de las medidas que eran necesarias. Y nos sentimos muy orgullosos y privilegiados de apoyar a la Argentina en ese viaje. Es un viaje difícil, lo sabemos y lo vemos, pero fue decidido por el capitán, no por nosotros.

Lagarde y Macri, en septiembre pasado, en Nueva York

Lagarde y Macri, en septiembre pasado, en Nueva York

– Existe el temor en la Argentina, de que haya desbordes sociales. Como sabe, diciembre suele ser un mes difícil. ¿Qué pasará si la situación se agrava y el presidente Macri la vuelve a llamar para pedirle más ayuda, más plata? ¿Qué haría usted?

– Bueno, no estamos en el final del programa y, ya sabe, hay… nosotros siempre tenemos la capacidad para acomodarnos, y lo hemos demostrado. Porque si recuerda de donde partimos, que era un programa más pequeño, que era predominantemente precautorio, nos hemos acomodado: hemos incrementado el tamaño del programa, ya no es precautorio, de modo que podemos ajustarnos si la razón está justificada. Me parece, a partir de lo que veo y de la segunda misión revisora que acaba de completarse, que el programa tal como está, está funcionando y que ha estabilizado la economía y en particular la situación financiera. Empezamos a ver resultados en números y tenemos todas las razones para creer que la situación se revertirá en términos de crecimiento en el segundo trimestre de 2019. De modo que sabemos que esta es una fase difícil que estamos atravesando en este momento, y que los argentinos están atravesando, pero, saben, está funcionando. El programa realmente avanza desde un buen punto de partida desde la perspectiva de la estabilización y ahora es cuestión de mantenerlo, logrando resultados día a día hasta que se revierta la situación, algo que creemos debería ocurrir en el segundo trimestre de 2019, cuando deberíamos ver una caída significativa de la inflación, donde deberíamos ver el comienzo del crecimiento y el final de la contracción.

Trabajamos con un país, trabajamos con sus autoridades y todo el tiempo ocurren cambios políticos en todos los países en los que operamos

– ¿Diría que lo peor de la crisis ya pasó?

– Diría que vemos una estabilización de la economía y tenemos todas las razones para ver una reversión en el segundo trimestre de 2019. ¿El punto más alto de la crisis quedó atrás? Creo que todavía la situación va a ser dura durante los próximos meses, ya saben, tres o cuatro meses, y luego un giro.

– ¿Qué piensa de la posibilidad de tener que trabajar con Cristina Kirchner en el futuro?

– Trabajamos con un país, trabajamos con sus autoridades y todo el tiempo ocurren cambios políticos en todos los países en los que operamos. Nuestro foco es la economía y la gente, nuestro foco no es una representación política en particular. Pero en todas las circunstancias, lo que esperamos es apropiación y la determinación de conseguir resultados bajo términos económicos sólidos.

– ¿Le preocupa el futuro del programa si el presidente Macri no es reelegido el año que viene?

– En primer lugar, sugeriría que vamos a empezar a ver un desarrollo positivo del programa en el segundo trimestre de 2019, eso es, abril, mayo, junio deberían ver el principio de un giro y luego de eso será el pueblo argentino el que decida qué quiere para su futuro.

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