Connect with us

Mundo

El monopolio GAFA (Google, Apple, Facebook y Amazon)

Publicado

on

Google, Apple, Facebook y Amazon (GAFA) sumadas equivalen al PIB de Francia. Se presentan como empresas del futuro mientras avanzan sobre casi todos los mercados y dejan tierra arrasada para sus competidores. Los efectos colaterales de su éxito se traducen en una baja tasa de empleo, en pagos de impuestos reducidos, expansión de la posverdad y utilización opaca de información de los usuarios. Quedan fuera del radar antimonopolio en Estados Unidos pese a tener porcentajes enormes de mercados y obstaculizar el surgimiento de competidores

Por: Esteban Magnani
¿Qué pasaría si la economía francesa redujera la carga impositiva sobre PIB del 47,0 al 12,5 por ciento? ¿Y si necesitara solo uno de cada diez empleados para producir la misma cantidad? Podría verse como un salto de competitividad, pero ¿cuál sería el impacto social? Puede parecer exagerado, pero es lo que está ocurriendo al interior de la economía global con cuatro empresas (Google, Apple, Facebook y Amazon) que sumadas equivalen al PIB de Francia. Mientras siguen creciendo, inspiran a otros emprendimientos 2.0. ¿Cuál es el impacto que tiene estos monstruos que se plantean como empresas ideales en la economía global? La lista es larga.

Alphabet (matriz de Google, entre otras empresas) y Facebook, con menos de veinte años de existencia, hoy miden sus economía en miles de millones de dólares. Lo lograron gracias a numerosas razones, entre ellas, haberse transformado en mediadores digitales de vínculos sociales como la amistad o la necesidad de reconocimiento y estatus social, profundamente entretejidos en las subjetividades humanas.

Si bien las empresas utilizan distintos modelos de negocios, en buena parte su extraordinaria rentabilidad se debe a que millones de usuarios de redes como Facebook o YouTube los proveen de los contenidos y no necesitan, como los medios anteriores, pagar a periodistas, camarógrafos, locutores o guionistas. De esa manera los usuarios producen la atención que las empresas explotan con publicidad. De esa fuente Google y Facebook obtienen más del 90 por ciento. Es decir que los principales representantes de las nueva economía se nutren de la misma fuente que la mayoría de los medios tradicionales con consecuencias desastrosas para estos últimos: el cierre de diarios, canales, revistas, reducciones de personal en medios masivos no es solo un fenómeno local. Todos pelean por la misma torta y es fácil saber quién está perdiendo, incluso con consecuencias políticas colaterales como el fenómeno de las noticias falsas entre otros.

Recursos que ya se distribuían mal entre los medios y multimedios del mundo ahora se concentran aún más en las manos de estas dos empresas que siguen creciendo en un mercado publicitario cuyo crecimiento global es mínimo o inexistente. Pero además estas dos empresas lo hacen con una eficiencia mucho mayor que las tradicionales. Según un extenso informe del periodista Scott Galloway en la revista Esquire, solo necesitan un 10 por ciento de los empleados que requieren sus competidores gracias a la creciente automatización de las tareas. El resultado es un margen de ganancia muy superior al de sus competidores, que, a su vez, les permite avanzar sobre ellos quedándose con una porción cada vez mayor de la torta.

Romper todo
Cuando en junio de 2017 Amazon compró “Whole Foods”, una cadena de comida orgánica, por 13.700 millones de dólares la cotización de otras empresas del rubro cayeron entre un 5 y un 9 por ciento en 24 horas. Algo similar ocurrió cuando anunció que entraría en el mercado odontológico y el farmacéutico. ¿Por qué ocurre esto? Porque Amazon tiene el 44 por ciento del creciente mercado de compras virtuales y el 64 por ciento de los hogares estadounidenses está suscripto a su servicio “Prime”: sobre esa base puede reacomodar el equilibrio del cualquier mercado en su favor.

¿Y Apple? La empresa de la manzanita ha logrado la magia de vender estatus con sus aparatos electrónicos. No es la única, pero lo hace de una manera más exitosa que le permite, por ejemplo vender celulares a cerca de tres veces su costo. Además mantiene a sus clientes, generalmente de clase alta o que aspira a serlo, dentro de un ecosistema de productos y servicios que funciona como confortable jardín cerrado. Para reforzar las vallas que dificulten la entrada de competidores apela a prácticas como retrasar las actualizaciones de los servicios que compiten con otros propios. Otro ejemplo: a fines de 2017 recibió más de sesenta denuncias por ralentar la velocidad de los modelos más viejos (5, 6 y 7) para “incentivar” a sus clientes a renovar el equipo.

Estos ejemplos son solo la punta del iceberg de prácticas habituales en estas empresas, las cuáles les ha permitido alcanzar una facturación que sumada alcanza el PIB de Francia. Podría decirse que es, al fin y al cabo, capitalismo con algunas pinceladas de excesos. Pero incluso en el capitalismo, las empresas exitosas deben pagar impuestos: el problema es que una cuidadosa ingeniería impositiva les permite pagar mucho menos que otras empresas. Mientras que las quinientas empresas más grandes de los Estados Unidos pagan en promedio un 27 por ciento de sus ingresos como impuestos, Apple paga un 17, Google un 16, Amazon un 13 y Facebook, registrada en Irlanda, un magro 4 por ciento. Es decir que redistribuyen socialmente poco de sus enormes márgenes de ganancias tanto laboral como impostivamente.

Monopolios
En Estados Unidos existe, aún entre los más liberales, la idea de que la competencia es necesaria. Por eso no resultó tan sorpresivo que en 2016 Trump advirtiera que no permitiría la fusión de AT &T con Warner. Sin embargo, las empresas GAFA quedan afuera del radar pese a tener porcentajes enormes de sus mercados y obstaculizar permanentemente el surgimiento de competidores. Por ejemplo, cuatro de las cinco aplicaciones más usadas en los celulares del mundo –Facebook, Instagram, Whatsapp y Messenger– pertenecen a la empresa del pulgar azul y recaban datos monetizables permanentemente.

Google realiza cerca del 92 por ciento de las búsquedas en Internet, un mercado valuado en más de 92.000 millones de dólares. Por posiciones dominantes mucho menores otras empresas fueron obligadas a dividirse o cesar con prácticas que dificultan la competencia. No deja de ser paradójico: habitualmente se cita el fallo de la justicia estadounidense de 1998 en contra de Microsoft por prácticas monopólicas (sobre todo por incluir el Internet Explorer en Windows para quedarse con el mercado de los navegadores) como la puerta por la que se coló Google. En ese momento se entendió que las prácticas de la compañía de Bill Gates atentaba contra la innovación y dificultaban el surgimiento de nuevos competidores que ofrecieran alternativas a los consumidores.

Hay indicios de que la situación es, como mínimo, similar en la actualidad. En 2013 la red social Snapchat rechazó una oferta de Facebook para comprarla por 3000 millones de dólares. Facebook había comprado Instagram, un año antes por solo 1000 millones de dólares El resto de la historia es conocido: Instagram creció imparable gracias a una fuerte inversión en desarrollo y gracias a la capacidad de Facebook de influir en el flujo de navegación de los usuarios con algunos pequeños retoques de los algoritmos. Las nuevas startups deben buscar nichos aún vacantes (que son cada vez menos), venderse a los grandes o perecer.

Es cierto que, con bombos y platillos que en Europa se obligó a Facebook a pagar una multa de 122 millones de dólares por haberle mentido a la Unión Europea al explicar que los datos de Facebook y Whatsapp (adquirida por la primera en 2014) no se cruzarían. Google por su parte fue condenada a pagar 2700 millones de dólares por prácticas anticompetitivas.

Pese a que pueden parecer cifras significativas, no lo son cuando se las compara con los ingresos que generaron violando esas leyes. Es que en realidad, las empresas que viven de la llamada “economía de la atención”, deben competir por un bien finito; el ser humano puede “ofrecerles” un máximo de 16 horas de vigilia por día tanto para consumir como para producir contenidos. Miles de aplicaciones compiten por ese recurso limitado que luego monetizan de distintas maneras (publicidad mayoritariamente, pero también abonos, servicios, comisiones a los proveedores). El CEO de Netflix lo resumió recientemente: “nuestros principales competidores son Facebook, YouTube y el sueño”.

Por eso, estas empresas deben recurrir a todo el arsenal del que disponen para atraer las miradas sobre la pantalla. Un creciente número de ex trabajadores de empresas de tecnología viene denunciando las distintas formas en que las aplicaciones interpelan a las personas con todo tipo de recursos mayormente inconscientes para secuestrar su atención. La Asociación Pediátrica Americana insiste en recomendar que se reduzca a un máximo de dos horas la cantidad de horas de los chicos frente a las pantallas o evitarlo en menores de dos años. La abstinencia de quienes pierden su celular es solo otro de los efectos colaterales de esta competencia de mercado.

La fiebre de los datos
Sobre este tipo de modelos de negocios y otras variantes se montan empresas como Netflix, AirBnB, Uber o Spotify. En general lo hacen canibalizando otros mercados (cine, turismo, transporte y música, en estos casos) con mayor eficiencia que sus viejos competidores. Pero en su propio éxito concentran los ingresos que les permite comprar o destruir competidores y reforzar su posición aún más. Estos modelos, de por sí problemáticos en sus países de origen, pueden resultar en nuevas formas de colonialismo 2.0 en el Tercer Mundo de donde toman divisas trabajosamente ganadas a cambio de bits y datos.

Solo en los últimos años estas empresas han comenzado a perder su aire de modernidad juvenil para ser percibidas como lo que son: empresas que deben maximizar su ganancia negando el daño que ocasionan. Es por eso que cada vez más voces se levantan pidiendo regulaciones. Otros temen que ya sea demasiado tarde.

Diversión o morir
En febrero de este año el exitoso sitio cómico Funny or Die (algo así como “Diversión o morir”) despidió a todo su comité editorial. El cómico Matt Klinman explicó en Twitter: “Mark Zukerberg acaba de entrar en Funny or Die y despidió a todos mis amigos”. Según Klinman el proceso fue como el de muchas otras industrias culturales: primero Facebook sirvió como plataforma para difundir sus contenidos pero una vez que se transformó en la principal puerta de acceso cambió sus políticas para captar parte del dinero de ese nicho, por ejemplo, publicando en su propio sitio los videos o exigiendo pagos para mostrarlos a los usuarios. El resultado es la muerte de algunas de sus (muchas) gallinas de oro.

Esta es una muestra de lo que ocurre con industrias relativamente menores, pero hay jugadores muchos más grandes preocupados por lo mismo. Rupert Murdoch, uno de los más poderosos propietarios de medios del mundo (accionista de Fox News, dueño de The Sun y The Times, entre otros) se cruzó con Mark Zukerberg durante una conferencia de multimillonarios en 2016 y le advirtió que estaba muy enojado con Facebook y Google, sobre todo por su avance sobre el mercado publicitario que estaba afectando al resto de los medios. El aviso indica que los grandes medios no piensan languidecer sin dar batalla y pueden presionar para una acción legal antimonopólica. Por su parte Zukerberg insiste en que su empresa no es un medio de comunicación sino una plataforma, pero cada vez convence a menos gente.
Fuente: Diario PáginaI12

Mundo

La historia del camionero que se detuvo justo a tiempo cuando colapsó el puente Morandi

Publicado

on

“Es un tramo de mucho tránsito y es por eso que no viajamos a alta velocidad”, explicó el empleador del conductor que se salvó de la tragedia en Génova

La imagen del camión en Génova que se detuvo justo a tiempo cuando colapsó el puente Morandi es una de las más replicadas en los medios digitales y redes sociales.

Según el diario italiano Il Messaggero, el hombre que se salvó de la tragedia que dejó al menos 35 muertos es un empleado de la cadena de supermercados Basko que estaba haciendo un reparto matutino de mercadería por distintos comercios en la ciudad.

Y circulaba lento porque en el tramo había mucho tránsito. Fue gracias a esto que logró detenerse y quedar al borde del sector del puente que quedó en pie cuando ocurrió el derrumbe.

Giorgio Venturoli, gerente general de los supermercados Basko, reveló que el conductor “está bien, pero en estado de shock”. Y explicó que “fue rescatado de la zona del accidente y le hicieron todos los controles médicos”, de acuerdo con Il Messaggero.

“Ese es un tramo que nuestros camiones recorrían todos los días; es un puente muy transitado y es por eso que no viajamos a alta velocidad. Quizás esta es también la razón por la cual el conductor ha tenido tiempo de frenar”, agregó Venturoli.

Por el momento, el sobreviviente solo ha respondido a los investigadores del accidente; luego de ese interrogatorio pidió que lo dejaran descansar.

Infobae

Seguir leyendo

Mundo

La pareja que huyó de Rusia por su orientación sexual y se refugió en Argentina

Publicado

on

 Yulia y Elena debieron escaparse de su país y hallaron refugio en la Argentina. Una historia diferente que, a la vez, se repite cada vez más en el mundo Fuente: LA NACION – Crédito: Joaquín Salguero

El martes 21 de junio de 2016 la selección argentina definía su pase a la final de la Copa América. Esa noche, las calles quedaron como quedan siempre que juega el equipo de Messi: vacías. Cerca de las diez, mientras el país se reunía en torno a los televisores, Yulia y Elena aterrizaban en Ezeiza. Desde el taxi que las llevaría hasta el centro de la ciudad observaban el paisaje que les devolvía la autopista. De un lado, una sucesión perfecta de monoblocks. Del otro, las casas ensimismadas a ladrillo descubierto y con las vigas al aire de un barrio periférico. Si esa visión les produjo algún tipo de sobresalto, una sensación de extrañamiento, no se dejaron desalentar. Lo que importaba, después de todo, era que estaban juntas y a salvo.

Dos meses antes, el hombre que venía amenazando a Elena se había aparecido en la casa que las chicas compartían en Tomsk, una ciudad de medio millón de habitantes emplazada a 3500 kilómetros de Moscú, en Siberia. Yulia y Elena entendieron que la situación se había vuelto peligrosa. Sabían que el tipo era alcohólico y golpeador. También, que había entrado y salido de prisión unas seis veces.

Todo había comenzado una mañana de invierno, de esas en que la niebla difumina hasta lo inminente, cuando Nina, una alumna del colegio donde Elena se desempeñaba como inspectora, llegó a clase con el rostro desfigurado. La adolescente apenas podía mantenerse en pie. Nadie ignoraba que Nina era golpeada. Las evidencias asomaban en la piel de la joven. Incluso su madre y su hermana más pequeña solían ser vistas con hematomas. Las sospechas recayeron pronto sobre el padre, por lo que las autoridades escolares concluyeron que se trataba de un caso típico de violencia intrafamiliar. Quizás por eso, porque excedía a sus prerrogativas, decidieron que lo mejor era hacerse los distraídos.

“Trabajábamos con familias así todo el tiempo, pero esta era una de las más problemáticas”, cuenta Elena, de 29 años, pómulos sonrojados como los de unamatrioshka y ojos verdes bien redondos, sentada en el patio de un café de Colegiales. Esa mañana suplicó a la directora que le permitiese llevar a Nina al hospital. Frente al grado de brutalidad, la mujer autorizó a la adolescente a recibir atención médica.

Rusia hace su aporte a una tendencia global: el número de personas LGTB que busca refugio se ha disparado en el mundo, según Acnur. En Buenos Aires, Yulia y Elena cumplieron algunos de sus sueños
Rusia hace su aporte a una tendencia global: el número de personas LGTB que busca refugio se ha disparado en el mundo, según Acnur. En Buenos Aires, Yulia y Elena cumplieron algunos de sus sueños Fuente: LA NACION – Crédito: Joaquín Salguero

En rigor, Elena había cumplido con su trabajo. Sin embargo, también había cruzado un límite prohibido en la cultura rusa: cuestionar la crianza de los hijos a un patriarca de hogar, que equivale a meterse de lleno con su honor. A las pocas horas comenzaron las intimidaciones por teléfono. El hombre pudo averiguar que Elena tenía novia -las chicas están seguras de que se lo habría dicho una profesora del colegio, que es amiga de una expareja de Yulia-, y la posibilidad de que se divulgase aún más la relación, en una sociedad que acosa e incluso mata a los homosexuales, las colocaba en una zona de riesgo.

“Vi su mirada. Estaba loco. Dijo que me haría echar de la escuela, que sabía quién era Yulia. Dijo que se haría justicia cuando me mataran o me encerraran en la cárcel por ser una enferma y un peligro para los chicos”, recuerda Elena, que ahora se ríe del episodio. El padre de Nina había empleado un recurso bastante común. En Rusia, los homófobos asocian deliberadamente homosexualidad y pedofilia para justificar, como si esto fuese admisible, la cacería de gays y lesbianas. De hecho, la mayoría de los rusos comparte esta idea. Las encuestas realizadas en los últimos años por el Levada Center y el Pew Research Center coinciden en que cerca del 80 por ciento de la sociedad rechaza a los homosexuales y más de un tercio considera a la homosexualidad una desviación. El 20 por ciento prefiere verlos tras las rejas. “No podíamos denunciarlo porque en Rusia las leyes están en contra de las personas LGTB. Si sos gay y vivís en Rusia, no podés hablar del tema. Menos aún si trabajás con niños. Así que tampoco podíamos decirle a nadie”, explica Yulia, que insiste en hablar bajito, como si su voz pudiese ser oída en Tomsk.

Cuando el hombre se cansó de gritar y se fue, las chicas se abrazaron, prepararon té y se sentaron a repasar las últimas semanas. Resolvieron que la opción más segura era huir de Rusia.

***

Inicialmente habían pensado en Canadá, pero se les requería visa y el tiempo escaseaba tanto como el dinero. A través de Google descubrieron que en el otro extremo del continente no se exigían mayores condiciones para ingresar. Si bien la ley argentina sobre refugiados no estipula presupuestos robustos ni cuenta con mecanismos de integración tan eficaces como los del Primer Mundo, al menos cumple con estándares elevados de protección.

Refugiadas de identidad reservada, Yulia y Elena viven cerca de la estación de Once y mantienen recuerdos de su país en el pequeño departamento que comparten
Refugiadas de identidad reservada, Yulia y Elena viven cerca de la estación de Once y mantienen recuerdos de su país en el pequeño departamento que comparten Fuente: LA NACION – Crédito: Joaquín Salguero

Yulia y Elena, cuyos nombres son otros, tenían planeado pedir asilo apenas bajaran del avión. Y así lo hicieron. Igual que en 2013 lo hizo “Gene”, el primer ruso que llegó a Argentina bajo identidad reservada. Como Alexander Eremeev y Dmitry Zaytsev lo hicieron en febrero de 2014, y Marina Mironova y Oxana Tomofeeva cinco meses más tarde.

El telón de acero pudo haber caído un cuarto de siglo atrás, pero las paredes de hierro de los armarios rusos permanecen intactas. Más aún, la suerte de la población LGTB (lesbianas, gays, transgénero y bisexuales) empeoró a partir de 2013, en medio de un clima de protestas contra el gobierno, cuando el Kremlin ajustó la legislación antigay en su afán por cerrar filas con la iglesia ortodoxa y los ultranacionalistas conservadores. En junio de ese año, el Parlamento -la Duma- votó una ley que prohíbe la difusión entre menores de cualquier información relacionada con la homosexualidad, que en la práctica supone la desaparición de gays y lesbianas del discurso público, la censura a todo tipo de expresión del activismo por la diversidad sexual y la impunidad garantizada para los crímenes de odio.

Mediante la persecución, la cuna del vodka y los nuevos multimillonarios está haciendo su aporte a una triste tendencia global: el número de personas LGTB que busca refugio se ha disparado en las últimas décadas, según el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur).

Mariano Ruiz sale de una reunión a las apuradas y pide disculpas por la demora. Viene trabajando contra reloj para atender todas las consultas que llegan a la Federación Argentina de Lesbianas, Gays, Bisexuales y Trans (FALGBT) de lugares tan distantes como Jamaica, Rusia, Egipto o Ghana. Asegura que cada vez son más los interesados en conocer el proceso para asentarse en el país. Es que gracias a sus leyes en favor de la diversidad y al endurecimiento de las políticas migratorias en los Estados Unidos y Europa, la Argentina ha recobrado su fama histórica de tierra prometida.

Como los millones que cruzaron océanos y fronteras para probar suerte en el fin del mundo, Yulia y Elena se van acostumbrando a la idea de quedarse. El paisaje de hormigón no les parece tan triste, los contrastes latinoamericanos ya no les llaman la atención y su acento es marcadamente rioplatense
Como los millones que cruzaron océanos y fronteras para probar suerte en el fin del mundo, Yulia y Elena se van acostumbrando a la idea de quedarse. El paisaje de hormigón no les parece tan triste, los contrastes latinoamericanos ya no les llaman la atención y su acento es marcadamente rioplatense Fuente: LA NACION – Crédito: Joaquín Salguero

“Como la ley migratoria argentina es bastante flexible, muchos ciudadanos rusos empezaron a llegar con el fin de solicitar refugio. La gran mayoría se contacta con nosotros porque trabajamos con otras organizaciones a nivel internacional”, dice Mariano, que es secretario de relaciones internacionales de la Federación y, por lo tanto, el encargado de coordinar esfuerzos con agencias locales y organizaciones hermanas en el exterior, como la canadiense Rainbow Railroad, que ha trasladado a decenas de chechenos a terceros países desde que el diario Novaya Gazeta denunciara en abril del año pasado la existencia de campos de tortura y exterminio para homosexuales en Chechenia.

Ramzán Kadyrov, líder checheno y aliado del presidente Vladimir Putin, negó el asunto hace unos meses, aunque de un modo que dejó perplejo al periodista de HBO que lo entrevistaba. La respuesta evasiva de Kadyrov sonaba a un reconocimiento de las acusaciones que recaían sobre su gobierno. “No tenemos esa clase de gente aquí, no hay gays, y si los hubiese, se los pueden llevar a todos a Canadá, lejos de aquí, para purificar nuestra sangre. Son demonios, no personas. Que Dios los maldiga por las cosas de las que nos acusan, responderán por ello ante el Altísimo”, sentenció el hombre, por Alá.

***

Una vez instaladas en el departamento de San Telmo que habían reservado por Airbnb, las chicas se dirigieron a la sede de la FALGBT, ubicada en un edificio antiguo de Avenida de Mayo al 800, donde las esperaba Mariano. Salieron del encuentro convencidas de que mucho dependería de ellas.

“Acá no hay dinero para los refugiados como en otros países. Eso nos sorprendió”, admite Elena. Por medio de la Federación, la pareja fue contratada para trabajar de intérprete con rusos recién llegados y asistir a una familia de refugiados chechenos. Elena, graduada de psicóloga, tiene además una paciente ucraniana. Yulia, por su parte, enseña ruso a un adolescente argentino. Antes de esas oportunidades, con un español mínimo, Elena se estrenó como niñera y Yulia fregó pisos y azulejos ajenos durante un par de meses.

"Claro que hay personas homofóbicas, pero estamos protegidas. En la Argentina tenemos derechos", dice Yulia, que aunque es la mayor, con 33, parece una adolescente
“Claro que hay personas homofóbicas, pero estamos protegidas. En la Argentina tenemos derechos”, dice Yulia, que aunque es la mayor, con 33, parece una adolescente Fuente: LA NACION – Crédito: Joaquín Salguero

Con todo, no perciben un ingreso fijo. Es poco frecuente que un empleador quiera tener entre los suyos a una persona con residencia precaria que apenas habla el idioma local, como es el caso de las chicas. Para acceder a un empleo formal, primero esperan recibir la ciudadanía argentina, que de acuerdo a la ley es a partir de los dos años de residencia. Pero el proceso, que depende de la impredecible burocracia argentina, puede estirarse hasta el hartazgo.

Mientras se define su situación, Yulia y Elena recurren a la Agencia Adventista de Desarrollo y Recursos Asistenciales (ADRA), una organización cristiana con sede en Maryland, Estados Unidos, que asiste a los refugiados que viven en la Argentina -los últimos números dados a conocer por la Comisión Nacional para los Refugiados (Conare) indican que entre 2012 y 2016 unas 6093 personas pidieron refugio en el país, de las cuales 803 obtuvieron en efecto el estatus de refugiado-. La ayuda les sirvió para conseguir el subsidio habitacional, aprender algo de castellano y saber cómo preparar un currículum y presentarse a una entrevista de trabajo.

Mariano -31 años, serio, la mirada enfática- habla de lo complicado que es para los refugiados levantar cabeza en el país, pero establece una diferencia entre loscompañeros, como él llama a los solicitantes de asilo LGTB. “Los compañeros que vienen de África o el Caribe tienen que escapar porque viven en una situación violenta que les puede llegar a costar la vida. Entonces salen con lo puesto, sin dinero. Cuando llegan a Argentina tienen que acudir a Acnur, que les da ayuda humanitaria básica. La mayoría de las personas rusas que llega acá habla más de un idioma o tuvo una educación formal, universitaria en general, y es de clase media para arriba. El nivel de vulnerabilidad que pueda tener una persona de un país africano o centroamericano es distinto. Lo que para una persona jamaiquina puede estar bien vivir en una pensión en Constitución, para una persona rusa no. Algunos de los compañeros jamaiquinos son trabajadores sexuales. Es su medio de subsistencia”.

***

Para llegar al departamento donde viven las chicas desde hace un año, en un complejo próximo a la estación de Once, hay que cruzar un pasillo angosto a cielo abierto y subir hasta el primer piso por una escalera de metal. Al entrar, la propuesta a los visitantes es quitarse los zapatos, como manda la tradición rusa, y dejarlos en un rincón. El espacio es pequeño: una cocina, una mesita suspendida con una notebook encima, tres banquetas, un banco tapado por una pila de ropa, una copia de la novela El precio de la sal, de Patricia Highsmith, primer libro que Elena lee en castellano, y una alacena que exhibe las compras del mes; más allá, el cuarto de la pareja; por último, el baño, diminuto. Es todo lo que hay.

Se podría esperar que la colectividad rusa en la Argentina -alrededor de 300 mil entre migrantes originarios y descendientes, la diáspora rusa más grande de América Latina- pusiera a disposición de Yulia y Elena las instituciones comunitarias, colaborara con su inserción o al menos las recibiera con un abrazo después de un viaje tan largo. Eso no ocurre. Ellas cuentan que una conocida, también solicitante de asilo, se acercó a la Casa de Rusia, un centro cultural que funciona bajo la órbita de la embajada, y los propios compatriotas le cerraron la puerta. Antes de eso, se molestaron en preguntarle qué la había traído a Buenos Aires. Respondió con la verdad: escapaba de Rusia por ser lesbiana.

-¿Qué le dijeron?

-Aquí, nunca -dice Elena.

Los rusos en la Argentina, dicen las chicas, mantienen lazos con Rusia y con la iglesia ortodoxa. “Mejor tenerlos lejos”. En cambio, se sienten a gusto con el particular humor de los porteños, puro reflejo del ritmo hiperquinético de la ciudad. Lograron descifrarlos. Detrás de esa apariencia irritable, incluso desinteresada, hay gente solidaria que se horroriza cuando escuchan a Yulia y Elena contar su historia. “Apenas llegamos a Buenos Aires mis amigos me preguntaban si era cierto eso que leían de la Argentina, si acá podía decir abiertamente que era lesbiana y que tenía novia. Les dije que sí, que casi siempre, con casi todos. Claro que hay personas homofóbicas, pero estamos protegidas. En la Argentina tenemos derechos”, dice Yulia, que aunque es la mayor, con 33, parece una adolescente: es menuda y viste de jean y remera rosa. Las gafas le dan un aire aniñado a su rostro blanco de porcelana. Puede dar la impresión de reservada. Pero en verdad, habla poco español. Le resulta difícil, pese a ser profesora de idiomas, de inglés y alemán.

La madre de Yulia sabe de Elena. Su única hermana, la primera de la familia en dejar Rusia, también. La diferencia es que todavía lo niega, cree que Yulia está atravesando una suerte de fase experimental o que es bisexual. Hace años se mudó a los Estados Unidos, donde se casó con un norteamericano, tuvo una hija y se hizo pentecostal. Su cuñado le dijo una vez a Yulia que no era posible que le gustasen las mujeres, por una simple razón: era demasiado linda.

“Mi hermana piensa que no soy normal. Nunca me pregunta por Elena. Dice que tengo que casarme y formar una familia”, cuenta mientras sirve té negro en unas tazas algo ajadas. “En Rusia a veces inventaba que tenía novio. Otras, que estaba soltera. Pero eso también es un problema. Las personas te dicen que tenés que ir pensando en casarte, en tener hijos. Enseguida quieren buscarte un marido”.

Para Elena fue más duro despedirse de sus padres. Los reunió una tarde en la casa de su infancia y les dijo que había ganado una beca para estudiar castellano en Buenos Aires, que se iría a Sudamérica por un tiempo. Como es costumbre entre los homosexuales rusos, dijo las cosas a medias e inventó otro tanto.

Los ojos del mundo están puestos en Rusia por el Mundial de Fútbol y se reforzó la vigilancia sobre aquellos grupos que pueden arruinarle la fiesta, como los opositores, los activistas por los derechos humanos, ciudadanos descontentos y, a la cabeza, los homosexuales. El riesgo sigue siendo alto para la comunidad LGTB. Svetlana Zajarova, vocera de la Red LGTB de Rusia, una organización de apoyo, afirma que la discriminación y el hostigamiento que sufre el colectivo van en aumento. “La Red hace todos los años una investigación para conocer la situación de la población LGTB y la cantidad de delitos de odio se ha ido incrementando. Las personas que cometen estos crímenes saben que las autoridades no actuarán”, dice del otro lado del teléfono.

Yulia y Elena extrañan Tomsk. Sobre todo, a sus padres y amigos.

-Dentro de veinte años puede ser que regresemos. Ahora es imposible -dice Elena.

-¿Piensan casarse?

-¡Queremos casarnos! – y a Elena se le ilumina la mirada, como si hubiera estando esperando esa pregunta -. Pero no tenemos dinero. Primero tenemos que conseguir un trabajo estable.

De repente, el sol tiñe las paredes de la sala de un anaranjado rabioso, antes de esconderse y dejar al departamento en penumbras.

-Queremos una fiesta de casamiento. Un casamiento como todo el mundo -remata Yulia, que le dirige una sonrisa a su compañera.

***

Pasó un mes. Las chicas están más animadas. Yulia batalla contra los tiempos verbales y Elena la corrige, aunque su castellano progresó notablemente. Es la primera vez en sus vidas que participan de una marcha del orgullo y no quieren perderse la carroza de la FALGBT que desfila entre una marea de 150 mil personas. Sobre la vereda, Yulia eleva la voz para ganarle a la música y larga la buena noticia: “Nos vamos a casar”. Para confirmarlo, alzan las manos y muestran las alianzas. La idea también las sorprendió a ellas. Es que Yulia, recomendada por una amiga ucraniana que hace años vive en Argentina, pasó las pruebas y comenzará a trabajar en una multinacional con gente de otros países, donde hablará varios idiomas. Al estar legalmente unidas en matrimonio podrán compartir obra social. Con un salario asegurado, además, podrán ahorrar y, claro, organizar la fiesta de casamiento.

Como los millones que cruzaron océanos y fronteras para probar suerte en el fin del mundo, Yulia y Elena se van acostumbrando a la idea de quedarse. El paisaje de hormigón no les parece tan triste, los contrastes latinoamericanos ya no les llaman la atención y su acento es marcadamente rioplatense. Aun así, hay un gesto de preocupación en la cara de Elena. “Lo que queríamos y lo que tuvimos que hacer son dos cosas distintas”, reconoce. Espera que le llegue su oportunidad, como a Yulia. “Es que siento que me sobra mucho tiempo”, y se vuelve hacia las banderas arcoíris y los carteles que denuncian los travesticidios. Ahora saludan con un beso y se alejan por la Avenida de Mayo, bordeando los camiones y los torsos desnudos, hasta que se pierden. Después de todo, ellas también están ahí, juntas, para marchar.

Seguir leyendo

Mundo

La impresionante reacción de una mujer policía para neutralizar a un ladrón que quiso asaltar a varias madres en Brasil

Publicado

on

El delincuente intentó robarle a mujeres reunidas frente a un colegio privado de Suzano para un acto del Día de la Madre pero no contó con que, entre ellas, hubiera una oficial armada

Una agente de la Policía que disfrutaba de un día de descanso mató a tiros a un delincuente que intentó asaltar a un grupo de mujeres y niños concentrado frente a una escuela de la ciudad brasileña de Suzano para celebrar el Día de la Madre, en un suceso cuyo video se viralizó en internet.

El hecho ocurrió en la mañana de este sábado frente a un colegio privado de Suzano, municipio en el estado brasileño de Sao Paulo, que organizó un acto por el día de las madres al que invitó a alumnos y padres de familia.

El video que se esparció rápidamente por las redes sociales muestra el instante en que, cuando los invitados esperaban por la apertura de las puertas de la escuela, un hombre armado se aproxima, apunta su revólver contra algunas de las mujeres e intenta robarles sus pertenencias.

En ese momento, una mujer que estaba en el grupo sacó su arma y le hizo tres disparos al agresor, que lo impactaron principalmente en el pecho.

Las imágenes muestran también la correría de las personas que aguardaban la fiesta y la maniobra que hace la mujer policía, primero para ponerse a salvo de una posible reacción, y después para rendir al frustrado asaltante en el piso y alejarle el arma de su alcance.

El asaltante, de 21 años, que portaba un revólver calibre 38 y que llegó a hacer dos disparos antes de ser tiroteado, alcanzó a ser llevado con vida a un hospital vecino pero no resistió a las heridas y murió en el centro médico.

Las autoridades informaron que la agente es integrante del Cuarto Batallón de Acciones Especiales de la Policía en Sao Paulo, el estado más poblado de Brasil.

Con información de EFE

 

INFOBAE

Seguir leyendo

Tendencia