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Neutralidad en la red: ¿El fin de una Internet libre, abierta e inclusiva?

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La caída del principio de neutralidad de la red en Estados Unidos

Por: Edison Lanza
El funcionamiento de Internet es una de esas pocas cosas que la humanidad mantenía como esperanza en común. En poco más de 20 años se hizo evidente la expansión del conocimiento y de las libertades de información que impulsó la red, la potencialidad que ofrece para la educación y la medicina, el impacto político y social de las redes sociales, la revolución para el comercio, la cultura, el entretenimiento y la innovación. Obviamente, todo cambio de esta naturaleza también entraña riesgos: al ritmo de la expansión de Internet también surgieron desafíos como la diseminación del discurso que incita a la violencia o a la guerra por odio y discriminación, los riesgos para la privacidad que implica la vigilancia digital, el desafío de brindar acceso a la red a toda la humanidad, la difusión de noticias falsas y el creciente papel de las plataformas en la circulación de la información. Con todo, los beneficios e impactos positivos de Internet parecían justificar el optimismo con respecto a la revolución digital.

Pero el fin de la historia, ya se sabe, no está a la vuelta de la esquina. El 14 de diciembre de 2017 la administración de Donald Trump dio un paso que tiene el potencial de cambiar la naturaleza de la red como fuerza democratizadora y descentralizada, al derogar la regla que garantizaba la “neutralidad de la red” (net neutrality) a nivel del gobierno federal. Esta norma había sido aprobada por la Federal Communications Commission (Fcc) durante la administración de Barack Obama, y consideraba a Internet como un servicio público, con el objeto de garantizar a todos los ciudadanos igual acceso a los contenidos que circulan por la red e impedir la discriminación de los paquetes de datos en función de factores como dispositivos, contenido, autor, origen y/o destino del material, servicio o aplicación.

Esa regla había otorgado a la Fcc la autoridad para hacer cumplir la neutralidad de la red y, en términos de la regulación, impedía a los proveedores de servicios de Internet (Isp, por sus siglas en inglés) manipular el flujo en la red a través de cualquiera de las siguientes tres formas: 1) bloquear cualquier contenido o paquete de datos; 2) discriminar el contenido basado en su origen, el dispositivo conectado a la red o el destinatario, y 3) privilegiar en su carretera un servicio sobre los demás, creando líneas más rápidas para unas aplicaciones respecto de otras.

Hay que decir que la decisión de la administración de Obama había llegado luego de más de una década de disputa jurídica y lobby de las compañías que prestan servicios de cable y telefonía, que procuraban mantener a Internet como un servicio de información, lo que permite a los operadores discriminar servicios y contenidos en función de las tarifas.

Una vez instalada la nueva mayoría republicana en la Fcc comenzó un proceso para revertir esta regla, basado en la ya conocida doctrina de que las fuerzas del mercado una vez liberadas –sin regulación alguna– ofrecerán mejores condiciones de acceso a Internet. Luego de un proceso de consulta pública –en el que centenares de académicos, expertos, organizaciones y empresas se pronunciaron en contra–, la nueva mayoría en el organismo (tres a dos) derogó la regulación que aplicaba a los Isp.

De acuerdo con la nueva decisión, Internet ya no es un servicio público, sino uno de información, como cualquier otro. Los Isp deben informar qué tipo de manejo hacen de la red –únicamente tendrán obligaciones de transparencia– y quedan sometidos a las leyes antimonopolio de tipo comercial que regula otra agencia (la Comisión de Comercio). El cambio también incluyó la peculiaridad de que un organismo pierde por propia iniciativa su autoridad sobre un tema tan trascendente como la regulación de Internet.

Para el movimiento de derecha que llevó a Trump al poder la derogación de la net neutrality fue presentada como una victoria del individuo y el mercado contra la intromisión del Estado. Aunque en el discurso los republicanos no son partidarios de bloquear contenidos, afirman que el Estado no debe tener la facultad de controlar e interferir en los negocios que hacen actores privados en Internet, y que la férrea regulación existente estaba impidiendo mayores inversiones en infraestructura para expandir el acceso a Internet.

Sin embargo, en Estados Unidos y también a nivel global un amplio movimiento se sigue oponiendo a este cambio. Por ejemplo, un grupo de 20 científicos e ingenieros considerados los padres fundadores de Internet escribieron una carta al Congreso de Estados Unidos advirtiendo que quienes pergeñaron este cambio no conocen cómo funciona la red. Alertaron que el impacto más duro será para la gente de a pie que con un poco de capital, innovación y contratando a alguien que supiera escribir un código fuente podía servirse de Internet para crear desde un periódico digital hasta una página para protestar en línea, redes sociales, servicios de entrega de pizza o servicios para compartir lo que sea, sin pagar un peaje ni pedirle permiso a nadie.

Claro que no se trata de una decisión basada meramente en la lucha ideológica, las corporaciones de las telecomunicaciones y los gigantes de la alta tecnología en Internet ya se encontraban en pie de guerra antes de esta decisión de la Fcc. En buena medida pujaban por la apropiación de la renta que genera la nueva economía, y muchos sostienen que este cambio tiene que ver con inclinar la balanza a favor de las empresas de telecomunicaciones.

Las ahora llamadas “telcos” se quejaban de que tenían a su cargo las grandes inversiones para incrementar el acceso a Internet (comprar espectro, colocar antenas, tender fibra óptica directa al hogar, etcétera), pero luego no podían hacer otra cosa que vender banda ancha plana. Y desde hace años apuntaron a la norma que garantizaba la neutralidad de la red, dado que –a su juicio– impedía el surgimiento de un modelo de negocios más segmentado, basado en ofrecer acceso rápido a determinados servicios o aplicaciones según las necesidades de los usuarios, porque eso suponía discriminar un contenido con respecto a otro, algo prohibido por esa regulación. Según este discurso, las empresas tecnológicas gozaban, en cambio, de toda la libertad para utilizar sus redes en el nivel Over The Top (Ott) y aumentar sus dividendos, llevando tráfico hacia sus aplicaciones sin pagarles lo suficiente.

Desde Silicon Valley se defendían diciendo que el problema nunca fue el principio de neutralidad de la red, sino la falta de comprensión de la nueva economía por parte de las “telcos”: después de todo –argumentan–, el mensaje de texto en telefonía móvil surgió mucho antes que los servicios de mensajería en Internet y las telefónicas no supieron ver lo que tenían delante de sus ojos, como sí lo hicieron más tarde ellos con las aplicaciones. Las corporaciones tecnológicas argumentan que las empresas de telecomunicaciones no tenían impedimentos para desarrollar el video on demand, ni las compras en línea o las aplicaciones para el transporte de pasajeros (por citar algunos ejemplos de innovación basados en Internet), pero no lo hicieron porque la innovación no está en su Adn y se resisten a entender que están ante una red descentralizada que no controla el dueño de la carretera.

Alteraciones en el ecosistema. Argumentos aparte, desde el punto de vista de los derechos humanos el cambio trae consigo graves preocupaciones. El principio de neutralidad de la red no es un invento de los reguladores, ni (únicamente) una bandera política. Internet como medio se ha desarrollado a partir de determinados principios de diseño, cuya aplicación sostenida en el tiempo ha permitido un ambiente descentralizado, abierto y neutral. Internet es básicamente “una red boba”, que no es capaz de discriminar ni vigilar los paquetes de datos que transporta, ni de decidir colocar unos datos sobre otros: su inteligencia está en las puntas cuando los paquetes se vuelven a reunir, en la gente que con un dispositivo es capaz de conectarse, compartir información, ideas, aplicaciones y conocimiento.

Existe un amplio consenso respecto de que estas características básicas del entorno original de Internet fueron, precisamente, el motor para la expansión de la libertad de expresión e información y la no discriminación de contenidos por ningún motivo, lo que finalmente tuvo un efecto democratizador y de promoción del pluralismo. De hecho, esta característica de Internet fue elevada a principio fundamental de los derechos humanos tanto en el sistema interamericano de derechos humanos como en el universal de las Naciones Unidas.

Si la libertad de prensa o la libertad de imprimir sin censura surgió hace más de 300 años como un principio derivado de la libertad de expresión y del funcionamiento de la imprenta; el derecho a una Internet libre y abierta surge del derecho de cada persona a buscar, recibir y difundir información y opiniones sin distinción de fronteras y sin censura o bloqueos previos.

Así las cosas, la pregunta del momento es cuál será el futuro de la red luego de esta movida crucial en Estados Unidos. Primero hay que precisar que la batalla jurídica por mantener el principio de neutralidad de la red recién comienza: una vez pasado el primer sacudón, ya se encuentra en marcha una serie de acciones judiciales promovidas incluso por fiscales generales de estados como el de Nueva York, en un país donde hay independencia judicial y la libertad de expresión es un asunto serio para las instituciones. Del otro lado, el Congreso tiene un plazo para eventualmente anular la orden ejecutiva de la Fcc, y aunque es difícil que la mayoría republicana cambie una decisión del Ejecutivo, las encuestas indican que la idea de una Internet libre y abierta es compartida por el 70 por ciento de la población, más allá de lo partidario. Las ciudades y estados de mayor población están en manos de administraciones demócratas y también podrían establecer leyes estatales para la aplicación del principio de neutralidad en sus jurisdicciones.

Por otro lado, es obvio que las empresas de telecomunicaciones que operan en Estados Unidos lograron lo que buscaban: tener la libertad de proponer paquetes a sus consumidores, algo que puede derivar en una Internet similar a la televisión por suscripción más sofisticada. Para verlo con un ejemplo: es posible que las empresas ofrezcan acceso más rápido a tal sitio de películas y de deportes; o que obsequien el acceso a tal red social sin gastar datos; y también que el servicio de correo electrónico o la mensajería de la telefónica vaya de regalo. Como en otros escenarios desregulados, veremos procesos de concentración y fusiones entre empresas de telecomunicaciones y empresas tecnológicas. Esto podría relegar a pequeños emprendimientos a una Internet de baja calidad, y al final para el usuario común la autopista podría convertirse en un espacio fragmentado con unas pocas aplicaciones dominantes.

Dicho de modo más conceptual, de una red descentralizada pasaríamos a un espacio con actores que tendrían el poder de centralizar y distribuir el acceso a las aplicaciones. Se podrá decir que algunas redes sociales o gigantes como Google estaban concentrándose desde hacía tiempo. Es cierto, pero bajo la neutralidad de la red había miles de opciones de sitios pequeños que accedían a la vida digital, se servían (y servían) a las redes más grandes, en un ecosistema que permite mayor diversidad.

Otra visión tecnológicamente más optimista sugiere que la red no cambiará su naturaleza y no habrá un despliegue de censura en lo inmediato por parte de los Isp, pese a este retroceso en los principios. Si bien a una porción de la población le puede resultar cómodo permanecer cautiva de una empresa de telecomunicaciones y de unas pocas aplicaciones, para buena parte de los consumidores –incluyendo a la generación de los millennials y las siguientes– esto sería inaceptable: van a seguir reclamando acceder a una Internet completa, abierta y neutral. Según esta visión, Internet tiene la fuerza del agua de un río caudaloso, se le puede poner un dique pero el agua buscará un cauce para seguir corriendo.

Queda también por verse cómo se moverán las gigantes de la tecnología en el nuevo escenario. Google, por ejemplo, ya estaba experimentando con satélites, globos aerostáticos, asociándose con telefónicas y cableando ciudades para ofrecer Internet sin tener que pagar peaje a las empresas de telecomunicaciones. ¿Profundizará este tipo de estrategia? ¿Van a buscar adquirir algunas “telcos”? ¿Qué harán los partidarios del software abierto o los hackers para eludir la Internet de las corporaciones? ¿Vamos hacia un modelo de dos Internet: una para inquietos y entendidos; otra del hombre común, cautivo de las corporaciones?

Y finalmente, pero no menos importante: ¿qué impacto tendrá la desregulación y el modelo de Estados Unidos en el resto del mundo? En América Latina los activistas por la libertad de expresión impulsaron establecer la neutralidad de la red por ley: Brasil, México y Chile ya avanzaron en ese sentido. Uruguay no tiene una ley de neutralidad, pero hasta ahora ninguna telefónica había discriminado o bloqueado contenidos, salvo para ofrecer algunos planes de datos y mantener la seguridad de la red. ¿Tendremos un efecto contagio? ¿Qué harán las empresas de telecomunicaciones que operan en la región? ¿Qué modelo seguirán Europa y los países nórdicos que elevaron el acceso universal a una Internet libre y abierta a la categoría de derecho constitucional? Y los gobiernos autoritarios alrededor del mundo: ¿utilizarán el fin de la neutralidad de la red para justificar una política aun más agresiva de bloqueo y filtrado de medios de comunicación, páginas web y aplicaciones que consideran un peligro para el régimen?
*Relator especial para la libertad de expresión de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos
Fuente: Revista Brecha

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Diario Hoy: Alerta ante posible despido del 80 % de los trabajadores

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Luego de la detención del sindicalista Marcelo Balcedo, su madre Myriam Reneé Chávez de Balcedo asumió la dirección del diario Hoy. Fiel a su estilo, ante el congelamiento de las cuentas bancarias de su hijo y del sindicato SOEME, la señora anuncia que dejará en la calle a casi la totalidad de los trabajadores del matutino


Comunicado de los/as trabajadores/as del diario Hoy
Tras los episodios que son de público conocimiento sobre el encarcelamiento de quienes dirigían el diario Hoy de La Plata, Marcelo Salcedo y Paola Fiege, los y las trabajadores/as queremos comunicar a los/as compañeros/as de los medios de comunicación y a la sociedad la incertidumbre en la que nos encontramos con respecto a nuestra continuidad laboral, ya que ni siquiera tenemos garantizado el sueldo de enero.

Por eso, queremos aclarar que los y las periodistas, fotografos/as, diagramadores/as. editores/as, correctores/as, cámarografos/as, productores/as, empleados/as de limpieza, choferes y administrativos, quienes intentamos desarrollar un periodismo profesional, aun en medio de la incertidumbre en la que nos vemos inmersos involuntariamente, no tenemos relación con la situación en ia que· se encuentran los dueños del medio.

Desde su asunción como directora del diario Hoy, Miryam Renée Chávez de Salcedo ha manifestado la voluntad de realizar un recorte masivo de personal que dejará en la calle al 80% de los empleados.

En el diario Hoy trabajamos alrededor de 200 personas y nos rehusamos a que se cierren fuentes laborales, más aún cuando no hay argumentos económicos ni legales que lo justifiquen.

Por tal motivo, nos dirigimos a los/as colegas de prensa para que estemos atentos y activemos nuestra solidaridad y unidad. Nuestra realidad no escapa a la que están viviendo decenas de medios de comunicación en toda la Argentina, afectados por cierres de empresas, vaciamiento, recortes y
despidos, dejando a miles de trabajadores en la calle.

Solicitamos a las autoridades competentes su inmediata intervención para salvaguardar los derechos laborales de los trabajadores y las trabajadoras del diario.

Nos declaramos en estado de alerta y advertimos que no dejaremos pasar ningún despido. Repetimos: no hay razones para una reducción de personal como la que está planificando la actual directora del medio. Lisa y llanamente significaría la pérdida de 200 puestos laborales.

Trabajadores y trabajadoras de la redacción del diario Hoy

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Denuncian pagos irregulares en Tecnópolis durante el gobierno de Cristina

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Es en base a una auditoría de la Sindicatura General de la Nación que detectó “información inconsistente sobre cifras invertidas” en ese predio

La Sindicatura General de la Nación (Sigen) recomendó “iniciar investigaciones sumarias, administrativas y/o judiciales por las irregularidades contrataciones y pagos detectados” durante el gobierno de Cristina Kirchner en el predio de Tecnópolis.

En consecuencia, la Oficina Anticorrupción a cargo de Laura Alonso realizó una denuncia ante la justicia penal. Según el informe de la Sigen, se detectaron contrataciones y pagos irregulares por más de 26 millones de pesos del ministerio de Defensa para montar el stand de Tecnópolis, entre 2011 y 2015.

Dicha auditoria constató “información inconsistente sobre cifras invertidas en Tecnópolis” por parte de la cartera de Defensa, y precisa que “se observaron discrepancias entre los montos informados por la Contaduría General de la Nación (CGN) y la información recabada en el ministerio de Defensa”.

Agregó que también hay “erogaciones no reconocidas” por el Estado Mayor General del Ejército, la Fundación Gral. Manuel Savio, el Club de Oficiales del Instituto de Investigaciones Científicas y Técnicas de las Fuerzas Armadas (Citefa), y del Círculo de Suboficiales Fuerza Aérea Argentina Asociación Mutual.

Asimismo, indica que “las observaciones realizadas son incumplimientos de la Ley de Procedimientos Administrativos, discrepancias entre los montos informados y erogaciones no reconocidas por el Ejército”, entre otras.

En todos los casos se trató de contrataciones de bienes y servicios del Ministerio de Defensa para su participación en las distintas ediciones de la feria Tecnópolis durante las gestiones de Arturo Puricelli y Agustín Rossi en esa cartera.

La auditoria sobre el presunto fraude precisó que la Fundación para la Innovación y Transferencia de Tecnología (Innova T) “medió de gestor en lo concerniente a la construcción de stand y contratación de obras, valiéndose para esto de dos convenios, y siendo compensada por su gestión con un 3,5% de los montos que correspondan por la construcción y funcionamiento del stand, pero sin responsabilidad alguna, en cuanto al seguimiento y control de obras ni tampoco en tareas de desarrollo y diseño.

“Por otra parte, pagó en concepto de desmontaje no contemplado en las contrataciones realizadas”, precisa la Sigen. Al respecto, la Sigen explicó: “La tercerización realizada a través de la Fundación resultaba innecesaria ya que la normativa sobre contrataciones contempla situaciones de necesidad y urgencia”.

También señaló que “las facturas de los proveedores fueron emitidas a nombre de Innova T cuando correspondían ser emitidas a nombre del Ministerio de Defensa”.

Además el informe advirtió que “de lo construido en 2011 no se halló nada en el predio. Para la siguiente participación del Ministerio de Defensa en el año 2013 se reinició desde cero la construcción de un nuevo stand que además debió montarse sobre un nuevo espacio. No consta la realización de denuncias penales o acciones administrativas en orden a esclarecer la ausencia del material que componía el stand del año 2011″, dice la Sigen.

El organismo expresó luego que se registra “incumplimiento de la Ley de Procedimiento Administrativo” con pagos y contrataciones irregulares.

Finalmente, hace mención al desdoblamiento de pagos del Fondo Rotatorio, señalando que “se detectó en varias oportunidades la existencia de varias facturas del mismo proveedor por importes cercanos al límite del monto previsto en la normativa para o pagos a través del Fondo Rotatorio”.

Con información de Télam

Nexofin

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‘The Post’: la lucha por la verdad

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La película desvela los archivos secretos del Pentágono sobre la implicación del gobierno de Estados Unidos en la Guerra de Vietnam en 1970. Estrena en Argentina el 1° de febrero

El director Steven Spielberg (center) dirigió a Meryl Streep y Toms Hanks en la magistral película

Cuando se trata de las historias sobre los medios de antes, no hay otra más clásica que The Post, de Steven Spielberg, que se trata de The Washington Post y la controversia de 1971 en torno a los “Documentos del Pentágono”. En la era de las redes sociales, las “noticias falsas” y Donald Trump, ¿por qué rescatar una historia de hace 46 años acerca de una guerra que la mayoría de los estadounidenses son demasiado jóvenes para recordar?

Meryl Streep cree que es una historia muy relevante en 2017.

“Se trata de la sincronicidad de la esfera”, dijo Streep, de 68 años, quien protagoniza el filme. “De verdad encaja con este momento en que la prensa está bajo asedio y estamos revelando a gritos el sexismo”.

Su coprotagonista, Tom Hanks, cree que el filme es acerca de la verdad y las mentiras, un tema que jamás pasa de moda.

Jason Robards ganó un Óscar por interpretar a Bradlee en “All the president’s men”

“La verdad puede recorrer el mundo casi tan rápido como una mentira”, dijo el actor de 61 años, “pero las mentiras desaparecen en la vida. En cambio, la verdad es tan constante como la velocidad de la luz”.

The Post, de Spielberg, que se estrenó el 22 de diciembre en un lanzamiento limitado y se estrenará en todo Estados Unidos en enero, es protagonizada por Streep como la editora de The Post Katharine Graham y Hanks como su decidido editor ejecutivo, Ben Bradlee, una figura que los cinéfilos vieron en All the president’s men (1976), el filme ganador del Oscar del director Jason Robards. Aborda la decisión histórica que Graham tomó de publicar miles de páginas de documentos ultrasecretos filtrados del Pentágono, mismos con los que se reveló la mentira deliberada de lo que se le había dicho al pueblo acerca de la participación de Estados Unidos en la guerra de Vietnam.

Spielberg estaba trabajando arduamente en Ready player one, un espectacular filme de ciencia ficción que se estrenará la próxima primavera, cuando la productora Amy Pascar sugirió que leyera el guion que escribió una novata de 31 años llamada Liz Hannah.

“Cuando llegué a la página 30, comencé a decir que Tom Hanks interpretaría a Ben Bradlee y Meryl Streep a Katharine”, recordó Spielberg. “Siempre quise trabajar con Meryl, y esta será mi quinta película con Tom”.

Meryl Streep le da vida a Katharine Grahame, editora de The Washington Post

Dio la casualidad de que Pascal también le envió el guion a Streep, quien se mostró intrigada.

“Era 1971”, explicó. “Era un mundo de hombres. Ella era la propietaria y editora de The Washington Post y una de las pocas mujeres en ese rango. En ella recayó la decisión de seguir con la publicación de los Documentos del Pentágono, algo que comenzó The New York Times. Se sintió sola en esa situación y quedó bajo los reflectores”.

“Katharine Graham dio un paso adelante e hizo historia”.

Streep no pudo conocer a Graham, quien murió en 2001, pero aprendió muchísimo de las memorias de Graham: Personal history (Knopf, 1997).

“En realidad no sabía mucho de ella”, admitió la actriz. “Nora Ephron me dijo que la autobiografía de Graham era una de las mejores de todos los tiempos y que debería leerla”.

Streep también pasó tiempo con los hijos de Graham mientras se preparaba para el papel.

“Cómo eres cuando estás en casa es muy importante”, dijo. “Te revelas más a tus hijos. En el trabajo de Katharine Graham había muchas personas que no creían que mereciera estar donde estaba, pero ahora sabemos que era una empresaria brillante. Se lo ganó a pulso en una época en la que las mujeres no debían hacer más que portarse bien, criar bien a sus hijos y cuidar la casa”.

Tom Hanks es Benjamin Bradlee, editor ejecutivo de The Washington Post, hombres con gran influencia en los 1970s.

Resulta que Hanks ya había conocido a Bradlee, quien murió en 2014.

“Cené y almorcé con Ben un par de veces en los años noventa”, recordó el actor. “Lo conocí a él y a su esposa, Sally, a través de Nora Ephron. En sus últimos años tuvo demencia, pero cuando me lo presentaron era el mismo Ben Bradlee que recordamos. El hombre al que conocí era curioso y tenía el dominio del lugar donde se encontrara. Le interesaba mucho lo que sucedía en la actualidad y la opinión de las personas”.

“Cuando conversé con él fue todo muy fluido e íbamos de tema en tema”, agregó Hanks, “pero no era dogmático ni contaba historias de guerra. Si le preguntabas a Ben: ‘¿Quién fue Garganta Profunda?’, él decía: ‘Ah… quizá era… ¿quién sabe?’ Y después empezaba a hablar de otra cosa”.

Hanks también estudió el libro de Bradlee titulado A Good Life: Newspapering and Other Adventures (Simon & Schuster, 1995), y el material audiovisual que existe de él, además de reunirse con las personas más cercanas a Bradlee.

Una escena clave para Streep fue aquella en la que Graham está ofreciendo una cena y la conversación gira a la política, cuando la mayoría de las mujeres se disculpan y van a otra parte de la casa.

Tom y Mery en una escena de “The Post”


Steven Spielberg: “La libertad de expresión en EEUU está al borde del abismo”
Por: Pablo Pardo
El director estrena ‘Los archivos del Pentágono’, una película urgente sobre periodismo, feminismo y poder que responde a la era Trump con su espejo nixoniano

Steven Spielberg es más bajo de lo que parece en foto o en televisión, habla con acento judío neoyorkino -y se le escapan expresiones en yidis-, y lleva una bufanda anudada con coquetería alrededor del cuello, a pesar de que donde está nevando es fuera, no en la habitación desprovista de muebles del Hotel Mandarin en la que recibe a El Mundo.

Para ser una de las personas que más ha marcado Hollywood -y, por extensión, la cultura del mundo-, Spielberg es sorprendentemente amable. Le gusta explayarse y hablar de su última película, The Post, titulada en España ‘Los archivos del Pentágono’. El filme ha recibido unas críticas radiantes en Estados Unidos, aunque el periodista es mal pensado y piensa que eso tal vez se deba a que The Post trata del Washington Post, y en ella los informadores somos los héroes, de principio a fin. La película trata sobre el incidente de los papeles del Pentágono, en 1971, cuando el Gobierno de Richard Nixon trató, sin éxito, de prohibir la publicación de un monumental análisis realizado por el think tank RAND Organization sobre la Guerra de Vietnam.

El estudio había sido un encargo del Gobierno, pero reflejaba que la guerra había sido un fracaso desde el principio, y que Washington lo sabía, también, desde el principio. Claro que siempre había algo que impedía parar el conflicto: unas elecciones, una lucha burocrática, alcanzar una mejor posición negociadora con la URSS, en otros escenarios… Así, casi a base de ir dejando para mañana el problema, murieron 59.000 estadounidenses y cuatro millones de vietnamitas, laosianos, camboyanos y chinos. La inercia puede ser una criminal a gran escala.

Spielberg se explaya con los paralelismos que él ve entre aquella época y ésta. Pero también le da un toque personal. La película gira en torno a una mujer fuerte, Kay Graham, representada por Meryl Streep, la dueña del Washington Post, que tuvo el valor de enfrentarse a la Casa Blanca al mismo tiempo que sacaba a bolsa la empresa que había heredado después de que su marido, Phil Graham, se suicidara de un tiro en la cabeza. Era 1971 y las mujeres no dirigían empresas, no iban a Wall Street y no se enfrentaban a presidentes (en 2018, con contadas excepciones, tampoco).

¿De qué trata exactamente The Post? ¿De Graham, del poder, del periodismo?
La película gira alrededor de la idea del liderazgo. Y esta película trata del liderazgo de una mujer, Catherine Graham, que era la líder de facto del Washington Post, y que, sin embargo, no lograba que le hicieran caso los hombres del consejo de administración de la empresa dueña del periódico, de la que ella era propietaria. Y ¿por qué no le hacían caso? Precisamente, por ser una mujer. The Post trata del liderazgo de una mujer, totalmente ignorada en un mundo de hombres, y eso fue, de hecho, lo primero que me atrajo del guion, más que la relevancia de la historia en el momento actual. Pero si no hubiera sido por la urgencia, digamos política, probablemente hubiera esperado más a hacerla.

Volviendo a Graham. Usted siempre ha dicho que su modelo vital es su madre, y tradicionalmente ha dejado la gestión de sus proyectos y empresas en manos de mujeres. ¿De personas como Graham?
Mis modelos en la vida son mis padres, pero más mi madre que mi padre, porque viví con ella más años [los padres de Spielberg se divorciaron cuando él tenía 19 años y su madre se fue con el mejor amigo de su padre]. Me influyó mucho porque era muy fuerte. Y por eso también, cuando fundé empresas -Amblin, DreamWorks, TreeWorks 3.0- puse a mujeres al frente. Trabajo mejor en ese entorno, y es fácil para mí contar una historia acerca de Graham, porque su heroísmo y su dedicación al negocio de la prensa, y su amor a su país y a la verdad son todos los valores que mi madre me inspiró.

En EEUU y en su industria, el cine, se están derrumbando muchas figuras casi míticas, con la revelación de lo que parece una cultura del abuso sexual.
Hollywood está en el epicentro de lo que es un punto de inflexión para las mujeres. Nunca he visto un cambio como éste. Creo que nuestros hijos mirarán a 2017 como el año en el que todo cambió en materia de acoso sexual, los años en los que el silencio se acabó y miles de voces se hicieron oír. Pero eso no es sólo un problema de Hollywood. Pasa en fábricas, en granjas, en deportes, en televisiones: en todas partes. Con mujeres estadounidenses y con inmigrantes.

¿Le ha sorprendido la catarata de revelaciones de acoso sexual en Hollywood?
Debería haberme sorprendido, pero no. Todos lo hemos estado viendo con el rabillo del ojo durante muchísimos años.

Pero usted admite que, si The Post sólo hubiera tratado de una mujer en un mundo de hombres, usted habría tardado más en hacerla. De hecho, esta película es una sorpresa para todos. Usted es muy meticuloso, y no se lanza a proyectos sobre la marcha, como éste.
¡También ha sido una sorpresa para mí! Todo empezó a finales de febrero. Estaba liado con la posproducción, con los efectos especiales de Ready player one, que se estrena el próximo 30 de marzo, y lo último que quería era hacer otra película en 2017. Y entonces, Stacy Snyder, que dirige 20th Century Fox, y antes fue mi socia y la jefa de mi empresa, me mandó el guion de The Post. Yo le dije que no me lo mandara. Pero no me hizo caso y, cuando lo recibí, me dije a mí mismo: “No voy a abrirlo, para escapar de la tentación”.

¿Por qué?
Porque tenía miedo de que me gustara demasiado y me distrajera de Ready player one y de mi siguiente proyecto, El secuestro de Edgardo Mortara [un filme sobre Edgardo Mortara, un niño judío que fue raptado y llevado al Vaticano, donde el Papa Pío IX se negó a entregarlo a sus padres].

Y, pese a tan firme propósito, cayó en la tentación de la fruta prohibida.
Así es; empecé a leerlo. Cuando iba por la mitad, se me empezó a acelerar el pulso. Antes de que acabara el guion me estaba preguntando: “¿Cómo voy a ser capaz de hacer dos películas en un año?”. Llamé a mi equipo, les dije que volvieran de Italia, donde estaban buscando localizaciones para El secuestro de Edgardo Mortara, y los puse a trabajar en The Post.

¿Ha sido algo nuevo lanzarse a hacer una película así, casi improvisándola?
Nunca me había pasado. Nunca me había lanzado a un proyecto con tanta prisa como a éste, ni había trabajado tan duro en mi vida. Pero tampoco nunca había tenido este sentido de urgencia, de propósito. Ya ve, 71 años y uno se sorprende a sí mismo.

Es su primera película sobre una cuestión abiertamente política desde Munich, en 2005. En Munich usted también usaba un paralelismo histórico: la caza por asesinos del Mosad de terroristas palestinos en Europa, igual que ahora lo hace entre Nixon y Trump. ¿Es más fácil hablar de algo actual usando un referente histórico?
El cine siempre se basa en referentes en la Historia y en la realidad. Incluso Tiburón… bueno, en el mar hay tiburones. Pero The Post es la primera película que hago en mucho tiempo en la que la relevancia de lo que hablo es prácticamente sorprendente.

The Post también trata sobre la libertad de expresión.
Porque la libertad de expresión en Estados Unidos está al borde del abismo en 2018. La prensa está teniendo que tratar de convencer a la opinión pública de que lo que publica es verdad, de que no es fake news [noticias falsas, una de las expresiones favoritas de Donald Trump]. Nunca he visto esta cortina de humo de desinformación y expresiones que han alcanzado casi la categoría de iconos de la cultura, como “hechos alternativos” [la expresión acuñada por la Casa Blanca el 22 de enero pasado para definir la libertad del presidente de EEUU para creer en los hechos reales o en otros alternativos]. Así que la historia de Nixon yendo a la Justicia para prohibir el derecho de la prensa a publicar noticias, es decir, literalmente a prohibir la libertad de prensa, tenía profundas similitudes con lo que está pasando ahora.

Usted ha dicho que ésta es la época de mayor división que EEUU ha vivido desde la Guerra de Secesión. Ésa es una afirmación muy fuerte.
Pongámoslo de esta forma: desde la perspectiva de una persona que ama la Historia, ésta es la mayor división de mi país que he visto en mis 71 años de vida. Nunca he visto tanto vitriolo en EEUU. Y ese vitriolo lo permea todo. No es posible hablar de coches clásicos -una cosa que me gusta mucho- con una persona que tenga una ideología diferente. De niño me inculcaron que hay que escuchar más que hablar. Eso nos falta ahora.

Cuando Meryl Streep encontró a Tom Hanks
Meryl Streep, la coprotagonista de ‘The Post’, debe una parte de su carrera a su nariz. “Nunca fui lo bastante guapa como para hacer papeles románticos, porque tengo la nariz demasiado larga”, declara. Streep comparte el peso de la película con Tom Hanks, con quien nunca había coincidido antes. Cuando Streep y Hanks hablan de ‘The Post’, es para para celebrar su encuentro. Ambos trabajan de manera similar a como lo hace Spielberg. “Los dos llevamos al rodaje todo listo en la cabeza”, relata Hanks. Además, está la dinámica entre el director del ‘Washington Post’, Ben Bradlee, amigo personal de Spielberg, representado por Hanks, y Kay Graham, a la que da vida Streep. “No hay atracción romántica entre ellos, ninguna subtrama amorosa, y eso no es muy común en Hollywood”, decalara Hanks.

‘The Post’ es una película sobre ideas. Y, acaso, una ‘vendetta’ de Hollywood contra Donald Trump por el mero hecho de ganar las elecciones. Como declara Streep, “este guion fue escrito con la idea de que Estados Unidos iba a tener una mujer presidente”.

Fuentes: The New York Times y El Mundo

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