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 Roxana Kreimer: “El feminismo hegemónico cae en excesos, expresiones androfóbicas y sexismo contra el varón”

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En “El Patriarcado no existe más”, la filósofa y socióloga demuele los postulados de esa corriente en base a estadísticas. Rechaza la existencia de una “cultura de la violación”, y la culpabilización de todos los hombres, contracara de la victimización de todas las mujeres

 En su 7° libro, “El Patriarcado no existe más” (Galerna 2020), Roxana Kreimer acusa al feminismo hegemónico que postula que el sufrimiento de una mujer siempre es más grave que el de un hombre

Roxana Kreimer se atreve a remar contra la corriente, aparentemente mayoritaria, de lo que ella llama feminismo hegemónico. Y lo hace de modo contundente. No sólo la contradice en el elemento vertebral de su discurso -”el Patriarcado no existe más”, sentencia-, sino que desmonta incluso su agenda: no hay sexismo en el acceso a cargos jerárquicos ni diferente salario por un mismo trabajo según el género.

Licenciada en Filosofía y doctora en Ciencias Sociales por la Universidad de Buenos Aires, El patriarcado no existe más (Galerna 2020) es su séptimo libro. Estamos en vísperas del Día de la Mujer (8 de marzo) y como de costumbre habrá un torrente de lugares comunes, posverdades y afirmaciones sin chequear, esas “cifras zombies” de las que habla Kreimer, que todos repiten pero nadie chequea. En ese clima, nada más saludable que sumergirse en las páginas de este libro. Para confirmar lo que el sentido común indica, para aprender, incluso para polemizar pero con fundamento. El feminismo actual no debate, pontifica y cancela. Porque si de algo carece es de rigor.

Roxana Kreimer detalla aquí sus refutaciones al feminismo hegemónico y las apoya en “datos duros”: cifras. Por eso bautizó su iniciativa feminismo científico. Entre otras cosas, cita una investigación de Therese Söderlund (Suecia) que demuestra que “los estudios de género son los mejor financiados pero también los más sesgados y menos objetivos de todas las disciplinas”. De hecho, por lo general, toda crítica al feminismo actual recoge sólo indignación, nunca réplica.

Entre los cargos que formula contra la corriente hegemónica está justamente el de no tener un encuadre científico sino posmoderno -toda verdad es relativa-, de ser intolerante, de cultivar el victimismo de la mujer, de sostener que todas las mujeres están sometidas a los varones y, más grave aun, llevarse por delante principios constitucionales que son conquistas de la humanidad, como la igualdad ante la ley o la presunción de inocencia.

Finalmente, lo acusa de corporativo: el sufrimiento de una mujer siempre es más grave que el de un hombre. Un ejemplo de esto que señala Kreimer lo vivimos en la pandemia: el coronavirus mató más a los varones; da igual, el feminismo hegemónico asegura que las más afectadas son las mujeres basándose en puras subjetividades.

Sobre los hombres han caído y siguen cayendo las tareas más peligrosas, por eso protagonizan el 73% de los accidentes del trabajo (según la Superintendencia de Riesgos del Trabajo), dice Kreimer, son los que más abandonan la educación formal en todos sus niveles “y también son quienes construyen las casas en las que vivimos, quienes ofrecieron su vida en la guerra para liberarnos del nazismo, quienes bajan a las minas y se cuelgan de una soga para arreglar cables en lo alto”. Y, dato contundente si los hay, “mueren en promedio siete años antes, pero en Argentina y en muchos otros países se jubilan después”.

No es fácil remar contra la corriente: la respuesta que ha recibido Kreimer, convertida hace años en una referente del feminismo disidente en todo el mundo hispano, es la misma que recibe cualquiera que ose cuestionar el credo feminista: insultos, injurias, bloqueos o silencio; las estrellas del feminismo hegemónico no debaten.

Y no puede decirse que no tengan recursos: desde Mercedes D’Alessandro, directora de Economía, Igualdad y Género, consagrada por la revista Time, hasta la asesora presidencial Dora Barrancos: les sobran títulos, cargos, experiencia y hasta libros. Pero ambas y varias más eludieron el debate con Kreimer.

La buena noticia que trae el libro es que la corriente crítica hacia el feminismo hegemónico es menos escuálida de lo que parece. Kreimer menciona a muchas pensadoras del feminismo disidente, como Camille Paglia, y también a los varones que se atreven a decir lo suyo, tanto en Argentina como en otros países; enumera las redes, canales y revistas en las cuales se desarrolla un debate muy interesante sobre estas cuestiones y donde también se denuncian los excesos que llevan por ejemplo a que “miles de varones jóvenes estén siendo culpabilizados injustamente por el solo hecho de serlo”.

Ella misma ha logrado una amplia audiencia en Argentina y en el mundo hispanoparlante con su canal de Youtube.

Kreimer advierte que la centralidad que ha adquirido el feminismo en la agenda pública occidental hace que “temas de una relevancia cardinal como la pobreza o la desigualdad” se ubiquen “muy por detrás de los reclamos feministas, reconfigurando las agendas políticas de manera reactiva”.

El feminismo hegemónico afirma “que no nacemos con ninguna predisposición biológica y que todo se reduce a la influencia de la cultura”. Es la famosa sentencia de Simone de Beauvoir: “No se nace mujer, se llega a serlo”. Kreimer afirma que ese “reduccionismo sociológico” es tan problemático como el “reduccionismo biológico”. Y que el feminismo hegemónico “termina postulando que una mujer ‘empoderada’ debe elegir igual que un varón: dialogar sobre los mismos temas, escoger los mismos oficios y profesiones, leer los mismos libros o crear las mismas obras de arte”. En esta lógica, señala, “si hay 80% de varones que estudian ingeniería o matemáticas, se culpa al patriarcado”, pero si “hay 80% de mujeres que estudian psicología, eso parece perfectamente justo”.

Para ella, “las mujeres ocupan cargos jerárquicos de manera proporcional a su participación en oficios y profesiones”, y si están más presentes en unos que en otros” no hay por qué sostener que eso se debe sólo a discriminación y estereotipos y no darle ningún espacio a las preferencias. “Propongo abandonar la tesis del ‘techo de cristal’ y, en caso de que haya puntualmente evidencia de discriminación en un caso particular, denunciarla”.

Lo mismo vale para la bendita brecha salarial que implicaría una menor paga por el mismo trabajo. “Si así fuera, sólo se contrataría a mujeres para pagar un salario inferior”, ironiza.

También cuestiona el concepto de violencia de género que, para el canon actual, es solo la que padece la mujer. Las cifras están descontextualizadas: sólo se cuentan los femicidios. Por caso, se obvian las cifras de infanticidio porque mayormente los cometen las mujeres (y no se refiere al aborto).

Kreimer se atreve además a denunciar una “industria del juicio” generada por el “yo te creo, hermana”, y la victimización permanente de la mujer. Así, proliferan denuncias falsas tanto de maltrato como de abuso hacia los hijos, generalmente en el marco de divorcios conflictivos.

— Tu libro desmonta con solidez muchos argumentos de lo que llamás feminismo hegemónico. Algunos de sus planteos resultan incluso contrarios al sentido común como que todos los hombres son violadores en potencia. Otros, como el de la brecha salarial no resisten el chequeo estadístico. ¿Cómo se explica la extensión que ha adquirido este fenómeno?

— Habría que diferenciar a quienes están a favor de la igualdad de derechos de hombres y mujeres de quienes se consideran feministas, y diferenciar también lo que muestran los medios de difusión de lo que ocurre en toda la sociedad. En la Argentina se autodenominan feministas solo el 32% de las personas, pero el 66% consideran que alcanzar la igualdad entre hombres y mujeres es muy importante, según una encuesta realizada en 27 países por el Global Institute for Women’s Leadership de King’s College London en 2019. Estados Unidos es el país en el que más mujeres se consideran feministas, el 42% dice que este término las describe bien y el 19% que de alguna manera las describe, según una encuesta del Pew Research Center del 2020. El grupo etario con más adhesión es el de las jóvenes entre 18 y 29 años, a las que ofrece un marco identitario como era el de la política para mi generación.

— ¿Y en Europa?

— En Europa también es minoritaria la cantidad de personas que se dicen feministas: 30% en Francia, 25% en Italia y Gran Bretaña. En Dinamarca, el país considerado por el Banco Mundial en 2016 con la mayor igualdad de género del mundo, solo una de cada cuatro mujeres se considera feminista, solo 8% tiene una opinión favorable del movimiento #Metoo y un 35% lo desaprueba activamente. El #Metoo a mi modo de ver fue valioso en un comienzo pero luego arrasó con garantías constitucionales que costó siglos conseguir. La popularidad masiva del feminismo comenzó en Argentina en el 2015 con el movimiento #Ni una menos, promovido por periodistas que elaboraron una encuesta que no comparó la violencia que padecen las mujeres con la que padecen los hombres, y se acentuó con las repercusiones locales del #Metoo.

— ¿Y la escasa réplica que tiene?

— No es escasa la réplica que generó el feminismo hegemónico. Ya hay numerosos libros de esta corriente, que además tiene cientos de representantes de enorme difusión en las redes sociales, mucha más que la que logra el feminismo hegemónico, por ejemplo, en Youtube. Donde esta crítica está menos presente es en los medios de difusión, un ámbito dominado por la corrección política.

El reduccionismo sociológico que cultiva el feminismo hegemónico, ignorando la biología, dificulta el avance del conocimiento y de políticas que mejorarían a la sociedad en su conjunto

— ¿A qué se debe al auge actual?

— Con la caída del comunismo en Europa del Este, la izquierda focalizó fuertemente en las políticas identitarias, y el feminismo es una de las más dominantes. Dentro de este movimiento hay reclamos justos y otros que extrapolan de la esfera económica las categorías de opresor y oprimido y carecen de apoyo empírico, y abandonan el marco racional y universal que signó al proyecto ilustrado. El reduccionismo sociológico que cultiva el feminismo hegemónico, ignorando la biología, la falta de contrastación de hipótesis rivales en cuestiones como la brecha salarial, el acceso a cargos jerárquicos y la violencia, dificultan el avance del conocimiento y de las políticas que mejorarían a la sociedad en su conjunto.

— ¿Cómo entender que sus postulados se hayan convertido en una suerte de credo moderno al punto que negarlo o siquiera ponerlo en duda es herejía y recibe el consecuente castigo?

— Poner en duda lo establecido y recibir un castigo por eso no es algo que haya ocurrido solo con el feminismo sino con todos los movimientos que se incorporan a las instituciones de una sociedad y que forman parte del sentido común promedio.

— Las feministas creen estar haciendo una revolución. Sin embargo, da la impresión de que el sistema las respalda. Mercedes D’Alessandro acaba de ser destacada por la revista Time…. ¿Alguno de los planteos del feminismo hegemónico pone en riesgo el statu quo? ¿El capitalismo? ¿La democracia burguesa? bla, bla

— Como Mercedes D´Alessandro no da evidencias en sus escritos de conocer los estudios científicos que muestran cómo interactúan biología y cultura, cultiva el determinismo social del que hablaba antes: se pregunta por qué hay más mujeres maestras y más hombres técnicos, o por qué hay más mujeres sindicalistas orientadas a la acción social, y solo lo atribuye -al igual que todo el feminismo hegemónico- al sexismo o a la reproducción de estereotipos. La biología no es un destino, pero no puede ser ignorada a la hora de producir buenos diagnósticos. Por otra parte, juzga inferiores las preferencias más frecuentes en las mujeres en relación a las preferencias más frecuentes en los varones. Creo que en la agenda feminista quedan pocos items que impliquen una auténtica conquista de derechos: el incremento de guarderías en los ámbitos laborales, la flexibilización de los horarios de trabajo y las licencias parentales son algunos de ellos. En un estudio de 2019 Stoet y Geary encontraron que los países desarrollados son los que tienen mayor igualdad de género, con una ligera ventaja para las mujeres. En los menos desarrollados, las mujeres suelen estar peor que los hombres, en buena medida por no poder conseguir una buena educación. ¿Si es compatible la igualdad de género con un capitalismo versión Estado de Bienestar? Sí lo creo, aún cuando dudo que el capitalismo sea el mejor sistema en el que pueden desarrollarse los seres humanos en general.

— Impacta la naturalidad con la cual, como señalaste, el feminismo se lleva puestos varios principios elementales del derecho y varias libertades personales -que enumerás en tu libro-. ¿Podemos decir que incluso atenta contra derechos humanos, derechos individuales?

— Claro, garantías constitucionales como el derecho a una legítima defensa o a la presunción de inocencia, además del derecho al honor, son quebrantados por los escraches de hombres y por la forma en que, por ejemplo, algunas facultades argentinas despiden a docentes por meras denuncias mediáticas en las que se confunde la figura del “denunciado” con la del “condenado”. Un fallo en Estados Unidos estableció jurisprudencia contraria a esta práctica, prohibiendo que las universidades puedan erigirse a sí mismas en Estados autónomos que no respetan derechos humanos básicos, ya que las garantías constitucionales lo son, incluso forman parte de la Declaración de los Derechos del Hombre, firmada a pocas semanas de desarrollarse la Revolución Francesa.

El ancho espectro entre una seducción torpe y una agresión sexual suele esfumarse cuando se escracha a hombres en las redes

— Es particularmente inquietante el capítulo sobre las falsas denuncias. Aparte de eso, una relación inapropiada en un momento dado de la vida, ¿convierte a un varón en un violador serial? ¿Puede la justicia tratarlo así? ¿No habría que revisar las diferentes figuras e incluso la edad del consentimiento que, como decís, no se corresponde con la realidad de las costumbres de hoy?

— Nuestro sistema judicial no castiga tipos de personalidad sino actos concretos, que son redefinidos conforme cambia la sociedad. Por ejemplo, el concepto de violación, que no aparece con ese nombre sino como “acceso carnal” en nuestro Código Penal, hoy admite también la introducción de objetos. Pero para algunas personas, el ancho espectro entre una seducción torpe y una agresión sexual suele esfumarse cuando se escracha a hombres en las redes. Respecto a la edad de consentimiento sexual, tiene un aspecto biológico y otro cultural. Mi abuela y mi bisabuela fueron madres a los 15 años. Si eso ocurriera hoy, tal vez mi abuelo iría preso por estupro. La ley debe acompañar a la costumbre, y creo que la edad de consentimiento debería ser reexaminada en un marco multidisciplinario.

— ¿Ser varón sólo implica privilegios? ¿Implicó siempre, a lo largo de la historia, únicamente privilegios?

— La narrativa del hombre opresor y privilegiado es cuestionada por historiadores como Daniel Jiménez, cuya hipótesis es que lo que existió tradicionalmente y en menor medida hasta el día de hoy es un intercambio de estatus por una protección que infantilizaba a la mujer, un esquema que fue apoyado por ambos sexos durante siglos. Indicadores de esta protección son las muertes laborales y las bajas civiles y militares en conflictos armados. El varón de las clases sociales más favorecidas contó con el privilegio de estudiar o de poseer propiedades, y todos tuvieron, por ejemplo, la exclusiva patria potestad de sus hijos. Pero hoy estas disparidades que perjudican a la mujer no existen a nivel sistemático, si bien no niego que persista el sexismo, pero tanto contra las mujeres como contra los hombres. En la agenda masculinista, que es el movimiento por la defensa de los derechos del varón, están presentes la lucha judicial contra de la obstrucción de los vínculos con sus hijos cuando se divorcian, las denuncias falsas, la desigualdad ante la ley y el quebrantamiento de garantías constitucionales como la presunción de inocencia.

Los marcos teóricos y los datos del feminismo hegemónico hacen agua prácticamente por donde se los mire

— ¿Qué opinión te merece la formación en temas de género que se da en el marco de la Ley Micaela?

— Creo que las comisarías y las fiscalías deberían ajustar sus protocolos para los casos de violencia doméstica, pero no sólo en defensa de las mujeres, sino también de los hombres, algo que se está trabajando en el proyecto de Ley Alejo, ya que, por ejemplo, en muchas comisarías se burlan de los varones cuando denuncian que sus parejas les pegaron. Pero llenar los organismos públicos de cursos sobre cuestiones de género, incluso para sacar un carnet de conductor, tal como ocurre en Tucumán, implica un malgasto del dinero público, especialmente si tenemos en cuenta que los marcos teóricos y los datos del feminismo hegemónico hacen agua prácticamente por donde los mires.

 Afirmás que los planteos del libro “Economía feminista” de Mercedes D’Alessandro, directora de Economía, igualdad y género, sobre la condición económica y laboral de la mujer no están respaldados por la estadística. ¿Tuviste alguna réplica? ¿Esperás tenerla?

— Ni D´Alessandro ni feministas que conocía personalmente con anterioridad, como Diana Maffía o Dora Barrancos, aceptaron un diálogo sobre estos temas. Esta actitud es muy común en el feminismo. D´Alessandro me difamó en las redes, a partir de lo cual le respondí con una carta documento. Ahora estoy cuestionando los datos de muchos libertarios de derecha en mi canal de Youtube. Pero mientras los libertarios me responden, aún cuando a veces lo hagan de la peor manera, las feministas en general me cancelan. Un movimiento que se cierra a la crítica deviene dogmático, y esta es la experiencia de muchos críticos del feminismo en todo el mundo. Hoy, por criticar al feminismo muy superficialmente, un periodista puede quedarse sin trabajo para siempre. Este tipo de límites a la libertad de expresión son muy perjudiciales para una sociedad democrática.

En todo el mundo hay más hombres que mujeres que duermen en la calle. Uno de los datos falsos repetidos hasta el cansancio es que las mujeres constituyen el 70% de los pobres del planeta

— ¿Existe una feminización de la pobreza?

— Uno de los datos falsos repetidos hasta el cansancio es que las mujeres constituyen el 70% de los pobres del mundo. Cuando se busca esa fuente, a menudo se cita un informe de 1995 del Human Development Report, pero no hay referencia alguna a cómo se llegó a esa cifra, o manera de chequearla. Esos datos “zombies” son habituales en el feminismo. En todo el mundo hay más hombres que mujeres que duermen en la calle. Cuando se mide la brecha salarial no se tiene en cuenta que las mujeres trabajan fuera del hogar diez horas menos que los hombres por semana, en promedio, según cifras del Ministerio de Trabajo del 2017. También se ignora que hay una transferencia de recursos de los varones hacia las mujeres cuando tienen hijos y están en pareja, y que esto es resultado de una división del trabajo consensuada. En el noveno decil, en la Argentina las mujeres en promedio ganan más que los hombres.

— ¿Puede hablarse de un negocio detrás de este fenómeno del feminismo? ¿O al menos de privilegios? Se crean nuevos puestos -en su mayoría innecesarios-, subsidios, becas, cátedras, capacitaciones, etcétera.

— Creo que hay muchísimos cargos públicos innecesarios, empezando por el Ministerio de la Mujer. En las redes sociales la ministra (Elizabeth Gómez) Alcorta solo muestra que participa de reuniones. No niego que hayan logrado algo de lo que es difícil enterarse para el ciudadano común, pero dudo que eso justifique los gastos que conlleva un ministerio, especialmente en un país con 40% de pobreza y otras prioridades.

— Paradójicamente, la violencia “de género” no podrá ser frenada, decís, si se la considera exclusivamente “de género”, o sea solo resultado del “machismo”. Más en general, los resultados de toda esta campaña anti violencia de género son nulos si se miran los números que sus mismas promotoras brindan. ¿A qué se debe?

— Al hecho de que los países con menores índices de homicidios, tanto de hombres como de mujeres, y de atentados violentos contra la propiedad, son los que tienen menores índices de desigualdad absoluta, y no los que poseen más secretarías de la mujer. Según el estudio de Goda y Torres García de 2019, hecho en 59 países desarrollados y en desarrollo, es la desigualdad lo que correlaciona con este fenómeno.

— La legalización del aborto, ¿no implica una nueva desventaja para los varones? No tienen voz ni voto en el tema, aun si se trata de una pareja establecida. A la inversa, una mujer puede imponerle la paternidad a un varón, así se trate del fruto de una relación casual. Ante un embarazo inesperado, el hombre no tiene escapatoria, la mujer puede decidir.

— Creo que tanto las mujeres como los hombres deben poder decidir si darán ese paso de gran responsabilidad que implica ser padres. Es un tema que se debate en el masculinismo, con distintas posiciones: algunos proponen, por ejemplo, que el varón se pueda desligar de la manutención de un hijo que no desea traer al mundo. Todos coinciden en oponerse al denominado “fraude parental”, por el cual una mujer engaña a un hombre para quedar embarazada de él o asegura que un hombre es el padre biológico de su hijo, sabiendo que no lo es.

Si hubo algo que se asemeje al patriarcado, en la Argentina y en la mayor parte de los países occidentales ya no existe más

— Tu libro se titula “El Patriarcado no existe más”. ¿Tuvimos un sistema patriarcal en Argentina? ¿O solo algunos rasgos? ¿Se puede datar el fin del patriarcado?

— Literalmente patriarcado significa “La regla del padre”. La palabra se origina en el griego patriarkhés, que quiere decir “padre o jefe de una raza”, patriarca, y está compuesta por otras dos palabras: “patria” y “regla”. Históricamente fue utilizada para referir a la autocracia (el poder de una sola persona) del cabeza de familia, pero a partir de la publicación del libro de Kate Millett “Política sexual” pasó a ser sinónimo de una confabulación de todos los hombres para oprimir a la mujer. Fue el feminismo radical el que a partir de la década del 70 del siglo XX postuló la hipótesis de dominio estructural de los varones bajo el concepto de patriarcado. Silvia Walby lo define como “el sistema que autoriza a los hombres a explotar a las mujeres” en su libro “Theorizing Patriarchy”. Así definido, como una confabulación o una opresión sistemática, dudo que haya existido. Sí es cierto que durante muchos periodos históricos el ámbito de la mujer fue el privado y la esfera pública estuvo reservada a los varones. Por eso las mujeres no podían estudiar, poseer propiedades o acceder a tantos derechos de la esfera pública. Pero creo que si la especie humana ha llegado hasta acá es porque también hombres y mujeres han colaborado y dividido tareas en el arduo trabajo de la supervivencia y la reproducción. Diría que esa exclusión del ámbito público, esa lucha, todavía se da en los países musulmanes, pero si hubo algo que se asemeje al patriarcado, en la Argentina y en la mayor parte de los países occidentales, ya no existe más.

— ¿Existe en Argentina una corriente crítica del feminismo hegemónico o sólo casos aislados?

— Hay una gran corriente crítica en la Argentina. Abogadas como Patricia Anzoátegui, que acaba de publicar un libro sobre denuncias falsas, o Bárbara Peñaloza, que logró un fallo ejemplar contra una estudiante de derecho mendocina que escrachó en las redes a varios jóvenes, algunos menores de edad, afectando su derecho al honor. Hay canales de Youtube como La entropía de Valen o el mío, entre muchos más canales hispanoparlantes dedicados muy especialmente a criticar al feminismo hegemónico, hay varias agrupaciones que luchan contra la obstrucción del vínculo de los padres con sus hijos y algunos periodistas solidarios con nuestra causa. Dos entrevistas que me hizo un canal de TV sumaron tres millones de espectadores. Esto revela un gran interés por el tema.

— ¿Vamos hacia una dictadura de género?

Yo diría que hay excesos y, a nivel estructural, un creciente hembrismo, que es el sexismo contra los varones, reflejado en expresiones androfóbicas como la que presupone -en palabras de la feminista Rita Segato- la existencia de una “cultura de la violación”, cuando los violadores son una ínfima minoría, y la violación es repudiada incluso en la prisión por los reclusos. O cuando en dos sentencias cercanas en el tiempo, como los fallos Escobar y Sanduay, cuando la juzgada es una mujer se define “pareja” de una manera más estricta, tal como lo hace el Código Civil, y se la libera del agravante por el vínculo, y cuando el juzgado es un varón, “pareja” es definida de manera más laxa (“mediare o no convivencia”), tal como lo hace el Código Penal en su modificación del 2012, aplicando el agravante. No es buena idea convertir a la mitad de la humanidad en enemiga de la otra mitad. Si hemos llegado hasta aquí es porque ambas mitades se han entendido, y el futuro de las próximas generaciones depende de que lo sigan haciendo.

 

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EL ÚLTIMO QUE APAGUE LA LUZ

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Martín Guzmán fue la nueva víctima de una larga cadena de funcionarios que ya se ha cobrado la relación patológica entre el presidente y su vice. Sin embargo, la cabeza que más le interesa a Cristina Kirchner aún no ha rodado.

La renuncia de Martín Guzmán al Ministerio de Economía coloca al presidente Alberto Fernández en una encrucijada terrible cuya salida es muy difícil de predecir, pero que incluye como una de las variantes posibles su propia renuncia anticipada y la eventual asunción de Cristina Kirchner como presidenta de la Nación.

Por más que haya sido Guzmán quien sorprendió ayer con su renuncia, el ministro saliente es la nueva víctima de una larga cadena de funcionarios que ya se ha cobrado la relación patológica entre el presidente y su vice. Esas víctimas ya han sido tantas que nadie podría asegurar que esta sea la última, sobre todo porque la cabeza que más le interesa a Cristina aún no ha rodado. Todo esto se produce, además, en medio de un proceso inflacionario y de inestabilidad cambiaria y financiera que puede precipitarse hacia una crisis terminal. “Si las cosas no se manejan correctamente, es difícil que no se produzca una crisis hiperinflacionaria antes del cambio de Gobierno”, advirtió hace un par de semanas el prestigioso economista Roberto Frenkel. Tal vez los tiempos sean más cortos.

El problema de Fernández es urgente. La nueva crisis se produjo en un marco de inquietante inestabilidad financiera. Los últimos quince días fueron agitados por dos amenazas serias: aumentó la demanda de dólares de todo tipo ante la evidencia de que no habían crecido las reservas en el momento de mayor liquidación, y vencía una cantidad enorme de deuda en pesos, en un marco creciente de desconfianza sobre la capacidad del Gobierno para honrarla. Esos dos elementos produjeron una nueva corrida que aumentó el precio de los dólares paralelos alrededor de un 20 por ciento en menos de un mes. Mientras tanto, en los supermercados faltaban productos y se aceleraban las remarcaciones. En ese contexto difícil, Cristina golpeó y golpeó sin piedad. Sobre el final de la semana, las gestiones del propio Guzmán y del presidente del Banco Central, Miguel Pesce, habían logrado un poco de calma. O, al menos, un poco de tiempo. A un alto costo, el BCRA había logrado aumentar las reservas y renegociado una porción significativa de la deuda. Pero ninguna persona seria podía asegurar que el tema estuviera terminado.

En este clima tan inestable, renunció el ministro de Economía. Eso coloca al Presidente frente a una opción dramática entre dos caminos. El problema es que cualquiera de esas alternativas tiene altas chances de terminar muy mal. Por un lado, Fernández podría ratificar el rumbo trazado por el ministro saliente: acuerdo con el Fondo, reducción del déficit, aumento de tarifas por eliminación de subsidios y ensayar algún plan de estabilización. A última hora del sábado, esa parecía ser la primera preferencia del Presidente. El objetivo sería serenar la ansiedad que produjo la salida de Guzmán en inversores, ahorristas y acreedores, pero eso mismo enojaría a la Vicepresidenta, cuyo poder de demolición es muy evidente.

Alberto Fernández y Martin Guzmán (Crédito: Telam)Alberto Fernández y Martin Guzmán (Crédito: Telam)

El segundo camino sería entregarle el Ministerio de Economía a Cristina Kirchner. Eso alteraría a los mercados y los formadores de precios que, a su manera, también tienen una gran capacidad de daño. La estampida podría ser estremecedora. En cualquiera de los dos casos, la primera pregunta es qué pasará con todos los precios de la economía a partir de mañana lunes: el dólar, los alimentos, y todo lo demás, y cuáles serán las consecuencias sociales del descalabro. Antes de la renuncia de Guzmán, la precaria estabilidad económica -por llamarla de alguna manera- se deslizaba por un camino de cornisa. Ahora, hay un riesgo mucho más serio de que se espiralicen todos los problemas.

Al cierre de esta nota, en los ámbitos oficiales crecía la versión de que Sergio Massa sería el nuevo jefe de Gabinete, Marco Lavagna el nuevo ministro de Economía y Martín Redrado el presidente del Banco Central. Sea ese el esquema, o cualquier otro, los nuevos funcionarios se enfrentarán al desafío de poner en marcha algún tipo de plan de estabilización, en el medio de aguas muy tormentosas donde la hiperinflación estará siempre como amenaza inminente.

¿Puede existir semejante plan cuando el que conduce es un Gobierno derrotado, quebrado por dentro, cuando la poderosa vicepresidenta impulsa sin pudor un proceso destituyente contra el primer mandatario? Para ningún Gobierno es fácil enfrentar una inflación desbocada. Pero es mucho peor si ese Gobierno se conduce como la Armada Brancaleone. No parece una cuestión de nombres. Se trata de un contexto que, en principios, tiene impreso el desastre en su propia dinámica.

La alternativa más razonable consistiría en que el Presidente y la Vicepresidenta fueran conscientes de los riesgos que existen, pudieran saldar sus diferencias puertas adentro y establecieran una estrategia conjunta. Pero no hay ninguna posibilidad de que eso ocurra, si es que alguna vez la posibilidad existió. Durante el acto que encabezó ayer en Ensenada, Fernández de Kirchner utilizó su histrionismo para burlarse del presidente. Solo en los últimos días, seguidores de la Vicepresidenta le han dicho a Fernández que es un “borracho”, que no tiene “pelotas”.

Una de las personas que más lo ha insultado fue Hebe de Bonafini, la presidenta de Madres de Plaza de Mayo que protagonizó un hecho de corrupción escandaloso durante la gestión cristinista. Cristina la sentó ayer en primera fila: un signo ominoso de que la ofensiva, el destrato, los insultos humillantes, continuarán. Se trata de una de las conspiraciones más evidentes contra un presidente desde 1983. Cada gesto de la vice les da la razón a los funcionarios que le han implorado al Presidente que reaccione porque su debilidad lo ponía al borde del abismo y, al mismo tiempo, no calmaba a su enemiga. Fernández no reaccionó.

Cristina Kirchner en EnsenadaCristina Kirchner en Ensenada

La discusión sobre qué hacer con la economía sobrevivirá, naturalmente, a Guzmán. En el mismo acto de ayer, Cristina Kirchner deslizó una idea fuerte. “Tenemos que encontrar los argentinos un instrumento que vuelva a colocar una unidad de cuenta, una moneda de reserva y una moneda de transacción en la Argentina. Si no hacemos esto, estamos sonados. Venga quien venga”. Es una definición demasiado general y técnica, pero por momentos pareciera que estaba sugiriendo algún tipo de dolarización de la economía argentina.

Sin embargo, unos segundos antes de su discurso, los asistentes pudieron escuchar fragmentos cuidadosamente seleccionados de discursos del general Perón: “Si los precios suben, justificadamente, no queda otra que aumentar los salarios. Pero si suben los precios injustificadamente, el remedio consiste en bajar los precios. Lo primero ha de encararse, para resolverlo, en forma absolutamente racional y, por lo tanto, con medidas racionales. Lo segundo, es decir la especulación, deberá combatirse con medidas drásticas de la mayor energía”. Las imágenes recordaban cómo, en los años cincuenta, se clausuraban con fajas pequeños comercios.

Unos días antes, además, La Cámpora difundió un video de homenaje a Perón que arrancaba con la tapa que el día de su muerte publicó el diario Noticias, que pertenecía a los Montoneros, la organización armada a la que, justamente, Perón expulsó de la plaza de Mayo antes de su muerte.

A esa ensalada de ideas, deberá rendirles cuenta el nuevo equipo económico, en medio de una tormenta financiera. No será fácil que apruebe esos exámenes entre otras razones porque esa eventual discusión está atravesada por la evidente decisión de Cristina de dañar al Presidente y, eventualmente, deshacerse de él. ¿Por qué colaboraría si eso le podría dar una vida más a Fernández?

De esa irracionalidad conoce mucho el ministro saliente. Guzmán renunció cansado de no tener el poder necesario para conducir una economía alocada. El disparador final fue la dificultad para elaborar el formulario que deberían llenar aquellos que pretendieran seguir beneficiados por los subsidios al consumo de gas y electricidad. Ese formulario era el paso previo indispensable para la segmentación tarifaria que, durante dos años y medio, el Gobierno no pudo poner en práctica por las sucesivas trabas que imponían los funcionarios que respondían a Cristina Kirchner. El cristinismo exigía cada día una nueva condición. La última era que los subsidios se mantuvieran intocables en la provincia de Santa Cruz.

Antes de eso, por ejemplo, a Guzmán le resultaba inverosímil la crisis que se produjo por el desabastecimiento de gasoil, y que generó un muerto en las rutas. Todos los estudios técnicos indican que el Gobierno impuso un precio ridículamente bajo en comparación con el internacional. Así las cosas, las empresas, entre ellas YPF, eran reacias a importar porque debían hacerlo a pérdida. La escasez más el precio vil generaron una avalancha de demanda, que provocó la crisis. Nicolás Arceo, funcionario clave de la política energética entre 2013 y 2015, acaba de difundir un informe donde sostiene que el Gobierno podría haber subido los precios, o subsidiado, o importado. La demora en tomar esas decisiones provocó los efectos que se conocen.

En el centro del proceso de toma de decisiones que fijó el precio del gasoil, no estableció políticas compensatorias, demoró el gasoducto, el formulario de segmentación, la implementación del plan Gas o la eliminación de subsidios pro ricos, hubo un grupo de funcionarios que dependen de la Vicepresidente. Aquello contra lo que protestaba Guzmán en privado, es lo mismo que Matías Kulfas dijo en público cuando renunció. Ambos se cansaron de esperar a un Presidente que no reaccionaba. O no reaccionaba con la energía suficiente. O no reaccionaba a tiempo. La economía se deterioraba, la inflación aumentaba, y todo seguía como siempre. Así las cosas, hay un alto riesgo de que el nuevo ministro de Economía sea el próximo punching ball de CFK. ¿Por qué alguien querría asumir el cargo en esas condiciones?

Hay una enorme responsabilidad presidencial en este deterioro grave e innecesario. Una y otra vez, en estos dos años y medio, Fernández decidió sacrificar la gestión económica del Gobierno en función de la necesidad de mantener su alianza con Kirchner. Al final de la historia, ambos objetivos fueron dañados. Ni hay unidad ni hay gestión. Desde el comienzo, Fernández sintió que era un presidente débil porque representaba a un sector minoritario del Frente de Todos. Era cierto. Pero también eso podría haber pensado Nestor Kirchner en 2003. Sin embargo, para mal o para bien, ejerció su autoridad.

Hace exactos treinta días, el día de la renuncia de Matías Kulfas, esta columna terminó con el siguiente párrafo: “¿Será Kulfas el último en irse? ¿Cómo leerá Martín Guzmán la decisión que tomó hace unas horas el Presidente? ¿Se sentirá respaldado? En el caso que Guzmán se vaya, ¿será el último en irse? ¿Cómo influirá toda esta maravilla en la demanda de dólares? ¿De qué manera contribuirá para frenar la inflación? Cada día, todo se pone peor”.

Guzmán ya se fue.

¿A quién intentará ahora voltear la vice?

¿No es demasiado evidente?

 

 

 

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Opinión

EL DURO INFORME QUE MUESTRA CÓMO LOS ALIMENTOS SUBIERON MÁS QUE EL BLUE

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La escalada del dólar blue de las últimas semanas pone en zona crítica a la economía. Pese a que el Gobierno nacional minimiza la cotización de este tipo de cambio, un informe muestra que los precios de alimentos básicos subieron igual o más que el dólar libre y aceleran la inflación

Mientras que desde el Gobierno nacional se insiste en que el comportamiento del dólar blue no afecta a la economía porque se trata de una mercado pequeño y marginal -así lo definió el jefe de Gabinete, Juan Manzur-, la realidad parece desmentirlo.

Tras el anuncio de nuevas medidas del Banco Central para endurecer el acceso al dólar a más empresas, los problemas se multiplican en diferentes sectores. El caso más sensible es lo que sucede con la industria de la alimentación con un impacto significativo, no solo sobre los productos del exterior, sino también sobre aquellos que utilizan insumos importados para los empaques.

Un estudio elaborado por la consultora INDECOM muestra que los precios de una serie de productos básicos acompañaron, en junio, la evolución del tipo de cambio paralelo o, incluso, lo superaron.

El trabajo señala que siguiendo la suba del dólar blue, la leche en sachet de 1 litro debería costar U$S 0,58, pero cuesta U$S 0,68, el aceite de girasol de 900 cc debería valer U$S 1,73 y cuesta U$S 1,75 y el pan de molde integral de 350 grs, que debería presentar un precio de U$S 1,34, en las góndolas se observa a U$S 1,37, entre otros.

Lo mismo sucedió con otros productos relevados como la azúcar por kilo, la harina por kilo, la docena de huevos, los fideos secos tirabuzón por 500 gramos, el queso rallado por 130 gramos y el agua mineral sin gas por litro. En todos estos casos, la suba de precios en pesos acompañó el salto del “blue”, lo que implica que las fábricas y comercios ajustan sus lista en base a esa cotización libre y no al cambio oficial que controla el Banco Central.

Miguel Calvete, director de la consultora, explicó que “la imposibilidad de acceder a la compra de divisas acarrea inevitablemente una complicación para importar materias primas y productos manufacturados de origen extranjero que tienen una presencia permanente en la mesa de los argentinos”.

En ese marco, el especialista reconoció que “el sector frutihortícola aparece a priori como uno de los más complicados, al igual que el sector lácteo, las salsas, vinos en cartón y el de los enlatados en todos sus rubros”.

El informe destaca la incidencia de la medida de la entidad monetaria en la comercialización de bananas y paltas es en su mayoría importada, al igual que el atún y las sardinas, entre otras, que además utilizan el sistema importado de “abrefácil”, mismo mecanismo que comparten con muchas bebidas en lata.

En el caso de los lácteos y salsas, el sistema de tetra pak también es importado en su mayoría, lo que puede producir un faltante notorio de uno de los principales alimentos de la canasta básica alimentaria.

Calvete reconoció que muchos puntos de venta “ya están recibiendo poco más de la mitad de los productos que habían solicitado” y agregó que “eso se debe a que las industrias están segmentando las entregas ante la incertidumbre que generó la disposición oficial conocida el pasado lunes”.

El análisis sobre el total de estos nueve productos que integran la canasta básica de alimentos arrojó que en la mayoría de los casos, las subas de precios en dólares fueron superiores al incremento que sufrió esa divisa en la última semana.

El estudio se realizó durante los últimos 4 días sobre folders digitales y webs oficiales de las principales cadenas de supermercados del país.

Calvete advirtió que “si no se toman medidas urgentes, la situación se va a ir agravando cada vez más con el paso de los días” y cerró diciendo que “también se puede proyectar un crecimiento de precios aún más pronunciado en aquellos productos en los que se registren faltantes.”

 

Horacio Alonso

Horacio Alonso

FUENTE : MDZOL.COM

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Opinión

LAS ZONCERAS QUE DICE CRISTINA CUANDO HABLA DE ECONOMÍA

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Es muy difícil entender por qué una persona inteligente como la Vicepresidenta pifia tanto en un tema central. ¿Pifia o miente? ¿En qué medida cree lo que dice o dice lo que cree que le conviene?.

Cristina Kirchner (Franco Fafasuli)

El lunes por la tarde, en Avellaneda, Cristina Kirchner intentaba demostrar -con ciertas dificultades- que las ganancias de las grandes empresas son el principal motivo de la inflación. En ese contexto, la Vicepresidente empezó a juguetear con una expresión desconocida para la mayoría de las personas. “Me puse a mirar la edbita de algunas empresas…”, anticipó. “¿Qué es el edbita de algunas empresas?”, se preguntó. “Cuando voy a mirar, por ejemplo, el edbita…”, insistió. “¡224,3 por ciento de edbita!”, destacó. Tanto énfasis en esa palabrita, tenía un costado, a la vez, complicado y gracioso. Porque, en realidad, nadie en el mundo sabe qué es el “edbita”. A juzgar por el contexto, tal vez Kirchner se refería al ebitda, que es el acrónimo de la expresión “Earning before interest, taxes, depreciations and amortizations” (ganancias antes de intereses, impuestos, depreciaciones y amortizaciones).

Se trata de un desliz menor y disculpable, porque el concepto estaba bien explicado en castellano. Además, a mucha gente le sucede que cancherea y queda pagando. El problema se agravaría, en cambio, si ese pequeño error revelara que la ex presidenta presume de saber mucho de Economía, cuando no tiene idea del asunto. Y sería mucho más grave aún si en función de esa ignorancia de base emprende batallas políticas o embate violentamente contra su propio gobierno. En sus últimas intervenciones, Kirchner ha dado señales de que eso es, precisamente, lo que está ocurriendo. Por eso, seguramente, varios economistas y periodistas que la han defendido en las situaciones más difíciles, empezaron tomar distancia y a manifestar cierta perplejidad frente a sus intervenciones.

He aquí un listado, para nada exhaustivo, de las últimas incongruencias vicepresidenciales:

1. Durante el discurso del lunes, Kirchner sostuvo que ella defendió las reservas argentinas al imponerle a empresas con balance comercial negativo, que desarrollaran proyectos para exportar. El miércoles insistió con ese tema al citar una nota periodística que destacaba la experiencia supuestamente virtuosa de la empresa Newsan. Más allá de ese caso, que merece un análisis más exhaustivo y sobre el cual hay versiones contrapuestas, tal vez corresponda analizar qué pasó con las exportaciones y las importaciones durante la gestión de CFK: no fijarse en pequeños detalles sino en el cuadro general. Los datos del Banco Central indican que, a un valor 100 para 2004, las exportaciones -en cantidades- apenas treparon a 104 para el 2015. Las importaciones, en cambio, aumentaron –también en cantidades- a 242 en el 2011. Los resultados de su gestión en términos de defensa de las reservas, y por lo tanto de la soberanía nacional, fueron muy malos. Es criterioso entonces que otros funcionarios eviten repetir esa experiencia fallida. Pero CFK sostiene que, como usó la lapicera, tuvo éxito; y arma un escándalo cuando no aplican sus recetas. Hay allí un pequeño problemita para todos y todas.

2. Pero los problemas apenas comienzan. El lunes pasado, Cristina Kirchner dijo: “En el ranking de países evasores, de países donde la evasión es muy importante, Argentina ocupa el tercer puesto. En nuestro país la recaudación representa el 28 del PBI cuando debería representar el 45 del PBI. El primer país es Guyana. El segundo lugar del podio está ocupado por Malta, que no es una cerveza ni una marca ni nada… Y el tercero Argentina. Sí. Tercer país evasor en el mundo, junto a Zambia, a Pakistán y no me acuerdo a qué otro país más”.

La historia de cómo CFK llega a esos números es impactante. Unos días antes del acto de Avellaneda, el Instituto Patria difundió un trabajo donde están los datos que nutren a la vice. Ese estudio concluye que, de existir “un eficaz control tributario”, la recaudación aumentaría un 60 por ciento y representaría un 45 por ciento del PBI en lugar del 28 actual. Eso mismo repitió Cristina. Para obtener esas conclusiones, “el Patria” se apoyó en un estudio realizado por la Universidad de las Naciones Unidas, sobre una base de datos del FMI.

Lo que no dicen “el Patria” ni la Vicepresidente es que todos los datos ¡¡¡corresponden al año 2013!!!!. Es decir, que la incapacidad de recaudar como corresponde se debería a su Gobierno y no al actual. El pequeño detalle da sustento a una frase que pronunció esta semana el periodista Alejandro Bercovich: “Se está asesorando con economistas del fondo de la ola”. ¿No lo vieron? ¿Lo ocultan? El cuadro puede verse a continuación: allí, en el encabezado, se lee claramente a qué año pertenecen los datos.

Todos los años, varios organismos internacionales de primer nivel -el Ciat, la Cepal, el BID y la Ocde- elaboran un trabajo llamado “Estadísticas tributarias en América Latina y el Caribe”. El 27 de abril difundieron el correspondiente al período 2010/2020. Los datos de ese informe son brutalmente distintos a los que presentó la Vicepresidenta. En principio, la Argentina aparece como el tercer país que recauda más impuestos como porcentaje del PBI en la región. La Argentina recauda el 29,3 por ciento del PBI, 8 puntos más que el promedio de los países de América Latina y el Caribe. Ese estudio informa que los países de la OCDE recaudan 33 puntos del PBI, ¡doce menos de los que Cristina cree que podrían recaudar la Argentina! ¿De dónde sacaran en “el Patria” esas conclusiones que ella repite? ¿Del edbita?

O sea que, en base a datos que revelarían cómo recaudaba el gobierno que ella presidía 2013, la Vicepresidenta denunció como inoperantes o cobardes a los actuales ministro de Economía, titular de la AFIP y presidente del Banco Central , y pidió sus remociones. Al mismo tiempo, acaba de colocar al frente de la aduana a Guillermo Mitchell, que era el número 2 de la AFIP cuando, según el estudio en el que se apoya el instituto Patria, se recaudaba tan mal. La casa está en orden.

3. Los problemas se profundizan. Luego de su salida del Ministerio de Desarrollo Productivo, Matías Kulfas presentó una carta de renuncia muy crítica hacia la política energética del Gobierno, por la que responsabilizaba a la Vicepresidenta. Horas después, la empresa estatal involucrada, Enarsa, le contestó a Kulfas. Esa respuesta fue respaldada por Cristina, quien la subió a sus redes para darle una máxima difusión. Allí aparece una frase que mezcla el surrealismo con la psicodelia: “Es miópico (sic) sostener que la importación de energía debilita a las reservas internacionales del país”. Ningún economista, de la línea teórica que fuere, podrá entender jamás cómo alguien escribió semejante cosa. ¿De dónde supondrá la Vicepresidenta que salen los recursos para pagar las importaciones? Si alguien realmente cree que importar energía no debilita las reservas, tal vez no se preocupe cuando su país pierde la soberanía energética, que fue exactamente lo que ocurrió cuando Kirchner gobernaba.

Matías Kulfas (Maximiliano Luna)Matías Kulfas (Maximiliano Luna)

4. A principios de mayo, Cristina dio el primer discurso en el que desarrolló su teoría sobre cómo se combate la inflación, en base a su propia experiencia. Dijo entonces: “Tuvimos una devaluación en enero de 2014 y la inflación se nos fue a 38. Pero al año siguiente la bajamos a 24 o 25″. Esa frase ofrece varios flancos. El primero es que se trata de un recorte que omite lo central. Lo que en realidad ocurrió con la inflación desde que Cristina asumió en 2007 no fue, precisamente, que “la bajamos”. En 2006, antes de que ella asumiera, los precios en la Argentina habían subido un 9,8 por ciento. Pocos años después, como reconoce Cristina, habían trepado a casi un cuarenta por ciento. La mala praxis produjo el regreso de la inercia inflacionaria, erradicada en los años noventa mediante la convertibilidad. No había vuelto ni siquiera luego de la trágica ruptura de ese régimen. Pero además, la razón por la que en 2015 hubo menos inflación que en el 2014 no tiene nada que ver con la lapicera de Cristina: simplemente, en 2014 el Gobierno devaluó y al año siguiente no. Lo que parece una discusión histórica tiene efectos determinantes sobre el presente. Porque, contra toda evidencia, ella cree que efectivamente triunfó contra la inflación gracias a la administración de la puja distributiva y entonces recomienda medidas similares a las que, en realidad, causaron el problema.

5. En ese mismo giro, Cristina permite recordar tal vez la única medida significativa que tomó durante su mandato contra la inflación. “Tuvimos una devaluación en enero de 2014 y la inflación se nos fue a 38. Pero al año siguiente la bajamos a 24 o 25″, dijo. El problema de ese ejemplo es que en ese año, el 2014, la inflación oficial, que informó su propio Gobierno, había sido del 23 por ciento y no del 38, ¡15 puntos menos de lo que Cristina reconoce ahora! Esa diferencia se explica porque el Gobierno de Cristina Kirchner, durante largos ocho años, mintió sobre la inflación. Eso logró el milagro de bajar la inflación, que ella recuerda con orgullo, mientras, al mismo tiempo, subían los precios, un detalle que ella olvida.

6. El discurso del lunes tuvo otro gran momento. La Vicepresidenta dijo que todo proceso inflacionario fue precedido por un gran endeudamiento. Para defender esa idea apeló a dos ejemplos: la inflación de la década del 80 que sucedió al endeudamiento producido durante la dictadura, y la actual, que es posterior al endeudamiento de la gestión macrista. La historia ofrece dos contraejemplos muy recientes. El primero es el de la década del 90, cuando la deuda crecía a paso rápido mientras había deflación. El segundo es autobiográfico. Antes de la asunción de CFK, Nestor Kirchner no había endeudado a la Argentina sino, todo lo contrario, la había desendeudado. Entonces: ¿por qué entonces con ella volvió la inflación? Esa pregunta es el elefante del que nunca se habla en los discursos de la Vicepresidenta, pero que puede ver cualquiera que no sea un believer: con ella volvieron la inflación, la restricción externa, la pérdida de la soberanía energética, los déficits gemelos. ¿No debería explicar algo de eso en lugar de presentar como una serie de triunfos lo que, en realidad, fue una cadena de derrotas?

Cristina Kirchner y Alberto Fernandez (Franco Fafasuli)Cristina Kirchner y Alberto Fernandez (Franco Fafasuli)

7. Durante sus últimos discursos, la Vicepresidenta elogió al capitalismo chino, en comparación con el norteamericano, porque incluyó muchas más personas en el mercado, y las sacó de la pobreza. Al mismo tiempo, reclamó aumentos de salarios en la Argentina. Cualquier conocedor superficial del proceso de desarrollo chino, sabe que ese proceso tan espectacular tuvo entre sus rasgos centrales a los salarios bajos. Empresas de todo el mundo se radicaron, entonces, en China para aprovechar esa ventaja. CFK admira la manera en que se desarrolló China pero recomienda lo contrario para la Argentina. ¿Cómo se juntarán las dos ideas? Misterio.

8. En septiembre del año pasado, luego de la debacle oficialista en las primarias, la Vicepresidenta difundió una carta en la que adjudicaba el resultado electoral a un supuesto plan de ajuste del Gobierno. Un ajuste implica que el Estado gaste menos que un año antes. En agosto de 2021, sin embargo, se gastó 66 por ciento más que el mismo mes del año anterior, una diferencia que superaba con creces a la inflación. “Tiene razón Guzmán. No hubo ajuste”, explicó por entonces Alfredo Zaiat, tal vez el periodista más elogiado por CFK en sus discursos.

9. En la misma carta, la ex presidenta había dicho que este Gobierno tiene más reservas que el suyo para enfrentar la presión cambiaria. Su ex viceministro de Economía, Emmanuel Álvarez Agis, explicó que en 2009 Cristina disponía de 45 mil millones de dólares de reservas. En el momento en que Cristina escribió su carta había solo 9 mil millones. ¡Cinco veces menos! De esa magnitud suelen ser los errores de la Vicepresidenta. No se trata solo de confundir ebidta con edbita.

10. La relación de Cristina Kirchner con los números, en realidad, siempre fue complicada. El ejemplo que mejor permite entenderlo es lo que ocurrió con la resolución 125. Esa medida reestructuró el esquema de relaciones políticas y humanas en la Argentina. Muchas familias y amistades se rompieron en ese momento. El peronismo se dividió. Durante siete años, ella agredió a quienes señalaron que aquella medida era un error político y, sobre todo, técnico, de la misma manera que agrede ahora a quienes no acuerdan con su mirada. En el año 2015, durante la campaña electoral por la jefatura de Gobierno porteño, Cristina admitió que la resolución 125 tenía, efectivamente, un problema de cálculos. Por entonces, Martín Lousteau encabezaba una lista opositora. “Ahí está el que nos hacía mal los números de la 125″, dijo Cristina. Finalmente, había llegado el reconocimiento del error. Tardísimo. El daño ya se había producido.

Es muy difícil entender por qué una persona tan inteligente como Cristina Kirchner pifia tanto en un tema central. ¿Pifia o miente? ¿En qué medida cree lo que dice o dice lo que cree que le conviene? Nadie puede responder esas preguntas. Lo cierto es que tantos errores de diagnóstico, y de tanta magnitud, explican muchos de los pesares que viven los argentinos. Gobernar no es solo una cuestión de números, pero los números importan mucho. Si son incorrectos, o si se los interpreta mal, se puede hacer mucho daño.

Claro, se trata de un punto de vista. Como todo. Máximo, el hijo de la vice, hace un tiempo defendió una visión alternativa con una reflexión deslumbrante: “Una cosa son los números y otra el bolsillo de la gente”.

Eso dijo.

Y tiene razón.

Una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa.

 

 

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