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Quiénes son los jóvenes enfurecidos que provocan destrozos en Estados Unidos y por qué lo hacen

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El homicidio de George Floyd desató las protestas más masivas y generalizadas en mucho tiempo. Si bien fueron mayormente pacíficas, en muchas ciudades hubo brotes de violencia, con incendios, saqueos y desmanes. Entre el accionar de oportunistas y la ira contenida por la discriminación y la desigualdad
Un manifestante agita una bandera estadounidense quemada durante una protesta contra la muerte de George Floyd, en St Louis, Missouri, EE.UU., el 1 de junio de 2020 (REUTERS/Lawrence Bryant)

Algunas imágenes parecían sacadas de películas apocalípticas. Edificios incendiados y en ruinas, tiendas saqueadas y calles atravesadas por vehículos envueltos en llamas. La secuencia comenzó la semana pasada en Minneapolis, donde el lunes 25 de mayo murió George Floyd, luego de que el oficial Derek Chauvin le oprimiera el cuello con la rodilla durante ocho minutos y 46 segundos. Pero se extendió a todos los rincones de Estados Unidos.

En más de 400 ciudades repartidas en los 50 estados del país hubo manifestaciones, muchas verdaderamente multitudinarias. La mayoría fueron pacíficas, pero otras terminaron con estallidos de violencia, que llevaron a los alcaldes de al menos 40 ciudades a imponer toques de queda. Nueva York, Chicago, Los Ángeles, Filadelfia y Washington DC son algunas de ellas.

La mitad de los estados del país convocaron a la Guardia Nacional, que desplegó más de 30.000 uniformados para ayudar a las policías locales a contener los disturbios. En algunos casos, los desbordes de las fuerzas de seguridad sirvieron más para exacerbar a los manifestantes que para contener la violencia, como se vio en Buffalo, donde dos agentes empujaron a un hombre de 75 años y lo dejaron tendido en el suelo, con la cabeza ensangrentada.

Manifestantes se reúnen en el Monumento a Lincoln durante una protesta contra la desigualdad racial tras la muerte en custodia policial de George Floyd en Minneapolis, en Washington, EE.UU., el 6 de junio de 2020. (REUTERS/Carlos Barria)Manifestantes se reúnen en el Monumento a Lincoln durante una protesta contra la desigualdad racial tras la muerte en custodia policial de George Floyd en Minneapolis, en Washington, EE.UU., el 6 de junio de 2020. (REUTERS/Carlos Barria)

El presidente Donald Trump acusó por los hechos vandálicos a grupos de izquierda radical y puntualizó en Antifa, un movimiento antifascista bastante amorfo, y amenazó con llamar al Ejército para restaurar “la ley y el orden”. Pero, si bien hay indicios de la participación de grupos organizados, no parece que tengan la capacidad de generar eventos de este alcance.

Más que el resultado de una conspiración oculta, tanto las movilizaciones pacíficas para pedir justicia y el fin de la discriminación, como los violentos episodios que siguieron a muchas de ellas, parecen expresiones de un malestar creciente. La mayoría canaliza esa frustración de manera civilizada, pero hay grupos en los que brota de manera caótica, creando las condiciones para que delincuentes comunes saquen provecho.

“Aunque la mayoría de los manifestantes están marchando pacíficamente para conseguir justicia para George Floyd, las personas que participan en actos de vandalismo pueden tener objetivos diferentes. Individuos de diversos niveles socioeconómicos pueden tener el mismo objetivo, hacer oír su voz, pero apelar a medios diferentes. Por ejemplo, ¿debe la justicia administrarse a través de los tribunales, o las personas dentro de las comunidades tienen que hacer lo que consideren justo? Desde un punto de vista sociológico, algunos pueden incurrir en vandalismo para apropiarse de bienes, pero otros pueden hacerlo porque consideran que es la única manera de que su voz sea escuchada”, dijo a Infobae Cassandra D. Chaney, profesora de estudios de niñez y familia en la Universidad Estatal de Louisiana.

Esta foto sin fecha proporcionada por Christopher Harris lo muestra a él a la izquierda y a George Floyd a la derecha, en Minneapolis (Christopher Harris vía AP)Esta foto sin fecha proporcionada por Christopher Harris lo muestra a él a la izquierda y a George Floyd a la derecha, en Minneapolis (Christopher Harris vía AP)

Estados Unidos tiene una larga historia de casos de violencia policial contra ciudadanos negros que desencadenaron protestas y disturbios masivos. En ese punto, lo que está sucediendo ahora no es novedoso. Sin embargo, un fenómeno que habitualmente se queda en la escena local, pasó a una escala nacional y hasta internacional —en los últimos días hubo protestas en distintos países—. Y acciones que suelen tener a la comunidad afroamericana como protagonista excluyente tienen ahora una composición étnica y sociocultural mucho más diversa.

“El hecho de que las escuelas estén cerradas, de que el 30% o más de la fuerza laboral no esté en el trabajo, que muchas personas más estén trabajando en casa pero sean libres de ir a una manifestación, y de que haya buen tiempo, significa que hay ahora una disponibilidad que antes no había. Por la creciente penetración de los medios de comunicación, con programas nacionales, blogs, redes sociales, etc., ahora todos ven lo que está pasando. Antes, con los medios locales como principal fuente era menos claro lo que estaba sucediendo en otros lugares. Además, hay una brecha etaria: ha aumentado mucho el porcentaje de jóvenes que sienten que sus posibilidades de tener un buen futuro han disminuido o son inexistentes”, explicó Gary T. Marx, profesor emérito de sociología del MIT, consultado por Infobae.

El ex policía de Minneapolis Derek Chauvin posa después de haber sido transferido de una cárcel del condado a una instalación estatal del Departamento de Correcciones de Minnesota. (Departamento de Correcciones de Minnesota/Distribución a través de REUTERS)El ex policía de Minneapolis Derek Chauvin posa después de haber sido transferido de una cárcel del condado a una instalación estatal del Departamento de Correcciones de Minnesota. (Departamento de Correcciones de Minnesota/Distribución a través de REUTERS)

Detrás de la violencia

“Los Estados Unidos de América designarán a ANTIFA como una organización terrorista”, tuiteó Trump días atrás. Más allá de que la mayoría de los juristas sostienen que la ley no le permite rotular de terrorista a un grupo local, el problema con Antifa es que ni siquiera es una organización. No tiene líderes ni miembros fijos y ni siquiera se sabe cuál es el alcance real de sus ideas y de sus controversiales métodos.

El fiscal general William Barr fue más vago. Acusó por la violencia de los últimos días a “grupos extremistas de ultraizquierda”, pero no dio demasiados detalles. También Tim Walz, el gobernador demócrata de Minnesota, apuntó en esa dirección para dar cuenta de los disturbios. “Tenemos razones para creer que malos actores siguen infiltrándose en las legítimas protestas por el asesinato de Floyd”, afirmó.

No obstante, un informe del Departamento de Seguridad Nacional difundido por la agencia Reuters reveló que, si bien las autoridades tienen indicios de la intervención de pequeños grupos radicalizados en distintas ciudades, la evidencia es bastante limitada. La principal hipótesis es que el grueso de los que participan son arribistas y manifestantes que se terminan sumando a los actos más destructivos.

Manifestantes levantan los puños en una manifestación por los derechos civiles y la cultura negra mientras se reúnen en la Black Lives Matter Plaza, cerca de la Casa Blanca, el 6 de junio de 2020. (REUTERS/Jim Bourg)Manifestantes levantan los puños en una manifestación por los derechos civiles y la cultura negra mientras se reúnen en la Black Lives Matter Plaza, cerca de la Casa Blanca, el 6 de junio de 2020. (REUTERS/Jim Bourg)

“Hay una imagen falsa de que grupos Antifa y anarquistas son los culpables, de que los elementos vandálicos son producto de agitadores externos. El alcalde de Saint Paul (en Minnesota, al lado de Minneapolis) admitió que el 80% de los arrestados eran residentes. No niego que haya agentes provocadores, los hay. Muchos son nacionalistas blancos a los que Twitter les cerró las cuentas porque se hacían pasar por personas de izquierda. Lo que pasa es que las rebeliones no son puras, nunca lo han sido en la humanidad. Combinan elementos reivindicativos, de resistencia, con un elemento juvenil, que ahora interactúa con la pandemia y con el desempleo rampante”, sostuvo Eduardo Bonilla-Silva, profesor de sociología de la Universidad Duke, en diálogo con Infobae.

El principal supuesto de quienes señalan a agitadores externos es que los que participan de esos eventos no forman parte de la comunidad, sino que van especialmente desde afuera. Pero los registros de arrestos en Minneapolis muestran que solo 25 de 312 detenidos tenía domicilio fuera del estado.

El informe del Departamento de Seguridad Nacional mencionaba la actividad concertada de militantes de extrema derecha para hacerse pasar por agitadores de izquierda en redes sociales, con el objetivo de acusarlos después de los desmanes. Pero tampoco está claro qué participación pueden haber tenido en el terreno.

Un vehículo de la policía de Nueva York se incendia tras una marcha contra la muerte de George Floyd en Brooklyn, Nueva York, EE.UU., el 30 de mayo de 2020. Foto tomada el 30 de mayo de 2020 (REUTERS/Jeenah Moon)Un vehículo de la policía de Nueva York se incendia tras una marcha contra la muerte de George Floyd en Brooklyn, Nueva York, EE.UU., el 30 de mayo de 2020. Foto tomada el 30 de mayo de 2020 (REUTERS/Jeenah Moon)

El de los saqueos es un fenómeno distinto, más emparentado con el crimen común. A muchos de los que participan de ellos no les interesa quemar edificios como un acto simbólico de venganza, solo quieren apropiarse de objetos valiosos. Y también están los que pasaban por ahí y decidieron aprovechar la ocasión de manera no premeditada.

“El saqueo es un crimen de oportunidad —continuó Bonilla-Silva—. No hay mucha investigación científica sobre el fenómeno, porque quién va a entrevistar a los saqueadores. Usualmente son jóvenes, generalmente de sectores sin acceso a bienes de consumo, que ven el momento de tener una radio, unos tenis o ropa. Pero eso hay que separarlo del resto de las movilizaciones. Por ejemplo, de las que se han hecho en la Casa Blanca, que es un punto neurálgico. Los periodistas tienen que tener algo interesante para contar, entonces los manifestantes saben que los medios van a estar pendientes de algo así y que van a salir en las noticias de las 6 de la tarde. En Minneapolis quemaron la estación de policía de donde salieron los oficiales que mataron a Floyd. Eso es algo táctico”.

Es cierto que algunos manifestantes con posiciones más radicalizadas reivindican los saqueos como una forma de “golpear al sistema”. Otros insisten en minimizar su gravedad con el argumento de que “las mercancías pueden ser reemplazadas, las vidas no”. En cualquier caso, siempre es muy difícil diferenciar a todos los subgrupos que participan de este tipo de actos de masa, que por definición supone una una disolución momentánea de las individualidades.

Personas prenden fuego artículos saqueados de una farmacia de CVS durante los disturbios en Raleigh, Carolina del Norte, el 30 de mayo de 2020. (REUTERS/Jonathan Drake)Personas prenden fuego artículos saqueados de una farmacia de CVS durante los disturbios en Raleigh, Carolina del Norte, el 30 de mayo de 2020. (REUTERS/Jonathan Drake)

“Las grandes multitudes en las ciudades son casi siempre muy diversas internamente —dijo Marx—. Hay espectadores, policías vestidos de civil, gente de los medios de comunicación, aquellos de grupos organizados que no quieren la destrucción porque aleja la atención de la causa y finalmente alborotadores con menos o ningún interés en la causa, que usan la cobertura de la multitud para participar en acciones antisociales. A los manifestantes de derechos civiles los mueve la no violencia, pero eso no es del todo cierto en el caso de los saqueadores. A algunos puede preocuparles la injusticia, pero esa preocupación no se refleja en el saqueo y en la quema de cosas. Por otro lado, los tipos de personas en la multitud pueden cambiar: los menos violentos pueden irse cuando la situación vira y los más atraídos por la violencia pueden salir en mayor número. Al margen de eso, personas no violentas pueden reaccionar con violencia ante a acciones policiales injustas o imprudentes”.

Las manifestaciones van mutando con el tiempo. No participan las mismas personas a cualquier hora ni en cualquier lugar. No es lo mismo antes de la entrada en vigor del toque de queda, que después. Lo que siempre hay que tener en cuenta es que para sumarse a una manifestación hay que tener tiempo y energía. Y cuanto mayor sea la probabilidad de que se produzcan episodios violentos, los participantes deben sentir que tienen poco para perder.

Una niña con una escoba pequeña camina por una línea de miembros de la Guardia Nacional desplegados en Bellevue Square en el centro de Bellevue, Washington, EE.UU. 1 de junio de 2020 (REUTERS/Lindsey Wasson)Una niña con una escoba pequeña camina por una línea de miembros de la Guardia Nacional desplegados en Bellevue Square en el centro de Bellevue, Washington, EE.UU. 1 de junio de 2020 (REUTERS/Lindsey Wasson)

“Los que participan de estas movilizaciones tienen el interés, el tiempo y los recursos. Una persona que trabaja usualmente no puede. Por eso es que la juventud suele tener una participación mucho mayor. En este caso, es un movimiento un tanto fluido. En el contexto de la pandemia, estamos todos en nuestras casas y tenemos más tiempo. Entonces, se puede ver a familias en las marchas de la tarde, algo que no pasa habitualmente y que ha contribuido a la masividad. Pero desde las cinco en adelante son mayormente jóvenes. La posibilidad de que intervenga la policía aumenta a la noche y son ellos los que tienen la capacidad física de defenderse mejor y de correr más rápido”, dijo Bonilla-Silva.

La juventud es un denominador común en la mayoría de las manifestaciones, y estas no son una excepción en ese punto. Aún más bajo es el promedio de edad cuando se ve quiénes intervienen en los enfrentamientos con la policía y en los saqueos. Pero lo interesante es que al no ser eventos reducidos a la comunidad afroamericana, no se ve solo a jóvenes negros, sino que el público es mucho más diverso. Una señal de que el malestar es más generalizado.

“La gran mayoría de los manifestantes en los últimos días han sido pacíficos. Pero el profundo dolor, la ira y la frustración que sienten las comunidades víctimas de la brutalidad policial siempre se han expresado ocasionalmente de manera destructiva, incluso durante el Movimiento de Derechos Civiles, en la década de 1960. En ese sentido, el proceso actual es muy similar al pasado. La mayor diferencia con lo que ocurrió antes parece ser la diversidad de los participantes, con un gran número de blancos entre los vándalos, junto con asiáticos y latinos, además de afroamericanos”, dijo a Infobae Chenoa A. Flippen, profesora del Departamento de Sociología de la Universidad de Pennsylvania.

Manifestantes defienden una tienda Nike de los saqueos gritando "protesta pacífica" en Long Beach, California, EE.UU., el 31 de mayo de 2020. (REUTERS/Patrick T. Fallon)Manifestantes defienden una tienda Nike de los saqueos gritando “protesta pacífica” en Long Beach, California, EE.UU., el 31 de mayo de 2020. (REUTERS/Patrick T. Fallon)

Racismo, violencia policial y pandemia

Estados Unidos tiene muchos antecedentes de pequeñas revueltas surgidas en reacción a algún episodio de brutalidad policial contra los afroamericanos. Se estima que entre 1960 y 1970 se produjeron unas 250 en distintas ciudades del país. Casi siempre con una secuencia que se repite.

En muchas partes del país la comunidad afroamericana vive concentrada en determinadas zonas urbanas en las que escasean las oportunidades laborales y educativas, los llamados guetos. A la frustración por la falta de perspectivas de progreso individual se suma una relación traumática con la Policía, que aún hoy rige buena parte de sus protocolos alrededor de prejuicios raciales.

“Incidentes como estos ocurren generalmente cuando la gente cree que se ha cometido una injusticia y no hay rendición de cuentas —dijo Chaney—. El mismo tipo de vandalismo se produjo en 1992 durante los disturbios de Los Ángeles, tras la muerte de Rodney King, vapuleado por cuatro policías blancos. Incidentes como estos hacen que la gente se sienta enojada, frustrada, perpleja y sin fe en el sistema de justicia. Cuando la justicia no es rápida, crea dolor emocional y psicológico, en particular a las personas que están racial y socioeconómicamente marginadas. Muchas personas están estresadas. Por las relaciones entre padres e hijos y la violencia doméstica, o por el racismo, el sexismo, y la pobreza. Ahora se sumó la reciente pandemia, que ha alterado dramáticamente nuestra forma de vida”.

Los restos de una sede del Chase Bank después de los disturbios y saqueos que estallaron el 30 de mayo en el pequeño pueblo de La Mesa, California, el 3 de junio de 2020 (REUTERS/Mike Blake)Los restos de una sede del Chase Bank después de los disturbios y saqueos que estallaron el 30 de mayo en el pequeño pueblo de La Mesa, California, el 3 de junio de 2020 (REUTERS/Mike Blake)

En los últimos años hubo muchos casos de civiles negros que murieron por abusos de la policía. El 26 de febrero de 2012, en Sanford, Florida, Trayvon Martin, de 17 años, murió luego de que George Zimmerman, que coordinaba la vigilancia en su barrio cerrado, le disparara en el pecho al adolescente, que visitaba a un familiar. A pesar de que Martin estaba desarmado, Zimmerman fue absuelto alegando legítima defensa, porque hubo un forcejeo antes del disparo. El caso fue el catalizador para la formación del movimiento Black Lives Matter.

Otro de los homicidios más significativos fue el de Eric Garner, el 17 de julio de 2014, en Nueva York. Un policía lo arrestó bajo la sospecha de que estaba vendiendo cigarrillos ilegalmente y, para reducirlo, le aplicó una llave que lo ahogó. Un video lo captó diciendo 11 veces que no podía respirar, hasta que no habló más.

El 9 de agosto siguiente fue el de Michael Brown en Ferguson, Missouri. Tenía 18 años y murió después de que un oficial blanco le disparara seis veces, a pesar de que estaba desarmado. Un informe del Departamento de Justicia concluyó que el agente había actuado de manera excesiva y a partir de prejuicios raciales, pero no fue procesado. El caso desató la última gran serie de protestas y disturbios por razones raciales.

Un manifestante enmascarado se para frente al fuego durante una manifestación contra la muerte de George Floyd en Los Ángeles, California, el 30 de mayo de 2020. (REUTERS/Kyle Grillot)Un manifestante enmascarado se para frente al fuego durante una manifestación contra la muerte de George Floyd en Los Ángeles, California, el 30 de mayo de 2020. (REUTERS/Kyle Grillot)

“Hay una historia larga, desde esclavitud a las leyes Jim Crow (de segregación racial) y al nuevo racismo —dijo Bonilla-Silva—. Pero también hay una historia corta. La expresión que usó Floyd, ‘no puedo respirar’, fue la misma que usó Eric Garner. Ha habido muchos casos en los últimos años, donde el final de la historia es que los policías son exonerados. A eso hay que añadirle la pandemia, que tiene un efecto racial desigual. La mortalidad de afroamericanos, latinos e indígenas es dos, tres y cuatro veces mayor que la de los blancos. Pasa lo mismo con el desempleo, que para los afroamericanos es entre 2 y 2,5 mayor que entre los blancos. Esa interacción entre la pandemia y sus efectos desiguales, el desempleo y sus efectos desiguales, y la brutalidad policial, a principios de un verano, causa condiciones perfectas para una revuelta”.

El trato diferencial de la policía para con los afroamericanos, que se manifiesta en estas circunstancias, es percibido como la ratificación de la desigualdad que los afecta desde siempre. El desempleo es un ejemplo claro. En febrero de 2020, el país registraba apenas 3,5%, mínimo en muchas décadas. Pero esa proporción era 3,1% para los blancos, 4,4% para los latinos y 5,8% para los afroamericanos, según estadísticas del Departamento de Trabajo. Es decir, 87% más que los blancos. No es algo nuevo, esta brecha se mantiene estable desde hace muchas décadas.

Manifestantes inician un incendio en protesta por la muerte de George Floyd, el domingo 31 de mayo de 2020, cerca de la Casa Blanca en Washington (AP Photo/Alex Brandon)Manifestantes inician un incendio en protesta por la muerte de George Floyd, el domingo 31 de mayo de 2020, cerca de la Casa Blanca en Washington (AP Photo/Alex Brandon)

Una razón que permite entender por qué estas manifestaciones e incluso los actos violentos fueron tan diversas es porque los efectos económicos de la pandemia hicieron que el desempleo se disparara para todos, reduciendo de hecho la brecha. En abril subió a 14,7% el índice general, que era 14,2% para los blancos, 16,7% para los negros y 18,9% para los latinos. La diferencia pasó a ser de 17 por ciento.

Pero aún más grande es la inequidad en la distribución de la pobreza. Según los datos de la Oficina del Censo, a fines de 2018 el 9% de los blancos era pobre, frente al 19% de los latinos y el 22% de los negros, 144% más que los primeros. Lo más grave es que la brecha salarial se incrementó en las últimas décadas. A principios de siglo, los blancos ganaban en promedio 21,8% más que los negros. La distancia creció a 23,5% en 2007 y a 26,5% en 2019, según datos del Economic Policy Institute.

El nivel extremo de desigualdad en los Estados Unidos, junto con el impacto muy desigual de la crisis de la Covid-19, tanto en términos de la enfermedad como en términos del impacto económico, está exacerbando la ira. Hay decenas de millones de personas desempleadas, con pocos motivos para esperar que su situación mejore en breve. Cuando se añade a la mezcla un presidente que aprovecha cualquier oportunidad para inflamar las tensiones, en lugar de calmarlas, ciertamente puede parecer que las cosas están peor hoy que en el pasado reciente”, concluyó Flippen.

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FUENTE : INFOBAE

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A QUÉ PAÍS FAVORECE UN CONFLICTO BÉLICO PROLONGADO: ¿RUSIA O UCRANIA?

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Kiev cuenta con sus aliados occidentales; Vladimir Putin cree que esos países podrían desanimarse

FOTO DE ARCHIVO: Miembros del servicio ucraniano disparan un proyectil de un obús M777 cerca de una línea del frente, mientras continúa el ataque de Rusia a Ucrania, en la región de Donetsk (Reuters)

La guerra típica es corta. Desde 1815, la duración media de las guerras entre Estados ha sido de poco más de tres meses, calcula Paul Poast, de la Universidad de Chicago. En 2003, Estados Unidos derrocó al gobierno de Irak en sólo 20 días. El conflicto que Armenia y Azerbaiyán libraron por el territorio de Nagorno-Karabaj en 2020 terminó en 44. Sin embargo, la invasión rusa de Ucrania ha entrado en su quinto mes, y no muestra signos de llegar a su fin. “Me temo que tenemos que prepararnos para una guerra larga”, escribió Boris Johnson, primer ministro británico, a mediados de junio. Jens Stoltenberg, secretario general de la OTAN, se hizo eco de su advertencia: “Debemos prepararnos para el hecho de que podría llevar años”.

En los primeros días de la invasión, a Occidente le preocupaba que las fuerzas ucranianas se vieran rápidamente abrumadas por la superioridad de la potencia de fuego rusa y que la resistencia se derrumbara. Ahora los temores son diferentes: que Ucrania no haya ajustado su estrategia lo suficiente como para librar una guerra de desgaste sostenida; que se quede sin soldados y municiones; que los meses de bombardeo provoquen el colapso de su economía; que la voluntad de luchar disminuya a medida que las cosas se pongan más difíciles. Rusia también está sometida a muchas de las mismas presiones, ya que el conflicto está consumiendo a sus jóvenes, minando su economía y acelerando su caída en la dictadura.

Un conflicto prolongado también pondrá a prueba la determinación de los aliados occidentales de Ucrania, ya que el precio de los alimentos y la energía se dispara, la inflación enfurece a los votantes y las peticiones de armas y dinero en efectivo de Ucrania aumentan. Una guerra larga, en definitiva, pondrá a prueba a ambos bandos de nuevas maneras. Que favorezca a Rusia o a Ucrania depende en gran medida de cómo responda Occidente.

Comienza en el campo de batalla. El ejército ruso está avanzando, aunque lentamente. Se ha ordenado a las fuerzas ucranianas que se retiren de la ciudad de Severodonetsk, con lo que Rusia está a punto de controlar toda la provincia de Luhansk, una de las dos que forman la región de Donbás. Slovyansk, al noreste de Donetsk, la otra provincia de Donbas, también está siendo atacada.

Las fuerzas ucranianas, superadas en armamento y hasta hace poco en artillería, han sido destrozadas. El gobierno dice que están sufriendo hasta 200 bajas al día. El 15 de junio, un general ucraniano declaró que el ejército había perdido 1.300 vehículos blindados, 400 tanques y 700 sistemas de artillería, mucho más de lo que se pensaba. Muchas de las unidades más experimentadas y mejor entrenadas de Ucrania han sido destruidas, dejando que reservistas más verdes ocupen su lugar. El 19 de junio, la inteligencia de defensa británica dijo que había habido deserciones entre las tropas ucranianas.

Sin embargo, esto no significa que Rusia vaya a arrasar en Donbás. Su avance ha sido lento, minucioso y costoso, y sólo lo han permitido los bombardeos masivos e indiscriminados. Los nuevos reclutas están recibiendo sólo unos días de entrenamiento antes de ser lanzados a la batalla, según el servicio ruso de la BBC. La moral es baja: la inteligencia británica señala “enfrentamientos armados entre los oficiales y sus tropas”. Se han necesitado más de dos meses para capturar Severodonetsk, y Slovyansk y la vecina Kramatorsk están mejor fortificadas.

Rusia todavía tiene muchas municiones y equipos, dice Richard Connolly, un experto en la economía y la industria de defensa del país. Se dice que las fábricas de armas rusas trabajan a doble o triple turno, señala. Rusia también cuenta con grandes reservas de tanques antiguos a los que recurrir. Con el tiempo, la escasez se hará sentir, pero es más probable que conduzca al despliegue de armas anticuadas o mal mantenidas que a una sequía total, cree Connolly.

Hombres, no máquinas

La mano de obra es un problema mayor. Vladimir Putin, el presidente de Rusia, se ha negado a llamar a filas a los reclutas y reservistas en masa. En lugar de una movilización general, dice Michael Kofman, de CNA, un grupo de expertos, su ejército está creando nuevos batallones de reserva mediante la contratación de nuevos reclutas. Pero es difícil encontrar un número suficiente de ellos: el gobierno ha tenido que ofrecer una remuneración abundante, de casi tres veces el salario medio. También se han prometido generosas indemnizaciones a los heridos y a los deudos. La Duma, el parlamento ruso, elevó recientemente la edad máxima para ingresar en el ejército de 40 a 65 años. Las autoridades intentan atraer a los soldados recientemente retirados para que vuelvan al servicio.

En un esfuerzo por crear fuerzas listas para el combate mucho más rápido de lo habitual, los nuevos alistados se están mezclando con los oficiales en activo que aún no han desplegado y con el equipo residual de las brigadas existentes, señala Kofman. Pero generar nuevas unidades de esta manera equivale a “vender la plata de la familia”, dice un funcionario occidental. Los oficiales y el equipo que se les asigna se utilizarían normalmente para entrenar a nuevos soldados o para relevar a las tropas agotadas. Rusia está, en efecto, canibalizando sus propias fuerzas, dice Kofman, lo que reducirá “la sostenibilidad general del esfuerzo bélico”.

La escasez de tropas bien entrenadas de Rusia es una de las razones por las que su avance en Donbás ha sido glacial. Ucrania, a pesar de tener una población más pequeña, tiene un mayor suministro de reclutas ansiosos. Su formación sigue siendo un cuello de botella, pero podría superarse con un poco de ayuda: el 17 de junio, Johnson propuso un plan por el que Gran Bretaña entrenaría hasta 10.000 soldados cada 120 días.

Ucrania también está recibiendo armamento occidental cada vez más sofisticado. Al principio, buscaba sobre todo misiles antitanque y antiaéreos portátiles de corto alcance para defenderse de las columnas blindadas que avanzaban y de los helicópteros que merodeaban. Sin embargo, más recientemente, Estados Unidos, Gran Bretaña y otros países han suministrado artillería y cohetes modernos, que serán mucho más útiles en cualquier contraataque. El 23 de junio, el ministro de defensa ucraniano dijo que habían empezado a llegar lanzacohetes estadounidenses Himars, con munición guiada por GPS.

De hecho, algunos funcionarios ucranianos, entre ellos el presidente Volodymyr Zelensky, sostienen que si la ayuda occidental llega a una escala suficiente, Ucrania puede ser capaz de ganar la guerra antes de que llegue el invierno. Un oficial de la inteligencia militar dice que la mejor oportunidad de Ucrania para una contraofensiva llegará a finales de octubre, cuando su stock de armas occidentales debería estar en su punto máximo. “Necesitamos que el enemigo sienta toda la fuerza del armamento”, dice. Se habla de hacer retroceder a Rusia a sus posiciones al comienzo de la guerra, y luego negociar un acuerdo de paz desde una posición de fuerza.

Pero este optimismo pasa por alto varios escollos. Por un lado, las fuerzas ucranianas han utilizado la mayor parte de sus municiones y, sin la capacidad de fabricación nacional para reponerlas, dependen ahora completamente de benefactores extranjeros. Los recientes combates se han centrado en largas y pesadas descargas de artillería que consumen enormes cantidades de munición. Se cree que Rusia, que dispone de enormes reservas, está disparando de forma tan indiscriminada que toda la producción anual de Estados Unidos bastaría para mantener sus cañones disparados durante sólo dos semanas, observa Alex Vershinin, un oficial retirado del ejército estadounidense. Aunque Ucrania ha intentado racionar su consumo, los países de la OTAN pueden tener dificultades para mantenerla adecuadamente abastecida de proyectiles.

Además, los partidarios de Ucrania ya han entregado una gran parte de sus reservas de ciertas armas. Se cree que los 7.000 misiles antitanque Javelin que Estados Unidos ha proporcionado, por ejemplo, suponen un tercio de su inventario total. Los ejércitos occidentales no quieren dejar que sus propios suministros se agoten; de hecho, muchos de ellos esperan aumentarlos a la luz de la agresión rusa.

Aunque Estados Unidos y Europa, con economías mucho más grandes que la de Rusia, podrían llegar a producir lo que Ucrania necesite, su producción de proyectiles y misiles no se duplicará de la noche a la mañana. Estados Unidos sólo produce 2.100 Javelin al año. Vershinin señala que el número de fábricas de armas pequeñas estadounidenses se ha reducido de cinco durante la guerra de Vietnam a una en la actualidad.

El mantenimiento de todo el elegante equipo de la OTAN también es difícil. Estados Unidos y Alemania enseñaron a los soldados ucranianos a utilizar sus obuses en un par de semanas, pero aprender a repararlos es otra cuestión. El uso de las piezas de artillería es tan intenso que muchas ya se han averiado y han sido enviadas a Polonia para su reparación. Este problema aumentará a medida que lleguen armas complejas como los HIMARS y que Ucrania pase gradualmente del material soviético a las armas proporcionadas por la OTAN.

Tal vez lo más importante sea la forma en que Ucrania despliega su nuevo arsenal. Muchas de las armas que está recibiendo fueron diseñadas en la guerra fría para enfrentarse precisamente al adversario al que Ucrania se enfrenta ahora en Donbas: un ejército de estilo soviético que utiliza una gran potencia de fuego. Lo que preocupa a algunos países occidentales es que Ucrania intente igualar a Rusia arma por arma, y así gastar su munición a un ritmo prodigioso. “Si quieren usar HIMARS como armas de áreas”, advirtió Ben Wallace, secretario de Defensa británico, el 29 de junio, “se quedarán sin munición en 12 horas”.

El objetivo es animar a Ucrania a utilizar lanzacohetes y otros sistemas de largo alcance en consonancia con su propósito original de librar una “batalla profunda”: golpear objetivos rusos importantes, como puestos de mando y centros ferroviarios, a muchos kilómetros de distancia de las líneas del frente. Hay pruebas de que Ucrania está haciendo un esfuerzo concertado para atacar en profundidad en Donbás. Wallace dice que recientemente se han volado cinco depósitos de municiones, junto con varios cuarteles generales rusos.

Esto ofrece un camino, si no a la victoria absoluta, al menos a un enfrentamiento que impone graves costos a Rusia. Los funcionarios occidentales dudan de que Ucrania sea capaz de recuperar todo el terreno que ha perdido desde que comenzó la invasión. Después de todo, la guerra ha demostrado que es mucho más fácil defender que atacar, y las fuerzas rusas están bien atrincheradas. Pero si Ucrania puede mantenerse abastecida de armas y municiones y utiliza su nueva potencia de fuego con criterio, podría recuperar bolsas de territorio, sembrar el caos en la retaguardia de Rusia e infligir pérdidas insostenibles en términos de hombres y material a un ejército ruso que se encuentra desbordado a lo largo de un enorme frente.

Sin embargo, Ucrania no sólo necesitará armas para llevar a cabo esta estrategia; el gobierno también está desesperadamente escaso de dinero. La guerra ha destrozado su economía: el Banco Central y el FMI calculan que la producción podría reducirse en más de un tercio este año, un golpe similar al de la depresión americana de los años treinta. Los análisis más optimistas sostienen que las regiones ocupadas son las más afectadas, y que la actividad en otros lugares se ha recuperado un poco tras el desplome de marzo, y que la actual contracción interanual asciende quizás al 15%.

En cualquier caso, las finanzas públicas de Ucrania se han visto afectadas. El gobierno ha tenido que gastar abundantemente no sólo en las fuerzas armadas, sino también en la asistencia humanitaria a los heridos, los desempleados y los desplazados, a la vez que ha recortado los impuestos para socorrer a la renqueante economía. El resultado es un déficit de unos 5.000 millones de dólares al mes.

En estas circunstancias, los inversores son naturalmente reacios a conceder préstamos a Ucrania. La subida de impuestos sería contraproducente, dada la atrofia de la economía. El gobierno está tratando de recortar algunos gastos: por ejemplo, recientemente redujo los subsidios de desempleo. Occidente ha prometido mucha ayuda, pero no llega con la suficiente rapidez para equilibrar las cuentas. Así que el gobierno se ha visto obligado a imprimir dinero. El Banco Central ha estado comprando bonos del Estado desde que comenzó la invasión, a un ritmo cada vez más acelerado. Al mismo tiempo, está consumiendo sus reservas de divisas en un esfuerzo por estabilizar la hryvnia. La inflación, que ya es del 18%, va en aumento. Si Occidente permite que las finanzas del gobierno se descontrolen o que la economía deje de funcionar, las perspectivas militares también se oscurecerán inevitablemente.

Enfrentarse a la situación

En cambio, Rusia parece estar en mejor forma económica. Tras un breve bache provocado por las feroces sanciones occidentales, el rublo se ha recuperado. Los temores de una corrida bancaria se han disipado. Aunque las empresas occidentales han retirado todo lo que han podido de los cerca de 300.000 millones de dólares que han invertido en establecimientos y fábricas locales, y muchos rusos con estudios han huido del país, la mayoría de los pronósticos prevén una contracción relativamente manejable este año, gracias en parte al fuerte gasto público. Putin insiste con frecuencia en que las sanciones perjudican más a Occidente que a Rusia.

De hecho, las sanciones están pasando factura, en gran medida por privar a la economía de importaciones cruciales. La producción de automóviles se ha reducido en más de un 80% respecto a su nivel anterior a la invasión, lo que refleja, en parte, la dificultad de los fabricantes para obtener piezas en el extranjero, pero también el descenso de la demanda de los consumidores. En mayo, los concesionarios sólo vendieron 26 Porsches en Rusia, un 95% menos que el año anterior. La producción de ascensores se ha reducido a la mitad, lo que apunta a una caída de los grandes proyectos de construcción.

La escasez de componentes críticos preocupa también a los generales rusos. “Tenemos informes de los ucranianos de que, cuando encuentran equipo militar ruso sobre el terreno, está lleno de semiconductores que sacaron de lavavajillas y refrigeradores”, dijo en mayo Gina Raimondo, secretaria de Comercio de Estados Unidos, en el Congreso. Aunque algunas empresas rusas fabrican chips informáticos y están tratando de aumentar su producción, sus productos son más caros y menos sofisticados que los importados.

Sin embargo, Connolly señala que relativamente pocas fábricas de municiones parecen estar afectadas hasta ahora, tal vez porque las empresas de defensa rusas tienden a acumular piezas importantes, un resabio de la planificación central soviética. Además, las sanciones occidentales no son herméticas y, gracias a sus ingresos petroleros, Rusia tiene mucho dinero para subvertirlas. El gobierno lleva tiempo buscando cadenas de suministro alternativas. Un nuevo documento de RUSI, un centro de estudios británico, señala “una miríada de empresas con sede en todo el mundo, incluidas las de la República Checa, Serbia, Armenia, Kazajstán, Turquía, India y China, que asumirán riesgos considerables para satisfacer las necesidades de suministro de Rusia”. China ha manifestado su disposición a suministrar piezas de recambio a las empresas de aviación rusas.

De hecho, Putin parece confiar en que el tiempo y el dinero están de su lado. Aunque las fuerzas rusas no avancen rápidamente, han conseguido bloquear los puertos de Ucrania, contribuyendo al estrangulamiento de su economía. Y aunque ni el público ruso ni la élite estaban ansiosos por la guerra, las despiadadas fuerzas de seguridad de Putin y sus enérgicos propagandistas han mantenido la disidencia al mínimo. A ello contribuye el hecho de que la mayoría de los nuevos reclutas del ejército -y de las bajas- parecen proceder de las pequeñas poblaciones de las provincias más pobres, lo que significa que las grandes ciudades rusas han quedado protegidas de los peores efectos de la guerra.

Sin embargo, los esfuerzos realizados por Putin para evitar una movilización general sugieren que no confía en que los rusos estén dispuestos a soportar una guerra larga y sangrienta. Del mismo modo, el optimismo económico que actualmente muestran los empresarios y la población en general podría evaporarse a medida que los costes a largo plazo de la guerra, las sanciones occidentales y la emigración empiecen a hacerse sentir.

Muchos en Ucrania temen que Rusia pueda recurrir a tácticas más despiadadas si la guerra se prolonga demasiado para la comodidad de Putin. Podría, por ejemplo, atacar la red eléctrica y las instalaciones de calefacción cuando se acerque el invierno, lo que supondría un enorme coste humanitario para la población en general. Sin embargo, los ucranianos parecen estar preparados para tales privaciones. Los datos de la agencia de encuestas Rating muestran que más de la mitad de ellos creen que la guerra durará al menos seis meses, frente al 10% de una muestra tomada a principios de marzo. No obstante, el 93% de los encuestados afirma que Ucrania prevalecerá al final, con distintos grados de confianza. “Ucrania ha empezado a creer en sí misma”, dice Alexei Antipovich, jefe de Rating.

Los ucranianos se mantienen firmemente en contra de la idea de negociar con Rusia, y el estado de ánimo en contra del compromiso cambió decisivamente tras la información sobre las atrocidades rusas en la segunda mitad de marzo. Temen que se repitan los acuerdos de Minsk, los acuerdos de paz con mediación francesa y alemana que trazaron nuevas líneas en la arena ucraniana, pero que nunca saciaron los apetitos rusos. Ucrania no cree que el Kremlin se detenga en algo que no sea la rendición completa. “O ganamos o perdemos”, dice Oleh Zhdanov, antiguo oficial de operaciones del Estado Mayor de Ucrania.

Puede que los aliados de Ucrania no tengan una visión tan blanca y negra de las cosas. De hecho, Putin puede encontrarlos más fáciles de desanimar que a los ucranianos. Al recortar las exportaciones de gas a través del principal gasoducto que va de Rusia a Alemania, recientemente dio a entender que está dispuesto a tomar como rehén a la economía europea para avanzar en sus objetivos bélicos. El aumento de los precios del gas y la escasez económica durante el invierno inducirían con toda seguridad a algunos gobiernos europeos a inclinarse por Ucrania para que acepte una tregua imperfecta.

Varios países europeos, sobre todo Alemania, tardaron mucho en empezar a dar a Ucrania armas pesadas. Muchos siguen siendo reacios a describir su objetivo al enviar armas como una ayuda a Ucrania para “ganar” la guerra. Ciertamente, no hay unanimidad dentro de la OTAN sobre cómo definir la victoria. Cuanto más dure la guerra, y cuanto más alto sea el coste en términos de precios de la energía y desaceleración de las economías, más reacios se mostrarán los aliados de Ucrania a proporcionar un sinfín de armas y dinero. Putin, por su parte, parece contar con que la resolución de Occidente se desmorone.

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LA TRAMA DE ESPIONAJE IRANÍ EN CUBA Y VENEZUELA EN LA QUE APARECE ENVUELTO EL COPILOTO DEL AVIÓN RETENIDO EN ARGENTINA

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De acuerdo al presidente de Paraguay, a Mohammad Khosraviragh le habrían cambiado la identidad en Cuba. Y allí reaparece en escena el argentino Edgardo Rubén “Soheil” Assad, líder de la comunidad shiíta cubana, discípulo de Moshen Rabbani e investigado por el atentado a la AMIA.

“Al presidente de Irán, Mahmud Ahmadineyad, le debe encantar el trópico”, comentaba irónicamente un diplomático cubano hace unos años. Era cuando el entonces líder ultraortodoxo iraní venía mucho a América latina para encontrarse con sus amigos del “eje bolivariano”. Decía que quería “contrarrestar el lazo con Estados Unidos”.

Entre 2005 y 2013, Ahmadinejad viajó nueve veces al continente americano. Siempre con escala en Venezuela con tramos a Bolivia (en dos oportunidades), Brasil, Cuba, Ecuador y Nicaragua. Los presidentes latinoamericanos retribuyeron las visitas. Si bien existía una larga relación venezolano-iraní de la fundación de la OPEP en los sesenta y de relación ideológica con el castrismo cubano desde los ochenta, fue el chavismo la puerta que aprovechó Irán para entrar a un terreno hasta entonces desconocido para el shiísmo persa.

Pasaron nueve años desde la salida de Ahmadinejad del poder, pero la relación del gobierno de Teherán con Cuba y Venezuela sigue siendo muy aceitada. Los tres países comparten la espada que pende sobre ellos de las sanciones comerciales impuestas por Estados Unidos. Los une el espanto hacia “el origen del mal” washingtoniano tanto como convenientes acuerdos económicos e ideológicos. El “antiimperialismo” logra amalgamar sustancias tan disímiles como el castrismo, el chavismo y el islamismo shiíta. El ingrediente principal del pegamento es el populismo que practican con maestría los tres países.

El avión iraní transferido a la empresa venezolana Emtrasur que permanece retenido en el aeropuerto de Ezeiza (Facebook)El avión iraní transferido a la empresa venezolana Emtrasur que permanece retenido en el aeropuerto de Ezeiza (Facebook)

En el medio, aparecen los intereses económico-políticos cruzados. Las economías de los tres países son complementarias, más allá de que la relación sea incomparable en cuanto a volumen. El PBI de Irán es de 1,4 billones de dólares y el de Cuba de apenas 100.000 millones. Irán y Venezuela tienen petróleo, Cuba medicina, un enorme conocimiento de transporte de infraestructura para burlar sanciones comerciales y azúcar que es muy necesaria en Teherán. También los intercambios de transporte y ciertas tecnologías. El resto son las tapaderas comunes para financiar sus compras “clandestinas” en mercado que tienen cerrados por la vía oficial, el lavado de dinero y la financiación a través de comercio híbrido (lícito/ilícito).

Entre esta enorme red, también está el Hezbollah, el partido militar libanés creado y financiado por la Guardia Revolucionaria iraní para influir en Medio Oriente y que tiene una base de operaciones en la triple frontera entre Argentina, Brasil y Paraguay, así como operaciones comerciales y militares en Venezuela.

Con Cuba, Irán también tiene un importante intercambio de producción farmacéutica y biotecnología. La vacuna Soberana-2 COVID-19 es uno de los más recientes esfuerzos de cooperación bilateral. Conocida comúnmente como Pasteurcovac en Irán, la vacuna se desarrolló en el marco de una colaboración entre el Instituto Finlay de Vacunas de La Habana y el Instituto Pasteur de Irán. En junio de 2021, la vacuna Soberana-2 recibió la aprobación de uso de emergencia en Irán. Un mes después, los medios de comunicación estatales cubanos anunciaron que Irán sería el primer país fuera de Cuba en producirla a escala industrial. En septiembre, el ministro de Asuntos Exteriores iraní, Hossein Amir-Abdollahian, habló del potencial “ilimitado” para ampliar los lazos entre Teherán y La Habana.

El argentino Edgardo Rubén “Soheil” Assad durante una entrevista con Infobae en 2013. Es un viejo conocido de los servicios de inteligencia de todo el continente, "discípulo" de Mohsen Rabbani, el clérigo iraní implicado en el atentado contra la AMIA.El argentino Edgardo Rubén “Soheil” Assad durante una entrevista con Infobae en 2013. Es un viejo conocido de los servicios de inteligencia de todo el continente, “discípulo” de Mohsen Rabbani, el clérigo iraní implicado en el atentado contra la AMIA.

Las relaciones entre Cuba e Irán se iniciaron tras la revolución iraní de 1979, cuando este último país adoptó una constitución teocrática-republicana y una ideología antiimperialista centrada en la oposición a las potencias occidentales. La naciente República Islámica se unió rápidamente al Movimiento de los No Alineados (MNOAL) y buscó la independencia de las esferas de influencia estadounidense y soviética. Mientras tanto, el difunto presidente cubano Fidel Castro se aseguró el puesto de presidente como portavoz de facto en la conferencia del MNOAL ese mismo año, consolidando el liderazgo de Cuba en la organización.

El movimiento de 90 países miembros era percibido por el entonces Líder Supremo de Irán, el ayatolá Ruhollah Khomeini, como el camino obvio hacia la neutralidad en medio de la Guerra Fría, a la vez que proporcionaba a Irán socios diplomáticos y económicos que no tenía en Occidente. Para Cuba era tener un poderoso aliado que lo respalde frente a Estados Unidos y sus sanciones a las que había enfrentado en soledad por dos décadas.

La “neutralidad” cubana estuvo siempre en cuestión por su absoluta dependencia de la Unión Soviética. Después de los años turbulentos y de sufrimiento para los cubanos por la caída del régimen en Moscú, el arribo de Vladimir Putin al poder volvió a acercar notablemente a Rusia y Cuba. Irán también entró en esa alianza después de que Rusia tomara partido por el régimen de Bashar al Assad en la guerra siria. Todos combatieron y combaten en el mismo bando.

El capitán Gholamreza Ghasemi, el piloto del avión varado en Ezeiza, cuando cumplía funciones de gerente de la empresa NAFT, luego bautizada como Karun Airlines, subsidiarias de Mahan Air del conglomerado manejado por la Guardia Revolucionaria iraní.El capitán Gholamreza Ghasemi, el piloto del avión varado en Ezeiza, cuando cumplía funciones de gerente de la empresa NAFT, luego bautizada como Karun Airlines, subsidiarias de Mahan Air del conglomerado manejado por la Guardia Revolucionaria iraní.

En este contexto es que se creó una alianza fuerte también entre sus servicios de inteligencia. Los tres países mantienen regímenes represivos que se apoyan en muy fuertes estructuras de espionaje. La Habana respaldó a Teherán cuando se produjeron las sucesivas represiones tras los fraudes electorales. Lo mismo hizo Teherán después de las protestas del 11 de julio del año pasado. El portavoz de la cancillería iraní, Saeed Khatibzadeh, denunció el apoyo de Estados Unidos al Movimiento de San Isidro y acusó a Washington de “tratar de interferir en los asuntos internos del país”.

Si bien en forma oficial el intercambio comercial entre ambos países aparece como magro, Cuba e Irán mantienen una fuerte cooperación de defensa e inteligencia. El caso mejor documentado data de 2003 cuando los iraníes operaron desde territorio cubano para obstaculizar las transmisiones por satélite con base en Estados Unidos hacia Irán. “Los cubanos tienen un servicio de inteligencia muy conocido y capaz sobre el terreno que puede proporcionar acceso, información y apoyo a otros que también tienen intereses similares como Irán, Venezuela y otras naciones hostiles a Estados Unidos”, explica la profesora Marzia Giambertoni de Brown University, en Providence

La Dirección de Inteligencia cubana -conocida como G2- fue armada y entrenada por la KGB soviética y la Stasi, el Ministerio de Seguridad del Estado de la ex Alemania Oriental, las agencias de inteligencia más fuertes del bloque socialista durante la Guerra Fría. La supervivencia del régimen cubano durante seis décadas puede atribuirse en buena parte a la capacidad de sus servicios de inteligencia para controlar la disidencia interna, consolidar el dominio político y mantener a raya a los rivales externos.

Una agente de la inteligencia cubana junto a uno de los típicos autos del G-2 que operan en La Habana. (Twitter)Una agente de la inteligencia cubana junto a uno de los típicos autos del G-2 que operan en La Habana. (Twitter)

La G-2 recluta entre los estudiantes universitarios prometedores y afines al partido Comunista, especialmente de los programas de ciencias sociales. Desde siempre actuó también a nivel internacional, primero apoyando a los grupos insurgentes marxistas en América latina, y después acompañando las intervenciones militares cubanas en África y otros conflictos de la Guerra Fría. También cuenta con varios campos de entrenamiento por donde fueron pasando aspirantes a guerrilleros desde los palestinos hasta los angoleños y desde los Pantera Negra estadounidenses hasta los Montoneros argentinos.

Con la llegada de Hugo Chávez al gobierno en Caracas en 1992 y su sucesor Nicolás Maduro, la G-2 penetró todos los estamentos de poder venezolanos. Los militares cubanos comenzaron a llegar a las bases venezolanas. Se adoptó una nueva doctrina militar, similar a la de La Habana. La formación ideológica y militar pasó a ser impartida por instructores cubanos. Además, con la ayuda de agentes cubanos, la comunidad de inteligencia venezolana -incluyendo sus ramas civil y militar- fue remodelada y depurada de funcionarios considerados “contrarrevolucionarios”. Incluso varios especialistas cubanos trabajan en el palacio gubernamental en tareas relacionadas con la protección del régimen y el análisis de situación. También crearon las FAES, las fuerzas de acción especial, los grupos de choque oficiales del régimen para eliminar disidentes.

En La Habana, el poder en las sombras de la relación cubano-iraní está protagonizado por el argentino Edgardo Rubén “Soheil” Assad, un viejo conocido de los servicios de inteligencia de todo el continente, “discípulo” de Mohsen Rabbani, el clérigo iraní implicado en el atentado de 1994 contra el centro cultural judío AMIA de Buenos Aires, en el que murieron 85 personas. El experto en el tema Joseph Humire lo calificó como “embajador en jefe informal de Irán para América Latina”. Fue el “pastor” de la muy pequeña comunidad shiíta cubana, integrada por unas 80 personas, hasta 2013 y desde entonces vive por temporadas en la ciudad sagrada shiíta de Qom con visitas prolongadas a la isla. Junto a Rabbani, dirigen el instituto cultural Al Mostafa donde estudian los latinoamericanos que quieren convertirse en clérigos islámicos de la rama del shiísmo. El centro Al Mostafa tiene unas 80 filiales o centros culturales en todo el continente. En varios informes presentados ante el Congreso estadounidense en la última década se los calificó como “centro de reclutamiento y operaciones de inteligencia iraní en la región”.

El agente de inteligencia cubano, Fernando Gonzalez, firma el libro de condolencias por el asesinato del general Qassem Soleimani, en la embajada de Irán en La Habana. REUTERS/Alexandre MeneghiniEl agente de inteligencia cubano, Fernando Gonzalez, firma el libro de condolencias por el asesinato del general Qassem Soleimani, en la embajada de Irán en La Habana. REUTERS/Alexandre Meneghini

Edgardo “Soheil” Assad es un hijo de inmigrantes libaneses en Argentina que regresó al país de sus padres cuando tenía 20 años. En los años 90, Assad frecuentaba la mezquita At Tauhid en el barrio de Floresta, en la capital argentina, cuyo líder espiritual era Rabbani. Su familia fue investigada entonces por presuntos vínculos con Nidal Bazoun, un miembro del Hezbollah, que estuvo en Buenos Aires cuando se produjo el atentado de la AMIA.

Soheil Assad tuvo un traspié con la inteligencia cubana cuando quiso entrar al país unos días antes de la histórica visita del presidente estadounidense Barack Obama en marzo de 2016. Los estadounidenses que siguen sus movimientos exigieron a sus pares cubanos que le negaran la entrada en ese momento. “Fue un pequeño malentendido”, dijo después Assad cuando regresó a la isla para reconectar con su comunidad y amigos en los más altos estamentos cubanos a quienes visita, al menos, dos veces al año.

Es en esa red de shiítas cubanos liderados por el argentino Soheil Assad donde se mueven los agentes especiales iraníes que viajan permanentemente entre La Habana y Caracas, donde luego toman algunos de los dos vuelos semanales de Mahan Air a Teherán. Por allí podría haber ingresado Mohammad Khosraviragh, el copiloto del avión del Boeing de la aerolínea Emtrasur retenido en Ezeiza y que, de acuerdo al presidente de Paraguay, Mario Abdo Benítez, se habría sometido en Cuba a una cirugía plástica para cambiar la fisonomía de su rostro. En la causa que lleva el juez argentino Federico Villena, se denunció el lunes pasado que “el verdadero apellido del copiloto es `Khosrviragh´” y que supuestamente se trataría de un alto cargo de la Fuerza Quds de Irán quien trabajó muy cerca del asesinado general Qassem Soleimani y que estaba a cargo de “las fuerzas especiales externas” como las que actúan en Cuba y Venezuela.

 

 

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UN NUEVO INFORME DE LA ONU DENUNCIÓ MÁS CASOS DE TORTURAS Y DETENCIONES ARBITRARIAS EN VENEZUELA

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El documento abarca el período entre el 1 de mayo de 2021 y el 30 de abril de 2022 y se centra en acontecimientos relacionados con los derechos económicos, sociales, culturales y ambientales, el estado de derecho y el espacio cívico.

El Consejo de DDHH de la ONU, en un un nuevo informe al que tuvo acceso Infobae, denunció más casos de torturas, detenciones arbitrarias y persecución a la oposición en Venezuela. Además, señaló graves errores cometidos por el régimen de Nicolás Maduro para hacer frente a la emergencia sanitaria por la pandemia de COVID-19.

El informe abarca el período entre el 1 de mayo de 2021 y el 30 de abril de 2022 y se centra en acontecimientos relacionados con los derechos económicos, sociales, culturales y ambientales, el estado de derecho y el espacio cívico, y el nivel de aplicación de las recomendaciones correspondientes emitidas por la Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos (ACNUDH).

El informe documentó torturas a 14 personas privadas de libertad durante el período que abarca la investigación. Además, señala estigmatización, criminalización y amenazas contra voces disidentes, la sociedad civil, medios de comunicación y sindicalistas.

“Durante el período que abarca el informe, el ACNUDH documentó 154 casos, incluidos 46 casos de penalización, 26 relatos de amenazas y hostigamiento, 11 actos de violencia y 71 casos de estigmatización de personas defensoras de los derechos humanos, periodistas y otros miembros de la sociedad civil”, dice el informe.

La ACNUDH señala también 35 casos de violación del derecho a la libertad. Y denuncia que al menos 22 personas seguían sometidas a medidas coercitivas más allá de los límites establecidos en la legislación venezolana.

El ACNUDH siguió documentando casos de violaciones del derecho a la libertad de opinión y de expresión que afectan a periodistas, trabajadores de los medios de comunicación y medios de comunicación, personas defensoras de los derechos humanos y representantes de la sociedad civil. Se documentaron 34 casos, entre ellos hostigamiento, censura y confiscación de equipos de medios de comunicación. El ACNUDH siguió registrando relatos de autocensura por temor a represalias”, señala el informe.

Militares de la Dirección General de Contrainteligencia Militar (DGCIM), en una fotografía de archivo. EFE/Rayner Peña R.

Militares de la Dirección General de Contrainteligencia Militar (DGCIM), en una fotografía de archivo. EFE/Rayner Peña R.

El informe ahonda en las violaciones de derechos humanos cometidas por el régimen de Maduro.

La ACNUDH mostró su preocupación por el uso de la legislación antiterrorista y contra la delincuencia organizada que atenta contra el trabajo legítimo de los defensores de los derechos humanos y los trabajadores de los medios de comunicación.

El informe también denuncia los vínculos abiertos de varios magistrados, incluidos los suplentes, con el chavismo, ya que esas relaciones plantean preocupaciones sobre la independencia del poder judicial y la separación de poderes.

“El ACNUDH documentó la detención arbitraria de al menos 13 personas, incluidas dos mujeres, entre el 9 y el 13 de julio de 2021 en Caracas, y entre agosto y septiembre de 2021 en los estados de Apure y Táchira durante operaciones de seguridad”, dice el informe.

Además, denuncia que no se tiene acceso a información pública y desglosada sobre la implementación del Plan Nacional de Vacunación contra el COVID-19.

“La pandemia de COVID-19 agravó un sistema de salud ya frágil. Se siguió reportando la falta de medicamentos, suministros y suficiente personal calificado en el sistema de salud, afectando en particular el acceso de mujeres y niños a una atención médica adecuada, incluido el tratamiento especializado para niños y niñas con enfermedades crónicas y la vacunación contra enfermedades prevenibles, y la salud sexual y reproductiva de mujeres y adolescentes. Según se reporta, los centros de salud se han visto afectados por apagones regulares, lo que ha impactado la prestación de servicios a los pacientes”, denuncia el informe.

FUENTE : INFOBAE

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