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Opinión

Carta abierta a CFK por los 44 del ARA San Juan

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Carta abierta a CFK por los 44 del ARA San Juan
Señora:
Cuando le escribí mi primera carta abierta, hace ya algunos años, supuse que no sería la última vez que yo fuera comunicarme con usted bajo esta modalidad epistolar. Tuve la mala espina de que usted seguiría dándome motivos para correr los dedos sobre el teclado con la iracundia con la que en este mismísimo momento escribo.

Sin embargo, señora, no vaya usted a creer que mi iracundia irá por el camino del insulto. No, no, nada de eso. No tendrá usted la suerte de que yo la insulte. Sabe qué ocurre? Que el insulto es el pobre argumento de los que no pueden elevarse sobre su furia, y yo tengo entendido que soy más que mi peor furia. Y tengo unas cuantas cosas para decirle. Es decir, argumentos es lo que me sobra. Educación también, así que tranquila.

Le cuento algo casi en tono intimista, aunque usted y yo nunca hemos sido muy cercanas que se diga: hoy comprobé que ningún periodista renuncia a su esencia de comunicador, aunque resista el oficio y el trabajo cotidiano. Así como el escorpión no puede dejar de asestar su picadura mortífera, un periodista no puede dejar que la historia se acumule minuto tras minuto, y quedarse como si la nada misma ocurriera, neutral, impávido, sin otra cosa que hacer que presenciar. Gracias por la parte que le toca de esta suerte de epifanía tan personal en este día tan colectivamente trágico: soy periodista y moriré periodista, y me urge escribirle. De allí esta carta abierta.
Están muertos, señora. Están muertos. ¿Qué siente usted ante esta frase tan definitiva?  No sé porqué estoy dando por sentado que usted pueda sentir algo. No es especulación maliciosa de mi parte: es que sentir lleva a actuar en consecuencia, y si usted hubiera sentido cuando debía sentir, si usted fuera una persona con sus emociones conectadas a las responsabilidades superlativas que tuvo, usted hubiera dispuesto que algunas cuestiones fueran diferentes. Y nos hubiéramos evitado el inenarrable dolor presente.

Por ejemplo: usted no hubiera dejado reducido el presupuesto de Defensa al valor del cotillón de un cumple de su nieto. 0,9 por ciento del Presupuesto, el menor de América Latina: la mitad del de Chile, casi un tercio del de Colombia. Usted dejó una carcasa vacía, una puesta en escena para la gilada, para la foto con los almirantes y su amada Nilda, pero por dentro, nada. Nada de nada, como en su corazón. Ni un mango para ningún otro requerimiento que no fueran salarios ni mantenimiento edilicio.

Este submarino tendría que haber sido reparado durante su gestión a nuevo por completo en Alemania, de donde es originario. Entró a dique seco aquí nomás, a unos metros de mi casa, y algunas cositas se hicieron. Pero es una nave cuya energía vital, en términos de navegación y supervivencia de sus tripulantes, las proveen las baterías. Hoy ha dicho la empresa constructora que las baterías no fueron cambiadas. No obstante, usted se dio el gusto de decir para, insisto, las cámaras a las que tan afecta es, “al agua pato” cuando la nave se hizo nuevamente al mar. Así, con esa ligereza, como si usted fuera una niña celebrando la flotabilidad de su nuevo chiche.

Usted sabía que todo esto podía pasar. Usted sabía. No podía ignorarlo. O, más adecuadamente, no debía ignorarlo. Sé que no es una comparación muy viable ya que no es usted de costumbres sencillas, pero en una casa pasa más o menos lo mismo: cuando no hay dinero disponible y no se hacen las tareas de mantenimiento indispensables, la estructura se resiente, se resquebraja, las paredes se ajan primero, se rajan después. Y a veces sobreviene la tragedia si es que se decide permanecer bajo esos techos que ya no resguardan ni protegen.

Los 44 embarcados en el ARA San Juan creían que el submarino era su casa, su hogar. Allí pasaban gran parte de su vida, allí enhebraban los sueños del retorno a tierra firme. Descarto que allí se casaron antes de casarse, fueron padres antes de serlo, compraron un auto aún antes de comprarlo. Allí, donde empiezan los sueños, en la fantasía que suele proponer la soledad de un camarote breve, de un cuarto de máquinas ruidoso, de una comida entre camaradas. No contaban con que su egoísmo, su falta de compasión disfrazada de ideología setentista resentida, les iba a costar todos esos sueños. Y la vida entera.

Esto es, lisa y llanamente, un crimen de lesa humanidad, señora. Lesa significa agraviada, y en esta comprensión negligente, deformada en su auténtica naturaleza, retorcida y perversa que usted ha sabido exhibir en los temas sensibles del Estado, se esconde un crimen, una injuria severa a esta parte de la humanidad que hemos dado en definir como la República Argentina.

Hoy, jueves 23 de noviembre de 2017, día en que en algunos países del mundo a nuestro servicio de rescate se celebra Acción de Gracias, los argentinos “celebramos” los fatales coletazos de su irresponsabilidad criminal. Ya no es sólo lo que pasa sobre la superficie -Once, para no agobiarla con tanta lista –pero hay una extensa lista-, ahora se suma esto que nos ha ocurrido en las profundidades de nuestro Mar Argentino, tan fructífero, tan dador de vida, y ahora, gracias a usted, la tumba final de 44 argentinos comprometidos con su profesión, confiados, servidores de una Patria a la que usted le ha fallado tantas veces y por tantos miles y miles de pesos.

Mucho me temo que ya no hay lugar para la esperanza en este país. Ni para los milagros. Y no hablo de los 44 tripulantes del ARA San Juan, que están muertos. Lo saben los familiares, lo sabemos todos. No. Hablo del milagro de que los ciudadanos de pie, los votantes, los contribuyentes, los que no vamos de un sitio a otro en auto blindado o en helicóptero, no tenemos cuentas off shore ni hoteles hechos con la plata que no se puso en las escuelas, hospitales y rutas, se lo demandemos. Tenemos dos opciones: en las urnas y a través de una herramienta republicana maravillosa, en la que todavía tenemos un residuo de fe: la justicia.

No quiero verla más en misa posando una empatía que claramente no tiene. La quiero ver presa, discúlpeme el exabrupto. La quiero ver procesada y condenada por 44 crímenes de lesa humanidad. Usted y su esposo arrancaron bajando cuadros de la ESMA –como si esa acción proselitista para sí mismos hubiera significado algo más que una bravuconada- y hoy se cargaron a los 44 del ARA San Juan. Sin eufemismos: se los cargaron.

La quiero ver presa.

Aún así, la saludo respetuosamente,Viviana Hernández, periodista, argentina.

 

Foto Seprin

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Opinión

El gobierno se aleja cada vez más del «fifty-fifty» de Perón

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Todos somos peronistas» decía con sorna Juan Domingo Perón cuando se trataba de definir la composición política de la sociedad. Ahora debería agregar «menos los que juran serlo».

Parece insólito pero es verdad: en 2017, pleno gobierno de Mauricio Macri, datos del Indec sostenían que la Argentina había alcanzado el anhelado «fifty-fifty» que proponía Juan Domingo Perón, por el cual trabajadores y empresas se repartían en partes iguales los ingresos que genera el país.

Hoy, con un gobierno que se define como peronista, los asalariados perdieron participación en la distribución del ingreso, mientras el sector empresarial avanzó, según surge de una estadística del mismo instituto..

La participación de los asalariados retrocedió del 49,8% al 46,1% sobre la riqueza total.

La comparación surge del informe del INDEC «Cuenta de generación del ingreso e insumo de mano de obra».

Allí se detecta que el trabajo independiente mostró un leve ascenso en la distribución de la torta, al pasar del 16,2% al 16,4% en la participación sobre la distribución de la riqueza. La masa salarial, en tanto, tuvo un retroceso del 6,8%, con una inflación interanual que se ubicó en el 42,6%.

El informe revela además, un crecimiento de 5 puntos porcentuales en la participación del sector empresarial, que avanzó del 35,2% al 40,2%.

En tanto, de acuerdo con las cifras oficiales, el excedente de las compañías creció 15,3%.

En 1973 el entonces presidente visitó la CGT (foto principal) y en su discurso dijo respecto de las ganancias: «el gobierno se ocupará de que sean distribuidas con justicia entre todos los que la producen. Sin colateralismos y sin ninguna ficción. Fifity y fifty, como dicen. Mitad y mitad». Cuando el 24 de marzo de 1976 se produjo el golpe que derrocó a su esposa María Estela Martínez el objetivo se había logrado.

Ello se volvió un principio irrenunciable para el peronismo – de hecho Hugo Moyano, siendo Secretario General de la CGT lo exigió en varias ocasiones a los sucesivos gobiernos- pero ahora, en medio de consignas y relatos en los que el trabajador pareciera estar en el centro de la escena- la administración que encabeza Alberto Fernández y conduce Cristina Fernández de Kirchner se aleja paulatinamente de aquel objetivo.

Y según los expertos del propio Indec ello se debe a la transferencia de recursos del sector trabajador al mantenimiento de los subsidios y planes sociales. Es decir que el gobierno descansa todo el esfuerzo sobre las espaldas de los asalariados y deja afuera de semejante ajuste al capital, algo inentendible en cualquier sociedad moderna y mucho menos en un estado que dice ser gobernado por el justicialismo.

Pero esto es lo que muestran los fríos números y las estadísticas. Cosas de un país en el que nada es lo que parece…

FUENTE : LIBRE EXPRESION

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Opinión

Guillermo Moreno: “El gobierno de Alberto Fernández es peor que el de Mauricio Macri”

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El ex secretario de Comercio del kirchnerismo se refirió en duros términos al Poder Ejecutivo al criticar cómo gestionó la pandemia y la coyuntura económica

El presidente Alberto Fernández volvió a recibir munición gruesa de fuego amigo. Primero fue el ministro de Seguridad de la provincia de Buenos Aires, Sergio Berni, que cuestionó en público al jefe de Estado y a sus ministros. Ahora se sumó Guillermo Moreno, un dirigente que si bien nunca se mostró afín a este Gobierno, comparte con Fernández la pertenencia a las administraciones de Néstor y Cristina Kirchner.

Sin pelos en la lengua, el ex secretario de Comercio criticó sin reparos la gestión de la pandemia y el rumbo económico hasta tal punto de considerar al gobierno de Alberto Fernández “peor” que el de Mauricio Macri, máximo oponente político del peronismo en los últimos años.

Yo pensé que el peor gobierno iba a ser el de Macri. Este es peor que el de Macri. Dije toda la vida que Macri era un inútil y un vago cuando todos se callaban. Yo pensé que su gobierno había sido el peor, pero este es aún peor”, aseguró Moreno en diálogo con el periodista Daniel Tognetti en AM 530.

Otros tiempos. Alberto Fernández y Guillermo Moreno en una reunión con la entonces presidenta Cristina KirchnerOtros tiempos. Alberto Fernández y Guillermo Moreno en una reunión con la entonces presidenta Cristina Kirchner

El ex funcionario hizo una cruda radiografía de la coyuntura. “El déficit fiscal va a terminar el año en 12 puntos, el año pasado fue de 14, que es el número que tuvo Alfonsín cuando se tuvo que ir, y tenés un desorden en las cuentas externas; eso es brujería, no es economía”, introdujo.

Y desarrolló: “El Banco Central se transformó en una mesa de dinero, que existen en el sistema financiero pero son marginales, pero ahora resulta que el Banco Central se dedica a comprar bonos, cambiarlos por pesos, después por dólares… Eso no es economía, ni siquiera un sistema financiero; eso es una payasada”.

De acuerdo con su visión, que pretende plasmar durante las elecciones con una candidatura a diputado nacional en la provincia de Buenos Aires, los problemas económicos se solucionan aplicando recetas que fueron exitosas en el pasado.

“Hay que hacer lo que hicimos nosotros. ¿Por qué Alberto no hace lo que hicimos? O no entendió lo que hicimos o tiene otras ideas. Él no es peronista, es socialdemócrata, no quiere hacer lo que hizo un gobierno peronista exitoso. No hay nada que inventar: hay que gastar menos de lo que recaudás y venderle al mundo más de lo que le comprás y ahí generás los elementos ordenadores de la economía”, planteó.

Moreno recomendó además declarar la emergencia en seguridad. Dijo que Fernández tiene que hacerse cargo del problema y ponerle el cuerpo a la situación, asumiendo el control de las fuerzas federales y de las policías provinciales.

El que no se quiera hacer cargo de la seguridad de su pueblo que no sea presidente. Esto se resuelve poniendo el cuerpo, no hay que estudiar, no hay que hacer ningún mapa. Se sabe dónde están los muchachos. Hay que hacer lo que hay que hacer. No es un problema de inteligencia policial que a vos se te terminen los motochorros”, dijo.

Y ejemplificó: “El Presidente puede resolver el tema de los Monos en Rosario en 15 minutos”.

La gestión de la pandemia

Moreno recordó que hace un año había advertido que en caso de no adoptar las medidas necesarias, el país se quedaría sin salud y sin economía, y lamentablemente -a su criterio- ambos pronósticos se cumplieron.

Hoy tenés 100 mil muertos y los indicadores dicen que es uno de los peores países del mundo que administró la pandemia”, aseguró.

“Alberto Fernández tenía que evitar el miedo, no asustar al pueblo; fortalecerla no solo de cuerpo, sino también de alma, con iglesias abiertas, misas en las plazas, las vírgenes circulando; tenés que cuidar la salud mental de la familia y del pueblo, conversar con los sociólogos que son los que entienden y finalmente ocuparse de algo tan importante como es la economía, con empresarios y sindicalistas”, analizó.

Y resumió: “El presidente asustó al pueblo, no se ocupó de la salud mental de las familias, no se ocupó de la comunidad, no se ocupó de los servicios religiosos y no se ocupó de la economía. ¿Cómo terminás? Un desastre. Destruiste la economía y la salud”.

 

FUENTE : INFOBAE

FOTO TAPA : TRES LINEAS

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Opinión

El 9 de julio que hicieron los patriotas y usaron los políticos

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San Martín, Belgrano, Güemes, Artigas y Juana Azurduy construyeron un escenario para que algunos hiciesen algo grande con diminutas intenciones. Nacía la política de élites
Artigas: siempre fue rioplatense A pesar de los esfuerzos de la historia oficial de la otra orilla del Plata por presentarlo como “uruguayo”, con el respaldo generoso de Bartolomé Mitre y Vicente Fidel López, deseosos de dejar fuera de su construcción histórica de la Nación a un personaje tan incómodo, Artigas siempre se sintió rioplatense.

En 1816, tropas portuguesas y brasileñas invadieron la Banda Oriental, con la complicidad del gobierno del director supremo Juan Martín de Pueyrredón, que alentó dicha iniciativa a través de su embajador, el nefasto Manuel García.

Artigas luchó en forma heroica hasta 1820 pero ello lo apartó de las jornadas históricas de Tucumán en las que, a instancias de Buenos Aires, se le impidió a la Banda Oriental enviar diputados para cumplir el sueño de su caudillo y líder: una nación del Plata, única y solidaria.

El 6 de julio de 1816, tres días antes de declararse la independencia, Manuel Belgrano, que había regresado de un viaje a Europa en misión diplomática, fue invitado por el Congreso para informar sobre las formas de gobierno y expuso su opinión ante los diputados.Belgrano se vistió de militar y jugó en el campo su patriotismo

Consideraba que lo conveniente era preservar a la región del Plata a través de la declaración de su independencia y del establecimiento de un modo de gobierno monárquico moderado que pudiera ser reconocido por la mayoría de las potencias europeas.

Del mismo modo suponía que tal tipo de gobierno mantendría, como ocurría con Brasil, unificada a la enorme extensión territorial de las provincias liberadas, que habían integrado el antiguo virreinato rioplatense y que se encontraban habitadas por diversos pueblos que estaban secularmente en conflicto.

Ya había regado con su propio esfuerzo la emancipación del país en las gloriosas jornadas de Tucumán y Salta en 1812, en las dolorosas derrotas de Vilcapugio y Ayohúma y en la épica del Éxodo Jujeño. También había conocido la mezquindad del poder porteño, sometido a juicio y al escarnio de quienes le habían encomendado una conducción militar para la que no estaba preparado pero sostuvo con un heroísmo que le permitió detener a los españoles y dar a los congresistas tucumanos tiempo y chances y a San Martín espacio para avanzar sobre Chile y el Perú. ¿Alguien más que él para opinar sobre el futuro de la Patria

Juana Azurduy: siguió a su esposo por amor y lo heredó por corajePara que los diputados electos del Alto Perú pudiesen llegar a Tucumán y para que los ejércitos realistas detuviesen su avance sobre el territorio del país fue necesario que Juana Azurduy, heredera de las republiquetas de su difunto esposo Manuel Ascencio Padilla, muerto ese mismo año de 1816, y Martín Miguel de Güemes en Salta asediasen con sus gauchos y sus indios a los veteranos soldados de Fernando VII y los mantuviesen lejos de los objetivos buscados.

vaya si lo lograron, aunque para ello el caudillo de «Los Infernales» debió dejar su propia vida y con ella la protección a la «flor del Alto Perú» que terminó sus días en la pobreza y soledad más absoluta, a la espera de un reconocimiento que tardó casi un siglo en llegar. Güemes y San Martín: nadie entendió la estrategia y el objetivo como ellos dos

Y como pistón de tanta lucha por la libertad y lindependencia, José de San Martín tomando la posta del Ejército del Norte, proveyendo y sosteniendo a Güemes y avanzando primero sobre Chile y después sobre el Perú para consolidar la emancipación de América del Sur.

Un afiatado mecanismo de reloj, con piezas que llevan el nombre propio de Artigas, Güemes, Belgrano, Juana y San Martín, sin los que nada de todo ello sería posible.

No es casual que la ingratitud haya coronado el final de cada una de sus vidas y que los cagatintas porteños hayan escrito una historia mentirosa y amañada que si no logró cubrirlos de olvido fue por lo gigantesco e inocultable de sus obras.

Pero que explica a las claras el destino de este pobre país en el que sus mentes más brillantes y sus patriotas más heroicos jamás fueron escuchados…

Por Adrián Freijo –

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