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Opinión

Alberto dejó en claro que la grieta goza de buena salud

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El presidente eligió centrar su discurso en denuncias contra la anterior administración y la descalificación de la oposición. Lo electoral superó al sentido común.

Un discurso casi de barricada, centrado en la descalificación de la oposición y una crítica cerrada que no solo abarcó a la administración anterior sino que se remontó hasta los tiempos del megacanje de Fernando De la Rúa y disparó la novedad de el inicio de una querella criminal contra quienes asumieron la deuda externa en tiempos de la presidencia de Mauricio Macrifue la respuesta de Alberto Fernández a quienes aún dudaban sobre el tono de su mensaje en la apertura del año legislativo nacional.

Insistiendo reiteradas veces en un supuesto espíritu conciliador -al que demolía sistemáticamente con sus denuncias, sus descalificaciones y en no pocos casos claras tergiversaciones de los hechos- el mandatario cerró la puerta a cualquier instancia de diálogo, poniendo seriamente en duda la posibilidad de constituir el Consejo Económico Social en medio de semejante clima de conflicto, aunque sobre el final de su alocución intentó esgrimirlo como el camino a seguir.

Pocas veces un presidente utilizó este tipo de actos y ese recinto para romper lanzas tan violentamente con los opositores. Todo en Alberto Fernández pareció resumir el conocido pensamiento de Cristina Kirchner y su convicción de que la ruptura con quienes no acompañan el pensamiento y acción de gobierno es el único camino viable hacia el éxito del sector que representan.

La primera conclusión sería que en esta Apertura del 139º período de sesiones ordinarias el ocupante de la Casa de Gobierno rindió definitivamente sus módicas banderas de independencia y enterró el nonato «albertismo» hasta nueva oportunidad. Cada mandoble contra los opositores se constituyó entonces en una promesa de lealtad a «la Jefa» y en una puerta abierta a un país que deberá acostumbrarse a una larga campaña plagada de descalificaciones, persecuciones y pérdida de calidad institucional.

Desde el inicio del discurso fue posible entender lo que venía: el jefe de estado solo dedicó algunos minutos al grave asunto de las vacunas VIP y lo hizo para resaltar que todo lo realizado por él y su gobierno fue lo correcto, mientras que la oposición exageró algo que no iba más allá de algún error puntual. Frente al escándalo nacional Alberto optó por avisar que todos estaban equivocados…menos él.

«Si se cometen errores, la voluntad del Presidente es corregirlos de inmediato», dijo el mandatario para dar por zanjada la cuestión y comenzar sus ataques a todos los que piensan distinto al respecto y consideran que el único esfuerzo oficial estuvo destinado a esconder los hechos y minimizar el daño.

Y punto…tema superado y a otra cosa.

Tras fijar su belicosa posición el presidente comenzó a desgranar el largo informe de lo hecho y lo por hacer, aunque ya nadie prestaba atención a un aspecto casi burocrático que la historia ha dejado en claro que no suele ser más que un cúmulo de buenas intenciones. La suma de los informes de cada ministerio suele convertirse en una especie de pintura angelical de una república a la que sus habitantes perciben diabólica; y como nadie se toma jamás el trabajo de comparar entre lo prometido y lo realizado, estos discursos solo sirven para dejar una imaginaria muestra de un país que en realidad no existe.

Pero si algo era esperado era el punto referente a la reforma del Poder Judicial. Y Alberto no se hizo desear…

«El Poder Judicial de la Nación está en crisis» comenzó afirmando, para desgranar lo que a su juicio son privilegios de sus miembros. Claro que no olvidó lanzarse contra los miembros de la Corte Suprema a la que acusó de provocar «hechos llamativos» que los medios concentrados se dedican a esconder, pidiendo además la detención del fiscal Stornelli. Y habló de un entramado entre jueces, fiscales y periodistas para perseguir y espiar opositores, dictando teórica sentencia en una cuestión que aún está en etapa investigativa. 

Para terminar de clarificar el sentido de sus palabras pidió al Congreso que asuma el control del Poder Judicial, en lo que no puede dejar de mirarse como una ruptura fáctica de la independencia de poderes. Pero…¿alguien podía dudar de que esa demanda llegaría de la boca del presidente con la principal interesada en «domar» a la justicia sentada a su izquierda y Sergio Massa, al que le señaló la demora que sus proyectos de control tiene en Diputados, a su derecha?.

En el recorrido de las obras realizadas y por realizarse -con mayor presencia de estas últimas ya que mucho se insistió en el discurso en el freno producido hasta ahora por la pandemia- Fernández no dejó de comparar sus prioridades e intenciones con las de la anterior administración, lo que disparó más de un incidente verbal en el recinto con las respuestas desde el estrado incluidas. Algo que pareció resultar cómodo para la intención del orador que no era otra que comenzar a ser mero representante de uno de los sectores en violenta pugna en la Argentina.

Tal vez la única excepción a la regla, en un tema que despierta un interés directo en la población en su conjunto, fueron los anuncios acerca de un nuevo sistema de cálculo de tarifas de servicios públicos y la aparente prolongación en el tiempo de una política moderada de actualización -habló de un debate parlamentario que no podrá resolverse en lo que queda del año- aunque nada quedó puntualmente claro acerca de como sigue esta traumática historia que afecta cotidianamente a los argentinos. Habrá que esperar las aclaraciones pertinentes.

Mucho se dirá y se escribirá sobre los anuncios puntuales, que ciertamente parecieron disociados de la realidad que viven los ciudadanos, pero todo ello quedará eclipsado por el mensaje más nítido que dejó la apertura de sesiones: Alberto ha renunciado a su vocación de cerrar la grieta -si es que alguna vez existió esa intención- y se prepara a ser parte activa de los enfrentamientos que vienen.

Claro que siguiendo su ya vieja costumbre, concluyó presentándose a sí mismo como «el hombre que sembró la semilla de la unidad del país». Algo difícil de entender después de tanto mandoble y descalificación volcados en el discurso.

Y eso solo, es suficiente para que la sociedad comience a preocuparse.

Por Adrián Freijo –

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Malestar de empresas y profesionales de la salud por las declaraciones de Alberto Fernández: “El sector nunca se relajó”

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El Presidente señaló que el sector privado priorizó atender necesidades quirúrgicas que podían esperar. Los médicos iniciaron una campaña en redes sociales con fotos y fuertes críticas al jefe de Estado

Durante el anuncio de las nuevas medidas restrictivas, el presidente Alberto Fernández apuntó contra el sector privado de la salud por el aumento del porcentaje de ocupación de camas de terapia intensiva, ya que consideró que cuando comenzaron a disminuir los contagios, el sistema priorizó atender “otro tipo de necesidades quirúrgicas que podían esperar”.

La frase del presidente “el sistema sanitario también se ha relajado” impactó en las empresas del sector y también en los médicos y profesionales de la salud. Aunque luego, este jueves, en declaraciones radiales, el presidente señaló que se refería “al relajamiento de las clínicas que creyeron que era un buen momento para avanzar en atenciones quirúrgicas que en otro momento suspendieron”.

Las instituciones están de hace ya algunas semanas abocadas a la desprogramacion de internaciones postergables. El gran limitante es el personal calificado (Barbagallo)

Desde el sector privado señalaron que el sistema de salud se encuentra saturado y con serio riesgo de desborde. “Las instituciones están de hace ya algunas semanas abocadas a la desprogramacion de internaciones postergables, la ‘medicalización’ de hoteles para concentrar allí personas con bajos síntomas de Covid y la complejizacion de camas comunes en camas de UTI. Se están admitiendo personas en sectores que habitualmente no están destinados a la atención crítica. El gran limitante es el personal calificado. Por eso creo que algunas medidas que bajen los contagios eran muy necesarias”, explicó a Infobae Gabriel Barbagallo, secretario de la Unión Argentina de Entidades de Salud (UAS).

Sobre la frase del presidente, consideró que no fue oportuna. “Si hay un sector que nunca se relajó, incluso en meses de verano, fue el sector de la salud público y privado. Quizás fue un error de expresión. Hay internaciones impostergables. Por ejemplo partos y cesáreas”, agregó. Ahora, la gran preocupación del sector es qué puede pasar si estas medidas no alcanzan para aliviar al sistema sanitario.

Decir que el sistema de salud se ha relajado es una falta de respeto a los trabajadores de la salud que vienen trabajando incansablemente desde marzo del 2020 sin vacaciones y poniendo todo su esfuerzo al servicio de los pacientes. Revela también un desconocimiento de la operatoria del sistema especialmente en el sector privado”, indicó Miguel Blanco, director general de Swiss Medical Group.

“En cuanto a las medidas, considero que deberían establecerse mayores restricciones especialmente en reuniones en lugares cerrados y marchas multitudinarias donde no se ve ninguna intención del Gobierno de restringirlas ni de desalentarlas. En mi opinión personal no veo justificado el cierre de escuelas, donde los contagios son mínimos y ocurren fuera de los establecimientos, ni de las actividades que han establecido protocolos que han funcionado bien como ocurre en hoteles, restaurantes, fábricas y otras actividades productivas. Este puede ser un golpe letal a esas actividades que ya venían muy golpeadas y que sin ayuda pueden sucumbir si ya no lo hicieron”, agregó Blanco.

“Esta expresión del presidente es una idea mal expresada. Es como decir que los bomberos se han relajado atendiendo incendios en otra parte de la ciudad. El sistema de salud se ocupó, sin relajarse, de atender las necesidades médicas de la población, postergadas por motivo de la atención de la primera ola de la pandemia. El sistema de salud es polivalente y universal y no monovalente para atender una sola enfermedad y no puede ni debe discriminar a los pacientes que concurren a pedir asistencia”, explicó Ricardo Lilloy, presidente de la Cámara de Entidades de Medicina Privada de la República Argentina (Cempra).

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Alberto Fernández habló sobre la relajación del sistema sanitario

“Hay muchas dolencias tanto o más graves que deben ser atendidas y eso estamos haciendo. Ahora estamos atendiendo las nuevas urgencias con criterios médicos y éticos de valor universal. Por otro lado, es un poco una falta de respeto a profesionales y personal de salud, que agotados luego de la primera ola, continuaron y continúan atendiendo la demanda de atención. Creo que al presidente lo exime de recriminación su carácter de no especialista en la materia”, agregó Lilloy.

El enojo de los médicos en las redes

Las declaraciones del presidente sobre el sistema de salud generaron enojo de los profesionales del sector, con críticas que se multiplicaron a través de las redes sociales.

Críticas de los profesionales de la salud en las redes sociales Críticas de los profesionales de la salud en las redes sociales

El mensaje de un cirujano cardiovascular de Mendoza fue claro y contundente a la hora de expresar la sensación que provocaron las palabras del presidente Alberto Fernández: “Qué falta de respeto tan grande decir que el sistema de salud se relajó. Llevo un año intubando y ventilando pacientes covid. Los relajados fueron vos y tu gobierno de científicos, que no tomaron una sola medida conducente en más de un año. Eso sí, se vacunaron ustedes primero”.

Soy médico de Salud Pública, trabajo 68 horas por semana en guardias de emergencias. Y lo que se me ha relajado es el esfínter, por escuchar estas boludeces. Lo que está colapsada es la paciencia de la gente, que tiene que lidiar con turnos eternos para ser operados”, se quejó otro profesional de la salud.

FUENTE : INFOBAE

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El presidente en un laberinto del que parece no querer salir

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Alberto Fernández aparece como un hombre espasmódico, inseguro, tenso y hasta fuera de sí. Ya no puede ocultar su debilidad y nadie atina a saber si podrá o querrá salir de su encierro.

Alberto Fernández no encuentra el rumbo de su gobierno y aparece cada día más solo y enfrentado a la sociedad. Su propia lógica confronta siempre con el cristinismo duro  e invariablemente pierde la pulseada y lesiona su credibilidad.

Esta tensión constante parece hacer mella en su capacidad de discernimiento y ya en las últimas semanas se ve un mandataria espasmódico, crispado y por momentos con gestos que parecen anticipar un hartazgo peligroso de las funciones que la sociedad le ha encomendado.

A ello debe agregarse que los intereses sectoriales, nada lerdos a la hora de observar la debilidad del poder, avanzan peligrosamente sobre la imagen presidencial cuando se trata de lograr sus objetivos se trata. El caso de los docentes es emblemático: exigieron vacunas para volver a las aulas y una vez conseguidas e inmunizados exigieron cerrar la escuelas. Si ese no es un abuso …

Nadia en las cercanías de Alberto parece dar la altura de las responsabilidades que le corresponden. La impericia del Jefe de Gabinete Santiago Cafiero es de una magnitud inimaginable. Ayer, por solo citar un ejemplo, se olvidó de incluir los shoppings en la batería de medidas que el presidente iba a anunciar y así lo obligó a tener que hacer hoy una aclaración que hasta sonó ridícula.

Y todo así…hace una semana lanzó irresponsablemente el desafío a los gobernadores invitándolos a salir a comprar vacuna; algo que desde el inicio de la pandemia estaba expresamente prohibido: el propio gobierno había afirmado que ello estaba reservado a gestiones de estado a estado.

Mientras otros ministros, como Carla Vizzotti y Nicolás Trotta, miran azorados como se los ignoró a la hora de tomar decisiones que afectaba a sus carteras y a su propia credibilidad. Durante 48 hs. estuvieron afirmando cuestiones vinculadas a las restricciones y a la educación que luego fueron demolidas por la decisión presidencia.

Arrastrado por las inquinas de su vicepresidente, Fernández aparece hoy enfrentado con la Corte, con los jueces, con varios gobernadores -especialmente con Horacio Rodríguez Larreta a quien poco a poco va convirtiendo en víctima de una persecución que ya es imposible disimular- con más de la mitad de los países de América Latina a los que agrede constantemente para cumplir el mandato de su jefa de lanzarse en brazos de Venezuela, Nicaragua y Cuba y, pese a los esfuerzos del mismo gobierno de EEUU y de la canciller alemana Angela Merkel, con los centros financieros internacionales a los que en pocas horas más Argentina volverá a defraudar tras el fracaso de las negociaciones por la deuda.

Y es que un cuestionado Martín Guzmán está realizando su gira de convencimiento desde una doble posición de debilidad: sus interlocutores saben que a ese hombre que tienen sentado enfrente ya le están buscando reemplazante en Buenos Aires y la propuesta que el joven economista lleva no tiene punto de contacto con las aspiraciones de los acreedores y ni siquiera con lo que sus propias cartas orgánicas le permite aceptar al FMI o a Club de París.

Alberto Fernández se ha perdido en su propio laberinto y no encuentra la forma de salir y retomar el rumbo.

La pregunta es…¿quiere hacerlo?.

FUENTE : LIBRE EXPRESION

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A Mauro Viale lo mató el enemigo al que intentó combatir

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Es muy triste despedir a un profesor, pero es trágico despedir a un alumno que luego fue discípulo. Murió disfrutando la plenitud de su vocación. Murió cuando todavía estaba siendo
Mauro Viale tenía 73 años

Resulta increíble pero Mauro murió de temor. Durante más de un año comunicó su miedo al COVID-19 y trató de transmitirle a la comunidad que veía sus programas su propio pánico. Terrible el destino finito y corto que termina dándonos una noticia increíble por cuanto Mauro Viale parecía eternizado frente a la pantalla a cualquier hora y con cualquier perfil de programa donde pudiera decirse alguna cosa provocativa e inteligente.

Es muy triste despedir a un profesor, pero es trágico despedir a un alumno que luego fue discípulo.

Mauro Viale se sentaba junto a Marcelo Araujo -quien también está luchando contra el COVID-19 hace más de 30 días en el Hospital Italiano- en un aula de la Escuela del Círculo de Periodistas Deportivo. Una noche de 1968 este alumno me preguntó en voz alta ante el silencio de la clase: “Profesor, qué es el Mayo francés que está conmocionando al mundo desde las calles de París”. Fue entonces cuando traté con la aceptación de toda la clase hablar de la protesta estudiantil y dejar de lado lo programáticamente previsto que era discurrir sobre la estructura del lenguaje.

Aquel alumno conocido luego como Mauro Viale tenía inquietudes, curiosidades y preocupaciones que trascendían la información, el relato y el comentario de fútbol con el cual habría de iniciar su carrera en Radio Rivadavia y en El Gráfico tras un intento por ingresar al periodismo escrito que resultó fallido.

La semana pasada al verlo rodeado de científicos, políticos, comunicadores, legisladores… pensé en aquella imagen y también en la transformación que fue desde el famoso “quién mueve” hasta el show televisivo que Mauro ofreció durante 50 años.

Mauro Viale y una histórica visita de Diego MaradonaMauro Viale y una histórica visita de Diego Maradona

Su estilo fue el de tener la dinámica de reunir mucha gente y manejarse con los invitados sublimes, como un Maradona o un Alfonsín, y otros abyectos, como algún delincuente listo para entregarse a la policía en cámara después de haber cometido el delito; su periodismo abrazaba a todos pues sabía extraer de cada uno aquello que habría de repetir.

No parece posible que el COVID-19 le haya ganado el duelo al que invitó a la pelea desde hace más de un año con una prédica que trasuntaba su propio temor.

Todavía bajo emoción es un intento vano explicar quién fue quien a través de imágenes inolvidables nunca dejará de ser. Mauro Viale murió a los 73 años en la plenitud que transmite el estado de gracia que transitaba al hacer su show como conductor y su participación en cualquier programa fuera de radio o de televisión.

Podría decirse sin riesgo a equívocos que logró ser un maestro sin proponérselo, pues el rigor con el que asumía la producción de cada uno de sus programas era personal y anticipado. No solamente le pedía a sus colaboradores las notas a realizar sino que les enseñaba cómo conseguirlas y tenía verdadera obsesión por lograrlas estando de manera minuciosa encima de cada una de ellas. Mauro era un periodista que producía sus ideas y las exigía con particular énfasis. Costaba mucho satisfacer sus exigencias pero trabajar con él significaba estar preparado para crecer en la profesión.

No fue un periodista bohemio ni un transeúnte de la nocturnidad de la época; el tiempo del que disponía siempre fue un tiempo de trabajo para pergeñar la agenda del programa de hoy y preparar el de mañana. Tampoco perteneció al grupo de las mesas con charlas y divagues tan características de los 70 y los 80 que reunían a colegas en estado de debate permanente para transitar los temas que la trasnoche permitía. Antes bien Mauro llevó una vida de mucho cuidado físico y de mucha austeridad para el ocio. Apenas podía darse el gusto de caminar junto a su mujer por Palermo algún sábado en la mañana siempre y cuando no hubiese un acontecimiento que habría de derivar en ideas para el programa inminente. Una vez que se retiró del periodismo deportivo para abordar la información general no dejó ningún ancla que lo retrotrajera a su pasión inicial por el fútbol; claramente, el alumno del 68 que preguntaba por el Mayo francés había encontrado en el show periodístico abierto y general el camino de su verdadera vocación y aunque fue un exitoso relator de fútbol dormía en su espíritu una inquietud avasallante cuyo significado le resultaba superior a cualquier gol.

Haber trabajado 50 años en el periodismo implica el milagro de sostener su vigencia para más de tres generaciones y su muerte no representa evocar a alguien que fue sino a alguien que estaba siendo.

Siento un profundo dolor tras su muerte y ahora bajo los efectos de la emoción evoco con admiración al relator de fútbol que cambió la narrativa generando un nuevo orden, al periodista radial que le quitó ceremoniosidad al mensaje comunicacional y al conductor de televisión que transformó el periodismo en show. Pero también evoco a un padre afectuoso y pendiente de sus hijos y a un abuelo que encontró en la dulzura de sus nietos la energía para renovar su vigencia.

Es inimaginable que hoy y los hoy que continuarán no esté el infalible Mauro Viale pidiéndonos desde cualquier medio que nos cuidemos del COVID-19.

El enemigo invisible contribuyó a su injusta muerte.

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FUENTE : INFOBAE

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