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Opinión

BALAS EN LOS PIES Y LA TDA

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Esta columna tiene la impresión, acaso errada, pero no demasiado, de que más allá de manifestaciones masivas como las del 17 y 18 de este mes, hay una gran cantidad de compatriotas, una parte importante del pueblo argentino que hoy está muy desencantado y sumido en una gran confusión, que quizá algunas dirigencias políticas no ven con claridad.

Esta impresión –-es sólo eso-– se basa en el hecho de que gran parte del pueblo tradicional e históricamente peronista, progre y que se estimaba a sí mismo como una clase media en ascenso, hoy está viviendo una durísima emergencia. Con iniciales accesos, hace años, primero a la bici y luego de la bici a la moto, y de la moto a un primer coche, ese pueblo sabía que podía tener una casita y arreglarla y crecerla de a poco, como también conocía su derecho a vacaciones una vez al año y que algún día tendría una jubilación. Y era consciente además del libre acceso de sus hijos a la universidad pública gratuita, como confiaba también en la salud pública.

Esa gran masa del pueblo, como reza la Marcha Peronista, hoy está completamente desencantada. Y está desencantada bajo un gobierno peronista, o de coalición peronista, porque está viviendo una situación económica desesperante. No sólo no puede cumplir ninguno de aquellos sueños, sino que encima se le cae todo lo que tuvo, tiene problemas muy serios de alimentación, educación y salud y no está del todo contento con el manejo gubernamental de la pandemia. Y lo peor es que no le importa demasiado si se le dice que la culpa es del gobierno anterior, de Macri, sus bandoleros y la madre que los parió.

Es pensable, con alguna certeza, que lo que más le importa hoy a nuestro pueblo son su propia desesperación, el miedo que siente ante el desmoronamiento y la urgencia de zafar. O sea que es el desencanto lo que lo enfurece. Porque esas grandes clases medias que llegaron a ser mayoría de este país, y que eran conscientes de ser una clase en ascenso social, resulta que ahora, hoy, están por sobre todas las cosas muy enojadas. Gran parte de ese pueblo, tradicionalmente de filiación y esperanzamiento peronista, hoy está muy disgustado. Y decepcionado de todo, de todos y todas. Y como quizás no sabe a quién culpar exactamente, entonces culpa a quien “está arriba” y es así como esa gran masa, encima azuzada por la telebasura, la mentira y los más perversos sujetos que parió esta tierra, hoy está completamente desencantada y entonces parece inclinada a votar a la derecha. Se ha gorilizado. Objetivamente.

En el país profundo esto se ha visto y se ve claramente, y de ello debió y debería tomar nota el gobierno nacional. Que quién sabe si estará a tiempo, pero al menos debiera ser consciente de que la actitud política de mirar siempre solamente alrededor es cada vez más peligrosa. Y letal en tiempos de hiperconcentración de la mentira comunicacional. ¿O hace falta recordar una vez más que en la Capital Federal hoy llamada CABA habita solamente el 6.5% de la población de la República Argentina? Y póngasele que con el conurbano se llegue al 10%; entonces el 90% de los/as argentinos/as están fuera de ese conglomerado urbano, viviendo en eso que se llama inconsciente pero ofensivamente “el interior”, aceptando y continuando así y también sin darse cuenta la organización política desigual e injusta que inventaron retrógrados presidentes como Mitre y Roca, por lo menos.

Ese país profundo, extendido y tan orgulloso como complejo, hace poquito votó y puede volver a votar en contra del actual gobierno peronista, porque la desilusión es muy grande. Ese pueblo, esas clases humildes, esos trabajadores y trabajadoras que hacen los trabajos más duros, más arduos y peor remunerados del país, y que en cierto sentido son nuestros mejores y más esforzados compatriotas, votó en 2019 con una enorme y sólida esperanza. Pero tan cierto como eso es que ahora está teniendo hambre. Y no le echan la culpa a la pandemia sino que están enojados porque el gobierno peronista les prometió que todo iba a cambiar después de Macri, pero no cambió nada.

Y entonces están, como estamos todos y todas, mucho peor. Y por eso muchos votaron y pueden volver a votar en contra del gobierno, porque están gorilizados sin saberlo. Por eso el miedo, y el peligro, si ahora en noviembre vuelven a votar en contra, o en blanco o se abstienen, que es lo mismo. Y todo porque están enojados, desilusionados. Lo que podría llevar a muchos a no darse cuenta de que eso sería como dispararse un balazo en los propios pies.

Por eso esta columna desde hace meses reclama –-casi en soledad-– la urgente e imprescindible reactivación de la Televisión Digital Abierta (TDA) que es la tele que ven los pobres, los que no pueden pagar el infame servicio de las corporaciones mentimediáticas.

Esa es la tele que se mira en el país profundo de los que hoy casi no comen y tienen a sus chicos en patas, y en las escuelas no se alcanza a contenerlos por más esfuerzos que hagan los docentes, que encima están hartos por mal pagados y muchos también gorilizados.

Es urgente, por lo tanto, terminar con el sistema comunicacional de cuarta que tiene nuestro gobierno. Mejor Gabriela Cerruti que el tal Biondi, desde ya, pero la gran urgencia es devolverle la tele gratuita y de calidad al pueblo, eximirlo y protegerlo de las porquerías de la telebasura. Y eso implica recuperar ya mismo la mejor grilla de la TDA y sacar de ahí la invasión de canales basura de las corpos mediáticas. Reclamar esto no es exótico; es urgencia. Y bien haría el Gobierno, nuestro gobierno, en no seguir con esta “distracción” ya inexplicable.

La gran pregunta de hoy es cómo convencer al pueblo argentino de que no se suicide políticamente. Lo que es tan complejo como explicarle el litio a un jujeño harto de hambre. O como pedirles conciencia ambiental a un riojano, un salteño o un chaqueño con hambre y encima sometidos a la teleporquería que les revienta la cabeza. Seguir sin TDA reformulada es ya increible. Porque sólo con la TVPública no alcanza, y menos cuando se frivoliza y hace programas pavotes al estilo de la telebasura. Ni alcanza con solamente Radio Nacional, que es el mejor sistema de comunicación que aún subsiste, con presencia en las 23 provincias y 49 emisoras bien distribuidas y con informaciones locales, pero aún así con rémoras macristas y gorilas en algunas provincias. Y tampoco alcanza sola la Agencia Telam, que obviamente ha mejorado pero donde también hay macristas enquistados y con poder.

En realidad no habría que hacer nada exótico ni desconocido para salvar a nuestro país. Alcanzaría con la TDA y auditar la deuda y mientras tanto negociar plazos con el FMI pero sin pagar un mango. Con reafirmar de una vez y por DNU la soberanía nacional sobre el río Paraná y todos los recursos y subsuelos. Con declarar en comisión a todo el Poder Judicial y replantear el servicio de justicia como eso -un servicio y no bandas– y con nueva Corte Suprema de emergencia nacional, ya todo podría empezar a mejorar. Y entonces este pueblo se lanzaría a hablar, y en serio, de la ya urgente Reforma Constitucional.

Así se ayudaría al pueblo argentino para que no se pegue un tiro en los pies. Porque si algo está clarísimo es que después no se puede caminar.

Mempo Giardinelli
Por Mempo Giardinell
FUENTE : PAGINA 12
. Imagen: Guadalupe Lombardo

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ESTE PORTAL LE PERTENECE A CAPRICA CAMARA ARGENTINA DE PRODUCTORES REALIZDORES INDEPENDIENTES DE CONTENIDOS AUDIOVISUALES CON 11 AÑOS DE HISTORIA  Y SABE Y LO VIVE EN CARNE PROPIA NO PERTENECER A LA TDA DE GENRAL PUEYRREDON (MAR DEL PLATA – BATAN) .

POR UNA INJUSTIFICADA RAZON  COMO LO ES HABER SIDO LOS UNICOS OFERENTES AL CONCURSO PUBLICO EL 4 DE DICIEMBRE DE 2015 Y LUEGO DE ATRAVESAR LA APROBACION DE LAS 7 CARPETAS QUE INCLUIA EL CONCURSO ABIERTO Y PUBLICO TODAVIA ESTAMOS ESPERANDO LA LICENCIA.

LO INJUSTIFICADO DESDE JURIDICAS DE ENACOM ES EL PLANTEO DE LLAMAR A JURADOS CUANDO EN SI MISMO NO ES NECESARIO DEBIDO A QUE NO ESTAMOS COMPITIENDO CONTRA NADIE SOMOS UNICOS OFERENTES.

Y DE MANERA PUNTUAL HAY QUE REPLANTEARSE LA DISTRIBUCION DE LAS SEÑALES DE LA TDA DEBERÍA INCLUIR UN 33% DEL ESTADO UN 33% DE LOS PRIVADOS Y UN 33% DE LAS SIN FINES DE LUCRO.SIEMPRE FUE A DEDO

RUBEN MUÑOZ

PRENSA CAPRICA

REVISOR DE CUENTA EN COMISION DIRECTIVA

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EL ÚLTIMO QUE APAGUE LA LUZ

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Martín Guzmán fue la nueva víctima de una larga cadena de funcionarios que ya se ha cobrado la relación patológica entre el presidente y su vice. Sin embargo, la cabeza que más le interesa a Cristina Kirchner aún no ha rodado.

La renuncia de Martín Guzmán al Ministerio de Economía coloca al presidente Alberto Fernández en una encrucijada terrible cuya salida es muy difícil de predecir, pero que incluye como una de las variantes posibles su propia renuncia anticipada y la eventual asunción de Cristina Kirchner como presidenta de la Nación.

Por más que haya sido Guzmán quien sorprendió ayer con su renuncia, el ministro saliente es la nueva víctima de una larga cadena de funcionarios que ya se ha cobrado la relación patológica entre el presidente y su vice. Esas víctimas ya han sido tantas que nadie podría asegurar que esta sea la última, sobre todo porque la cabeza que más le interesa a Cristina aún no ha rodado. Todo esto se produce, además, en medio de un proceso inflacionario y de inestabilidad cambiaria y financiera que puede precipitarse hacia una crisis terminal. “Si las cosas no se manejan correctamente, es difícil que no se produzca una crisis hiperinflacionaria antes del cambio de Gobierno”, advirtió hace un par de semanas el prestigioso economista Roberto Frenkel. Tal vez los tiempos sean más cortos.

El problema de Fernández es urgente. La nueva crisis se produjo en un marco de inquietante inestabilidad financiera. Los últimos quince días fueron agitados por dos amenazas serias: aumentó la demanda de dólares de todo tipo ante la evidencia de que no habían crecido las reservas en el momento de mayor liquidación, y vencía una cantidad enorme de deuda en pesos, en un marco creciente de desconfianza sobre la capacidad del Gobierno para honrarla. Esos dos elementos produjeron una nueva corrida que aumentó el precio de los dólares paralelos alrededor de un 20 por ciento en menos de un mes. Mientras tanto, en los supermercados faltaban productos y se aceleraban las remarcaciones. En ese contexto difícil, Cristina golpeó y golpeó sin piedad. Sobre el final de la semana, las gestiones del propio Guzmán y del presidente del Banco Central, Miguel Pesce, habían logrado un poco de calma. O, al menos, un poco de tiempo. A un alto costo, el BCRA había logrado aumentar las reservas y renegociado una porción significativa de la deuda. Pero ninguna persona seria podía asegurar que el tema estuviera terminado.

En este clima tan inestable, renunció el ministro de Economía. Eso coloca al Presidente frente a una opción dramática entre dos caminos. El problema es que cualquiera de esas alternativas tiene altas chances de terminar muy mal. Por un lado, Fernández podría ratificar el rumbo trazado por el ministro saliente: acuerdo con el Fondo, reducción del déficit, aumento de tarifas por eliminación de subsidios y ensayar algún plan de estabilización. A última hora del sábado, esa parecía ser la primera preferencia del Presidente. El objetivo sería serenar la ansiedad que produjo la salida de Guzmán en inversores, ahorristas y acreedores, pero eso mismo enojaría a la Vicepresidenta, cuyo poder de demolición es muy evidente.

Alberto Fernández y Martin Guzmán (Crédito: Telam)Alberto Fernández y Martin Guzmán (Crédito: Telam)

El segundo camino sería entregarle el Ministerio de Economía a Cristina Kirchner. Eso alteraría a los mercados y los formadores de precios que, a su manera, también tienen una gran capacidad de daño. La estampida podría ser estremecedora. En cualquiera de los dos casos, la primera pregunta es qué pasará con todos los precios de la economía a partir de mañana lunes: el dólar, los alimentos, y todo lo demás, y cuáles serán las consecuencias sociales del descalabro. Antes de la renuncia de Guzmán, la precaria estabilidad económica -por llamarla de alguna manera- se deslizaba por un camino de cornisa. Ahora, hay un riesgo mucho más serio de que se espiralicen todos los problemas.

Al cierre de esta nota, en los ámbitos oficiales crecía la versión de que Sergio Massa sería el nuevo jefe de Gabinete, Marco Lavagna el nuevo ministro de Economía y Martín Redrado el presidente del Banco Central. Sea ese el esquema, o cualquier otro, los nuevos funcionarios se enfrentarán al desafío de poner en marcha algún tipo de plan de estabilización, en el medio de aguas muy tormentosas donde la hiperinflación estará siempre como amenaza inminente.

¿Puede existir semejante plan cuando el que conduce es un Gobierno derrotado, quebrado por dentro, cuando la poderosa vicepresidenta impulsa sin pudor un proceso destituyente contra el primer mandatario? Para ningún Gobierno es fácil enfrentar una inflación desbocada. Pero es mucho peor si ese Gobierno se conduce como la Armada Brancaleone. No parece una cuestión de nombres. Se trata de un contexto que, en principios, tiene impreso el desastre en su propia dinámica.

La alternativa más razonable consistiría en que el Presidente y la Vicepresidenta fueran conscientes de los riesgos que existen, pudieran saldar sus diferencias puertas adentro y establecieran una estrategia conjunta. Pero no hay ninguna posibilidad de que eso ocurra, si es que alguna vez la posibilidad existió. Durante el acto que encabezó ayer en Ensenada, Fernández de Kirchner utilizó su histrionismo para burlarse del presidente. Solo en los últimos días, seguidores de la Vicepresidenta le han dicho a Fernández que es un “borracho”, que no tiene “pelotas”.

Una de las personas que más lo ha insultado fue Hebe de Bonafini, la presidenta de Madres de Plaza de Mayo que protagonizó un hecho de corrupción escandaloso durante la gestión cristinista. Cristina la sentó ayer en primera fila: un signo ominoso de que la ofensiva, el destrato, los insultos humillantes, continuarán. Se trata de una de las conspiraciones más evidentes contra un presidente desde 1983. Cada gesto de la vice les da la razón a los funcionarios que le han implorado al Presidente que reaccione porque su debilidad lo ponía al borde del abismo y, al mismo tiempo, no calmaba a su enemiga. Fernández no reaccionó.

Cristina Kirchner en EnsenadaCristina Kirchner en Ensenada

La discusión sobre qué hacer con la economía sobrevivirá, naturalmente, a Guzmán. En el mismo acto de ayer, Cristina Kirchner deslizó una idea fuerte. “Tenemos que encontrar los argentinos un instrumento que vuelva a colocar una unidad de cuenta, una moneda de reserva y una moneda de transacción en la Argentina. Si no hacemos esto, estamos sonados. Venga quien venga”. Es una definición demasiado general y técnica, pero por momentos pareciera que estaba sugiriendo algún tipo de dolarización de la economía argentina.

Sin embargo, unos segundos antes de su discurso, los asistentes pudieron escuchar fragmentos cuidadosamente seleccionados de discursos del general Perón: “Si los precios suben, justificadamente, no queda otra que aumentar los salarios. Pero si suben los precios injustificadamente, el remedio consiste en bajar los precios. Lo primero ha de encararse, para resolverlo, en forma absolutamente racional y, por lo tanto, con medidas racionales. Lo segundo, es decir la especulación, deberá combatirse con medidas drásticas de la mayor energía”. Las imágenes recordaban cómo, en los años cincuenta, se clausuraban con fajas pequeños comercios.

Unos días antes, además, La Cámpora difundió un video de homenaje a Perón que arrancaba con la tapa que el día de su muerte publicó el diario Noticias, que pertenecía a los Montoneros, la organización armada a la que, justamente, Perón expulsó de la plaza de Mayo antes de su muerte.

A esa ensalada de ideas, deberá rendirles cuenta el nuevo equipo económico, en medio de una tormenta financiera. No será fácil que apruebe esos exámenes entre otras razones porque esa eventual discusión está atravesada por la evidente decisión de Cristina de dañar al Presidente y, eventualmente, deshacerse de él. ¿Por qué colaboraría si eso le podría dar una vida más a Fernández?

De esa irracionalidad conoce mucho el ministro saliente. Guzmán renunció cansado de no tener el poder necesario para conducir una economía alocada. El disparador final fue la dificultad para elaborar el formulario que deberían llenar aquellos que pretendieran seguir beneficiados por los subsidios al consumo de gas y electricidad. Ese formulario era el paso previo indispensable para la segmentación tarifaria que, durante dos años y medio, el Gobierno no pudo poner en práctica por las sucesivas trabas que imponían los funcionarios que respondían a Cristina Kirchner. El cristinismo exigía cada día una nueva condición. La última era que los subsidios se mantuvieran intocables en la provincia de Santa Cruz.

Antes de eso, por ejemplo, a Guzmán le resultaba inverosímil la crisis que se produjo por el desabastecimiento de gasoil, y que generó un muerto en las rutas. Todos los estudios técnicos indican que el Gobierno impuso un precio ridículamente bajo en comparación con el internacional. Así las cosas, las empresas, entre ellas YPF, eran reacias a importar porque debían hacerlo a pérdida. La escasez más el precio vil generaron una avalancha de demanda, que provocó la crisis. Nicolás Arceo, funcionario clave de la política energética entre 2013 y 2015, acaba de difundir un informe donde sostiene que el Gobierno podría haber subido los precios, o subsidiado, o importado. La demora en tomar esas decisiones provocó los efectos que se conocen.

En el centro del proceso de toma de decisiones que fijó el precio del gasoil, no estableció políticas compensatorias, demoró el gasoducto, el formulario de segmentación, la implementación del plan Gas o la eliminación de subsidios pro ricos, hubo un grupo de funcionarios que dependen de la Vicepresidente. Aquello contra lo que protestaba Guzmán en privado, es lo mismo que Matías Kulfas dijo en público cuando renunció. Ambos se cansaron de esperar a un Presidente que no reaccionaba. O no reaccionaba con la energía suficiente. O no reaccionaba a tiempo. La economía se deterioraba, la inflación aumentaba, y todo seguía como siempre. Así las cosas, hay un alto riesgo de que el nuevo ministro de Economía sea el próximo punching ball de CFK. ¿Por qué alguien querría asumir el cargo en esas condiciones?

Hay una enorme responsabilidad presidencial en este deterioro grave e innecesario. Una y otra vez, en estos dos años y medio, Fernández decidió sacrificar la gestión económica del Gobierno en función de la necesidad de mantener su alianza con Kirchner. Al final de la historia, ambos objetivos fueron dañados. Ni hay unidad ni hay gestión. Desde el comienzo, Fernández sintió que era un presidente débil porque representaba a un sector minoritario del Frente de Todos. Era cierto. Pero también eso podría haber pensado Nestor Kirchner en 2003. Sin embargo, para mal o para bien, ejerció su autoridad.

Hace exactos treinta días, el día de la renuncia de Matías Kulfas, esta columna terminó con el siguiente párrafo: “¿Será Kulfas el último en irse? ¿Cómo leerá Martín Guzmán la decisión que tomó hace unas horas el Presidente? ¿Se sentirá respaldado? En el caso que Guzmán se vaya, ¿será el último en irse? ¿Cómo influirá toda esta maravilla en la demanda de dólares? ¿De qué manera contribuirá para frenar la inflación? Cada día, todo se pone peor”.

Guzmán ya se fue.

¿A quién intentará ahora voltear la vice?

¿No es demasiado evidente?

 

 

 

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EL DURO INFORME QUE MUESTRA CÓMO LOS ALIMENTOS SUBIERON MÁS QUE EL BLUE

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La escalada del dólar blue de las últimas semanas pone en zona crítica a la economía. Pese a que el Gobierno nacional minimiza la cotización de este tipo de cambio, un informe muestra que los precios de alimentos básicos subieron igual o más que el dólar libre y aceleran la inflación

Mientras que desde el Gobierno nacional se insiste en que el comportamiento del dólar blue no afecta a la economía porque se trata de una mercado pequeño y marginal -así lo definió el jefe de Gabinete, Juan Manzur-, la realidad parece desmentirlo.

Tras el anuncio de nuevas medidas del Banco Central para endurecer el acceso al dólar a más empresas, los problemas se multiplican en diferentes sectores. El caso más sensible es lo que sucede con la industria de la alimentación con un impacto significativo, no solo sobre los productos del exterior, sino también sobre aquellos que utilizan insumos importados para los empaques.

Un estudio elaborado por la consultora INDECOM muestra que los precios de una serie de productos básicos acompañaron, en junio, la evolución del tipo de cambio paralelo o, incluso, lo superaron.

El trabajo señala que siguiendo la suba del dólar blue, la leche en sachet de 1 litro debería costar U$S 0,58, pero cuesta U$S 0,68, el aceite de girasol de 900 cc debería valer U$S 1,73 y cuesta U$S 1,75 y el pan de molde integral de 350 grs, que debería presentar un precio de U$S 1,34, en las góndolas se observa a U$S 1,37, entre otros.

Lo mismo sucedió con otros productos relevados como la azúcar por kilo, la harina por kilo, la docena de huevos, los fideos secos tirabuzón por 500 gramos, el queso rallado por 130 gramos y el agua mineral sin gas por litro. En todos estos casos, la suba de precios en pesos acompañó el salto del “blue”, lo que implica que las fábricas y comercios ajustan sus lista en base a esa cotización libre y no al cambio oficial que controla el Banco Central.

Miguel Calvete, director de la consultora, explicó que “la imposibilidad de acceder a la compra de divisas acarrea inevitablemente una complicación para importar materias primas y productos manufacturados de origen extranjero que tienen una presencia permanente en la mesa de los argentinos”.

En ese marco, el especialista reconoció que “el sector frutihortícola aparece a priori como uno de los más complicados, al igual que el sector lácteo, las salsas, vinos en cartón y el de los enlatados en todos sus rubros”.

El informe destaca la incidencia de la medida de la entidad monetaria en la comercialización de bananas y paltas es en su mayoría importada, al igual que el atún y las sardinas, entre otras, que además utilizan el sistema importado de “abrefácil”, mismo mecanismo que comparten con muchas bebidas en lata.

En el caso de los lácteos y salsas, el sistema de tetra pak también es importado en su mayoría, lo que puede producir un faltante notorio de uno de los principales alimentos de la canasta básica alimentaria.

Calvete reconoció que muchos puntos de venta “ya están recibiendo poco más de la mitad de los productos que habían solicitado” y agregó que “eso se debe a que las industrias están segmentando las entregas ante la incertidumbre que generó la disposición oficial conocida el pasado lunes”.

El análisis sobre el total de estos nueve productos que integran la canasta básica de alimentos arrojó que en la mayoría de los casos, las subas de precios en dólares fueron superiores al incremento que sufrió esa divisa en la última semana.

El estudio se realizó durante los últimos 4 días sobre folders digitales y webs oficiales de las principales cadenas de supermercados del país.

Calvete advirtió que “si no se toman medidas urgentes, la situación se va a ir agravando cada vez más con el paso de los días” y cerró diciendo que “también se puede proyectar un crecimiento de precios aún más pronunciado en aquellos productos en los que se registren faltantes.”

 

Horacio Alonso

Horacio Alonso

FUENTE : MDZOL.COM

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LAS ZONCERAS QUE DICE CRISTINA CUANDO HABLA DE ECONOMÍA

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Es muy difícil entender por qué una persona inteligente como la Vicepresidenta pifia tanto en un tema central. ¿Pifia o miente? ¿En qué medida cree lo que dice o dice lo que cree que le conviene?.

Cristina Kirchner (Franco Fafasuli)

El lunes por la tarde, en Avellaneda, Cristina Kirchner intentaba demostrar -con ciertas dificultades- que las ganancias de las grandes empresas son el principal motivo de la inflación. En ese contexto, la Vicepresidente empezó a juguetear con una expresión desconocida para la mayoría de las personas. “Me puse a mirar la edbita de algunas empresas…”, anticipó. “¿Qué es el edbita de algunas empresas?”, se preguntó. “Cuando voy a mirar, por ejemplo, el edbita…”, insistió. “¡224,3 por ciento de edbita!”, destacó. Tanto énfasis en esa palabrita, tenía un costado, a la vez, complicado y gracioso. Porque, en realidad, nadie en el mundo sabe qué es el “edbita”. A juzgar por el contexto, tal vez Kirchner se refería al ebitda, que es el acrónimo de la expresión “Earning before interest, taxes, depreciations and amortizations” (ganancias antes de intereses, impuestos, depreciaciones y amortizaciones).

Se trata de un desliz menor y disculpable, porque el concepto estaba bien explicado en castellano. Además, a mucha gente le sucede que cancherea y queda pagando. El problema se agravaría, en cambio, si ese pequeño error revelara que la ex presidenta presume de saber mucho de Economía, cuando no tiene idea del asunto. Y sería mucho más grave aún si en función de esa ignorancia de base emprende batallas políticas o embate violentamente contra su propio gobierno. En sus últimas intervenciones, Kirchner ha dado señales de que eso es, precisamente, lo que está ocurriendo. Por eso, seguramente, varios economistas y periodistas que la han defendido en las situaciones más difíciles, empezaron tomar distancia y a manifestar cierta perplejidad frente a sus intervenciones.

He aquí un listado, para nada exhaustivo, de las últimas incongruencias vicepresidenciales:

1. Durante el discurso del lunes, Kirchner sostuvo que ella defendió las reservas argentinas al imponerle a empresas con balance comercial negativo, que desarrollaran proyectos para exportar. El miércoles insistió con ese tema al citar una nota periodística que destacaba la experiencia supuestamente virtuosa de la empresa Newsan. Más allá de ese caso, que merece un análisis más exhaustivo y sobre el cual hay versiones contrapuestas, tal vez corresponda analizar qué pasó con las exportaciones y las importaciones durante la gestión de CFK: no fijarse en pequeños detalles sino en el cuadro general. Los datos del Banco Central indican que, a un valor 100 para 2004, las exportaciones -en cantidades- apenas treparon a 104 para el 2015. Las importaciones, en cambio, aumentaron –también en cantidades- a 242 en el 2011. Los resultados de su gestión en términos de defensa de las reservas, y por lo tanto de la soberanía nacional, fueron muy malos. Es criterioso entonces que otros funcionarios eviten repetir esa experiencia fallida. Pero CFK sostiene que, como usó la lapicera, tuvo éxito; y arma un escándalo cuando no aplican sus recetas. Hay allí un pequeño problemita para todos y todas.

2. Pero los problemas apenas comienzan. El lunes pasado, Cristina Kirchner dijo: “En el ranking de países evasores, de países donde la evasión es muy importante, Argentina ocupa el tercer puesto. En nuestro país la recaudación representa el 28 del PBI cuando debería representar el 45 del PBI. El primer país es Guyana. El segundo lugar del podio está ocupado por Malta, que no es una cerveza ni una marca ni nada… Y el tercero Argentina. Sí. Tercer país evasor en el mundo, junto a Zambia, a Pakistán y no me acuerdo a qué otro país más”.

La historia de cómo CFK llega a esos números es impactante. Unos días antes del acto de Avellaneda, el Instituto Patria difundió un trabajo donde están los datos que nutren a la vice. Ese estudio concluye que, de existir “un eficaz control tributario”, la recaudación aumentaría un 60 por ciento y representaría un 45 por ciento del PBI en lugar del 28 actual. Eso mismo repitió Cristina. Para obtener esas conclusiones, “el Patria” se apoyó en un estudio realizado por la Universidad de las Naciones Unidas, sobre una base de datos del FMI.

Lo que no dicen “el Patria” ni la Vicepresidente es que todos los datos ¡¡¡corresponden al año 2013!!!!. Es decir, que la incapacidad de recaudar como corresponde se debería a su Gobierno y no al actual. El pequeño detalle da sustento a una frase que pronunció esta semana el periodista Alejandro Bercovich: “Se está asesorando con economistas del fondo de la ola”. ¿No lo vieron? ¿Lo ocultan? El cuadro puede verse a continuación: allí, en el encabezado, se lee claramente a qué año pertenecen los datos.

Todos los años, varios organismos internacionales de primer nivel -el Ciat, la Cepal, el BID y la Ocde- elaboran un trabajo llamado “Estadísticas tributarias en América Latina y el Caribe”. El 27 de abril difundieron el correspondiente al período 2010/2020. Los datos de ese informe son brutalmente distintos a los que presentó la Vicepresidenta. En principio, la Argentina aparece como el tercer país que recauda más impuestos como porcentaje del PBI en la región. La Argentina recauda el 29,3 por ciento del PBI, 8 puntos más que el promedio de los países de América Latina y el Caribe. Ese estudio informa que los países de la OCDE recaudan 33 puntos del PBI, ¡doce menos de los que Cristina cree que podrían recaudar la Argentina! ¿De dónde sacaran en “el Patria” esas conclusiones que ella repite? ¿Del edbita?

O sea que, en base a datos que revelarían cómo recaudaba el gobierno que ella presidía 2013, la Vicepresidenta denunció como inoperantes o cobardes a los actuales ministro de Economía, titular de la AFIP y presidente del Banco Central , y pidió sus remociones. Al mismo tiempo, acaba de colocar al frente de la aduana a Guillermo Mitchell, que era el número 2 de la AFIP cuando, según el estudio en el que se apoya el instituto Patria, se recaudaba tan mal. La casa está en orden.

3. Los problemas se profundizan. Luego de su salida del Ministerio de Desarrollo Productivo, Matías Kulfas presentó una carta de renuncia muy crítica hacia la política energética del Gobierno, por la que responsabilizaba a la Vicepresidenta. Horas después, la empresa estatal involucrada, Enarsa, le contestó a Kulfas. Esa respuesta fue respaldada por Cristina, quien la subió a sus redes para darle una máxima difusión. Allí aparece una frase que mezcla el surrealismo con la psicodelia: “Es miópico (sic) sostener que la importación de energía debilita a las reservas internacionales del país”. Ningún economista, de la línea teórica que fuere, podrá entender jamás cómo alguien escribió semejante cosa. ¿De dónde supondrá la Vicepresidenta que salen los recursos para pagar las importaciones? Si alguien realmente cree que importar energía no debilita las reservas, tal vez no se preocupe cuando su país pierde la soberanía energética, que fue exactamente lo que ocurrió cuando Kirchner gobernaba.

Matías Kulfas (Maximiliano Luna)Matías Kulfas (Maximiliano Luna)

4. A principios de mayo, Cristina dio el primer discurso en el que desarrolló su teoría sobre cómo se combate la inflación, en base a su propia experiencia. Dijo entonces: “Tuvimos una devaluación en enero de 2014 y la inflación se nos fue a 38. Pero al año siguiente la bajamos a 24 o 25″. Esa frase ofrece varios flancos. El primero es que se trata de un recorte que omite lo central. Lo que en realidad ocurrió con la inflación desde que Cristina asumió en 2007 no fue, precisamente, que “la bajamos”. En 2006, antes de que ella asumiera, los precios en la Argentina habían subido un 9,8 por ciento. Pocos años después, como reconoce Cristina, habían trepado a casi un cuarenta por ciento. La mala praxis produjo el regreso de la inercia inflacionaria, erradicada en los años noventa mediante la convertibilidad. No había vuelto ni siquiera luego de la trágica ruptura de ese régimen. Pero además, la razón por la que en 2015 hubo menos inflación que en el 2014 no tiene nada que ver con la lapicera de Cristina: simplemente, en 2014 el Gobierno devaluó y al año siguiente no. Lo que parece una discusión histórica tiene efectos determinantes sobre el presente. Porque, contra toda evidencia, ella cree que efectivamente triunfó contra la inflación gracias a la administración de la puja distributiva y entonces recomienda medidas similares a las que, en realidad, causaron el problema.

5. En ese mismo giro, Cristina permite recordar tal vez la única medida significativa que tomó durante su mandato contra la inflación. “Tuvimos una devaluación en enero de 2014 y la inflación se nos fue a 38. Pero al año siguiente la bajamos a 24 o 25″, dijo. El problema de ese ejemplo es que en ese año, el 2014, la inflación oficial, que informó su propio Gobierno, había sido del 23 por ciento y no del 38, ¡15 puntos menos de lo que Cristina reconoce ahora! Esa diferencia se explica porque el Gobierno de Cristina Kirchner, durante largos ocho años, mintió sobre la inflación. Eso logró el milagro de bajar la inflación, que ella recuerda con orgullo, mientras, al mismo tiempo, subían los precios, un detalle que ella olvida.

6. El discurso del lunes tuvo otro gran momento. La Vicepresidenta dijo que todo proceso inflacionario fue precedido por un gran endeudamiento. Para defender esa idea apeló a dos ejemplos: la inflación de la década del 80 que sucedió al endeudamiento producido durante la dictadura, y la actual, que es posterior al endeudamiento de la gestión macrista. La historia ofrece dos contraejemplos muy recientes. El primero es el de la década del 90, cuando la deuda crecía a paso rápido mientras había deflación. El segundo es autobiográfico. Antes de la asunción de CFK, Nestor Kirchner no había endeudado a la Argentina sino, todo lo contrario, la había desendeudado. Entonces: ¿por qué entonces con ella volvió la inflación? Esa pregunta es el elefante del que nunca se habla en los discursos de la Vicepresidenta, pero que puede ver cualquiera que no sea un believer: con ella volvieron la inflación, la restricción externa, la pérdida de la soberanía energética, los déficits gemelos. ¿No debería explicar algo de eso en lugar de presentar como una serie de triunfos lo que, en realidad, fue una cadena de derrotas?

Cristina Kirchner y Alberto Fernandez (Franco Fafasuli)Cristina Kirchner y Alberto Fernandez (Franco Fafasuli)

7. Durante sus últimos discursos, la Vicepresidenta elogió al capitalismo chino, en comparación con el norteamericano, porque incluyó muchas más personas en el mercado, y las sacó de la pobreza. Al mismo tiempo, reclamó aumentos de salarios en la Argentina. Cualquier conocedor superficial del proceso de desarrollo chino, sabe que ese proceso tan espectacular tuvo entre sus rasgos centrales a los salarios bajos. Empresas de todo el mundo se radicaron, entonces, en China para aprovechar esa ventaja. CFK admira la manera en que se desarrolló China pero recomienda lo contrario para la Argentina. ¿Cómo se juntarán las dos ideas? Misterio.

8. En septiembre del año pasado, luego de la debacle oficialista en las primarias, la Vicepresidenta difundió una carta en la que adjudicaba el resultado electoral a un supuesto plan de ajuste del Gobierno. Un ajuste implica que el Estado gaste menos que un año antes. En agosto de 2021, sin embargo, se gastó 66 por ciento más que el mismo mes del año anterior, una diferencia que superaba con creces a la inflación. “Tiene razón Guzmán. No hubo ajuste”, explicó por entonces Alfredo Zaiat, tal vez el periodista más elogiado por CFK en sus discursos.

9. En la misma carta, la ex presidenta había dicho que este Gobierno tiene más reservas que el suyo para enfrentar la presión cambiaria. Su ex viceministro de Economía, Emmanuel Álvarez Agis, explicó que en 2009 Cristina disponía de 45 mil millones de dólares de reservas. En el momento en que Cristina escribió su carta había solo 9 mil millones. ¡Cinco veces menos! De esa magnitud suelen ser los errores de la Vicepresidenta. No se trata solo de confundir ebidta con edbita.

10. La relación de Cristina Kirchner con los números, en realidad, siempre fue complicada. El ejemplo que mejor permite entenderlo es lo que ocurrió con la resolución 125. Esa medida reestructuró el esquema de relaciones políticas y humanas en la Argentina. Muchas familias y amistades se rompieron en ese momento. El peronismo se dividió. Durante siete años, ella agredió a quienes señalaron que aquella medida era un error político y, sobre todo, técnico, de la misma manera que agrede ahora a quienes no acuerdan con su mirada. En el año 2015, durante la campaña electoral por la jefatura de Gobierno porteño, Cristina admitió que la resolución 125 tenía, efectivamente, un problema de cálculos. Por entonces, Martín Lousteau encabezaba una lista opositora. “Ahí está el que nos hacía mal los números de la 125″, dijo Cristina. Finalmente, había llegado el reconocimiento del error. Tardísimo. El daño ya se había producido.

Es muy difícil entender por qué una persona tan inteligente como Cristina Kirchner pifia tanto en un tema central. ¿Pifia o miente? ¿En qué medida cree lo que dice o dice lo que cree que le conviene? Nadie puede responder esas preguntas. Lo cierto es que tantos errores de diagnóstico, y de tanta magnitud, explican muchos de los pesares que viven los argentinos. Gobernar no es solo una cuestión de números, pero los números importan mucho. Si son incorrectos, o si se los interpreta mal, se puede hacer mucho daño.

Claro, se trata de un punto de vista. Como todo. Máximo, el hijo de la vice, hace un tiempo defendió una visión alternativa con una reflexión deslumbrante: “Una cosa son los números y otra el bolsillo de la gente”.

Eso dijo.

Y tiene razón.

Una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa.

 

 

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