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Bonos en dólares cedieron hasta 5,6% a la espera de avances en negociación del canje

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Los títulos en moneda dura retrocedieron luego de tres jornadas con subas, mientras se mantuvo la expectativa con respecto al acuerdo por canje de deuda. El riesgo país avanza un 2,6%. ADRs cerraron mixtos, y el S&P Merval perdió 2,2%.
Tras anotar importantes subas en las últimas tres jornadas, los bonos y las acciones revirtieron ímpetu alcista y cayeron este martes, en un contexto expectante a señales sobre avances en la reestructuración de la deuda soberana, con negociaciones que se podrían extender más allá de este viernes si no se alcanza un acuerdo.

Coincidiendo con el epílogo de la jornada, el ministro de Economía, Martín Guzmán, dijo una videoconferencia con la Cámara de Comercio de Estados Unidos en Argentina -AMCHAM- que Argentina podría extender el período de negociación con sus acreedores que vencía el 22 de mayo en momentos en que el país continúa con un “diálogo constructivo”.

Con esa novedad, los bonos soberanos profundizaron sus bajas, y terminaron con retrocesos de hasta el 5,6%, por lo que el riesgo país de Argentina, medido por el banco JP.Morgan , subía 67 unidades a 2.757 puntos básicos.

Los acreedores de la Argentina hicieron contraofertas a fines de la semana pasada después de rechazar una propuesta inicial del Gobierno que implicaba una suspensión de pagos de tres años, un recorte del 62% en los pagos de cupones y vencimientos hasta 2030 e incluso después.

“Será muy difícil cerrarlo esta semana (el acuerdo), por eso hay una alta probabilidad de un default técnico. Aunque en principio esto no generaría una situación dramática, ya que la deuda no se aceleraría y las negociaciones continuarían los siguientes días”, estimaron desde una sociedad de bolsa.

“Se habla de una prórroga de diez días para acercarse a un VPN (Valor Presente Neto) del 50/55%”, dijo otro agente.

El Gobierno insiste en que cualquier acuerdo debe cumplir con su propio análisis de lo que sería sostenible para la economía, que atraviesa una severa crisis, como también el del Fondo Monetario Internacional (FMI), el principal prestamista del país.

“Las contrapropuestas representan un progreso. Pero las dos partes permanecen a metros, no centímetros, de lo que podría funcionar”, dijo a Reuters una fuente familiarizada con las conversaciones del Gobierno con los acreedores, que pidió no ser identificada. “Si tomas su oferta al pie de la letra, no solo está más allá de lo que el Gobierno consideraría aceptable, sino que también está más allá de lo que funcionaría en un marco del FMI”, añadió.

Las contraofertas de los principales grupos de acreedores exigen un período de gracia más corto -de un año- para los pagos y tasas de interés en promedio más altas que la propuesta inicial del Gobierno.

Las conversaciones pueden continuar más allá de la fecha límite del viernes, ya que el Gobierno busca calmar la crisis de la deuda para revivir la economía, más afectada aún por la pandemia del coronavirus.

La oferta de reestructuración del Gobierno representa alrededor de 40 centavos por dólar y las contraofertas fueron de poco menos de 60 centavos por dólar.

Los bonos argentinos ya se cotizan a niveles muy bajos, principalmente entre 30 y 35 centavos por dólar, después de una fuerte caída el año pasado, cuando aumentaron los temores sobre un posible incumplimiento soberano, que sería el noveno del país.

“Las discusiones están en curso. Los próximos días serán cruciales”, dijo la fuente. Recordemos que el viernes finaliza el período de gracia para pagar intereses de bonos en moneda extranjera que vencieron el 22 de abril.

S&P Merval y ADRs

En la plaza bursátil, el índice S&P Merval cayó un 2,2%, a 39.388,72 puntos, en línea con la trayectoria declinante de los mercados externos.

En Wall Street, en tanto, los papeles de empresas argentinas cerraron sin una tendencia definida. Las subas fueron lideradas por las acciones de Loma Negra (+9,6%), una de las preferidas por los inversores en las últimas jornada, tal como lo muestra su creciente volumen operado. Por el contrario, las bajas fueron encabezadas por los activos de Tenaris (-9,4%).

FUENTE : AMBITO

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Cristina Kirchner y su enigmática ausencia en una lista de compradores de dólares

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La explicación central que ofrece Alberto Fernández para la crisis económica que heredó es que, en una maniobra diabólica, el Fondo Monetario Internacional (FMI) prestó a la Argentina dólares destinados a que se los lleven los amigos de Mauricio Macri.
Para corroborar esa teoría, el Banco Central filtró una lista de personas que compraron dólares durante la gestión anterior. Fue publicada el domingo pasado por Horacio Verbitsky en su portal El cohete a la luna.

La operación presenta varias peculiaridades. Algunas ya son conocidas. Por ejemplo, incurre en el error de identificar lo que los técnicos denominan “formación de activos externos”, es decir, compra legal de moneda extranjera, que en muchísimos casos no fue girada al exterior, con “fuga de capitales”.

Otra rareza es que en la nómina no aparecen amigos de Macri sino de Néstor Kirchner y de otros jerarcas del oficialismo: casi toda la familia Eskenazi, socios de Cristóbal López, el fugitivo Adrián Werthein y el proveedor de cloro Mauricio Filiberti, entre otros.

Pero en la lista que dejó escapar el Central y publicó Verbitsky hay otro rasgo asombroso. Es la ausencia de alguien: Cristina Kirchner. ¿Por qué debería figurar? Porque ella misma, en la página 154 de su libro “Sinceramente”, reveló: “El 29 de febrero del 2016, año bisiesto, decidieron una nueva devaluación y llevaron el dólar a 15,80 pesos, totalizando desde diciembre del 2015 a febrero del 2016 una devaluación del 62 por ciento de la moneda. A esa altura, tomé la decisión de que todos los plazos fijos que teníamos de varios millones de pesos, todos en el Banco Galicia y cuya trazabilidad estaba perfectamente determinada no sólo en el banco sino también en todas las declaraciones juradas ante la oficina anticorrupción, ante la AFIP y en el expediente de la sucesión -en la que inclusive se había abonado la tasa de justicia por esos mismos plazos fijos-, fueran convertidos a dólares en efectivo y depositados en el mismo Banco Galicia, en cajas de seguridad. Había tomado esa decisión en base a las propias experiencias relatadas en este capítulo y con la certeza absoluta de que el gobierno de Cambiemos iba a repetir la vieja historia. No me equivoqué”.

A partir de los datos que ofrece la vicepresidenta se abre un abanico de incógnitas. Una inicial se refiere al hermético significado que le asigna a la ocurrencia de un año bisiesto. Es relevante porque 2020 también es bisiesto. La siguiente es más obvia: por qué no figura en la lista. Esa ausencia obliga a pensar que alguien puso un filtro antes de dejar trascender la información. Para no presumir que Verbitsky fue quien la excluyó. Si se la incluyera, debería estar en el puesto Nº 91, ya que Florencia Kirchner atesoraba en su caja de seguridad 4.664.000 dólares. Pero hay un detalle más sugerente. En el puesto 25 de ese ranking no aparece un nombre de persona sino la frase “identificación no localizada”. ¿Será Cristina Kirchner la misteriosa Nº25? En ese caso, habría “fugado”, por usar el léxico del Frente de Todos, 8.781.362 dólares.

Si se sigue la lógica de quienes realizan la denuncia, el gobierno anterior habría tomado dólares prestados no para que se los lleven los amigos de Macri, sino la familia Kirchner

En su libro “Las leyes fundamentales de la estupidez humana”, el genial Carlo María Cipolla definió: “Una persona es estúpida si causa daño a otras personas o grupo de personas sin obtener ella ganancia personal alguna, o, incluso peor, provocándose daño a sí misma en el proceso”. El caso de la lista de quienes compraron dólares filtrada por el Banco Central y publicada por Verbitsky inspiraría una nueva ley, no imaginada por Cipolla: la del que, pretendiendo causar un daño a otro, no lo logra, pero sí consigue dañarse a sí mismo. Si se sigue la lógica de quienes realizan la denuncia, el gobierno anterior habría tomado dólares prestados no para que se los lleven los amigos de Macri, sino la familia Kirchner. Eso sí: en el caso de los que aparecieron en la caja de Florencia Kirchner no serían dólares del Fondo, ya que el acuerdo con ese organismo se firmó mucho después de febrero de 2016. Pero igual serían dólares, que es lo que los denunciantes repudian.

Va a ser interesante observar qué destino tiene el pedido de informes que realizó al Banco Central el senador formoseño José Miguel Mayans, en su carácter de presidente de la Comisión bicameral de seguimiento y control de la gestión de contratación y de pago de la deuda exterior de la Nación. De pronto, un subordinado a Gildo Insfrán y aliado estrecho de Cristina Kirchner pide explicaciones sobre los fondos que “fugó” Cristina Kirchner. Al kirchnerismo le gusta la incoherencia. En 2003, su fundador hostigó a los empresarios españoles por haber dejado su dinero en el país. “Deberían haber hecho como yo, que saqué la plata de mi provincia”, le dijo. Era Néstor Kirchner y hablaba de los fondos de Santa Cruz, “fugados” y jamás recuperados.

Desaciertos e irregularidades

La polémica sobre las compras de dólares durante la gestión de Macri es un océano de desaciertos e irregularidades. El mismo pasaje del libro de la vicepresidenta ayuda a demostrarlo. Es cierto que ella se equivoca confundiendo depreciación del tipo de cambio con devaluación de la moneda. Entre diciembre de 2015 y febrero de 2016 lo que se modificó en 62% fue el tipo de cambio, es decir, la relación entre el peso y el dólar. Pero la moneda perdió el 43% de su valor. Es una distinción elemental, que pasa con mucha frecuencia desapercibida.

Más allá de ese detalle, la señora de Kirchner es un ejemplo de que no había nada irregular en lo que sus feligreses pretenden reprochar. Ella tenía pesos declarados, con los que compró dólares en el mercado libre de cambios. Y esos dólares ni fueron sacados del país. Los atesoró en una caja de seguridad. Su conducta no encuadra en ninguna de las dos acepciones que tendría la noción de fuga: ni era plata no declarada, ni la giró al exterior. Mucha gente hizo lo mismo. Sólo que, en vez de conservar los dólares, los destinó a comprar otro bien.

Que la ignorancia de las autoridades del Banco Central sobre la dinámica de este problema quede al desnudo es una pésima señal que Alberto Fernández emite hacia una sociedad angustiada por la crisis

Los documentos que publica el Banco Central utilizan la expresión “fuga de capitales” como equivalente de “formación de activos externos”, con la intención de estigmatizar operaciones irreprochables de compra de dólares, como la que realizó Cristina Kirchner. Ese reproche supone un desvarío intelectual inquietante por parte del oficialismo. Y constituye un mensaje económico muy poco conveniente. Sobre todo porque el Gobierno está llamado a resolver un intrincado problema monetario y cambiario. Los niveles de emisión superan lo imaginable. En marzo fueron de 300.000 millones de pesos. En abril, según una información que se conoció esta mañana, subieron a 400.000 millones de pesos. Que la ignorancia de las autoridades del Banco Central sobre la dinámica de este problema quede al desnudo es una pésima señal que Alberto Fernández emite hacia una sociedad angustiada por la crisis. Es como si se estuvieran evaluando las calidades de un corredor de autos, y el candidato aparece intentando cargar nafta en el depósito de aceite.

Además del extravío técnico, en la publicación de la lista hay un problema jurídico. En los documentos publicados por el Central no figuraban nombres propios. Por eso algunas de las personas que aparecen en ella ya reclamaron a esa institución que aclare por qué revelaron su identidad. En especial porque, en varios casos, la información fue errónea, es decir, se refirió a individuos que no habían operado en el mercado de cambios. También fue incompleta: se hicieron conocer las compras pero no las ventas de dólares por parte de los mismos sujetos.

Tensiones internas

El escándalo de esta lista comienza a generar tensiones en el propio Gobierno. Cuando el Presidente fue consultado sobre el tema por un conocido, salió del paso con un “no leí la nota”. Otros funcionarios descargan culpas echando mano al desagradable procedimiento de la caza de brujas. Mencionan a la directora del Banco Central Betina Stein, por el hecho de haber manifestado afinidades con la cobertura que Verbitsky y su portal vienen haciendo de la compra de dólares y el endeudamiento con el Fondo durante la gestión de Macri. La presunción de que esa fuga informativa podría haber descubierto la “fuga” de dólares de Cristina Kirchner puede volver más tenaz la cacería. Al parecer, la auditoría del Central quiso abrir un expediente sobre la infidencia. Pero el directorio lo habría impedido.

La ocasión en la cual el Banco Central filtró información reservada también promueve suspicacias. Coincide con el momento en que el Gobierno, a través de su Ministerio de Seguridad, se propone regularizar tareas policiales de inteligencia sobre las redes sociales. En otras palabras: con el momento en que el kirchnerismo vuelve a exhibir los reflejos de una vieja vocación hegemónica.

Las propensiones se repiten. Pero el contexto histórico, no. Alberto Fernández y Cristina Kirchner no gobiernan en el marco de un desequilibrio de poder. La primera oposición obtuvo, en octubre del año pasado, 41% de los votos, y quedó a 7 puntos de distancia del ganador. Esta proximidad se verificó hoy en el Senado. La vicepresidenta quiso hacer votar, ignorando lo que había pactado con sus rivales, una agenda ajena a la pandemia. Debió conseguir los dos tercios de los votos. No lo logró. Tenía que sumar 48 votos. Pero sólo consiguió 42. Hubo 29 senadores que votaron en contra. Es una noticia de primera magnitud. La señora de Kirchner encontró en el Congreso el límite para avanzar en soledad con proyectos como la designación del procurador general de la Nación, el juicio político a un magistrado de la Corte o una reforma constitucional. Si quiere alcanzar esos objetivos deberá estrenar una habilidad desconocida. La fantasmática Nº 25 deberá acordar con los que no piensan como ella.

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El Gobierno rescindirá contratos para hacer rutas de la gestión de Macri

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En el ministerio de Katopodis consideran que el modelo es inviable en el contexto económico actual 

Fueron la gran promesa de la obra pública durante la gestión de Cambiemos, pero tras casi dos años sin que se produzcan avances significativos en ninguno de los seis grandes corredores viales licitados y adjudicados mediante el sistema de Participación Público Privada (PPP), el Gobierno Nacional decidió cerrar ese capítulo. Según confirmaron a LA NACION fuentes del ministerio de Obras Públicas, se buscará avanzar en la rescisión de los contratos, lo que disparará una ardua negociación por los US$567 millones depositados en concepto de garantías al momento de la adjudicación, que las empresas buscarán recuperar.

El pasado 27 de mayo, la cartera de Obras Públicas envió intimaciones a las compañías que integran los seis consorcios adjudicatarios para que cumplan con el incremento de las garantías acordado en la adenda firmada en julio 2019, que amplió los plazos para la ejecución de los distintas etapas de las obras. “Se le requiere la subsanación del incumplimiento dentro de un plazo de 30 días hábiles, bajo apercibimiento de extinción del contrato PPP por culpa del contratista PPP”, dice la intimación enviada.

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Según explicaron fuentes del ministerio que conduce Gabriel Katopodis, el sentido de esa intimación es, más allá de su letra explícita, sentar las empresas a “negociar definitivamente la desactivación de esa bomba”. “La decisión del Gobierno Nacional es rescindir los contratos. El tema es cómo”, apuntaron.

“En nuestro gobierno la obra pública es el motor de la reactivación industrial y una herramienta del Estado para mejorar la vida real de los argentinos. No cumplieron con las obras y endeudaron al país, eso no lo vamos a permitir”, dijo, consultado por este medio sobre el tema el ministro Katopodis.

"No cumplieron con las obras y endeudaron al país, eso no lo vamos a permitir", dijo Katopodis
“No cumplieron con las obras y endeudaron al país, eso no lo vamos a permitir”, dijo Katopodis Fuente: LA NACION – Crédito: Silvana Colombo

Para el Gobierno el sistema de PPP, cuyo sentido es que las empresas consigan el financiamiento para hacer las obras, es impracticable en el contexto actual y ya lo era en el momento en que se cerraron los contratos, en julio de 2018. “En el momento en que se lanza ya todo el mundo sabía lo que estaba pasando en la economía argentina y la restricción de financiamiento externo que teníamos”, apuntan.

En el Gobierno lo señalan como un plan “excesivamente ambicioso y costoso”. Según datos oficiales, las obras licitadas bajo este sistema involucran un monto total de US$10.000 millones, de los cuales el 60% constituye el costo “puro” de las obras y el 40% restante, U$S400 millones, es el costo financiero.

Los resultados obtenidos, alegan, también son casi nulos. En términos globales la ejecución física del Plan de Obras Principales no supera el 2% y los proyectos más avanzados rondan el 4%. Según un informe de la Sindicatura General de la Nación (Sigen), dentro del Programa Rutas Seguras -que enmarca a los proyectos de PPP- “se ejecutaron solamente 6 de los 4000 kilómetros planificados, es decir, un 0,15% del total anunciado”.

En el ministerio de Katopodis aseguran que “no hay ninguna animosidad contra las empresas”, sino que heredaron una situación que deben resolver de alguna forma. Aseguran que no quieren generar conflictos con las casas matrices de las empresas internacionales involucradas ni con los jugadores de la obra pública, que son pocos y no solo tienen otros contratos activos con el ministerio, sino que son los que podrían ejecutar los proyectos por venir. “No hay otras empresas; son estas”, resumen.

Los seis proyectos adjudicados bajo el modelo de PPP
Los seis proyectos adjudicados bajo el modelo de PPP

Las empresas que integran los seis consorcios adjudicatorios de los proyectos de PPP son Paolini Hnos, Vial Agro y la empresa italiana INC SpA por un lado; China Construction America y Green SA por el otro; José Cartellone Construcciones Civiles, grupo Helport (del grupo empresario de Eduardo Eurnekian), Panedile, Copasa (España) y Eleprint (del expresidente de la Cámara de la Construcción, Gustavo Weiss) en el caso de las “E” y “F” y Rovella Carranza y JCR Mota-Engil Latin American (Portugal).

Las empresas que integran los consorcios ya están al tanto de la decisión del Gobierno, aunque todavía no hubo una reunión formal luego del envío de las intimaciones. Habrá, por delante, una negociación dura sobre qué pasará con las garantías, que representan un monto total de US$567 millones.

Las empresas pujarán por que les sean devueltas, alegando que no son responsables de la parálisis de la economía argentina. Incluso, anticipándose a la situación, algunas empresas ya accionaron judicialmente para intentar reemplazar esas garantías por cauciones en pesos. Es de esperar que el Gobierno, por el contrario, busque ejecutarlas. “El Estado va a defender el patrimonio de los argentinos a como dé lugar. No estaría haciendo bien las cosas si pierde plata”, se limitan a decir.

La negociación por delante se prevé árida y en Obras Públicas prefieren no adelantar su estrategia. “Esto es, salvando las distancias, similar a lo que pasa en la negociación entre el ministro de Economía, Martín Guzmán, y los acreedores de la deuda. Hay cierto secretismo y no está mal, porque es un juego y hay que ver cómo responde el otro”, dicen, y señalan que además de personal de ese ministerio, tomarán parte en la negociación la Jefatura de Gabinete, la Secretaría Legal y Técnica y la Procuración del Tesoro.

Fuente FOTOS: Archivo
FUENTE : DIARIO LA ANCION

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Economia

CUIDADO: ESTA VEZ EL RELATO PUEDE EMPUJAR UNA DEBACLE

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Lo ocurrido en las últimas horas con la cuestión de la deuda externa prende señales de peligro sobre una vieja costumbre del oficialismo en el gobierno: ¿también es relato el avance de las negociaciones?.

El gobierno argentino resolvió un día que no iba a pagar un vencimiento de U$S 503 millones pero que igualmente no iba a entrar en default. «Vamos a ampliar el plazo de las negociaciones» afirmaron en la Casa Rosada, como si esa fuese una decisión unilateral que un deudor puede tomar ante sus acreedores.

«No estamos en default» insistieron, «a lo sumo en un default técnico» afirmaron, inventando un neologismo que resulta imposible encontrar en cualquier libro de finanzas o en la letra, grande o chica, de un contrato. Pero la jugada pareció en un principio dar buenos resultados…

Las afirmaciones argentinas en el sentido de pretender ofrecer una alternativa a sus acreedores, siempre dentro del espíritu de querer llegar a un acuerdo posible de pagar, ofició como un bálsamo en los mercados: subieron los ADR, cayó el riesgo país y el dólar blue cedió cerca de un 10% de su máxima cotización. El país del eterno incumplimiento había resuelto mantener los pies dentro del plato y ello era digno de un voto de confianza…

Pero el espejismo duró lo que un rayo en medio de una tormenta; cuando los principales grupos tenedores de bono consultaron a la Asociación Internacional de Swaps y Derivados (ISDA), quien determinó que la Argentina entró en default y activó el pago de seguros por alrededor de 1.500 millones de dólares.

De acuerdo a un contundente fallo unánime con 14 votos a favor, el comité aseguró que en el país ocurrió un «evento de crédito» el 22 de mayo cuando finalizó el período de gracia de un mes por no haber afrontado el vencimiento del que hablábamos más arriba.

Si bien este fallo le otorga a algunos fondos la opción de activar la cláusula de aceleración que les permite exigir el pago de todo lo adeudado de forma inmediata, se espera que eso no sucederá y en cambio  el propio riesgo de una default generalizado podría facilitar un acuerdo con Argentina.

Pero para ello deberán darse dos condiciones de las que sería bueno que el gobierno tomase nota: acelerar los términos de la negociación, para evitar que los fondos más duros exijan que se declare al país en cesación de pagos, y mejorar sustancialmente la primera oferta hecha llegar a los bonistas. Ambas cuestiones parecen escapar hoy de las posibilidades ciertas de la administración y ya comienzan a sonar alarmas en torno a la estrategia elegida por Martín Guzman para encarar una cuestión en la que a cada paso se pierde la iniciativa.

No son pocos los analistas y también algunos miembros del gabinete presidencial que sostienen que el ministro juega todas sus cartas al apoyo del FMI y del gobierno de Donald Trump y comienzan a creer que la única intención del organismo es la de asegurarse su propia acreencia dejando a los fondos privados librados a su suerte. Lo que a la larga repetiría el escenario ya vivido en tiempos de Néstor Kirchner: el Fondo y el Club de París cobraron hasta el último peso y Argentina quedó desfinanciada y aislada internacionalmente por las acciones de los bonistas y los fallos del juez Griessa.

Muchos ven en el horizonte un futuro no muy diferente a ese pasado sugestivamente cercano

Cuidado entonces con enamorarnos del relato. El margen no existe y la memoria de los centros financieros internacionales no juega a favor de la Argentina.

Ninguna de las variantes económicas permiten construir con optimismo el futuro. A nivel interno una gran inflación, la caída vertical de la actividad, el complicado panorama social, los efectos de una emisión desmadrada -más allá de los motivos por los que haya sido elegida como red de contención durante la crisis sanitaria- la falta de inversión y la escasez de crédito, presagian una salida complicada, dolorosa y que va a requerir un equilibrio que no tiene forma de dejar a todos contentos.

El frente externo no aparece más diáfano: cualquiera sea el final de la negociación por la deuda Argentina quedará fuera del mercado de capitales por al menos un lustro. A ello debe agregarse este presente de precios deprimidos de los commodities, en su nivel más bajo en décadas, y una disminución fuerte de los negocios internacionales. Ni que hablar de las chances de que el país reciba inversiones genuinas que ayuden a su recomposición, como paso inicial a un eventual desarrollo.

Insistir por camino que ya se han intentado es tan irresponsable como de corto vuelo. Echar mano a la épica nacionalista puede mantenernos con el pecho hinchado algunos pocos meses pero en menor tiempo aún vaciará las panzas tocando, como sostuvo el fundador del movimiento que hoy gobierna, la víscera más sensible de los argentinos. Esa que se ha llevado puesto a más de un gobierno, del color político que fuese,  que creyó que con el relato era suficiente.

Ojalá repitamos con Aristóteles aquello de «la única verdad es la realidad» y actuemos en consecuencia. Esta vez no hay colorín, colorado…

 

FOTO TASPA : IPROFESIONAL

FUENTE : LIBRE EXPRESION

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