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Clásica recuperación

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Peñarol cortó la mala racha a expensas de Quilmes. Jugó un mal primer tiempo y un gran complemento para quedarse con el clásico por 98-90 (anotó 63 puntos en la segunda mitad). Nicolás Giánella dio cátedra y fue la gran figura. Enorme partido de Zurschmitten
Autor:Pablo Tosal (ptosal@pickandroll.net)

En el inicio empezó mandando Peñarol con tres triples seguidos de Ale Diez, que no falló para darle la ventaja de 9-6. Aunque pronto se descubrió que sería la única herramienta válida que contó el local.

Enseguida pasó al frente Quilmes 9-13 repartiendo el goleo en los cinco jugadores titulares. Todos convertían y de diferentes maneras. La dinámica siguió igual y la ventaja siguió ampliándose (11-17) para que Leo Gutiérrez pare el partido con un minuto de una volcada de contraataque de Basualdo (8).

Al regreso Pettigrew achicó con un triple (14-17) pero Quilmes siguió muy bien en ofensiva sacando mucho provecho del cambio de marca a Peñarol para volverse a escapar 14-22. A Lamonte lo contuvieron muy bien con el step del Basualdo y por los costado directamente doble marca con atrape. De todos modos Peñarol achicó con tiros libres (18-22) y Quilmes cerró el primer cuarto muy bien para el 22-29 final del primer segmento (4/6 en triples Peñarol)

Para el segundo cuarto Quilmes trató de bajar el ritmo ofensivo, controlar las faltas y el cansancio. Flor se erigió como abanderado ofensivo al tiempo que Peñarol frenó un poco su intensidad de tiros de tres (24-32).

Con un largo de pase de Lamonte y mejor definición de contraataque de Alloatti Peñarol achicó a 6 (26-32) para que Bianchelli tenga que pedir minuto. La situación que el equipo de Leo Gutiérrez insistió (con Flor en cancha) fue en el cambio directo en el pick y Quilmes tuvo una gran lectura de esta situación para hacerle pagar todas las desventajas.

Mejorando un poco su defensa el “milrayitas” se puso a una pelota (33-36) y buena lectura de profundizar el balón bien cerca del canasto. Pero llegaron dos recuperos de la defensa de Quilmes que terminaron en dos volcadas de contraataque para que se erija la máxima (33-43).

La reacción de Peñarol quedó muy lejos, porque perdió definitivamente la brújula ofensiva, sin poder seguirle el ritmo anotador a su rival. Gianella y Zurschmitten quedaron aislados como hacedores de juego mientras Quilmes le profundizó todos los ataques (con perimetrales incluidos) en el corazón de la defensa rival. Un doble puro talento de Eric Flor cerró el primer tiempo con ventaja máxima de 12 (35-47).

En el primer tiempo Peñarol lanzó 6/17 (35%) en dobles y 5/10 en triples, mientras que Quilmes lo hizo con un altísimo 16/23 en dobles (69%) y 3/8 en triples (37%).

En el comienzo del tercer cuarto si bien Leiva no tuvo eficacia debajo del canasto, Gianella logró imponer su ritmo tanto en la velocidad como en el juego de Pick and Roll para que Peñarol tenga oportunidad de descontar. Quilmes salió a buscar con tiros apresurados ampliar la ventaja, perdió eficacia y se desacomodó.

Cuando Leiva por fin pudo hacerse fuerte en la pintura y apareció Lamonte Peñarol concretó un parcial 8-0 para achicar a solo 4 (43-47). Bianchelli se vio obligado a pedir minuto.

Quilmes intentaba aguantar con Basabe de 4 y un equipo más bajo. Pero la combinación Gianella- Lamonte empezó a funcionar a pleno para que Peñarol se ponga solo a uno (50-51) con un parcial de 15-4.

La defensa de Peñarol se hizo presente, pero cuando mejor estaba el “milrayitas”, Quilmes tuvo otra reacción de puro gol. Llegaron un par de dobles y un triple de Ruiz para tomar 8 (50-58)

Después de un doble que Zurschmitten le anotó a Sansimoni, el “Chule” le contestó de manera vigorosa con dos triples seguidos (52-64). Leo Gutiérrez tuvo que hacer regresar de manera urgente a Gianella al campo para jugar con doble base. Enseguida Quilmes empezó a sumar malas noticias como la quinta falta de Sansimoni.

Cuando Quilmes gobernaba el cierre del tercer cuarto (58-68) llegó una nueva reacción otra vez liderada por Gianella para cerrar el segmento 63-68. Ese vital parcial de 5-0 le permitió al “milrayitas” ponerse en juego sin que el rival le maneje el ritmo.

En el comienzo del último parcial el equipo de Bianchelli siguió sumando piedras en el camino ya que llegó rápida la cuarta falta de Basualdo (Ferreyra ya tenía 4) y cuando estaban 65-71 se tuvo que ir Flor lesionado por una contractura en el isquiotibial.

La doble base le siguió rindiendo muchos réditos a Peñarol para ponerse a un solo balón de distancia (70-73). Quilmes se quedó sin variantes y sin gol, perdió su buen pick and roll central desde donde comía y después de dos libres de Ferreyra (72-77) llegó una combinación letal con triple de Gianella, falta ofensiva de Basabe sobre Slider y dos libres de Zurschmitten para el ansiado empate en 77 que no se daba desde el inicio del primer cuarto.

Con el envión que traía Peñarol tomó el liderazgo del juego con un libre de Guaita para pasar al frente 78-77 y detrás del minuto de Bianchelli volvió Eric Flor (como podía) pero Zurschmitten se hizo cargo de todo mientras Gianella descansaba y anotó un gran triple para sacar 4 (81-77). Tan bueno fue el juego del base suplente de Peñarol en el segundo tiempo que tomó el lugar de Lamonte.

Quilmes nunca se dio por vencido, hizo el final emocionante y otra vez sacó la cara y empató en 83. Pero Peñarol tenía el As en la manga, el jugador del clásico. Volvió Gianella y metió 8 puntos seguidos (un doble, un triple y un doble más falta) para darle un gran caudal ofensivo a su equipo (89-86).

Pettigrew entraba para defender por las 4 faltas de Nico Gianella y el base entraba luego para atacar como habitualmente hace Sergio Hernández cuando dirige. Pero Flor apuró y erró un triple y en la contra hubo un gran desajuste defensivo, quedó solo Diego Guaita y facturó con triple para sacar 6 (92-86) a falta de solo 1 minuto 18 segundos.

Esa conversión fue la sentencia definitiva del juego que le permitió a Peñarol cerrar con tiros libres ante las urgencias de un Quilmes que ya no tendría más respuestas. El cervecero dominó el primer tiempo pero no pudo aguantar el ritmo que le impuso Peñarol al segundo. La acumulación de faltas en puestos claves sumado a la lesión Flor fueron contratiempos insalvables, en otro juego donde vuelve a recibir muchos puntos en contra.

El conjunto de Leo Gutiérrez tuvo como gran virtud sacarle provecho a los inconvenientes del rival, y aumentar la energía aprovechando los recambios. Esa madurez para cerrar el partido es lo que justamente le venía faltando en los últimos juegos. Sufrió y gozó por partes iguales pero al final se fue con una sonrisa enorme, ganando otro clásico y cortando una mala racha que ya terminó.

Crónica: Pablo Tosal – @pablotosal
Fotos: Demian Schleider para Prensa Peñarol

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LA SCALONETA NO PARA. GOLEADA DE LA SELECCION NACIONAL

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Es imposible de frenar. Messi, su equipo, el entusiasmo, la euforia que estalla en el Monumental. La ovación para Leo, para Dibu Martínez, para De Paul, para Di María, hasta para Scaloni (aplaudido con cantito incluido en pleno partido, sí). Es imposible de frenar esta ola celeste y blanca, ese ritmo, ese empuje, esa precisión en velocidad, esa voracidad. Es imposible de frenar, claro, porque el campeón está así, unido en una misma causa, en un puño apretado gritando por Argentina. La Selección derrocha confianza, optimismo, seguridad, energía, buena salud. Y da placer. Así aplastó a Uruguay 3-0. Y así, dio un paso más, uno enorme, a Qatar 2022.
Si ganó más que un partido es por las condiciones en las que se presentó el juego. Porque ganó (goleó y gustó) ante un rival que armó un cerrojo que parecía imposible de romper. Le ganó a una línea de cinco y a otra de cuatro, tiró una doble pared que buscó quebrarle la paciencia. Le ganó a un adversario que lo hizo sufrir, que puso a prueba a su arquero, cada vez más gigante, con tapadas decisivas . Y le ganó, como si fuera poco, a la presión de la tabla, porque en la previa se habían dado resultados favorables para cortar camino al Mundial. No le pesó.
La Selección se impuso a todo eso. Incluso, a las dudas iniciales de su defensa (luego Romero y Otamendi se afirmaron). Pero hay un aura tan positivo, que no sólo el palo ahora juega a favor (como en la de Suárez). también las asistencias se convierten en goles. En efecto, ese pase de Messi en cachetada para la entrada de Nico González que se le coló a Muslera, cambió el partido, partió a Uruguay, lo hundió. Sin embargo, fue Argentina el que provocó ese derrumbe. Con paciencia, con solvencia, con juego asociado, con decisión. Nunca se apartó de su libreto. Su rival, en cambio, sí se quedó sin él.
Si el gol de Messi fue un mazazo, el de De Paul seis minutos después fue un golpe de nocaut. A partir de ahí, fue todo de Argentina. Pero todo, absolutamente todo. Con un Messi inspirado, picante, imparable. Con un De Paul todoterreno, lugarteniente del capitán, intratable para meter y para jugar. Con un Lo Celso metido, preciso, siempre peligroso. Con un Lautaro Martínez que, sin estar en sintonía, igual selló la goleada. Y con un equipo comprometido, lúcido, en el que los que juegan demuestran por qué juegan y los que entran no desentonan.
El equipo de Scaloni se floreó a tal punto que la gente terminó gritando “ooole” al final del primer tiempo, en el final del partido y en varios pasajes más. Fueron tres, pudieron ser cuatro o cinco (Uruguay le terminó pidiendo clemencia), en el mejor partido de la Selección en las Eliminatorias. Por el rival, por el contexto, por lo que significa, porque en el camino a Qatar hoy le sacó siete puntos a Colombia, el quinto que se clasifica por repechaje (y falta ver los tres de Brasil).


Si ganó más que un partido es por las condiciones en las que se presentó el juego. Porque ganó (goleó y gustó) ante un rival que armó un cerrojo que parecía imposible de romper. Le ganó a una línea de cinco y a otra de cuatro, tiró una doble pared que buscó quebrarle la paciencia. Le ganó a un adversario que lo hizo sufrir, que puso a prueba a su arquero, cada vez más gigante, con tapadas decisivas . Y le ganó, como si fuera poco, a la presión de la tabla, porque en la previa se habían dado resultados favorables para cortar camino al Mundial. No le pesó.


La Selección se impuso a todo eso. Incluso, a las dudas iniciales de su defensa (luego Romero y Otamendi se afirmaron). Pero hay un aura tan positivo, que no sólo el palo ahora juega a favor (como en la de Suárez). también las asistencias se convierten en goles. En efecto, ese pase de Messi en cachetada para la entrada de Nico González que se le coló a Muslera, cambió el partido, partió a Uruguay, lo hundió. Sin embargo, fue Argentina el que provocó ese derrumbe. Con paciencia, con solvencia, con juego asociado, con decisión. Nunca se apartó de su libreto. Su rival, en cambio, sí se quedó sin él.


Si el gol de Messi fue un mazazo, el de De Paul seis minutos después fue un golpe de nocaut. A partir de ahí, fue todo de Argentina. Pero todo, absolutamente todo. Con un Messi inspirado, picante, imparable. Con un De Paul todoterreno, lugarteniente del capitán, intratable para meter y para jugar. Con un Lo Celso metido, preciso, siempre peligroso. Con un Lautaro Martínez que, sin estar en sintonía, igual selló la goleada. Y con un equipo comprometido, lúcido, en el que los que juegan demuestran por qué juegan y los que entran no desentonan.


El equipo de Scaloni se floreó a tal punto que la gente terminó gritando “ooole” al final del primer tiempo, en el final del partido y en varios pasajes más. Fueron tres, pudieron ser cuatro o cinco (Uruguay le terminó pidiendo clemencia), en el mejor partido de la Selección en las Eliminatorias. Por el rival, por el contexto, por lo que significa, porque en el camino a Qatar hoy le sacó siete puntos a Colombia, el quinto que se clasifica por repechaje (y falta ver los tres de Brasil).


“La Scaloneta, la puta que lo parió”, fue el grito que se sumó esta vez al “que de la mano, de Leo Messi…”. Hubo ovaciones para todos. Para los que salieron y para los entraron (porque el DT hasta se dio el lujo de cuidar jugadores antes uno de los rivales más fuertes). Y para cada jugada que tenía olor a gol. Como si todo pasara en Disney y no en el Monumental…

Argentina, en este nivel, no sólo defiende con honores el título de campeón de América. No sólo sigue invicto en 24 partidos. Confirmó que hoy es la mejor selección del continente, aunque la tabla diga lo contrario. Y no sólo mira el Mundial más cerca. Así como está, lo mira con ilusión, con ganas, con esperanza…
Nota del periodista Sergio Maffei para Ole

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ARGENTINA ENFRENTA A URUGUAY EN EL MONUMENTAL

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El seleccionado argentino de fútbol, que lleva 23 partidos invicto, recibirá este domingo a Uruguay, en el partido postergado de la quinta fecha de Eliminatorias Sudamericanas hacia el Mundial de Qatar 2022.

El encuentro comenzará a las 20.30 en el estadio Monumental, que contará con el 50 por ciento de aforo, y arbitraje del chileno Roberto Tobar.

Argentina llega al clásico del Río de la Plata con 19 puntos, único escolta de Brasil (27), y con un invicto de 23 juegos, entre clasificatorios, amistosos y Copa América.

El panorama del lado de Uruguay es otro, ya que si bien se posiciona en el cuarto lugar, dentro de los clasificados a Qatar, tiene 16 unidades y le restan cinco fuera de Montevideo sobre ocho echas.

Para este choque, el DT Lionel Scaloni maneja la opción de sacar a Joaquín Correa del ataque y colocar a Lautaro Martínez, que no estuvo con Paraguay por una molestia muscular y lo esperará hasta último momento.

El delantero del Inter de Milán, hombre clave en el ataque del equipo -un grito cada 146 minutos en 27 partidos-, y se notó sobre todo en el último toque dentro del área, más allá de las buenas apariciones de Correa, compañero también en el club italiano.

Por otro lado, Marcos Acuña, que llegó desde Sevilla con una dolencia y pidió probar contra Paraguay, posiblemente se ausente contra Uruguay, más allá del deseo concreto de ocupar la banda izquierda de la defensa.

Por el lado de Uruguay, las bajas confirmadas son Rodrigo Bentancur -límite de amarillas- y los lesionados José María Giménez y Giorgian De Arrascaeta, lo que obligará a Óscar Washington Tabárez a rearmar su mediocampo y a buscar un referente para la defensa.

Argentina: Emiliano Martínez; Gonzalo Montiel, Cristian Romero, Nicolás Otamendi y Nicolás Tagliafico; Rodrigo de Paul, Guido Rodríguez o Leandro Paredes y Giovani Lo Celso; Lionel Messi, Lautaro Martínez y Ángel Di María. DT: Lionel Scaloni.

Uruguay: Fernando Muslera, Nahitan Nández, Diego Godín, Ronald Araújo o Sebastián Coates y Matías Viña, Matías Vecino, Federico Valverde, Lucas Torreira y Nicolás De La Cruz; Luis Suárez y Edison Cavani o Darwin Núñez DT: Washington Tabárez.

Hora: 20.30.

Árbitro: Roberto Tobar (Chile).

Estadio: Monumental (36.000 habilitados).

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“DIBU MARTINEZ” CANDIDATO A MEJOR ARQUERO DEL MUNDO

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El marplatense Emiliano Martínez es uno de los nominados al premio Lev Yashin, el balón de oro de los arqueros, que desde hace un par de años se sumó al premio mayor -por el que peleará Messi- que otorga la prestigiosa revista francesa France Football. Dibu, figura de la Selección Argentina y del Aston Villa, competirá con otros nueve colegas por el galardón.

Clave durante la Copa América que ganó Argentina, importante para bancar el cero en el arco en la visita a Paraguay por Eliminatorias, a Martínez le llega este gran reconocimiento en el punto más alto de su carrera. A sus grandes condiciones como arquero, “Dibu” le suma una tremenda personalidad que le permite agrandarse en los momentos más calientes, como la definición por penales frente a Colombia.

No la tendrá nada fácil Dibu, ya que sus competidores también tienen un gran nivel y pergaminos. Los otros nominados son: Gianluigi Donnarumma (campeón de la Euro con Italia), Ederson (Brasil), Kasper Schmeichel (Dinamarca), Edouard Mendy (senegalés, ganó la Champions con Chelsea), Thibaut Courtois (Bélgica), Keylor Navas (Costa Rica), Manuel Neuer (Alemania) y los eslovenos Jan Oblak y Samir Handanovic.

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