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Opinión

Darío Turovelzky, el cerebro detrás de Telefe: “La industria está en una transformación, y más allá de la diversidad de plataformas cada vez hay más contenidos”

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“El minuto a minuto es tan violento que te hace tomar decisiones que no son las más adecuadas” reflexiona el SVP de Viacom para el cono sur en una charla exclusiva con Teleshow en la que repasa el presente de la empresa y los proyectos a futuro. Además cómo se gestó el pase de Santiago del Moro, los planes de Susana Gimenez para el 2019 y cómo se hace televisión en época de crisis: “Si cada uno tira para su molino no vamos a poder construir una mejor industria”

“Estamos muy contentos y orgullosos con el año que estamos teniendo en términos de performance y de audiencia. Un año muy contundente en cuanto a liderazgo”, dice Darío Turovelzky sobre el exitoso año de Telefe, que no solo ganó en el rating por séptimo año consecutivo, sino que también conservó el liderazgo en los 12 meses de 2018. “Es algo histórico que no se lograba desde hacía seis años”, apunta Turovelzky en una charla exclusiva con Teleshow.

La premisa del canal sigue siendo hablarle a la familia. “Buscamos entretener con ficción, con entretenimiento, con noticias, pero es el canal familiar por excelencia”, explica el responsable de los contenidos, que ya no solo tiene bajo su órbita lo que sucede en la grilla de Telefe.

Dario Turovelzky junto a Guillermo Campanini

Dario Turovelzky junto a Guillermo Campanini

Con la venta del canal hace dos años, Turovelzky que comenzó como productor de la señal se convirtió en el vicepresidente senior de Viacom para el cono sur. “Yo era el gerente de Programación, trabajando con otra gestión y otro equipo. Desde la llegada de Viacom tomo el coliderazgo de la compañía junto a Guillermo Campanini. Él, más enfocado en toda la parte de operaciones, finanzas, legales, recursos; y lo mío en contenidos, programación, producción, música, cine, digital y prensa. Y ya no solo con Telefe sino con todo lo que son las marcas de Viacom en el cono sur: MTV, Comedy Central, Paramount Channel y Nickelodeon“.

Según advierte el directivo, Viacom en un momento desvío el foco de la Argentina, concentrándose en México, Brasil y Colombia. Pero a partir de su adquisición, Telefe se convierte en usina de producción para todas las señales. De esta forma, más allá de los éxitos locales que implicaron programas como La Voz, 100 días para enamorarse o Sandro, el grupo de medios festeja el crecimiento respecto al año anterior en todas las señales.

—¿Cómo realizaron las sinergias entre los canales?

—Comenzó apenas Viacom adquiere Telefe. Desde el 1 de enero de 2017 cambiamos y creamos, por ejemplo, el bloque Nick Jr. en Telefe. En 15 días ya hubo una sinergia de equipos para congeniar contenidos, grilla, gráfica y todo lo que concierne a un programa; en un segundo generamos la primera sinergia de dos marcas. Y a partir de ese momento empezamos a generar sinergias no solo de programas entre ambos canales sino de comunicación.

—Me viene a la cabeza el reality de los hermanos Caniggia.

—Lo generamos para MTV, pero salía en Telefe y estaba en el top five de los cinco programas más vistos del día los domingos, después de Susana Giménez. A la hora de construir un programa, ya sea para Telefe o para las otras marcas, pensamos de qué manera puede aportar la otra marca. Despedida de solteros, un reality que hicimos, tenía su spin-off en MTV que se llamaba MTV After hours, y apenas terminaba en Telefe te ibas a ver MTV. En ese momento hicimos crecer MTV un 300%.

Dario Turovelzky junto a Marley en La Voz

Dario Turovelzky junto a Marley en La Voz

—MTV es un caso interesante de cómo tuvo que cambiar y adaptarse. La industria, ¿hacia dónde va?

La industria está en permanente transformación. Está claro que hay cambios de hábitos en las audiencias, lo podés ver con hijos o sobrinos que de repente no encienden el monitor de la tele pero están consumiendo el mismo contenido desde otro dispositivo o viendo material exclusivo desde otro lado. La clave está en el contenido, más allá de la diversidad de plataformas. Poder generar tu propio contenido para después poder producirlo, distribuirlo para cualquier territorio, cualquier plataforma y cualquier audiencia: ahí está la clave. Estamos en un momento de la industria donde cada vez hay más contenidos: se producen más series, más ficciones, más entretenimientos. Lo que pasa es que hay muchísimas más formas o plataformas para verlos. Lo que hay que lograr, de alguna manera, es poder concentrar la medición, todo junto. Porque hace años un programa en televisión abierta exitoso hacia 20, 25 puntos; y hoy, de repente hace 14 puntos y decís: “¿Eh…? Pero pará, hay dos millones de personas que están viendo el mismo capítulo en Telefe.com o en Mi Telefe”. Lo que falta, y creo que es un gran trabajo de la industria, es lograr la unificación y la integración de todas las mediciones.

—Hoy, ¿el rating está obsoleto?

—No sé si diría obsoleto, (pero) falta una parte. Se está trabajando para buscar esta integración de todas las plataformas. En Estados Unidos vos tenés el +3, el +10, que es la gente que se deja grabando programas y los ve tres días después. Aunque sume una porción pequeña, después te lo vuelve a sumar al contenido total.

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—En Telefe tomaron la decisión de terminar con el minuto a minuto. ¿Con qué tuvo que ver?

—Nosotros seguimos trabajando con Kantar IBOPE, estamos viendo nuevas herramientas, nuevos servicios, pero por el momento la herramienta del real time dejemos de utilizarla. Inclusive en un momento donde nos está yendo muy bien. No tiene que ver con descreer, sino con una metodología de trabajo. Y con trabajar para obtener nuevas herramientas del servicio.

—¿Y cómo fue el resultado de eso, en el día a día?

—Y… te da un poco más de vida (risas).

—Sin el minuto a minuto deben haber empezado a respirar distinto cuando en un programa están haciendo una nota, pero consulto básicamente sobre el final del día: ¿el número cambió en algo?

—No, no cambió en nada. Creo que para algunos productores ejecutivos, y en mi caso también, a veces estar tan enganchado con el minuto a minuto, medio “intravenoso”, te hace olvidar de algunas cosas. A veces el minuto a minuto es tan violento que te hace tomar decisiones que quizás no son las más adecuadas. Y eso, a veces, va en contra del propio contenido.

Dario Turovelzky junto a Xuxa

Dario Turovelzky junto a Xuxa

—Telefe siempre fue un canal que hizo ficción, y en la industria empieza a aparecer la posibilidad de que se unan el canal con la plataforma digital y la productora.

—En mayo de este año, en LA Screenings, en Los Ángeles, presentamos una nueva división de la compañía que se llama Viacom International Studios; VIS, le decimos. Es una división panregional que se encarga de desarrollar, producir y distribuir contenido para Telefe, para las marcas Viacom y para terceros, producidas en Argentina, en México, en Brasil, en Colombia o en Miami. Desde ese momento presentamos diez series premium que estamos empezando a pre producir. Entonces, cuando Viacom adquiere Telefe ve en el canal un potencial de capacidad de desarrollo, de producción y, a su vez, distribución.

—Se vuelve una usina.

—Se vuelve una usina no solo de los enlatados viejos, del catálogo, sino de generar nuevos contenidos. En los últimos meses hemos generado productos para Netflix, Amazon, Fox y Flow.

—¿Qué pasa en un año electoral en Telefe? ¿Cambia algo?

—El foco, como te dije antes, tiene que ver con entretener a la familia. Sin dudas hay una pata de noticias que va a estar abocada a cubrir las PASO, las elecciones, estar en el día a día. Seguramente en otros programas habrá invitados de la política y del escenario actual.

Dario Turovelzky y Guillermo Campanini

Dario Turovelzky y Guillermo Campanini

—¿Y qué pasa con el contexto económico del país, es un momento muy complicado? ¿Cómo afecta eso a la hora de definir la programación y manejar un canal?

Para nosotros fue un año muy bueno. Pero sin dudas, con cierta crisis o cierta recesión en algunas áreas, la industria publicitaria también pone el freno durante algunos meses. Pero lo que tenemos en contrapartida es que no somos solo Telefe, y entonces, a la hora de salir al mercado somos una oferta que va más allá de un canal de televisión.

—¿No tienen que hacer ajustes en la programación?

—De repente tenés que ir ajustando, o gestionando, y sin dudas hay que analizar cómo viene el mercado, dónde están parados los anunciantes. Todos sabemos también que es un negocio: hay gastos, hay ingresos, y las compañías, sobre todo una compañía americana como Viacom, tiene que ser rentable. Entonces, siempre hay que encontrar la forma y el modelo para que esto suceda.

Dario Turovelzky junto a Santiago del Moro y Guillermo Campanini en la firma del contrato.

Dario Turovelzky junto a Santiago del Moro y Guillermo Campanini en la firma del contrato.

—¿La televisión extraña a alguien cuando alguna figura se aleja?

—Hay figuras que si no están en televisión, la gente las termina extrañando. Figuras como Marcelo (Tinelli), Susana (Giménez), Mirtha (Legrand). No es que la televisión deja de funcionar si no están, pero ellos le dan un valor agregado a la televisión, que la eleva.

—La hacen más linda.

—La hacen más linda.

—Se suma Santiago del Moro a la pantalla de Telefe.

—Estamos muy contentos. Santiago tenía una relación genial y bárbara con América y fue una decisión absolutamente suya. Quería cambiar, quería tener un nuevo aire, nuevos desafíos, y realmente fue él quien nos vino a buscar.

—¿Qué se puede decir sobre lo que va a hacer?

—Va a ser un programa que le va a calzar como anillo al dedo.

—Me estás diciendo un montón (risas).

—Va a venir a hacer un programa de entretenimientos.

—¿Diario?

—No está confirmado todavía.

—¿No te llamaron de América diciéndote que ni se te ocurra llevarte a Santiago?

—No, es que fue una decisión de él. Tengo una relación muy directa con todos los canales, con todos los directores de programación, y hay un diálogo en ese sentido: nadie le va a ir a buscar o a sacar a nadie salvo que esa persona se quiera ir. Y ahí sí voy a ser el primero que va a estar para traerlo.

Darío Turovelzky a solas con Teleshow

Darío Turovelzky a solas con Teleshow

—¿Alejandro Fantino en Telefe?

—No. Alejandro es bárbaro, me he juntado en una oportunidad para conocerlo porque no lo conocía personalmente; te estoy hablando hace un año. Pero por el momento entiendo que está en Animales sueltos, y que está en América.

—¿Luis Novaresio?

—Es un gran, gran periodista. Un talento bárbaro.

—¿Te gustaría tenerlo?

—Hay muchos artistas que me encantaría poder tener. Esto también es un negocio y no puedo tener más artistas que programas para presentar.

—En los últimos días se especuló mucho por la salida de Nicolás Repetto de El noticiero de la gente, y uno de los nombres que sonó fue Novaresio.

—No.

—¿Cómo va a estar Susana en 2019?

Ya estamos empezando a trabajar en el programa del año que viene. Nos juntamos con el productor ejecutivo y el equipo para empezar a delinear qué vamos a hacer para el próximo año.

—¿Pero la idea es que vuelva a un formato semanal o que siga con los especiales?

—Haber hecho los especiales nos dio un aire diferente: a Susana se la vio en otro ámbito, aggiornada, fresca, en una cotidianeidad que no es común verla, tirándose por tirolesa con Verónica Castro por uno de los carriles más largos del mundo. Eso tiene que ver cuando te hablaba de innovación: no quedarnos encasillados con historias viejas o con formas de trabajar antiguas. Con 100 días para enamorarse, lo primero que dijimos es: “Necesitamos buscar una historia que identifique, que genere empatía con la gente, que tenga los temas de la coyuntura social impuestos en una tira con esto de las parejas que están hace más de 20 años y dicen ‘Che, ¿nos tomamos un tiempo?'”. Es algo que en cualquier charla de amigos o de parejas surge algo o podría surgir, no es algo inverosímil o disparatado.

—Entonces sabemos que Susana va a estar en la pantalla, pero no sabemos de qué forma: una vez por semana o con especiales.

—Pueden ser las dos, inclusive.

—¿Marley y Mirko?

—Con Marley, el lunes 14 de enero arrancamos con Minuto para ganar y estamos trabajando en la pre producción de Por el mundo.

—¿Ya lo firmaste a Mirko como figura del canal?

—(Risas) Esa es una negociación que todavía estamos hablando con Alejandro (Wiebe), con Marley. Mirko es un divino total: sin dudas, le da un valor agregado. Pero Marley es un talentosísimo: tiene una cabeza de productor, de programador.

—Además de Minuto para ganar, ¿qué es lo primero que viene?

Campanas en la noche. No sé si viste Amar después de amar, en 2017 (con Mariano Martínez y Eleonora Wexler, entre otros). Tiene esa lógica de ser un drama con cierta línea de suspenso o de thriller. Se terminaron las grabaciones: vi los primeros capítulos y no podés parar de verlos.

—¿No da miedo grabar todo antes del aire?

—Tiene sus pros y sus contras. Nos pasó con La Leona, y con Amar después de amar también estábamos en esa línea. Por un lado, en lo que es una fábrica de producción, tenés que trabajar, generar y ganarle al tiempo y la productividad. Pero por otro lado te deja fuera de alguna cuestión como en 100 días… que estábamos mucho más cerca del aire, donde podés jugar con cierta efeméride o coyuntura social. Vuelvo para atrás a lo del contenido: es espectacular, va más allá de si estás al día o relacionado con la actualidad.

Momento histórico de la TV cuando Marcelo Tinelli y Susana Gimenez grabaron un spot juntos para ambos canales

Momento histórico de la TV cuando Marcelo Tinelli y Susana Gimenez grabaron un spot juntos para ambos canales

—Tenés cinco televisores en tu casa y bastantes más en la oficina. ¿Cómo les decís a tus hijos que dejen la tablet?

—Y… es un gran desafío. Mis hijos algo de tele ven por donde se están criando, pero te das cuenta, hablás con otros chicos y te hablan de La Voz, de algunos personajes de 100 días. “¿Cuándo vuelve Marley con Mirko?”. Te hablan de Minuto para ganar: “Queremos ir al programa”. Y tal vez, no miran televisión. Entonces vuelvo a cómo hacemos para llegar con nuestra maquinaria de comunicación a todas estas audiencias que tal vez hoy no se sientan como nos sentábamos nosotros en el sillón con la familia, pero que lo están viendo.

—Que sea un gran 2019 para todos los canales, porque dan trabajo a mucha gente.

—No sé si te acordas el año pasado ese spot que hicimos de sumar, que eran Susana y Marcelo.

—Sí, que se enojó Mirtha; lo recuerdo perfecto.

—Sí, me llamó también. Creo que tiene que ver con eso. Si cada uno tira para su molino no vamos a poder construir una mejor industria. Estoy hablando no solo de los canales, sino de cada una de las asociaciones, de los sindicatos, de las productoras. Obviamente que existe la competencia y cada uno quiere ganar en lo suyo pero tenemos que construir entre todos, elevar a otro nivel la industria de los contenidos, sea para televisión, para cable, para radio, para donde sea. Tenemos que de alguna manera abrazarnos y empujar para adelante para que haya más fuentes de trabajo, mayores contenidos, mejores contenidos, que puedan ser más exportables en el mundo, y que nuestros contenidos vuelvan a ser lo que fueron en los 90.

—¿Argentina tiene que envidiarle a otros países en cuanto a la producción de contenidos o seguimos siendo competitivos?

—Seguimos siendo muy competitivos y somos muy buscados en términos de talento y mano de obra. Siempre se elogia afuera que tenemos una percepción, una sensibilidad sobre los contenidos diferente, o que ven con otros ojos desde afuera.

Infobae

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EL ÚLTIMO QUE APAGUE LA LUZ

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Martín Guzmán fue la nueva víctima de una larga cadena de funcionarios que ya se ha cobrado la relación patológica entre el presidente y su vice. Sin embargo, la cabeza que más le interesa a Cristina Kirchner aún no ha rodado.

La renuncia de Martín Guzmán al Ministerio de Economía coloca al presidente Alberto Fernández en una encrucijada terrible cuya salida es muy difícil de predecir, pero que incluye como una de las variantes posibles su propia renuncia anticipada y la eventual asunción de Cristina Kirchner como presidenta de la Nación.

Por más que haya sido Guzmán quien sorprendió ayer con su renuncia, el ministro saliente es la nueva víctima de una larga cadena de funcionarios que ya se ha cobrado la relación patológica entre el presidente y su vice. Esas víctimas ya han sido tantas que nadie podría asegurar que esta sea la última, sobre todo porque la cabeza que más le interesa a Cristina aún no ha rodado. Todo esto se produce, además, en medio de un proceso inflacionario y de inestabilidad cambiaria y financiera que puede precipitarse hacia una crisis terminal. “Si las cosas no se manejan correctamente, es difícil que no se produzca una crisis hiperinflacionaria antes del cambio de Gobierno”, advirtió hace un par de semanas el prestigioso economista Roberto Frenkel. Tal vez los tiempos sean más cortos.

El problema de Fernández es urgente. La nueva crisis se produjo en un marco de inquietante inestabilidad financiera. Los últimos quince días fueron agitados por dos amenazas serias: aumentó la demanda de dólares de todo tipo ante la evidencia de que no habían crecido las reservas en el momento de mayor liquidación, y vencía una cantidad enorme de deuda en pesos, en un marco creciente de desconfianza sobre la capacidad del Gobierno para honrarla. Esos dos elementos produjeron una nueva corrida que aumentó el precio de los dólares paralelos alrededor de un 20 por ciento en menos de un mes. Mientras tanto, en los supermercados faltaban productos y se aceleraban las remarcaciones. En ese contexto difícil, Cristina golpeó y golpeó sin piedad. Sobre el final de la semana, las gestiones del propio Guzmán y del presidente del Banco Central, Miguel Pesce, habían logrado un poco de calma. O, al menos, un poco de tiempo. A un alto costo, el BCRA había logrado aumentar las reservas y renegociado una porción significativa de la deuda. Pero ninguna persona seria podía asegurar que el tema estuviera terminado.

En este clima tan inestable, renunció el ministro de Economía. Eso coloca al Presidente frente a una opción dramática entre dos caminos. El problema es que cualquiera de esas alternativas tiene altas chances de terminar muy mal. Por un lado, Fernández podría ratificar el rumbo trazado por el ministro saliente: acuerdo con el Fondo, reducción del déficit, aumento de tarifas por eliminación de subsidios y ensayar algún plan de estabilización. A última hora del sábado, esa parecía ser la primera preferencia del Presidente. El objetivo sería serenar la ansiedad que produjo la salida de Guzmán en inversores, ahorristas y acreedores, pero eso mismo enojaría a la Vicepresidenta, cuyo poder de demolición es muy evidente.

Alberto Fernández y Martin Guzmán (Crédito: Telam)Alberto Fernández y Martin Guzmán (Crédito: Telam)

El segundo camino sería entregarle el Ministerio de Economía a Cristina Kirchner. Eso alteraría a los mercados y los formadores de precios que, a su manera, también tienen una gran capacidad de daño. La estampida podría ser estremecedora. En cualquiera de los dos casos, la primera pregunta es qué pasará con todos los precios de la economía a partir de mañana lunes: el dólar, los alimentos, y todo lo demás, y cuáles serán las consecuencias sociales del descalabro. Antes de la renuncia de Guzmán, la precaria estabilidad económica -por llamarla de alguna manera- se deslizaba por un camino de cornisa. Ahora, hay un riesgo mucho más serio de que se espiralicen todos los problemas.

Al cierre de esta nota, en los ámbitos oficiales crecía la versión de que Sergio Massa sería el nuevo jefe de Gabinete, Marco Lavagna el nuevo ministro de Economía y Martín Redrado el presidente del Banco Central. Sea ese el esquema, o cualquier otro, los nuevos funcionarios se enfrentarán al desafío de poner en marcha algún tipo de plan de estabilización, en el medio de aguas muy tormentosas donde la hiperinflación estará siempre como amenaza inminente.

¿Puede existir semejante plan cuando el que conduce es un Gobierno derrotado, quebrado por dentro, cuando la poderosa vicepresidenta impulsa sin pudor un proceso destituyente contra el primer mandatario? Para ningún Gobierno es fácil enfrentar una inflación desbocada. Pero es mucho peor si ese Gobierno se conduce como la Armada Brancaleone. No parece una cuestión de nombres. Se trata de un contexto que, en principios, tiene impreso el desastre en su propia dinámica.

La alternativa más razonable consistiría en que el Presidente y la Vicepresidenta fueran conscientes de los riesgos que existen, pudieran saldar sus diferencias puertas adentro y establecieran una estrategia conjunta. Pero no hay ninguna posibilidad de que eso ocurra, si es que alguna vez la posibilidad existió. Durante el acto que encabezó ayer en Ensenada, Fernández de Kirchner utilizó su histrionismo para burlarse del presidente. Solo en los últimos días, seguidores de la Vicepresidenta le han dicho a Fernández que es un “borracho”, que no tiene “pelotas”.

Una de las personas que más lo ha insultado fue Hebe de Bonafini, la presidenta de Madres de Plaza de Mayo que protagonizó un hecho de corrupción escandaloso durante la gestión cristinista. Cristina la sentó ayer en primera fila: un signo ominoso de que la ofensiva, el destrato, los insultos humillantes, continuarán. Se trata de una de las conspiraciones más evidentes contra un presidente desde 1983. Cada gesto de la vice les da la razón a los funcionarios que le han implorado al Presidente que reaccione porque su debilidad lo ponía al borde del abismo y, al mismo tiempo, no calmaba a su enemiga. Fernández no reaccionó.

Cristina Kirchner en EnsenadaCristina Kirchner en Ensenada

La discusión sobre qué hacer con la economía sobrevivirá, naturalmente, a Guzmán. En el mismo acto de ayer, Cristina Kirchner deslizó una idea fuerte. “Tenemos que encontrar los argentinos un instrumento que vuelva a colocar una unidad de cuenta, una moneda de reserva y una moneda de transacción en la Argentina. Si no hacemos esto, estamos sonados. Venga quien venga”. Es una definición demasiado general y técnica, pero por momentos pareciera que estaba sugiriendo algún tipo de dolarización de la economía argentina.

Sin embargo, unos segundos antes de su discurso, los asistentes pudieron escuchar fragmentos cuidadosamente seleccionados de discursos del general Perón: “Si los precios suben, justificadamente, no queda otra que aumentar los salarios. Pero si suben los precios injustificadamente, el remedio consiste en bajar los precios. Lo primero ha de encararse, para resolverlo, en forma absolutamente racional y, por lo tanto, con medidas racionales. Lo segundo, es decir la especulación, deberá combatirse con medidas drásticas de la mayor energía”. Las imágenes recordaban cómo, en los años cincuenta, se clausuraban con fajas pequeños comercios.

Unos días antes, además, La Cámpora difundió un video de homenaje a Perón que arrancaba con la tapa que el día de su muerte publicó el diario Noticias, que pertenecía a los Montoneros, la organización armada a la que, justamente, Perón expulsó de la plaza de Mayo antes de su muerte.

A esa ensalada de ideas, deberá rendirles cuenta el nuevo equipo económico, en medio de una tormenta financiera. No será fácil que apruebe esos exámenes entre otras razones porque esa eventual discusión está atravesada por la evidente decisión de Cristina de dañar al Presidente y, eventualmente, deshacerse de él. ¿Por qué colaboraría si eso le podría dar una vida más a Fernández?

De esa irracionalidad conoce mucho el ministro saliente. Guzmán renunció cansado de no tener el poder necesario para conducir una economía alocada. El disparador final fue la dificultad para elaborar el formulario que deberían llenar aquellos que pretendieran seguir beneficiados por los subsidios al consumo de gas y electricidad. Ese formulario era el paso previo indispensable para la segmentación tarifaria que, durante dos años y medio, el Gobierno no pudo poner en práctica por las sucesivas trabas que imponían los funcionarios que respondían a Cristina Kirchner. El cristinismo exigía cada día una nueva condición. La última era que los subsidios se mantuvieran intocables en la provincia de Santa Cruz.

Antes de eso, por ejemplo, a Guzmán le resultaba inverosímil la crisis que se produjo por el desabastecimiento de gasoil, y que generó un muerto en las rutas. Todos los estudios técnicos indican que el Gobierno impuso un precio ridículamente bajo en comparación con el internacional. Así las cosas, las empresas, entre ellas YPF, eran reacias a importar porque debían hacerlo a pérdida. La escasez más el precio vil generaron una avalancha de demanda, que provocó la crisis. Nicolás Arceo, funcionario clave de la política energética entre 2013 y 2015, acaba de difundir un informe donde sostiene que el Gobierno podría haber subido los precios, o subsidiado, o importado. La demora en tomar esas decisiones provocó los efectos que se conocen.

En el centro del proceso de toma de decisiones que fijó el precio del gasoil, no estableció políticas compensatorias, demoró el gasoducto, el formulario de segmentación, la implementación del plan Gas o la eliminación de subsidios pro ricos, hubo un grupo de funcionarios que dependen de la Vicepresidente. Aquello contra lo que protestaba Guzmán en privado, es lo mismo que Matías Kulfas dijo en público cuando renunció. Ambos se cansaron de esperar a un Presidente que no reaccionaba. O no reaccionaba con la energía suficiente. O no reaccionaba a tiempo. La economía se deterioraba, la inflación aumentaba, y todo seguía como siempre. Así las cosas, hay un alto riesgo de que el nuevo ministro de Economía sea el próximo punching ball de CFK. ¿Por qué alguien querría asumir el cargo en esas condiciones?

Hay una enorme responsabilidad presidencial en este deterioro grave e innecesario. Una y otra vez, en estos dos años y medio, Fernández decidió sacrificar la gestión económica del Gobierno en función de la necesidad de mantener su alianza con Kirchner. Al final de la historia, ambos objetivos fueron dañados. Ni hay unidad ni hay gestión. Desde el comienzo, Fernández sintió que era un presidente débil porque representaba a un sector minoritario del Frente de Todos. Era cierto. Pero también eso podría haber pensado Nestor Kirchner en 2003. Sin embargo, para mal o para bien, ejerció su autoridad.

Hace exactos treinta días, el día de la renuncia de Matías Kulfas, esta columna terminó con el siguiente párrafo: “¿Será Kulfas el último en irse? ¿Cómo leerá Martín Guzmán la decisión que tomó hace unas horas el Presidente? ¿Se sentirá respaldado? En el caso que Guzmán se vaya, ¿será el último en irse? ¿Cómo influirá toda esta maravilla en la demanda de dólares? ¿De qué manera contribuirá para frenar la inflación? Cada día, todo se pone peor”.

Guzmán ya se fue.

¿A quién intentará ahora voltear la vice?

¿No es demasiado evidente?

 

 

 

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Opinión

EL DURO INFORME QUE MUESTRA CÓMO LOS ALIMENTOS SUBIERON MÁS QUE EL BLUE

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La escalada del dólar blue de las últimas semanas pone en zona crítica a la economía. Pese a que el Gobierno nacional minimiza la cotización de este tipo de cambio, un informe muestra que los precios de alimentos básicos subieron igual o más que el dólar libre y aceleran la inflación

Mientras que desde el Gobierno nacional se insiste en que el comportamiento del dólar blue no afecta a la economía porque se trata de una mercado pequeño y marginal -así lo definió el jefe de Gabinete, Juan Manzur-, la realidad parece desmentirlo.

Tras el anuncio de nuevas medidas del Banco Central para endurecer el acceso al dólar a más empresas, los problemas se multiplican en diferentes sectores. El caso más sensible es lo que sucede con la industria de la alimentación con un impacto significativo, no solo sobre los productos del exterior, sino también sobre aquellos que utilizan insumos importados para los empaques.

Un estudio elaborado por la consultora INDECOM muestra que los precios de una serie de productos básicos acompañaron, en junio, la evolución del tipo de cambio paralelo o, incluso, lo superaron.

El trabajo señala que siguiendo la suba del dólar blue, la leche en sachet de 1 litro debería costar U$S 0,58, pero cuesta U$S 0,68, el aceite de girasol de 900 cc debería valer U$S 1,73 y cuesta U$S 1,75 y el pan de molde integral de 350 grs, que debería presentar un precio de U$S 1,34, en las góndolas se observa a U$S 1,37, entre otros.

Lo mismo sucedió con otros productos relevados como la azúcar por kilo, la harina por kilo, la docena de huevos, los fideos secos tirabuzón por 500 gramos, el queso rallado por 130 gramos y el agua mineral sin gas por litro. En todos estos casos, la suba de precios en pesos acompañó el salto del “blue”, lo que implica que las fábricas y comercios ajustan sus lista en base a esa cotización libre y no al cambio oficial que controla el Banco Central.

Miguel Calvete, director de la consultora, explicó que “la imposibilidad de acceder a la compra de divisas acarrea inevitablemente una complicación para importar materias primas y productos manufacturados de origen extranjero que tienen una presencia permanente en la mesa de los argentinos”.

En ese marco, el especialista reconoció que “el sector frutihortícola aparece a priori como uno de los más complicados, al igual que el sector lácteo, las salsas, vinos en cartón y el de los enlatados en todos sus rubros”.

El informe destaca la incidencia de la medida de la entidad monetaria en la comercialización de bananas y paltas es en su mayoría importada, al igual que el atún y las sardinas, entre otras, que además utilizan el sistema importado de “abrefácil”, mismo mecanismo que comparten con muchas bebidas en lata.

En el caso de los lácteos y salsas, el sistema de tetra pak también es importado en su mayoría, lo que puede producir un faltante notorio de uno de los principales alimentos de la canasta básica alimentaria.

Calvete reconoció que muchos puntos de venta “ya están recibiendo poco más de la mitad de los productos que habían solicitado” y agregó que “eso se debe a que las industrias están segmentando las entregas ante la incertidumbre que generó la disposición oficial conocida el pasado lunes”.

El análisis sobre el total de estos nueve productos que integran la canasta básica de alimentos arrojó que en la mayoría de los casos, las subas de precios en dólares fueron superiores al incremento que sufrió esa divisa en la última semana.

El estudio se realizó durante los últimos 4 días sobre folders digitales y webs oficiales de las principales cadenas de supermercados del país.

Calvete advirtió que “si no se toman medidas urgentes, la situación se va a ir agravando cada vez más con el paso de los días” y cerró diciendo que “también se puede proyectar un crecimiento de precios aún más pronunciado en aquellos productos en los que se registren faltantes.”

 

Horacio Alonso

Horacio Alonso

FUENTE : MDZOL.COM

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Opinión

LAS ZONCERAS QUE DICE CRISTINA CUANDO HABLA DE ECONOMÍA

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Es muy difícil entender por qué una persona inteligente como la Vicepresidenta pifia tanto en un tema central. ¿Pifia o miente? ¿En qué medida cree lo que dice o dice lo que cree que le conviene?.

Cristina Kirchner (Franco Fafasuli)

El lunes por la tarde, en Avellaneda, Cristina Kirchner intentaba demostrar -con ciertas dificultades- que las ganancias de las grandes empresas son el principal motivo de la inflación. En ese contexto, la Vicepresidente empezó a juguetear con una expresión desconocida para la mayoría de las personas. “Me puse a mirar la edbita de algunas empresas…”, anticipó. “¿Qué es el edbita de algunas empresas?”, se preguntó. “Cuando voy a mirar, por ejemplo, el edbita…”, insistió. “¡224,3 por ciento de edbita!”, destacó. Tanto énfasis en esa palabrita, tenía un costado, a la vez, complicado y gracioso. Porque, en realidad, nadie en el mundo sabe qué es el “edbita”. A juzgar por el contexto, tal vez Kirchner se refería al ebitda, que es el acrónimo de la expresión “Earning before interest, taxes, depreciations and amortizations” (ganancias antes de intereses, impuestos, depreciaciones y amortizaciones).

Se trata de un desliz menor y disculpable, porque el concepto estaba bien explicado en castellano. Además, a mucha gente le sucede que cancherea y queda pagando. El problema se agravaría, en cambio, si ese pequeño error revelara que la ex presidenta presume de saber mucho de Economía, cuando no tiene idea del asunto. Y sería mucho más grave aún si en función de esa ignorancia de base emprende batallas políticas o embate violentamente contra su propio gobierno. En sus últimas intervenciones, Kirchner ha dado señales de que eso es, precisamente, lo que está ocurriendo. Por eso, seguramente, varios economistas y periodistas que la han defendido en las situaciones más difíciles, empezaron tomar distancia y a manifestar cierta perplejidad frente a sus intervenciones.

He aquí un listado, para nada exhaustivo, de las últimas incongruencias vicepresidenciales:

1. Durante el discurso del lunes, Kirchner sostuvo que ella defendió las reservas argentinas al imponerle a empresas con balance comercial negativo, que desarrollaran proyectos para exportar. El miércoles insistió con ese tema al citar una nota periodística que destacaba la experiencia supuestamente virtuosa de la empresa Newsan. Más allá de ese caso, que merece un análisis más exhaustivo y sobre el cual hay versiones contrapuestas, tal vez corresponda analizar qué pasó con las exportaciones y las importaciones durante la gestión de CFK: no fijarse en pequeños detalles sino en el cuadro general. Los datos del Banco Central indican que, a un valor 100 para 2004, las exportaciones -en cantidades- apenas treparon a 104 para el 2015. Las importaciones, en cambio, aumentaron –también en cantidades- a 242 en el 2011. Los resultados de su gestión en términos de defensa de las reservas, y por lo tanto de la soberanía nacional, fueron muy malos. Es criterioso entonces que otros funcionarios eviten repetir esa experiencia fallida. Pero CFK sostiene que, como usó la lapicera, tuvo éxito; y arma un escándalo cuando no aplican sus recetas. Hay allí un pequeño problemita para todos y todas.

2. Pero los problemas apenas comienzan. El lunes pasado, Cristina Kirchner dijo: “En el ranking de países evasores, de países donde la evasión es muy importante, Argentina ocupa el tercer puesto. En nuestro país la recaudación representa el 28 del PBI cuando debería representar el 45 del PBI. El primer país es Guyana. El segundo lugar del podio está ocupado por Malta, que no es una cerveza ni una marca ni nada… Y el tercero Argentina. Sí. Tercer país evasor en el mundo, junto a Zambia, a Pakistán y no me acuerdo a qué otro país más”.

La historia de cómo CFK llega a esos números es impactante. Unos días antes del acto de Avellaneda, el Instituto Patria difundió un trabajo donde están los datos que nutren a la vice. Ese estudio concluye que, de existir “un eficaz control tributario”, la recaudación aumentaría un 60 por ciento y representaría un 45 por ciento del PBI en lugar del 28 actual. Eso mismo repitió Cristina. Para obtener esas conclusiones, “el Patria” se apoyó en un estudio realizado por la Universidad de las Naciones Unidas, sobre una base de datos del FMI.

Lo que no dicen “el Patria” ni la Vicepresidente es que todos los datos ¡¡¡corresponden al año 2013!!!!. Es decir, que la incapacidad de recaudar como corresponde se debería a su Gobierno y no al actual. El pequeño detalle da sustento a una frase que pronunció esta semana el periodista Alejandro Bercovich: “Se está asesorando con economistas del fondo de la ola”. ¿No lo vieron? ¿Lo ocultan? El cuadro puede verse a continuación: allí, en el encabezado, se lee claramente a qué año pertenecen los datos.

Todos los años, varios organismos internacionales de primer nivel -el Ciat, la Cepal, el BID y la Ocde- elaboran un trabajo llamado “Estadísticas tributarias en América Latina y el Caribe”. El 27 de abril difundieron el correspondiente al período 2010/2020. Los datos de ese informe son brutalmente distintos a los que presentó la Vicepresidenta. En principio, la Argentina aparece como el tercer país que recauda más impuestos como porcentaje del PBI en la región. La Argentina recauda el 29,3 por ciento del PBI, 8 puntos más que el promedio de los países de América Latina y el Caribe. Ese estudio informa que los países de la OCDE recaudan 33 puntos del PBI, ¡doce menos de los que Cristina cree que podrían recaudar la Argentina! ¿De dónde sacaran en “el Patria” esas conclusiones que ella repite? ¿Del edbita?

O sea que, en base a datos que revelarían cómo recaudaba el gobierno que ella presidía 2013, la Vicepresidenta denunció como inoperantes o cobardes a los actuales ministro de Economía, titular de la AFIP y presidente del Banco Central , y pidió sus remociones. Al mismo tiempo, acaba de colocar al frente de la aduana a Guillermo Mitchell, que era el número 2 de la AFIP cuando, según el estudio en el que se apoya el instituto Patria, se recaudaba tan mal. La casa está en orden.

3. Los problemas se profundizan. Luego de su salida del Ministerio de Desarrollo Productivo, Matías Kulfas presentó una carta de renuncia muy crítica hacia la política energética del Gobierno, por la que responsabilizaba a la Vicepresidenta. Horas después, la empresa estatal involucrada, Enarsa, le contestó a Kulfas. Esa respuesta fue respaldada por Cristina, quien la subió a sus redes para darle una máxima difusión. Allí aparece una frase que mezcla el surrealismo con la psicodelia: “Es miópico (sic) sostener que la importación de energía debilita a las reservas internacionales del país”. Ningún economista, de la línea teórica que fuere, podrá entender jamás cómo alguien escribió semejante cosa. ¿De dónde supondrá la Vicepresidenta que salen los recursos para pagar las importaciones? Si alguien realmente cree que importar energía no debilita las reservas, tal vez no se preocupe cuando su país pierde la soberanía energética, que fue exactamente lo que ocurrió cuando Kirchner gobernaba.

Matías Kulfas (Maximiliano Luna)Matías Kulfas (Maximiliano Luna)

4. A principios de mayo, Cristina dio el primer discurso en el que desarrolló su teoría sobre cómo se combate la inflación, en base a su propia experiencia. Dijo entonces: “Tuvimos una devaluación en enero de 2014 y la inflación se nos fue a 38. Pero al año siguiente la bajamos a 24 o 25″. Esa frase ofrece varios flancos. El primero es que se trata de un recorte que omite lo central. Lo que en realidad ocurrió con la inflación desde que Cristina asumió en 2007 no fue, precisamente, que “la bajamos”. En 2006, antes de que ella asumiera, los precios en la Argentina habían subido un 9,8 por ciento. Pocos años después, como reconoce Cristina, habían trepado a casi un cuarenta por ciento. La mala praxis produjo el regreso de la inercia inflacionaria, erradicada en los años noventa mediante la convertibilidad. No había vuelto ni siquiera luego de la trágica ruptura de ese régimen. Pero además, la razón por la que en 2015 hubo menos inflación que en el 2014 no tiene nada que ver con la lapicera de Cristina: simplemente, en 2014 el Gobierno devaluó y al año siguiente no. Lo que parece una discusión histórica tiene efectos determinantes sobre el presente. Porque, contra toda evidencia, ella cree que efectivamente triunfó contra la inflación gracias a la administración de la puja distributiva y entonces recomienda medidas similares a las que, en realidad, causaron el problema.

5. En ese mismo giro, Cristina permite recordar tal vez la única medida significativa que tomó durante su mandato contra la inflación. “Tuvimos una devaluación en enero de 2014 y la inflación se nos fue a 38. Pero al año siguiente la bajamos a 24 o 25″, dijo. El problema de ese ejemplo es que en ese año, el 2014, la inflación oficial, que informó su propio Gobierno, había sido del 23 por ciento y no del 38, ¡15 puntos menos de lo que Cristina reconoce ahora! Esa diferencia se explica porque el Gobierno de Cristina Kirchner, durante largos ocho años, mintió sobre la inflación. Eso logró el milagro de bajar la inflación, que ella recuerda con orgullo, mientras, al mismo tiempo, subían los precios, un detalle que ella olvida.

6. El discurso del lunes tuvo otro gran momento. La Vicepresidenta dijo que todo proceso inflacionario fue precedido por un gran endeudamiento. Para defender esa idea apeló a dos ejemplos: la inflación de la década del 80 que sucedió al endeudamiento producido durante la dictadura, y la actual, que es posterior al endeudamiento de la gestión macrista. La historia ofrece dos contraejemplos muy recientes. El primero es el de la década del 90, cuando la deuda crecía a paso rápido mientras había deflación. El segundo es autobiográfico. Antes de la asunción de CFK, Nestor Kirchner no había endeudado a la Argentina sino, todo lo contrario, la había desendeudado. Entonces: ¿por qué entonces con ella volvió la inflación? Esa pregunta es el elefante del que nunca se habla en los discursos de la Vicepresidenta, pero que puede ver cualquiera que no sea un believer: con ella volvieron la inflación, la restricción externa, la pérdida de la soberanía energética, los déficits gemelos. ¿No debería explicar algo de eso en lugar de presentar como una serie de triunfos lo que, en realidad, fue una cadena de derrotas?

Cristina Kirchner y Alberto Fernandez (Franco Fafasuli)Cristina Kirchner y Alberto Fernandez (Franco Fafasuli)

7. Durante sus últimos discursos, la Vicepresidenta elogió al capitalismo chino, en comparación con el norteamericano, porque incluyó muchas más personas en el mercado, y las sacó de la pobreza. Al mismo tiempo, reclamó aumentos de salarios en la Argentina. Cualquier conocedor superficial del proceso de desarrollo chino, sabe que ese proceso tan espectacular tuvo entre sus rasgos centrales a los salarios bajos. Empresas de todo el mundo se radicaron, entonces, en China para aprovechar esa ventaja. CFK admira la manera en que se desarrolló China pero recomienda lo contrario para la Argentina. ¿Cómo se juntarán las dos ideas? Misterio.

8. En septiembre del año pasado, luego de la debacle oficialista en las primarias, la Vicepresidenta difundió una carta en la que adjudicaba el resultado electoral a un supuesto plan de ajuste del Gobierno. Un ajuste implica que el Estado gaste menos que un año antes. En agosto de 2021, sin embargo, se gastó 66 por ciento más que el mismo mes del año anterior, una diferencia que superaba con creces a la inflación. “Tiene razón Guzmán. No hubo ajuste”, explicó por entonces Alfredo Zaiat, tal vez el periodista más elogiado por CFK en sus discursos.

9. En la misma carta, la ex presidenta había dicho que este Gobierno tiene más reservas que el suyo para enfrentar la presión cambiaria. Su ex viceministro de Economía, Emmanuel Álvarez Agis, explicó que en 2009 Cristina disponía de 45 mil millones de dólares de reservas. En el momento en que Cristina escribió su carta había solo 9 mil millones. ¡Cinco veces menos! De esa magnitud suelen ser los errores de la Vicepresidenta. No se trata solo de confundir ebidta con edbita.

10. La relación de Cristina Kirchner con los números, en realidad, siempre fue complicada. El ejemplo que mejor permite entenderlo es lo que ocurrió con la resolución 125. Esa medida reestructuró el esquema de relaciones políticas y humanas en la Argentina. Muchas familias y amistades se rompieron en ese momento. El peronismo se dividió. Durante siete años, ella agredió a quienes señalaron que aquella medida era un error político y, sobre todo, técnico, de la misma manera que agrede ahora a quienes no acuerdan con su mirada. En el año 2015, durante la campaña electoral por la jefatura de Gobierno porteño, Cristina admitió que la resolución 125 tenía, efectivamente, un problema de cálculos. Por entonces, Martín Lousteau encabezaba una lista opositora. “Ahí está el que nos hacía mal los números de la 125″, dijo Cristina. Finalmente, había llegado el reconocimiento del error. Tardísimo. El daño ya se había producido.

Es muy difícil entender por qué una persona tan inteligente como Cristina Kirchner pifia tanto en un tema central. ¿Pifia o miente? ¿En qué medida cree lo que dice o dice lo que cree que le conviene? Nadie puede responder esas preguntas. Lo cierto es que tantos errores de diagnóstico, y de tanta magnitud, explican muchos de los pesares que viven los argentinos. Gobernar no es solo una cuestión de números, pero los números importan mucho. Si son incorrectos, o si se los interpreta mal, se puede hacer mucho daño.

Claro, se trata de un punto de vista. Como todo. Máximo, el hijo de la vice, hace un tiempo defendió una visión alternativa con una reflexión deslumbrante: “Una cosa son los números y otra el bolsillo de la gente”.

Eso dijo.

Y tiene razón.

Una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa.

 

 

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