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Opinión

Director Técnico, el peor oficio del mundo

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“Los entrenadores –dijo el italiano Giovanni Trapattoni- son como el pescado: pasado un tiempo, empiezan a oler mal”. No importa si el campeonato es corto, largo o superliga: los directores técnicos son los fusibles que saltan cuando el equipo pierde. En cuatro meses, trece DT de Primera dejaron su cargo. Alejandro Wall habló con entrenadores de todas las categorías para entender cómo es vivir sometido al estrés permanente de ser despedido.

Hay un día que es el día del director técnico. Se festeja el 13 de noviembre. Chacarita saludó para esa fecha a Walter Coyette con un tuit. “¡Feliz día, Gastón!”, le escribieron desde la cuenta del club en un flyer sobre su figura. Quince días después, Coyette anunció que dejaba el cargo desde sus redes sociales. Chacarita había perdido el séptimo partido del torneo, en el que sólo ganó uno y empató tres. Los dirigentes habían dicho que lo apoyaban, querían que siguiera. Coyette les agradeció, pero dijo que se iba. Sin saberlo, es probable que su decisión haya sido un homenaje a un aforismo de Alfredo Davicce, el ex presidente de River: “Mi obligación es respaldar al técnico hasta cinco minutos antes de echarlo”.

 

Los entrenadores de fútbol manejan el joystick de nuestro humor. Son los administradores de la angustia ajena. Una vez, durante una cena, un grupo de amigos le reprochó a un periodista deportivo que reclamara con tanta vehemencia la renuncia de un técnico de la selección: que jugaba con el trabajo del otro, que no estaba bien, hay familias que viven de eso, le decían. Lo trataron de buchón. “¿Saben qué pasa? –frenó el periodista a sus inquisidores- Que no es un trabajador como cualquiera, tiene que armar un equipo, laburar para la felicidad de los demás. Si no puede hacerlo, se tiene que ir por el bien de todos”.

 

Esa respuesta vive en la base del imaginario social sobre los técnicos; es la razón por la que se trata del oficio con más reclamos colectivos de renuncia, quizá después de los funcionarios públicos, bajo la noción tribunera de que con algunas cosas no se jode y el fútbol es una de ellas. Un andate permanente. Hay que sacar a los árbitros, que cumplen el rol del villano necesario. Los técnicos, a diferencia de esos hombres, también construyen cariño, pueden convertirse en ídolos, son llevados en andas, les hacen monumentos, y les dedican cantitos y banderas. Pero todo pasa. “Los entrenadores –dijo una vez el italiano Giovanni Trapattoni- son como el pescado: pasado un tiempo, empiezan a oler mal”.

 

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En el fútbol, no hay tarea más inestable que la de dirigir a un equipo. En 2015, el canal DeporTV publicó un informe sobre la duración de los técnicos en el fútbol argentino. Se analizó lo que había ocurrido durante los cinco años previos en los equipos de Primera División: en promedio, un entrenador dura 45 partidos en un equipo. Como toda estadística despersonalizada, no refleja los absurdos. Sólo en la primera parte de lo que se llama Superliga, se fueron trece técnicos, uno por fecha. Nelson Vivas renunció a Defensa y Justicia a los cinco partidos –cuatro por torneo y uno por Copa Sudamericana- después de una pelea con los dirigentes. El uruguayo Gustavo Matosas se fue de Estudiantes después de siete partidos. Sebastián Méndez duró seis meses en Belgrano de Córdoba. El torneo que llegaba para formar a los Alex Ferguson del futuro también escupió a Diego Aguirre de San Lorenzo, a Mario Sciaqua de Olimpo, a Diego Cocca de Racing, a Paolo Montero de Rosario Central, a Omar De Felippe de Vélez, a Gustavo Álvarez de Temperley y a Mauricio Larriera de Godoy Cruz. A Coyette de Chacarita. Y al mismísimo Humbertito Grondona de su casa, Arsenal de Sarandí. Sumemos a Ricardo Caruso Lombardi, que presupuestó su huída de Tigre dos fechas antes. El caso de Jorge Almirón podría ser el decimotercero si no fuera porque tuvo una salida ordenada, después de dos años, con un título de Primera, una Supercopa y una Copa Bicentenario, además de haber llegado a la final de la Copa Libertadores.

 

—El entrenador —dice Ángel Cappa— es el más vulnerable. Y lo curioso es que no depende ni de su capacidad, ni de su trabajo, ni de lo que aporte en el mejoramiento de los jugadores. Sólo del resultado del próximo partido, cosa que no depende sólo de él sino de todo el grupo, aunque sea el principal responsable.

 

El técnico es lo que sobresale. Es el que arma el equipo, el que hace los cambios, el que enfrenta a la prensa antes y después de los partidos, el que se para en el corralito de cal, el que enfoca la cámara cuando hay un gol rival, el que tiene a un periodista a un costado para decir cuándo grita, cuándo está tranquilo, cuándo da una indicación, cuándo mira a sus suplentes. El nombre del entrenador está resaltado con fibrón fluorescente, es lo primero que detecta la ira del resto.

 

—Tenés que tener la piel muy dura para ser técnico —dice Roberto Saporiti, que a los 78 años, después de una carrera de cuatro décadas como entrenador, dirige a la UAI Urquiza en la Primera B Metropolitana—. Porque el técnico siempre queda solo. Está en medio de un círculo. Quiere salir para un lado y están los dirigentes, quiere salir para el otro y está el periodismo, los jugadores, la hinchada.

 

—Marcelo Marquez, el psicólogo deportivo con el que trabajamos muchos años, realizó un estudio y determinó que la del entrenador es una de las tres profesiones más estresantes del mundo —cuenta Mariano Soso, entrenador de Gimnasia—. Pero no quiero ser dramático, porque también está el privilegio de hacer lo que nos gusta y no quiero ser injusto con el laburante que pone el cuerpo y sus manos para un dueño, que luego se lleva lo que el hace. Es una profesión compleja, pertenecemos a un medio donde el entrenador en cuanto gana es reconocido y puede cotizarse, y en cuanto a sus equipos no alcanzan el triunfo se devalua y pierde reconocmiento. Es la lógica que impera en un fútbol mercantilizado, pero hay una contracultura dentro del mismo medio y cada vez son más los entrenadores que intentar batallar y dar pelea reinvidicando otros valores que no están asociados al exitismo.

 

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—Mucha gente trabaja de lo que puede y yo trabajo de lo quiero, no todos tienen el privilegio de hacerlo —dice Gustavo Alfaro, entrenador de Huracán—. Me moviliza una pasion y una profesion que elegí habiendo dejado de lado otra. Mi vida tomó otro camino.

 

Alfaro jugó sólo tres años como profesional en Atlético Rafaela. Estudiaba ingeniería química cuando decidió dejar la carrera para ser entrenador de fútbol. Le faltaban diez materias para recibirse. Tenía treinta años cuando debutó en el banco del mismo equipo en el que había sido futbolista.

 

—Quise ser como entrenador lo que no había podido ser como jugador. Fue una decisión difícil, pero la tomé porque seguí lo que quería. Y desde hace veinte años, mi lucha es por la dignificación del jugador y del entrenador.

 

Para Cappa, se trata de un oficio más que de una profesión. Y se dice “entrenador” más que “director técnico”.

 

—El entrenador —explica— prepara a un equipo para juegue. O sea, lo entrena. Por eso, es más preciso llamarse entrenador que director técnico. A la vez, yo siempre viví el fútbol con un sentimiento amateur, por lo que me resulta más apropiado decir que es un oficio más que una profesión.

 

—Somos entrenadores —coincide Soso—. Tenemos el ejercicio de entrenar un equipo, de conducirlo, de liderarlo.

***

La asociación que los reúne, creada el 12 noviembre de 1963, se llama Asociación de Técnicos del Fútbol Argentino (AFTA). De esa organización gremial nació en 1971 el Convenio Colectivo. Pero las discusiones, en su inicio, eran otras. “Este Consejo Directivo –dice un acta de 1964- destaca y aplaude los gestos de los asociados Luis Ferreyra, Néstor Rossi y Antonio Faldutti, quienes han preferido renunciar a sus cargos en las respectivas instituciones antes que permitir cualquier interferencia de terceros en sus tareas específicas, hechos que concuerdan y robustecen los principios de la  ATFA en cuanto a jerarquizar y dignificar nuestra profesión”. La AFTA es la única institución que entrega el título oficial, el requisito para salir a la cancha con un equipo además de que te contrate un club. El curso dura dos años y se puede hacer online.

 

Uno de los que puso el nombre de AFTA sobre la mesa fue Ricardo Caruso Lombardi, el año pasado, cuando le reprochó en un programa de polémicas al secretario general, Victorio Cocco, que no lo hubiera defendido al intentar cobrar un contrato con Arsenal. Cocco hace más de veinte años que ocupa ese cargo. Ahora, según contó el periodista Matías Muzio, un grupo de entrenadores entre los que está Julio Falcioni, Omar De Felippe y Caruso Lombardi quiere desbancarlo o armar un sindicato paralelo.

 

—Lo hablamos con un grupo de entrenadores cuando estalló la crisis un tiempo atrás y no teníamos una representación gremial como la que tienen los jugadores con Agremiados —dice Alfaro.

 

El ejemplo es siempre el mismo: cuando un jugador tiene deudas, Agremiados presenta una inhibición contra el club, que no puede contratar refuerzos ni vender jugadores. Esa herramienta le permite presionar a los dirigentes en épocas de mercado de pases, además de tomar medidas de fuerzas, como el paro que retrasó el inicio del torneo a principios de año. La única herramienta del entrenador es el juicio laboral.

 

—El entrenador está totalmente desamparado —sostiene Cappa—. Inclusive aunque lo respalden y apoyen todos sus jugadores, hay muchos intereses a su alrededor que esperan su caída. Más todavía si se trata de un entrenador honesto que no entra en corruptelas desgraciadamente habituales.

 

—El periodismo juega un papel fundamental —dice Saporiti—, no sólo en la Argentina, pero no creo que haya en el mundo un país con tantos programas de fútbol. Me pone contento porque son fuentes de trabajo, acompaño eso, pero el mensaje que mandan tiene incidencia en el día a día de los técnicos.

 

—La prensa, salvo excepciones, que las hay, manipula el pensamiento del hincha para convertirlo en un consumidor. Y lamentablemente en ese sentido tiene mucho éxito —agrega Cappa.

 

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A algunos los llaman defensivos y a otros líricos, a unos les hicieron fama de sacapuntos y otros se ganaron que los llamen vendehumo; están los tacticistas, los obsesivos, los motivadores, los ultraofensivos, los jugadoristas, los gritones, los reflexivos, los tecnológicos y los bohemios; están los que admiran la escuela holandesa y los que crecieron bajo el sistema de riego bielsista, en general rosarinos. Aunque ningún muro en el fútbol argentino se levantó tan grande como el que separó a las repúblicas menottistas y bilardistas, una nomenclatura que todavía se utiliza para establecer estilos. Pero cuando se barren esas diferencias, lo que queda es lo mismo, casi un consenso: un sistema que sube y baja entrenadores sin otra variable más que la del resultado, y siempre inmediato, nunca de largo aliento.

 

—Es muy delgada la línea divisoria entre el éxito y el fracaso, pero tenés que trabajar no pensando en la inmediatez —dice Alfaro—. Siempre es más sencillo prescindir de un entrenador. Arrancamos con el cien por ciento de apoyo y morimos enterrados sin crédito en el medio de la cancha. Lo vas viviendo en carne propia, pero hay algo importante: no tenés que sentirte mal cuando las cosas no salen.

 

—Nunca le presté atención a esas presiones –apunta Cappa-. Siempre trabajé con vistas al partido venidero, tratando de que el equipo pueda jugar lo mejor posible. Como si me fuera a quedar toda la vida en ese club, aunque supiera, lógicamente, que dependía exclusivamente de los resultados inmediatos. Pero mis decisiones nunca estuvieron contaminadas por esas presiones.

 

—Forma parte de una lógica y de una dinámica que está planteada de esa manera —agrega Soso—. Por otro lado, refuerza una cultura de la inmediatez. Hay mucha intolerancia al tiempo como una plataforma que permita la construcción. Como sujetos, estamos muy atravesados por esto de que hay que conseguirlo ya sino no sirve, no vale.

 

Ser entrenador implica ser echado muchas veces y ser echado, incluso, después de unos pocos partidos.

 

—La única vez que me pasó algo así fue en Boca —recuerda Saporiti—. Duré seis fechas. Pero tuve la suerte de encontrarme con dos caballeros como Antonio Alegre y Carlos Heller, grandes personas. Me quisieron pagar parte del contrato y no se lo acepté. Cobré hasta el último día en que trabajé.

 

No todos los técnicos que se quedan sin trabajo pueden volver a sus casas sin cobrar todo el contrato, con la tranquilidad de esperar a lo que vendrá. Sin irse tan abajo en la escala social, en el proletariado del Ascenso, por ejemplo, hay historias más relacionadas con llegar a fin de mes.

 

—Siempre tuve un trabajo aparte —cuenta Néstor Ferraresi, con una larga carrera como jugador en el Ascenso y que trabaja como entrenador desde hace veinte años—. Pero hay momentos en que es complicado. En la B Nacional viajás mucho. En la B Metropolitana también se te complica.

 

Ferraresi trabajaba como tornero en el taller de su padre, en Caseros, cuando en 2006 consiguió el ascenso con Deportivo Merlo, un equipo que además era elogiado por su buen juego. Era entrenador por la mañana y obrero por la tarde. Ese trabajo extra le permitió, muchas veces, que la posibilidad de perder el sueldo del fútbol no fuera un condicionante si consideraba que tenía que dejar un club o, como les pasa a tantos, ser despedidos.

 

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—Quedarse sin trabajo es parte del oficio del entrenador. Está naturalizado, lamentablemente. Uno aprende a convivir con eso. Yo me he ido un montón de veces de clubes. Otras me echaron. Pero nunca tuve que bancarme cosas que no me gustaran para no quedarme sin trabajo. Uno tiene que tener dignidad y dignificar lo que uno hace. Yo amo el fútbol y nunca traicioné mis principios.

 

Alguna vez, Ferraresi tuvo que pedirle a los jugadores que llevaran pelotas para un entrenamiento. Con esas limitaciones se lidia en el Ascenso.

 

—Si terminara todo en un 4-4-2 o un 4-3-3 sería todo más fácil. Pero es un trabajo más profundo. Hay días en los que vas en el auto al entrenamiento y no sabés con qué te vas a encontrar: problemas con la infraestructura, jugadores que trabajan, que tienen problemas en la casa, que no cobran. Siempre te falta algo. Y tu tarea es también hacer un poco de contención a muchos chicos, casi como si fuera unas maestro, porque la realidad social está brava. En el Ascenso se ven cosas que no se ven en la Primera División.

***

En la otra punta de la estructura del fútbol está el entrenador de la Selección, que tuvo su récord cuando Edgardo Bauza se fue 252 días de haber asumido, el período más breve de un técnico en ese cargo durante los últimos 43 años. Bauza también es un caso antólogico, un freelance del fútbol que dirigió tres selecciones en 2017: Argentina, Emiratos Árabes y Arabia Saudita, a la que sólo comandó en cinco amistosos. En algún momento, dentro de los últimos cuarenta años, ser técnico de la selección fue una tarea estable que podía durar hasta ocho años. Pasó con César Luis Menotti, pasó con Carlos Bilardo, ambos campeones del mundo, pero también pudo pasar con Marcelo Bielsa, que renovó su contrato después de haber quedado afuera en primera ronda de Corea-Japón 2002, aunque renunció dos años antes de terminar su segundo mandato. A Julio Grondona le gustaba administrar ese juguete sin sacudones.

 

Dirigir a una selección –ser seleccionador- tiene características particulares. Hasta parece otro oficio, acaso menos vertiginoso y más análitico, con una abundancia de recursos que en estos tiempos implica, por ejemplo, tener a Lionel Messi. Sin embargo, hay un trabajo cotidiano que no se ve, un backstage que, salvo para el técnico y sus colaboradores, para el resto de los humanos es una espera. Jorge Sampaoli llega todos los días a Ezeiza a las 7.30. Se va a las 16. ¿Qué hace un técnico de la selección cuando no hay partidos? Hace análisis y diplomacia. Los colaboradores de Sampaoli reúnen material de estudio. Sampoli busca en ese material aspectos más concretos. Un lateral que tenga ataque interno, otro que vaya mejor por afuera, que se asocie a los wines. Y mira fútbol, mucho fútbol, incluso a equipos a los que podría copiarle ideas. Alguna vez lo dijo Pep Guardiola: “Las ideas son de todo el mundo, yo he robado lo máximo posible”.

 

Pero la otra parte del trabajo de Sampaoli es más política, una diplomacia interna, la administración de las relaciones de fuerza con los dirigentes y también con los empresarios. Hay que lidiar con la AFA, hablar todos los días con su presidente, Chiqui Tapia, pero también cada tanto con los hombres de negocios, los que arman amistosos, sea Torneos o Word Eleven, la compañía de Guillermo Tofoni. Y están los medios de comunicación, la prensa que te requiere pero también que juega su partido para esos dirigentes y esos empresarios.

 

—La AFA es un Ministerio —dice un conocedor de ese país a escala—. El predio de Ezeiza es como una pequeña Municipalidad. Hay encargados en cada área. Hay personajes en cada recoveco. Todos tienen información. Todos producen información. Todos dan información. Tener de tu lado a toda la Municipalidad o elegir a quién tenés cerca y a quién no, es un arte.

 

En ese equilibrio, el entrenador en Primera, en el Ascenso o en la Selección, no está solo. A su alrededor hay una estructura sostenida de su trabajo, de su nombre. Una especie de PyME del fútbol en la que hay ayudantes de campo, preparadores físicos, psicólogos, a veces entrenadores de arqueros y ahora visualizadores y analistas de videos.

 

—Yo sé que tengo que mantener a cinco familias más además de la mía. Lo tengo claro —dice Alfaro—. Cuando decido irme, a ellos los dejo sin trabajo. Y a mi se me pueden abrir otras puertas, pero a ellos no.

 

El lado B del oficio es también que un técnico que acumula derrotas, que hilvana experiencia sin resultados, es capaz de volver conseguir trabajo.

 

—No todos —aclara Cappa—. Si responde al pensamiento dominante, si habla de esfuerzo, de trabajar, de luchar, de que lo único que vale es ganar, seguro que tiene mas posibilidades de trabajo que otros, que los que apuestan por el buen juego y tienen la osadía de proclamarlo.

 

Hay también ahí un juego de representantes, de marketing y lobby mediático. No son pocas las veces en las que un entrenador tiene reemplazante antes de dejar el puesto. Es una carrera sin reglas en las que en ocasiones lo que impera es el individualismo, una lucha sin cuartel para ocupar el cargo del otro, casi mirando con el rabillo del ojo el lugar de ese técnico que está a punto de caer.

 

—Cada entrenador cesado es una posibilidad de trabajo para muchos que esperan. Es el gremio menos solidario que se pueda pedir —dice Cappa.

 

—Es más complicado el tema, vos sabés que cuando estás dirigiendo hay gente afuera esperando que te vaya mal para tener posibilidades de trabajar. Más que con tu cuerpo técnico, estás solo —explica Ferraresi.

 

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—Ese individualismo te lo va forjando el medio —agrega Alfaro—. No es que apostás al fracaso del otro pero te vas encerrando más. No lo veo con una visión conspirativa. Yo dirijo hace veinticuatro años, calculá la cantidad de entrenadores que se recibieron en ese tiempo, y hace trece años que estoy en una de las ligas más importantes del mundo. No estoy pensando en que alguien espera que me vaya mal. Pero el medio nos ha transformado en individualistas y en hombres solitarios.

***

Los entrenadores adquirieron un protagonismo desmesurado en las últimas décadas. Si se hurga en la historia del fútbol, el primer equipo identificado con un técnico quizá haya sido el Racing del ‘66 y ‘67, que llevaba la marca de Juan José Pizutti, el “Racing de José”. Antes de eso, el entrenador se mantenía casi en el anonimato. No era un personaje de tapas de diarios y revistas, vivía bajo la sombra de los jugadores.

 

—Si me pongo el casette, te digo que lo más importante son los jugadores. Pero la verdad es que un cuerpo técnico es fundamental, es la base. Que me digan que los jugadores se van a dirigir solos. Entonces el técnico tiene una tarea fundamental, siempre respetando a los que juegan —dice Saporiti.

 

—Los comportamientos de los equipos —agrega Soso, el técnico de Gimnasia— están vinculados y asociados a la capacidad del entrenador de verter sus argumentos, de que su personablidad se vea reflejada y derramada en sus futbolistas. El entrenador ofrece una idea, un modelo, lo va construyendo, y debe contar con virtudes para que el jugador pueda llevar a cabo la idea. Somos generadores de contextos para que ese futbolista pueda expresarse con argumentos, y también somos responsables de las interacciones que se dan en el juego. El papel preponderante lo tiene el futbolista para poner de manifiesto la idea del entrenador, pero nosotros somos responsables de diseñar esa idea.

 

—El entrenador prepara al jugador, pero es el jugador el que decide en los partidos —dice Cappa—. Por lo tanto, es tan responsable el entrenador como el jugador. Si la idea no es la apropiada y la preparación tampoco, los jugadores no podrán rendir. Y si los jugadores no tienen la capacidad adecuada, el equipo difícilmente conseguirá los objetivos. Ahora los entrenadores son mucho más necesarios que hace años. Porque antes había mas jugadores que sabían jugar y ahora la mayoría de los jugadores no saben jugar y se acomodan al esfuerzo físico porque saben que por ahí no serán criticados. Tienen poco interés en entender el juego y en aprender. Son seducidos más por la fama y el dinero que pueden ganar, que por el juego. Por supuesto, siempre hay algunos que mantienen el gusto y el placer de jugar y se preocupan por aprender y mejorar.

 

Alfaro dice que estos son sus últimos años como entrenador. ¿Cuándo debe retirarse un entrenador? Está claro en un jugador, no en un técnico. Angel Zof dirigió hasta los 78 años. Carlos Griguol lo hizo hasta los 70. Saporiti, con 78, conduce la UAI Urquiza.

 

—Estoy hace dos años, me gusta ser curioso, estar aggiornado, me metí en las redes sociales, mis hijas y mi nieto me ayudaron, y les entró por ahí también a los muchachos —dice Saporiti.

 

—Te tenés que ir adaptando a los cambios que hay. Yo tengo la suerte de tener un hijo joven, estoy todo el tiempo con los amigos de mi hijo, y trato con jugadores que tienen la edad de mi hijo. Pero la teconología cambia, la crianza no es la misma, todos esos cambios se ven, se notan —agrega Ferraresi, que está a punto de cumplir 55 años.

 

Alfaro tiene 55 años. Marcelo Gallardo, su colega de River, 41. Guillermo Barros Schelotto dirige Boca con 44. Diego Cocca, el último técnico de Racing, tiene 45. Por encima de Alfaro, Ariel Holan tiene 57. Y está Claudio Biaggio, con 50. Pero lo que se impone, dicen, son los entrenadores más jóvenes. Una modernidad del oficio.

 

—La Argentina futbolística es espasmódica, vamos por modas, por costumbres, por hábitos, se instaló que con los jugadores hay una diferencia generacional, pero tenemos demasiados prejuicios. Los jóvenes también cometen errores, a veces por falta de experiencia. Pero siempre vamos de banquina a banquina, ahora con el tema de la edad —dice Alfaro.

 

Soso tiene 36 años, una edad en la que todavía podría ser futbolista. Y sabe que el oficio implica un compromiso que a veces no conoce de tiempos libres. Sin que eso, aclara, se convierta en un fundamentalismo. Hay otros espacios donde aprender. El cine, la música y el teatro son algunos.

 

—Una vez, en Sporting Cristal, el psicólogo con el que trabajábamos me preguntó qué estaba haciendo para ser mejor entrenador —cuenta Soso—. Me preguntó, entonces, cuál había sido el último libro que había leído, el último disco que había escuchado, la última película que había visto. Estábamos en medio del campo de juego por empezar el entrenamiento. Eso me puso en el ejercicio de pensarme. Ahora en la máquina tengo para ver Newell’s-Racing, pero también sé que podemos aprender de una película o un libro.

 

Ser entrenador también es eso. Sampaoli, cuentan, se enganchó con Merlí, una serie catalana sobre un profesor de filosofía y un particular método de enseñanza. Pero no todo es tan idílico en ese oficio tan deseado. “Entrenador hoy en día es ir a la guerra nuclear, no hay ganadores sino supervivientes”, dijo una vez el técnico escocés Tommy Docherty. Fue en 1992. ¿Hoy será peor? “Los pintores no ganan dinero hasta que están muertos, y lo mismo ocurre con los entrenadores. Nadie reconoce su trabajo hasta que dejan este mundo”, dijo el inglés Bobby Robson.

 

Cuando José Pekerman manejaba su taxi en ese paréntesis con el fútbol, Ricardo Trigilli, que dirigía a Estudiantes de Buenos Aires, le pedía que dejara el auto. Pekerman era su espía en los ratos libres. Trigilli insistía con que se dedicara al fútbol. Pero Pekerman le respondía que no. “El fútbol es medio traicionero –le decía- y a veces se cobra tarde”. El tiempo pasó. Trigilli llegó a Argentinos Juniors. Pekerman lo acompañó. Hasta que un día, como siempre en la vida de los técnicos, todo se terminó. A Trigilli lo despidieron y Pekerman quiso irse con él. Si echaban al técnico, él no podía seguir. Pero Trigilli lo paró: “Vos no te vas ¿Querés volver al taxi?”. Y ya se sabe cómo siguió esa historia.

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MIGUEL PICHETTO: “LOS MAPUCHES TIENEN APOYO DE ABOGADOS MONTONEROS, SU PROCLAMA ME RECUERDA MUCHO A LA DEL ERP”

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El Auditor General de la Nación analizó el escenario político y electoral en una extensa entrevista con Infobae. Su mirada sobre el rol de Cristina Kirchner, la pelea por el liderazgo en Juntos por el Cambio y una advertencia por el conflicto en el sur del país

A los 70 años, a Miguel Ángel Pichetto ya no le preocupa sonar políticamente incorrecto. Aliviado por la vuelta paulatina a la normalidad luego de “la cuarentena interminable”, expresa su aversión a los debates por zoom porque son antinaturales. Y se queja sin vacilar del “exceso de falso progresismo”, que distrae y corre el debate de los problemas reales de la Argentina: “Vivimos hablando de cuestiones de género que son modelos escandinavos. Estoy a favor de todos los derechos individuales, pero no de cambiar el lenguaje con todes y esas pavadas”.

El auditor General de la Nación no dejará charco sin pisar durante una charla de 50 minutos en la redacción de Infobae: el rol de Cristina Kirchner; la figura de Macri y la pelea por el liderazgo en Juntos por el Cambio; los Mapuches y su punto de contacto con Montoneros; la irrupción de los liberales en la escena política; la revalorización del capitalismo y, por supuesto, su mirada sobre qué puede pasar en los comicios del 14 de noviembre.

-Luego del resultado de las PASO vimos cambios de Gabinete e internas a cielo abierto en el oficialismo. ¿Cómo analiza el escenario político a 35 días de las elecciones legislativas?

-Han ocurrido algunos acontecimientos en el seno del gobierno nacional, con dos claras intervenciones en las jefaturas de Gabinete: el doctor (Juan) Manzur busca recuperar la relación con los gobernadores y la estructura federal, que fue abandonada porque se gobernó para lo que yo denomino la República del AMBA. Y en la provincia de Buenos Aires se sumaron Martín Insaurralde y Leonardo Nardini, dos intendentes que van a ser parte protagónica del gobierno de (Axel) Kicillof, para lograr una reconciliación con los barones del conurbano.

Creo que la vicepresidente (Cristina Kirchner) tiene una comprensión de los problemas del gobierno nacional y de la Provincia de Buenos Aires, visualiza la falta de relacionamiento con gobernadores e intendentes. Indudablemente debe estar valorando eso como parte del resultado de las PASO, pero creo que igual les va a costar mucho.

-¿Usted no ve posible que se revierta el resultado de la elección?

-No subestimo al Gobierno ni al peronismo en la provincia de Buenos Aires, y Juntos por el Cambio haría muy mal en subestimarlo, pero creo que es muy difícil que puedan recuperar votos. Vengo de recorrer parte del conurbano y tengo la sensación de que hay una fractura entre la gente y el gobierno.

Hay algo que es de contenido más emocional que ya no se arregla con ayuda económica. Lo que la gente perdió en el proceso largo de la cuarentena indefinida está muy presente en sus emociones. Ha habido hechos muy dolorosos de aislamiento, de soledad y fractura afectiva, También en el que perdió a un ser querido y no lo pudo despedir. Son datos concretos y me parece que no son reparables a través de mecanismos de ayuda directa.

-¿Qué camino puede tomar el Gobierno si se repite o se amplía el resultado de las PASO?

-En lo personal, creo que el Presidente (Alberto Fernández) debe generar un cambio de rumbo.

-¿Tiene autonomía para hacerlo?

-Indudablemente, (Alberto Fernández) ha tenido una debilidad mayor después de las PASO porque se generó una crisis política e institucional. Sin embargo, hay que analizar que le quedan dos años por delante. Esto va a requerir de procesos novedosos, de salir de la fractura y la colisión, de archivar ese discurso de campaña que dice que no le vamos a dar un peso al FMI porque se lo sacamos a los pobres.

-Los antecedentes de derrotas electorales del kirchnerismo en el poder (las legislativas de 2009 y 2013) indican lo contrario, hubo una profundización del modelo que representa Cristina Kirchner

-Esta derrota no permite una radicalización hacia una izquierda dura. No hay espacio. El resultado de las Primarias le puso el punto final a lo que yo denomino la ideología del pobrismo, que es pensar que los problemas se resuelven con más planes, rezando y creyendo que la Argentina es mejor si es uniformemente más pobre y si la propiedad privada es un derecho secundario. Yo estoy en la antítesis de ese pensamiento oscuro.

Miguel Ángel Pichetto visitó la redacción  de Infobae y analizó el escenario electoral a 35 días de las elecciones legislativasMiguel Ángel Pichetto visitó la redacción de Infobae y analizó el escenario electoral a 35 días de las elecciones legislativas

-¿Sugiere que el oficialismo debería virar hacia un acuerdo de gobernabilidad? ¿Es posible?

-Creo que debe tomar decisiones racionales. Cualquier esquema tiene que pasar por un Congreso nacional que va a ser renovado.

-Uno de los primeros acuerdos a negociar no es menor porque deben definir la designación de la reemplazante de Elena Highton de Nolasco en la Corte Suprema

-En este momento eso lo veo imposible. El reemplazo para la doctora Highton requiere de una voluntad común del oficialismo y la oposición. Pero si la candidata es una militante enfervorizada, difícilmente pueda lograr el acuerdo de la otra parte. Se requiere de una figura de racionalidad, de antecedentes que permitan que en el Senado logre la mayoría. El problema es que la Argentina tiene una gran imposibilidad de acuerdos políticos cuando la construcción parlamentaria requiere dos tercios; por eso hace 12 años que no tenemos Defensor del Pueblo de la Nación.

-¿Extraña el Congreso cuando asoman debates de este tipo?

-Si, extraño todo. Estuve 26 años en el Congreso: ocho como diputado nacional y 18 como senador, parte de mi vida transcurrió allí. Extraño esa adrenalina, aunque no sé si hubiera soportado esta etapa (de virtualidad) en el Senado. De todos modos, ahora no quise ser candidato a diputado pese a que me ofrecieron ir en la lista de Santilli. Hay etapas que ya fueron.

-Volvamos al foco electoral: se habla mucho del efecto de las PASO en el oficialismo, pero no de lo que sucede en la oposición. ¿En la elección de noviembre se dirime el liderazgo de Juntos por el Cambio para 2023?

-Indudablemente, va a marcar a algunas figuras que hoy ya están expuestas en la opinión pública. Larreta hizo una apuesta bastante audaz: esto de poner a Vidal en CABA y lanzar al ruedo a Santilli en la Provincia de Buenos Aires, me pareció una decisión política de envergadura, y es indudable que le ha ido bien. Vamos a ver cómo concluye en noviembre. Creo que se puede mantener la diferencia, pero hay que hacer el esfuerzo para lograrlo.

-¿Eso lo posicionaría definitivamente como la referencia principal del espacio?

-Se verá. Creo que hay dirigentes en el radicalismo que son muy importantes: Alfredo Cornejo, que va a hacer una gran elección en Mendoza y será senador, es una figura que emerge con un un partido nacional atrás. Gerardo Morales también. Además hay un Macri presente que crece en las encuestas.

-¿Asoma entonces una disputa por ese liderazgo entre Larreta y Macri?

-El ex Presidente ha tenido una actitud de mucha prudencia, asistió a las reuniones cuando lo convocaron, ha viajado, diría que ha trabajado para mantener la unidad de la coalición.

-Pero en un momento habrá que definir si…

-(Interrumpe) En algún momento, lógicamente. Acá no es como en los países europeos o en los Estados Unidos, donde un ex Presidente arregla el jardín y pasea el perro. Un ex jefe de Estado en la Argentina sigue gravitando. Hay que analizar esto y entender que Macri es un activo político importante de Juntos por el Cambio. Lo de las candidaturas después se verá.

-¿Usted no lo corre de la pelea?

-Los liderazgos me parece que hay que construirlos en una Primaria, es el mecanismo para que Juntos por el Cambio pueda tener candidatos que son de la coalición.

-Me interesa ese concepto de que el liderazgo para 2023 se va a definir en una PASO

-El mecanismo de la Primaria ha demostrado que la competencia hace bien. Los duelos Santilli – Manes (PBA), Vidal – López Murphy (CABA), Juez – Negri (Córdoba) o las cuatro listas de Santa Fe ayudaron a construir un electorado amplio y diverso, con vigas centrales que lo hacen muy potente.

En mi caso personal, yo estoy trabajando para consolidar la estructura de un Peronismo Republicano que es parte de la coalición. Todavía no hay un instrumento partidario porque hacer un partido en la Argentina lleva su proceso, pero creo que este año va a estar terminado. Nosotros también aspiramos a participar.

-¿Usted se ve compitiendo en una gran interna con Larreta o Macri y la UCR?

-No lo descarto. Si no lo hago va a haber muchos compañeros peronistas de la corriente nacional que no se van a sentir contenidos. Creo que sería un aporte a la coalición como representante de un espacio que esta identificado con el peronismo tradicional.

El ex senador nacional rechazó ser candidato a diputado y no descarta competir en una interna de Juntos por el Cambio para 2023El ex senador nacional rechazó ser candidato a diputado y no descarta competir en una interna de Juntos por el Cambio para 2023

El fenómeno liberal, el capitalismo y el conflicto con los mapuches

-¿Hay lugar para una tercera vía en medio de esta grieta política?

-No hay espacio para la tercera vía en la Argentina. Hay un diseño de dos coaliciones muy potentes, y una está más identificada con la centroizquierda, los movimientos sociales, sectores del PC y el mundo cultural de la misma izquierda. Ese espacio también tiene una política internacional inexplicable, de vínculo con países oscuros como la Venezuela de Maduro, el gobierno de Cuba o la convalidación en silencio de la dictadura atroz de Daniel Ortega (Nicaragua), que es peor que la dictadura de Somoza que derrotaron en su momento. Son todos marcos ideológicos de un país que atrasa.

-Sin embargo, en este escenario parece haber un revival del liberalismo que se propone como nueva opción

-Más que liberalismo, yo creo que hay una revalorización del capitalismo, de entender que el plan (social) es un hecho circunstancial que no se puede sostener todo el tiempo. Argentina debe generar las condiciones y un gobierno con una visión capitalista, porque los países que crecen y se desarrollan fundamentalmente son capitalistas. Incluso China, con el Partido Comunista al frente, es una economía capitalista porque el PBI se explica por la actividad privada; casi el 80% es privado. Los países de Europa, los más importantes de Latinoamérica, todos tienen la comprensión de que el capitalismo es el camino.

-¿Cuáles fueron los detonantes que provocaron lo que usted ve como una revalorización del capitalismo en la Argentina?

-Que el mundo del pobrismo es un mundo sin salida… En las PASO hubo muchos votos de gente pobre, humilde del conurbano, que a lo mejor hasta recibe el plan y no le alcanza. Lo que te dice la gente abajo es: “El plan está bien, pero consigan trabajo”. También hay un crecimiento por el lado de la centroderecha, pero creo que es más para que el Estado garantice el orden y la seguridad. Tenés que evitar que los mapuches hagan cualquier cosa en la zona cordillerana porque están armados y tomando tierras privadas.

-¿Cuál es su análisis de lo que ocurre en el sur con los Mapuches?

-Es un escenario muy complejo porque son ideas separatistas, ya no se trata de reivindicaciones de comunidades originarias que tienen derecho al reclamo por la tierra. Han hecho una proclama que me recuerda mucho la del ERP cuando entró en la selva tucumana.

En Bariloche quemaron instalaciones de Vialidad y máquinas porque eran usadas para “correr la nieve de los oligarcas que van a esquiar al cerro. Estos son los argumentos del documento que saca la comunidad mapuche que reivindica estos hechos. Estamos frente a escenarios demenciales, con la idea de la creación del Estado mapuche como autónomo, separado del Estado argentino, donde la ley nacional no tiene ninguna vigencia.

-Esta comparación que realiza con el ERP no me parece casual, usted cree que hay alguna…

-(Interrumpe) Hay componentes ideológicos, claro, y radicalizados. Hay una logística y tienen apoyo de abogados que se denominan montoneros. Está un dirigente montonero realmente de mucha historia, uno de los hombres principales que estaba al lado de Firmenich, que se llama Roberto Cirilo Perdía, es abogado y ha estado patrocinando a estas comunidades y a esos grupos violentos. Estos acontecimientos no son nuevos, han explotado con el caso (Santiago) Maldonado, que fue calificado como desaparición forzada y no lo era porque el joven se había ahogado.

-¿El avance del conflicto se da por una subestimación del problema por parte de los gobiernos nacionales?

-Este hecho tampoco es nuevo en Chile, en la zona de la araucanía hay toda una reivindicación mapuche. Hay procesos que están siendo coincidentes. Jones Huala está cumpliendo una condena en Chile, probablemente en un año quede en libertad y vuelva a Bariloche. Esto es complicado porque además hay una reivindicación y una convalidación de los organismos nacionales: el INADI actúa convalidando, la Procuración del Tesoro… el doctor (Carlos) Zannini retiró la demanda de recuperación de parques nacionales.

-Ahí entonces hablamos de complicidad

-No sé si esa es la palabra o si hay un exceso, un dejar hacer y un reconocimiento que no tenían estas comunidades sobre tierras que no eran propiedad de ellos y las ocupan con métodos violentos. Además hay un debate muy interesante: el paleontólogo e historiador Rodolfo Casamiquela, que estudió el tema, indica que los pueblos originarios en el lado argentino son los tehuelches , que eran agricultores y fueron exterminados por los mapuches que entraban en malón. Eso determinó que Julio Argentino Roca, un gran argentino, avanzara sobre el desierto y ocupara la Patagonia. Toda esta historia está estudiada y documentada.

-¿Qué debería hacer el Gobierno?

-Restablecer el orden. A mi me parece lamentable que se haya calificado estos hechos como delitos comunes. Coincido que son acciones insurreccionales y algunas tienen características de terroristas. La gobernadora ha definido las acciones de la quema de vialidad como una acción terrorista. Además la declaración es una reivindicación de una acción militar – terrorista.

El conflicto con los mapuches en el sur argentino inquieta a Pichetto: "Son ideas separatistas de grupos armados que no reconocen las leyes nacionales"  El conflicto con los mapuches en el sur argentino inquieta a Pichetto: “Son ideas separatistas de grupos armados que no reconocen las leyes nacionales”

El vínculo con Mauricio Macri y su mirada sobre Cristina Kirchner

-¿Habló con Macri últimamente?

-Cuando está en la Argentina dialogo semanalmente. Desde que viajó (a Miami) no lo hice. Sí intenté con una llamada telefónica hace unos días, pero no pude comunicarme: Se ve que estaba en alguna actividad.

-¿Cómo analiza el llamado a indagatoria del ex Presidente por presunto espionaje a familiares de las víctimas del ARA San Juan?

-Cuando la Justicia se mete en la política, y mucho más en el marco de un proceso electoral, tenemos problemas. Lo veo en ese marco: repartimos heladeras, damos subsidios, lo convocamos a indagatoria a Macri que es el mal y le echamos la culpa de que escuchó a gente que había perdido a un familiar. Si alguien hizo eso en algún nivel intermedio, es miserable. Yo descarto que el ex Presidente haya planteado una cuestión de esa naturaleza.

-La Justicia también sobreseyó a Cristina Kirchner en la causa del Memorándum con Irán

-En ese caso siempre sostuve lo mismo: nunca lo consideré un delito. Mucho menos cuando (la decisión) fue ratificada por la mayoría de las dos cámaras del Congreso. Sí lo consideré un error de política internacional, pero los errores en política se pagan en las urnas. No me parecía una cuestión judiciable, como tampoco lo era el dólar futuro. Me parece que esta decisión es correcta.

-¿Nunca volvió a hablar con ella?

-No, nunca, ni siquiera después de que terminó su Gobierno. Ahí tuvimos un cruce, una incomprensión. Recién había empezado el gobierno de Macri. Creo que fue la última charla que tuve con ella, un diálogo telefónico en el mes de diciembre. Igual, no me vas a encontrar en ninguna entrevista difamándola, atacándola, judicializando la política. Sí entendí, a partir de 2016, que el peronismo tenía que construir otro camino . Igual, antes de que yo me fuera con Macri se fueron otros, pero prefiero no hacer nombres.

Marcos Quintans

FUENTE : INFOBAE

FOTO TAPA : DIARIO RIO NEGRO

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Opinión

EL GOBIERNO CANTA «SOÑAR Y NADA MÁS, CON MUNDOS DE ILUSIÓN»

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Tratar de cambiar la realidad con una ley es propio de quien no sabe como gestionarla. Y hasta una buena idea puede terminar convertida en un anuncio tan rimbombante como vacío.

 

El presidente de la Cámara de Diputados, Sergio Massa, anunció que mañana ingresará un proyecto de ley para convertir los planes sociales «en trabajo genuino», con impacto en diversas actividades de la economía nacional que se están reactivando.

«Mañana ingresaremos la ley que convierte los planes sociales en trabajo genuino para salir de la emergencia del plan y construir un puente hacia el trabajo para casi un millón de argentinos y argentinas», publicó Massa aunque no incluyó los detalles del proyecto.

A su vez el presidente Alberto Fernández destacó la decisión gubernamental de transformar los planes sociales en trabajo, lo cual se concretó en anuncios en diversos rubros realizados en sus ahora habituales caminatas, cuaderno en mano, por diferentes barrios del conurbano.

Y así lo hicieron desde la mayoría de los ministerios, demostrando que el mensaje «plan por trabajo» ha sido elegido como el eje de la campaña electoral que ya comenzó. Aunque cueste mucho entender como podrá llevarse adelante, más allá de una ley que -aún que fuese buena y raramente bien redactada, algo que no caracteriza al parlamento argentino- no puede hacer otra cosa que fijar reglas de juego para una cuestión que requiere pasos puntuales que hoy resultan imposibles en el país.

¿Crear trabajo en medio del creciente cepo al dólar que inhibe las inversiones, espanta empresas y acentúa la inflación y la fuga de capitales al exterior?…

¿Hacerlo cuando el 49% de la población económicamente activa de la Argentina se encuentra en la informalidad laboral?, ¿es lógico pensar que será posible crear nuevos empleos cuando no se ha podido regularizar la mitad de los existentes?…

En el país del «combatiendo al capital» siempre mal entendido se está por producir una sinrazón más que seguirá empujando nuestra economía hacia su extinción: el estado creará trabajo con reglas propias de la flexibilización más salvaje mientras le niega al capital privado el derecho a siquiera debatir una modernización de las leyes laborales.

De manera tal que ahora un tercio de la masa laboral -la que trabaja en forma registrada- y la totalidad de la fuerza privada de nuestra actividad económica deberán sostener con su esfuerzo a los tercios de trabajadores informales y con sus impuestos a los nuevos «regularizados» al solo conjuro del voluntarismo y las necesidades electorales del gobierno. Un disparate que, de no ser de imposible cumplimiento por la torpeza del planteo, bien podría asustar por su pretensión.

En el reino de la desmesura en el que vive el gobierno de Alberto Fernández, enloquecido en un espiral de disparates que lo llevan hacia su propia destrucción, la idea de gobernar emitiendo y resolver pretendiendo llega con esta ley a niveles de paroxismo. La única manera de crear trabajo genuino es con el crecimiento de la economía, de la inversión, de la estabilidad y de la moneda; cuatro cosas en crisis de extinción en el país de hoy.

Se votará la ley, aplaudirá la grada, batirá parches el gobierno y acompañaran los amanuenses de turno. Pero la única consecuencia real será más emisión, más inflación, más informalidad, más poder para gremios y líderes piqueteros, convertidos estos por la ley en verdaderos gerentes de gigantescas empresas sin sede ni reglamento pero con miles de empleados,  y menos crecimiento de la economía nacional. De desarrollo, por supuesto, ni hablemos…

Aunque dejemos para el final lo que seguramente es la cuestión más profunda de toda esta puesta en escena electoral: los argentinos sin trabajo, esos que son arriados como animales para engrosar columnas de protesta y deben dejar en manos de sus «líderes» parte de la exigua ayuda estatal que reciben en forma de plan, realmente quieren cambiar ese tipo de asistencia por trabajo genuino. Y no va a caer en la trampa; cuando vea de que se trata seguirán tan enojados con el gobierno como lo están hoy.

¿Cuánto falta para que se vote una ley que nos ordene a todos ser felices?…por ahí se consigue.

FUENTE : LIBRE EXPRESION

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Opinión

¿CANSARON LAS CONSIGNAS FORZADAS POR LAS MINORÍAS?

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Lo ocurrido con la actriz Mercedes Moran, abucheada en el Teatro Colón al pretender incluir consignas feministas en una función de ópera, ayuda a reflexionar sobre lo que está cambiando en el país.

El Festival de Cine de Mar del Plata de 2018 arrancó con abucheos al secretario de Cultura de Nación que por esos años era Pablo Avelluto. Una sala colmada por grupos feministas, por entonces en plena militancia para conseguir la aprobación de la ley del aborto, aprovechó la ocasión para volcar en forma de repudio su inocultable militancia kirchnerista.

De otra manera no puede entenderse la actitud de repudio al representante de un gobierno que había resuelto hacer lo que durante 12 años se negaron a aceptar tanto Néstor como Cristina Kirchner: habilitar el debate parlamentario de la cuestión de la interrupción voluntaria del embarazo y además dejar a sus representantes en libertad para elegir que postura era más afín a sus principios y conciencia.

La actriz Mercedes Moran, presente en la sala, sostuvo que lo que le había ocurrido al ministro «es algo a lo que los políticos se exponen cada vez que hacen una aparición pública. Estamos todos dentro de una estructura de un modelo patriarcal, donde el poder y la sabiduría, la inteligencia y la fuerza la tienen los hombres. Así que no hay posibilidades de escapar a estas cosas» afirmó.

Hace pocos días, durante una función de ópera del Teatro Colón, la actriz subió al escenario para hablar acerca de feminismo y otras cuestiones de género. El abucheo de todo el público llegó a tal magnitud que Moran debió abandonar su intento y ni siquiera pudo presentarse al saludo final. ¿La conformará ahora que le digan que ese repudio es al que se exponen quienes representan una determinada línea de pensamiento?, ¿o será de los que creen que abuchear a quien no comparte mis ideas es un acto de protesta pero cuando el repudiado soy yo se trata de una agresión fascista?.

Algo está cambiando en la Argentina. La sociedad rompió la cuarta pared de su realidad y quiere ahora participar activamente de toda puesta en escena. Se terminó el grosero espectáculo de las minorías imponiendo a las mayorías, con la fuerza del estado como cómplice, pensamientos, consignas y hasta leyes que no están en el interés de los argentinos.

Bienvenida la militancia, bienvenida la defensa de los derechos de todos los argentinos, bienvenida la diversidad y el respeto a las minorías. Pero basta de iluminados y propagandistas -generalmente bien pagos por el poder de turno- que se sienten con derecho a imponer a los demás lo que los demás no tienen interés en escuchar o directamente agrede sus más íntimas convicciones.

Está bueno esto de que las mayorías dejen de ser silenciosas…porque si lo son, no sirven para nada.

 

FUENTE :  LIBRE EXPRESION

 

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