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Opinión

Eduardo Fidanza: “Este es un gobierno novedoso, el gobierno menos probable”

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19 de marzo de 2018  
  • ¿Qué está haciendo?
  • Mientras escribe sus artículos sabatinos, piensa fundirlos y ampliarlos en un libro de ensayos que dé cuenta de las luces y sombras de estos años sorprendentes.
  • ¿Por qué nos importa?
  • Es un sociólogo agudo y un articulista brillante; también, un hombre que encuesta con método, frecuencia y lucidez las opiniones cambiantes de la Argentina profunda.

Es uno de los analistas más brillantes y escuchados por la dirigencia política y por los empresarios locales y extranjeros. Es sociólogo y está auscultando permanentemente el humor social a través de vastos sondeos que realiza su consultora, Poliarquía. Pero Eduardo Fidanza es también un reconocido intelectual y una verdadera sorpresa como articulista de fondo. Sus polémicas piezas, que se publican cada sábado en las páginas de Opinión de este diario, forman un mosaico sobre la Argentina moderna, y son el embrión de un futuro libro de ensayos. Aquí habla del gradualismo, de los blancos y negros de la administración Macri y también de los grises.

-Da la impresión de que el plan del Gobierno es mediocre y de que nos espera más dolor en los próximos tiempos. También, de que se ve obligado a sacar a relucir la parte más política porque en la economía sigue con las manos atadas. ¿Vos qué opinás?

-Tenemos que pensar primero en el famoso tema de la herencia. Queremos ser un país normal. Y esa es una aspiración buena para los argentinos… Ahora, ¿qué es un país normal? Es un país cuyos parámetros sociales y económicos se parecen a naciones del mundo, incluso de la región, que han hecho bien las cosas. Si nosotros a ese país sensato y normal lo comparamos con lo que dejaron 12 años de kirchnerismo, vamos a encontrar una desviación muy grande. Esa desviación requería desde 2015 una corrección. Y esa corrección es ardua, porque conlleva un requisito: se tiene que hacer en un tiempo determinado y con modulación; a eso lo llamamos vulgarmente “gradualismo”. Por otro lado, esta no es una época en la que estemos preparados para la lentitud. Por la tecnología y las costumbres, estamos más bien predispuestos a los resultados rápidos. Y aquí la propuesta es: “No lo podemos hacer sino a este ritmo”. Es un gobierno que implica un cambio cultural muy grande en la historia de la política argentina. Una vez escribí una pequeña columna después del triunfo en las elecciones de medio término y me criticaron mucho porque dije que Macri era “un político de otra galaxia”. No dije “de otra galaxia” en un sentido elogioso, sino en un sentido empírico: es el primer presidente argentino que viene estrictamente de la actividad privada antes de empezar su desarrollo como político y antes de sus antecedentes como jefe de gobierno. No solamente viene desde fuera de la política, sino que el 70% de su vida se desempeñó en el campo privado.

-Vos estás todo el tiempo sondeando lo que piensa la sociedad. ¿Qué novedades hay? Tengo entendido que el Gobierno bajó en la consideración pública y creció cierto pesimismo, pero que a la vez se detuvo la caída de la imagen presidencial…

-Hasta los datos de febrero se amesetó esa caída, basada en dos parámetros: la aprobación y la imagen presidencial, que es el mismo paquete. También registramos el descenso de las expectativas. Gustavo Posse, el intendente de San Isidro, decía que cuando tocan el timbre en las casas la gente se queja por el aumento de tarifas, pero que los entiende y que, además, siente que los “banca”. Si dividimos en tres o cuatro segmentos a la opinión pública argentina, vamos a encontrar un grupo que cree que el país ahora está bien y va a estar mejor. Cuando examinás ese grupo, encontrás que ahí el Presidente es Gardel, con 90% de imagen positiva. Ese grupo representa el primer 25% que Macri obtiene en las PASO presidenciales. Son sus votos más próximos, más duros. Luego, hay un segmento en el orden del 40% que dice que el país está mal y va a estar peor. Ahí están los que piensan que el Presidente encabeza el “gobierno de los ricos”. Que él es rico y, por lo tanto, un explotador. Y encontrás a la gente que está con Cristina: ahí ella tiene más del 50% de imagen positiva. También hay mucha gente de capas medias y medias bajas que, de cierta manera, lleva la parte más dura de todo este proceso. Pero entre estos dos segmentos en pugna hay un 35% de la población que dice: “El país está mal, pero va a estar mejor”. A estos últimos los llamé “los que hacen el aguante”. Hacen el aguante porque, por un lado, tienen confianza en que las cosas van a mejorar, y empalman esa fe subjetiva con el fenómeno político de Cambiemos: mantienen una imagen positiva del Presidente, aunque no tan intensa como en el primer grupo. Pero la mantienen. Sobre todo, porque no quieren volver atrás. Es gente que ha percibido que el país de los Kirchner cada vez se iba apartando más y más del mundo.

-Vos hablás con inversores y economistas, ¿te parece que había otro modo de pagar la fiesta?

-Hay un diagnóstico histórico de esta última década kirchnerista, pero después hay un análisis más largo: la Argentina es un país que fue hecho en los últimos 70 u 80 años por dos grandes partidos históricos de la Argentina, peronismo y radicalismo. Esos dos partidos, de alguna manera, desarrollaron una división del trabajo no tan perceptible: el peronismo se dedicó a los derechos sociales, laborales, a la “justicia social” en forma genérica, y el radicalismo, a los derechos civiles y a los logros que tienen que ver con una república. ¿Qué surgió de esa mixtura? Primero, un tema nunca resuelto porque, como se lee en Uno y el universo, de Ernesto Sabato, no logramos tener una plaza con Sarmiento y Rosas en el mismo lugar. Así que quedó una tensión no saldada, pero quedaron también instituciones del mundo del trabajo, sindicatos fuertes y un país relativamente pluralista en su base social. Esto es algo que tiene que ver con esa tradición democrático-liberal preservada. Esta sociedad de los peronistas y los radicales generó enormes expectativas de bienestar. Que, como este país es volátil, en determinados momentos se pudieron satisfacer, específicamente cuando el ciclo económico fue favorable, cuando las materias primas tuvieron un valor ventajoso… Cuando se dieron una serie de condiciones, esas expectativas efectivamente se satisficieron. Pero después, cuando la Argentina vuelve a sus ciclos depresivos, esas expectativas se mantienen y se tiene que atravesar la frustración. Fijate que cuando empieza este gobierno, estos núcleos que yo describí dan una señal, que podría traducirse así: “Tenemos expectativas y no las vamos a abandonar, pero comprendemos que no pueden ser satisfechas inmediatamente”. Es como si la gente se hubiera dado cuenta de que hay algo tramposo o inconsistente entre manifestar la expectativa y tener la respuesta. Hubo cosas como, por ejemplo, las jubilaciones de las amas de casa: tendríamos que analizar comparativamente la situación de todos los países que desde hace 30 o 40 años tienen un grave problema de seguridad social. ¡Y acá de pronto definimos que vamos a incorporarlas a la base de jubilados! O el hecho de que teníamos gratis la energía: estamos en un mundo interconectado, donde la gente tiene acceso a lo que pasa en el mundo, y entonces creo que hay un núcleo de la clase media que se dio cuenta de que allí había una inconsistencia. Experimentaron la sensación de “tengo una demanda y me la satisfacen”, pero esto no funciona así en los países que llamamos “normales”, entonces…

-En los últimos tiempos el Gobierno está peleándose con los empresarios y con los laboratorios, impulsando una agenda de progresismo de género y, por lo tanto, peleándose con el Papa… ¿Qué te parece ese giro?

-El Gobierno sabe retomar la iniciativa política, lo que se llama “el manejo de la agenda”. Creo que necesita descomprimir la tensión social que viene de la puja distributiva económica y entonces está en condiciones de abrir un campo de un programa civil con un toque “kennedyano”. Uno de los episodios fundamentales de la presidencia de Kennedy fue enfrentarse con los industriales del acero. En las encuestas, las norteamericanas y las argentinas, todos los grandes negocios le generan sospechas a la gente. Los gobiernos periódicamente pueden recordarles a los grandes empresarios o al gran capital: “Miren que ustedes son sospechosos de no actuar acordes con el interés general”. Y de paso, los sindicalistas también. Voy a este punto: es un recurso. Me parece que cuando se abre el grifo de la legalización del aborto, se descomprime la sociedad y, a su vez, se distrae. Alfonsín, en su momento, abrió el grifo del divorcio. Lo que hace eso, a su vez, es aproximar el país a una modernidad. El tema del aborto es muy difícil para discutir, pero, en general, la verdad en la posmodernidad se obtiene por consensos. Vamos a llegar a un consenso en algún momento respecto del aborto y no va a ser una discusión sobre derechos naturales.

-Me parece interesante esa faceta, también que un “gobierno de empresarios” se enfrente con los empresarios. Pero me preocupa el ritmo del endeudamiento. Aunque ¿cómo puede dejar de endeudarse y a la vez no hacer un ajuste salvaje del Estado?

-Vuelvo al país de los peronistas y los radicales. Vos tenés un principio de realismo político: no podés ir contra esas expectativas y contra las instituciones que objetivan las expectativas. No podés ir contra la organización sindical porque no te dan, además, las relaciones de poder. Este presidente lo tiene clarísimo. No le dan las relaciones de poder, no tiene mayoría en el Congreso. Es un gobierno novedoso, es el gobierno menos probable. Porque es el gobierno de los empresarios y el gobierno de los no peronistas. Estadísticamente está en minoría. No tiene la fuerza política suficiente. Entonces está obligado a hacer esta corrección lenta. Eso ya es, como indica el sentido común de los argentinos, para que no haya un estallido social. Vos ves que pequeños progresos o pequeñas reformas como la que tuvimos en diciembre del año pasado ya generan una inestabilidad o una tensión social muy grande. La pregunta es si resulta viable o no, y ahí hay un espectro donde tienen que opinar mucho los economistas. Pero, además, te lo digo en lenguaje futbolístico: este es un club cuyo destino en el campeonato no depende solo de sus resultados, sino de los resultados de otros.

-Que están fuera del país…

-Sí, que en general están fuera del país. De modo que avanzaremos con estas incertidumbres. Hay cosas que yo creo que a nuestra generación y a nuestra formación -a los socialdemócratas- les cuestan: cosas de este gobierno que son cosas muy duras. A mí, cuando el Presidente recibió a Chocobar…

-Bueno, esa la crítica más dura que le hemos hecho.

-O cuando se coqueteó con la mano dura, o cuando mataron por la espalda al chico de Villa Mascardi…

-Pero a la vez lo perturbador es que se trata de un clamor popular…

-Claro, pero eso es un tema que está planteado desde hace tiempo: ¿solo se gobierna mirando encuestas o, además de mirar los números, se le ponen por delante a la sociedad determinados valores? Durante el debate por la legalización de la marihuana en Uruguay, el entonces presidente Mujica dijo en un momento: “¿Qué sabe el pueblo uruguayo para la marihuana?”. Creo que los gobiernos deben mirar algo más que las encuestas. Si vos hoy mirás las encuestas, un diez por ciento más de argentinos se inclinan por políticas más duras contra la delincuencia. Pero el problema, además, es de qué hablamos cuando hablamos de “mano dura”. Ahora en Tucumán tuvimos otro chico de 11 años que murió de un tiro por la espalda. Y todavía un periodista dice que ese chico “no era inocentón”. Cuidado, porque la mano dura puede ser exactamente la estación antes del fascismo. Hay gente en Cambiemos que no va a permitir el fascismo, ni debería convalidar la corrupción, y el Gobierno tiene dos o tres funcionarios claves sospechados de corrupción o por lo menos sospechados de mentir en temas de dinero. Si no lo hace por convicción, que mire las encuestas, porque este es un gobierno al que no le sobra nada: que no maldisponga al 10% de sus votantes con “Chocobares”, “offshores” y todas estas historias. Este es un gobierno que aspira a tomar voto peronista, lo que me parece bien, pero yo empezaría por cuidar el electorado natural y propio.

DirecTV, 715/1715 HD Cablevisión Digital, 19/618 HD y Flow TDA, 25.3 Telecentro Digital, 705

La entrevista completa, hoy, a las 23.30

La Nacion

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Opinión

El gobierno se aleja cada vez más del «fifty-fifty» de Perón

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Todos somos peronistas» decía con sorna Juan Domingo Perón cuando se trataba de definir la composición política de la sociedad. Ahora debería agregar «menos los que juran serlo».

Parece insólito pero es verdad: en 2017, pleno gobierno de Mauricio Macri, datos del Indec sostenían que la Argentina había alcanzado el anhelado «fifty-fifty» que proponía Juan Domingo Perón, por el cual trabajadores y empresas se repartían en partes iguales los ingresos que genera el país.

Hoy, con un gobierno que se define como peronista, los asalariados perdieron participación en la distribución del ingreso, mientras el sector empresarial avanzó, según surge de una estadística del mismo instituto..

La participación de los asalariados retrocedió del 49,8% al 46,1% sobre la riqueza total.

La comparación surge del informe del INDEC «Cuenta de generación del ingreso e insumo de mano de obra».

Allí se detecta que el trabajo independiente mostró un leve ascenso en la distribución de la torta, al pasar del 16,2% al 16,4% en la participación sobre la distribución de la riqueza. La masa salarial, en tanto, tuvo un retroceso del 6,8%, con una inflación interanual que se ubicó en el 42,6%.

El informe revela además, un crecimiento de 5 puntos porcentuales en la participación del sector empresarial, que avanzó del 35,2% al 40,2%.

En tanto, de acuerdo con las cifras oficiales, el excedente de las compañías creció 15,3%.

En 1973 el entonces presidente visitó la CGT (foto principal) y en su discurso dijo respecto de las ganancias: «el gobierno se ocupará de que sean distribuidas con justicia entre todos los que la producen. Sin colateralismos y sin ninguna ficción. Fifity y fifty, como dicen. Mitad y mitad». Cuando el 24 de marzo de 1976 se produjo el golpe que derrocó a su esposa María Estela Martínez el objetivo se había logrado.

Ello se volvió un principio irrenunciable para el peronismo – de hecho Hugo Moyano, siendo Secretario General de la CGT lo exigió en varias ocasiones a los sucesivos gobiernos- pero ahora, en medio de consignas y relatos en los que el trabajador pareciera estar en el centro de la escena- la administración que encabeza Alberto Fernández y conduce Cristina Fernández de Kirchner se aleja paulatinamente de aquel objetivo.

Y según los expertos del propio Indec ello se debe a la transferencia de recursos del sector trabajador al mantenimiento de los subsidios y planes sociales. Es decir que el gobierno descansa todo el esfuerzo sobre las espaldas de los asalariados y deja afuera de semejante ajuste al capital, algo inentendible en cualquier sociedad moderna y mucho menos en un estado que dice ser gobernado por el justicialismo.

Pero esto es lo que muestran los fríos números y las estadísticas. Cosas de un país en el que nada es lo que parece…

FUENTE : LIBRE EXPRESION

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Opinión

Guillermo Moreno: “El gobierno de Alberto Fernández es peor que el de Mauricio Macri”

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El ex secretario de Comercio del kirchnerismo se refirió en duros términos al Poder Ejecutivo al criticar cómo gestionó la pandemia y la coyuntura económica

El presidente Alberto Fernández volvió a recibir munición gruesa de fuego amigo. Primero fue el ministro de Seguridad de la provincia de Buenos Aires, Sergio Berni, que cuestionó en público al jefe de Estado y a sus ministros. Ahora se sumó Guillermo Moreno, un dirigente que si bien nunca se mostró afín a este Gobierno, comparte con Fernández la pertenencia a las administraciones de Néstor y Cristina Kirchner.

Sin pelos en la lengua, el ex secretario de Comercio criticó sin reparos la gestión de la pandemia y el rumbo económico hasta tal punto de considerar al gobierno de Alberto Fernández “peor” que el de Mauricio Macri, máximo oponente político del peronismo en los últimos años.

Yo pensé que el peor gobierno iba a ser el de Macri. Este es peor que el de Macri. Dije toda la vida que Macri era un inútil y un vago cuando todos se callaban. Yo pensé que su gobierno había sido el peor, pero este es aún peor”, aseguró Moreno en diálogo con el periodista Daniel Tognetti en AM 530.

Otros tiempos. Alberto Fernández y Guillermo Moreno en una reunión con la entonces presidenta Cristina KirchnerOtros tiempos. Alberto Fernández y Guillermo Moreno en una reunión con la entonces presidenta Cristina Kirchner

El ex funcionario hizo una cruda radiografía de la coyuntura. “El déficit fiscal va a terminar el año en 12 puntos, el año pasado fue de 14, que es el número que tuvo Alfonsín cuando se tuvo que ir, y tenés un desorden en las cuentas externas; eso es brujería, no es economía”, introdujo.

Y desarrolló: “El Banco Central se transformó en una mesa de dinero, que existen en el sistema financiero pero son marginales, pero ahora resulta que el Banco Central se dedica a comprar bonos, cambiarlos por pesos, después por dólares… Eso no es economía, ni siquiera un sistema financiero; eso es una payasada”.

De acuerdo con su visión, que pretende plasmar durante las elecciones con una candidatura a diputado nacional en la provincia de Buenos Aires, los problemas económicos se solucionan aplicando recetas que fueron exitosas en el pasado.

“Hay que hacer lo que hicimos nosotros. ¿Por qué Alberto no hace lo que hicimos? O no entendió lo que hicimos o tiene otras ideas. Él no es peronista, es socialdemócrata, no quiere hacer lo que hizo un gobierno peronista exitoso. No hay nada que inventar: hay que gastar menos de lo que recaudás y venderle al mundo más de lo que le comprás y ahí generás los elementos ordenadores de la economía”, planteó.

Moreno recomendó además declarar la emergencia en seguridad. Dijo que Fernández tiene que hacerse cargo del problema y ponerle el cuerpo a la situación, asumiendo el control de las fuerzas federales y de las policías provinciales.

El que no se quiera hacer cargo de la seguridad de su pueblo que no sea presidente. Esto se resuelve poniendo el cuerpo, no hay que estudiar, no hay que hacer ningún mapa. Se sabe dónde están los muchachos. Hay que hacer lo que hay que hacer. No es un problema de inteligencia policial que a vos se te terminen los motochorros”, dijo.

Y ejemplificó: “El Presidente puede resolver el tema de los Monos en Rosario en 15 minutos”.

La gestión de la pandemia

Moreno recordó que hace un año había advertido que en caso de no adoptar las medidas necesarias, el país se quedaría sin salud y sin economía, y lamentablemente -a su criterio- ambos pronósticos se cumplieron.

Hoy tenés 100 mil muertos y los indicadores dicen que es uno de los peores países del mundo que administró la pandemia”, aseguró.

“Alberto Fernández tenía que evitar el miedo, no asustar al pueblo; fortalecerla no solo de cuerpo, sino también de alma, con iglesias abiertas, misas en las plazas, las vírgenes circulando; tenés que cuidar la salud mental de la familia y del pueblo, conversar con los sociólogos que son los que entienden y finalmente ocuparse de algo tan importante como es la economía, con empresarios y sindicalistas”, analizó.

Y resumió: “El presidente asustó al pueblo, no se ocupó de la salud mental de las familias, no se ocupó de la comunidad, no se ocupó de los servicios religiosos y no se ocupó de la economía. ¿Cómo terminás? Un desastre. Destruiste la economía y la salud”.

 

FUENTE : INFOBAE

FOTO TAPA : TRES LINEAS

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Opinión

El 9 de julio que hicieron los patriotas y usaron los políticos

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San Martín, Belgrano, Güemes, Artigas y Juana Azurduy construyeron un escenario para que algunos hiciesen algo grande con diminutas intenciones. Nacía la política de élites
Artigas: siempre fue rioplatense A pesar de los esfuerzos de la historia oficial de la otra orilla del Plata por presentarlo como “uruguayo”, con el respaldo generoso de Bartolomé Mitre y Vicente Fidel López, deseosos de dejar fuera de su construcción histórica de la Nación a un personaje tan incómodo, Artigas siempre se sintió rioplatense.

En 1816, tropas portuguesas y brasileñas invadieron la Banda Oriental, con la complicidad del gobierno del director supremo Juan Martín de Pueyrredón, que alentó dicha iniciativa a través de su embajador, el nefasto Manuel García.

Artigas luchó en forma heroica hasta 1820 pero ello lo apartó de las jornadas históricas de Tucumán en las que, a instancias de Buenos Aires, se le impidió a la Banda Oriental enviar diputados para cumplir el sueño de su caudillo y líder: una nación del Plata, única y solidaria.

El 6 de julio de 1816, tres días antes de declararse la independencia, Manuel Belgrano, que había regresado de un viaje a Europa en misión diplomática, fue invitado por el Congreso para informar sobre las formas de gobierno y expuso su opinión ante los diputados.Belgrano se vistió de militar y jugó en el campo su patriotismo

Consideraba que lo conveniente era preservar a la región del Plata a través de la declaración de su independencia y del establecimiento de un modo de gobierno monárquico moderado que pudiera ser reconocido por la mayoría de las potencias europeas.

Del mismo modo suponía que tal tipo de gobierno mantendría, como ocurría con Brasil, unificada a la enorme extensión territorial de las provincias liberadas, que habían integrado el antiguo virreinato rioplatense y que se encontraban habitadas por diversos pueblos que estaban secularmente en conflicto.

Ya había regado con su propio esfuerzo la emancipación del país en las gloriosas jornadas de Tucumán y Salta en 1812, en las dolorosas derrotas de Vilcapugio y Ayohúma y en la épica del Éxodo Jujeño. También había conocido la mezquindad del poder porteño, sometido a juicio y al escarnio de quienes le habían encomendado una conducción militar para la que no estaba preparado pero sostuvo con un heroísmo que le permitió detener a los españoles y dar a los congresistas tucumanos tiempo y chances y a San Martín espacio para avanzar sobre Chile y el Perú. ¿Alguien más que él para opinar sobre el futuro de la Patria

Juana Azurduy: siguió a su esposo por amor y lo heredó por corajePara que los diputados electos del Alto Perú pudiesen llegar a Tucumán y para que los ejércitos realistas detuviesen su avance sobre el territorio del país fue necesario que Juana Azurduy, heredera de las republiquetas de su difunto esposo Manuel Ascencio Padilla, muerto ese mismo año de 1816, y Martín Miguel de Güemes en Salta asediasen con sus gauchos y sus indios a los veteranos soldados de Fernando VII y los mantuviesen lejos de los objetivos buscados.

vaya si lo lograron, aunque para ello el caudillo de «Los Infernales» debió dejar su propia vida y con ella la protección a la «flor del Alto Perú» que terminó sus días en la pobreza y soledad más absoluta, a la espera de un reconocimiento que tardó casi un siglo en llegar. Güemes y San Martín: nadie entendió la estrategia y el objetivo como ellos dos

Y como pistón de tanta lucha por la libertad y lindependencia, José de San Martín tomando la posta del Ejército del Norte, proveyendo y sosteniendo a Güemes y avanzando primero sobre Chile y después sobre el Perú para consolidar la emancipación de América del Sur.

Un afiatado mecanismo de reloj, con piezas que llevan el nombre propio de Artigas, Güemes, Belgrano, Juana y San Martín, sin los que nada de todo ello sería posible.

No es casual que la ingratitud haya coronado el final de cada una de sus vidas y que los cagatintas porteños hayan escrito una historia mentirosa y amañada que si no logró cubrirlos de olvido fue por lo gigantesco e inocultable de sus obras.

Pero que explica a las claras el destino de este pobre país en el que sus mentes más brillantes y sus patriotas más heroicos jamás fueron escuchados…

Por Adrián Freijo –

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