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Opinión

Emilio Monzó: “Cristina y Macri tienen que ser una etapa terminada, deben dar un paso al costado los dos”

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El ex presidente de la Cámara de Diputados defendió al jefe de Gobierno porteño: “No se puede pedir a Horacio Rodríguez Larreta más de lo que está haciendo”. Y hacia el futuro, dijo: “Hay que armar un equipo con volumen político para gobernar, no un rejunte como hicimos la otra vez”
fmayol@infobae.com

La entrevista con Emilio Monzó se realizó el viernes por la mañana, horas después del anuncio presidencial de recorte de la coparticipación que recibe la Ciudad y de la respuesta formal del jefe de Gobierno porteño, en su departamento -a la venta- sobre la calle Montevideo. En ese amplio living, durante el verano del 2015, Mauricio Macri, Elisa Carrió y Ernesto Sanz terminaron de acordar la conformación de Cambiemos.

El ex presidente de la Cámara baja, un apologista de la moderación, tiene anotada la última vez que habló con Macri: “12 de noviembre del año pasado”.

-Lo tiene anotado. Trasciende que el ex Presidente, en privado, sigue transmitiendo un rencor hacia su figura. ¿Qué fue lo que le molestó?

-Habría que preguntárselo a Macri.

-¿Pero usted tiene alguna explicación? Porque terminó siendo un enemigo interno, y fue un armador principal, de hecho en este living se terminó de formar Cambiemos.

-Pero bueno, eso fue una etapa, y compartimos un gobierno con visiones distintas de cómo había que llevar adelante principalmente los acuerdos políticos, y esa diferencia después se transformó, producto de la tensión que es gobernar, en una diferencia hasta personal. Si él guarda rencores, yo eso no lo puedo resolver.

-¿Usted no guarda rencores?

-Yo no. Estoy desde diciembre en confinamiento. Por eso es bueno hacer pausas. Yo en diciembre me fui de los medios, me fui de todo, me fui a leer, una introspección bastante importante, y después viene el confinamiento obligatorio. Once meses, hasta esta nota, que uno hace una introspección permanente, para curar…

-¿Y curó?

-Sí.

-¿Hizo su balance de los cuatro años de gobierno de Cambiemos?

-No te queda otra, ¿balance? Otra que de los cuatro años, ¡de la vida!

-¿Y el balance de esos cuatro años es positivo o negativo?

-Tiene cosas positivas y cosas que no volvería a repetir. Insisto en esto: a mí me gustaría que en estos tres años y medio que quedan para la próxima elección armemos un gobierno que como consecuencia sea una oposición, no que armemos una oposición que como consecuencia sea un gobierno. Esto es una enseñanza que tuve, pero también es el hombre y sus circunstancias, como dice Ortega y Gasset. A la gente lo único que le importaba era un triunfo contra el kirchnerismo, las circunstancias hoy son distintas, ya tuvo uno la experiencia y creo que no me gustaría volver a repetir un gobierno con las mismas características que el anterior.

-Le tocó un momento complejo. Le quiero preguntar, después del anuncio del miércoles del Presidente de recorte de coparticipación a la Ciudad, y de la reacción del jefe de Gobierno, si esto no esfuma su intención de construir por la avenida del medio y la moderación.

-La verdad que todavía estamos un poco perplejos del anuncio. Me cuesta ponerlo como avenida del medio, a mí me gusta más decir que es una actitud. La avenida del medio fue una estrategia en su momento de Sergio Massa. Pero esto pasa por una cuestión de mesura y de moderación, y por una cuestión de actitud, de ejercicio de lo que uno es. Siempre tuve tendencia a buscar acuerdos políticos con la oposición. Me tocó ser ministro de Agricultura de la provincia de Buenos Aires en la 125 y mi actitud no cambió. De hecho mi salida tuvo que ver con eso. Yo he escuchado hablar de la mesura como tibieza: para mi tibio es ir al extremo, es simplificar, la tibieza está ahí, son posiciones populistas.

-O sea que para usted, los tibios son los duros.

-Los tibios son los duros, porque es esconder un vicio detrás de una aparente virtud. La virtud es entender al otro. Es una actitud de vida. Cuando comienza el gobierno de Alberto Fernández, y aún hoy, tengo toda la predisposición de ayudarlo, porque si a Alberto Fernández le va bien, nos va bien a todos nosotros. El confinamiento y esta mesa que vimos entre Axel Kicillof, Horacio Rodríguez Larreta y Alberto Fernández fue un alivio para todos en un momento de gran tensión e incertidumbre. Y se reflejó rápidamente en la opinión pública. Ahora pareciera que comenzamos una campaña política en el medio de una pandemia mundial, de un PBI mundial que cae, y aparentemente hace un mes y medio entramos en el mismo esquema electoral que veníamos desde el 2009.

-¿Y quién impulsa eso?

-A veces creo que lo impulsan determinados valores. A veces la arrogancia. Pero principalmente la incapacidad de afrontar los problemas de Argentina.

Emilio Monzó en el living de su departamento sobre la calle Montevideo (Maximiliano Luna)Emilio Monzó en el living de su departamento sobre la calle Montevideo (Maximiliano Luna)

-Cuando habla de la arrogancia y ve que esta foto del Presidente, el gobernador y el jefe de Gobierno empezó a cambiar, ¿quién cree que incentiva más el quiebre, el oficialismo o la oposición?

-Siempre la mayor responsabilidad está en el oficialismo. Lo digo para este gobierno y para el anterior. Siempre la responsabilidad principal la tiene quien gobierna. Siempre en la oposición hay algo de margen para la irresponsabilidad por no tener, valga la redundancia, la responsabilidad de administrar. Acá tiene que haber una gran responsabilidad por parte del Presidente de mantener y ampliar esa mesa que empieza con el confinamiento. Y creo que la respuesta de Horacio Rodríguez Larreta es impecable.

-¿Por qué?

-Por la moderación, por la mesura, por el esfuerzo de comprensión y por la empatía en la crítica. Es tener motivación de buscar la rectificación de quién ha tomado una decisión. Acá las críticas son para destruir al que toma decisiones. El discurso de Horacio de ayer, la convocatoria de Alberto y la respuesta a esta decisión de Horacio para mi fueron los dos eventos más importantes del confinamiento, así que yo celebro lo de Horacio.

-Y así cómo dice que la respuesta de Rodríguez Larreta fue impecable, ¿cómo califica el anuncio del miércoles del Presidente?

-El anuncio es parte de secuencias que estoy viendo de manera preocupante, no de ayer, de hace 30 o 40 días. Desde el anuncio de la reforma judicial hasta este creo que son todos disociados de la realidad y disociados de la mesura, disociados de quien fue su mejor aliado durante estos meses. De quien puede liderar un volumen político más de centro en los próximos años y que eso va a ayudar al gobierno de Alberto. Es distinto al Alberto Fernández que vimos al comienzo de la gestión y al comienzo del confinamiento.

-¿Y le encuentra alguna explicación?

-Quiero encontrar una explicación más humana, y es que producto de la incertidumbre una busca las certezas en las simplezas, y para mi eso empieza a aislar al otro, y para mi eso es el gran conflicto de la Argentina, simplificar los problemas. Ir al medio, al centro, es la parte más difícil. Es comprender al otro. Es escuchar varias voces. Es el lugar de las incertidumbres. Y ese es el lugar más difícil. Pero ahí tenemos que ir.

-¿No paga bien ir hacia el centro?

-No paga bien en ningún lugar del mundo. La grieta es tendencia, y esto también tiene que ver con el ritmo de los medios de comunicación. No es que son responsables, pero el ritmo tiene un vértigo. Se convierte casi en una cloaca el Twitter, y lamentablemente la política sigue mucho el ritmo que marcan estos medios de comunicación. La vida está siendo muy vertiginosa, pero especialmente la política. Para ir a la profundidad tenes que hacer una pausa, y para ir a una pausa la tenes que hacer con la oposición, buscando un consenso. Eso no se está viendo en el mundo. Está desapareciendo la figura del estadista, no tiene lugar, no tiene 140 caracteres. En la Argentina estamos hace 20 días en modo campaña electoral cuando la Argentina está destrozada.

"La respuesta de Horacio Rodríguez Larreta a Alberto Fernández (por la coparticipación) fue impecable", asegura Monzó “La respuesta de Horacio Rodríguez Larreta a Alberto Fernández (por la coparticipación) fue impecable”, asegura Monzó

-¿Tiene dudas de quién gobierna la Argentina?

-No tengo dudas de quién gobierna, pero tengo dudas de cómo se gobierna. Son dos cosas distintas.

-O sea que usted no tiene dudas de que gobierna el Presidente.

-El Presidente fue elegido para ese cargo. Pero tengo dudas de cómo se gobierna, como tenía dudas en el gobierno anterior.

-¿No estaba más claro en el gobierno anterior?

-Estaba más claro el liderazgo, pero en cómo se gobierna había algo parecido. A mi criterio, 21 ministros es un disparate en la Argentina. Yo no haría más de ocho ministros, con mucho volumen político y mucha autoridad en la cartera. Acá hay un loteo horizontal que perjudica enormemente la capacidad de ejecución y como consecuencia la autoridad del gobierno de turno.

-Pero más que a la gestión me refería a la política. Cuando le preguntaba quién gobierna me refería a si para usted hoy tiene más peso en las decisiones el Presidente o la vicepresidenta.

-No tengo ninguna duda que tiene más peso el Presidente de la Nación en las decisiones.

-¿Está convencido?

-Estoy convencido. Es el Presidente de la Nación. Cristina Kirchner tiene por supuesto influencia, es una persona, una referente política importante en la Argentina hace mucho tiempo, que tiene el mayor caudal de votos en ese espacio, por supuesto que eso la lleva a tener incidencias en el tránsito de este gobierno, pero quien preside no tengo ninguna duda que es Alberto Fernández.

-¿Y la decisión de hace 48 horas de recorte de la coparticipación tiene más sello del Presidente o de Cristina Kirchner?

-Yo voy a decir siempre más sello del Presidente de la Nación.

-En el acto de Florencia Varela en noviembre del año pasado nos dijo que quería que “Mauricio Macri sea el presidente de todos los argentinos y no que se pinte de amarillo”. No cumplió Macri en lo que usted deseaba de su rol como ex presidente, ¿no?

-Sigo deseando eso de manera general. Lo dije para Cristina en su momento, y para Macri en este momento. Nos cuesta mucho en nuestro país hacer un cambio generacional definitivo. Creo que Cristina y Macri tienen que ser una etapa terminada.

-Para usted tienen que dar un paso al costado los dos.

-Para mí sí, para mí ya tuvieron la oportunidad. Yo quiero un país normal donde los ex presidentes puedan viajar por el mundo, quiero ex presidentes como Fernando Henrique Cardoso, como Julio María Sanguinetti, como Felipe González. Quisiera eso de los ex presidentes de Argentina. No me gusta esto que pasa, que tienen que seguir peleando con temas judiciales, que tienen que seguir muchas veces por esos motivos. Nos cuesta en Argentina, y ahí apuesto para lo que viene, el cambio generacional, el momento en que la generación de la democracia tenga que gobernar nuestro país. Estuvimos a punto con Sergio (Massa) en el 2013. Ha venido una generación política, y que la incluyo a Cristina Kirchner como el último eslabón, de esa generación política predemocrática, que tiene sus razones, sus prejuicios y virtudes. Pero es una generación muy distinta a la generación política de la democracia, del diálogo, la tolerancia. Esa generación política no alcanzó todavía a gobernar la Argentina.

-¿Y por qué?

-Lo que pasa en el 2001, 2003, retrasa al país a estación anterior. Si (Fernando) De la Rúa hubiera tenido un gobierno normal en el propio radicalismo hubiera habido una renovación, hubiéramos tenido otro tipo de dirigentes políticos. Pero ocurrió lo que ocurrió y volvimos a ir para atrás en lugar de mirar para adelante. A partir de ahí vivimos con la historia de reivindicar el pasado. Hasta Macri y Daniel Scioli, que son dos emergentes de la frivolidad, de un lugar distinto a la política, que se convierten en el nexo de la generación política que tendría que haber reemplazado hace mucho tiempo y la generación política que tiene que dejar el gobierno. Se recurre a dos personajes que vienen de otro sector. Si en el 2013 Sergio Massa hubiera transitado bien el camino del 2013 al 2015 hubiera sido la primera representación de esa generación política. Por diferentes motivos no llega a hacer el recambio. Y Mauricio, o el macrismo, o Cambiemos, también para sostenerse políticamente hace una contrastación con el pasado. Termina triunfando otra vez el pasado y postergando esa generación que mira hacia el futuro. Por supuesto que hay una crítica a nosotros que especulamos sobre eso y no nos animamos a formar algo distinto. Y ahí volvemos a Cristina, que hace un maquillaje, lo pone a Alberto Fernández, arregla con Sergio Massa y tiene un triunfo y volvemos a la estación anterior. Nunca vamos a la estación que viene. La salida es que Martín Lousteau, Horacio Rodríguez Larreta, María Eugenia Vidal, Cristian Ritondo, Diego Santilli, Pablo Javkin, Rogelio Frigerio, esa generación política tiene que desprenderse del macrismo, del PRO, de Juntos por el Cambio, de esos nombres que para mi ya son del siglo pasado.

Emilio Monzó y Mauricio Macri (NA)Emilio Monzó y Mauricio Macri (NA)

-¿Y cómo hace eso? Porque hoy pareciera que no hay espacio para eso.

-Con voluntad. Hay mucho espacio. Lo que no ha habido es huevos para juntarse, para reunirse.

-¿Y hoy hay huevos y ovarios para eso?

-Tiene que haber. En el 2011 al 2015 nosotros tuvimos que recurrir a fenómenos populares, porque muchos de estos actores no eran conocidos popularmente. Estos actores que acabo de nombrar son actores conocidos por la sociedad. Falta que se reúnan, que tengamos la humildad de dejar de lado las vanidades en pos de un objetivo en común. La moderación, la mesura, que caracterizan a esos cinco, seis dirigentes que acabo de describir, lo que da expectativa electoral es el volumen. Para la moderación y la mesura necesitas sinfonía, necesitas una orquesta. Los otros son solistas, Patricia (Bullrich), Macri, “Lilita” Carrió, son solistas. Acá necesitas una orquesta. Esa orquesta, si vos juntas esa mesa, automáticamente genera expectativa electoral y automáticamente uno de esos actores va a ser el próximo presidente de la Nación.

-Entiendo por lo que dice que a esa orquesta y a esos solistas es difícil juntarlos en una mesa.

-Sí…

-Pero en términos electorales o de volumen político, ¿qué pesa más, la orquesta o los solistas? Porque hoy pareciera que esos solistas en un concierto juntan más gente que la orquesta.

-Hacen más ruido. El que toca un instrumento, y no le importa el director de orquesta, por supuesto que siempre llama la atención. Pero la característica es que no pueden organizar un equipo y no pueden gobernar. Tienen resonancia pero no tienen capacidad de gobierno. Acá hay que armar un equipo con volumen político para gobernar, no armar un rejunte como hicimos la otra vez. Que tenía una justificación, acá pasa lo mismo: la gente te para en la calle y te dice “¡únanse!”. ¡No, para mi es un error! Primero hay que dar una identidad y hay que hacer una alternativa de gobierno, no una oposición. Para ganar una elección, perfecto, tengo que tener a los extremos adentro porque el resultado electoral va a ser de mayor cantidad, por lo tanto mayor posibilidad de triunfo. Pero la conducción de ese espacio electoral lo tiene que hacer este grupo de personas que acabo de decir. Los Horacio Rodríguez Larreta, que hoy tiene una gran oportunidad, tiene que conducir…

-¿Y hoy está conduciendo?

-Hoy está en un gran problema. Está conduciendo la pandemia, y como consecuencia de esa buena conducción, con la respuesta con mucha mesura que llevó en el día de ayer seguramente va a ser una de las personas que hoy potencialmente tiene mayor responsabilidad y posibilidad de conducir un espacio de esa características.

-Así como se hablaba en su momento de Cristina cuando estaba “en el llano”, algunos dirigentes del PRO hoy dicen que con Macri no alcanza, pero que sin Macri no se puede. ¿Coincide con eso?

-Sí, ¡pero se traban en eso, se quedan ahí mirando ese espectáculo, y no avanzan con ninguna otra cosa! A nosotros cuando armábamos esto hubo muchas propuestas que si las escuchábamos nos quedábamos: “No se puede Lilita Carrió con Mauricio Macri”. Y sí, no se puede, es incompatible, pero si me quedaba con lo que me decía todo el mundo, no hacías el esfuerzo para hacerlo. Si me quedo mirando de quiénes no pueden quedar afuera, me quedo prestando atención más a esa figura que al volumen político propio, nuevo.

“Acá la rosca está muy desprestigiada como una charla sin sentido. Sigo prestigiando la relación personal entre los políticos”

-Pero el problema es que todo eso que usted menciona ya gobernó.

-Por eso quiero que gobiernen otros.

-Está bien, ¿pero usted no cree que se rompió algo? ¿Cómo hace para amalgamar de nuevo todo eso?

-Pero no quiero amalgamar nada de todo eso. Destrucción creativa, como (Joseph) Schumpeter. Esto tiene que comenzar de nuevo. Si nos basamos en la misma identidad que tuvo lo anterior va a volver a fallar.

-¿Sin tirar a nadie por la ventana?

-A nadie por la ventana. Y si se quieren ir por la ventana, hay algunos que se tiran por la ventana…

-¿Por ejemplo?

-No sé, pero hay muchos que se van a tirar. Cuando vos querés parir algo en la política tocás muchos intereses. Muchos intereses ideológicos, pero muchos intereses particulares. Y mucho más cuando querés hacer un cambio que en el fondo hay un cambio darwiniano. Hay generaciones que resisten la perdurabilidad en el poder. Y cuando armás un volumen de la característica generacional que te estoy detallando, seguramente muchos de ellos van a resistir porque va a venir naturalmente una jubilación de muchos actores. El principal punto del éxito del Pacto de la Moncloa es que posterior a ese pacto vino un cambio generacional en la política de España.

-Pero acá no se jubila nadie.

-¡En España tampoco, en ningún lugar se jubilan! Ahora, si vos no tenés los huevos para avanzar, y estás siempre mirando a que tengamos cuidado con este, o tengamos cuidado con el otro, bueno, entonces esa generación política se va a perder y va a venir otra generación política que va a jubilar a las dos, a nosotros y a la generación política que se tiene que ir.

-¿Podemos interpretar eso como un reproche a Rodríguez Larreta, para que se decida a hacer el “parricidio” del que incluso el propio Macri se queja en privado?

-No. Lo que sí, y lo hablo bastante, y estamos muchos políticos, y lo vimos a Martín Lousteau muy fuerte defendiendo la posición de Rodríguez Larreta, estamos todos para bancarlo en una gesta de estas características. Está en un timing muy difícil. No puedo pedirle a Rodríguez Larreta más de lo que está haciendo. Horacio Rodríguez Larreta no es un cordón umbilical. Hoy el cordón umbilical de Rodríguez Larreta es la pandemia en la ciudad de Buenos Aires. Hay que esperar que esto termine y pospandemia, en un clima electoral que falta un siglo todavía, ver que posición pueda tomar. Estamos todos dispuestos a ayudar a este cambio generacional.

-En esta mesa de la que usted habla, ¿se sienta como armador, como candidato o las dos cosas?

-Me siento como la situación que se encuentra el país, agarro el volante o tengo que empujar de atrás, y empujo de atrás. A esa mesa que tenemos que reunir el que venga de candidato la verdad que no venga a la mesa. La mesa tiene que ser horizontal y el candidato será el que la opinión pública esté prefiriendo en su debido momento. Todos tienen capacidad e idoneidad para cubrir para cualquier cargo. Voy a estar en el lugar que me toque de acuerdo a la discusión.

-¿Pero le gustaría ser candidato?

-Estoy dispuesto a colaborar. He sido candidato, pero también he sido armador. Lo que me toque en ese momento.

-¿Y en qué rol se siente más cómodo?

-Es difícil asimilarlo… Yo nunca fui armador, de casualidad aparecí en ese cargo. Me sentí muy cómodo haciéndolo. Lo continué en el Congreso desde otro lugar. Me cuesta definir. Es como un jugador de fútbol, depende el momento, y depende el equipo que formemos. Dependen las circunstancias.

-¿A quién votó en octubre del año pasado?

-En octubre del año pasado hice una boleta, no me acuerdo porque la corté bastante…

-Estaba Vidal en Provincia, con quién usted no estaba en buenos términos en ese momento.

-No, sí, indiferente. Con los temas locales, municipales, una boleta muy larga.

-¿Votó a Macri?

-Sí.

-Como dirigente bonaerense, ¿qué opina del anuncio de coparticipación?

-Me ganaron más las formas que el fondo. La discusión de coparticipación la tenemos que llevar al Congreso, tenemos diputados nacionales como para hacerlo de manera transversal. María Eugenia Vidal lo pidió muchísimo tiempo, estuvo un año, iba al Congreso a pedir reuniones. La provincia de Buenos Aires hoy es muy perjudicada con el esquema de coparticipación, llevamos muchos años sin cumplir con la Constitución. Me gustaría que Alberto se ponga a la cabeza definitivamente de terminar de manera discrecional de compensar los problemas que tiene de recursos la Provincia. La provincia de Buenos Aires no puede estar arrodillada al presidente de turno. La cuestión es más de fondo. Si no dividimos, esto de que la Ciudad es opulenta, todo eso no es bueno para la Argentina, es quebrar más a la Argentina. Estas son las cuestiones que merecen un acuerdo político, que merecen mayor confianza. Cuando veo esas reuniones de Olivos que salen casi online, y uno ya sabe en la prensa lo que está pasando adentro. Para generar confianza se necesita mucha reserva, porque ahí es donde uno puede entregar parte de su ser con el otro. Cuando yo hablaba de la rosca, era eso.

Alberto Fernández Alberto Fernández

-¿Sigue reivindicando la rosca?

-Acá la rosca está muy desprestigiada como una charla sin sentido. Sigo prestigiando la relación personal entre los políticos. No puede no haber una relación humana, de conocimiento de uno con el otro. Esa confianza que vamos generando en lo personal es lo que permite hacer un acuerdo político. Eso es lo que no existe. Acá si hay un encuentro inmediatamente lo vemos plasmado en los medios de comunicación.

-Y este anuncio del miércoles, por la forma, ¿lesiona esa confianza personal entre el Presidente y el jefe de Gobierno? ¿Atenta seriamente ese vínculo?

-Atenta seriamente.

-¿Se recompone eso?

-Apelo a que el conocimiento biográfico que en este momento gracias a Dios existe entre los actores, porque son del mismo distrito, pueda revertir el daño que se ha producido. Las formas son muchas veces mucho más importantes que el fondo. Vayamos al 125, ¿fue la forma o el fondo? Fue la forma. Seguramente con otra forma se podría haber resuelto la 125. Las formas tienen que ver con la confianza. Nosotros envidiamos los países vecinos cuando hay un trato casi personal entre los actores de la oposición y el oficialismo, pero tiene que ver porque salen a tomar un café, se conocen sus familias, pueden ir a almorzar. Acá parecemos amigos o enemigos. Esto se tiene que terminar.

-El anuncio del miércoles consolida una forma de gobernar. Pasó con Vicentin o el DNU de las telecomunicaciones. ¿Saliendo del fondo, que es discutible, esos anuncios consolidan una forma de gobierno del Presidente que atentan contra su búsqueda de moderación o de diálogo?

-Me deja un sabor amargo. Confié y confío en el Presidente de la Nación, he tenido conversaciones con él, conozco la calidez humana. No puedo creer que nos vayamos para ese lugar político. No solo de él. Conozco a Mario Meoni, conozco a Gabriel Katopodis, a (Eduardo) “Wado” De Pedro, a casi todos los ministros. Son personas serias, honestas, moderadas, no puedo entender lo que está pasando en los últimos 40 días, ¿cómo no voy a creer que tiene que rectificarse? Pero conociendo a los actores me extraña este tipo de actitud.

-Le quiero preguntar por último por la causa en la que usted se ha presentado como querellante y en la que se investiga supuesto espionaje en la gestión anterior. ¿Está dolido, enojado? ¿Alguien lo llamó?

-No, no.

-¿Ni el ex Presidente, ni el ex jefe de la AFI?

-Nada.

-¿Y qué siente?

-El primer impacto es duro por la familia, no por uno. A uno le duele, pero el entorno, tu mujer, tus hijos, te miran con cierto estupor por lo ocurrido. Pero también está lamentablemente, esto es como que te van a robar en la calle, un día te roban y te roban, y te sentís mal cuando te pasa. Pero sabes que te puede ocurrir. Esto está dando vueltas. Nunca te ocurre. Cuando te ocurre te genera una parálisis. Estuve una semana en conversación familiar, con algunos políticos, conteniéndonos, con Nicolás Massot, que también estaba involucrado…

-¿Le mostraron lo que había en el expediente?

-Sí, sí. Hoy ya está. Si lo hicieron, está muy mal hecho. Llevar a la política a esos extremos, ya no queda nada.

-¿Esperaba un llamado de alguien?

-No, no lo esperaba. Y no lo espero.

-¿Va a insistir con la moderación?

-Voy a insistir. Es una forma de vida, aunque me quede solo.

fuente : INFOBAE

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Aún está a tiempo: Montenegro debe dar un rápido golpe de timón

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Con pocas horas de diferencia el intendente sufrió dos golpes demoledores para su imagen pública. La sorpresa por la calificación de la ciudad y el pliego de transporte. Es la hora de actuar.

Fueron dos cimbronazos tan duros como evitables; y en ambos casos la falta de cintura política y la mala praxis estuvieron demasiado expuestas como para siquiera pretender que se trató de otra cosa.

La sorpresa por la colocación de Mar del Plata en estado de «Alerta epidemiológica» y la ingenua pretensión de que «nadie nos avisó» fue un llamado de atención para una sociedad que hasta ese momento venía creyendo que el intendente, con bajo perfil y tratando de evitar la confrontación que desde la representación del gobierno nacional y provincial le planteaban las cara locales del kirchnerismo, tenía sin embargo las riendas de una situación que todos veíamos complicada pero que nunca imaginamos que se manejaba y resolvía a 400 km y sin siquiera consultar con aquellos que los marplatenses votamos para que administraran la ciudad.

Ya lo dijimos en su momento, (Ver: Sorpresivamente Mar del Plata fue declarada en Alerta Epidemiológica) , no es creíble que nadie, oficial u oficiosamente, haya hecho saber al jefe comunal o a alguno de sus principales colaboradores que lo que pasó estaba por pasar. Es imposible…

Y ahí tuvo que salir el intendente, en gestión personal y por cierto riesgosa por el nivel de exposición de sus debilidades políticas que ello suponía, a hablar con el presidente, la ministra de Salud y el Jefe de Gabinete provincial para lograr un aflojamiento de lo dispuesto que sin embargo aún hoy deja tras de sí más dudas que respuestas de cara a lo que viene.

Pero logró que la ciudad quedase en Fase 3 -aunque con «retoques»– y por lo menos retomó, al menos por el momento, la iniciativa.

Ahora, pocos días después de esa preocupante demostración de ausentismo a la hora de decidir sobre nuestra vidas, Montenegro sufre otro martillazo en los dedos: luego de meses de debate y de anuncios que ahora se saben excesivamente optimistas del Departamento Ejecutivo, la falta de consenso y una grave defección interna hace que  el nuevo pliego para llamar a licitación del servicio de transporte público de pasajeros sea archivado en el Concejo Deliberante.

Una pelea interna menor y la pretensión de Alejandro Carrancio -nada menos que presidente del bloque del intendente- de presionar a los constructores de la lista de candidatos para las próximas elecciones para recuperar espacio político para su jefe Lucas Fiorini, lo lleva a un vergonzoso voto en contra del proyecto de su propio espacio y hace caer lo que seguramente era el proyecto más importante en este tramo de la gestión comunal. Y supone un triunfo impactante para el Frente de Todos que de esta manera logra su objetivo de voltear la licitación -y birlarle a Montenegro un éxito que ningún intendente ha podido esgrimir en décadas- pero sin haber siquiera imaginado que lo conseguiría de la mano de las luchas internas de Juntos por el Cambio.

Pero en el primer porrazo y en esta papelón hay una constante que el jefe comunal no puede soslayar: hay funcionarios de su gobierno que han gestionado mal, comunicado peor y resuelto aún más calamitosamente.

Y no es la primera vez que ocurre y seguramente ha llegado la hora de un golpe de timón que sirva para enderezar un barco que por momentos parece comenzar a transitar una tan peligrosa como inesperada deriva. El equipo del intendente no ha estado a la altura de las exigencias políticas y todos los frentes parecen ahora hacer agua…justo cuando el estrés social parece ir tornando poco a poco en malestar.

Guillermo Montenegro está aún a tiempo de tomar las medidas y realizar los ajustes necesarios. La humildad en reconocer las carencias y errores suele ser la principal fortaleza de los gobernantes.

Que no están en sus puestos para obrar de tapadera de los inútiles sino para comandar equipos política y técnicamente capacitados para saber leer la realidad y actuar en consecuencia adelantándose a los problemas y aportando las soluciones que fuesen menester.

Algo que en su equipo de colaboradores hoy parece escasear hasta límites preocupantes…

Por Adrián Freijo

FUENTE : LIBRE EXPRESION

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Opinión

Jorge Fernández Díaz: “La colonización populista es el gran relato institucionalizado por el kirchnerismo”

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El periodista y escritor habla de su libro “Una historia Argentina en tiempo real” (Planeta). Desfilan por sus páginas su giro del peronismo a su pensamiento actual, los amigos que perdió, la inmigración de su familia y la de Cristina y las charlas donde Alberto Fernández “le daba la razón a mis críticas”
Jorge Fernández Díaz y la entrevista vía zoom con Infobae. La tapa de su nuevo libro

“Estaba comiendo en Palermo, y una chica que estaba con dos hombres me empezó a mirar con insistencia, Pensé ‘me conocerá de algún lado, de la radio, de los libros… A tal punto me miraba que parecía que me leía los labios. Terminamos, pagamos y cuando salimos vino corriendo. Yo me di vuelta para saludarla, porque creí que era alguien que quería un autógrafo o decirme algo. Bueno, me dio un papel, se dio vuelta y salió corriendo. Cuando abrí el papel dentro del taxi, decía “espero que tu nuevo sueldo de gorila sea bueno…” No recuerdo ahora exactamente la frase. Pero la idea era “nos traicionaste, no te puedo leer más”. Casi era una recriminación desde el dolor. No es que me shockeó el episodio. Pero me pareció un interesante punto de partida para este libro, en el que quisiera explicarle a esta chica, idealmente, fantasmalmente, qué es lo que yo pienso. Y por qué lo pienso. No lo estoy haciendo por plata, no lo estoy haciendo porque me volví loco, no lo estoy haciendo porque soy la derecha, el conservadurismo, por nada de eso. Tampoco por odio, aunque tengo una bronca bárbara. Lo estoy haciendo porque siento que es lo que tengo que hacer, y eso fue como un punto de partida”.

-¿Preferís eso -que te dejen un papelito y salgan corriendo- o que venga alguien y te diga las cosas en la cara?

-Yo sería incapaz de molestar a nadie en un café por una idea o algo por el estilo. Vos me conocés y soy una persona de modales caballerescos. Y además, más allá de todo, al final de las batallas los generales se encuentran a desayunar. Tiene que seguir así. Yo no tendría problemas en hablar con un intelectual, escritor o periodista kirchnerista. Ya he perdido muchos amigos por esto. Y fue muy doloroso..

Si Los Beatles tienen su ‘Álbum Blanco’ -y sin querer establecer un paralelismo textual, por favor, sino cromático- podríamos decir que el prolífico escritor y periodista Jorge Fernández Díaz (59) tiene, después de publicar 15 volúmenes, su “libro blanco”. La tapa inmaculada, apenas salpicada con letras negras y rojas, sin ilustraciones, cuenta que la flamante criatura se llama Una historia Argentina en tiempo real, está editado en la colección Espejo de la Argentina de Planetay tiene una bajada que advierte qué es aquello que quisiera contarle a quien lo interceptó afuera del restaurante: “Apuntes sobre la colonización populista y la resistencia republicana”. En la contratapa destaca una frase de su adorado Juan José Sebreli, que define al autor como “un faro, un intelectual cuya elegante sencillez discursiva le confiere un inusitado valor en la lucha contra el autoritarismo”. Son 1054 páginas -un acto de fe editorial en esta Argentina pandémica- que abrevan en los artículos que el autor publica desde hace una década en el diario La Nación.

La entrevista con el autor corre vía zoom. Está en su casa, detrás se adivinan libros -tiene una frondosa biblioteca-, pero luce saco y corbata. Una señal de respeto sin dudas de otra época.

-¿Qué es la “colonización populista”?

-El gran relato institucionalizado por el kirchnerismo, que en realidad viene de antes, y que no sólo penetró a los votantes eventuales del peronismo. Ha penetrado en las capas medias, las altas, en toda la sociedad argentina. Ya es un modo de ser argentino. Entre todos devastamos el país que teníamos. Entonces, vale la pena cuestionar ese relato. Este es el libro más ambicioso que escribí en toda mi vida. Lo vengo escribiendo desde hace diez años. Conciencia de que es un libro tengo desde hace siete años. Tuve que estudiar mucho, releer cosas que leí a los 20 años. Ese trabajo de biblioteca, intelectual, lo abordo no como un periodista tradicional sino como un escritor político. Y me hizo replantear el género del articulista, tratar de encontrar un estilo literario. Y encontrar los grandes hilos ideológicos, aunque hay quienes dicen que las ideologías han muerto.

-¿Han muerto?

-Yo creo que siguen vivas, son intensas y decisivas en el modo en que la política se maneja. Así que volví a estudiar mucho.

-¿A quienes?

-El peronismo ha sido algo fundamental. Por ejemplo,los libros de Larraquy sobre los ’70 son una revisión muy interesante. No de lo que dicen que pasó, sino de lo que pasó. El Archivo Hoover sobre Perón es impresionante, las revelaciones en esas cartas personales… Y muchos más. Después, quitar la coyuntura y encontrar los textos fundamentales fue un trabajo demoledor. Y a eso le quise agregar una crónica personal. Redundó en un libro que es una respuesta ideológica, que pretende hacer una radiografía computada del kirchnerismo.

-¿Y qué muestra la radiografía del kirchnerismo que tomaste vos?

-Por empezar, no es exactamente el peronismo, aunque lo contiene junto a otras corrientes que lo construyen como una especie de Frankestein. La mala caracterización del kirchnerismo llevó a muchos errores dentro y fuera del peronismo, en los medios y la sociedad. Este libro trata de contar las mentiras, y quise hacerlo, como sabés, de una manera leal. Y para hacerlo así debía contar mi propia historia, que está muy imbricada dentro del peronismo. Por eso digo que es mi libro más personal.

-Habría un chiste medio kafkiano que no voy a hacer, pero ¿cuál fue tu metamorfosis con respecto al peronismo?

-Es interesante para mí contar, sobre todo, que no hablo desde fuera del fenómeno. Yo formé parte de cada una de las vetas que formaron al kirchnerismo. Sé que esto a los puristas los vuelve locos y a los kirchneristas los enoja. Pero es la verdad. Empezando porque mi padre es de una aldea asturiana muy vecina a la aldea donde nació la abuela paterna de Cristina Kirchner: Amparo Fernández. Esta abuela sigue persiguiendo fantasmalmente a Cristina hasta el día de hoy. Hay una referencia en la biografía que le hizo Sandra Russo, hay otra en Sinceramente. Hay tuits del año pasado hablando de ella. Y qué pasaba? Era muy parecida a mis padres. Vinieron con una mano atrás y otra adelante, habían progresado, y no querían el tutelaje del Estado, ni subsidios ni cosas por el estilo. Creían que el desarrollo estaba en la épica inmigrante. Cuando se estudia a los pensadores nacionalistas argentinos se ve que el desprecio a esa épica fue muy grande. Los inmigrantes europeos son tachados de individualistas, de eurocentristas, de no tener una visión suficientemente argentina. Y ahí se inscribe Cristina, que toma partido por su familia materna, que venía del conservadurismo popular, del gremialismo, del estatismo.

Los inmigrantes europeos son tachados de individualistas, de eurocentristas, de no tener una visión suficientemente argentina. Y ahí se inscribe Cristina, que toma partido por su familia materna, que venía del conservadurismo popular, del gremialismo, del estatismo

-En el libro contás algunas anécdotas familiares sobre este punto…

-Mi tío abuelo, Marcelino, el jefe de la familia, quería pasar por un caballero argentino. Él no quería ni que se notara su acento español. A tal punto que su hermano, para tocar la gaita tenía que bajar al sótano para que no lo escucharan los vecinos, porque ser español -o italiano, y ni hablar asturiano- era burdo, y ser argentino era fino. La clandestinidad de esa casa donde me crié, donde se hablaba bable (Nota: el dialecto asturiano) hizo que en el colegio me pegaran porque hablaba diferente. Y me pasó como a muchos inmigrantes, y no solo en la Argentina: para ser asimilados en el lugar, barrimos lo que éramos bajo la alfombra. Esa idea de que “descendemos de los barcos” es falsa. Descendemos de familias con canallas y héroes que provienen de otros sitios.

-¿Lo que hacía tu tío Marcelino no es lo mismo que hacen hoy muchos argentinos que están emigrando y quieren borrar al argentino que llevan dentro?

-Si, renunciar a la idea de ser argentino me parece terrible y es inútil, además. Ya lo decía Borges: “Seremos igualmente argentinos, no importa lo que hagamos y adónde vayamos”. Yo me siento más argentino que nunca. Pero bueno, en ese momento, el modo de ser argentino, para mí, fue ser peronista. Y eso le rompió el corazón a mi padre. No lo podía creer.

-¿Cómo fue tu entrada al peronismo?

-Nunca fui militante. Pero fui lector de Jorge Abelardo Ramos, de la izquierda nacional. Cristina Kirchner también votó al peronismo desde la izquierda de Ramos. Era un gran ensayista. Los leía a él y a Sebreli. Eran brillantes. Por supuesto que no congeniaba con Sebreli. Pero siempre leí a gente con la que no estaba de acuerdo.

“A los chicos de La Cámpora les falta mucha lectura de los libros que deberían leer. Les puedo preparar una biblioteca”

-En un punto, decís en el libro que el kirchnerismo reivindica a Ramos, pero no lo leyó o lo leyó mal.

-Me pasa siempre: refuto libros que ellos supuestamente leyeron y después me entero que no los leyeron. A los chicos de La Cámpora les falta mucha lectura de los libros que deberían leer. Les puedo preparar una biblioteca. Yo sí los leí y los releí.

-¿Por qué espacios de la política transitaste?

-Por el peronismo, por el nacionalismo de izquierda. Hice estupideces increíbles como criticar a Alfonsín porque era “la derecha”, cuando desde el comunismo habíamos votado a Luder que traía la autoamnistía militar bajo el brazo mientras Alfonsín hacía todos los intentos para juzgarlos. Fuimos imbéciles. Me plegué a las huelgas de ese momento. Creíamos que el progresismo era el peronismo y era Alfonsín. Pude hablarlo con él y pedirle disculpas.

-¿Qué diría Alfonsín hoy si viera al radicalismo en Juntos por el Cambio?

-Es una pregunta que no podría responder. Parto del hecho que fue un socialdemócrata republicano, que pensaba parecido a Felipe González. Y muchos de los alfonsinistas que piensan así están en Cambiemos, en un momento de emergencia donde no parece que haya que hablar de izquierdas y derechas, sino de un populismo que quiere llegar a una autocracia y gente que defiende una democracia normal y republicana. Y justamente Alfonsín funda, en el ’83, eso mismo. Es contra fáctico, pero creo hubiera estado ahí.

La tapa blanca del nuevo libro de Fernández DíazLa tapa blanca del nuevo libro de Fernández Díaz

-¿A qué personajes seguías en esa época?

-Te cuento. Cuando era redactor de policiales, estaba totalmente fascinado por (Raúl) Zaffaroni, por Elías Neumann, por el ultra garantismo, lo que luego fue abolicionismo. Caí un poco en el terrible error de Borges, que por seguir el culto del coraje terminó exaltando a delincuentes de cuchillo. Yo también, en un momento sentí una enorme atracción por el mundo de la delincuencia, algo que se ve hoy con el Vatayón Militante, el kirchnerismo de paladar negro. Es un terrible error, consideran que eso es ser progresista, cuando el 80% de los pobres son las principales víctimas de una sociedad que, cuando la conocí de cerca por entrar a las cárceles, es lo más fascista que existe. Pero la defienden los supuestos progres de Palermo Hollywood. Fue un grave error del que me alejé. Llegué a escribir como ghost writer un libro inspirado en Zaffaroni. Ellos son los reaccionarios, tienen la mirada pequeño burguesa que confunde pobreza con delincuencia. Es estigmatizante. Después me fui de todos estos lugares.

-Y te fuiste a Neuquén. ¿Por qué?

-En un momento cayeron todos los diarios: Tiempo Argentino, La Voz, y luego La Razón. Pensé que no iba a trabajar más de periodista. Estaba casado, era padre y tenía que parar la olla. Alguien me dijo que se podía vivir la utopía patagónica. Desde acá parecía un paraíso, pero la Patagonia es áspera, dura. Allá conocí a Felipe Sapag. Me enamoré de ese señor feudal, no muy distinto de Néstor Kirchner o de Rodríguez Saá. Vi cómo funcionaba un feudo, cómo todo termina por depender del Estado.

-Hay una anécdota en el libro sobre el encuentro del gobernador con una señora y la charla acerca de su dentadura…

-Si, si… En una gira por el norte neuquino vi a Felipe Sapag con una larga fila de personas que le van a hablar. Y a una señora le dijo: “El año pasado le regalamos dinero para que se hiciera la dentadura y no se la hizo, ¿por qué?”. La mujer le explicó: “Porque mi hijo perdió el trabajo”. “Deme el nombre de su hijo que le vamos a conseguir trabajo. Y a usted le vamos a pagar de vuelta, pero la próxima vez quiero ver la dentadura hecha”. Es decir, una relación clientelista, seductora, populista y personal típica de los señores feudales. Consiguió que la Justicia fuera favorable al Poder Ejecutivo, controlar los fondos, las empresas, y que jamás se lo pudiera vencer. Esto lo sabe bien (Oscar) Parrilli, que nunca le pudo ganar. Ahí vi el peligro tremendo y la mediocridad que va formando ese modelo, que Néstor Kirchner quiso llevar al país y todavía quieren llevar. Todos estos pecados míos entre los 18 y los 32 años los fui dejando.

-Pero según relatás, y con dolor, muchos de tus amigos no.

-Es curioso, cuando tenían 30 años, algunos de ellos se iban del peronismo. Yo les decía que se quedaran. Muchos pasaron al Frepaso, otros al librepensamiento. Y luego los seguí. Pero de repente volvió la religión. El peronismo, como el comunismo, es una iglesia. Y vivir a la intemperie, fuera de esas religiones, es muy difícil. A muchos de mis amigos les resultó irresistible volver a creer en esas cosas que estaban equivocadas.

Jorge Fernández Díaz en la Feria del Libro como anfitrión de Vargas Llosa, el día que ambos tuvieron un encuentro con Hebe de Bonafini.  Télam 162Jorge Fernández Díaz en la Feria del Libro como anfitrión de Vargas Llosa, el día que ambos tuvieron un encuentro con Hebe de Bonafini. Télam 162

-Hay dos que no nombrás: los llamás El Novelista y Javier…

-Hay muchos. Yo denuncié las listas negras del kirchnerismo con los escritores. Y no recibí la solidaridad de ni uno solo. Casi ni siquiera lo hicieron muchos de los que estaban en esas listas. No los invitaban a ferias internacionales, becas, premios… Los dejaban afuera sólo porque opinaban en contra. Me encontré a cenar con uno de los grandes escritores, que es kirchnerista. Era amigo suyo, lo había llevado a la radio para presentar su libro. Y le digo “¿viste lo que publiqué?”. “Si” “¿Y? ¿Dijiste algo?”. “Le dije al gobierno que agarren alguno para disimular. No me dieron bola, ¿qué voy a hacer?”. Entonces le respondí que si alguna vez lo ponían en una lista negra a él, yo iba a salir a defenderlo a muerte. Ese tipo de actitudes, o ver que a tipos que admiré y quise los empezaron a comprar con programas de televisión… Se los dije: “Los están comprando”. Y uno finalmente me dijo “Jorge, qué otro gobierno me iba a dar lo que yo merecía”. Una frase tremenda. Hubo cosas jodidas. Cuando Vargas Llosa me eligió como interlocutor en la Feria del Libro, un amigo mío tomó partido por Aníbal Fernández en contra mío. Me dijo “¿cómo podés darle tribuna a Vargas Llosa?” ¡A Vargas Llosa, que venía de ganar el Premio Nobel de Literatura!

-En ese episodio involucrás a Hebe de Bonafini.

-Yo marché con Hebe cuando tenía 23 años. Era impresionante. Ese día de Vargas Llosa amenazaron con boicotear el acto. De repente aparece Hebe en el camarín donde estábamos Vargas Llosa y yo. Y le dijo: “No se preocupe porque no vamos a hacer ningún lío, la presidente me ordenó que no hiciera nada”. Me ordenó, dijo Hebe, a quien nadie le ordenaba nada. Fue una anarco dirigente durante décadas. Y de repente era una militante que recibía órdenes de Cristina Kirchner. Lo mismo pasó con Estela de Carlotto, con quien tuve un gran cariño.

-En una nota anterior me lo dijiste, y en el libro lo reiterás, que soñabas que te encontrabas con Cristina Kirchner en Casa de Gobierno y hablaban…

-Si, titulaste con eso…

-¿Es una obsesión Cristina para vos?

-No, no estoy obsesionado. La reconozco como la última peronista que tuvo una idea. Como Menem, como Néstor. Es una idea que no comparto y me parece nefasta. Pero tiene ideas y argumentos que vale la pena discutir. Tiene talento, sin eso no hubiera sobrevivido. Pero también sobrevivió porque el peronismo fue incapaz de crear un líder superador. Para mí esa nueva idea sería un peronismo republicano. Una especie de (Juan) Schiaretti, alguien que dijera “el peronismo es otra cosa”.

-En una escena que ubicás después del desfile del Bicentenario Néstor Kirchner toma whisky con su hijo Máximo y dice “ganamos la batalla cultural”. ¿Qué es esa batalla?

-Algo que viene de muy atrás, pero Néstor Kirchner vio mejor que nadie. Después del golpe del ’55, gracias a una pléyade de marxistas y nacionalistas -fijate la importancia de los escritores- se construyó un nuevo relato, que comienza con John William Cooke, termina en Verbitsky e institucionaliza Néstor a través de medios públicos, escuelas y facultades. Cuando muere Scalabrini Ortiz, Jauretche le dice en la tumba: “Podés morir tranquilo, que lo que pensamos en 1930 y dijimos luego, hoy es el lugar común de la política”.

-¿Hubo otro momento en que los escritores hayan sido tan preponderantes?

-Si. En el siglo XIX la era liberal fue creada por escritores y periodistas: Mitre, Sarmiento, Alberdi, Mansilla… Un modelo que fue hegemónico durante 80 años. La importancia de los escritores políticos está poco estudiada en la Argentina de los siglos XIX, XX. Me saco el sombrero frente a ellos y es un desafío enfrentar a quienes han hecho el último gran relato, que para mi ha hecho daño.

-Son la expresión de dos Argentinas, lo que hoy se llama la grieta.

-Claro, hay dos Argentinas, dos almas, como decía Machado respecto de España. Una cosmopolita, pro mercado, salir al mundo, respetar las instituciones; y otra que es vivir con lo nuestro, más estado, más industria nacional… A mí me parece que esas dos Argentinas deben convivir. Ambas teorías son necesarias, no son excluyentes. A veces se necesita un poco más de vivir con lo nuestro y otras más mercado. Y el sistema democrático es el que permitiría a las dos convivir. Es por lo que lucho, y es bastante básico. Pero el kirchnerismo no quiere un sistema de compartir, quiere someter. Porque tiene el impulso de los 70 de decir “yo tengo una verdad y la quiero imponer”. Hoy no lo puede hacer con las armas. Pero ahora la forma de destruir las democracias, como dice Verbitsky, es entrar a través del voto y desde adentro -como en Santa Cruz-, ir apoderándote del Estado, de los privados, del Poder Judicial, del sistema electoral, para terminar siendo el partido único que fue por todo y se lo quedó. Eso me desvela.

-Pero los dos últimos períodos fueron de alternancia a nivel nacional…

-Si, porque no les quedó alternativa. Las cosas salieron muy mal económicamente. Kicillof fue un verdadero desastre como ministro de Economía y perdieron las elecciones. Si no hubieran hecho las cosas tan mal económicamente viviríamos en esto tan post 2001 de que sólo el peronismo puede gobernar. Admito y le hablé muchas veces a Macri de sus terribles errores conceptuales desde lo político y lo económico. Y sobre todo, de no darle bola a la construcción de una narración, de creer que cualquier narración es sospechosa de ser una mentira. Yo creo mucho en los escritores políticos que construyeron la Argentina.

-¿Hoy se incuba algún tipo de nueva narración?

-Intento modestamente, con estas mil páginas, construir el contrarrelato republicano de la Argentina. Tampoco quiero agrandarme ni decir que va a cambiar la historia, de ninguna manera. Es otro modo de ver la realidad. Modestamente, la idea de que la cuestión no es de izquierda ni de derecha, sino entre populismo y republicanos es algo que vengo trabajando desde hace mucho tiempo. El gran peligro argentino para mi es la autocracia. Hace falta una épica republicana. Y esta batalla cultural vale la pena darla.

-¿Y del otro lado de la grieta, quien encarna una idea novedosa?

-En general hay una idea básicamente republicana. Pero no la que a mí me representa de un país normal. Tampoco veo a un líder que sea creador, lector de la realidad, que se plante ante la sociedad argentina con algo interesante. Hay dirigentes, faltan talentosos. Tiene que ver con que no solo se necesita un gerente, un tecnócrata o un denunciador. Lo que falta en el peronismo, falta ahí también.

“Yo le dedico el libro a Alberto, en el sentido que él me ayudó a ver muchas cosas que estaban mal del peronismo. Compartía conmigo todas las críticas que yo hacía”

-¿Cómo está ahora tu relación con Alberto Fernández, a quién dedicás un capítulo sobre las charlas que han tenido?

-Hoy no hablamos. Pero lo hicimos durante ocho años de manera muy intensa. Ha sido un gran interlocutor para mí. Alberto hablaba con cuatro periodistas semanalmente: Eduardo Van der Kooy, Julio Blanck, Joaquín Morales Solá y yo. Ellos lo hacían de la coyuntura. Yo, en cambio, hablaba de ideología, del peronismo en profundidad, del kirchnerismo, del camporismo, los errores, etcétera… Yo le dedico el libro a Alberto, en el sentido que él me ayudó a ver muchas cosas que estaban mal en el peronismo. El compartía conmigo absolutamente todas las críticas que yo hacía. Después nos fuimos alejando porque él tenía un enfrentamiento personal con Macri. No ideológico. Los dos se detestaban mutuamente. Ya no se podía hablar con Alberto. El resentimiento personal que tenía lo hacía un interlocutor poco válido.

-¿Por qué se dio ese enfrentamiento?

-Está escrito acá. Hay un momento donde hago un parangón entre ambos. Es un duelo tan inexplicable como el de la novela El Duelo de Conrad: dos oficiales napoleónicos empezaron a odiarse por una tontería y se va creando una bola de nieve de odio que los lleva a enfrentarse durante un montón de tiempo y no terminan de matarse. Esto se parecía mucho a ese asunto. Ahora, me terminé completamente de alejar el día que vi que volvía con Cristóbal López, volvía a representarlo, y entonces no tengo nada. Todas las cosas que hablé con Alberto ya no existen.

FUENTE : INFOBAE

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Opinión

Genocidio Armenio: no podemos ser indiferentes

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1915/2021. Recordar el Genocidio Armenio -no calamidad como se empecina Turquia en definirlo-, no debe ser un ritual o un acto políticamente correcto cuando lo señala el calendario, como tampoco el tributo de la comunidad en su soledad. Los dolores son de todo el cuerpo social.
Cada 24 de abril se honra la memoria de 1.500.000 de víctimasCada 24 de abril se honra la memoria de 1.500.000 de víctimas

En 1915, las noticias que llegaban desde Estambul, capital del Imperio Otomano, eran alarmantes. Los turcos habían asesinado, el 24 de abril, a 250 intelectuales, escritores, políticos, pensadores, economistas, todos ellos referentes de la comunidad armenia. El objetivo era dejar a esta minoría sin guías ni líderes.

El padre de Armenuhi entendió que había llegado el límite: si quería salvar a su mujer y a sus dos hijos debía dejar Anitab, por entonces un pueblo al sur de La Anatolia, en el Imperio Otomano.

Durante la noche, Housep preparó el único burro que había en la casa. Vistió a sus hijos con ropa de varón para cubrirlos de los controles otomanos donde separaban a las mujeres. En la alforja del burro escondió de un lado a Armenhui y del otro al pequeño Antranik. En el lomo iba su esposa.

Debido al estrés de aquella huida de 100 kilómetros por el desierto hacia Alepo, Armenhui encaneció por completo. En Alepo la raparon para que su cabello volviera a ser negro y brillante. Una tortícolis crónica por estar en la alforja la acompañó toda la vida. Recién había aprendido a caminar pero en su sangre ya habitaban los genes de la resiliencia. Los traía desde mucho antes.

Los párrafos anteriores pertenecen al bellísimo libro de Magda Tagtachian “No me olvides Armenuhi, la historia de mi abuela armenia”, cuya relectura en estos días me emociona, y enseña como la primera vez, tanto como cuando en Armenia, acompañando la histórica visita del Papa Francisco, en una mesa del hotel en Ereván nos compartió a un puñado de compañeros de viaje su investigación familiar que estaba pronto a aparecer. Nos hablaba con la emoción profunda que el amor a la identidad heredada puede movilizar cuando es escuchada en intimidad. Cuando es orgullosamente vivida y puesta a compartir sin reparos.

Por cierto, la historia de Armenuhi es la de miles de mujeres y hombres desparramados -desplazados- por el mundo, cuyas vidas siguen siendo el testimonio del horror, del genocidio llevado a cabo por los Jóvenes Turcos.

Los libros que sus hijos y nietos que como Magda escriben, son la perpetuación de esa memoria que honra, y homenajean el inalterable compromiso con la verdad trágica e irrefutable de persecución, segregación y muerte pero que es también heroica y loable por la resistencia, la búsqueda de justicia y la reconstrucción que como comunidad y pueblo los armenios llevaron a cabo.

Recordar el Genocidio Armenio -genocidio y no calamidad como se empecina Turquia en definirlo-, no debe ser un ritual o un acto políticamente correcto cuando lo señala el calendario, como tampoco debe ser dejado el tributo, la reflexión y el estudio a la comunidad en su soledad. Los dolores son de todo el cuerpo social.

Ellos sufren por el silencio de muchos países, sólo una treintena han reconocido el genocidio, Argentina es parte de este grupo- y también por Artzaj, un conflicto irresuelto que hiere en lo más profundo con la guerra reciente y siempre latente. Indigna, enoja, asusta.

Frente a ello no podemos ser indiferentes.

Cada 24 de abril debe ser el punto de partida de nuevos compromisos, de examinarnos como individuos y como sociedad, qué camino hemos recorrido, preguntarnos si hemos actuado y acompañado como es de esperar sin vacilaciones ni contradicciones.

Argentina disfruta hoy de la comunidad armenia, que al igual que la mayoría de las colectividades supieron darle desde el dolor más profundo lo mejor de sí.

Soñaron y crearon apostando a la esperanza por sobre la venganza.

Así, iglesias, escuelas, centros culturales y deportivos, teatros, y restaurantes son parte indivisible de nuestra escenografía y cultura ciudadana diaria. Artistas, intelectuales, deportistas, periodistas, profesores, comerciantes, artesanos, empresarios, profesionales nos nutren con sus conocimientos y aportes honrando la memoria de 1.500.000 de víctimas inocentes. Continúan escribiendo su historia milenaria.

Ejemplos de vida y logros que en nuestra cotidianeidad fragmentada y enfrentada representan valores que merecen se les preste más atención. Son legados invalorables, sagrados, lecciones para aprender que nos da el pueblo armenio.

Los argentinos debemos saber que gozamos de una ley del año 2006, nacida e inspirada desde el seno de la comunidad que determina cada 24 de abril como Día de Tolerancia y Respeto entre los Pueblos y que en su artículo primero dice: “Con el espíritu que su memoria sea una lección permanente sobre los pasos del presente y las metas de nuestro futuro”.

Que así sea, es responsabilidad de todos.

* El autor es ex Secretario Derechos Humanos de la Nación y Pte. Honorario Museo del Holocausto.

 

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