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Opinión

¿Es esto la Argentina?

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Qué semana frenética, entre los dislates del fútbol y el éxito de la cumbre mundial.

En esta página se transpira la camiseta toda la semana, hasta el último minuto. Elijo el tema. Pasan cosas. Cambio todo sobre la marcha. Le pongo garra. Corazón. Pero a veces el vértigo de la realidad te termina ganando.

¿Qué duda había de que el gran tema de la semana era el papelón de la final entre Boca y River? La jugamos. No la jugamos. Con público. Sin público. “Ok, decidan lo que decidan Boca no la piensa jugar”, dijo el guapo de Angelici que el día del incidente había arrugado firmando un papelito comprometiéndose a jugar el día siguiente. “Tranquilos” le dijo a los de la Conmebol. “Mañana domingo nos levantamos tempranito, desayunamos, si todavía nos queda algún jugador ahogado por los gases lo hacemos vomitar en el hotel antes de salir, le ponemos un colirio al capitán Pablo Pérez y al mediodía enfilamos para el Monumental felices y contentos”. Al enterarse de esto, los jugadores de Boca se le plantaron: “Jugá vos, campeón”.

“Con ventaja deportiva no queremos jugar” dijo D’Onofrio haciéndose el caballero, después de haberse hecho el boludo durante horas junto a los capos de la Conmebol en lugar de suspender el partido inmediatamente. “Che, no exageren que no murió ningún jugador de Boca” fue la premisa de los responsables del partido.

Efectivamente no murió ninguno porque Dios es argentino, aunque a veces no parezca. Un micro de dos pisos doblando a 60 km por hora desde Av. Del Libertador, atacado con piedras y gases, con el chofer desvanecido y entrando al Monumental bajo una lluvia de objetos contundentes, podría haber sido una tragedia para los que iban arriba del bondi y para los que caminaban por ahí.

“La salud de los jugadores es lo primero” declaró el jueves un muchacho de apellido Domínguez que preside la Conmebol porque es el único dirigente que todavía no fue preso. Sin embargo, el día del partido ese mismo tipo los quería hacer jugar de prepo. Al fin y al cabo, un volante central sin un ojo y medio plantel asfixiado por los gases no pueden empañar esta fiesta del deporte.

Luego el gran sainete. Jugamos mañana domingo. Abran el estadio. Suspendemos. Cierren el estadio. Nos reunimos el martes en Asunción, acuerdan Domínguez, Angelici y D’Onofrio. Ridículos. ¿Por qué el martes en Asunción si el lunes estaban los tres en Buenos Aires? Ok, se juega en Vélez, sin público. O en Mendoza. No, mejor fuera del país. ¿En Asunción? ¿En Miami? ¿En Rio? ¿En Medellín? ¿Y si jugamos otra vez en la Bombonera que ahí anduvo todo fenómeno? No se discute más: vamos a Qatar que nos queda cerca a todos. Hasta que finalmente, Madrid. La Copa Libertadores de América en España con todos los chistes posibles sobre el General San Martín y la emancipación latinoamericana. “Vení a jugar, no somos tan buenos, pueden ganar”, toreó D’Onofrio que se olvidó el equilibrio emocional en el auto. Después pidió perdón. No le demos más vueltas. Definitivamente, el tema de la nota era la final. Hasta que llegó Macron.

Fue el protagonista del mejor sketch de humor político internacional de la última década. El presidente francés baja del avión. No hay nadie. “¿Es esto la Argentina?” le pregunta a un empleado aeroportuario con pechera amarilla que estaba paradito al pie de la escalerilla con otro ñato de camisa blanca que justo pasaba por ahí. “Brigitte, agendaste bien lo del G20?… ¿estás segura que era hoy?”. A punto de subirse a un Uber, apareció Michetti y les empezó a hablar en francés. ¿Hacía falta? Nuestra vicepresidenta abusa de la comparación con Boudou.

Trump anuncia que se va a reunir con Putin. Air Force One en el aire. En Washington, su abogado declara que mintió y que en realidad Putin lo ayudó para derrotar a Hillary. Entonces cambiamos. Trump no se reúne nada con Putin. Todavía no aterrizó y ya todo es un puterío. A los alemanes (justo a ellos) no les anda el avión y mandan a Merkel en un vuelo de línea.

Llega Xi Jinping. Como el tipo es el único que viene en visita oficial lo espera una banda militar. El primero que baja del avión es un custodio, pero como para nosotros los chinos son todos iguales, arranca la música de la banda militar. El custodio se mete de vuelta en el avión. La banda deja de tocar. ¿No hay uno de protocolo que le conozca la cara a Xi Jinping?

A esta altura la final de la Libertadores va dejando de ser el tema. El G20 pica en punta. Macri y Trump se reúnen a la 7 de la mañana. Lindo horario. ¿Van a conversar sobre inversiones o van a sacarse sangre? La vocera de EEUU informa que hablaron sobre la actividad económica “depredadora” china. O sea, lo mandó en cana a Macri. Nos arruinó. Adiós a las inversiones chinas. Que la central nuclear te la banque Cadorna.

Putin se abraza frente a todos con el príncipe de Arabia Saudita como diciendo “no se metan con mi amigo que es un crack”. Sin duda el G20 es el tema más divertido. Vamos por ahí. Hasta que de repente Buenos Aires tiembla. ¡Terremoto en el medio del G20! Lo único que faltaba. ¿Arrancamos con todos los chistes posibles sobre temblores o abandono la página?

No hace falta. “Nuestro cronista tiene más información sobre la cumbre, adelante por favor” dice la conductora de TN a un periodista que a las 11:38 AM con 22º de temperatura se inmortaliza con la respuesta más extraordinaria de la historia de la televisión: “Estoy en el baño”, dicho con el clásico eco que produce un ámbito cerrado, azulejado y rodeado de mingitorios e inodoros enlozados. “Enseguida retomamos el contacto” cierra la conductora y todo indica que el G20 ya pinta para show.

Sin embargo, la gran noche del Colón limpia todo. Una gloria. Orgullo. Emocionante. Perfecto. Otro país.

Amigo lector, desde que yo entregué esta nota y hasta ahora que usted la está leyendo, y conociendo a la Argentina, pudo haber pasado cualquier cosa. Sin embargo, todo parece indicar que el evento salió muy bien. Incluidas las protestas. Los que están contra la cumbre marcharon de manera impecable. Respetando lo acordado. Aislando a los pocos violentos.

Nobleza obliga también hay que decir que, de todos los presidentes y presidentas que tuvimos este fin de semana en Argentina, la que mejor se portó fue Cristina. Una lady. Ni mu. Se quedó calladita en El Calafate. Ojalá fuera siempre así. Doble mérito: por un lado, superando el fastidio que le provoca el inmundo G20 con sus sucios opresores y por el otro bancándose la chinche que le debe haber dado el hecho de que no le tocó presidirlo a Ella.

La única decepción fueron los encapuchados tirapiedras. De ellos se esperaba mucho más. Sobre todo después de las muy buenas performances que tuvieron en los dos shows previos que dieron en el Congreso, el de diciembre pasado y el último cuando se aprobó el presupuesto. Contra Patricia Bullrich se hacen los guapos. Pero viene la CIA, la KGB, el Mossad, el M16 y arrugueti. Al final nuestros troskos son unos pecho fríos.

¿Y si le pedimos a los servicios extranjeros que nos dejen a los francotiradores por un tiempito más? Aunque sea hasta que termine la Superliga.

Finalmente, hoy termina la fiesta. Domingo de despedidas y cierta melancolía porque se van todos. Se va el príncipe que descuartiza periodistas, el ruso que envenena opositores, el chino que firma 10 ejecuciones por dia, Donald Trump que separa padres inmigrantes ilegales de sus hijos nacidos en EEUU. Se va Erdogan. Una pena. Nos quedamos solos otra vez. En la fría y temible oscuridad de siempre bajo el control operativo de D’Onofrio, Angelici, Chiqui Tapia y el Caverna Godoy. Que miedo.

¿Hay esperanza? Obvio que sí. Cuando hacemos las cosas bien, al final salen bien.

¿Viste Gato? Por fin una. Si querés llorar, llorá. Al final lloramos todos. Armate un par de G20 más y ganas en primera vuelta. Vamos macho, acelerá.

Por un rato, fuimos otro país. Ya lo dijo Macron. ¿Es esto la Argentina?

Alejandro Borenztein

Opinión

PREGUNTAS COMPLICADAS PARA EL FRENTE DE TODOS

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El Gobierno ya está en pleno tiempo de descuento hacia noviembre, y sólo varían algunas interpretaciones sobre qué cabe esperar en los minutos que restan. Para después hay otra historia.

Las metáforas futboleras son lo que, por lejos, más se escucha en estos días y en todas partes: en los despachos oficiales, en los corrillos de la oposición, en la dirigencia, en la militancia de la calle o de los teclados, entre los periodistas y analistas de un palo y otro.

Y está bien. El fútbol es una que sabemos todos porque en sus frases y retratos nos entendemos al toque, acerca de lo que sea y con la política poco menos que a la cabeza.

A éste lo pusieron para llevarse las marcas; éste es de madera, pero por lo menos la rechaza; estamos colgados del travesaño; la defensa no para a nadie; llenémoslos de centros que alguna va a entrar; hay que pararse de contragolpe; el arquero de ellos es flojo por arriba, y el nuestro un colador por abajo; ¿no se da cuenta el técnico?, y sigue un sinfín. Haga cada quien su juego alegórico y póngale nombre político propio, adaptado a las circunstancias. No falla, o aunque sea es didácticamente divertido.

Hay coincidencia absoluta respecto de que dar vuelta el resultado es imposible. Y en que sacar el empate es improbable.

En cambio, en el Gobierno creen, por certeza u obligación, que se puede achicar la diferencia.

Y en la oposición, como saben que eso sí es probable, desempolvaron curarse en salud con típicas y ridículas prevenciones de fraude.

Pero es obvio que sienten el envión del ganador, calculan agrandar la distancia y el oficialismo también sabe que esa eventualidad es factible.

A partir de acá, dividamos el análisis en dos. Que se concuerde o disienta no modifica la necesidad de hacerlo, y ambos tramos ofrecen incertidumbres.

Sin embargo, no son dudas iguales.

Los interrogantes inmediatos son justamente eso. De cortísimo plazo. De resultadismo puro.

El tiempo de descuento no pronostica milagros, ¿pero sí da para que, entre algunas medidas específicas y la reactivación post-pandémica, cierta base que el Frente de Todos desanimó vuelva a las urnas?

¿O el disgusto ya se extendió demasiado y la reacción que demuestre el Gobierno será considerada electoralista, o tardía, o insuficiente?

¿El choque abierto entre el Presidente y CFK terminó de disgustar y bajonear a votantes potenciales del oficialismo?

¿O acaso sirvió para acabar sincerando algunas cosas y sería un elemento de motivación en su núcleo duro?

En el minoritario mundo politizado –que en Argentina significa apasionada y casi monocordemente politizado– se vive de enroscarse con aspectos que a la mayoría de “la gente” le interesa cero.

Las figuras y productos periodísticos de un sector y otro se hablan a sí mismos, sin pretensiones de llegar ni un poco más allá (¿por qué tendrían que hacerlo?, preguntarán con su cinismo interminable quienes juegan al candor de la prensa libre y el periodismo independiente).

Eso no quiere decir, en modo alguno, que no deba prestarse atención a indicadores de lo significativo.

Si Juan Manzur es viscosidad pura porque hasta ayer nomás quiso jubilar a Cristina, y por sus líneas directas con La(s) Embajada(s) y aledaños (así se dice de él, y/o él agranda); si las sacudidas en la Corte esconden esto o aquello; si Aníbal Fernández, incluso antes que su cargo en Seguridad, es por fin el vocero que nunca hubo; si a Kicillof le “intervinieron” el conurbano con los intendentes, porque hacía falta más trabajo o transa territorial; si la mesa judicial del macrismo vuelve a autopercibirse estimulada; si las desconfianzas personales subsistentes al nuevo Gabinete serán superadas o son incorregibles; si la reinvención de apoyarse en los gobernadores merece crédito o escepticismo, y si al cabo esto es un cuerpo ministerial para salir del paso o un signo de que se mantendrá la unidad a toda costa, es muy interesante para mesas, sobremesas, foros y tenidas comunicacionales de quienes creen que la tienen… más clara.

Pero el ánimo popular pasa por otro lado y en noviembre dirá si rectifica parcialmente, o ratifica, o amplía, el golpazo que le pegó al Gobierno a menos de dos años de haber privilegiado sacarse de encima a Macri.

Y ahí viene la segunda parte, que no cambia en ninguna de las tres hipótesis (ni siquiera en la de que el FdT se recuperará un poquito, o un poco estimable como bastante).

¿Por qué?

Porque ninguna altera que se necesitará un liderazgo político muy firme, para decidir cómo habrá de jugarse la final hacia 2023. Y mucho más si el resultado del partido intermedio –que no es un amistoso, porque en la política argentina casi nada lo es– repite o ensancha al de las primarias.

¿Hay probabilidades de que ese liderazgo se concentre en una figura?

No. O no parece.

Quitemos los gustos personales. El ejemplo más grande y seguramente único es que sólo Cristina –por capacidad, por carisma, por antecedentes, por convicción ideológica– sería capaz de encabezar un proceso semejante.

El problema es que sigue sin alcanzar con ella sola, como ya ocurrió hace dos años y como ella reconoció. Guste o no guste.

La movida de CFK en 2019 tuvo la creatividad y potencia, notables, de asumir lo que se requería para conseguir votos.

Y dejó para después, para cuando surgiera, la incógnita de qué sucedería con una jefatura o administración bicéfala del peronismo (bicéfala o algo más, al sumarse las gobernaciones resbalosas de provincias clave, los movimientos sociales, las tribus internas, la relación con los sindicatos, etcétera).

Eso que quedó debajo de la alfombra, a sabiendas de todos, fue dando muestras paulatinas de que en algún momento saldría completamente a la superficie. Y salió, también de momento, poniéndole freno a daños que podían –pueden– ser irreversibles.

La cuestión es que nada modifica que en el Frente de Todos se necesitan precisamente todos; que ninguno de sus integrantes está en condiciones de dejar de tragar sapos –que en la oposición no comen, porque no tienen problemas digestivos– y que el riesgo es el retorno de lo que se había ido en apariencia, excepto creer o sentir que este Gobierno es igual a una derecha desbocada.

Según las PASO, mucha gente sí ya cree o siente que da lo mismo porque, a juicio personal y repetitivo, es eso y no un entusiasmo sensato o irrefrenable con cambiemitas, ni con opciones radicalizadas a derecha e izquierda.

El resultado de noviembre no variará eso; el Gobierno deberá seguir gobernando y, si es improbable que pueda hacerlo bajo el mando férreo de una figura, las que tiene deberán ponerse de acuerdo en proponer un rumbo mucho más claro.

En otras palabras: un liderazgo conceptual que trace cuál modelo de recuperación y desarrollo está dispuesto a afrontar, en los marcos capitalistas, sin ser una fotocopia de lo peor ni una variante poética.

¿Con qué actores empresariales se sentará a negociar en unos casos y comandar siempre, para extraer renta de dónde? ¿Y con cuáles socios del “campo popular”? ¿Y con cuáles del sindicalismo? ¿Y con qué determinaciones en la reglamentación laboral y en la creación efectiva de fuentes de trabajo? ¿Y escapando hacia adelante y cómo de un Congreso y un poder judicial donde, envalentonados, le trabarán cualquier iniciativa que perjudique intereses mayores?

Son apenas algunas preguntas de respuestas muy complicadas.

Es decir, las únicas que en política valen la pena.

Eduardo Aliverti
Por Eduardo Aliverti
PAGINA 12

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Local

EMERGENCIA EN SEGURIDAD: ULTIMO MANOTAZO DEL FDT LOCAL

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El bloque del Frente de Todos local demuestra no haber recibido el mensaje de la gente e insiste con todos los vicios que terminaron poniéndolo de espaldas a la sociedad.



Cualquier camino lleva al Frente de Todos local a la titánica tarea de conseguir apoyos electorales. Tal vez si cambiara su neurótica intención de trabar al gobierno por una actitud que los marplatenses lograsen percibir como positiva la suerte no le sería tan esquiva.

Pero no…los ediles kirchneristas parecen no entender el duro mensaje que los marplatenses y batanenses les dieron en las urnas.

Tras un largo año de entorpecer la acción de gobierno del intendente Montenegro, en un escenario que más que nunca antes en la historia lugareña hubiese requerido de grandeza y capacidad de acompañamiento, la paliza electoral solo sirvió para agudizar las peleas internas, disparar las posiciones más extremas y pretender que los vecinos de General Pueyrredón no entienden nada y por lo tanto no merecen ser escuchados.

Tan mal anda la seguridad en el país que el presidente de su partido, aunque la mayoría de ellos se niegue a reconocerlo y crean que la política comienza y termina con Cristina Kirchner, debió cambiar a su ministra de Seguridad por un hombre ducho en los teje y manejes de la política, con visiones sesgadas sobre la relación estado-delito y al que sin embargo los progresistas seguidores locales recibieron con un «silenzo stampa» digno del perro que esconde el rabo y mira hacia otro lado a sabiendas de que el jarrón que yace hecho añicos en el piso fue empujado por él mientras jugaba.

Hace apenas una semana todo lo que venía de afuera del distrito como política de seguridad era un ejemplo a seguir. ¿Ahora que todo voló por los aires y está al frente del área Aníbal, el compadrito irredento, todo es lo mismo?.

¿O, como ocurre con las barras de la esquina en los barrios, el haber sumado a Nicolás Lauría y Alejandro Carrancio, los que un día comprendieron que nada era como ellos imaginaban y tomaron el atajo, los empuja a tratar de imponer una mayoría que, quedó en claro, nada tiene que ver con las expectativas y el deseo de la comunidad?

¿En serio creen que la ciudadanía no se da cuenta de nada?…

Empecinados en sacar una ordenanza que declare la emergencia en materia de seguridad -con el único interés de machacar acerca de «la falta de política pública municipal en materia de seguridad”– se niegan a siquiera debatir cambios propuestos por el oficialismo e insisten en poner en boca del secretario del área la afirmación falsa de que es fundamental tener la emergencia, aún cuando el propio Horacio García aclaró hasta el cansancio que su afirmación se refería solo a lo administrativo por la necesidad de acelerar los mecanismos de compra de insumos y bienes necesarios para su tarea.

Ya en su momento LIBRE EXPRESIÓN advirtió sobre estas dos cuestiones: la mala fe del bloque del Frente de Todos y la inexperiencia del funcionario municipal en cuestiones políticas, lo que lo lleva en reiteradas ocasiones a hablar sin medir el uso tergiversado que una oposición que solo sabe entorpecer podía hacer de sus palabras (Ver: Fuegos de artificio que ponen la inseguridad en modo campaña). Aquella distracción semántica en su visita a la comisión en el Concejo se vuelve ahora caballito de batalla de quienes buscan poner contra la pared al gobierno municipal.

Y en este país patas para arriba se da la paradoja de que, en nombre del progresismo kirchnerista tan amigo de largos discursos y parrafadas cuando de hablar sobre derechos humanos y de minorías se trata, dos cultores de la mano dura como Sergio Berni y Aníbal Fernández, uno por definición y profesión y el otro por sus innegables contactos con el lumpen del delito, lo que lo lleva a manejar una red de informantes y marginales a los que a cambio de prebendas y concesiones se les permite vivir en los límites de la marginalidad legal, conducen las políticas de seguridad de las jurisdicciones de ese signo mientras en General Pueyrredón lo hace un técnico desapasionado, amigo del diálogo y las estadísticas.

El uso de una cuestión tan delicada en beneficio de posiciones electorales demuestra la falta de empatía con la sociedad. Quien así actúa solo busca el poder como objetivo final de todos sus actos.

Y la gente siempre se da cuenta. ¿O no fue suficiente con el aviso del 12 de setiembre?.

A veces los que se creen más vivos no dan abasto con su gilada…


Nota del periodista Adrian Freijo para Libre Expresion


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UNA ERA DE LOCURA TOTAL: LAS REPERCUSIONES DE LAS PASO

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A la derrota brutal sufrida en las PASO por el Frente de Todos en todo el país, se le sumó la blitz de la vice presidenta Cristina Fernández viuda de Kirchner con una carta incendiaria que volteó a medio gobierno.

Esta semana se expuso como nunca la brutalidad de los actores de las tribus justicialistas, un remedo de ideologías en contraste que unen en un mismo cartabón a los conservadores populistas de las provincias, que son en la práctica los herederos del conservadurismo responsable del “fraude patriótico” de la “década infame” del ’30, con izquierdistas urbanos preocupados por el patriarcado, la libertad de consumo de drogas, o la legalización del aborto.

Quien condensa estas carnestolendas es Cristina Fernández. Tan enojada está la vice presidenta, que eliminó de su cuenta de Twitter su apellido paterno, y dejó sólo el «Kirchner». La carta de quien se siente la dueña del poder a su «presidente designado», es tremenda. Le exige que respete su determinación de ungirlo al cargo de presidente de la nación argentina y que actúe según sus deseos. Luego de amagar con ser él mismo y darle carnadura a la investidura presidencial, Alberto Fernández se allano por completo a sus demandas.

Las exigencias de Cristina son la consecuencia de lo inexorable de los hechos: Alberto Fernández no es un líder. Es un peón en un juego, y en ese juego, él, está en default. No pudo articular la caída de los juicios que pesan sobre Cristina y la conectan al latrocinio perpetrado entre 2002 y 2015 en el que millones fueron robados del erario público. La ciada electoral asumida por el resultado de las PASO es tan grande, que el animal político de olfato más sensible, “la justicia”, ya inició la movida para proceder en causas que están inmovilizadas desde 2019.

En un fallo del viernes 17 de Septiembre, los jueces Farah y Llorens le ordenaron al juez de primera instancia Sebastián Casanello que reviera la situación procesal de Cristina Fernández en la causa conocida como «La ruta del dinero K». Es la primera definición y, de cara a noviembre, ese avispero judicial se va a tornar cada vez más intenso.

En tanto, las definiciones del presidente en el armado del nuevo gabinete con Juan Manzur y Aníbal Fernández sólo aportan mayor negatividad a un gobierno que, con dos años aún por delante, está liquidado políticamente.

A como dé lugar, el fin de esta etapa marca, claramente, el fin de una era. Se terminó el mito de la invencibilidad del PJ unido y la idea peregrina contra todo dato cierto de que, sin el peronismo, no se puede gobernar. Un párrafo para la enorme derrota del gobernador Axel Kicillof: liquidó todo su capital político en sus discursos diletantes y sus torpezas ideológicas.

Sin embargo, la madre de todas las batallas no es en Buenos Aires. Es en las seis provincias que renuevan sus bancas al Senado. Por primera vez desde 1983, el PJ perdería el control de la cámara alta. Esa es la madre de todas las batallas. Fuente: Noticias y Protagonistas

 

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