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Espíritu de esta Selva

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Peñarol se quedó con un nuevo clásico. Otro más, apelando a su viejo espíritu guerrero, luchando y siendo inteligente superó a Quilmes 98-96 en uno de los clásicos más calientes de los últimos tiempos. El equipo la figura.
Autor:Pablo Tosal (ptosal@pickandroll.net)

Un Peñarol de Overol, con ropa de fajina, con conciencia de trabajo. Con una rotación larga de los pibes para no recordar que llegó al partido con dos bajas sensibles. Y sobre todo con inteligencia para saber dónde y cómo tenía que comer. Y todo salió bien. Muy bien.

Inicialmente ambos se persiguieron en marcación individual. El juego abrió con tres perdidas de Peñarol en los primeros cuatro ataques, quizás extrañando a su base titular. No obstante el ritmo del partido le pertenecía al “Milrayitas”, que logró que Quilmes no corra y tenga que jugar su set play armado contra la defensa estacionada.

La paciencia del cervecero le permitió tomar buenos tiros pero con malos porcentajes. Una penetración de Ferreyra con ventaja y los dos primeros tiros abiertos de Eric Flor y Enzo Ruiz no entraron. Todo muy tibio. Peñarol, por el contrario, puso la pelota bien cerca del canasto y sacó ventajas 8-13 (7 de Leiva) para que Bianchelli tenga que pedir minuto.

Un doble y falta de Pettigrew (10-16) activó los cambios en el cervecero y entraron Cantón y Basabe. Mientras que en Peñarol ingresaron Alloatti y sobre todo Juani Marcos, obligado a ser relevo directo de Zurschmitten. Dos triples de Ricky Sánchez y cinco puntos seguidos de Eric Flor le dieron por primera vez la delantera a Quilmes (23-22), pero el primer cuarto cerró con un rebote ofensivo y gol de Alloatti ante Ricky Sánchez (23-24). Peñarol pudo cerrar ganando los primeros 10 minutos tirando 0/4 en triples pero mentiendo casi todo abajo: 11/14 en dobles.

En el inicio del segundo cuarto siguió encendido Flor (5 pts más) esta vez sobre Slider quien entró para marcarlo. Pero Peñarol siguió muy firme en ofensiva jugando de diversas maneras el poste bajo, ya sea posteado de espaldas con sus internos o el pick and roll con caída (28-29).

Ambos técnicos aprovecharon para mover lo más profundo de su banco (9 jugadores Quilmes y 11 Peñarol) dándole paso a la rotación completa. Lógicamente el partido perdió prolijidad desvirtuándose en lo táctico pero subiendo en intensidad, lucha y deseos.

Quilmes con un triple de Enzo Ruíz sacó ventajas (32-29) pero ya en el marco de un partido que se había deshilachado por completo, con pérdidas, malos pases y faltas en ataques. El minuto de Leo Gutiérrez (a falta de 4:52) sirvió para que Ale Diez meta el primer triple de Peñarol en el partido (1/6).

Cuando Flor chocó de frente contra toda la defensa en bloque del rival, Peñarol le sacó rédito máximo con un contraataque que puso el juego 35-38 para que salte rápido el minuto de Bianchelli. De todos modos el tiempo muerto no cambió el rumbo de los últimos minutos y la defensa de Peñarol se hizo cada vez más robusta marcando la diferencia para tomar una máxima diferencia de 8 (35-43 con parcialito de 3-14) tras un triple de Diez. Quilmes tuvo la oportunidad de cerrar con un triple de Basabe y recortar la diferencia (38-43).

El ritmo del juego lo tuvo Peñarol en toda la etapa inicial, con su defensa bien arriba del hombre con balón, con mucha agresividad al pick and roll y llevando a su rival a ejecutar lento y muchas veces forzado. Con justicia, poco lanzamiento exterior (2/8) y mucho poste bajo se llevó el primer tiempo.

En el inicio del tercer cuarto Peñarol tomó ventajas de siete (42-49) laburando como siempre poste bajo. Pero quiso apurar el paso y erró dos triples a la carrera le dieron la posibilidad a Quilmes de descontar (46-49). El cambio de ritmo, estaba visto, no le favorecía al “milrayitas”.

Rápidamente recuperó la memoria usando, la paciencia, inteligencia, a Pettigrew en el poste bajo y con Lamonte yendo fuerte para abajo para otra vez abrir la diferencia (50-57) para que Bianchelli tenga que pedir minuto a falta de 4:00.

Después del tiempo muerto, Quilmes se plantó en zona, confundió a su rival y por primera vez pudo contener el rebote en el poste bajo para tomar un par de contraataques muy oportunos y ponerse 57 iguales llegando el lógico pedido de minuto de Leo Gutiérrez.

El partido ganó en intensidad y Peñarol reaccionó con un par de triples muy oportunos: Uno de Juani Marcos y otro de Ale Diez, más un recupero con volcada de contraataque de Pettigrew para retomar el liderazgo 59-65. El equipo de Leo recuperó gol en varias manos y terminó cerrando muy bien el segmento para ganarlo 23-25 y meterse en el último cuarto 61-68 arriba, ganando hasta allí los tres segmentos.

El último cuarto nació con un triple de Jony Slider que llevó la distancia a la máxima de 10 (61-71) que se hizo más grande (63-74) cuando Juani Marco encontró de manera magistral a Leiva en el Pick and Roll y el pivote anotó el doble con falta incluida.

Cuando Quilmes quiso regresar al partido y achicó a 6 (68-74) llegó una respuesta inmediata de Lamonte con dos triples y un doble de Leiva para volver a tomar 9 de diferencia (73-82) y otro pedido de minuto de Bianchelli. La defensa de Quilmes, tan preocupada de contener el rebote, dejó abiertos espacios en el perímetro en el perímetro que Lamonte castigó muy bien.

Cuando el partido entró en la recta final, Lamonte se hizo cargo de la situación, con penetraciones para sí mismo y penetración con descarga (con doble y falta de Alloatti) e incluso con recupero sobre flor y volcada (79-89). El último tiempo muerto de Bianchelli fue para salir a quemar las naves y poder realizar un último intento de meterse en juego.

Quilmes achicó otra vez a 6 de la mano de Ricky Sánchez (86-92) cuando faltaba solo 51 segundos. Pero Zurschmitten metió uno solo y en la contra metió otro triple a la carrera el boricua y la diferencia se redujo a 4 (a falta de 44 segundos) 89-93.

Después de un libre de Lamonte (89-94) otra corrida de Quilmes terminó con el tercer triple consecutivo de Quilmes, esta vez en manos de Flor (92-94) y enseguida llegó el recupero de la pelota sobre Lamonte que piso línea lateral y el cervecero se hizo de la bola faltando 26 segundos.

La última ejecución ofensiva no fue buena. Jugaron un aclarado para Flor por izquierda, lanzó en 5 metros y falló, el rebote ofensivo fue de Basualdo pero Leiva metió la tapa del partido, ya que Basualdo recuperó el balón pero en el afán de pasársela a Flor que venía de frente la tiró un poco alta y la pelota se perdió en el lateral.

Nuevamente frenaron a Lamonte con falta y esta vez Kyle metió los dos (92-96) con solo 13 segundos por jugarse. Pero Quilmes no se rendía y Eric Flor en apenas 4 segundos corrió la cancha y castigó con un cuarto triple consecutivo (95-96) a falta de 7. Nuevamente foul para frenar el reloj y esta vez Nico Zurschmitten convirtió los dos libres (95-98). En la salida Leiva paró con falta a Flor, que todo Quilmes pidió como antideportiva pero los árbitros interpretaron que fue normal.

El escolta del cervecero anotó el primero y tiró a errar el segundo pero tan mal que la pelota no tocó el aro y no tuvo continuidad. Peñarol repuso del medio y el partido se terminó.

Fue uno de los clásicos más calientes de los últimos tiempos. Si bien tuvo escasas acciones lujosas la intensidad y la lucha fueron banderas. Y una nueva demostración que defender bien no significa que te anoten pocos puntos. Peñarol lo hizo muy bien y Quilmes sumó 96, pero llevaba 81 a falta de un 1:10.

Lo gana Peñarol porque dominó el juego, lo puso con oficio e inteligencia todo el tiempo de su lado, anotó con goles de todos los colores (ante una defensa que otra vez es goleada) y se regaló el triunfo más lindo del año. El que vale doble, el que todos sueñan con ganar.

Crónica: Pablo Tosal – @Pablotosal
Fotos: LNB contenidos

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LA SCALONETA NO PARA. GOLEADA DE LA SELECCION NACIONAL

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Es imposible de frenar. Messi, su equipo, el entusiasmo, la euforia que estalla en el Monumental. La ovación para Leo, para Dibu Martínez, para De Paul, para Di María, hasta para Scaloni (aplaudido con cantito incluido en pleno partido, sí). Es imposible de frenar esta ola celeste y blanca, ese ritmo, ese empuje, esa precisión en velocidad, esa voracidad. Es imposible de frenar, claro, porque el campeón está así, unido en una misma causa, en un puño apretado gritando por Argentina. La Selección derrocha confianza, optimismo, seguridad, energía, buena salud. Y da placer. Así aplastó a Uruguay 3-0. Y así, dio un paso más, uno enorme, a Qatar 2022.
Si ganó más que un partido es por las condiciones en las que se presentó el juego. Porque ganó (goleó y gustó) ante un rival que armó un cerrojo que parecía imposible de romper. Le ganó a una línea de cinco y a otra de cuatro, tiró una doble pared que buscó quebrarle la paciencia. Le ganó a un adversario que lo hizo sufrir, que puso a prueba a su arquero, cada vez más gigante, con tapadas decisivas . Y le ganó, como si fuera poco, a la presión de la tabla, porque en la previa se habían dado resultados favorables para cortar camino al Mundial. No le pesó.
La Selección se impuso a todo eso. Incluso, a las dudas iniciales de su defensa (luego Romero y Otamendi se afirmaron). Pero hay un aura tan positivo, que no sólo el palo ahora juega a favor (como en la de Suárez). también las asistencias se convierten en goles. En efecto, ese pase de Messi en cachetada para la entrada de Nico González que se le coló a Muslera, cambió el partido, partió a Uruguay, lo hundió. Sin embargo, fue Argentina el que provocó ese derrumbe. Con paciencia, con solvencia, con juego asociado, con decisión. Nunca se apartó de su libreto. Su rival, en cambio, sí se quedó sin él.
Si el gol de Messi fue un mazazo, el de De Paul seis minutos después fue un golpe de nocaut. A partir de ahí, fue todo de Argentina. Pero todo, absolutamente todo. Con un Messi inspirado, picante, imparable. Con un De Paul todoterreno, lugarteniente del capitán, intratable para meter y para jugar. Con un Lo Celso metido, preciso, siempre peligroso. Con un Lautaro Martínez que, sin estar en sintonía, igual selló la goleada. Y con un equipo comprometido, lúcido, en el que los que juegan demuestran por qué juegan y los que entran no desentonan.
El equipo de Scaloni se floreó a tal punto que la gente terminó gritando “ooole” al final del primer tiempo, en el final del partido y en varios pasajes más. Fueron tres, pudieron ser cuatro o cinco (Uruguay le terminó pidiendo clemencia), en el mejor partido de la Selección en las Eliminatorias. Por el rival, por el contexto, por lo que significa, porque en el camino a Qatar hoy le sacó siete puntos a Colombia, el quinto que se clasifica por repechaje (y falta ver los tres de Brasil).


Si ganó más que un partido es por las condiciones en las que se presentó el juego. Porque ganó (goleó y gustó) ante un rival que armó un cerrojo que parecía imposible de romper. Le ganó a una línea de cinco y a otra de cuatro, tiró una doble pared que buscó quebrarle la paciencia. Le ganó a un adversario que lo hizo sufrir, que puso a prueba a su arquero, cada vez más gigante, con tapadas decisivas . Y le ganó, como si fuera poco, a la presión de la tabla, porque en la previa se habían dado resultados favorables para cortar camino al Mundial. No le pesó.


La Selección se impuso a todo eso. Incluso, a las dudas iniciales de su defensa (luego Romero y Otamendi se afirmaron). Pero hay un aura tan positivo, que no sólo el palo ahora juega a favor (como en la de Suárez). también las asistencias se convierten en goles. En efecto, ese pase de Messi en cachetada para la entrada de Nico González que se le coló a Muslera, cambió el partido, partió a Uruguay, lo hundió. Sin embargo, fue Argentina el que provocó ese derrumbe. Con paciencia, con solvencia, con juego asociado, con decisión. Nunca se apartó de su libreto. Su rival, en cambio, sí se quedó sin él.


Si el gol de Messi fue un mazazo, el de De Paul seis minutos después fue un golpe de nocaut. A partir de ahí, fue todo de Argentina. Pero todo, absolutamente todo. Con un Messi inspirado, picante, imparable. Con un De Paul todoterreno, lugarteniente del capitán, intratable para meter y para jugar. Con un Lo Celso metido, preciso, siempre peligroso. Con un Lautaro Martínez que, sin estar en sintonía, igual selló la goleada. Y con un equipo comprometido, lúcido, en el que los que juegan demuestran por qué juegan y los que entran no desentonan.


El equipo de Scaloni se floreó a tal punto que la gente terminó gritando “ooole” al final del primer tiempo, en el final del partido y en varios pasajes más. Fueron tres, pudieron ser cuatro o cinco (Uruguay le terminó pidiendo clemencia), en el mejor partido de la Selección en las Eliminatorias. Por el rival, por el contexto, por lo que significa, porque en el camino a Qatar hoy le sacó siete puntos a Colombia, el quinto que se clasifica por repechaje (y falta ver los tres de Brasil).


“La Scaloneta, la puta que lo parió”, fue el grito que se sumó esta vez al “que de la mano, de Leo Messi…”. Hubo ovaciones para todos. Para los que salieron y para los entraron (porque el DT hasta se dio el lujo de cuidar jugadores antes uno de los rivales más fuertes). Y para cada jugada que tenía olor a gol. Como si todo pasara en Disney y no en el Monumental…

Argentina, en este nivel, no sólo defiende con honores el título de campeón de América. No sólo sigue invicto en 24 partidos. Confirmó que hoy es la mejor selección del continente, aunque la tabla diga lo contrario. Y no sólo mira el Mundial más cerca. Así como está, lo mira con ilusión, con ganas, con esperanza…
Nota del periodista Sergio Maffei para Ole

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ARGENTINA ENFRENTA A URUGUAY EN EL MONUMENTAL

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El seleccionado argentino de fútbol, que lleva 23 partidos invicto, recibirá este domingo a Uruguay, en el partido postergado de la quinta fecha de Eliminatorias Sudamericanas hacia el Mundial de Qatar 2022.

El encuentro comenzará a las 20.30 en el estadio Monumental, que contará con el 50 por ciento de aforo, y arbitraje del chileno Roberto Tobar.

Argentina llega al clásico del Río de la Plata con 19 puntos, único escolta de Brasil (27), y con un invicto de 23 juegos, entre clasificatorios, amistosos y Copa América.

El panorama del lado de Uruguay es otro, ya que si bien se posiciona en el cuarto lugar, dentro de los clasificados a Qatar, tiene 16 unidades y le restan cinco fuera de Montevideo sobre ocho echas.

Para este choque, el DT Lionel Scaloni maneja la opción de sacar a Joaquín Correa del ataque y colocar a Lautaro Martínez, que no estuvo con Paraguay por una molestia muscular y lo esperará hasta último momento.

El delantero del Inter de Milán, hombre clave en el ataque del equipo -un grito cada 146 minutos en 27 partidos-, y se notó sobre todo en el último toque dentro del área, más allá de las buenas apariciones de Correa, compañero también en el club italiano.

Por otro lado, Marcos Acuña, que llegó desde Sevilla con una dolencia y pidió probar contra Paraguay, posiblemente se ausente contra Uruguay, más allá del deseo concreto de ocupar la banda izquierda de la defensa.

Por el lado de Uruguay, las bajas confirmadas son Rodrigo Bentancur -límite de amarillas- y los lesionados José María Giménez y Giorgian De Arrascaeta, lo que obligará a Óscar Washington Tabárez a rearmar su mediocampo y a buscar un referente para la defensa.

Argentina: Emiliano Martínez; Gonzalo Montiel, Cristian Romero, Nicolás Otamendi y Nicolás Tagliafico; Rodrigo de Paul, Guido Rodríguez o Leandro Paredes y Giovani Lo Celso; Lionel Messi, Lautaro Martínez y Ángel Di María. DT: Lionel Scaloni.

Uruguay: Fernando Muslera, Nahitan Nández, Diego Godín, Ronald Araújo o Sebastián Coates y Matías Viña, Matías Vecino, Federico Valverde, Lucas Torreira y Nicolás De La Cruz; Luis Suárez y Edison Cavani o Darwin Núñez DT: Washington Tabárez.

Hora: 20.30.

Árbitro: Roberto Tobar (Chile).

Estadio: Monumental (36.000 habilitados).

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“DIBU MARTINEZ” CANDIDATO A MEJOR ARQUERO DEL MUNDO

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El marplatense Emiliano Martínez es uno de los nominados al premio Lev Yashin, el balón de oro de los arqueros, que desde hace un par de años se sumó al premio mayor -por el que peleará Messi- que otorga la prestigiosa revista francesa France Football. Dibu, figura de la Selección Argentina y del Aston Villa, competirá con otros nueve colegas por el galardón.

Clave durante la Copa América que ganó Argentina, importante para bancar el cero en el arco en la visita a Paraguay por Eliminatorias, a Martínez le llega este gran reconocimiento en el punto más alto de su carrera. A sus grandes condiciones como arquero, “Dibu” le suma una tremenda personalidad que le permite agrandarse en los momentos más calientes, como la definición por penales frente a Colombia.

No la tendrá nada fácil Dibu, ya que sus competidores también tienen un gran nivel y pergaminos. Los otros nominados son: Gianluigi Donnarumma (campeón de la Euro con Italia), Ederson (Brasil), Kasper Schmeichel (Dinamarca), Edouard Mendy (senegalés, ganó la Champions con Chelsea), Thibaut Courtois (Bélgica), Keylor Navas (Costa Rica), Manuel Neuer (Alemania) y los eslovenos Jan Oblak y Samir Handanovic.

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