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Opinión

Evolución, rol y responsabilidad de los medios de comunicación

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Reflexión sobre desafíos que imponen los cambios en la industria, a la comunicación y el periodismo

Por: Werner Zitzmann, Director Ejecutivo de la Asociación Colombiana de Medios de Información
Explicar, entender y promover el papel de los medios de información y del ejercicio periodístico es fundamental para la vida en sociedad.

Los medios de información han sido, son y deben seguir siendo un elemento estructural en el sistema político, social y deliberativo, como fuentes creíbles y autorizadas para que los ciudadanos adquieran la información necesaria para ilustrarse, tomar decisiones y cimentar sus juicios de valor.

La dinámica actual de la información, así como la multiplicidad de canales y formatos que coexisten, ha fortalecido la necesidad y relevancia de la calidad, la rigurosidad y la veracidad como valores esenciales para quienes generan contenidos noticiosos e informativos para sus receptores.

En ese sentido, la evolución de los medios de información no solo tiene que concentrarse en fortalecer las plataformas mediante las cuales difunden sus contenidos y en innovar sus prácticas para la producción de los mismos, sino que, por encima de todo, debe orientarse a capturar la atención genuina y merecer la confianza incondicional de las audiencias para poder asegurar la comprensión de información cierta, en medio de esta dinámica de acceso e intercambio de contenidos masiva, inmediata, ligera y efímera, tan poco propicia para el entendimiento y la reflexión.

Si bien el nuevo ecosistema de medios de información, en el que conviven los de tradición o legado y los nuevos emprendimientos, cuenta con múltiples actores de diferente perfil, orientación y naturaleza, son pocos los que tienen la experiencia, el bagaje y la capacidad de consolidar una actividad organizada, juiciosa, confiable y sostenible en el largo plazo.

De ahí la trascendencia de perseverar en el sostenimiento de los primeros, de estimular a los segundos y de propiciar la conjunción de esfuerzos de industria para hacer de la colaboración una forma de vida.

Los procesos de análisis, innovación y adaptación que todos los medios de información han afrontado a lo largo de las dos últimas décadas, y los que enfrentan los nuevos emprendimientos, dan fe del enorme reto por conectar, involucrar y mantener sus audiencias enganchadas con el trabajo periodístico, a través de formatos que de manera diferenciada entreguen buena información veraz y oportuna.

Y aunque estas prácticas modernas obedecen a la evolución en las tendencias de consumo, al acceso a la información y al uso de nuevas tecnologías que han transformado la manera en la que las personas se informan y consumen contenidos, la necesidad por la que más se clama a diario es la de medios de información diversos, pero sobre todo comprometidos con el ejercicio de un periodismo serio, responsable y manifiestamente independiente de poderes e intereses políticos y económicos, o al menos transparente en cuanto a sus filiaciones, convicciones y compromisos, más allá de quiénes sean sus dueños.

Por el otro lado, en este contexto urgen así mismo receptores capaces de asumir un rol crítico pero juicioso respecto de la calidad, veracidad y relevancia de los contenidos que consumen y comparten, independientemente de la plataforma de origen, frente a lo cual –no se diga en épocas de polarización, pasiones exacerbadas e indignación–, resulta indispensable una sana didáctica alrededor de la adecuada administración de la emotividad. Tarea no menor que exige del concurso organizado y constante de múltiples actores como la academia, familias, líderes, Gobierno, periodistas y medios, entre muchos otros, con buen ejemplo y pedagogía.

El modelo de negocio de los medios de información
Un ejercicio periodístico responsable supone un permanente impulso hacia nuevos lenguajes, explorar nuevas formas de hacer las cosas, una constante identificación de oportunidades, una apuesta permanente por la modernidad y las tendencias y los recursos proporcionados al tipo de cubrimiento, investigación, análisis y difusión que se pretenda, y, por tanto, la consolidación de fuentes que conduzcan a la sostenibilidad, ojalá rentabilidad, y ciertamente a la competitividad de la actividad en el corto, mediano y largo plazo.

A causa de la transición global por la que atraviesan hoy todas las industrias, la mayoría de ellas han tenido que adaptar sus negocios para que respondan a las nuevas necesidades, a audiencias, públicos y clientes distintos y a variadísimas tendencias y hábitos de consumo, a preferencias y criterios de elección y selección de toda índole, en infinidad de mercados diferenciados e hipersegmentados y en constante estado de evolución.

Esta realidad compleja ha hecho que los medios de información también deban repensar constantemente sus modelos de actividad y operación, lo cual exige un costoso y desgastante proceso de experimentación continua.

Por ello, la generación de información instantánea, multiformato y multiplataforma de calidad, completa, confiable y creíble, requiere no solo de un equipo periodístico robusto, sino de un capital suficientemente potente para sostener esta forma de hacer periodismo, y siempre con la condición de no distorsionar la independencia de la información en el proceso de consecución de los recursos económicos.

Los medios de información tendrán que hacer esfuerzos monumentales y patentes –y perseverar en ellos–, para lograr sobrevivir demostrando su independencia

Por años, los medios de información han financiado principalmente su operación con los ingresos que provienen de la publicidad, procurando mantener su imparcialidad, justo criterio y profesionalismo, con las dificultades y líneas grises que esto conlleva, en aras, precisamente, de la credibilidad como máximo valor del oficio periodístico.

Pero esos dineros de la publicidad se han desviado y dispersado entre nuevos jugadores con tarifas muy bajas y mayor efectividad masiva y más fácilmente medible como las plataformas tecnológicas y las redes sociales. Esa dramática disminución en los ingresos y las mayores condiciones que exigen los anunciantes que aún pautan en los medios de información comprometen sus campos de acción y de maniobra.

El periodismo también ha requerido, y desde siempre, que los consumidores tengan la voluntad de pagar una suscripción por un contenido relevante, diferencial, de calidad, verídico y suficiente que le permita al oficio seguir cumpliendo con su objetivo social. Y esa voluntad y capacidad de las audiencias, así como ese diferencial a cargo de los medios, son hoy por hoy exigencias cada vez más patentes, y también más complejas, dada la infinidad de ofertas disponibles, lo que determina un mercado altamente competido tanto de medios de información como de entretenimiento y cultura.

Los medios de información están buscando monetizar su trabajo retribuyendo a sus consumidores ofreciéndoles contenidos de valor, nuevos formatos y en algunos casos opciones de suscripción al producto que se ajuste a sus preferencias en términos de contenido y tipos de plataformas. Por eso experimentan, revisan y ajustan permanentemente sus modelos, productos, costos, nóminas, lo que acarrea la toma de decisiones difíciles, sobre todo en materia de recursos humanos.

El estado de transición que viven así las casas periodísticas no es distinto al de los retos y desafíos que, en el pasado, como hoy, han representado para todos los jugadores de los mercados, las grandes revoluciones que han cambiado y siguen cambiando el mundo. Y estos procesos de experimentación, de prueba y error, también demandan sólidas estructuras de capital y liquidez. Pero a diferencia de muchas industrias y negocios, el posible cierre de la actividad periodística es un lujo que la sociedad no se puede dar.

Como consecuencia de todo esto, en el entorno cambiante e incierto que nos rodea, es pertinente afrontar con la mayor seriedad y profundidad la discusión sobre el futuro de los medios de información y el papel que cada quien, dueños, directores, periodistas, audiencias, anunciantes y el Estado, tiene en su supervivencia y prevalencia.

Futuro de los medios de información y del oficio
Para garantizar y defender el derecho a la información y el legado de los medios de información, todos deben poner de su parte.

El cambio en los paradigmas evidencia que para el futuro de los medios de información es necesario que todos los actores se reconozcan como un todo, responsable de garantizar y defender el derecho a la información y la libertad de prensa.

Probablemente la producción de contenidos especializados y locales, orientados a satisfacer las necesidades de audiencias cada vez más empoderadas, marcará una ruta para la consolidación y sostenibilidad de plataformas informativas que promuevan un periodismo responsable que forme opinión, resulte útil en la cotidianidad, determinante en circunstancias críticas y propenda por un público con criterio, responsable y satisfecho.

La Asociación Colombiana de Medios de Información Ami existe, se justifica y se dedica a trabajar por alcanzar un propósito superior que se cohesione alrededor de un anhelo común, para rescatar la verdadera misión del periodismo, asegurando la permanencia de la función social que tanto, y con toda razón, se le reclama.

Los medios de información tendrán que hacer esfuerzos monumentales y patentes –y perseverar en ellos–, para lograr sobrevivir demostrando su independencia, y adaptándose a dinámicas y tendencias de consumo, pero sin perder su orientación correcta: el ejercicio periodístico que contribuya a la construcción de país y de una mejor vida en sociedad, en función de la gente y sus necesidades. Ese es su origen, esa es su misión y ese deber ser su compromiso incondicional, y por el cual deberá rendir cuentas.
Foto: Austin Distel/Unsplash
Fuente: Diario El Tiempo

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Opinión

Canillitas: Esta crisis puede implicar el fin de esta actividad y de la prensa gráfica

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Al público lector, al Estado y a las Patronales Editoriales:
El colectivo de trabajadores y trabajadoras Canillitas vive horas de inmensa angustia. Debemos actualizar la información para la sociedad sobre cuál es nuestra situación, y mantener vigente nuestro reclamo, que, a esta altura, es desesperado.

Entre 2008 y 2015 mientras el salario real del conjunto de los trabajadores creció en 6 de esos 8 años (las excepciones fueron el 2009 y el 2014) el salario Canillita real se redujo en un 23%.

Las razones son sencillas: la economía creció con énfasis entre 2008 y 2011, y luego se estancó entre 2012 y 2015, pero lo que creció en una extraordinaria expansión fue el uso de dispositivos digitales que produjeron un cambio en los hábitos de consumo de información, de manera que las cantidades de diarios y revistas en circulación cayeron verticalmente y por lo tanto sus precios no pudieron seguir de cerca el costo de vida.

El resultado: 23% de caída del salario entre 2008 y 2015.

Sobrevino luego el período neoliberal macrista. El conjunto de los trabajadores argentinos perdió 25 puntos de poder adquisitivo del salario. Los canillitas, el 40%.

Huelgan las palabras. La situación es desesperante para la familia canillita. La pérdida de puestos de trabajo también fue incesante. Y en ese contexto nos encuentra esta crisis.

Creemos que esta crisis puede implicar el fin de esta actividad, la de la prensa gráfica que circula por nuestras manos para llegar al lector.

Nos encontramos en esta situación excepcional y lamentablemente no podemos decir que nos sorprenda la actitud del sector patronal: no hubo una sola medida de cuidado de la salud de los Canillitas, ningún compromiso con su tarea.

Cuando un trabajador queda entre las opciones de exponer su salud o no poder llevar el sustento cotidiano a su familia, estamos frente a una crueldad inaceptable en abierta colisión con la legislación laboral vigente.

Es tal el maltrato de la patronal editora que en estos días hasta algunos se ofendieron ante las iniciativas de entidades sindicales de suministro de guantes, barbijos y alcohol en gel. Reiteramos, no nos sorprende, pero nos subleva.

Nuestros compañeros son retirados de la vía pública con mayores o menores niveles de violencia por las fuerzas de seguridad en distintos lugares de la Argentina. Tras cartón, apaleados. Kioscos cerrados, publicaciones decomisadas.

No hubo discusión sanitaria acerca de nuestra actividad específicamente. Se la exceptuó por esencial, y no se realizaron protocolos acerca de su nivel de riesgo: circulan decenas de miles de ejemplares, de dudosa limpieza, en manos de un conjunto de trabajadores de edades mayores, que por tanto son grupo de riesgo.

Pero la prepotencia del sector editorial se impuso. La razón es sencilla: llenaron las páginas con publicidad, mayormente oficial. No les importa si en la calle podemos vender, porque sobre los números de circulación rige la mentira generalizada.

Los canillitas en estas horas dramáticas que vive la patria como trabajadores vamos a seguir dando testimonio. La clase trabajadora argentina va a salvar al pueblo, atendiendo su salud, manteniendo el abastecimiento y los servicios esenciales.

La infraestructura de los sindicatos y las obras sociales están a disposición para la emergencia.

El esfuerzo es conmovedor: este virus va a chocar contra la organización de la clase trabajadora argentina.

Unidad, solidaridad y organización: los principios de nuestro movimiento político son más necesarios que nunca.

Quiso la providencia que esta crisis nos encuentre bajo la conducción del Presidente Alberto Fernández: se ha revelado un liderazgo histórico en la Argentina y en el mundo.

Desde todos los lugares de la Argentina le decimos al Presidente que los Canillitas estamos al pie del cañón para lo que necesite. Estaremos en calle en las mañanas haciendo nuestra tarea, y las que nos demande su conducción.

Nos llena de orgullo que la tradición de cuidado, de los argentinos del sanitarismo peronista sea la que viene a preservar la integridad de este pueblo.

No va a ser fácil, nos esperan horas de marcado dramatismo. Ya vimos como responden las patronales: Techint despide trabajadores, Clarín pide el fin de la cuarentena en línea con Trump, Bolsonaro y Piñera.

La vida o la muerte de los trabajadores: nunca tan claras las opciones.

Nunca más vigente: sólo el Pueblo salvará al Pueblo y a la Patria.

Los reivindicaciones y el plan de acción frente a este cuadro de situación, con inédita precarización de nuestra base, le informamos a la Sociedad, al Estado en todos sus niveles y a la patronal editorial que:

  1. A partir del 1° de Abril rige el estado de alerta y movilización en nuestra Federación Nacional.
  2. Reclamamos el 90% del valor de tapa de cada ejemplar vendido o entregado de Diarios.
  3. Reclamamos el 45% del valor de tapa de cada ejemplar vendido o entregado de Revistas.
  4. Será considerada relación de dependencia aquella en la que el Vendedor de Diarios entrega una publicación previamente vendida y colocada por el Editor.
  5. Reclamamos al Estado analice desde el punto de vista sanitario nuestra actividad, diseñe los protocolos de cuidado y controle su implementación.
  6. Reclamamos al Estado la incorporación de todos los trabajadores canillitas al Ingreso Familiar de Emergencia (IFE)
  7. Reclamamos que se promueva la articulación de nuestros Sindicatos de Base con los Estados Provinciales y Municipales para desplegar la ayuda necesaria alimentaria y sanitaria para un colectivo de riesgo que está expuesto por su propia actividad. En muchos lugares de la Argentina, hay hambre en el colectivo canillita.
  8. Se regularice y se haga homogéneo el protocolo de permisos para el trabajo en la vía pública.
  9. El Consejo Directivo de nuestra Federación tiene mandato para lanzar las medidas de acción directa en el orden nacional de no producirse avances en estas reivindicaciones.

Solo el pueblo salvara al pueblo. Vivan los canillitas. Viva la clase trabajadora. Viva la patria. “Unidos, organizados y solidarios”
Consejo Directivo
Federación de Vendedores de Diarios y Revistas de la República Argentina

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Opinión

La crisis del coronavirus muestra las debilidades europeas en el control de brotes epidémicos

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Un editorial de la revista ‘British Medical Journal’ reclama mayor financiación y competencias para el centro que coordina la respuesta a las enfermedades emergentes

Sede del Centro Europeo para la Prevención y el Control de Enfermedades (ECDC), en Solna (Suecia). En vídeo, la UE pide que se apoye la investigación para encontrar una vacuna. AFP | EP

Mientras se afronta la mayor crisis sanitaria global de la historia reciente, se toman notas para aprender de los errores. En estos días, la revista British Medical Journal (BMJ) ha publicado un editorial en el que señala cómo la emergencia de la Covid-19 ha dejado en evidencia las carencias de Europa en su respuesta a un brote epidémico.

Desde hace mucho tiempo, se sabe que es un error asociar determinadas enfermedades a un grupo o un país y que la respuesta global es mejor para la mayoría, pero la inercia permanece. La gripe de 1918 se calificó como española, aunque mató a millones de personas en todo el mundo y no tuvo su origen en España. En este país, se conoció como gripe francesa. El problema es universal y el virus no distingue rasgos nacionales o sociales, pero los países siguen actuando como si no fuese así.

Como ha sucedido también a nivel nacional en España, donde las competencias sanitarias son autonómicas y ha sido difícil obtener datos sobre la evolución de la pandemia de forma coordinada, los Estados de la Unión Europea han sido reticentes a la cesión de competencias en la gestión de la salud. “Aunque existen acuerdos que permiten acciones ante amenazas transfronterizas para la salud serias, la UE debe respetar la autonomía de los Estados miembros para operar sus sistemas de salud”, escriben los autores del artículo.

En esta situación de crisis, los Gobiernos europeos han priorizado sus propios intereses. “Francia, Alemania y la República Checa han introducido límites a las exportaciones de equipamiento médico de protección como las mascarillas, pese a la escasez” en países como España, denuncia el BMJ. Algo similar sucedió en 2009, cuando se declaró la pandemia por un brote de gripe. Entonces, varios estados miembros acumularon vacunas y antivirales, negándose a compartirlos con otros países.

Entre los sistemas que podrían desempeñar un papel para mejorar la coordinación europea en futuras crisis, se encuentra el Centro Europeo para el Control de Enfermedades (ECDC). Esta institución tiene un sistema de alerta temprana ante este tipo de situaciones, que en este caso no pareció funcionar, y permite a los Estados miembros compartir información sobre los nuevos casos de Covid-19. Sin embargo, países como Suiza o el Reino Unido se quedarían fuera de este sistema, que también dependería del sistema de información de cada país, que en casos como el español ha tardado semanas, por ejemplo, en ofrecer datos sobre el sexo o la edad de los fallecidos.

El editorial del BMJ apunta también a que se deberán derribar obstáculos legales para la distribución de datos y apunta a la limitada capacidad del ECDC, que cuenta solo con 300 empleados y un presupuesto anual de 60 millones de euros.

“Yo creo que el ECDC ha cumplido su papel haciendo una buena actualización de lo que se publicaba sobre el virus y poniéndolo a disposición de los países. Pero no ha visto a tiempo la llegada de la epidemia. Veíamos lo que estaba pasando en China y no nos dábamos cuenta”, señala Marina Pollán, directora del Centro Nacional de Epidemiología. En su opinión, tanto a nivel nacional como europeo, para el futuro es esencial “mejorar los sistemas de información”. “Para saber lo que está ocurriendo, estar preparado y hacer previsiones sobre las necesidades, por ejemplo las de material médico, hay que tener datos”, afirma Pollán.

Para hacer estas predicciones existen modelos matemáticos, pero esos modelos necesitan datos fiables y tan en tiempo real como sea posible. “Ese es el cuello de botella”, reconoce la directora del CNE. “Los modelos con los que contamos son correctos, pero se basan en simulaciones y habría que alimentarlos con datos reales y en tiempo real. Y el número de casos que podamos detectar depende de cuánto testemos, y hay dificultad para obtener esos tests”, reconoce.

Ildefonso Hernández, portavoz de la Sociedad Española de Salud Pública y Administración Sanitaria (Sespas), considera que “el ECDC tiene un papel limitado, de recomendación técnica, y no tiene demasiados recursos”. “No hay algo que permita una acción concertada y cuando haya otro episodio como este, que lo va a haber, Europa tendrá que estar dotada de otras instituciones u otras formas de Gobierno para afrontar crisis como estas, que son crisis de seguridad”. Entre otras cosas, Hernández plantea acciones para que la respuesta a una emergencia de este tipo “no dependa del exterior ni de el interés de empresas privadas”. “Europa se tiene que dotar de unos fondos públicos que garanticen la producción de vacunas y hay que revisar la postura en la cuestión de la propiedad intelectual”, concluye.

El editorial del BMJ concluye también demandando un mejor uso de la tecnología, aplicando la robótica para reducir los riesgos que afrontan los trabajadores sanitarios o los sistemas de inteligencia artificial para mejorar el diagnóstico y los modelos de expansión del virus. Asimismo, reclama un aumento de la capacidad y la financiación del ECDC, que debería trabajar más de cerca con la Organización Mundial de la Salud en la vigilancia y la preparación de la respuesta ante nuevos brotes en todos los países de Europa.

FUENTE : EL PASI ESPAÑA

 

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Desigualdades en la tele durante la pandemia de coronavirus

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Ante las restricciones de público conocimiento, personas de todas las edades y condiciones se abalanzan sobre las góndolas virtuales del audiovisual en busca de pelis y series que hagan más llevadera la convivencia en espacios domésticos. Pero… ¿qué hay disponible para consumir?

Por: Diego Rossi @diegodrossi y Gonzalo Carbajal @zalet
La oferta viene dada por lo estructurado desde antes, cuando la “libertad de circulación” de personas -y de producciones para el entretenimiento, la educación y la información- rankeaba en las principales preocupaciones. El momento es propicio para revisar las políticas públicas.

Las audiencias más allá del rating
Deconstruyámonos. No es lo mismo estar aislado en una casita de –pongámosle 100 o 150 metros cuadrados- que en un dos ambientes saturado, una habitación alquilada o un ranchito periurbano. Tampoco es lo mismo vivir solo siendo un joven hiperconectado, que esa misma soledad para un viejito sometido a los rayos catódicos de la vieja tele. Ni qué hablar de la diversidad y complejidad de pantallas que encontraremos en los grupos familiares de variada envergadura.

Del mismo modo que los hospitales y centros de salud no deben llenarse de ciudadanos asustados para poder dedicarse a los que requieren atención… quizás debiéramos pensar en cómo propiciar un combo de información y entretenimiento para esos distintos públicos que alteran sus hábitos de salidas, suspenden las clases o pasan cuarentenas masivas.

Sigamos deconstruyendo. Ahora que se menta a Netflix como el destino principal de nuestro encierro, asumamos que se trata de unas 4 millones de cuentas en Argentina (según dichos de su CEO a su paso por Argentina). Si tuviera un catálogo razonablemente diverso, podríamos pensar que se trata de un buen servicio en el mejor de los casos a menos de la mitad de la población argentina, con condiciones desiguales de acceso a Internet. También están las plataformas Flow, Disney+, Amazon, las Go entre otras, además del cable, DirectTV… pero todo eso también se paga. Las plataformas utilizan una infraestructura existente (conexión a Internet), y suponemos que aún habiendo ajuste en los gastos hogareños, mientras dure la pandemia nadie pensará en cortar el servicio.

Pero mientras tanto, en la lucha contra la pobreza… ¿qué sucede con los hogares indigentes y pobres? ¿Deberían priorizar el alcohol en gel a las plataformas? ¿Deberían priorizar una nutrición que los tenga más fuertes ante la gripe, el dengue y el coronavirus, al aporte mensual para acceder a las góndolas globalizadas de productos culturales?

Para los que no pagan abonos mensuales está la TV abierta, ya sea analógica con los canales que en CABA y aledaños son 4 o 5, y en el resto del país sólo uno o dos… o la plataforma de Televisión Digital Abierta. La TDA, que puede tener consumo anfibio desde una Smart TV switcheando entre el cable/satélite y una antena sencilla, ofrece una grilla de no menos de 16 canales de alcance nacional. Varios de ellos estatales, al alcance de todos. También hay varios canales informativos, poco deporte y entretenimiento… y un par de canales de 24 hs inentendiblemente poblados por programas religiosos. Los organismos públicos deberán revisar las razones y los financiamientos de la grilla nacional de la TDA, en esta agenda actualizada de la emergencia relacional por el virus global.

En la emergencia, podrían promocionarse y liberarse los contenidos de plataformas públicas digitales gratuitas, como Cont.ar, Cine.ar y los catálogos del BACUA (sin desconocer derechos autorales), como actitud conducente para las prioridades en las políticas del Sistema de Medios Públicos y las áreas culturales. Los rápidos reflejos de www.seguimoseducando.gob.ar en el marco de www.educ.ar son auspiciosos.

Sostener a los medios y las productoras
Y para garantizar trabajo nacional… ¿qué sucede con los esquemas de fomento tradicionales? En el Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA) –y en las productoras que esperan la restitución de un círculo de financiamiento seriamente averiado por la gestión anterior- se agarran la cabeza por el abrupto corte de taquilla. Si no se venden entradas al cine, no hay ingresos para las salas exhibidoras, pero tampoco se gira el 10% del valor las entradas que históricamente bancó los concursos y subsidios al cine, las series y los documentales.

Por el lado del ENaCom, mientras las nuevas autoridades rearman al Fondo de Fomento Concursable (FoMeCA) para emisoras no comerciales, se percibe que quienes sobrevivieron al desfinanciamiento esperan al menos igualdad en las reglas de juego, y ser reconocidos para las políticas y no sólo para las fotos, como en el pasado.

La solución no será inmediata, pero la experiencia de las generaciones pasadas indica que una regulación antigua de la mano de la falta de control y fiscalización siempre han servido a los actores más fuertes, a los incumbentes, o a aquellos que aprovechan la “ventana de oportunidad” de lo novedoso para distraer el aporte en la vaquita necesaria para una industria cultural nacional robusta.

Los padres fundadores pusieron el mojón con la Ley del Cine, luego vino la reforma de 1994 para incorporar a los servicios de TV por cable a la regulación y tributación. Un esquema más abarcador sobrevino en 2009 con la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, tanto en la ampliación de reparto de la torta para fomento como en las obligaciones a (in)cumplir para licenciatarios y señales respecto de contenidos y pantallas nacionales, federales e inclusivas.

En medio de la pandemia y en el contexto de pantallas múltiples y plataformas, resurge la necesidad de actualizar el para qué de la regulación y el fomento de las producciones diversas. De modo que lo que se presume un salto en la tecnología no termine siendo una nueva forma de mercadear al audiovisual, con los intermediarios cambiados o puenteados.

Así las cosas, dos sectores se han expresado con claridad durante marzo apuntando a asignar a las industrias culturales una parte del 21% del IVA que ya pagan los “Servicios Digitales” facturados en el país (Google, Facebook, Netflix, Spotify, servicios de hosting, publicidad, estudios de mercado, etc.).

Por una parte, representantes de la cinematografía y la cultura retomaron la idea de extender los ingresos del Fondo de Fomento Cinematográfico y de series que administra el INCAA (actualmente se nutre del 10% del aporte de los exhibidores de salas de cine, más una parte no menor aportada por los servicios de radio y TV). Para ello reclaman el 10% del IVA aportado por los “Servicios Digitales Audiovisuales”.

Desde un lugar estructuralmente desfavorecido, también demandan un 5% del IVA aportado por los “Servicios Digitales” los medios gráficos, digitales, radios y TVs comunitarios, populares, cooperativos y micropymes, con presencia federal y generadores de 10 mil puestos de trabajo. (Ver detalles de esta propuesta y otras para corregir las asimetrías regulatorias existentes, en www.pluralismo.com.ar).

Ambas miradas son complementarias, en un marco donde la Economía del Conocimiento engloba conceptualmente a una amplísima cantidad de actores, no todos ellos con la misma capacidad de lobby y generación de proyectos territorializados.

También resultaría atinado pensar en el financiamiento de la radio y la TV públicas con otra parte de lo recaudado por las contribuciones de servicios digitales.

Mientras transitemos el auge y la caída de la pandemia, sin dudas habrá reposicionamientos y decisiones que afecten a las producciones, pantallas y consumos culturales en nuestros hogares.
Foto: Agencia AFP
Fuente: Diario PáginaI12

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