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Opinión

Hola Alberto, soy el traje de Alfonsín

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Está lleno de políticos que en vida lo volvieron loco a Don Raúl y ahora no paran de elogiarlo.
Raul Alfonsín, en un homenaje a su figura. Foto: Juan Manuel Foglia

Aunque dejé en las tintorerías jirones de mi vida, soy y seguiré siendo el traje de Don Raúl Alfonsín. Y como tal, estoy acostumbrado a que cada tanto aparezca algún ñato que quiera probarme y usarme.

Ahora me toca Tío Alberto que anda por la vida disfrazado de Alfonsín vendiendo la remanida falsa admiración post mortem de mi Jefe. No es el único.

Está lleno de políticos que en vida lo volvieron loco a Don Raúl y después de su partida no se cansan de elogiarlo. Es un clásico. Todo político que quiere presumir de moderno y democrático lo primero que hace es hablar bien de mi dueño, elogiar su rol en la historia, tratar de robarse su prestigio y finalmente usarme a mi, el traje de Alfonsín.

En realidad, al gobierno de Don Raúl le hicieron 13 paros generales y más de una huelga sectorial por día, lo emputecieron sin parar, le sabotearon todas las leyes y lo terminaron sacando de la Casa Rosada escupiendo sangre, como le gustaba decir al peronismo. La frase clave de aquel año 1989 fue la del entonces presidente electo Carlos Menem: “Yo ya estoy listo para asumir, solo espero un gesto del presidente Alfonsín”. Y cuando Alfonsín concedió el gesto que le pedían, le fabricaron la otra frase que siguen repitiendo hasta el cansancio con acento riojano: “Me tiraron el gobierno por la cabeza y tuve que asumir antes de tiempo”. Así nace el mito de que a este país sólo lo pueden gobernar los peronistas.

Mi dueño se tuvo que morir para que finalmente lo reconozcan como el padre de nuestra democracia moderna. Y de ahí en más, su imagen la usa cualquiera sin que nadie salga a defenderlo. Hasta Leopoldo Moreau se dio el lujo de chorearle el nombre para fundar su propio kiosquito: Movimiento Nacional Alfonsinista. Y está sentado al lado de Cristina, de los gordos de la CGT, de La Cámpora y de De Vido, entre otros prohombres del radicalismo y del alfonsinismo.

Obviamente, fueron muchos años vistiendo a mi Jefe. Arrancamos juntos en los 70 fundando el Movimiento de Renovación y Cambio como línea interna de la UCR.

Junto a Conrado Storani (padre de Fredy) enfrentamos y perdimos contra la Línea Nacional liderada por Ricardo Balbín. Nuestra fórmula era Alfonsín-Storani. Curiosidades de la época: si cambiás de lugar una “a” te queda Alfonsina Storni. Cosas raras que pasan en el radicalismo. No es la única. La presidencia de la UCR fue ejercida por Ricardo Balbín (desde 1959 hasta 1981), luego Carlos Contín (1981/1983) y finalmente Raúl Alfonsín. Desafío a quien pueda encontrar una sucesión de presidentes consecutivos de cualquier cosa cuyos apellidos terminen siempre en “ín”. Balbín, Contín, Alfonsín. Imposible empatar esta.

Durante la dictadura, Don Raúl se dedicó a defender presos políticos. Me acuerdo que yo, como su traje preferido, siempre le decía que se dejara de jorobar. Que hiciera como los Kirchner, que tambien eran abogados pero se habían ido al sur y se dedicaban a desalojar a los pobres tipos que no podían levantar sus hipotecas por la famosa 1050 promulgada por Martinez de Hoz. Hagamos como ellos que les chupan un huevo los derechos humanos y se están haciendo ricos en Río Gallegos, le rogaba yo a Don Raúl pero el tipo insistía con el tema y hasta presentaba hábeas corpus. La guita que nos perdimos de hacer. Mi Dios.

Durante la guerra de Malvinas, los militares fueron apoyados por todos los sectores del país. ¿Todos menos quién?. Sí, otra vez el cabezadura de Alfonsín que publicó una carta diciendo que la guerra de Malvinas era una maniobra de la dictadura para esconder su fracaso. En lugar de ser más vivo y hacer como Néstor que se fue a festejar la toma de Malvinas con los milicos del Proceso (está la foto para quien quiera googlearla, paradito detrás del general Guerrero), Alfonsín se puso a todos en contra. Otra vez sopa.

Después vino el 83 cuando enfrentamos a Luder y al PJ y denunciamos el pacto sindical militar que garantizaba la autoamnistía de los militares. Yo le decía, dejémonos de joder Raúl, vayamos de oposición que es mucho más fácil pero no, el tipo insistió y llegamos a la Rosada. Y de entrada nomás plantó lo que sería la piedra fundacional de nuestra democracia: la CONADEP, el Juicio a las Juntas y el Nunca Más.

Veinte años después, el kirchnerismo arrogándose la condición de continuadores de Alfonsín, en 2003 plantaría su propia piedra fundacional: Lázaro Báez y Austral Construcciones.

Y al toque Néstor pronunciaría en la ESMA la frase que mejor define su condición de impostores: “Vengo a pedir perdón en nombre del Estado Nacional por la vergüenza de haber callado durante 20 años de democracia tantas atrocidades”. Y de un plumazo intentaron borrar de la memoria los Juicios, la CONADEP, Sábato, Magdalena, Fernandez Meijide, Klimovsky, Marshall Meyer, Monseñor De Nevares, Strassera y tantos más.

Inmediatamente Don Raúl recibió la llamada privada de Néstor pidiéndole disculpas. Yo le rogué que aceptara las disculpas y que le propusiera armar algún negocito con Cristobal, con De Vido, con Jaime. Hagamos un sope Raúl alguna vez, le imploré. Pero nada. La respuesta de Alfonsín a Kirchner fue contundente: “Usted habló en público, ahora pida perdón en público”. Chau negocio.

Obviamente, no se disculparon, ni Kirchner ni nadie. El kirchnerismo nunca pide disculpas. Tampoco permiso.

Recién cuando mi Jefe ya estaba muy enfermo, fue homenajeado por el gobierno de Cristina. Tarde. Muy tarde.

Durante su gobierno Don Raúl quiso reformar la Constitución y modificar el mandato de 6 años sin reelección por uno de 4 años con reelección. Pero aclarando que él mismo se autoexcluía de esa reelección.

Años después, con la venia de Alfonsín, Menem lograría esa reforma constitucional sin autoexcluirse un corno, por supuesto. De hecho, en 1999 pretendió un tercer mandato consecutivo con la excusa de que el primer mandato no valía porque había sido bajo la Constitución anterior. Un genio.

Cristina quiso liquidar la Constitución en 2013 para hacer posible lo que Diana Conti había definido como “Cristina eterna”. O sea, la reelección indefinida, como hizo Néstor con la Constitución Provincial de Santa Cruz.

La frenó Massa, el otro Massa, el que era antikirchnerista después de haber sido kirchnerista y antes de volver a serlo ahora.

Aunque Tío Alberto me usa de traje y dice que él no quiere cambiar la Constitución, su tropa no para de reclamar la reforma, sobre todo su compañera de fórmula y dueña de los votos.

Por eso en estos tiempos electorales de tanta ebullición y donde suele volver a ponerse en juego los valores básicos de una República, este viejo traje viene aquí a recordar las palabras inolvidables que en octubre de 1983, hace 36 años, mi Jefe pronunció en el acto de cierre de campaña en la Avenida 9 de Julio frente a una multitud sólo comparable a la que juntó Luder al día siguiente.

Justamente esta semana el genial Coqui Capitanich plagió y repitió el mismo texto como propio, palabra por palabra, como si fuéramos todos boludos y no nos acordáramos de aquel único e inolvidable momento de la historia democrática argentina. Difícil superar semejante truchada.

Aquella noche, Don Raúl se me transpiraba todo encima y se largó a decir que “si alguien distraído al costado del camino, cuando nos ve marchar, nos pregunta, ¿como juntos? ¿hacia donde marchan? ¿por qué luchan? tenemos que contestarles con las palabras del Preámbulo, que marchamos, que luchamos, para constituir la Unión Nacional, afianzar la justicia, consolidar la paz interior, proveer a la defensa común, promover el bienestar general y asegurar los beneficios de la libertad, para nosotros, para nuestra posteridad y para todos los hombres del mundo que deseen habitar el suelo argentino”.

Anotala Tío Alberto, antes de vestirte otra vez conmigo.

CLARIN

Local

EMERGENCIA EN SEGURIDAD: ULTIMO MANOTAZO DEL FDT LOCAL

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El bloque del Frente de Todos local demuestra no haber recibido el mensaje de la gente e insiste con todos los vicios que terminaron poniéndolo de espaldas a la sociedad.



Cualquier camino lleva al Frente de Todos local a la titánica tarea de conseguir apoyos electorales. Tal vez si cambiara su neurótica intención de trabar al gobierno por una actitud que los marplatenses lograsen percibir como positiva la suerte no le sería tan esquiva.

Pero no…los ediles kirchneristas parecen no entender el duro mensaje que los marplatenses y batanenses les dieron en las urnas.

Tras un largo año de entorpecer la acción de gobierno del intendente Montenegro, en un escenario que más que nunca antes en la historia lugareña hubiese requerido de grandeza y capacidad de acompañamiento, la paliza electoral solo sirvió para agudizar las peleas internas, disparar las posiciones más extremas y pretender que los vecinos de General Pueyrredón no entienden nada y por lo tanto no merecen ser escuchados.

Tan mal anda la seguridad en el país que el presidente de su partido, aunque la mayoría de ellos se niegue a reconocerlo y crean que la política comienza y termina con Cristina Kirchner, debió cambiar a su ministra de Seguridad por un hombre ducho en los teje y manejes de la política, con visiones sesgadas sobre la relación estado-delito y al que sin embargo los progresistas seguidores locales recibieron con un «silenzo stampa» digno del perro que esconde el rabo y mira hacia otro lado a sabiendas de que el jarrón que yace hecho añicos en el piso fue empujado por él mientras jugaba.

Hace apenas una semana todo lo que venía de afuera del distrito como política de seguridad era un ejemplo a seguir. ¿Ahora que todo voló por los aires y está al frente del área Aníbal, el compadrito irredento, todo es lo mismo?.

¿O, como ocurre con las barras de la esquina en los barrios, el haber sumado a Nicolás Lauría y Alejandro Carrancio, los que un día comprendieron que nada era como ellos imaginaban y tomaron el atajo, los empuja a tratar de imponer una mayoría que, quedó en claro, nada tiene que ver con las expectativas y el deseo de la comunidad?

¿En serio creen que la ciudadanía no se da cuenta de nada?…

Empecinados en sacar una ordenanza que declare la emergencia en materia de seguridad -con el único interés de machacar acerca de «la falta de política pública municipal en materia de seguridad”– se niegan a siquiera debatir cambios propuestos por el oficialismo e insisten en poner en boca del secretario del área la afirmación falsa de que es fundamental tener la emergencia, aún cuando el propio Horacio García aclaró hasta el cansancio que su afirmación se refería solo a lo administrativo por la necesidad de acelerar los mecanismos de compra de insumos y bienes necesarios para su tarea.

Ya en su momento LIBRE EXPRESIÓN advirtió sobre estas dos cuestiones: la mala fe del bloque del Frente de Todos y la inexperiencia del funcionario municipal en cuestiones políticas, lo que lo lleva en reiteradas ocasiones a hablar sin medir el uso tergiversado que una oposición que solo sabe entorpecer podía hacer de sus palabras (Ver: Fuegos de artificio que ponen la inseguridad en modo campaña). Aquella distracción semántica en su visita a la comisión en el Concejo se vuelve ahora caballito de batalla de quienes buscan poner contra la pared al gobierno municipal.

Y en este país patas para arriba se da la paradoja de que, en nombre del progresismo kirchnerista tan amigo de largos discursos y parrafadas cuando de hablar sobre derechos humanos y de minorías se trata, dos cultores de la mano dura como Sergio Berni y Aníbal Fernández, uno por definición y profesión y el otro por sus innegables contactos con el lumpen del delito, lo que lo lleva a manejar una red de informantes y marginales a los que a cambio de prebendas y concesiones se les permite vivir en los límites de la marginalidad legal, conducen las políticas de seguridad de las jurisdicciones de ese signo mientras en General Pueyrredón lo hace un técnico desapasionado, amigo del diálogo y las estadísticas.

El uso de una cuestión tan delicada en beneficio de posiciones electorales demuestra la falta de empatía con la sociedad. Quien así actúa solo busca el poder como objetivo final de todos sus actos.

Y la gente siempre se da cuenta. ¿O no fue suficiente con el aviso del 12 de setiembre?.

A veces los que se creen más vivos no dan abasto con su gilada…


Nota del periodista Adrian Freijo para Libre Expresion


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Opinión

UNA ERA DE LOCURA TOTAL: LAS REPERCUSIONES DE LAS PASO

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A la derrota brutal sufrida en las PASO por el Frente de Todos en todo el país, se le sumó la blitz de la vice presidenta Cristina Fernández viuda de Kirchner con una carta incendiaria que volteó a medio gobierno.

Esta semana se expuso como nunca la brutalidad de los actores de las tribus justicialistas, un remedo de ideologías en contraste que unen en un mismo cartabón a los conservadores populistas de las provincias, que son en la práctica los herederos del conservadurismo responsable del “fraude patriótico” de la “década infame” del ’30, con izquierdistas urbanos preocupados por el patriarcado, la libertad de consumo de drogas, o la legalización del aborto.

Quien condensa estas carnestolendas es Cristina Fernández. Tan enojada está la vice presidenta, que eliminó de su cuenta de Twitter su apellido paterno, y dejó sólo el «Kirchner». La carta de quien se siente la dueña del poder a su «presidente designado», es tremenda. Le exige que respete su determinación de ungirlo al cargo de presidente de la nación argentina y que actúe según sus deseos. Luego de amagar con ser él mismo y darle carnadura a la investidura presidencial, Alberto Fernández se allano por completo a sus demandas.

Las exigencias de Cristina son la consecuencia de lo inexorable de los hechos: Alberto Fernández no es un líder. Es un peón en un juego, y en ese juego, él, está en default. No pudo articular la caída de los juicios que pesan sobre Cristina y la conectan al latrocinio perpetrado entre 2002 y 2015 en el que millones fueron robados del erario público. La ciada electoral asumida por el resultado de las PASO es tan grande, que el animal político de olfato más sensible, “la justicia”, ya inició la movida para proceder en causas que están inmovilizadas desde 2019.

En un fallo del viernes 17 de Septiembre, los jueces Farah y Llorens le ordenaron al juez de primera instancia Sebastián Casanello que reviera la situación procesal de Cristina Fernández en la causa conocida como «La ruta del dinero K». Es la primera definición y, de cara a noviembre, ese avispero judicial se va a tornar cada vez más intenso.

En tanto, las definiciones del presidente en el armado del nuevo gabinete con Juan Manzur y Aníbal Fernández sólo aportan mayor negatividad a un gobierno que, con dos años aún por delante, está liquidado políticamente.

A como dé lugar, el fin de esta etapa marca, claramente, el fin de una era. Se terminó el mito de la invencibilidad del PJ unido y la idea peregrina contra todo dato cierto de que, sin el peronismo, no se puede gobernar. Un párrafo para la enorme derrota del gobernador Axel Kicillof: liquidó todo su capital político en sus discursos diletantes y sus torpezas ideológicas.

Sin embargo, la madre de todas las batallas no es en Buenos Aires. Es en las seis provincias que renuevan sus bancas al Senado. Por primera vez desde 1983, el PJ perdería el control de la cámara alta. Esa es la madre de todas las batallas. Fuente: Noticias y Protagonistas

 

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Opinión

EL SACUDÓN DE LAS PASO QUE DEJÓ LAS FORMAS DE LADO E IMPACTÓ DE LLENO EN EL GABINETE

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El desaire de las urnas al Gobierno. Los errores de percepción que quedaron al desnudo. Los cambios de protagonistas y de políticas que se vienen. Un debate que jugó al límite para encarrilar las políticas oficiales.

Mucho nervio, mucho enojo o festejo, muchos memes, anochecer de un día agitado diría el ausente John Lennon. El Frente de Todos acusó fuerte el desaire de las urnas, a todo el mundo le salió el DT argentino y hubo los que maldijeron el voto castigo y se multiplicaron los falsos “yo lo dije”, hubo la carta de Cristina Fernández de Kirchner y el malestar del presidente Alberto Fernández y un desenlace con cambios en el gabinete, con un perfil de experiencia en la gestión, como el gobernador de Tucumán, Juan Manzur, o Aníbal Fernández en Seguridad, Daniel Filmus en Ciencia y Técnica y Julián Domínguez en Agricultura. Es difícil saber si tanto ajetreo podrá cambiar el resultado de las PASO, pero sí es seguro que sin reacción, no había cambios.

El Gobierno busca proyectar la idea de mensaje recibido, que seguramente tendrá que completarse con el anuncio de medidas en el plano de la economía. Los cambios no tocaron al equipo económico que deberá diseñar esas medidas. Casi todos los nuevos ministros colaboraron en esas funciones en los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner –al igual que el mismo Alberto Fernández–, aunque la mayoría de ellos no son orgánicos de ninguna de las corrientes más kirchneristas del peronismo.

El mensaje de las urnas en las PASO empezó así a ser traducido en cambios y propuestas. Hubo millones de personas que en 2019 votaron al Frente de Todos y que en las PASO no fueron a votar o eligieron otras boletas. Esa diferencia ominosa implicó un mensaje que fue dimensionado en forma distinta por la vicepresidenta Cristina Fernández y el presidente Alberto Fernández y escaló en una polémica que puso en vilo a todo el oficialismo.

La reacción de ambos demostró que coincidieron en el sentido del mensaje de las urnas, pero no en su urgencia y muchos criticaron las formas como se planteó la polémica.

Se advirtió desde el comienzo el impacto de la pandemia en el plano sanitario y en consecuencia se promovieron acciones especiales, casi épicas, con la creación de miles camas, la construcción de hospitales y con el esfuerzo de los trabajadores de la salud, en cuarentenas y aislamientos, en la provisión de vacunas en el plano mundial contra viento y marea, y en montar un enorme y eficaz operativo de vacunación.

Resulta paradójico que se advirtiera la dimensión en el plano de la salud, pero que no se viera cómo estaba afectando la economía doméstica de la mayoría de los ciudadanos, sumidos muchos de ellos en estado de emergencia. Comerciantes, profesionales y trabajadores vivieron estos meses en una economía de guerra. Y la reactivación que ha comenzado no llega a todos los que fueron afectados, muchos de los cuales ya venían en baja desde el gobierno macrista.

El IFE y las ATP implicaron un enorme esfuerzo financiero y, si bien sirvieron como paliativo, se cortaron antes de que comenzara la reactivación.

La conciencia de la dimensión de la tragedia sanitaria movilizó una campaña de salud extraordinaria, muy superior a una estrategia para situaciones normales y fue bien percibida por la sociedad, a pesar de las dificultades que generó. No hubo esa misma visión para atenuar el impacto destructivo en otros planos de la vida que fueron afectados por la pandemia.

Hubo lecturas sobre el resultado electoral que se tranquilizaban con la excusa de que los votantes del Frente de Todos no habían asistido a los comicios porque no se definía nada en la interna de esa fuerza. Es probable que haya sido una de las causas de esa inasistencia. Pero confiarse en esa sola variable implicaba no ver las otras causas que desmotivaron a los votantes.

El resultado de las PASO puso en evidencia ese error de percepción y lo hizo con cantidades que son inapelables. La magnitud de las cifras de las PASO es una medida de la gravedad de lo que se reclama. Resulta obvio que el impacto de ese resultado tomaría la forma tumultuosa que irritó a muchos. No son situaciones normales. La pandemia disloca lo normal porque genera situaciones drásticas con más de 20 millones de personas por debajo de la línea de pobreza, que requieren soluciones drásticas. En este caso extraordinario por la pandemia, lo que importa no son las formas sino que el Frente de Todos haya tenido la sensibilidad para asumir ese reclamo y buscar respuestas.

El debate sobre las formas es secundario siempre que no se transformen en puja de poder o que desemboquen en ruptura o en el debilitamiento del presidente Alberto Fernández. El debilitamiento del Presidente debilitaría a todos los jugadores de la alianza de gobierno. En ese sentido, todo el mundo puede opinar, pero el que toma las decisiones es el Presidente.

La carta de Cristina es una opinión que puede ser valiosa, pero la decisión definitiva es de Alberto Fernández. Y allí no valen los argumentos de una vicepresidenta distinta porque tiene la mayoría de los votos, porque cada cual recibió de la sociedad una responsabilidad específica y clara.

Presentada la polémica, encontradas las respuestas y aplicadas las medidas correspondientes, la fuerza política tendrá que mostrar a la sociedad que ese debate estaba referido a esas problemáticas y confluir en una gran demostración de unidad. Si la pandemia lo permite, el 17 de octubre sería la oportunidad de hacer esa demostración.

El vocero presidencial Juan Pablo Biondi, que había quedado muy golpeado por la difusión de la fotografía del cumpleaños de la primera dama, Fabiola Yáñez, presentó su renuncia indeclinable. Cristina Kirchner lo acusó en su carta de haber operado en los medios contra ella. La permanencia de Biondi se hizo insostenible.

También fue polémica la decisión de varios funcionarios de la corriente política interna del Frente que se referencia en la vicepresidenta, de poner a disposición del Presidente sus renuncias. Si hubieran sido indeclinables, hubieran puesto al Gobierno frente a una situación de hecho que lo hubiera debilitado en forma irreversible. En cambio, en este caso, la decisión de aceptarlas o rechazarlas estaba en el Presidente, fue una actitud que puede ser polémica pero que expresó con claridad el acatamiento a sus decisiones.

La misma Cristina Kirchner en su carta aclaró que siempre ha sido peronista, además de recordar que ella tuvo un vicepresidente –por el radical Julio Cobos— que le votó en contra y se pasó a la oposición. Y que ella nunca haría tal cosa.

La aclaración implicó un compromiso, podría no haberla incluido y dejar abierta esa posibilidad. Pero al ponerla por escrito en esa carta pública expresó su compromiso con la gestión de Alberto Fernández

El planteo de su carta es que el crecimiento que se va a producir tras la pandemia deberá llegar a todo el mundo y no solamente beneficiar a un sector y señaló que no se pueden postergar las políticas distributivas por las presiones del poder económico. Es un tema propio de la alianza que gobierna y del mismo Alberto Fernández, no se trata de una novedad. La vicepresidenta no lo plantea como tal sino que está haciendo referencia a urgencias y prioridades.

El Gobierno necesitaba reformular la gestión después del revés electoral. Más allá de las formas y los malhumores, el Frente de Todos saldrá fortalecido de un debate que lo proveyó de las herramientas para introducir esos cambios.

 

a encarrilar las políticas oficiales.

Luis Bruschtein
Por Luis Bruschtein
FUENTE : PAGINA 12

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