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Opinión

El infinito favor que Cristina le hace a Macri

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La Argentina termina en las próximas horas uno de los peores años de su economía desde la instalación de la convertibilidad, en 1991. Los datos de la evolución de producción, pobreza, desocupación, endeudamiento, inflación, poder adquisitivo, son todos malos en cualquier comparación que se tome: contra cualquier otro año del país en los últimos 15, contra el desempeño de casi cualquier otra economía mundial, contra las expectativas que existían a principios de año. La experiencia universal indica que, en situaciones tan adversas como esta, el Gobierno no estaría en condiciones de ganar elecciones. Sin embargo, la gran paradoja política de este final de año es que todas las encuestadoras relevantes sostienen que si las elecciones se realizaran hoy, Mauricio Macri sería reelecto. Esa posibilidad, que dado el año que termina parece inverosímil, se explica por una razón dominante: la líder de la oposición se llama Cristina Kirchner. Desde que ocurrió la tragedia de Once, en febrero del 2012, hay una mayoría sostenida que está dispuesta a votar en función de que ella salga del poder o no vuelva.

La militancia kirchnerista se enoja ante este tipo de razonamiento o lo atribuye a conspiraciones fantasiosas. Pero lo cierto es que hay elementos objetivos que lo respaldan. Uno de ellos, no el único, son las encuestas. En las últimas semanas, los resultados difundidos por Poliarquía, Aurelio, Synopsis, González y Valladares, Isonomía coinciden en que Macri es hoy, a fines del durísimo 2017, favorito para ser reelecto a fin de año próximo. El segundo elemento objetivo es la historia reciente. Desde que Cristina asumió la conducción del país, en el 2007, el peronismo perdió cuatro de las cinco elecciones que se realizaron. Cristina logró que fuera derrotado incluso en la provincia de Buenos Aires, algo que no sucedía desde 1985. La última vez la que perdió fue ella como candidata, contra un dirigente de segundo nivel de la coalición gobernante. ¿Esos militantes que se enojan no se habrán equivocado en todos esos años respecto de lo que iba a pasar en tantas elecciones?

Todos estos datos sugieren que el peronismo debería optar por otro candidato, de manera de tener más posibilidades de volver al poder. El problema es que ese 30% que apoya a la ex Presidente define cualquier interna a su favor. Y entonces no está en manos del peronismo sino de ella misma la posibilidad de que surja un candidato potencialmente más dañino para Macri. Correrse del centro de la escena no parece una alternativa en el ADN Kirchner. Desde que Néstor llegó a la intendencia de Río Gallegos, siempre es un Kirchner el que encabeza las listas: Néstor en 2003, Cristina en 2005, Cristina en 2007, Néstor en 2009, Cristina en 2011, Máximo y Alicia en 2015, Cristina en 2017. Néstor, Cristina, Alicia o Máximo, para diputados, senadores, gobernadores o presidentes. El sitio de La Cámpora es un reflejo de esa cultura: cada dos noticias aparece una declaración irrelevante de Máximo, y de absolutamente ningún otro dirigente. Pero correrse tampoco es lo que hacen habitualmente los líderes políticos: si la generosidad fuese su sello, seguramente no llegarían alto.

Sin embargo, hay experiencias alternativas en la joven democracia argentina. Desde que dejó el poder en adelante, Raúl Alfonsín nunca fue candidato a un cargo ejecutivo. En cada elección, privilegió la posibilidad de fortalecer una opción opositora a Carlos Menem. En el año 2003, Eduardo Duhalde podría haberse presentado a las elecciones con una gran posibilidad de triunfar sobre Carlos Menem. Sin embargo, lideró el proceso que llevó a Néstor Kirchner a la Presidencia de la Nación. Hace pocos días, Cristina Kirchner insinuó que estaría dispuesta ser líder en lugar de candidata. Aunque es cierto que la gente cambia, sería una decisión muy contraria a la tradición familiar y personal.

La ambición de Cristina favorece a Macri no solo por el rechazo de un sector muy importante de la sociedad hacia ella, sino también por otro elemento clave. Desde 1987, la política argentina repite una estructura en la que, si los dos sectores van unidos, el peronismo logra un caudal de votos cercano al 50%, y la propuesta no peronista se arrima al 40. Eso cambió de manera brutal y sostenida en el año 2008, cuando, luego de la crisis del campo, el peronismo se dividió. Actualmente, el voto no peronista está unificado detrás de Macri. La última encuesta de Poliarquía expresa que, sumados, los votantes del Presidente, de María Eugenia Vidal y Elisa Carrió llegan al 39 por ciento. Pero el peronismo está dividido. En la misma encuesta, los candidatos kirchneristas sumados reúnen el 31% y los del PJ no K, un 18 por ciento. La misma estructura de siempre, solo que unos van juntos y los otros, no.

Frente a esta situación, el kirchnerismo propone una interna amplia donde todos participen. El problema de esa propuesta es que ignora un elemento central: el PJ no K es un fenómeno popular, no superestructural. El peronismo que rechaza a Cristina existe. Juan Schiaretti no podría acercarse a ella aunque quisiera, porque perdería la provincia de Córdoba. Así sucede también en Santa Fe, La Pampa, el interior de la provincia de Buenos Aires. Al contrario: si ella retirara su candidatura, esa resistencia se debilitaría, y sería posible que el peronismo se uniera. Las posibilidades de que Macri fuera reelecto, en ese caso, se complicarían mucho. El problema —otra vez— es que es ella la que debe decidir sacrificarse en función de la unidad peronista, es decir, contra la permanencia de Macri en el poder. Salvo ella misma, nadie puede resolver ese intríngulis.

Uno de los argumentos que circulan en el peronismo para justificar la candidatura de Cristina es que se lo piden los intendentes del Conurbano porque ella arrasa en esa zona. Ese mismo planteo justificó la candidatura a senadora del año 2017 por la provincia de Buenos Aires. Efectivamente, la estrategia les sirvió a esos intendentes. La mayoría, sobre todo en la tercera sección electoral, triunfó en sus distritos. Pero Cristina perdió. Y el que festejó fue Macri. Tal vez, en este sentido, los intereses de Macri y Martín Insaurralde no sean divergentes: a los dos les conviene que Cristina sea candidata. El operativo clamor es más transversal de lo que parece.

Otro de los argumentos es que Cristina es la candidata más querida del peronismo. Efectivamente, es así. Pero eso no asegura la victoria, sino, a veces, lo contrario. En el 2003, Carlos Menem fue el candidato más votado entre los tres peronistas que se presentaron. Pero no le alcanzó. Hubiera ganado cualquier interna, pero perdido contra cualquier opositor. De hecho, las mismas encuestas que pronostican un triunfo de Macri contra Cristina, no son tan claras cuando el candidato opositor es otro: en distintos sondeos, desde Axel Kicillof hasta Sergio Massa aparecen por encima del Presidente.

Esta situación produce un dilema de ribetes dramáticos entre aquellos que aman a Cristina y odian a Macri con la misma intensidad. Tal vez deban elegir entre los dos sentimientos: seguir a la primera aun a costa de que ello puede facilitar la reelección de Macri o abandonarla para privilegiar que Macri salga del poder. Ese mismo dilema, si las encuestas no cambian o el dólar no se dispara, será el que enfrentará Cristina en los próximos meses. En cambio, el oficialismo siente que la presencia de Cristina le da un aire infinito. La imagen de fin de año —un presidente descansando en un paraíso inaccesible mientras aumenta las tarifas una vez más por encima de la pauta de aumento salarial— solo es posible en un gobierno que cree que tiene enfrente al candidato más favorable a sus intereses. Es que el favor de Cristina a Macri, finalmente, no es algo personal: es el favor que ella le hace también a un proyecto cada vez más conservador y menos criterioso.

Faltan muchos meses para que Cristina tome la decisión final. Sus movimientos sugieren que será candidata a presidente, pero a tanta distancia nada se puede asegurar. De hecho, si se produce otra estampida del dólar, los números pueden cambiar. ¿Cuál sería el sentido de renunciar antes de tiempo a una carrera cuyas condiciones aun no se conocen? Hasta ahora, desde que asumió en 2007 la Presidencia, Cristina le ha hecho muchos favores a Mauricio. Sin ellos, él no estaría donde está ni haciendo las cosas que hace. La historia no está condenada a repetirse, pero, al menos en este aspecto, ha dejado ya muchas señales de lo que puede ocurrir si, finalmente, se produce una contienda entre los dos líderes que, de 2007 en adelante, han conducido a la Argentina hasta la situación actual.

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El descomunal costo del negocio de la política en Argentina y por qué EEUU es casi 4 veces más eficiente

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Es producto de una democracia que ha degenerado en una competencia populista en donde hay oferta y demanda de populismo

Muchos legisladores cuentan con más personal asignado que el promedio de una pyme en la Argentina (Colin Boyle)

Muchos legisladores cuentan con más personal asignado que el promedio de una pyme en la Argentina (Colin Boyle)

Muchos de mis colegas economistas, en particular los que se llaman liberales, insisten permanentemente en que hay que bajar el gasto público y la presión impositiva. No puedo dejar de estar de acuerdo con esa propuesta y firmo junto a ellos, sin embargo, creo que se quedan en el tema económico y no se plantean algo más profundo todavía que tiene que ver con lo institucional. ¿Por qué razón tenemos este desmadre de gasto público consolidado y, como contracara, la correspondiente presión impositiva que hace inviable cualquier idea de crecimiento?

Mi primera respuesta es que tenemos este nivel de gasto público porque la democracia ha degenerado en una competencia populista en donde hay oferta de populismo y demanda de populismo. Esa competencia populista, en gran medida ha dejado de ser ideológica y ser transformó en una competencia por un negocio que es la política. Puesto en otros términos, la política es un negocio para buena parte de la dirigencia política. El sobredimensionamiento del Estado en todos sus niveles y el despilfarro en asesores y empleados públicos es alarmante.

El gasto en planes sociales y empleo público lo justifican porque dicen que si se lo baja estalla el país, pero la realidad es que cada tanto estalla el país porque sistemáticamente la dirigencia política se niega a reducir ese gasto. Es la forma de conseguir votos. Desde planes a los piqueteros, pasando por pensiones por invalidez a personas que pueden trabajar, empleo público, etc.

Por otro lado, el apoyo de punteros en las campañas políticas luego se retribuye con cargos políticos o empleo público, con lo cual el Estado se transformó en un monstruo que devora la riqueza que genera el sector privado.

 El Estado se transformó en un monstruo que devora la riqueza que genera el sector privado

Un dato muestra el grado de ineficiencia por sobredimensionamiento del Estado. La Argentina tiene 23 provincias y con CABA 24 distritos, para una población de 44 millones de personas, en comparación con 50 que tiene Estados Unidos, con 326 millones de habitantes, con lo cual cada unidad administrativa a nivel estadual es de 1,8 millones de personas en el primer caso y de 6,5 millones en el segundo, que es lo mismo que decir que en la mayor economía del mundo cada distrito es 3,6 veces más eficiente que su par en el extremo sur del continente.

En los Estados Unidos hay 3.143 condados, que son los equivalentes a nuestros municipios, con un promedio de 62 por subestados. En Argentina hay unos 2.300 municipios para 23 provincias, es decir, hay un promedio de 100 por esos grandes distritos. Esto significa tener más intendentes, concejales, empleados municipales y jueces de infracciones, entre otros, en términos relativos.

 El costo de cada unidad administrativa recae sobre mucho menos personas en Argentina que en Estados Unidos, con lo cual, la carga del costo burocrático por persona es varias veces más alto en la Argentina que en los Estados Unidos

Tomemos la siguiente relación de carga burocrática. Estados Unidos tiene 3.143 condados y una población de 326 millones de habitantes, eso quiere decir que cada condado atiende las necesidades de 103.700 habitantes. En Argentina hay 44 millones de personas y 2.300 municipios, con lo cual cada uno atiende las necesidades de 19.130 personas.Los datos anteriores son en promedio, esto quiere decir que el costo de cada unidad administrativa recae sobre mucho menos personas en Argentina que en Estados Unidos, con lo cual, la carga del costo burocrático por persona es varias veces más alto en la Argentina que en los Estados Unidos. Es una simple comparación de costos fijos por unidad producida, en este caso la unidad producida es el contribuyente y el costo fijo el Estado.

La burocracia del Congreso

Tomemos ahora el costo por legislador nacional. Aquí la comparación la hago con España porque tiene una población apenas superior a la de la Argentina, 47 millones de habitantes.

La Cámara de Diputados de Argentina tiene un presupuesto anual equivalente a 208 millones de euros, al tipo de cambio de $45 por euro; y 257 diputados, es decir un costo promedio por legislador en la Cámara baja de 67.400 euros por mes, en sueldo propio y de sus colaboradores, teléfonos, secretarias y movilidad, entre otros. España tiene 350 diputados y un presupuesto es de 91 millones de euros que arroja una relación por legislador de 21.700 euros por mes. Es decir, el costo por diputado argentino es 3 veces mayor que el de un diputado en España.

 El costo por diputado argentino es 3 veces mayor que el de un diputado en España; y el de un senador es 13,5 veces más alto

La Cámara de Senadores de Argentina tiene un presupuesto anual equivalente a 204 millones de euros. Con 72 legisladores en la Cámara alta el costo promedio es de 236.000 euros por mes. En España ese cuerpo tiene un presupuesto anual de 56 millones de euros, con 266 miembros. El costo promedio mensual de cada senador español es de 17.540 euros. En otras palabras, el costo de cada senador argentino es 13,5 veces mayor que el costo promedio de un senador español.

El ingreso per cápita de Argentina es de USD 14.400 y el de España de USD 28.156 en dólares corrientes. Es decir, nosotros que somos más pobres nos damos el “lujo” de tener estructuras legislativas muchísimo más caras que España, que no es justamente un país que se caracterice por tener un Estado de bajo costo.

Por cierto, que la política se transformó en un negocio queda también en evidencia en la cantidad de personal que tiene, por ejemplo cada senador.

El gráfico muestra la cantidad de empleados tanto de planta permanente como de planta transitoria que tiene asignado cada senador. El récord lo tiene el senador Roberto Basualdo de la Alianza Cambiemos San Juan con 60 colaboradores directos. Le sigue Luis Naidenoff con 48 empleados. Ambos son verdaderas pymes, pero pymes importantes.

En total en el Senado hay 1.765 empleados repartidos específicamente entre los 72 legisladores, aunque cabe resaltar que hay otros 3.987 empleados asignados al senado que solo Dios sabe qué funciones cumplen. Ahora bien, en promedio cada senador tiene 24,5 empleados, que surge de dividir los 1.765 por los 72 senadores.

 En total en el Senado hay 1.765 empleados repartidos específicamente entre los 72 legisladores, aunque cabe resaltar que hay otros 3.987 empleados asignados al senado que solo Dios sabe qué funciones cumplen

Es obvio que cada senador tiene una pyme en promedio, algunos son pymes más grandes que otras, y otras parecen ser pymes familiares.

Por ejemplo, el senador Fernando Pino Solanas tiene 35 empleados y dice que tiene que legislar cosas muy importantes. Necesita un equipo de asesores importante con la curiosidad que dos tienen su apellido. Damián Solanas, economista, y Victoria Eva Solanas, que desconozco su preparación para asesorar en temas tan delicados e importantes. No quiero pensar que don Pino Solanas tenga una Pyme familiar a costa del contribuyente. No digo eso. Pero llama la atención.

Lo cierto es que si cada senador va a necesitar una legión de asesores, quiere decir que no están muy preparados para desempeñar su cargo. En otros países, como por ejemplo Chile, los legisladores recurren a fundaciones para que los asesoren.

 Si cada senador va a necesitar una legión de asesores, quiere decir que no están muy preparados para desempeñar su cargo. En otros países, como por ejemplo Chile, los legisladores recurren a fundaciones para que los asesoren

Acá el contribuyente vota a un senador y le paga el sueldo para que legisle, tampoco tiene que legislar tanto porque ahoga las libertades individuales, y los legisladores terminan nombrando asesores cuyos sueldos también están a cargo del contribuyente.

Sobredimensionamiento del Estado burocrático

En definitiva, cuando uno ve estos datos, y hay muchos más para mostrar nuestro sobredimensionamiento burocrático, se pregunta: ¿hay realmente interés de la dirigencia política de reducir el peso del Estado sobre el sector privado o la política se ha transformado en un negocio personal que en forma compulsiva tiene que financiar el sufrido contribuyente?

Mi impresión es que el sobredimensionamiento del Estado dejó de ser un problema ideológico y se transformó en un problema de negocio de unos pocos, aunque cada vez son más en relación a los pocos que quedamos en el sector privado generando riqueza.

 Mi impresión es que el sobredimensionamiento del Estado dejó de ser un problema ideológico y se transformó en un problema de negocio de unos pocos, aunque cada vez son más

Como contrapartida de ese negocio, los políticos reparten subsidios entre diferentes sectores de la sociedad para mantenerla tranquila. En definitiva, cuando digo que hay 21 millones de personas que pasan todos los meses por la ventanilla del Estado para cobrar un cheque y que en el sector privado somos sólo 6,5 millones que mantenemos a esos 21 millones, lo que estoy diciendo es que 6,5 millones tenemos que mantener todo el negocio que armó la política para obtener su renta y repartir subsidios a diestra y siniestra.

Definitivamente nuestro problema no es un problema ideológico. Ahora tenemos que pensar cómo desarmar un negocio que se inventaron los dirigentes políticos a partir de desvirtuar la democracia y transformarla en una competencia populista.

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Alberto Fernández criticó la Ley de Medios que impulsó Cristina Kirchner: “Evidentemente ese no fue el camino”

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En tono autocrítico, el ex jefe de Gabinete del kirchnerismo pidió “ser mejores de lo que fuimos”

El ex jefe de Gabinete se refirió con autocrítica al gobierno de Cristina Kirchner y al massismo.

El ex jefe de Gabinete se refirió con autocrítica al gobierno de Cristina Kirchner y al massismo.

El ex jefe de Gabinete, Alberto Fernández se mostró autocrítico con la política en general, sobre su su experiencia en el kirchnerismo y en su apoyo reciente al líder del Frente Renovador, Sergio Massa. En esa clave, fue tajante con “terminar con la grieta” y “ser mejores de lo que fuimos“.

En un extenso reportaje, Fernández revisó su paso por el massismo y elogió al ex intendente de Tigre por ser “uno de los tipos de su generación más preparados para gobernar“, aunque criticó su forma de entender la política: “Para él es un juego de picardías, y la política es un juego de convicciones y compromisos”.

Acerca de su salto al Frente Renovador, Fernández consideró que el kirchnerismo entonces había terminado un ciclo: “Yo dije que con Cristina no alcanza y sin Cristina no se puede. A ella no le gustó mi frase, después me dijo que tenía razón. En 2017  hasta el último día intenté cerrar un acuerdo entre Randazzo y Cristina. ¿Eso que nos costó?: Macri”

En la misma línea, el ex jefe de Gabinete ratificó las diferencias que tuvo en el pasado con la ex presidente Cristina Kirchner. Sin embargo, ahora la nota “más reflexiva”, aclaró durante una entrevista con el periodista Eduardo Aliverti, en Radio La Red.

“En aquel momento muchos no la pasamos bien con Cristina.  Siempre cuestioné muchas de sus políticas. Creo que tenía razón porque hubo una sucesión de derrotas desde 2009, hasta que perdió al final en 2015″, afirmó.

Además, dijo que mantuvo una forma de ejercer el poder “a latigazos” y mencionó su distancia con los proyectos que fueron insignia en el último período, entre ellos, la Ley de Medios.  

“Me parece que tenemos revisar arbitrariedades personales e institucionales que fueron cometidas en los últimos años. La ley de democratización de la Justicia fue un intento brutal, despiadado e innecesario. Hay que regular el funcionamiento de la Justicia, pero no es ese el modo”, dijo Alberto Fernández.

En la misma clave se mostró tajante sobre el frustrado intento por sancionar la Ley de Medios: “Es obvio que fracasó. Cristina ganó una batalla porque ahora sabemos lo que leemos cuando leemos Clarín, La Nación o Tiempo Argentino. Eso está muy bien, pero, ¿era necesaria tanta sangría para eso? En la practica sirvió muy poco y ahora Clarín tiene una telefónica. Evidentemente ese no fue el camino“.

Sin embargo, Alberto Fernández dijo que  el gobierno de Cristina Kirchner de 2007 “fue el más progresista de toda la historia por la ampliación de derechos” que llevó adelante. Para estas elecciones, insistió en tono autocrítico, que la fórmula debe ser otra y que la unidad es una condición necesaria, aunque “no suficiente”.

“Tenemos que demostrarle a la gente que somos mejores que Macri, y que vamos a ser mejores de lo que fuimos, sino no vamos a entender por qué llevamos cuatro derrotas en los últimos años”, manifestó.

Otros tiempos. Cristina Kirchner en su primer mandato de gobierno junto a Alberto Fernández. (Gentileza: 5 días)

Otros tiempos. Cristina Kirchner en su primer mandato de gobierno junto a Alberto Fernández. (Gentileza: 5 días)

El votante “estafado”

Consultado sobre el compartamiento del votante que se inclina por Mauricio Macri, el ex jefe de Gabinete deslizó su propia teoría y le pidió que “vea todo” y “recupere la capacidad de crítica“.

“A los argentinos los han confundido. Se ha confundido la comunicación política con la manipulación humana”, arrancó Alberto Fernández en su explicación. “El mayor expositor de esta teoría es (el consultor ecuatoriano Jaime) Durán Barba. A la gente se la va llevando a un lugar que deja de pensar, y es movida por sensaciones”.

“El votante de Macri no es un idiota que no sabe votar, es un estafado. Hay un nucleo antiperonista convencido, pero de ese 33%, hay otro resto de personas que los han estafados. El estafado siempre es tratado como un tarado, pero en realidad es una víctima que creyó“, hipotetizó.

En la misma línea de pensamiento, Fernández volvió a adoptar un tono autocrítico y manifestó: “En todos lados se ha perdido la capacidad de crítica, también en nuestro espacio, muchos se enceguecen y no ven cosas. Quien tiene un 70% de rechazo (NdR: se refiere a Macri) no puede ganar nunca una elección, y sin embargo, no lo ven”.

Lo primero que tenemos que hacer es terminar con la grieta. En la grieta están los estafados de Macri, a toda esa gente tenemos que recuperarla para la reconstrucción del país”, desarrolló el ex jefe de Gabinete.

Y finalizó: “No se puede reconstruir nada con el delirio en el que se vive. Si cuestiono a Macri aparecen 10 mil idiotas diciendo que defiendo los bolsos de López, y si digo que López es un sinvergüenza, aparecen otros 10 mil diciéndome que estoy con Macri. Esa Argentina no tiene posibilidades de ser construida”.

 

Foto Tapa : El destape

 

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Radiodifusión y otras yerbas…

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EN EL CAMINO DEL ERROR VAMOS PERDIENDO TODO

Es así, ni más ni menos; es muy común que esto suceda cuando estamos en apuros o confundidos, o cuando no sabemos qué hacer en determinadas circunstancias, y, en esos casos recurrimos “al mejor parche que se nos cruza por la mente” sin detenernos a imaginar siquiera las consecuencias que la“salida encontrada” pudiera acarrear hacia el futuro, por lo general, contrarias al bien perseguido.

Y se llega a esa situación cuando se asume una responsabilidad que excede los propios conocimientos. Y tal situación, normal y fatalmente, ocurre para mal de muchos que confían en “las pericias de los pilotos y en la seguridad de las máquinas”. Existe, entonces una responsabilidad mayor a cumplir y respetar frente a quienes esperan buenos resultados de tales premisas; eso se llama “Presunción de razonabilidad”, algo que jamás debería ser alterado o puesto en“tela de juicio” ante quienes confían a pié juntillas. Lo dicho toma un carácter aún superior cuando se trate de la “Presunción de razonabilidad, racionalidad, idoneidad, legalidad, constitucionalidad, etc.” proveniente de los -supuestamente idóneos o inobjetables- entes del Estado Nacional.

Pues bien, ello no sucede con la administración de los servicios de radiodifusión, en nuestro país.

El país disponía de un espectro de frecuencias radioeléctricas, sobradamente importante, como para satisfacer toda la demanda de particulares para instalar, operar y explotar servicios de radiodifusión de televisión (abierta, directa y gratuita) a lo largo y a lo ancho de todo su territorio. Emisoras de carácter nacional, de tipo regional y hasta las más pequeñas de índole local. Tratándose de medios de recepción abierta, directa y gratuita, cuyos ingresos permitidos llegarían –únicamente- de la venta publicitaria, es de entender que su proliferación sería “acotada” a las posibilidades de cada mercado y, por lo tanto, quedarían en desuso una gran cantidad de frecuencias (canales), las que podrían ser destinadas a “otros servicios”, a fin de dar cabida, y con creces, a las nuevas tecnologías de la comunicación.

Pero, en Argentina todo fue hecho al revés. Desde la década de los 90´, el espectro de frecuencias atribuidas por la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT), el Reglamento Internacional de Radiocomunicaciones y el Convenio Internacional de Nairobi, del cual nuestra Nación es parte (Ley 23.478), ha sido invadido, con el error o el apoyo estatal, por servicios contrarios al uso que debía ser respetado en esa banda del espectro radioeléctrico: la Televisión Codificada (onerosa); más adelante con la Televisión Digital Abierta (TDA), y a la Televisión Digital Terrestre (TDT); luego destinó 18 de ellas a las TIC (Telecomunicaciones), y en la actualidad, a los ciudadanos no nos quedan canales de televisión “abiertos, directos y gratuitos”como hubiese correspondido, según lo determinan las normas respectivas.

Es evidente, que en la confusión y en el apuro, tal vez, de satisfacer “vaya uno saber a quiénes”, se ha ido “perdiendo todo en el camino del error”.

Edgardo Molo

Asesor Técnico Legal

Especialista en Radiodifusión

Periodista

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