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Opinión

Kurt Lutman: “El fútbol está alejado de la belleza, corriendo atrás de una zanahoria que se llama éxito”

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Por: Diego Martini
A pesar de que así se podría llamar algún volante alemán, Kurt Lutman es argentino, bien argentino. Su particular nombre de pila, elegido por su madre por un galán teutón de una novela de Corín Tellado, le impidió tener identificación civil hasta los siete años. Los funcionarios del Registro Civil argentino en años de dictadura –Kurt nació en 1976– no se la querían dar, simplemente porque ese nombre les parecía demasiado raro. De la mano de su padre, que trabajaba en las formativas de Newell’s Old Boys de Rosario, Kurt llegó al club leproso a los cinco años y no paró hasta debutar en Primera División a los 17, después de haber jugado con la selección argentina sub 17 el Mundial de Japón en 1993.

Además de defender a su amado Newell’s, Lutman jugó en Godoy Cruz de Mendoza y Huracán de Corrientes, pero apenas a los 27 años, harto del fútbol profesional, colgó los botines y empezó un nuevo camino, aunque su camino de militancia ya lo había empezado dentro de la cancha. Es recordado por celebrar un gol en un partido con Belgrano cercano al 24 de marzo del año 2000, con una remera que decía: “Cárcel a Videla y a todos los milicos asesinos”. Después del retiro, Lutman trabajó como albañil, vendiendo limones, y empezó a escribir. La semana pasada estuvo por Montevideo para presentar su segundo libro, Semillas para barriletes. la diaria aprovechó la ocasión para adentrarse un rato en su mundo.

¿Siempre al fútbol?
Mi infancia fue jugar al fútbol en la vía. Cuando estaba en Newell’s, simultáneamente, jugaba en la calle y en el campito. La diferencia está en la cantidad de horas. En el club vos entrenás, pero en el campito tenés todo el día, y ese fue mi lugar, mi práctica. El potrero es el laboratorio de todo pibito, porque hay tiempo, no hay apuro. Si uno se equivoca, no pasa a ser suplente. Uno explora.

Además, ahí podemos jugar todos.
Exacto. Están esas dos cosas: el tiempo y lo que vos decís, la inclusión. No hay suplentes. Somos siete contra siete, llega uno a destiempo y entra con el que va perdiendo. Son valores que hay que remarcar, porque escasean.

¿Qué se aprende en ese laboratorio?
Uno empieza a dimensionar el cuerpo con el que luego va a estar adentro de la cancha. Los límites y las potencialidades que tenés. Empezás a ver la velocidad con la que contás, el tiempo que te lleva pasar a un hombre. Cómo aprender a chocar, cómo terminar raspado en el suelo, las distintas formas de caer. Todo lo que después uno explora dentro de la cancha lo testea primero en el campito.

¿Qué cosas aprendés en un equipo que no tenés en la calle?
En juveniles podés aprender muchas cosas, o ninguna. Depende de los compañeros y de los docentes. Yo aprendí a resistir la derrota y a tener humildad en la victoria. Después aparece el saltar algunas limitaciones que uno tiene, y se van presentando los desafíos: la fuerza de voluntad, la fuerza física, la pretemporada. Aparece lo que aparece en todos los juegos. Los que venimos del fútbol lo aprendemos ahí.

¿Aprendiste rápido eso y por eso debutaste en Primera División con 17 años?
Yo no era un distinto, pero tuve la suerte de jugar en la selección juvenil, y eso me posicionó dentro del club como un proyecto. No creo que fuera distinto a un montón de jugadores que no llegaron. A Newell’s llegaron tipos que realmente eran referencia y nos enseñaron a jugar, pero como venían de afuera y estaban amontonados en la pensión pasándola casi siempre mal, desistieron antes. Los que éramos de Rosario teníamos una ventaja, y eso es un garrón, porque se perdieron enormes jugadores.

¿Qué implica debutar tan joven en un club importante?
Debutar joven es adelantar procesos. Yo llegaba verde y sentía que no estaba sólido. Esa sensación tiene que ver con cómo uno se fogueó en la vida, en el afuera de la cancha. Uno está sometido a ciertas presiones en la cancha que no es posible enseñar o convidar. Lo que te hace fuerte a la hora de los bifes es qué tan autónomo fuiste afuera, cómo te han criado. Esa libertad con la que te criaste y enfrentaste algunos peligros hace que puedas definir y desenvolverte dentro de la cancha.

Entonces ¿qué implicó irte a jugar a Godoy Cruz de Mendoza siendo tan chico?
Fue irme de mi casa. Yo era un niño mimado con mis viejos. Se nota cuando un pibe está en la pensión y se está curtiendo solo, en comparación con un pibe del lugar. En Mendoza estaba solo y eso fue maravilloso: tuve que empezar a tomar decisiones. Para un pendejo eso es nuevo. Me encuentro con lo que me va a atravesar por el resto de mi vida, que es haberme encontrado con las Madres de Plaza de Mayo. Fue un momento muy importante para mí, significó encontrarme con la historia de Argentina. Me encontré en el centro de Mendoza con una ronda de madres con pañuelos en la cabeza que no sabía quiénes eran. Ellas me contaron con mucha paciencia lo que había sucedido, y yo quedé flasheado. Fue shockeante saber que había pibes de mi edad que estaban desaparecidos, que habían sido apropiados y no conocían su identidad. Fue duro saber que mientras yo nacía había hombres que se estaban jugando por la educación pública, por la salud, y que estaban desaparecidos.

Pasar a Huracán de Corrientes implicó cambios, tener que pelear por sueldos y condiciones, y hasta sufrís una puñalada de tu preparador físico por ello.
Cuando empecé a ser jugador profesional, me encontré con muchos conflictos. Me di cuenta de lo difícil que es para un jugador de fútbol cobrar su sueldo y que sus compañeros también lo cobren. Me pasó que un día a los que llegamos de afuera nos pagaron el primer mes, pero a los compañeros que estaban les debían seis meses. Tuvimos charlas con los directivos y ellos no querían saber nada con ponerse al día. Tuvimos un choque con el preparador físico, que era un gran tipo, pero bajo ciertas presiones empezó a jugar como herramienta de apriete de los directivos. Hubo un episodio en el que él sacó una cuchilla y encaró a un compañero. Yo me metí a pelear, sin saber que tenía un cuchillo, y el tipo me cortó. Fue como un bautismo en el fútbol profesional. Más allá del episodio concreto, queda lo difícil que es construir un grupo de jugadores cuando los directivos restan y dividen. Un equipo no es 11 tipos vestidos igual. Es una esencia que se mueve debajo de eso, que tiene que ver con el respeto y el afecto.

Después de esas experiencias en Mendoza y Corrientes volviste a Newell’s, y otra vez a hacerles frente a los dirigentes. ¿No te cansabas?
Era algo que ocurría en todos los clubes profesionales. Había un vaciamiento de los clubes, y los jugadores quedaban relegados a un segundo plano. En todos lados se daba el mismo modelo: dirigente inescrupuloso que se chorreaba guita y tomaba al club como un quiosco y no como un caudal de identidad. En esos quilombos, los que no nos adaptábamos a aceptar esa forma terminábamos chocando.

¿Por eso decidiste devolver un sueldo entero cuando tus compañeros no habían cobrado?
En Newell’s era una tradición –o una traición si uno no lo hacía–, que había aprendido de los más grandes. Eduardo López [el presidente] nos dio cheques y nos dijo que no los depositáramos. Mi vieja depositó el mío y le acreditaron el dinero. Yo agarré la plata y se la di al capitán. Eso generó un revuelo, porque López me acusó de haber cobrado y saltó el capitán a decir que la plata la tenía él. Los dirigentes no entendían que peleáramos por el sueldo de otro, porque nunca jugaron al fútbol, no participaron en un grupo que disputó algo colectivamente. Cuando vos participás en un grupo llano, que participa colectivamente, ese desfasaje de que yo cobro y vos no es algo inaceptable.

¿Todas estas cosas obligaron a tu pronto retiro, cuando tenías 27 años?
Me fui cansando de esto y de venir jugando al fútbol desde hacía tiempo. No al fútbol en sí, al fútbol profesional, a ese formato de fútbol. Soy un tipo muy inquieto, y haber estado tanto tiempo bajo una estructura tan rígida como el fútbol profesional no era para mí, tenía ganas de estar por fuera y de hacer otras cosas. Había decidido dejar de jugar, me estaba entristeciendo. Cuando tomé esa decisión era el año 2000 y se venía una crisis muy fuerte en el país. Mis amigos me preguntaban y les decía que quería laburar de cualquier cosa menos de futbolista, y ellos, que trabajaban en otras cosas, me decían que querían ser futbolistas. Era una cosa muy loca.

¿Qué mundo apareció cuando te retiraste?
Empezó lo nuevo. Un concepto que da terror, porque uno no sabe qué es y porque no hay nada sólido. Hay una frase de Arturo Jauretche que dice que uno muchas veces no sabe lo que quiere pero sabe lo que no quiere. Yo sabía que en el fútbol no quería estar más, entonces, desde ahí, había dado un paso convencido. Luego aparece el tejido afectivo, que son los amigos. Me ofrecen trabajar de albañil, o voy a comprar un cajón de limones al mercado y salgo a fraccionarlo. Soy feliz con eso. O comiendo kilos de facturas en la panadería, cuando antes tenía una rigurosidad física. Ahí me doy cuenta de que soy libre y me puedo acostar a las cinco de la mañana. Yo venía de una estructura bastante rígida, me tomé el fútbol como un lugar serio y como una carrera, no me permitía eso. Cuando iba en bicicleta por ahí me daba cuenta de que era libre y tenía todo por venir.

Albañil, vendedor de limones, artista de circo…, ¿cómo aparece todo eso?
Iban apareciendo cosas, porque la vida te las va tirando. Creo muchísimo en la magia, tengo mucha fe. O en cualquier Dios en el que crea cualquier persona. Creo mucho en esas decisiones que uno toma buscando algo superador, algo que te dé alegría. Si uno lucha, la vida se lo ofrece; no lo hace automáticamente, pero te ve luchar y llega. Se me viene la frase “tarda en llegar y al final hay recompensa”, de [Gustavo] Cerati.

¿Cómo empezaste a escribir?
Entre todas las cosas que hacía, empecé a vender un diario, El Eslabón, de Rosario. Entonces me pidieron que escribiera una columna de opinión porque había jugado al fútbol. Yo primero pensé que no tenía nada que ver haber jugado con escribir, pero luego me di cuenta de que sí, que si uno hace algo durante mucho tiempo está habilitado a escribir; el único problema es que uno mismo se habilite. Entonces empecé a escribir hasta que llegó un momento en que tenía un montón de texto, y un amigo me dijo que tenía un libro, que si lo ilustraba, lo limpiaba y hacía lo que se me cantara el culo, podía hacer un libro. De ahí nació El agua y el pez. Pagué todo el trabajo de diseño, de impresión y de dibujo, y me llevé los 500 libros a mi casa, pensando que me iba a meter 300 libros en el culo [ríe]. Hice números y calculé para mis amigos, mi familia, y quedaban un montón por fuera. Terminé haciendo cinco ediciones de ese libro. Es un libro que a mí me enamora porque nació sin que lo buscara.

Un libro que entregaste en bicicleta, que repartiste, y un día alguien te ofreció un recital de música por ese gesto. ¿Eso qué es?
Con la herramienta de Facebook, trabajando artísticamente, publiqué el libro. Mediante los pedidos, los armaba y salía a repartirlos en bicicleta. Era feliz, y encima me entrenaba. Lograba que el cuerpo no se quedara quieto. Una vez me escribió por Facebook un tal Fabricio Locata. Me pidió el libro y se lo llevé. Bajó a atenderme con un estuche. Me preguntó si tenía cinco minutos y si quería pasar. Me dijo: “Escuchate esto”, sacó un bandoneón y tocó un vals. El loco estaba conmovido, porque hacía poco tiempo que había fallecido su maestro, el que le enseñó todo. “Viste qué lindo vals”. Era algo hermoso. Lo tuve haciendo un minirrecital. Después, antes de que me fuera, me preguntó: “¿Vos sos Lutman? ¿Qué sos del Chiche?”. “Es mi viejo”, le contesté. Me contó que mi padre lo había dirigido en Náutico, un club al que iba a trabajar porque en una época no cobraba un peso en Newell’s. Esa es la magia en la que creo.

¿Qué ves en el fútbol de hoy?
Lo veo alejado de la belleza, corriendo atrás de una zanahoria que se llama éxito. No se cuida el placer de hacerlo, porque el disfrute es fundamental. Yo no concibo nada sin disfrute. Fue muy fuerte lo que viví en la presentación del libro de Agustín Lucas. Estuve en un programa de radio (Rituales paganos) con cinco monos descontracturados y riéndose, desde un disfrute enorme. Traslado eso al fútbol. Se busca el éxito sin disfrute. La belleza raja en un espacio así y pira. Pero, cada tanto, aparece alguien que rompe todo.

¿Qué te genera esa gente que juega el fútbol y busca hacer otras cosas?
Es gente a la que admiro mucho. Todos los futbolistas tenemos cosas para decir, contar y hacer. Nos convencieron de que tenemos que hacer una sola cosa, estar ordenados y cumplir horarios. Pero somos infinitos. ¿Te gusta tocar el violín?

No lo sé, nunca lo hice. Pero me gusta.
Si vos te decidís, en un año estás tocando el violín; tiene que ver con el tiempo, nomás. Somos infinitos. En el arte pasa eso. Hay gente que cree que se nace siendo artista. Eso es una falsedad. Somos todos artistas, falta que tomemos esa definición. También somos todos futbolistas, juega el que quiere al fútbol.

¿Qué te genera lo que está ocurriendo acá con el movimiento Más Unidos Que Nunca?
Es una enorme noticia que futbolistas se encuentren y se miren y se reconozcan fuera de la cancha como un equipo,como un colectivo. Después se verá lo que pase, pero esto ya es un triunfo. No tiene que ver con el desenlace, pero también es importante. Que los jugadores se reconozcan como pares y discutan es un triunfo. Que el jugador de Nacional, que cobra, piense en el que está en la C me parece enorme.
Foto: Alessandro Maradei
Fuente: La Diaria

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Opinión

El gobierno se aleja cada vez más del «fifty-fifty» de Perón

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Todos somos peronistas» decía con sorna Juan Domingo Perón cuando se trataba de definir la composición política de la sociedad. Ahora debería agregar «menos los que juran serlo».

Parece insólito pero es verdad: en 2017, pleno gobierno de Mauricio Macri, datos del Indec sostenían que la Argentina había alcanzado el anhelado «fifty-fifty» que proponía Juan Domingo Perón, por el cual trabajadores y empresas se repartían en partes iguales los ingresos que genera el país.

Hoy, con un gobierno que se define como peronista, los asalariados perdieron participación en la distribución del ingreso, mientras el sector empresarial avanzó, según surge de una estadística del mismo instituto..

La participación de los asalariados retrocedió del 49,8% al 46,1% sobre la riqueza total.

La comparación surge del informe del INDEC «Cuenta de generación del ingreso e insumo de mano de obra».

Allí se detecta que el trabajo independiente mostró un leve ascenso en la distribución de la torta, al pasar del 16,2% al 16,4% en la participación sobre la distribución de la riqueza. La masa salarial, en tanto, tuvo un retroceso del 6,8%, con una inflación interanual que se ubicó en el 42,6%.

El informe revela además, un crecimiento de 5 puntos porcentuales en la participación del sector empresarial, que avanzó del 35,2% al 40,2%.

En tanto, de acuerdo con las cifras oficiales, el excedente de las compañías creció 15,3%.

En 1973 el entonces presidente visitó la CGT (foto principal) y en su discurso dijo respecto de las ganancias: «el gobierno se ocupará de que sean distribuidas con justicia entre todos los que la producen. Sin colateralismos y sin ninguna ficción. Fifity y fifty, como dicen. Mitad y mitad». Cuando el 24 de marzo de 1976 se produjo el golpe que derrocó a su esposa María Estela Martínez el objetivo se había logrado.

Ello se volvió un principio irrenunciable para el peronismo – de hecho Hugo Moyano, siendo Secretario General de la CGT lo exigió en varias ocasiones a los sucesivos gobiernos- pero ahora, en medio de consignas y relatos en los que el trabajador pareciera estar en el centro de la escena- la administración que encabeza Alberto Fernández y conduce Cristina Fernández de Kirchner se aleja paulatinamente de aquel objetivo.

Y según los expertos del propio Indec ello se debe a la transferencia de recursos del sector trabajador al mantenimiento de los subsidios y planes sociales. Es decir que el gobierno descansa todo el esfuerzo sobre las espaldas de los asalariados y deja afuera de semejante ajuste al capital, algo inentendible en cualquier sociedad moderna y mucho menos en un estado que dice ser gobernado por el justicialismo.

Pero esto es lo que muestran los fríos números y las estadísticas. Cosas de un país en el que nada es lo que parece…

FUENTE : LIBRE EXPRESION

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Opinión

Guillermo Moreno: “El gobierno de Alberto Fernández es peor que el de Mauricio Macri”

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El ex secretario de Comercio del kirchnerismo se refirió en duros términos al Poder Ejecutivo al criticar cómo gestionó la pandemia y la coyuntura económica

El presidente Alberto Fernández volvió a recibir munición gruesa de fuego amigo. Primero fue el ministro de Seguridad de la provincia de Buenos Aires, Sergio Berni, que cuestionó en público al jefe de Estado y a sus ministros. Ahora se sumó Guillermo Moreno, un dirigente que si bien nunca se mostró afín a este Gobierno, comparte con Fernández la pertenencia a las administraciones de Néstor y Cristina Kirchner.

Sin pelos en la lengua, el ex secretario de Comercio criticó sin reparos la gestión de la pandemia y el rumbo económico hasta tal punto de considerar al gobierno de Alberto Fernández “peor” que el de Mauricio Macri, máximo oponente político del peronismo en los últimos años.

Yo pensé que el peor gobierno iba a ser el de Macri. Este es peor que el de Macri. Dije toda la vida que Macri era un inútil y un vago cuando todos se callaban. Yo pensé que su gobierno había sido el peor, pero este es aún peor”, aseguró Moreno en diálogo con el periodista Daniel Tognetti en AM 530.

Otros tiempos. Alberto Fernández y Guillermo Moreno en una reunión con la entonces presidenta Cristina KirchnerOtros tiempos. Alberto Fernández y Guillermo Moreno en una reunión con la entonces presidenta Cristina Kirchner

El ex funcionario hizo una cruda radiografía de la coyuntura. “El déficit fiscal va a terminar el año en 12 puntos, el año pasado fue de 14, que es el número que tuvo Alfonsín cuando se tuvo que ir, y tenés un desorden en las cuentas externas; eso es brujería, no es economía”, introdujo.

Y desarrolló: “El Banco Central se transformó en una mesa de dinero, que existen en el sistema financiero pero son marginales, pero ahora resulta que el Banco Central se dedica a comprar bonos, cambiarlos por pesos, después por dólares… Eso no es economía, ni siquiera un sistema financiero; eso es una payasada”.

De acuerdo con su visión, que pretende plasmar durante las elecciones con una candidatura a diputado nacional en la provincia de Buenos Aires, los problemas económicos se solucionan aplicando recetas que fueron exitosas en el pasado.

“Hay que hacer lo que hicimos nosotros. ¿Por qué Alberto no hace lo que hicimos? O no entendió lo que hicimos o tiene otras ideas. Él no es peronista, es socialdemócrata, no quiere hacer lo que hizo un gobierno peronista exitoso. No hay nada que inventar: hay que gastar menos de lo que recaudás y venderle al mundo más de lo que le comprás y ahí generás los elementos ordenadores de la economía”, planteó.

Moreno recomendó además declarar la emergencia en seguridad. Dijo que Fernández tiene que hacerse cargo del problema y ponerle el cuerpo a la situación, asumiendo el control de las fuerzas federales y de las policías provinciales.

El que no se quiera hacer cargo de la seguridad de su pueblo que no sea presidente. Esto se resuelve poniendo el cuerpo, no hay que estudiar, no hay que hacer ningún mapa. Se sabe dónde están los muchachos. Hay que hacer lo que hay que hacer. No es un problema de inteligencia policial que a vos se te terminen los motochorros”, dijo.

Y ejemplificó: “El Presidente puede resolver el tema de los Monos en Rosario en 15 minutos”.

La gestión de la pandemia

Moreno recordó que hace un año había advertido que en caso de no adoptar las medidas necesarias, el país se quedaría sin salud y sin economía, y lamentablemente -a su criterio- ambos pronósticos se cumplieron.

Hoy tenés 100 mil muertos y los indicadores dicen que es uno de los peores países del mundo que administró la pandemia”, aseguró.

“Alberto Fernández tenía que evitar el miedo, no asustar al pueblo; fortalecerla no solo de cuerpo, sino también de alma, con iglesias abiertas, misas en las plazas, las vírgenes circulando; tenés que cuidar la salud mental de la familia y del pueblo, conversar con los sociólogos que son los que entienden y finalmente ocuparse de algo tan importante como es la economía, con empresarios y sindicalistas”, analizó.

Y resumió: “El presidente asustó al pueblo, no se ocupó de la salud mental de las familias, no se ocupó de la comunidad, no se ocupó de los servicios religiosos y no se ocupó de la economía. ¿Cómo terminás? Un desastre. Destruiste la economía y la salud”.

 

FUENTE : INFOBAE

FOTO TAPA : TRES LINEAS

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Opinión

El 9 de julio que hicieron los patriotas y usaron los políticos

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San Martín, Belgrano, Güemes, Artigas y Juana Azurduy construyeron un escenario para que algunos hiciesen algo grande con diminutas intenciones. Nacía la política de élites
Artigas: siempre fue rioplatense A pesar de los esfuerzos de la historia oficial de la otra orilla del Plata por presentarlo como “uruguayo”, con el respaldo generoso de Bartolomé Mitre y Vicente Fidel López, deseosos de dejar fuera de su construcción histórica de la Nación a un personaje tan incómodo, Artigas siempre se sintió rioplatense.

En 1816, tropas portuguesas y brasileñas invadieron la Banda Oriental, con la complicidad del gobierno del director supremo Juan Martín de Pueyrredón, que alentó dicha iniciativa a través de su embajador, el nefasto Manuel García.

Artigas luchó en forma heroica hasta 1820 pero ello lo apartó de las jornadas históricas de Tucumán en las que, a instancias de Buenos Aires, se le impidió a la Banda Oriental enviar diputados para cumplir el sueño de su caudillo y líder: una nación del Plata, única y solidaria.

El 6 de julio de 1816, tres días antes de declararse la independencia, Manuel Belgrano, que había regresado de un viaje a Europa en misión diplomática, fue invitado por el Congreso para informar sobre las formas de gobierno y expuso su opinión ante los diputados.Belgrano se vistió de militar y jugó en el campo su patriotismo

Consideraba que lo conveniente era preservar a la región del Plata a través de la declaración de su independencia y del establecimiento de un modo de gobierno monárquico moderado que pudiera ser reconocido por la mayoría de las potencias europeas.

Del mismo modo suponía que tal tipo de gobierno mantendría, como ocurría con Brasil, unificada a la enorme extensión territorial de las provincias liberadas, que habían integrado el antiguo virreinato rioplatense y que se encontraban habitadas por diversos pueblos que estaban secularmente en conflicto.

Ya había regado con su propio esfuerzo la emancipación del país en las gloriosas jornadas de Tucumán y Salta en 1812, en las dolorosas derrotas de Vilcapugio y Ayohúma y en la épica del Éxodo Jujeño. También había conocido la mezquindad del poder porteño, sometido a juicio y al escarnio de quienes le habían encomendado una conducción militar para la que no estaba preparado pero sostuvo con un heroísmo que le permitió detener a los españoles y dar a los congresistas tucumanos tiempo y chances y a San Martín espacio para avanzar sobre Chile y el Perú. ¿Alguien más que él para opinar sobre el futuro de la Patria

Juana Azurduy: siguió a su esposo por amor y lo heredó por corajePara que los diputados electos del Alto Perú pudiesen llegar a Tucumán y para que los ejércitos realistas detuviesen su avance sobre el territorio del país fue necesario que Juana Azurduy, heredera de las republiquetas de su difunto esposo Manuel Ascencio Padilla, muerto ese mismo año de 1816, y Martín Miguel de Güemes en Salta asediasen con sus gauchos y sus indios a los veteranos soldados de Fernando VII y los mantuviesen lejos de los objetivos buscados.

vaya si lo lograron, aunque para ello el caudillo de «Los Infernales» debió dejar su propia vida y con ella la protección a la «flor del Alto Perú» que terminó sus días en la pobreza y soledad más absoluta, a la espera de un reconocimiento que tardó casi un siglo en llegar. Güemes y San Martín: nadie entendió la estrategia y el objetivo como ellos dos

Y como pistón de tanta lucha por la libertad y lindependencia, José de San Martín tomando la posta del Ejército del Norte, proveyendo y sosteniendo a Güemes y avanzando primero sobre Chile y después sobre el Perú para consolidar la emancipación de América del Sur.

Un afiatado mecanismo de reloj, con piezas que llevan el nombre propio de Artigas, Güemes, Belgrano, Juana y San Martín, sin los que nada de todo ello sería posible.

No es casual que la ingratitud haya coronado el final de cada una de sus vidas y que los cagatintas porteños hayan escrito una historia mentirosa y amañada que si no logró cubrirlos de olvido fue por lo gigantesco e inocultable de sus obras.

Pero que explica a las claras el destino de este pobre país en el que sus mentes más brillantes y sus patriotas más heroicos jamás fueron escuchados…

Por Adrián Freijo –

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