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Opinión

La carta de Cristina Fernández de Kirchner en la antesala del acto de homenaje a Néstor Kirchner provocó casi todas las reacciones posibles en el Gobierno

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En una entrevista con Infobae, el escritor y periodista habla de su flamante libro “La traición”, un thriller político en el que reaparece el agente Remil en una trama donde se entremezclan el Papa, la “izquierda caviar”, ex revolucionarios y setentistas, en medio del gobierno de Macri

Jorge Fernández Díaz es sinónimo de pasión, tanto en el periodismo como en la literatura. Sus palabras no sólo parecían sensores que podían internarse en el corazón de las personas cuando escribía sobre el amor, sino que también pueden ser como estiletes dirigidos contra el establishment de la dirigencia nacional si pone la lupa sobre la política.

En la larga entrevista con Infobae, en su barrio de Palermo natal, ese estilo apasionado se convirtió en un bisturí de la realidad nacional, aunque esta vez con la excusa del lanzamiento de su nueva novela, La traición, en la que el agente Remil vuelve en una historia de ritmo vertiginoso en donde se mezclan el Papa, políticos setentistas, ex revolucionarios, corruptos y mujeres misteriosas en una Argentina reciente.

Fernández Díaz aprovechó la mayor parte de la cuarentena obligatoria para escribir este libro, sucesor de los exitosos El puñal y La herida, y confesó que la visita a este medio fue prácticamente su primera salida: quizá eso explique los intensos 54 minutos de una charla en la que fue derribando sin pausas algunos de los mitos que sostienen lo que él llama “la nueva Santa Alianza” que llegó al poder.

-¿Por qué regresó Remil? ¿De qué se trata su libro?

-Inventé a Remil, un agente de una agencia paralela de inteligencia, hace varios años, cuando escribí El puñal y luego La herida, una trataba sobre la narcopolítica y la otra sobre los feudos provinciales. En ambas novelas traté de contar cosas que los periodistas sabemos, intuimos, pero no podemos publicar de alguna manera. Los periodistas podemos publicar el 20% de lo que sabemos porque porque lo otro es impublicable, sería irresponsable difundirlo o no tenemos pruebas. Siempre me pareció que los fenómenos interesantes del lado oscuro de la política eran indecibles y cuando encontré en el periodismo una barrera para contar las cosas, logré saltarla con la ficción.

Fernández Díaz se mete con otro tema complejo en "La traición"Fernández Díaz se mete con otro tema complejo en “La traición”

-¿Estas novelas de ficción parecen complementos de sus columnas políticas en el diario La Nación?

-El artículo de los domingos me obligó a estudiar muchísimo, a volver a la historia política, a releer a los llamados pensadores nacionales, a los años 70, y eso fue muy transformador. Muchas cosas las había leído a los 20 años, cuando estaba cerca de la izquierda nacional, pero ahora los volví a leer de una manera crítica. Esto influyó mucho sobre mi tarea periodística y también se fue filtrando en las novelas de Remil, que son thrillers políticos. Confieso que había escrito un ensayo de 1000 páginas sobre el fenómeno del kirchnerismo, que tenía terminado en marzo cuando llegó la pandemia, y la editorial me dijo que no podían publicarlo porque no había mercado. Y Nacho Iraola, el director editorial de Planeta, me dijo: “¿Por qué en este tiempo de cuarentena no escribís una novela de Remil?”. Sentí que esa novela podía ser como una extensión de ese ensayo o podía destilar de alguna manera todo lo que sentía que había pasado, sobre todo durante los últimos cuatro años.

-¿Cuál fue el origen de la historia de La traición?

-Comienza con un viaje que hice hace dos años para vivir dos meses en París. Fui becado por Mozarteum Argentina y estuve viviendo dos meses allá. Y cuando estaba en el aeropuerto de Orly, a punto de viajar a Sevilla para dar una charla con Pérez Reverte, se me ocurrió la idea iluminadora. En ese momento, acá estaba estallando la Argentina: habían apedreado el Congreso de la Nación, habían tirado 14 toneladas de piedras, se había disparado el dólar, todo el mundo jugaba con el helicóptero y todos apostaban a que ese gobierno también se iba a ir antes, con lo cual la idea de un partido único, de que sólo el peronismo puede gobernar, iba a quedar totalmente instalado.

-¿Le ayudó la distancia para encontrarle la vuelta a la historia?

-Creo que sí. Porque fui pensando en todo esto y en cómo intervenía la Iglesia de manera importante en la política argentina, uniendo al peronismo, acogiendo a los setentistas, articulando con los referentes sociales, en una alianza muy destructiva cuando estaba en la calle y que ahora está perjudicando mucho la gobernabilidad porque los que hicieron aquello son los que gobiernan hoy. Así que se me ocurrió en el aeropuerto una idea sobre un amigo del Papa, totalmente inventado, que llama a los agentes de inteligencia, Cálgaris y Remil, a París y les dice que está preocupado… claro, el Papa tiene relaciones con personas non santas, sindicalistas multimillonarios, corruptos, personajes incluso violentos, y a todos recibe, con todos se saca fotos y con todos confraterniza. Ya sabemos que Bergoglio, en lugar de jugar al Nintendo o al dominó, le encanta jugar a la política, ser el Perón de Santa Marta y mover las fichas en la Argentina desde hace varios años. Porque él realmente no quería ser Papa, él quería ser un Juan Domingo Perón, ese era su gran sueño y sigue tratando de serlo. Y entonces se me ocurrió la idea de que hay alguien cerca de él que está preocupado por esas relaciones peligrosas y porque alguien se había tomado en serio la ficción. ¿A qué me refiero con la ficción? A qué aquí ha habido una glorificación de los 70, una especie de neosetentismo, una especie de juego a que “estoy en una revolución”. Juego a que el gobierno anterior fue una dictadura, juego a que estoy haciendo la resistencia peronista, juego a que hay persecución como en la Revolución Libertadora. Son todos juegos de Palermo Hollywood porque no tienen consecuencias. En realidad, no tienen consecuencias para los que juegan, pero tienen consecuencias para la democracia.

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Entrevista con Jorge Fernández Díaz

-¿Cuál es el eje de la historia que cuenta La traición?

-El eje fue que alguien cercano al Papa estaba preocupado porque uno de estos ex setentistas se había tomado en serio la idea de que estaban en un estado prerrevolucionario frente a una dictadura y que era necesario dar un golpe de efecto. Un poco a la manera de Gorriarán Merlo. Esa idea era inquietante y me pareció que había una novela ahí. Cuando volví a la Argentina, seguí viendo cómo se manejaba en la calle esta nueva alianza formada por pobristas eclesiásticos, setentistas o neosetentistas alucinados y progresistas que durante toda su vida vivieron denunciando la corrupción y de repente se plegaron al autoritarismo y a la corrupción sin que pase nada. Me pareció que todos estos personajes tenían que estar en la novela porque formaban parte del asunto que quería tratar.

-El libro es más corto, pero con un ritmo que deja sin aliento.

-Tenía que ser una novela más corta, como cortada a cuchillo, que fuera más intensa que las otras o que, por lo menos, tuviera la intensidad de las otras, pero más condensada. Para lo cual tuve que estudiar también: volví a las viejas novelas de Maigret. Porque yo recordaba que Simenon, que hoy es considerado una especie de Balzac del siglo XX por los franceses y los europeos, escribió esas novelas que eran cortas, pero en las que pasaban muchas cosas de una manera muy intensa. Me pregunté cómo podía lograr eso y entonces me leí ocho novelas de Maigret. Estudié su estructura, sus trucos que justamente no parecen serlo, donde las cosas te capturan y no podés dejar de leerlo. Así que me puse a escribir con esa idea de un Remil más condensado, pero que no te deje dormir, aunque a quien no me dejó dormir fue a mí: cuando hice un Remil en la narcopolítica pude inventar muchas cosas, luego en un feudo provincial también pude inventar, son lugares lejanos en donde puedo engañar mejor al lector como escritor de ficción, pero cuando lo subís casi al tiempo real, cuando están el Papa, los progres, el kirchnerismo o ponen una granada de mano y casi vuelan un hospital para perjudicar a María Eugenia Vidal, cuando las cosas suceden casi en el terreno periodístico de la actualidad política, se vuelve más difícil la espectacularidad y la emocionalidad de una novela de espías.

-La novela tiene elementos de la realidad que son muy palpables para la gente.

-Claro, son muy palpables y no es tan creíble que yo me haga el Jason Bourne. Cuando iba escribiendo me decía: “Esto no es creíble”, y lo tiraba, volvía para atrás o me levantaba a las dos de la mañana y pensaba que no iba a funcionar, que nadie lo iba a creer. Es la primera vez que tuve que modificar mucho el guión de la novela mientras se iba escribiendo. Estuve encerrado con mi mujer, Verónica Chiaravalli, editora, erudita y una gran lectora, y muchas veces le dije con angustia: “Mirá, esta novela es un grave error”. Y ahí repensamos todo y le fuimos encontrando la vuelta. Quedó una novela muy seca, rápida, contundente, que tiene todas las sorpresas juntas. Y no es una película de buenos y malos, es una película de malos y peores…

-Muy realista en ese sentido (risas).

-Muy realista. Quienes aparecen son gente de los servicios de inteligencia capaces de cualquier cosa, pero, a la vez, quienes están en el terreno son esos progresistas que de repente se corrompen o que cometieron pecados graves en la década del setenta y tratan de esconderlos de la opinión pública, o esos setentistas que tienen una visión mesiánica. Una de las cosas más impactantes que pasaron en la Argentina, y que no es registrada por los medios, es esta exaltación de la cultura de los setentistas. He escuchado decir: “No estamos de acuerdo con la lucha armada que llevamos a cabo en los setenta, ni estamos de acuerdo con llevarla a cabo hoy, pero sí con los ideales”. Bueno, el problema es que cuando estudiás bien los ideales, eran totalitarios. Casi diría que la lucha armada derivó de los ideales totalitarios, como dicen algunos especialistas en el tema. Los propios Montoneros decían que iban a matar un millón de personas: “Y sí, una revolución es así”. En los colegios, en las facultades o en los medios públicos, a los chicos les cuentan una mentira infame: que aquellos jóvenes querían la democracia. No es verdad, querían una dictadura popular o una dictadura del proletariado, dependiendo las distintas fases y las distintas facciones. De democracia no tenía nada.

En el libro "La traición" reaparece el agente de inteligencia RemilEn el libro “La traición” reaparece el agente de inteligencia Remil

-¿Cómo se refuta eso si hay un discurso dominante desde el Gobierno?

-Hay algunos neorrevisionistas que están examinando los 70, y me parece muy potable, pero el sistema educativo está en manos del kirchnerismo. Hay un juego que por momentos parece inocente: son como chicos de Parlermo Hollywood que se meten en una PlayStation, juegan a matar y después se van a tomar una cerveza. Esa cultura fue consolidándose en los últimos quince años en la Argentina, fue institucionalizada desde el Estado que permeó hacia abajo con los ideales de los Montoneros desarmados, por decirlo de alguna manera. Esos ideales son autoritarios y entonces vemos todos los días cosas graves que ocurren, desprecio por la democracia, por los límites, por la ley.

-¿Qué ejemplos hay?

-La toma de tierras está inspirada en esa idea. Hay como un jubileo alrededor la idea de que estamos haciendo la reforma agraria que soñamos en los 60, en los 70. Lo cual es una verdadera imbecilidad que ni siquiera el Gobierno puede parar. Porque si el Gobierno quisiera entregar tierras, lo único que tiene que hacer es decir: “Muchachos, vamos a hacer legalmente esto”. Pero no puede parar a los propios miembros de su coalición…

-Es que en el Gobierno tampoco hay una posición unificada sobre el tema.

-Porque dentro del Gobierno hay de todo. Este gobierno fue cocinado en esta Santa Alianza porque el Papa habla de la tierra como algo fundamental. Grabois, que es su operador en el mundo de la pobreza, está a favor de la toma de tierras y el Papa es alguien fundamental, alguien que logró unir al peronismo contra el gran mal argentino, que es el liberalismo político. No me refiero al liberalismo económico, sino al político, o sea la democracia liberal de alguna manera. Entonces aquella alianza sirvió para desgastar y destruir un gobierno, independientemente de los errores que cometió esa gestión. Siempre hubo una actitud destituyente, salvaje, primero iniciada por el kirchnerismo, después con el kirchnerismo y el trotskismo unidos en la calle, y luego con gente de la Iglesia trabajando de manera intensa. Es decir, toda una estructura que fue tan buena para desgastar al gobierno macrista y hoy desgasta al gobierno peronista. Porque están todos adentro, tironeándose con sus distintas posiciones. Alberto Fernández me dijo alguna vez que le parecía un grave error haber resucitado el espíritu de los 70, que eso lo había hecho Néstor Kirchner. Creo que Néstor necesitaba eso que siempre decía: “La izquierda te da fueros”. ¿Qué era ser de izquierda? Resucitar un poco los 70. Y eso se fue convirtiendo en una ola y su viuda está más convencida todavía, rodeada de setentistas. De algunos que sobrevivieron sospechosamente o hicieron cosas en el pasado de las cuales se avergüenzan. Esta es la idea que yo quería denunciar: quería que fuera un libro de vueltas de tuerca, de persecuciones, de espionaje, de mujeres misteriosas, que tuviera todo eso, pero que lo que sucediera avanzara sobre este terreno, este enorme fenómeno inquietante que hay en la Argentina.

"Tenía que ser una novela más corta, como cortada a cuchillo", dijo Fernández Díaz“Tenía que ser una novela más corta, como cortada a cuchillo”, dijo Fernández Díaz

-Usted lo menciona en el libro en boca de uno de sus personajes. Esos ex revolucionarios no hicieron autocrítica ni pidieron perdón por los crímenes que cometieron.

-Los dirigentes de entonces prácticamente nunca han pedido perdón. Les costó hacer un homenaje a Rucci hace poco en la Legislatura bonaerense porque lo mataron. La idea de la izquierda y la derecha en el peronismo como linajes enfrentados sigue estando.

-¿A qué responde el hecho de que no hayan hecho autocrítica?

-Durante todo un tiempo dijeron que habían sido errores de juventud, momentos de la historia y nada más. Pero además se entronca con el chavismo, tratar de conciliar la vieja idea de John William Cooke de congeniar a Perón con Fidel Castro. Chávez congeniaba con eso y por eso les gusta tanto y están tan comprometidos ideológicamente con ese verdadero desastre humanitario, político y económico que es el chavismo, además de los negocios del kirchnerismo. Empezaron a ser exaltados: “No, no pidas perdón por lo que hicimos, teníamos razón”. “Nuestros hijos tenían razón”, dijeron las Madres de Plaza de Mayo. Es decir, hay una serie de transformaciones en esos que habían hecho cierta autocrítica en silencio, aunque nunca les pidieron perdón a las víctimas, muchos de ellos cobraron la indemnización y ahora son dan charlas en colegios, los llaman como si fueran héroes de Malvinas. De hecho, hace un año hubo dos héroes de Malvinas a los que echaron a patadas de una escuela importante. En cambio, todos estos personajes van a contar sus grandes luchas y sus grandes aventuras. El kirchnerismo ha creado un Frankenstein, un feudo que trata de pasar como si fuera de izquierda y haciendo memoria emotiva han traído a los 70 de vuelta y los han convertido en una cultura. Hace 15 años no hubiera podido escribir este libro. Primero porque todo este proceso ni estaba todavía decantado y segundo, porque incluso para nuestra generación estábamos un poco colonizados: los años 70 eran de aquellos que habían dado la vida por sus ideales. ¡Minga, dieron la vida por un régimen que iban a instalar y que hubiera sido abominable! Eso no quiere decir que la dictadura haya estado bien, todo lo contrario, fue algo mucho peor. Nosotros hemos sido criados en la democracia con la idea de que esos eran nuestros hermanos mayores, les permitimos que sean nuestros gendarmes ideológicos, que nos dijeran qué pensar, qué estaba bien y qué estaba mal.

-¿Cómo se combina ese Frankenstein que usted menciona con la necesidad de dar señales de otro tipo para atraer inversiones extranjeras o arreglar con el Fondo Monetario?

-Hay dos fuerzas. Hay una dentro del Gobierno que tiene la misión de sacar a la Argentina de la recesión y de la depresión económica, algo que se consigue con inversiones, con exportaciones, con relaciones con el mundo de manera lo más amigable posible, combinado con otro sector que le gusta Irán, que defiende a Chávez, que está en la toma de tierras, que está colonizando la justicia y buscando la autoamnistía general para el peronismo, una vez más. La inseguridad jurídica que emite todos los días la Argentina, más la inseguridad política y social, los ataques a la propiedad privada y a la libertad de expresión, son totalmente contradictorios con la otra idea de tratar de salir de alguna manera de la recesión. Ese es el problema de un gobierno que se anula a sí mismo porque fue creado con un solo objetivo: destruir al gobierno anterior, que no vuelva más, tomar el poder y liberar de todas las causas al estado mayor kirchnerista. Lo que ellos querían era una democracia apócrifa, como la de San Luis, Formosa, como la de Santa cruz. Quedarse con los jueces, reformar tarde o temprano la Constitución, reformar el sistema electoral, fragmentar a la oposición para que sean sparrings, quedarse para siempre. Que parezca desde lejos más o menos una democracia, no un régimen militarizado, por supuesto, y en eso están. Ese es el proyecto verdadero.

-¿Cómo ve a los opositores?

-Esa oposición cometió muchos errores cuando gobernó, pero después la quisieron voltear por las cosas que hizo bien, como sacarle el cepo a la justicia y dejar que actuara. Ahora quieren construir eso como una persecución política: no, fue una persecución del Código penal. Ahora no existe nada. Los Cuadernos no existen, todo va a desaparecer en el aire. La oposición está tratando de mantenerse unida, que es lo principal, porque estamos ante un populismo que avanza, destruye y se apodera de todo. Si no se mantiene unida, la oposición está liquidada. De todas maneras, lo más interesante que pasa en la política es que la oposición es conducida por la gente.

Fernández Díaz: "El principal daño se lo ha hecho el Gobierno a sí mismo"Fernández Díaz: “El principal daño se lo ha hecho el Gobierno a sí mismo”

-¿A qué se refiere?

-La oposición no conduce a la gente, pero la gente conduce a la oposición. Es ese 41% que ahora está ampliado, porque en los banderazos ya hay gente que votó a Alberto Fernández porque iba a controlar a Cristina y que está enojadísima por cómo manejó las cosas. Hoy son más del 41% los que están movilizados. Es conmovedor ver a la gente pidiendo división de poderes, respeto republicano, algo que llamo republicanismo popular, disputándole al peronismo no sólo la calle sino también el concepto de pueblo. Han sido muy habilidosos en apoderarse de esa palabra.

-Pero esa gente no parece tener un líder.

-No tiene, es un movimiento fuertísimo de la vieja Argentina. Son herederos de dos conceptos, lo que llamo el país bueno, que luego se convirtió en el país normal. El país bueno era aquel país en el que nosotros crecimos, hijos y nietos de inmigrantes, con una clase media pujante Cuando querían hacer la revolución estos muchachos había 4% de pobres en la Argentina. Era otro país, otra escuela, otros valores, se creía en la ley, se creía en el futuro, éramos laburantes. Ese viejo país bueno se fue malformando, destruyendo. Queda el concepto de tratar de volver no quizá a ese país bueno, pero sí construir una especie de país normal para salir adelante y progresar. Donde el progreso sea una buena palabra, no apropiada por regresistas como les dice Felipe González a estos “progre” populistas que quieren regresar a ideales de los 70. Nosotros, en realidad, queremos regresar a ese país posible, donde hacer méritos estaba bien, donde había que romperse el tujes para progresar, para salir adelante, donde había ascenso, respeto a la ley. Hoy no se respeta la ley, no hay límites, está mal progresar, hoy es sospechoso que vos quieras hacer méritos. Todo esto esto bajo la idea de que el Estado, manejado por un caudillo providencial, tiene que tutelar las cosas.

-Habla de ese sistema caudillesco como si Cristina Kirchner estuviera al frente del Poder Ejecutivo. ¿Cuál es el papel de Alberto Fernández en este gobierno?

-Alberto es un gestor de Cristina. Tampoco están tan definidas las cosas. Cristina toma distancia cada vez que las cosas van mal. Lo hizo siempre ante las grandes tragedias. Y creo que ella presiente una gran tragedia. Y presiente bien. Porque la economía y la explosión social son muy inquietantes. Este es un gobierno constitucional, debe gobernar cuatro años y tiene que sacarnos de esta situación extrema, pero se tiene que dejar ayudar, dejar de cavar el propio pozo en el que está todos los días. El principal daño se lo ha hecho el Gobierno a sí mismo. No se lo hicieron la oposición, los banderazos ni los medios. Todos los días se disparan un tiro en los pies. A veces, dos o tres tiros.

-¿Qué reacciones imagina que despertará el libro entre esos personajes de los 70?

-Me encantaría que salieran a pegarme las vacas sagradas con las que me meto. No creo que tenga tanta suerte, pero está un poco dedicado a ellos. Mi representante, María Lynch, que está en España pero conoce mucho la Argentina, me dijo una frase muy española cuando leyó el libro: “Levantará ampollas”. Esas ampollas son necesarias. Tenemos que discutir sin miedo muchos de los grandes camelos que nos están metiendo en la cabeza.

FUENTE : INFOBAE

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LAS ZONCERAS QUE DICE CRISTINA CUANDO HABLA DE ECONOMÍA

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Es muy difícil entender por qué una persona inteligente como la Vicepresidenta pifia tanto en un tema central. ¿Pifia o miente? ¿En qué medida cree lo que dice o dice lo que cree que le conviene?.

Cristina Kirchner (Franco Fafasuli)

El lunes por la tarde, en Avellaneda, Cristina Kirchner intentaba demostrar -con ciertas dificultades- que las ganancias de las grandes empresas son el principal motivo de la inflación. En ese contexto, la Vicepresidente empezó a juguetear con una expresión desconocida para la mayoría de las personas. “Me puse a mirar la edbita de algunas empresas…”, anticipó. “¿Qué es el edbita de algunas empresas?”, se preguntó. “Cuando voy a mirar, por ejemplo, el edbita…”, insistió. “¡224,3 por ciento de edbita!”, destacó. Tanto énfasis en esa palabrita, tenía un costado, a la vez, complicado y gracioso. Porque, en realidad, nadie en el mundo sabe qué es el “edbita”. A juzgar por el contexto, tal vez Kirchner se refería al ebitda, que es el acrónimo de la expresión “Earning before interest, taxes, depreciations and amortizations” (ganancias antes de intereses, impuestos, depreciaciones y amortizaciones).

Se trata de un desliz menor y disculpable, porque el concepto estaba bien explicado en castellano. Además, a mucha gente le sucede que cancherea y queda pagando. El problema se agravaría, en cambio, si ese pequeño error revelara que la ex presidenta presume de saber mucho de Economía, cuando no tiene idea del asunto. Y sería mucho más grave aún si en función de esa ignorancia de base emprende batallas políticas o embate violentamente contra su propio gobierno. En sus últimas intervenciones, Kirchner ha dado señales de que eso es, precisamente, lo que está ocurriendo. Por eso, seguramente, varios economistas y periodistas que la han defendido en las situaciones más difíciles, empezaron tomar distancia y a manifestar cierta perplejidad frente a sus intervenciones.

He aquí un listado, para nada exhaustivo, de las últimas incongruencias vicepresidenciales:

1. Durante el discurso del lunes, Kirchner sostuvo que ella defendió las reservas argentinas al imponerle a empresas con balance comercial negativo, que desarrollaran proyectos para exportar. El miércoles insistió con ese tema al citar una nota periodística que destacaba la experiencia supuestamente virtuosa de la empresa Newsan. Más allá de ese caso, que merece un análisis más exhaustivo y sobre el cual hay versiones contrapuestas, tal vez corresponda analizar qué pasó con las exportaciones y las importaciones durante la gestión de CFK: no fijarse en pequeños detalles sino en el cuadro general. Los datos del Banco Central indican que, a un valor 100 para 2004, las exportaciones -en cantidades- apenas treparon a 104 para el 2015. Las importaciones, en cambio, aumentaron –también en cantidades- a 242 en el 2011. Los resultados de su gestión en términos de defensa de las reservas, y por lo tanto de la soberanía nacional, fueron muy malos. Es criterioso entonces que otros funcionarios eviten repetir esa experiencia fallida. Pero CFK sostiene que, como usó la lapicera, tuvo éxito; y arma un escándalo cuando no aplican sus recetas. Hay allí un pequeño problemita para todos y todas.

2. Pero los problemas apenas comienzan. El lunes pasado, Cristina Kirchner dijo: “En el ranking de países evasores, de países donde la evasión es muy importante, Argentina ocupa el tercer puesto. En nuestro país la recaudación representa el 28 del PBI cuando debería representar el 45 del PBI. El primer país es Guyana. El segundo lugar del podio está ocupado por Malta, que no es una cerveza ni una marca ni nada… Y el tercero Argentina. Sí. Tercer país evasor en el mundo, junto a Zambia, a Pakistán y no me acuerdo a qué otro país más”.

La historia de cómo CFK llega a esos números es impactante. Unos días antes del acto de Avellaneda, el Instituto Patria difundió un trabajo donde están los datos que nutren a la vice. Ese estudio concluye que, de existir “un eficaz control tributario”, la recaudación aumentaría un 60 por ciento y representaría un 45 por ciento del PBI en lugar del 28 actual. Eso mismo repitió Cristina. Para obtener esas conclusiones, “el Patria” se apoyó en un estudio realizado por la Universidad de las Naciones Unidas, sobre una base de datos del FMI.

Lo que no dicen “el Patria” ni la Vicepresidente es que todos los datos ¡¡¡corresponden al año 2013!!!!. Es decir, que la incapacidad de recaudar como corresponde se debería a su Gobierno y no al actual. El pequeño detalle da sustento a una frase que pronunció esta semana el periodista Alejandro Bercovich: “Se está asesorando con economistas del fondo de la ola”. ¿No lo vieron? ¿Lo ocultan? El cuadro puede verse a continuación: allí, en el encabezado, se lee claramente a qué año pertenecen los datos.

Todos los años, varios organismos internacionales de primer nivel -el Ciat, la Cepal, el BID y la Ocde- elaboran un trabajo llamado “Estadísticas tributarias en América Latina y el Caribe”. El 27 de abril difundieron el correspondiente al período 2010/2020. Los datos de ese informe son brutalmente distintos a los que presentó la Vicepresidenta. En principio, la Argentina aparece como el tercer país que recauda más impuestos como porcentaje del PBI en la región. La Argentina recauda el 29,3 por ciento del PBI, 8 puntos más que el promedio de los países de América Latina y el Caribe. Ese estudio informa que los países de la OCDE recaudan 33 puntos del PBI, ¡doce menos de los que Cristina cree que podrían recaudar la Argentina! ¿De dónde sacaran en “el Patria” esas conclusiones que ella repite? ¿Del edbita?

O sea que, en base a datos que revelarían cómo recaudaba el gobierno que ella presidía 2013, la Vicepresidenta denunció como inoperantes o cobardes a los actuales ministro de Economía, titular de la AFIP y presidente del Banco Central , y pidió sus remociones. Al mismo tiempo, acaba de colocar al frente de la aduana a Guillermo Mitchell, que era el número 2 de la AFIP cuando, según el estudio en el que se apoya el instituto Patria, se recaudaba tan mal. La casa está en orden.

3. Los problemas se profundizan. Luego de su salida del Ministerio de Desarrollo Productivo, Matías Kulfas presentó una carta de renuncia muy crítica hacia la política energética del Gobierno, por la que responsabilizaba a la Vicepresidenta. Horas después, la empresa estatal involucrada, Enarsa, le contestó a Kulfas. Esa respuesta fue respaldada por Cristina, quien la subió a sus redes para darle una máxima difusión. Allí aparece una frase que mezcla el surrealismo con la psicodelia: “Es miópico (sic) sostener que la importación de energía debilita a las reservas internacionales del país”. Ningún economista, de la línea teórica que fuere, podrá entender jamás cómo alguien escribió semejante cosa. ¿De dónde supondrá la Vicepresidenta que salen los recursos para pagar las importaciones? Si alguien realmente cree que importar energía no debilita las reservas, tal vez no se preocupe cuando su país pierde la soberanía energética, que fue exactamente lo que ocurrió cuando Kirchner gobernaba.

Matías Kulfas (Maximiliano Luna)Matías Kulfas (Maximiliano Luna)

4. A principios de mayo, Cristina dio el primer discurso en el que desarrolló su teoría sobre cómo se combate la inflación, en base a su propia experiencia. Dijo entonces: “Tuvimos una devaluación en enero de 2014 y la inflación se nos fue a 38. Pero al año siguiente la bajamos a 24 o 25″. Esa frase ofrece varios flancos. El primero es que se trata de un recorte que omite lo central. Lo que en realidad ocurrió con la inflación desde que Cristina asumió en 2007 no fue, precisamente, que “la bajamos”. En 2006, antes de que ella asumiera, los precios en la Argentina habían subido un 9,8 por ciento. Pocos años después, como reconoce Cristina, habían trepado a casi un cuarenta por ciento. La mala praxis produjo el regreso de la inercia inflacionaria, erradicada en los años noventa mediante la convertibilidad. No había vuelto ni siquiera luego de la trágica ruptura de ese régimen. Pero además, la razón por la que en 2015 hubo menos inflación que en el 2014 no tiene nada que ver con la lapicera de Cristina: simplemente, en 2014 el Gobierno devaluó y al año siguiente no. Lo que parece una discusión histórica tiene efectos determinantes sobre el presente. Porque, contra toda evidencia, ella cree que efectivamente triunfó contra la inflación gracias a la administración de la puja distributiva y entonces recomienda medidas similares a las que, en realidad, causaron el problema.

5. En ese mismo giro, Cristina permite recordar tal vez la única medida significativa que tomó durante su mandato contra la inflación. “Tuvimos una devaluación en enero de 2014 y la inflación se nos fue a 38. Pero al año siguiente la bajamos a 24 o 25″, dijo. El problema de ese ejemplo es que en ese año, el 2014, la inflación oficial, que informó su propio Gobierno, había sido del 23 por ciento y no del 38, ¡15 puntos menos de lo que Cristina reconoce ahora! Esa diferencia se explica porque el Gobierno de Cristina Kirchner, durante largos ocho años, mintió sobre la inflación. Eso logró el milagro de bajar la inflación, que ella recuerda con orgullo, mientras, al mismo tiempo, subían los precios, un detalle que ella olvida.

6. El discurso del lunes tuvo otro gran momento. La Vicepresidenta dijo que todo proceso inflacionario fue precedido por un gran endeudamiento. Para defender esa idea apeló a dos ejemplos: la inflación de la década del 80 que sucedió al endeudamiento producido durante la dictadura, y la actual, que es posterior al endeudamiento de la gestión macrista. La historia ofrece dos contraejemplos muy recientes. El primero es el de la década del 90, cuando la deuda crecía a paso rápido mientras había deflación. El segundo es autobiográfico. Antes de la asunción de CFK, Nestor Kirchner no había endeudado a la Argentina sino, todo lo contrario, la había desendeudado. Entonces: ¿por qué entonces con ella volvió la inflación? Esa pregunta es el elefante del que nunca se habla en los discursos de la Vicepresidenta, pero que puede ver cualquiera que no sea un believer: con ella volvieron la inflación, la restricción externa, la pérdida de la soberanía energética, los déficits gemelos. ¿No debería explicar algo de eso en lugar de presentar como una serie de triunfos lo que, en realidad, fue una cadena de derrotas?

Cristina Kirchner y Alberto Fernandez (Franco Fafasuli)Cristina Kirchner y Alberto Fernandez (Franco Fafasuli)

7. Durante sus últimos discursos, la Vicepresidenta elogió al capitalismo chino, en comparación con el norteamericano, porque incluyó muchas más personas en el mercado, y las sacó de la pobreza. Al mismo tiempo, reclamó aumentos de salarios en la Argentina. Cualquier conocedor superficial del proceso de desarrollo chino, sabe que ese proceso tan espectacular tuvo entre sus rasgos centrales a los salarios bajos. Empresas de todo el mundo se radicaron, entonces, en China para aprovechar esa ventaja. CFK admira la manera en que se desarrolló China pero recomienda lo contrario para la Argentina. ¿Cómo se juntarán las dos ideas? Misterio.

8. En septiembre del año pasado, luego de la debacle oficialista en las primarias, la Vicepresidenta difundió una carta en la que adjudicaba el resultado electoral a un supuesto plan de ajuste del Gobierno. Un ajuste implica que el Estado gaste menos que un año antes. En agosto de 2021, sin embargo, se gastó 66 por ciento más que el mismo mes del año anterior, una diferencia que superaba con creces a la inflación. “Tiene razón Guzmán. No hubo ajuste”, explicó por entonces Alfredo Zaiat, tal vez el periodista más elogiado por CFK en sus discursos.

9. En la misma carta, la ex presidenta había dicho que este Gobierno tiene más reservas que el suyo para enfrentar la presión cambiaria. Su ex viceministro de Economía, Emmanuel Álvarez Agis, explicó que en 2009 Cristina disponía de 45 mil millones de dólares de reservas. En el momento en que Cristina escribió su carta había solo 9 mil millones. ¡Cinco veces menos! De esa magnitud suelen ser los errores de la Vicepresidenta. No se trata solo de confundir ebidta con edbita.

10. La relación de Cristina Kirchner con los números, en realidad, siempre fue complicada. El ejemplo que mejor permite entenderlo es lo que ocurrió con la resolución 125. Esa medida reestructuró el esquema de relaciones políticas y humanas en la Argentina. Muchas familias y amistades se rompieron en ese momento. El peronismo se dividió. Durante siete años, ella agredió a quienes señalaron que aquella medida era un error político y, sobre todo, técnico, de la misma manera que agrede ahora a quienes no acuerdan con su mirada. En el año 2015, durante la campaña electoral por la jefatura de Gobierno porteño, Cristina admitió que la resolución 125 tenía, efectivamente, un problema de cálculos. Por entonces, Martín Lousteau encabezaba una lista opositora. “Ahí está el que nos hacía mal los números de la 125″, dijo Cristina. Finalmente, había llegado el reconocimiento del error. Tardísimo. El daño ya se había producido.

Es muy difícil entender por qué una persona tan inteligente como Cristina Kirchner pifia tanto en un tema central. ¿Pifia o miente? ¿En qué medida cree lo que dice o dice lo que cree que le conviene? Nadie puede responder esas preguntas. Lo cierto es que tantos errores de diagnóstico, y de tanta magnitud, explican muchos de los pesares que viven los argentinos. Gobernar no es solo una cuestión de números, pero los números importan mucho. Si son incorrectos, o si se los interpreta mal, se puede hacer mucho daño.

Claro, se trata de un punto de vista. Como todo. Máximo, el hijo de la vice, hace un tiempo defendió una visión alternativa con una reflexión deslumbrante: “Una cosa son los números y otra el bolsillo de la gente”.

Eso dijo.

Y tiene razón.

Una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa.

 

 

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Opinión

¿POR QUÉ VOLODÍMIR ZELENSKI CREE QUE ESTA SEMANA ES “HISTÓRICA” PARA UCRANIA?

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El presidente ucraniano advierte sobre “una mayor actividad hostil” de Rusia ante una “semana histórica” para Ucrania. Según él, se aguarda que el Consejo Europeo apruebe la candidatura de Kiev a sumarse a la Unión Europea.

El presidente de Ucrania, Volodimir Zelenski, ha advertido de que “debe esperarse una mayor actividad hostil por parte de Rusia y su presidente Vladimir Putin, ante esta “semana histórica”, de cara a la decisión del Consejo Europeo sobre la candidatura de Kiev a adherirse a la Unión Europea (UE).

“Ya tenemos una decisión positiva de la Comisión Europea y a finales de semana habrá una respuesta del Consejo Europeo. Creo que es obvio para todos que desde 1991 ha habido pocas decisiones tan clave para Ucrania como la que esperamos ahora”, explicó.

“Estoy convencido de que sólo una decisión positiva beneficia los intereses de toda Europa“, dijo, antes de resaltar que estas “actividades hostiles” de Rusia “no sólo estarán dirigidas contra Ucrania, sino también contra otros países europeos“.

Así, ha incidido en que las autoridades ucranianas “se están preparando”. “Advertimos a los socios“, señaló, al tiempo que manifestó que “los ocupantes están acumulando fuerzas en dirección a Járkov y en la región de Zaporiyia“.

“Continúan los intensos combates en el Donbás. El Ejército ruso usa el mayor número de artillería ahí, con el mayor número de fuerzas ofensivas, pero Severodonetsk, Lisichask, Avdiivka, Krasnohorivka y otros puntos calientes resisten”, agregó.

“Nuestro pueblo es así. Están aguantando. Nuestro Ejército está aguantando. Estoy agradecido a todos aquellos cuya fuerza de hoy significa victoria mañana”, manifestó el mandatario ucraniano en un discurso, según la transcripción facilitada por la Presidencia a través de su página web.

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Opinión

VOLODIMIR ZELENSKY ASEGURÓ QUE LOS RUSOS PERDIERON 40.000 SOLDADOS EN JUNIO, MÁS QUE EN CUALQUIER OTRA GUERRA

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“Paree que arrojarán a la batalla a reclutas mal entrenados, así como a aquellos que habían sido reclutados a través de esfuerzos de movilización encubiertos”, aseguró el mandatario.

Rusia ha podido perder en el mes de junio más de 40.000 soldados, unas cifras que superan a las de cualquier otra guerra en la que ha participado Moscú, aseguró en el presidente de Ucrania, Volodimir Zelensky.

”Las pérdidas rusas en junio podrían superar los 40.000 militares. No han perdido tantos soldados en ninguna otra guerra en muchas décadas”, precisó el mandatario Ucraniano.

Dijo además que el “ejército ruso está tratando de desplegar tropas de reserva en el Donbás. ¿Pero de qué reservas pueden hablar en este momento?”, se preguntó.

El Donbás, en el este de Ucrania y que incluye a las regiones prorrusas de Donestk y Lugansk, es el foco actual de los ataques rusos donde son ayudados por guerrillas afines a Moscú.

”Parece que arrojarán a la batalla a reclutas mal entrenados, así como a aquellos que habían sido reclutados a través de esfuerzos de movilización encubiertos”, prosiguió Zelensky.

Miembros del servicio de las tropas prorrusas viajan en un vehículo blindado (REUTERS/Alexander Ermochenko)
Miembros del servicio de las tropas prorrusas viajan en un vehículo blindado (REUTERS/Alexander Ermochenko)

En su opinión, “los generales rusos consideran a su gente simplemente como carne de cañón, que necesitan para asegurarse de que nos superen en número, en personal militar, en equipo militar”.

Zelensky explicó que las “batallas más feroces se libran actualmente en Severodonetsk (en la región de Lugansk)”, donde los ucranianos están “luchando por cada centímetro de tierra”.

Las fuerzas de ocupación rusas también están avanzando sobre Lisichansk, Bakhmut y Sloviansk, tres poblaciones clave de esta región, admitió el mandatario.

La Administración Militar de la región Lugansk informó con anterioridad de que las fuerzas rusas han estado disparando sin descanso contra Lisichansk y Severodonetsk durante el transcurso del domingo 12 de junio.

CERCO A LISICHANSK

Los separatistas prorrusos de la autoproclamada república popular de Lugansk se preparan para cerrar el cerco en torno a Lisichansk, el último bastión ucraniano en esta región.

Miembros del servicio ucraniano disparan un sistema de lanzamiento múltiple de cohetes BM-21 Grad (REUTERS/Gleb Garanich)Miembros del servicio ucraniano disparan un sistema de lanzamiento múltiple de cohetes BM-21 Grad (REUTERS/Gleb Garanich)

”El principal ataque a Lisichansk probablemente se lleve a cabo junto al ataque a Siversk para no permitir a nadie la retirada del cerco en dirección a Sloviansk. Se trata de algo que sucederá en breve”, señaló en su cuenta de Telegram el “embajador” en Rusia de la región separatista, Rodión Miroshnik.

Miroshnik añadió que fueron destruidos también varias posiciones ucranianas al oeste de Azot, en la dirección de Novodruzhesk y Pryvilia.

”Parte de las fuerzas ucranianas salió de Pryvilia rumbo a Novodruzhevsk. Algunos de ellos intentaron esconderse en los sembrados y en una cantera caliza entre Novodruzhevsk y Bilohorivka. Les atacamos. Nadie ya les dará la posibilidad de cambiar tranquilamente de posiciones”, dijo.

UCRANIA PIDE ARMAS

Ucrania necesita al menos mil obuses, quinientos tanques, trescientos sistemas de cohetes de lanzamiento múltiple y 2.000 vehículos blindados para lograr la paridad de armas pesadas con la Federación Rusa y liberar los territorios ucranianos de los invasores rusos.

El asesor de la Oficina del presidente de Ucrania, Mykhailo Podolyak, cuantificó esas necesidades armamentísticas en su cuenta de Twitter.

Los bomberos se reúnen cerca de un edificio destruido en el mercado central de Maisky (REUTERS)
Los bomberos se reúnen cerca de un edificio destruido en el mercado central de Maisky (REUTERS)

”Para poner fin a la guerra necesitamos paridad de armas pesadas”, agregó Podolyak, quien aludió a la próxima reunión que los ministros de Defensa de los países aliados de Ucrania celebrarán en Bruselas el próximo 15 de junio donde “estamos esperando una decisión”, subrayó.

RUSIA DESTRUYE UN ARSENAL

El Ejército ruso destruyó hoy un importante lote de armas ucranianas en la región de Donetsk, que incluía armamento suministrado por Estados Unidos y Europa, según informó hoy el Ministerio de Defensa de Rusia en su parte de guerra matutino.

”En las cercanías de la estación ferroviaria Udachnoye, de la república popular de Donetsk fue destruida con misiles de alta precisión y emplazamiento aéreo una gran cantidad de armas y equipamiento bélico, incluyendo armas de EEUU y Europa, destinadas a las fuerzas de los nacionalistas ucranianos”, según el mando ruso.

El portavoz de Defensa, Igor Konasénkov, añadió que la aviación rusa destruyó con misiles de alta precisión un centro de emplazamiento temporal de mercenarios extranjeros en la región de Lugansk y dos baterías de lanzaderas múltiples en las regiones de Járkov y Lugansk.

La aviación rusa también destruyó otras infraestructuras y a consecuencia de sus ataques murieron más de 120 militares ucranianos.

(con información de EFE)

FUENTE : INFOBAE

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