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Los absurdos y delirantes días que estamos viviendo

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¿Cómo interpretar la euforia que produjo la difusión de una encuesta? ¿Se justifican estos vaivenes que se basan en elementos tan subjetivos?

El viernes fue una jornada histórica para la Argentina. El riesgo país cayó violentamente. El valor de las acciones de las principales empresas subió de manera inesperada. De repente, aparecieron órdenes para comprar bonos de nuestro país. Una euforia bursátil y financiera de semejante magnitud se podría explicar, tal vez, por el triunfo en una guerra desgastante, o por el descubrimiento de un yacimiento petrolífero infinito, o por la aparición de un serio informe que modifica, para bien, las perspectivas futuras del país, en base a un factor no debidamente contemplado en informes previos. Pero nada de eso había ocurrido. En los absurdos y delirantes días que estamos viviendo, la euforia se produjo por la difusión de una encuesta, elaborada por una empresa sin tradición en el país, y difundida entre sus clientes por un poderoso banco brasileño, cuyos resultados, como los de toda encuesta, son discutibles.

El episodio sería apenas una curiosidad, pero es algo mucho más revelador. Hay un grupo de personas que se sienten importantes, exitosas y creativas, que manejan muchísimo dinero, y que están jugando un rol definitorio para el futuro del país. Pese a la visión complaciente de sí mismas, esas personas se comportan con una lógica muy rara. Según quien los vea, se trata de un grupo de genios, o de pequeños seres humanos, son sinónimo de éxito arrollador o de banalidad. En cualquier caso, su utilidad es, como mínimo, menos concreta que la de un maestro, un médico, un bombero o un bailarín. Son expertos, si es que lo son, apenas en hacer dinero con el dinero. En cualquier caso, todos llamamos a esas personas “los mercados”. Su lógica rara quedó notablemente expuesta este viernes.

Cualquier persona seria o profesional sabe que es imposible pronosticar lo que va a ocurrir en la elección que se realiza en estas horas. Uno de los mejores encuestadores de la Argentina dio en estos días una explicación consistente sobre por qué las encuestas, a estas alturas, no pueden responder las preguntas centrales sobre el resultado.

“Se supone que si Alberto Fernández triunfa por más de cuatro puntos o se arrima a los 45 puntos tiene altas chances de ser Presidente. Pero si Macri logra que la ventaja sea menor a 3, el favorito será él. Mi encuesta concluye en que Fernández logrará 41 puntos y que la diferencia estará en algún lugar entre el 3 y el 4 por ciento”.

“Eso significa que, dentro de un margen de error pequeño, Fernández puede ganar por más de cinco o por menos de dos. Y que podría obtener 43 puntos o 39. Ese pequeño margen de error define si el lunes Fernández queda con la presidencia al alcance de la mano o si es Macri el que logra el milagro. Y no hay encuesta en el mundo que pueda asegurar qué va a pasar cuando los movimientos que cambian completamente el panorama son tan sutiles”.

“A eso hay que agregarle un factor que complica más las cosas. La provincia de Buenos Aires y la Capital representan cerca de la mitad de los votos del país. En esos lugares, los candidatos locales de Cambiemos, Horacio Rodríguez Larreta y María Eugenia Vidal, superan ampliamente al candidato presidencial, Mauricio Macri. Si la gente va a votar por Vidal o Rodríguez Larreta y eso arrastra al resto de la boleta, Macri va a ser beneficiado. Pero si lo que guía su voto es la pelea presidencial, o si cortan boleta, no ocurrirá eso. Y es imposible de medir con precisión esa conducta”.

“Pero, además de todo eso, puede ocurrir que todos los supuestos sean incorrectos. Ninguna elección está perdida hasta que esté perdida. Esta campaña recién empieza. Luego de las PASO del 2015 parecía claro que Daniel Scioli sería el próximo presidente y Aníbal Fernández el gobernador. Todo cambió en dos meses, ¿por qué no podría pasar eso ahora que este domingo aparezca un favorito y luego sea derrotado?”

(Nicolás Stulberg)

(Nicolás Stulberg)

Hasta ahí, las explicaciones del encuestador. Pero, en gran parte de “la city”, no hay tiempo para esas complejidades, para esas sutilezas, para convivir con un panorama incierto. Hay que tomar decisiones.  Comprar Argentina. Vender Argentina. ¿Que pasó el viernes? Un banco brasileño del cual surgió el ministro de Economía de Jair Bolsonaro difundió entre sus clientes una encuesta cuyo resultado favorecía a Mauricio Macri porque lo colocaba apenas a un punto de Alberto Fernández. Ese mismo estudio aclaraba que tenía un margen de error superior al 2 por ciento. Inmediatamente, el informe circuló y empezó la fiesta. Hubo acciones que subieron un 9 por ciento en minutos, la presión alcista sobre el dólar se desinfló, los bonos se apreciaron.

El movimiento en las encuestas fue demasiado leve y su contrapartida en el mundo financiero demasiado brusca como para no generar suspicacias. Un economista muy influyente advirtió en las redes que había bancos recomprando sus propias acciones para generar una burbuja alrededor de ellas. Hombres muy cercanos a Alberto Fernández, como Matías Kulfas, sostuvieron que se trataba de una conspiración para evitar la llegada de su jefe al poder.

Otras personas se preocupaban por una maniobra clásica, que no podían demostrar en este caso: “Imaginá lo siguiente. Vos sos un banco muy influyente. Comprás acciones el jueves. Difundís una encuesta falsa que va a disparar todos los valores el viernes. En el momento clave, vendés. ¿Qué diferencia hiciste en un día con una encuesta falsa?”. Todas las especulaciones son válidas. Todas las conspiraciones ganan credibilidad cuando lo que ocurre es un fenómeno tan irracional como el que se vivió el viernes.

No por disparatado, el episodio del viernes es exótico. En mayo pasado, una encuesta de Isonomía calculó que Cristina Kirchner le ganaría por 9 puntos un ballotage a Macri. Los “mercados” se derrumbaron. Veinte días después, había comenzado la recuperación del Gobierno. Una encuesta de Elypsis sostuvo que las elecciones estaban empatadas. Los “mercados”, entonces, se dieron vuelta. Ni una encuestadora ni la otra podrían pronosticar hoy, el mismo día de las elecciones, su resultado. Mucho menos a varios meses. De hecho, cuando se conoció el vaticinio de Isonomía, ni Alberto Fernández ni Miguel Ángel Pichetto estaban en el horizonte. Pero los “mercados” reaccionan de manera convulsiva ante cada numerito. Hubo ejecutivos de fondos de inversión que tenían una agenda con los días en que se esperaban nuevas encuestas: hoy Management, pasado mañana Synopsis, el viernes Opinaia, y así hasta el infinito.

Locos.

La pregunta, en todo caso, es por qué esos locos manejan tanto dinero.

El sector financiero surgió, al parecer, como una manera en que se canalizaban los ahorros de la sociedad hacia destinos inteligentes. No siempre eso ocurre tal cual estaba pensando. Pero en pocos lugares, como en la Argentina, ocurre exactamente lo inverso.

Esta semana, por ejemplo, se realizó en el Malba una jornada que desbordó con la presencia de estos genios que traen y llevan millones al ritmo de espasmos tan difíciles de entender. La reunión fue musicalizada con el tema de The Clash: “Should I stay or should I go?” Una gracia, si no reflejara un comportamiento trágico.

Naturalmente, la euforia del viernes puede ser la antesala de la fuga en masa del lunes. Nadie sabe lo que ocurrirá mañana lunes porque, en definitiva, estamos en manos de  personas con reacciones tan primarias. Ellos son los que interpretarán lo que ocurrió, sin absolutamente ningún elemento científico que les permita hacerlo con algún grado de seriedad.

Todos estos movimientos, además, parten de un supuesto: si gana Macri todo será mejor para quienes inviertan en la Argentina. Basta mirar lo que ocurrió en el 2018 para entender que ese supuesto es discutible. Sobre esas baldosas flojas -la idea de que Macri los salva, las encuestas- es que se mueven millones para generar burbujas y corridas, que son dos expresiones del mismo fenómeno.

La lógica irracional que explica lo sucedido el viernes ha enloquecido al país en los últimos años. La Argentina no era un país para prestarle tanto dinero cuando llegó Macri ni para huir despavoridos en abril de 2018. Ciertamente, no hubo ninguna razón objetiva para que se produjeran dos comportamientos tan radicalmente distintos. Que un país realice un ajuste no es motivo para pensar que resolvió sus problemas ni viceversa. Que gane un candidato u otro dice muy poco sobre el futuro. Pero los fondos de inversión se mueven violentamente con datos discutibles, presupuestos falsos, pésima información.

Así es como funciona el mundo, se dirá.

Tal vez.

Pero en algunos lugares funciona más así que en otros.

El presidente que asuma el 10 de diciembre deberá poner algún límite a esta calesita interminable: por la sociedad que conduzca y por su propio destino.

Recemos.

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En la debilidad de Kicillof estará el riesgo para Montenegro

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El peronismo ganó la provincia pero quedó debilitado en el alcance de su poder real. Resolver esa cuestión puede acarrear problemas al nuevo intendente.

Si se miran los números del escrutinio bonaerense puede concluirse apresuradamente que el Frente de Todos logró un triunfo amplio y apabullante. Los puntos de diferencia entre Axel Kicillof y María Eugenia Vidal hablan de un éxito sin discusión y pueden generar el espejismo de una fuerza arrolladora que se adueñó del poder político y de una mayoría que le permitirá hacer a su antojo en los tiempos que vienen. Nada más lejos de la realidad…

La paridad parlamentaria, en un escenario en el que la oposición obligará a negociar cada una de las leyes que necesita el nuevo gobierno para avanzar en sus planes, es solo uno de los aspectos que abonan un escenario complicado para la administración Kicillof. Pero no es lo único y tal vez tampoco lo más importante para entender el tiempo político que viene.

El peronismo perdió los tres principales centros urbanos del territorio bonaerense -La Plata, Mar del Plata y Bahía Blanca- y también el núcleo duro de la zona productiva provincial. Y sin ellos su capacidad de maniobra queda ciertamente limitada y concentrada en un conurbano pletórico en votos pero necesitado de una asistencia permanente que lo aleje del estallido social que aparece a cada paso. En buen romance, los que producen no le son propios y los que reciben son demasiados y además exigentes.

En aquella Argentina de los golpes militares solía decirse que el general poderoso no era el que ocupaba la presidencia, un ministerio o la condición de jefe del arma. Era el que estaba al frente de un regimiento o batallón, porque «tenía los fierros» que le permitían salir a la calle a imponer su voluntad. Y hoy los fierros no están guardados en la sede del gobierno provincial…

El objetivo estratégico inmediato será entonces recuperar en 2021 esas tres ciudades y para ello es menester que los intendentes de Juntos por el Cambio que van a gobernarlas no luzcan lo suficiente para  convertirse en arietes de la resurrección del macrismo.

Y aún aceptando que no debe estar en el pensamiento de Kicillof la idea de abandonar esos distritos a su suerte -un escenario de conflictos y convulsiones no será útil a su proyecto personal- es esperable que la ayuda llegue con cuentagotas y siempre acompañada de una fuerte campaña de difusión que haga que todos se enteren que las solución llega desde La Plata y no por la buena gestión de los jefes comunales.

Frente a esto los intendentes deberán hacer política, lo que por obvio no siempre resulta sencillo, y armarse de paciencia, inteligencia y capacidad de diálogo. Salir a quemar las naves con prejuicios ideológicos o enfrentamientos estériles será repetir una historia de fracasos que los marplatenses conocemos de memoria: así actuó Carlos Fernando Arroyo y su soberbia lo depositó en un fracaso tan resonante como esperado.

Deberá entonces andar con pié de plomo su sucesor y evitar esa tendencia a la impaciencia y el desborde que lo empujó a salir con fuertes críticas a su antecesor apenas aparecieron los primeros nubarrones en la transición. ¿Hacía falta exponerse a un debate público con un personaje desgastado y repudiado por el 96% de la comunidad?, ¿no había en su equipo alguien para protagonizar ese combate?. La posterior aparición de Alejandro Rabinovich fue efectiva pero tardía; el mensaje del nuevo jefe comunal había sido confrontativo…y eso no es bueno.

Porque seguramente se encontrará en los próximos tiempos con muchas decisiones que le harán hervir la sangre y en las que no deberá esforzarse mucho para ver con claridad la doble intención de quienes vienen por aquella recuperación de la que hablábamos más arriba. ¿Va a reaccionar de la misma forma?¿va a jugar su figura en cada cruce?.

Cuidado entonces; las cartas están echadas y la capacidad de maniobrar políticamente será la que ponga a prueba toda la primera etapa de una gestión que estará en la mira de muchos.

Y que se salvará con la objetividad, la inteligencia y con esa mirada clara que debe tener quien quiere hacer política de la buena. Lo que no siempre resulta fácil…

Por Adrián Freijo –

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La OEA halló “irregularidades muy graves” en las elecciones de Bolivia y exigió repetir los comicios

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El equipo de auditores de la Organización de Estados Americanos presentó su informe sobre la primera vuelta del 20 de octubre pasado y descubrió “manipulaciones al sistema informático” por lo que afirmó que no puede validar el proceso. El dictamen llega en medio de masivas protestas contra Evo Morales y motines policiales
Luis Almagro (REUTERS/David Estrada Larreta)
Luis Almagro (REUTERS/David Estrada Larreta)

El secretario general de la Organización de los Estados Americanos (OEA), Luis Almagro, ha pedido la anulación de las elecciones en Bolivia de acuerdo con los resultados preliminares del equipo de auditores encargado de valorar la calidad democrática del proceso, inicialmente previstos para el 13 de noviembre pero adelantados por la gravedad de la crisis postelectoral en el país latinoamericano.

“En virtud de la gravedad de las denuncias y análisis respecto al proceso electoral que me ha trasladado el equipo de auditores nos cabe manifestar que la primera ronda de las elecciones celebrada el 20 de octubre pasado debe ser anulada y el proceso electoral debe comenzar nuevamente”, según ha manifestado Almagro a través de un comunicado.

Alamagro pidió que los nuevos comicios se efectúen “tan pronto existan nuevas condiciones que den nuevas garantías para su celebración, entre ellas una nueva composición del órgano electoral”, ha añadido, citando los resultados del informe preliminar, que ha puesto a disposición del público.

En el documento, “el equipo auditor no puede validar los resultados de la presente elección, por lo que se recomienda otro proceso electoral” y señala que “cualquier futuro proceso deberá contar con nuevas autoridades electorales para poder llevar a cabo comicios confiables”.

Luis Almagro

@Almagro_OEA2015

Comunicado del Grupo de Auditores del Proceso Electoral en : https://bit.ly/2NzuCIP 

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El Gobierno de Evo Morales se había comprometido a respetar las conclusiones de este análisis, del que se ha desmarcado sin embargo la oposición política, con el candidato presidencial Carlos Mesa -segundo en los últimos comicios- a la cabeza.

Hasta ese momento, la OEA ha recomendado que el mandato presidencial de Morales permanezca ininterrumpido. “La Secretaría General reitera el llamado a evitar los desbordes de violencia y traslada su solidaridad con el Pueblo Boliviano”, culmina el comunicado.

(Reuters)

(Reuters)

Las protestas en Bolivia estallaron la misma noche de las elecciones presidenciales celebradas el pasado 20 de octubre por la suspensión repentina de la transmisión de los resultados oficiales justo cuando obligaban a una segunda vuelta entre Morales y el principal líder opositor, Carlos Mesa.

Cuando se retomó, casi 24 horas después, concedían la victoria en primera vuelta a Morales, por lo que Mesa ha denunciado un “fraude gigantesco”. Ambos llamaron a la movilización de los suyos, lo que ha derivado en disturbios. Al menos dos personas han muerto y más de 190 han sido detenidas en estas dos semanas.

En este contexto, Morales había accedido a que la OEA, apoyada por países como España, México o Perú, realizara una auditoría electoral de carácter vinculante. Mesa, en cambio, no la aceptaba porque dice que es fruto de un acuerdo unilateral entre el Gobierno y el bloque hemisférico sin tener en cuenta a la oposición.

El informe completo:

El país es escenario de protestas multitudinarias, paros y episodios violentos, que han dejado tres muertos y 200 heridos desde el 20 de octubre. Entre el viernes y sábado, el presidente Morales perdió el control total de la Policía, que se ha amotinado en todo el país pidiendo su renuncia y reivindicando la democracia, además de demandas sectoriales. Comenzaron rebelándose el viernes los agentes de las ciudades de Cochabamba, Sucre, Tarija y Santa Cruz. Y el sábado se sumaron uniformados de Potosí y Pando y La Paz. Incluso el cordón de seguridad en la Casa Grande del Pueblo, la nueva sede de la Presidencia del país, abandonó sus posiciones.

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Policias amotinados en La Paz, Bolivia

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Pastor Omar Olier: “Acá no hay hambre, vayan a laburar”

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El referente evangélico en Mar del Plata se refirió a la situación social de Mar del Plata y el país. “Vayan a una plaza y tiren una pala, no queda nadie”, manifestó.

La coyuntura económica que atraviesa Argentina no es diferente en Mar del Plata, la ciudad con la mayor tasa de desempleo del país. El escenario social llevó a la Cámara de Senadores de la Nación a decretar la Ley de Emergencia Alimentaria. A nivel local, el Concejo Deliberante replicó la medida para el distrito de General Pueyrredon. En este contexto, el pastor evangélico Omar Olier expresó su postura al respecto.

Lejos de mostrarse en sintonía con los funcionarios y legisladores nacionales, el hombre de la Iglesia Evangélica en Mar del Plata lanzó una serie de frases. “Hay una gran mentira en el aire sobre la atmósfera del país. Se dice que hay hambre y muestran a gente haciendo ollas en la 9 de Julio”, inició Olier en un discurso que tuvo lugar en septiembre pasado, pero que se viralizó por las redes sociales en los últimos días.

Acto seguido, el pastor evangélico se refirió al peso del estereotipo de las personas que llevan a cabo manifestaciones y ollas populares: “Las que hacen el guiso tienen un poco de sobrepeso. Dicen que hay hambre, pero no se ve”, agregó el referente del Centro Cristiano Dios es Amor, ubicado en Independencia al 1600.

“Esto es mentira, acá no hay hambre. Pasa hambre el que no trabaja, el que no tiene negocio. Vayan a una plaza y tiren una pala, no queda nadie. Es una gran mentira que hay hambre. Que vayan a laburar“, cerró en el mensaje

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