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Internacional

“Los presidentes de Estados Unidos siempre fueron aliados en el respeto a la libertad de expresión. Hoy no”

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La Relatoría para la Libertad de Expresión de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos celebra 20 años en Bogotá analizando la situación en la región.
Por: Ana Marcos
Se cumplen 20 años del día en que 35 países de la Organización de Estados Americanos se pusieron de acuerdo para crear un organismo que defendiera la libertad de expresión. La relatoría de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) celebra su aniversario la misma jornada que la Unesco eligió para reclamar el fin a la Impunidad en los crímenes contra la prensa. En este tiempo, los estados de la región han transitado hacia la democracia y han ido puliendo los marcos normativos de censura.

“Cuando la relatoría comenzó a funcionar solo Estados Unidos había adoptado una ley de acceso a la información pública en el año 1966. Hoy son 23 países”, explica Edison Lanza, relator especial para libertad de expresión de la CIDH. “Las leyes de desacato que penalizaban la crítica a los funcionarios se fueron derogando. Y hemos llevado unos 15 casos a la Corte Interamericana de Derechos Humanos que ha generado jurisprudencia”.

La parte positiva del balance de dos décadas de trabajo tiene varios contrapuntos en el continente más violento del mundo, con especial foco en México. “Es el país más peligroso para ser periodista fuera de los que están en guerra”, asegura Lanza. El crimen organizado deja ya nueve reporteros asesinados en lo que va de año. Artículo 19, organización que denuncia agresiones y amenazas a periodistas, informaba el pasado agosto de que el primer semestre de 2017 había sido especialmente nefasto en el país norteamericano.

Además de los asesinatos, se han documentado 276 agresiones y amenazas a periodistas, una y media al día, 52 más que en los primeros seis meses de 2016. “La impunidad ronda cerca del 100%, es una invitación a que siga pasando”, apunta el relator de la CIDH. Ante esta situación, el organismo prepara un viaje en noviembre a las regiones mexicanas más afectadas.

En la región caribeña, la relatoría no se despega de la situación venezolana aunque el régimen de Nicolás Maduro les impida la entrada al país. “El primer organismo que señaló que había una deriva hacia el autoritarismo”, dice Lanza, un señalamiento que les valió un fuerte ataque de Hugo Chávez y que se mantiene en la actualidad.

El deterioro progresivo del Estado de derecho en Venezuela ha derivado, según el análisis de la relatoría, en una situación similar a la que se vive en Cuba: “Controles en Internet, prohibición a los corresponsales extranjeros de trabajar y entrar en el país, represión de la protesta, detenciones arbitrarias”. Prácticas que se han unido a un listado de ataque a la libertad de prensa que comenzó con la persecución al oficio independiente a través del descrédito, la descalificación, los cortes de papel, el uso abusivo de la publicidad oficial para premiar y castigar o el monopolio de los medios.

En la vecina y aliada Cuba, la CIDH ha observado cómo tras el breve período de deshielo al final del último mandato del presidente Barack Obama se redujeron los procesos judiciales sin garantías “en los que se usaban figuras vagas como traición a la patria o atentado a la soberanía del Estado”. Ahora, en palabras de Edison Lanza, se ha pasado a detenciones breves y una cierta apertura a un periodismo independiente sobre todo desde Cuba para afuera, periodismo cultural y barrial. “Siempre bajo el manto de la arbitrariedad: destrucción de equipos, pérdida de trabajo, amenazas…”.

En la órbita del socialismo del siglo XXI, Ecuador se aleja de la línea del expresidente Rafael Correa, no a la velocidad de crucero adecuada respecto a la libertad de prensa y expresión. “Hay un cambio notorio de actitud y prácticas del actual mandatario y es alentador”, opina el relator. “No usa las cadenas públicas durante cuatro o cinco horas como se hacía antes y no dedica el 25% de ese tiempo a criticar y desacreditar a los medios”. Pero Lenín Moreno, el sucesor del correísmo, por el momento no ha derogado la ley de comunicaciones, la podadora que reprimía e interfería en el contenido de los medios ecuatorianos.

“Seguramente el presidente tiene una agenda de urgencia con otras prioridades políticas, pero en el corto plazo debería desarmarse ese corsé. Puede que él no lo use, pero otro podría, o cualquier funcionario”, advierte Edison Lanza.

Colombia ha terminado una guerra de medio siglo con la ya exguerrilla de las FARC, pero se enfrenta a una nueva batalla: evitar que el narcotráfico ocupe los espacios que la insurgencia dejó e inicie un nuevo conflicto. Los primeros visos de este nuevo problema para el Gobierno de Juan Manuel Santos ya dejan varios campesinos asesinados en Tumaco, al suroeste del país, comisiones de derechos humanos amedrentadas por la Fuerza Pública, y una periodista indígena asesinada. “Aquí funciona un mecanismo de protección de reporteros con recursos que tendrá que concentrarse en las regiones, donde están los reportes expuestos a una mayor vulnerabilidad”, afirma el relator. “El trabajo con la Fiscalía debe de ser en coordinación, lamentablemente no funciona bien”.

La otra preocupación que la Relatoría de la CIDH ha venido a exponer a Bogotá en un congreso concierne al presidente de Estados Unidos. “Los altos funcionarios públicos no pueden ampararse en la libertad de expresión para estigmatizar, señalar y desacreditar al buen periodismo, al tradicional y crítico”, dice Lanza sin mencionar el nombre de Donald Trump. “El objetivo es que parte de la población deje de creer en una institución democrática tan importante como los medios de comunicación. Y en un marco de polarización política brutal ya hay encuestas que muestran que hay gente que aunque le presenten todas las pruebas del caso, no creen a un medio porque consideran que es de oposición”.

La política mediática de Trump se analiza desde la CIDH como una amenaza global: “Siempre habíamos visto a los presidentes de Estados Unidos como aliados en el respeto a la libertad de expresión. Hoy no”.
Foto: Carlos Pazos CIDH
Fuente: El País

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Internacional

LA JUSTICIA ESPAÑOLA APROBÓ EXTRADITAR A EEUU A CLAUDIA PATRICIA DÍAZ GUILLÉN, LA EX ENFERMERA DE HUGO CHÁVEZ

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El país norteamericano la reclama por blanqueo de capitales y organización criminal para favorecer al empresario Raúl Gorrín en una trama de cambio de moneda extranjera

La Audiencia Nacional española aprobó la extradición de Claudia Patricia Díaz Guillén a Estados Unidos, que la reclama por blanqueo de capitales y organización criminal por favorecer al empresario Raúl Gorrín en una trama de cambio de moneda extranjera.

En un auto conocido este viernes, los magistrados consideran que se dan los requisitos para la extradición por delitos que en EEUU están tipificados como asociación delictiva para cometer lavado de dinero y dos delitos de lavado de instrumentos monetarios.

De acuerdo con la reclamación del Tribunal Federal de Distrito Sur de Florida (EEUU), desde 2008 a 2017 Gorrín Belisario, junto a Díaz Guillén y su marido Adrián Velásquez Figueroa participaron con otros en un “estratagema corrupta” en relación al cambio de moneda extranjera efectuado por el gobierno venezolano a cambio de sobornos.

Guillén, que se desempeñó como tesorera del gobierno chavista, es conocida como la enfermera del fallecido presidente venezolano Hugo Chávez y su marido, que fue guardaespaldas del caudillo, tiene pendiente que la Audiencia Nacional se pronuncie también sobre su extradición por los mismos hechos.

En 2019 la Audiencia Nacional española rechazó extraditar a Venezuela a Guillén y a su marido, así como a un contable de la petrolera estatal PDVSA, atendiendo a la situación que atraviesa el país, lo que consideró que ponía en peligro su integridad.

Ahora, acepta la entrega a Estados Unidos de la ex responsable del Tesoro venezolano a la luz de la documentación aportada por las autoridades de ese país el pasado año.

Claudia Patricia Díaz Guillén (EFE/Javier Lizon)Claudia Patricia Díaz Guillén (EFE/Javier Lizon)

Según esa documentación, Gorrín pagó cientos de millones de dólares para asegurarse el derecho de participar en transacciones de cambio de moneda extranjera que le reportaron unas ganancias de cientos de millones de dólares.

En su estrategia, Gorrín, juntos con otros, prometía, autorizaba y efectuaba pagos corruptos a funcionarios del régimen venezolano, incluidos dos tesoreros nacionales, Alejandro Andrade Cedeno y Claudia Patricia Díaz Guillén, “a fin de asegurarse una ventaja indebida en la obtención y retención del derecho de efectuar transacciones de cambio de moneda extranjera con tasas favorables”.

Para ocultar los pagos, según la documentación de las autoridades americanas, Gorrín utilizó cuentas bancarias cuyos titulares eran empresas ficticias y disfrazó numerosos pagos de sobornos a Díaz Guillén haciendo los pagos a su esposo en vez de a ella directamente.

Entre 2011 y 2013 el empresario hizo pagos por sobornos de al menos 65 millones de dólares a beneficio de la reclamada a través de transferencias de cuentas de Suiza hacia Estados Unidos.

Además de los sobornos, Gorrín también compró y pagó gastos relacionados con aviones privados, yates, mansiones, caballos campeones, relojes y otros objetos de lujo.

En su resolución, los magistrados españoles rechazan los argumentos de la reclamada para oponerse a la extradición, entre ellos que ya está siendo investigada por los mismos hechos en España, así como que el haber obtenido la nacionalidad española en abril de 2021 sería causa para denegar la entrega.

Respecto al primero de los argumentos, los jueces concluyen que no se trata de los mismos hechos por los que se la investiga en este país y, respecto a la nacionalidad española como causa de denegación, así como su arraigo, consideran que no se dan los factores para rechazar la extradición de nacionales, como son la ponderación sobre la gravedad y la vinculación o arraigo en el país.

(Con información de EFE)

FOTO TAPA ABC

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Internacional

PANDORA PAPERS: EL DETRÁS DE ESCENA DE LA MAYOR COLABORACIÓN PERIODÍSTICA EN LA HISTORIA

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Una investigación global, de la que participó Infobae, involucró el análisis de casi 12 millones de documentos filtrados de más de una docena de proveedores offshore

Los números de Pandora PapersLos números de Pandora Papers

Lo hicimos otra vez. Después de Panamá Papers, de Paradise Papers, de Implant Files y de Fincen FilesInfobae volvió a ser convocado para Pandora Papers, una nueva iniciativa del Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ por sus siglas en inglés), una organización sin fines de lucro con sede en Washington, que reúne como miembros a periodistas de todo el mundo.

La caja de Pandora era, en la mitología griega, el baúl que contenía todos los males del mundo. Miles de años después, ICIJ ofreció una nueva caja de Pandora que puso a disposición de más de 600 periodistas de 150 medios de 117 países. Se conformó así la mayor alianza periodística mundial liderada por ICIJ, para volver a hurgar en el secreto mundo de las operaciones offshore y los secretos financieros a nivel global.

El nuevo desafío consistió en analizar casi 12 millones de documentos internos, la mayoría muy extensos, alojados en un baúl virtual al que pudimos acceder a través de una plataforma digital especialmente diseñada para la investigación. Los archivos forman parte de la filtración periodística más voluminosa en la historia y provenían de 14 proveedores de servicios offshore de todo el mundo. Entre ellos, el poderoso estudio de Panamá, Alemán, Cordero, Galindo & Lee (Alcogal), elegido por la mayoría de los beneficiarios finales argentinos; y Trident Trust Company, especialmente elegida por los argentinos para armar fideicomisos vinculados a las Islas Vírgenes Británicas.

Estaban en inglés y en español, en su gran mayoría. Fueron obtenidos en distintas entregas por ICIJ de parte de una fuente anónima. Exponían información confidencial y secreta de los estudios que asesoran a los más poderosos sobre cómo estructurar u ocultar sus patrimonios, reducir el pago de impuestos y proteger al máximo la información sobre sus bienes.

Sobre la base de listas de personajes públicas que elaboramos como guía para las búsquedas, empezamos a rastrear documentos relacionados con esos nombres y a compaginar piezas para detectar posibles delitos. Desde tributarios o financieros, hasta estrategias de elusión impositiva i fondeo de negocios en el exterior, pasando por la adquisición de patrimonio o manejo de herencias fuera de los ojos del fisco argentino.

Noviembre de 2020. La Unidad de Datos de Infobae comenzaba a planificar los próximos temas a encarar cuando la primera ola de la pandemia empezaba a ceder. Fue poco después de que publicamos una serie de 16 notas de FinCEN Files. El día 17 de ese mes, Emilia Díaz Struck, coordinadora de ICIJ para América Latina, envió un primer mail para convocar a una reunión al equipo argentino del Consorcio para hablar de “una nueva aventura”. La experiencia de varias filtraciones anteriores nos permitía imaginar un nuevo proyecto de esa naturaleza, aunque nunca nos imaginamos que se trataría, en plena pandemia, de la más grande colaboración periodística en la historia.

Con ansiedad, nos conectamos una tarde en la que empezaba a asomar el verano a la primera reunión virtual del proyecto Mariel Fitz Patrick, Sandra Crucianelli, Iván Ruiz, Hugo Alconada Mon, Maia Jastreblansky, Emilia Delfino y Ricardo Brom.

Era un tema con el que ya estábamos familiarizados pero, no por eso, nos resultaba menos apasionante: sociedades offshore en paraísos fiscales. Aún así, escuchamos con algo de sorpresa que Argentina era uno de los países protagonistas de una filtración con un tamaño inimaginable para que un ser humano pudiera analizar: casi 12 millones de documentos.

Los archivos estaban subidos a una plataforma especialmente diseñada por ICIJ y con extremas medidas de seguridad para acceder a ella, que requerían no haber cambiado el celular, o no haberlo perdido, por los códigos de acceso habilitados.

Los documentos incluían desde largos PDF, hasta hojas de cálculo con miles de celdas, casi imposibles de descargar en nuestras computadoras. En esos Excels gigantescos, debíamos tratar de detectar un nombre o una dirección que nos resultaran conocidos y que nos dieron una pista para comenzar una búsqueda más fina. Había correos electrónicos, formularios, poderes, cartas, y hasta copias de los pasaportes de argentinos, de anónimos y de varios poderosos.

ICIJ ya había avanzado rápidamente con la estructuración de los primeros datos. A semanas de ese primer encuentro, desde Washington compartieron el primer archivo: “Argentina: names to start”, una planilla de Excel que contenía los primeros 150 nombres de beneficiarios finales (o UBOs, como los llamábamos con naturalidad entre nosotros por Ultimate Beneficial Owner) con nacionalidad argentina. Era el punto de partida para un largo camino que incluiría la llegada de más hojas de cálculo que hasta multiplicaban por diez aquel número inicial de apellidos.

Fueron horas mirando documentos para detectar un nombre o domicilio que nos encendieran alertas. Y aparecieron los primeros apellidos reconocidos. Y sentimos el vértigo por la tarea que nos esperaba. La gran mayoría, sin embargo, no tenían relevancia pública, lo que nos generó un desafío porque había que evaluarlos uno por uno para evaluar si había detrás una historia de interés público. Tuvimos – y seguimos teniendo – debate sobre la relevancia de publicar o no determinados nombres.

Las referencias a Argentina se multiplicaban por todo el leak. Comenzamos con las primeras búsquedas en febrero pasado, mientras a la par nos organizamos para armar listas de nombres de todo tipo de personajes y sus familiares, direcciones y hasta algunas palabras clave para el día a día de los argentinos. También empezaron las reuniones, cada vez más frecuentes, y algunos problemas de agenda, porque Argentina nunca se detiene.

Pasó el verano y llegó la segunda ola de coronavirus. La Unidad de Datos de Infobae, entonces, se dividió entre dos mundos distantes. Por un lado, estuvimos abocados a los números sobre contagios, muertes y nuevas cepas de Covid-19. Al mismo tiempo, a veces en momentos libres, nos sumergimos por horas dentro de los sistemas de búsqueda que había facilitado ICIJ.

¿Con qué nos encontrábamos? Con todo tipo de documentos de 14 diferentes estudios proveedores de servicios offshore, que se dedican a abrir cuentas secretas en paraísos fiscales, con la ayuda de estudios contables y operadores financieros. Son documentos que van desde 1970 a 2018, considerando fecha de creación de empresas, pero la mayoría de los archivos relacionados cubren el rango temporal hasta 2020. Muestran distintas operaciones como el establecimiento de empresas fantasma hasta movimientos de cuentas bancarias en más de 30 jurisdicciones y al menos 10 paraísos fiscales.

Los tipos de documentos, por cantidad, incluidos en Pandora Papers (ICIJ)Los tipos de documentos, por cantidad, incluidos en Pandora Papers (ICIJ)

Trabajamos con reglas muy estrictas de seguridad informática: los correos están encriptados y las consultas a los documentos sólo se pueden hacer a través de una plataforma que es accesible sólo para los miembros de ICIJ que participan de la investigación.

También, debido a la pandemia, la reunión global con los otros socios del proyecto que, en anteriores proyectos fue presencial, esta vez fue vía Zoom. Y fue una de tantas. Luego vinieron varias con el equipo de ICIJ y decenas con el equipo argentino: al principio una vez por mes y, en el último tramo, varias veces a la semana.

Una de las tantos reuniones por Zoom entre los periodistas que participaron del proyecto, entre ellos, tres de InfobaeUna de las tantos reuniones por Zoom entre los periodistas que participaron del proyecto, entre ellos, tres de Infobae

En otras filtraciones, como en Panamá Papers, los documentos se encontraban alojados en carpetas, estaban ordenadas por el número identificatorio de cada empresa offshore creada por Mossack Fonseca. En Pandora Papers, como si se abriera la caja de un rompecabezas, el trabajo consistió en unir las piezas dentro de ese mismo repositorio, para encontrar la historia.

Este caso fue muy diferente. No había carpetas sino miles de documentos en los que aparecía la palabra “Argentina”: se encontraron exactamente 57.307 registros en diferentes formatos con la mención a nuestro país, desde archivos de texto, hojas de cálculo, PDFs hasta fotografías y mails, entre muchos otros. Y algunos de esos archivos contenían más de 1.000 páginas.

El volumen total de la filtración asciende a 11.903.676 documentos, de los cuales hay 6,4 millones de PFDs, 2,9 millones de archivos en formato de imagen, 1,2 millones de emails, casi medio millón de hojas de cálculo, más de 3 .000 audios y más de 1.400 videos, entre otros.

Comparada con otras filtraciones, esta es la más voluminosaPanamá Papers reunió 11,5 millones de documentos cuyo tamaño total fue de 2,6 Terabytes. Al año siguiente, en 2017, Paradise Papers recopiló 13,4 millones de documentos con un tamaño de 1,4 Terabytes. En Pandora Papers, este año, hay 11,9 millones de documentos pero con un tamaño que es casi del doble del anterior: 2,94 Terabytes.

En nuestros tiempos, “abrir una caja de Pandora” significa iniciar una acción o una búsqueda que puede revelar hallazgos insospechados y tener consecuencias de alto impacto. Esto es lo que ocurrió con Pandora Papers.

Entre los medios que participaron junto a Infobae, por Argentina, se encuentran La Nación y elDiarioAR. A nivel global participan BBC y The Guardian del Reino Unido, Le Monde de Francia, The Washington Post y Miami Herald de Estados Unidos; El País y La Sexta de España; ABC de Paraguay, Convoca e IDL de Perú, El Espectador y Conectas de Colombia, El País, Quinto Elemento, Proceso y Univisión de México; Búsqueda de Uruguay; ArmandoInfo de Venezuela, Süddeutsche Zeitung de Alemania; Ciper de Chile y L’Espresso de Italia, entre otros.

Infografía: Marcelo Regalado

Visualización interactiva: Daniela Czibener

 

Mariel Fitz Patrick
Sandra Crucianelli
Iván Ruiz
FUENTE : INFOBAE
FOTO TAPA :  PERFIL

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Internacional

EL RECUERDO DE LA PERIODISTA MARPLATENSE QUE VIVIO EL HORROR DEL 11-S

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Las sirenas, las corridas, las personas cubiertas de polvo. Pero sobre todo el olor. Un olor a humo constante, dulce, muy fuerte, que lo impregnaba todo. Ésos son los primeros recuerdos que se le vienen a la mente a Patricia Muñoz, periodista marplatense radicada hace 28 años en Estados Unidos que el 11 de septiembre de 2001 trabajaba a medio kilómetro del World Trade Center (WTC), en el momento en que dos aviones secuestrados por terroristas identificados con Al Qaeda impactaban en las Torres Gemelas de Nueva York.

“A los 6 meses volví a ese lugar y todavía se sentía ese olor en el aire; necesité varias semanas, si no meses, para procesar todo eso”, dice en una entrevista con LA CAPITAL.

“Ese martes era un día hermoso, esa semana habían comenzado las clases –reconstruye-. Mi jefe era chileno así que estábamos hablando de que en Argentina se celebraba el ‘Día del Maestro’ y que en Chile era el aniversario del atentado contra Salvador Allende”.

Patricia -que tenía 35 años- traducía y redactaba noticias financieras en español para la compañía Dow Jones desde una oficina ubicada en el Harborside Financial Center –una extensión del WTC del otro lado del Río Hudson-, a 15 minutos de las Torres en tren y media hora de a pie.

A las 8.46, mientras elaboraba el comentario de preapertura de los mercados, escuchó el estruendo de un golpe y, desde un ventanal que daba al World Trade Center, vio salir humo de la Torre Norte.

Pensó que se trataba sólo de un incendio.

“Una de las premisas en Dow Jones es que para que algo sea noticia tiene que ‘mover los mercados’. Mi jefe pensó que esto no los movería, así que cada uno siguió con lo que estaba haciendo”, repasa.

Pocos minutos después llegó el segundo sacudón.

Entonces vio el avión: era el vuelo 175 de United Airlines con destino a Los Ángeles comandado por cinco miembros de Al Qaeda que, a más de 800 kilómetros por hora, se metía de lleno en la Torre Sur, dejando en claro que se trataba de un atentado.

“El polvo del aire se quedaba pegado en la nariz”

Imposible imaginar en ese primer instante la magnitud de lo que estaba pasando, difícil pensar que se trataba del peor ataque terrorista hacia Estados Unidos, un suceso que, a poco de iniciado el siglo XXI, marcaría a fuego la historia mundial.

Luego se supo que los aviones secuestrados fueron 4 y que, además de las Torres Gemelas, impactaron en el Pentágono de Washington y en un campo de Pensilvania, dejando un total de 2.977 muertos y más de 25 mil heridos.

“Estábamos en New York”, dice Patricia. “Y siempre pasa algo en New York. Dos días antes teníamos a un francés colgado de la Estatua de la Libertad con un paracaídas”, recuerda.

Por eso -asegura- “tardamos un poco en caer. Creo que el humo estuvo por mucho tiempo y lo tapó todo; el día que se fue y quedó el agujero donde estaban las Torres nos dimos cuenta de que ahí había algo enorme”.

Lo que siguió después es conocido.

“Nos evacuaron a todos. La calle era un caos total, un descontrol de sirenas, había gente llena de polvo y el polvo del aire se te quedaba pegado en la nariz”, recapitula.
Y agrega que “durante semanas tuvimos ese olor a humo constante, como dulce, muy raro. Y las luces… ya en la ruta se veían los reflectores porque los rescatistas estaban toda la noche buscando cuerpos”.

“Necesité varias semanas, si no meses, para procesar todo eso”, sostiene la periodista marplatense.
“A los 6 meses volví al lugar y todavía se sentía ese olor en el aire”, remarca.

“Todo el mundo se vio afectado de alguna manera”

Ese 11 de septiembre el mundo siguió la caída de las Torres a través de las pantallas de TV, decenas de personas fotografiaron o filmaron diferentes secuencias y aún hoy sigue apareciendo material inédito con registros del momento.

Patricia cuenta que “nosotros teníamos celulares pero nadie tenía conexión porque las antenas estaban en el World Trade Center, así que cuando me pude comunicar con mi marido ya había sacado a las chicas (que tenían 2 y 5 años) de la escuela y mi vieja ya había llamado, desesperada”.

También se acuerda de que recién pudo regresar a su casa a la medianoche, cuando despejaron las rutas.
“Tuve que devolver varios llamados y, al día siguiente, volver a mi lugar de trabajo”, revive.

El ventanal de su oficina por el que vio el ataque quedó cerrado porque a muchas personas les producía dolor evocar esa imagen.

“Todo el mundo quedó afectado de alguna manera”, considera.

“Yo vivo en un pueblo muy chiquito, en Old Bridge. Allí perdimos a 8 personas y hay pueblos que perdieron a muchísima gente”, acota.

“El miedo duró poco”

Dos décadas después, Muñoz describe las impresiones que le dejó el atentado.

“Tuve la sensación de que esto iba a cambiar la historia de Estados Unidos, y realmente así fue”, resalta.

Y analiza que “acá había una sensación de que todo lo malo que pasaba, pasaba afuera, entonces fue duro para mucha gente entender que no estaban tan seguros acá, que no era tan fácil aislarse del mundo y protegerse”.

La periodista, que actualmente trabaja en la Universidad estatal Rutgers de New Jersey, destaca en ese sentido que lo que más afectó a la sociedad estadounidense fue la pérdida del sentimiento de seguridad.
Yo siempre cuento que vengo de un país en el que la gente está acostumbrada a que las cosas salgan mal, y que por eso tiene un plan B, C, D y E. Pero acá creen que todo va a salir bien todo el tiempo”, dice, y explica que “luego vi que el miedo duró poco porque había que salir adelante, había que levantar el país, algo muy propio del orgullo norteamericano”.

“En ese momento –recuerda- el presidente George Bush dijo: ‘todo el mundo al shopping a gastar plata porque es la única manera en que saldremos adelante. Si todos se encierran en sus casas con miedo y dejan de comprar, esto se paraliza y ganan ellos’”.

“Ése fue el mensaje”, concluye.

El debate a 20 años

A 20 años del atentado a las Torres Gemelas y el Pentágono, cada decisión vinculada a conmemorar el 11 de septiembre es puesta a consulta y debate social.

“Cada cosa pequeña que se hace era y es una conversación, es todo muy sensible”, dice Patricia Muñoz desde Nueva York.

En ese marco recuerda que, después del 11-S, “estuvimos una semana en la que lo único que mostraba la televisión durante las 24 horas eran las Torres cayendo. Al año se dejaron de mostrar, incluso se borraron de las películas, y a los 5 años se volvió a hablar nuevamente del tema”.

“Al mismo tiempo se empezó a debatir qué iba a pasar en New York, si se haría un cementerio, un Memorial, cómo se iba a conservar…”, relata a LA CAPITAL.

Y explica que “hace 10 años se decidió que se terminaba la recordación del 9/11 y que, en cambio, se empezaba a enseñar el 9/11 en las escuelas porque ya los chicos que entraban no lo habían vivido”.

En este aniversario volverán a brillar las luces: se trata de dos haces de luz azul que simulan a las Torres Gemelas.

“Con el tema del Covid viene todo más controlado, pero sí los familiares van a leer los nombres de las personas fallecidas, lo cual ya la convierte en una ceremonia de casi 3 horas”, cuenta Patricia.

Y destaca que “todavía hay gente en New York que ese día no va a trabajar, que se toma el día de forma especial”.

FUENTE: Nota de la periodista Luciana Mateo, protagonista de la historia para La Capital.

 

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