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Meera Selva: “Sin un periodismo independiente y profesional lo que tenés es otra cosa: propaganda”

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La periodista británica dice que los medios deben apostar a la calidad para remontar una crisis global que combina la competencia con Internet, las fake news y el auge de líderes autoritarios

Por: Natalí Schejtman y Guillermo Borella
Cuando tenía ocho años, sus padres visitaron el Reino Unido por unos asuntos profesionales y Meera Selva quedó momentáneamente al cuidado de sus abuelos en Sri Lanka. Pero la guerra civil estalló de forma intempestiva, dejando a la familia dividida hasta que la niña pudo reencontrarse con sus padres en tierras inglesas, donde creció y actualmente vive. Por eso, aunque mira con cariño su pasaporte británico, no deja de impresionarle cómo un simple compendio de hojas puede determinar el derecho de unos y la privación de otros a -nada menos- vivir en paz.

Con esa visión sobre las dificultades e injusticias globales, Selva desarrolló una carrera auspiciosa como periodista en Europa, Asia y África; fue corresponsal en Londres de Associated Press y tres años corresponsal de The Independent con base en Nairobi, Kenia, además de trabajar como periodista económica en otros medios.

Actualmente su carrera como periodista se ha deslizado ligeramente hacia la investigación académica. Selva es la directora de las becas de periodismo del Instituto Reuters de la Universidad de Oxford, un centro que viene haciendo ruido en los últimos años: no solamente por medio de su informe anual sobre producción y consumo de noticias digitales en decenas de países del mundo, sino también por sus informes regulares, que van desde análisis comparativos de medios públicos europeos hasta observaciones sobre el consumo de noticias vía plataformas sociales, podcasts y regulación de medios digitales. En un contexto donde la discusión sobre “los medios” se hizo habitual, el instituto provee evidencia basada en una metodología clara y aborda temas específicos y generales de la compleja, a veces traumática, transformación de las redacciones periodísticas.

En sus investigaciones, Selva suele recorrer las difíciles aristas de los conflictos más resonantes para el periodismo hoy: crisis de la industria, nuevos desafíos de la profesión en la era digital, cambios en el modelo de negocios, caída de la confianza en los medios y líderes políticos que hacen de su vínculo directo con la gente, sin intermediarios, un bastión a reivindicar.

“Estos líderes apelan directamente a sus bases porque ahora tienen otros canales para hacerlo. Antes necesitaban a la prensa para hacer llegar su visión a la población; ahora pueden hablarles a través de las redes sociales”, sostiene Selva, que recientemente visitó Buenos Aires para participar en el Congreso Nacional e Internacional del Foro de Periodismo Argentino (FoPeA).

Según muestran los informes del Instituto Reuters, en muchos países se observa una caída de la credibilidad de los medios. ¿A qué se debe?
La confianza en los medios comenzó a caer mucho en 2008, especialmente en Europa y Estados Unidos. La confianza en los medios está vinculada a la confianza en otras instituciones. Después de la crisis financiera, aumentó la sensación de que todo el sistema económico había fallado, y que los medios deberían haber detectado esos problemas más temprano. Al no hacerlo, también fallaron. Esta es una parte de la crisis de los medios, que coincidió con la disrupción de su modelo de negocios. El modelo tradicional de los diarios impresos, basado en la publicidad, comenzó a decrecer al tiempo que Facebook y Google comenzaron a llevarse los ingresos publicitarios de los diarios. La forma en que los medios de comunicación venían generando ganancias dejó de ser válida con Internet, al no poder atraer al público de la manera que deseaban los anunciantes. Eso hizo que los medios comenzaran a trabajar cada vez con menos recursos, lo que afectó la calidad del periodismo. A la vez, se generó una pérdida de credibilidad en relación con lo que se publicaba en Internet. Muchos medios parecieron decir: “Necesitamos cualquier tipo de contenido para obtener la atención de las personas, sin importar de qué se trata el periodismo”. Fue una combinación de factores.

¿Cómo impactó el ascenso de liderazgos autoritarios en esta crisis?
En muchos casos, líderes como Vladimir Putin en Rusia, Donald Trump en Estados Unidos o Boris Johnson en Gran Bretaña no tuvieron miedo de atacar a los medios. Estos líderes están socavando normas internacionales de la democracia sobre el papel de los medios en el proceso democrático y están diciéndoles a sus bases: “No les crean a los medios, les están mintiendo”. Antes necesitaban a los medios para hacer llegar su visión a la población, ahora pueden hablarles a través de las redes sociales. Y también decidieron que una buena forma de deshacerse del periodismo crítico era justamente mandar sus mensajes por otras vías. Los medios son hoy un poco débiles financieramente para entender realmente cómo reaccionar ante eso. Así y todo, algunas publicaciones están logrando reconstruir sus marcas: el Washington Post o el New York Times han tenido seguidores muy leales y han aumentado su reputación y credibilidad después de la victoria de Trump. En muchos países vemos una tendencia a confiar nuevamente en pocas marcas respetables, y esto en parte es porque la gente está realmente preocupada por las noticias falsas y la veracidad de lo que se ve online. Sin embargo, en términos generales, hay una crisis de credibilidad y propósito.

¿Qué se puede hacer para revertir esto?
Hace falta tener una discusión fría sobre cuál es nuestro papel como periodistas en la sociedad, y ser abiertos sobre esto. Hay veces en las que fallamos y eso pasa cuando somos vagos, cuando el periodismo se apoya en gacetillas de prensa y en fuentes oficiales, o cuando estamos demasiado cerca de las fuentes de poder, lo cual es muy tentador. Otra cosa que pasa, al menos en Gran Bretaña, es que los periodistas provienen de cierta comunidad muy bien educada, basada en Londres; están concentrados en términos de clase, diversidad étnica, visión política. Es más difícil creer que le estás hablando a toda la comunidad cuando no sos representativo de esa población. Hay un tema más amplio, que es para qué sirve el periodismo y cómo lo defendemos. Necesitamos decir que el periodismo es un bien público, que es importante y, por lo tanto, debemos repensar los modelos de negocios. Es necesario también tener una conversación con el público para decir que hay que salir a la calle si un periodista es asesinado.

¿Cree que los ataques de políticos a periodistas representan un riesgo para libertad de expresión?
Un riesgo para la libertad de expresión bastante obvio es que estos políticos están rechazando hablar ante los medios. En Gran Bretaña, durante la campaña hubo un gran debate sobre si Boris Johnson debía ser entrevistado por Andrew Neil, de la BBC, uno de los entrevistadores más feroces de la televisión. No aceptó ser entrevistado, pero sus competidores sí. Un riesgo para la libertad de expresión es que los políticos no tengan que rendir cuentas por su propio discurso. Otro tema que es una amenaza es el espacio online. Tenemos muchas preocupaciones por la desinformación, las noticias falsas, los discursos de odio, preocupaciones muy válidas. Pero veo que hay un apuro por establecer regulaciones contra las noticias falsas, por parte de gente que en realidad quiere usar eso como excusa para censurar a la prensa, del mismo modo que en algunos países se usó la legislación antiterrorista para cercenar derechos y libertades civiles. El otro problema con la libertad de expresión es el deterioro general de la prensa. No sabemos cómo va a sobrevivir la idea de un periodismo profesional e independiente, que es un componente central para promover una libertad de expresión útil y democrática. Sin un periodismo independiente y profesional lo que tenés es otra cosa: propaganda, gente promoviendo mensajes para aumentar su propia riqueza mientras dice estar haciéndolo por el bien común.

¿Es decir que, en su visión, habría cierta relación entre los ataques de políticos autoritarios a periodistas y el deterioro de la calidad del periodismo?
El hecho de que exista mucho periodismo malo ha facilitado los ataques contra la prensa. Hay excelente periodismo también, pero creo que ahora es más fácil encontrar ejemplos de mal periodismo o de errores humanos, incluso en el buen periodismo. Lo importante es reconocerlos correctamente. Otro aspecto realmente peligroso para la libertad de expresión tiene que ver con el estatus del periodismo en la sociedad. Hace tiempo que no se veían tantos periodistas asesinados o encarcelados, en distintas partes del mundo. Los asesinatos y los ataques son particularmente peligrosos, por ejemplo, en países como Francia. En el contexto del movimiento de los Chalecos Amarillos, hubo muchos casos de periodistas atacados físicamente, en un clima de desconfianza y odio por parte de los manifestantes. Otro modo de ataque es el acoso online.

¿Cómo afectan al periodismo los niveles crecientes de polarización política?
Una vez más, esto tiene que ver con la idea del periodismo como profesión independiente; es decir que, más allá de tu ideología política, vos como periodista podés desempeñarte en cualquier medio; respalde al partido que respalde el medio donde trabajes, tu tarea la vas a hacer del mismo modo. Eso se está socavando bastante. En Turquía, donde existen medios y una sociedad increíblemente polarizados, es inconcebible que te dé trabajo un periódico progubernamental si venís de trabajar para un periódico de la oposición. Lo mismo a la inversa. Entonces, a los periodistas que se ven a sí mismos como independientes pero de repente descubren que su periódico ahora es propiedad de un dueño progubernamental y tienen que dejar de escribir contra el gobierno, les resultará casi imposible conseguir un trabajo en cualquier otro medio en Turquía. La polarización está encerrando a las personas y obliga a los periodistas a elegir un lado en la política, algo realmente peligroso para el periodismo. Parte de esto, nuevamente, y no quiero seguir culpando a los medios, tiene que ver con la combinación de información y opinión. Antes, información y opiniones estaban separados, la idea era que podías ser un periodista de noticias y ser imparcial; después estaban las páginas de opinión, diferenciadas del periodismo de noticias. Actualmente, muchos lectores y televidentes realmente no entienden la diferencia entre noticias y opiniones, y los medios no lo dejan muy claro en ciertos países.

Hay un nuevo centro de poder: las plataformas. ¿Cómo cree que podrían vincularse con los medios de un modo saludable para la democracia?
El poder de las plataformas no es el mismo que el de los medios. De hecho, los dueños de las plataformas no quieren tener el poder que tienen los medios. A veces creo que si pudieran apagar las noticias lo harían. Es mucho problema para ellos y no sacan muchas ganancias por ellas, no es realmente su área. Las plataformas tienen el poder de crear redes de gente, de conectar a las personas en diferentes sociedades y geografías de un modo que antes era imposible, y pueden difundir mucha información a una velocidad sobrehumana. Las plataformas ahora también tienen el poder de establecer estándares sobre cómo operan los medios. Entonces Facebook les dice que si hoy quieren ganar atención en esa plataforma, tienen que hacer videos, que van a promover los videos en Facebook. Y muchas redacciones escuchan esto y dicen “bueno, vamos a echar a nuestros redactores y contratar gente que haga video”, y un año después Facebook dice “lamento que eso no haya funcionado realmente”. No creo que a las plataformas les interese conducir el contenido, pero por el hecho de ser tan grandes y poderosas fuerzan a las redacciones a tomar algunas decisiones en función de acceder a la distribución de esas redes.

¿Cuáles serán, entonces, los desafíos principales del periodismo en la próxima década?
Lo principal es convencer a la gente joven de que el periodismo es todavía una profesión que vale la pena ejercer. Y a los periodistas responsables, convencerlos de seguir haciendo periodismo. Los motivos para no hacerlo son económicos, de estatus y también, a veces, el temor a recibir ataques. Mejorar el estatus de la prensa en la sociedad es un desafío grande, que permitirá hacer retroceder a los políticos que atacan a la prensa, y persuadir a la gente de pagar por periodismo. Pero si el periodismo pierde estatus, no hay defensa posible contra los ataques y nadie va a pagar por él.
Foto: Patricio Pidal/AFV
Fuente: Diario La Nación

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Opinión

MDP : Prostitución, drogas y Zona Roja: un negocio que financia al poder

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El cóctel nauseabundo que mezcla el comercio de drogas y seres humanos con las instituciones oficiales no es nuevo y en Mar del Plata ya se cobró muchas víctimas.

Desde hace décadas las denuncias acerca de la connivencia de la justicia, la política y la policía con el negocio de la prostitución caen una y otra vez en saco roto en nuestra ciudad. Y es que al haber incorporado como habitual el flagelo, poco a poco la sociedad va dejando de hablar de ello, de escandalizarse ante la obscenidad de lo obvio y finalmente pedir justicia y soluciones.

Ya en los años 80, apenas retornada la democracia al país, algunos periodistas bregábamos para que el desmadrado ejercicio de la prostitución callejera -promovido y protegido por la policía provincial y convertido en medio de recaudación para las campañas políticas- fuera investigado y erradicado de raíz.

En aquellos años era el barrio de La Perla el «habilitado» para la instalación de prostitutas en sus esquinas y para el funcionamiento de decenas de pequeños hoteles que tras la denominación de «Familiar» ocultaban verdaderos prostíbulos. Un negocio millonario del que se beneficiaban la Unidad Regional IV, la Comisaría 1era., el Comando Radioeléctrico, la Brigada de Investigaciones y la entonces Dirección de Toxicomanía, hasta la llegada a Mar del Plata del Crio. Hermes Acuña que barrió con toda la mugre que se escondía debajo de la alfombra de la repartición.

Alguna vez en nuestro programa radial LIBRE EXPRESIÓN, una voz que se empeñó en señalar estas corrupciones y pagó un alto precio por ello, una trabajadora del sexo que  oficiaba de «delegada» de sus compañeras nos dijo que «tenemos que pagarle a tantas reparticiones que trabajamos para nosotras un solo día de la semana. Pero si no les damos la plata nos meten presas y nos revientan a golpes». Así trabajaban las mujeres de La Perla…

En ese tradicional barrio de Mar del Plata comenzó a crecer el negocio de la venta al menudeo de la droga por medio de las prostitutas. A las que además se las convirtió en adictas para favorecer «la lealtad» con sus patrones-dueños. 

Y también en ese barrio comenzó la leyenda del Asesino de la Ruta aunque luego se supiese que en realidad no se trataba de un solo maniático sino de varios crímenes a los que se le dio un enmascaramiento similar para en algunos casos cobrar «mejicaneadas» de droga y en otros tapar las acciones de conocidos personajes de la justicia y la política que solían requerir los servicios de estas proveedoras de sexo y estupefacientes. Semejante escándalo terminó languideciendo en el olvido y nunca se avanzó seriamente en la investigación…

Pero a partir del ruido que aquello generó en la sociedad la zona roja mudó rápidamente de lugar geográfico: las inmediaciones de la vieja terminal de trenes, en una primera etapa, y la Avda. Jara -cuando el negocio se amplió con la presencia de travestis y se convirtió además en el shopping del narcomenudeo local- fueron el nuevo epicentro del negocio y sus múltiples tapaderas.

De nada sirvieron las quejas de los vecinos, las promesas del poder político y las puestas en escena de la justicia. Nunca nadie hizo nada medianamente serio para terminar con una actividad que además hace de la evidencia una estrategia de penetración en el mercado: la prostitución se muestra, escandaliza, convoca con ampulosos gestos al potencial cliente y, en definitiva, se esfuerza por no pasar desapercibida.

En estos años han proliferado los escándalos, los crímenes, los agentes policiales detenidos en flagrante delito de tráfico, las peleas entre travestis, los ampulosos operativos tendientes a hacer creer que realmente se quiere recuperar esta zona de la ciudad para sus vecinos. Y todo ha quedado, una y otra vez, en la nada.

Y así seguirá siendo mientras no aparezca en el horizonte político y periodístico lugareño queien hable con claridad y le ponga a las cosas nombre y apellido: la prostitución y el narcotráfico cuentan con protección de la policía y la justicia y siguen financiando actividades partidarias, cada vez en mayor medida y con mayor impunidad.

Ocurre en el presente, fue así en el pasado y seguramente seguirá pasando si el estado -esa creación ñoña y patibularia a la que todos sostenemos para que nos estafe- sigue mirando para el costado y beneficiándose del delito.

A lo sumo, como los viejos circos barriales, se correrá unas pocas cuadras para seguir con la función…

ADRIAN FREIJO

LIBRE EXPRESION.NET

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Opinión

Tinelli recargado: acusa a Macri de lo mismo que antes acusaba a Cristina

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Que el hombre es un saltimbanqui de la vida ya no puede negarse. Menemista entusiasta, kirchnerista voraz, macrista vocacional, Marcelo Tinelli ahora vuelve a colgarse del pincel.

Lejos quedó el tiempo en el que el conocido conductor televisivo ayudaba a Carlos Menem a ganar las elecciones. O aquel en el que saltaba como fauno en torno a los Kirchner buscando, y consiguiendo, los favores del poder.

Cuando trascendió que estaba siendo víctima de espionaje y persecución fiscal por parte de Cristina Kirchner, algo similar a lo que ahora denuncia indignado, saltó a los brazos de la variopinta alianza entre Mauricio MacriFrancisco De Narváez y Felipe Solá -si, el mismo que ahora finge ser Canciller de Alberto Fernández mientras Gustavo Béliz lleva adelante las relaciones internacionales- y dedicó una temporada completa de su programa a destruir a la actual vicepresidente de la república.

Pero cuando Mauricio le cerró el paso a su pretensión de adueñarse del fútbol argentino, tras varias visitas a Olivos y Balcarce 50 pidiendo una ayuda que nunca llegó, dirigió sus furias contra el viejo amigo y descubrió que en el kirchnerismo más rancio encontraría el «palenque ande ir a rascarse».

Tras varios toque de histeria, renuncias y reasunciones en su club, peleas y burlas dirigidas a quien hoy es su principal socio y sostén en la AFA Chiqui Tapia, Marcelo se lanzó en brazos del nuevo presidente de los argentinos, se aferró al titular del fútbol argentino que lo premió con la presidencia de la entonces Superliga y descubrió que lo suyo era incorporarse al gobierno para luchar contra el hambre.

Eso si…siempre y cuando esa pelea altruista comenzara a su retorno de Esquel, hacia adonde escapó con bártulos y familia para ponerse a salvo de los riesgos pandémicos. Algo que los hambrientos no podían hacer…

Retornado al mundo civilizado y a la espera de poner la nueva temporada de su show al servicio de los nuevos patrones, el buen muchacho de Bolívar busca hacer méritos para ser considerado por el actual oficialismo como alguien con derecho a pertenecer: el conductor criticó hoy el presunto espionaje realizado durante el gobierno de Mauricio Macri, al señalar que tenían «un aparato del Estado para perseguir a los que pensaban distinto».

«Te escuchaban los teléfonos, te leían los mails, te apretaban con la Afip. Tenían un aparato del Estado, que pagábamos nosotros, para perseguir a los que pensaban distinto o a los propios que pudieran descarriarse. #SiSePuede «, escribió Tinelli en su cuenta de Twitter.

La misma acusación que no hace tanto derramó sobre su hoy aliada Cristina Fernández. Aquella que en las conversaciones con Oscar Parrilli, que son parte de una de las tantas causas judiciales que la tienen como protagonista, se burlaba del encuentro entre Mauricio Macri y Marcelo. «Con todos los problemas que tiene la Argentina le dedica dos horas a Tinelli», comenta Parrilli, a lo que Cristina responde: «¿Qué pueden haber hablado esos dos idiotas en dos horas? La verdad que es increible».

Refiriéndose a la misma reunión, la ex mandataria afirmaba entonces que «jamás hubieran obtenido una foto mía así con Tinelli en su vida, ni que se cagaran». Y agrega: «vos acordate que Tinelli me llamaba por teléfono a Olivos y yo no lo atendía. No, un jefe de Estado es un jefe de Estado».

Cosas de un país que suele volver icónicos a personajes deplorables y de una vida pública en la que todo vale, todo se olvida…y todo vuelve.

Hasta el próximo garrochazo…of course.

 

ADRIAN FREIJO

LIBRE EXPRESION

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Opinión

El coronavirus alejó a la Iglesia del dolor de sus fieles

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Crece el desconcierto social por la ruidosa ausencia de la Iglesia católica argentina en este tiempo de pandemia. Una actitud que puede tener un alto costo.

Los últimos años no han sido los mejores en cuanto a la relación de la Iglesia con la sociedad. Un hilo conductor que viene desde los negros años de la dictadura -plagados de silencios y complicidades eclesiales- y que enlaza con escándalos financieros y el tan presente como horroroso fantasma de la pedofilia, conformaron un cóctel venenoso con el materialismo propio de este tiempo, el hedonismo y los debates que traspasan al mundo moderno y que tienen nombre y apellido. El matrimonio igualitario, la homosexualidad y el aborto ocupan la agenda universal desde principio de los 90 y en todos ellos la institución romana -apretada por cuestiones de dogma y otras que nada tienen que ver con ello- debió abroquelarse en una posición conservadora que la enfrentó con al menos la mitad de la comunidad universal.

La caída de las vocaciones, la pérdida constante de fieles, los cismas internos y el crecimiento de otras expresiones cristianas a un ritmo similar al del agnosticismo, fueron la respuesta inmediata que puso al Vaticano a la defensiva y que aún hoy lo tiene en estado de confusión.

La aparición de Francisco con un mensaje renovador, casi revulsivo y de cara a un nuevo tiempo generó en los albores de su papado una esperanza que el paso de los años se ha encargado de anestesiar. Es poco lo que cambió y mucho menos lo que de ello asoma en el horizonte…

La crisis del coronavirus pareció una ocasión ideal para comenzar a cambiar esa imagen declinante. La posibilidad de ver una Iglesia comprometida, arriesgándose a ir allí donde el dolor llamaba sin miedos y con los riesgos del pastor que cuida a sus ovejas frente al merodeo del lobo, era casi una respuesta de manual al accionar de quien salva almas, espanta dolores y despierta esperanzas.

Pero ello no ocurrió. Al menos como respuesta institucional, que hubiese requerido del concurso de todos los niveles de la milenaria organización.

Los curas jóvenes, esos que tantas veces sufren el embate de las jerarquías y son tildados desde lo ideológico sin ver su capacidad de empatía con los más humildes, hundieron otra vez los pies en el barro y fueron allí donde el sufrimiento los convocaba. Pero lo hicieron solos, por convicción y decisión personal.

Las jerarquías de la Iglesia Argentina desaparecieron del escenario y lo hicieron sin rubor ni explicación alguna. Abandonaron a su pueblo a su suerte, limitándose a algunos consejos liturgistas que en nada ayudaban a paliar la dura realidad de todos.

De los más necesitados, que buscaban el reparo a sus carencias y los que, aún con espalda para resistir desde lo económico, aguardaban el consuelo y la contención de sus almas. Dejar al hombre en soledad con Dios puede representar la esencia de la fe pero cuestiona la necesidad de esa intermediación milenaria que representa su Iglesia.

El costo va a ser seguramente muy alto.

Pensar que de esta crisis salga una Iglesia fortalecida es tan solo un rasgo de ingenuidad o de fanatismo. No ha estado a la altura de lo que su grey le reclamaba…y eso se hará sentir. Mucho deberá reflexionar Roma si quiere que el coronavirus no sea el inicio de la crisis más profunda que haya atravesado en su historia.

El mundo clamó y la respuesta fue el silencio…

Quienes nacieron y crecieron bajo  aquel que fue capaz de sacrificar su propia vida por la humanidad se escondieron en el repliegue que garantizaba su seguridad al precio del abandono de sus hijos.

Es grave y es triste. Recemos para que Dios le muestre a su Iglesia el camino de una nueva oportunidad…

FUENTE : LIBRE EXPRESION
Por Adrián Freijo –

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