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Opinión

Meera Selva: “Sin un periodismo independiente y profesional lo que tenés es otra cosa: propaganda”

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La periodista británica dice que los medios deben apostar a la calidad para remontar una crisis global que combina la competencia con Internet, las fake news y el auge de líderes autoritarios

Por: Natalí Schejtman y Guillermo Borella
Cuando tenía ocho años, sus padres visitaron el Reino Unido por unos asuntos profesionales y Meera Selva quedó momentáneamente al cuidado de sus abuelos en Sri Lanka. Pero la guerra civil estalló de forma intempestiva, dejando a la familia dividida hasta que la niña pudo reencontrarse con sus padres en tierras inglesas, donde creció y actualmente vive. Por eso, aunque mira con cariño su pasaporte británico, no deja de impresionarle cómo un simple compendio de hojas puede determinar el derecho de unos y la privación de otros a -nada menos- vivir en paz.

Con esa visión sobre las dificultades e injusticias globales, Selva desarrolló una carrera auspiciosa como periodista en Europa, Asia y África; fue corresponsal en Londres de Associated Press y tres años corresponsal de The Independent con base en Nairobi, Kenia, además de trabajar como periodista económica en otros medios.

Actualmente su carrera como periodista se ha deslizado ligeramente hacia la investigación académica. Selva es la directora de las becas de periodismo del Instituto Reuters de la Universidad de Oxford, un centro que viene haciendo ruido en los últimos años: no solamente por medio de su informe anual sobre producción y consumo de noticias digitales en decenas de países del mundo, sino también por sus informes regulares, que van desde análisis comparativos de medios públicos europeos hasta observaciones sobre el consumo de noticias vía plataformas sociales, podcasts y regulación de medios digitales. En un contexto donde la discusión sobre “los medios” se hizo habitual, el instituto provee evidencia basada en una metodología clara y aborda temas específicos y generales de la compleja, a veces traumática, transformación de las redacciones periodísticas.

En sus investigaciones, Selva suele recorrer las difíciles aristas de los conflictos más resonantes para el periodismo hoy: crisis de la industria, nuevos desafíos de la profesión en la era digital, cambios en el modelo de negocios, caída de la confianza en los medios y líderes políticos que hacen de su vínculo directo con la gente, sin intermediarios, un bastión a reivindicar.

“Estos líderes apelan directamente a sus bases porque ahora tienen otros canales para hacerlo. Antes necesitaban a la prensa para hacer llegar su visión a la población; ahora pueden hablarles a través de las redes sociales”, sostiene Selva, que recientemente visitó Buenos Aires para participar en el Congreso Nacional e Internacional del Foro de Periodismo Argentino (FoPeA).

Según muestran los informes del Instituto Reuters, en muchos países se observa una caída de la credibilidad de los medios. ¿A qué se debe?
La confianza en los medios comenzó a caer mucho en 2008, especialmente en Europa y Estados Unidos. La confianza en los medios está vinculada a la confianza en otras instituciones. Después de la crisis financiera, aumentó la sensación de que todo el sistema económico había fallado, y que los medios deberían haber detectado esos problemas más temprano. Al no hacerlo, también fallaron. Esta es una parte de la crisis de los medios, que coincidió con la disrupción de su modelo de negocios. El modelo tradicional de los diarios impresos, basado en la publicidad, comenzó a decrecer al tiempo que Facebook y Google comenzaron a llevarse los ingresos publicitarios de los diarios. La forma en que los medios de comunicación venían generando ganancias dejó de ser válida con Internet, al no poder atraer al público de la manera que deseaban los anunciantes. Eso hizo que los medios comenzaran a trabajar cada vez con menos recursos, lo que afectó la calidad del periodismo. A la vez, se generó una pérdida de credibilidad en relación con lo que se publicaba en Internet. Muchos medios parecieron decir: “Necesitamos cualquier tipo de contenido para obtener la atención de las personas, sin importar de qué se trata el periodismo”. Fue una combinación de factores.

¿Cómo impactó el ascenso de liderazgos autoritarios en esta crisis?
En muchos casos, líderes como Vladimir Putin en Rusia, Donald Trump en Estados Unidos o Boris Johnson en Gran Bretaña no tuvieron miedo de atacar a los medios. Estos líderes están socavando normas internacionales de la democracia sobre el papel de los medios en el proceso democrático y están diciéndoles a sus bases: “No les crean a los medios, les están mintiendo”. Antes necesitaban a los medios para hacer llegar su visión a la población, ahora pueden hablarles a través de las redes sociales. Y también decidieron que una buena forma de deshacerse del periodismo crítico era justamente mandar sus mensajes por otras vías. Los medios son hoy un poco débiles financieramente para entender realmente cómo reaccionar ante eso. Así y todo, algunas publicaciones están logrando reconstruir sus marcas: el Washington Post o el New York Times han tenido seguidores muy leales y han aumentado su reputación y credibilidad después de la victoria de Trump. En muchos países vemos una tendencia a confiar nuevamente en pocas marcas respetables, y esto en parte es porque la gente está realmente preocupada por las noticias falsas y la veracidad de lo que se ve online. Sin embargo, en términos generales, hay una crisis de credibilidad y propósito.

¿Qué se puede hacer para revertir esto?
Hace falta tener una discusión fría sobre cuál es nuestro papel como periodistas en la sociedad, y ser abiertos sobre esto. Hay veces en las que fallamos y eso pasa cuando somos vagos, cuando el periodismo se apoya en gacetillas de prensa y en fuentes oficiales, o cuando estamos demasiado cerca de las fuentes de poder, lo cual es muy tentador. Otra cosa que pasa, al menos en Gran Bretaña, es que los periodistas provienen de cierta comunidad muy bien educada, basada en Londres; están concentrados en términos de clase, diversidad étnica, visión política. Es más difícil creer que le estás hablando a toda la comunidad cuando no sos representativo de esa población. Hay un tema más amplio, que es para qué sirve el periodismo y cómo lo defendemos. Necesitamos decir que el periodismo es un bien público, que es importante y, por lo tanto, debemos repensar los modelos de negocios. Es necesario también tener una conversación con el público para decir que hay que salir a la calle si un periodista es asesinado.

¿Cree que los ataques de políticos a periodistas representan un riesgo para libertad de expresión?
Un riesgo para la libertad de expresión bastante obvio es que estos políticos están rechazando hablar ante los medios. En Gran Bretaña, durante la campaña hubo un gran debate sobre si Boris Johnson debía ser entrevistado por Andrew Neil, de la BBC, uno de los entrevistadores más feroces de la televisión. No aceptó ser entrevistado, pero sus competidores sí. Un riesgo para la libertad de expresión es que los políticos no tengan que rendir cuentas por su propio discurso. Otro tema que es una amenaza es el espacio online. Tenemos muchas preocupaciones por la desinformación, las noticias falsas, los discursos de odio, preocupaciones muy válidas. Pero veo que hay un apuro por establecer regulaciones contra las noticias falsas, por parte de gente que en realidad quiere usar eso como excusa para censurar a la prensa, del mismo modo que en algunos países se usó la legislación antiterrorista para cercenar derechos y libertades civiles. El otro problema con la libertad de expresión es el deterioro general de la prensa. No sabemos cómo va a sobrevivir la idea de un periodismo profesional e independiente, que es un componente central para promover una libertad de expresión útil y democrática. Sin un periodismo independiente y profesional lo que tenés es otra cosa: propaganda, gente promoviendo mensajes para aumentar su propia riqueza mientras dice estar haciéndolo por el bien común.

¿Es decir que, en su visión, habría cierta relación entre los ataques de políticos autoritarios a periodistas y el deterioro de la calidad del periodismo?
El hecho de que exista mucho periodismo malo ha facilitado los ataques contra la prensa. Hay excelente periodismo también, pero creo que ahora es más fácil encontrar ejemplos de mal periodismo o de errores humanos, incluso en el buen periodismo. Lo importante es reconocerlos correctamente. Otro aspecto realmente peligroso para la libertad de expresión tiene que ver con el estatus del periodismo en la sociedad. Hace tiempo que no se veían tantos periodistas asesinados o encarcelados, en distintas partes del mundo. Los asesinatos y los ataques son particularmente peligrosos, por ejemplo, en países como Francia. En el contexto del movimiento de los Chalecos Amarillos, hubo muchos casos de periodistas atacados físicamente, en un clima de desconfianza y odio por parte de los manifestantes. Otro modo de ataque es el acoso online.

¿Cómo afectan al periodismo los niveles crecientes de polarización política?
Una vez más, esto tiene que ver con la idea del periodismo como profesión independiente; es decir que, más allá de tu ideología política, vos como periodista podés desempeñarte en cualquier medio; respalde al partido que respalde el medio donde trabajes, tu tarea la vas a hacer del mismo modo. Eso se está socavando bastante. En Turquía, donde existen medios y una sociedad increíblemente polarizados, es inconcebible que te dé trabajo un periódico progubernamental si venís de trabajar para un periódico de la oposición. Lo mismo a la inversa. Entonces, a los periodistas que se ven a sí mismos como independientes pero de repente descubren que su periódico ahora es propiedad de un dueño progubernamental y tienen que dejar de escribir contra el gobierno, les resultará casi imposible conseguir un trabajo en cualquier otro medio en Turquía. La polarización está encerrando a las personas y obliga a los periodistas a elegir un lado en la política, algo realmente peligroso para el periodismo. Parte de esto, nuevamente, y no quiero seguir culpando a los medios, tiene que ver con la combinación de información y opinión. Antes, información y opiniones estaban separados, la idea era que podías ser un periodista de noticias y ser imparcial; después estaban las páginas de opinión, diferenciadas del periodismo de noticias. Actualmente, muchos lectores y televidentes realmente no entienden la diferencia entre noticias y opiniones, y los medios no lo dejan muy claro en ciertos países.

Hay un nuevo centro de poder: las plataformas. ¿Cómo cree que podrían vincularse con los medios de un modo saludable para la democracia?
El poder de las plataformas no es el mismo que el de los medios. De hecho, los dueños de las plataformas no quieren tener el poder que tienen los medios. A veces creo que si pudieran apagar las noticias lo harían. Es mucho problema para ellos y no sacan muchas ganancias por ellas, no es realmente su área. Las plataformas tienen el poder de crear redes de gente, de conectar a las personas en diferentes sociedades y geografías de un modo que antes era imposible, y pueden difundir mucha información a una velocidad sobrehumana. Las plataformas ahora también tienen el poder de establecer estándares sobre cómo operan los medios. Entonces Facebook les dice que si hoy quieren ganar atención en esa plataforma, tienen que hacer videos, que van a promover los videos en Facebook. Y muchas redacciones escuchan esto y dicen “bueno, vamos a echar a nuestros redactores y contratar gente que haga video”, y un año después Facebook dice “lamento que eso no haya funcionado realmente”. No creo que a las plataformas les interese conducir el contenido, pero por el hecho de ser tan grandes y poderosas fuerzan a las redacciones a tomar algunas decisiones en función de acceder a la distribución de esas redes.

¿Cuáles serán, entonces, los desafíos principales del periodismo en la próxima década?
Lo principal es convencer a la gente joven de que el periodismo es todavía una profesión que vale la pena ejercer. Y a los periodistas responsables, convencerlos de seguir haciendo periodismo. Los motivos para no hacerlo son económicos, de estatus y también, a veces, el temor a recibir ataques. Mejorar el estatus de la prensa en la sociedad es un desafío grande, que permitirá hacer retroceder a los políticos que atacan a la prensa, y persuadir a la gente de pagar por periodismo. Pero si el periodismo pierde estatus, no hay defensa posible contra los ataques y nadie va a pagar por él.
Foto: Patricio Pidal/AFV
Fuente: Diario La Nación

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¿ALGUNA VEZ HABRÁ UN BARACK ARGENTINO?

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El ex presidente y su esposa, como la mayoría de sus antecesores, multiplicaron su fortuna con la venta de sus libros y sus conferencias. El prestigio que multiplica los panes frente al dinero mal habido que se quedan los abogados.

Según una estimación de GoBankingRates, Barack Obama tiene hoy un patrimonio de U$S 40 millones, muy lejos de los 1,3 millones que declaró cuando alcanzó la presidencia. La mitad de esa fortuna la hizo durante los ocho años que ocupó el cargo de presidente, con ayuda de su esposa Michelle, y el resto lo han conseguido ya fuera del cargo y gracias a la habilidad que tiene el matrimonio para gustar y conquistar. Y por el prestigio adquirido en los tiempos en los que era el hombre más poderosos de la tierra y sus decisiones afectaban a todo el planeta.

Obama cobra una pensión como ex presidente de 210.000 dólares anuales, pero este ingreso es el menor de sus ingresos si se tiene en cuenta que por cada una de sus intervenciones como conferenciante recibe alrededor de U$S 400.000.

Como escritor también percibe regalías propias de un best seller. Según Forbes, de 2005 a 2016 recibió 15,6 millones de dólares en anticipos y derechos de autor por La audacia de la esperanza A ti te canto: una carta a mis hijas, y también por Sueños de mi padre, su primer libro de memorias.

Su esposa Michelle ha conseguido generar también ingresos millonarios. «Mi historia», autobiografía que lanzó en noviembre de 2018, se ha convertido en el libro de memorias más vendido de la historia. ¿La razón?…la misma, el prestigio logrado durante su estadía en la Casa Blanca, su don de gentes y su respeto por los demás.

Algo similar ocurrió con el ex presidente James Carter y con el propio Bill Clinton quien, pese a los escándalos de faldas que rodearon su último período en el gobierno, se retiró con una dosis de prestigio y apoyo de sus conciudadanos que lo convirtieron en figura central de las elecciones que ganó justamente Obama.

Mientras Carter ocupó los últimos años de su vida como enviado en misiones de paz de su país a los lugares más lejanos de la tierra, Clinton cobra hoy un cachet de U$S 250.000 por cada conferencia que da dentro o fuera de los EEUU.

Pero no son los únicos casos. Felipe González, ex presidente de gobierno de España, es hoy un activo consultor político en toda América Latina y Europa así como Michelle Bachelet recorre el mundo bregando por las libertades públicas desde su cargo de Alto Comisionado de la ONU.

Y hay más, muchos más, de todas las nacionalidades…menos argentinos.

Mientras muchos de estos hombres y mujeres ven multiplicarse los panes cuando dejan el poder y ello ocurre por el respeto que sus nombres despiertan, los ex presidentes argentinos -con alguna honrosa excepción- deben utilizar mucho de sus fortunas para pagar abogados que eviten que vayan a parar con sus huesos a la cárcel. Aunque rara vez logran que el desprestigio caiga sobre sus espaldas para todo el resto de sus vidas.

¿Corrupción o salvajismo político?, ¿repudio popular o venganza?…vaya uno a saber. Pero lo que es cierto es que este debe ser el único país del mundo en el que sus dirigentes se consuelan diciendo aquello de que «el que se mete en política sabe que echa su honra a los perros». Un disparate conceptual que no por repetido deja de sonar a pretexto.

Tenemos derecho los argentinos a soñar con que algún día nuestros ex presidentes sean reconocidos por el mundo y por nosotros mismos como personas prestigiosas, dignas de ser escuchadas y siempre dispuestos a poner su experiencia al servicio del estado y de la patria.

Y vaya si nos alegraremos si esos valores les son útiles para vivir con dignidad, ganar dinero bien habido y ser merecedores del honor -raro aquí y común en otros lados- de que sus compatriotas quieran escucharlos o leerlos con verdadero interés.

Y no leer sus nombres en las páginas policiales…

LIBRE EXPRESION

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Carlos Rívolo: “La decisión de reformar la Justicia fue política e inconsulta”

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El presidente de la Asociación de Fiscales nacionales lamentó que Alberto Fernández no haya elaborado el proyecto en base a “un gran acuerdo nacional” que incluya a todos los sectores

El fiscal Carlos Rívolo, presidente de la Asociación de Fiscales nacionales, aseguró que el país no atraviesa “el mejor momento” para implementar una reforma de la Justicia como la que impulsa el gobierno nacional y también lamentó que el oficialismo no haya aprovechado la oportunidad para avanzar en base a “un gran acuerdo” con todos los sectores.

Si bien Rívolo reconoció que la Justicia necesita algunas reformas, explicó “la creación de 94 juzgados en el interior del país, de 84 fiscalías federales, más otras 23 en el interior, más los defensores oficiales, más el tema edilicio” representan un importante gasto que el gobierno actual no está en condiciones de hacer en el marco del grave déficit fiscal -empeorado aún más por la pandemia- y de la renegociación de la deuda externa.

“A todas esas personas por lo menos hay que instalarles una computadora e ingresarlos en el sistema general que hoy por hoy ya tiene falencias. No pareciera ser lo mejor”, reflexionó durante una entrevista con el programa de Carlos Eguía, por Radio Cultura.

Según Rívolo, la decisión de Alberto Fernández fue “política” e “inconsulta”. En ese sentido, lamentó que el Presidente no haya aprovechado la oportunidad para hacer “un gran acuerdo nacional” con todo los sectores políticos y también escuchando a quienes están “detrás de los escritorios” del Poder Judicial.

“Salvo el doctor Raúl Alfonsín, cada uno de los gobiernos llegó con su plan de reforma de la Justicia bajo el brazo”, dijo.

Sobre ese tema, opinó que la principal falencia de todo el sistema, principalmente en el fuero federal, es la politización de los jueces y consideró que puede solucionarse a través de la reforma de algunas instituciones clave, como por ejemplo el Consejo de la Magistratura.

Por otro lado, consideró que la reforma más importante es la implementación plena del sistema acusatorio -funciona desde hace un año en Salta y Jujuy- que permitirá a los fiscales conducir la investigación y encargarse de la recolección de pruebas, mientras que los jueces sólo deberán concentrarse en garantizar el debido proceso y en juzgar en base a las evidencias. “Es el sistema ideal, es el más transparente”, dijo Rivolo.

A su vez, criticó la intención de flexibilizar la posibilidad del recurso extraordinario ante la Corte Suprema no solo por sus implicancias políticas actuales sino por los problemas que traería aparejado para el funcionamiento del máximo tribunal.

“Si se elastiza el recurso extraordinario, obviamente las peticiones que ha hecho la presidenta Cristina Kirchner tendrían una acogida positiva en cuanto a su aceptación. Pero eso también abre la posibilidad a muchos otros reclamos. Entonces la Corte se transforma en un almacén de ramos generales”, sintetizó.

(Nicolás Aboaf)(Nicolás Aboaf)

Además, señaló que actualmente el Poder Ejecutivo es quien más apelaciones presenta ante la Corte en relación a los casos de ajustes jubilatorios.

En cuanto a la Comisión de Asesores que se pronunciará sobre la ampliación del máximo tribunal, Rívolo aseguró que el abogado defensor de Cristina Kirchner, Carlos Beraldi, “no debería estar”.

Una de las principales novedades del proyecto que impulsa el gobierno nacional es la creación de un nuevo fuero federal para la ciudad de Buenos Aires. Se trata de los tribunales que investigan las causas de corrupción del poder político y económico y de los funcionarios públicos. Pero también el crimen organizado como los casos de narcotráfico, secuestros, trata de personas. Ese fuero –los tribunales de Comodoro Py– tiene 12 juzgados de primera instancia. El proyecto los unifica con los 11 juzgados del fuero penal económico, que también es federal y se encarga de las causas por contrabando y delitos tributarios y aduaneros.

Con esa fusión los juzgados son 23 pero se transformarán en 46 porque cada uno tiene dos secretarías que pasarán a ser juzgados. El objetivo es licuar el poder de los históricos 12 jueces federales que en muchos casos se manejan políticamente.

INFOBAE

 

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Teletrabajo. Las empresas creen que la ley implica el fin de la modalidad

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Apesar de los reclamos del sector privado, el Senado aprobó hoy la Ley de Teletrabajo. Las cámaras empresarias argumentan que será el fin de un régimen que, a su juicio, hasta el momento viene funcionando bien y que hay condiciones que harían “inviable” la opción de contratar a un teletrabajador.
Las cámaras empresarias argumentan que podría ser el fin de un régimen que, a su juicio, hasta el momento viene funcionando bien Crédito: Shutterstock
El proyecto crispó los ánimos del sector privado, que fue invitado al debate, pero tarde. A mediados de este mes, hubo reunión de la Comisión de Trabajo del Senado en donde se escuchó a algunas entidades, como la Unión Industrial Argentina (UIA).

“Es una verdadera lástima que, a pesar de que se logró visibilizar el tema y de que desde varias entidades hicimos un aporte para genera una mejor ley para todos, salió esta ley que no se entiende a quién quiere beneficiar”, apunta Brenda Puig, líder de la Red de Abogados de Empresa de IDEA.

Para la abogada, a pesar de que la Comisión de Trabajo del Senado convocó a algunas entidades, no hubo una verdadera escucha de los reclamos que había. Añade que cada sector va a seguir trabajando para bajarlo a sus realidades y que espera que la reglamentación “atempere” algunas consecuencias de la norma aprobada hoy.

“Es una ley que no reconoce cuál es la realidad del teletrabajo”, suma Luis Galeazzi, CEO de Argencon, la cámara que nuclea a las empresas que trabajan en la economía del conocimiento. En las compañías de la institución que dirige”más del 90% de las funciones se realizan en modo teletrabajo” y asegura que nunca hubo conflictos laborales. “Al contrario, los trabajadores demandan más tiempo en modo home office”, agrega. A su juicio, eta norma será una “fuente de litigios laborales” y “no ayuda en nada”, especialmente “en un momento en el que es necesario crear más trabajo”.

Edith Pecci, emprendedora del sector de servicios y miembro del Comité de IDEA Pyme, resume sus conclusiones luego de aprobada la ley en una sola frase: “Chau al teletrabajo”. Añade: “Todavía esperamos que, considerando que existe la posibilidad en la reglamentación, se hagan algunos cambios que ayuden”.

Los puntos más polémicos de la ley

En diálogo con LA NACION, representantes de cámaras de distintas industrias hicieron referencia a los puntos que juzgan más polémicos sobre la ley. Tal como está planteada hoy, la norma, que empezaría a regir 90 días después de que finalice el aislamiento social preventivo y obligatorio, establece algunos criterios marco como el derecho a la desconexión digital del empleado, la provisión de elementos de trabajo y la reversibilidad, es decir, la condición que permite al teletrabajador pasar a ser un empleado presencial en cualquier momento de la relación.

Ese último punto es el que más preocupa a los empleadores, hoy más enfocados en achicar metros cuadrados, inversiones en infraestructura y costos fijos que en agrandarlos. En caso de que el teletrabajador quiera pasar a modalidad presencial, “el empleador le deberá otorgar tareas en el establecimiento en el cual las hubiera prestado anteriormente, o en su defecto, en el más cercano al domicilio del dependiente, en el cual puedan ser prestadas”. En caso de que eso no suceda, la norma indica que el empleado podría considerarse despedido.

"Las empresas no quieren tener una cantidad de escritorios vacíos preparados para esta situación, nadie quiere tener un costo hundido"
“Las empresas no quieren tener una cantidad de escritorios vacíos preparados para esta situación, nadie quiere tener un costo hundido” Fuente: LA NACION

“Las empresas no quieren tener una cantidad de escritorios vacíos preparados para esta situación, nadie quiere tener un costo hundido”, señala Puig. “Esto da un nivel de contingencia terrible y mata lo que ya andaba bien”, añade. La abogada explica que, tal como está redactada hoy la ley, se entiende que la reversibilidad aplicaría solo a las personas que hoy están trabajando en formato presencial y pasan al formato a distancia, pero que desean volver a su antigua condición. Los colaboradores que luego se contraten en formato teletrabajador no podrían hacer uso de este derecho.

En ese sentido, Pecci explicó que se generaría una diferencia entre la fuerza laboral actual de las empresas y la potencial. Como el costo de tener espacios “por las dudas” para las pequeñas y medianas compañías es muy alto, elegirían no armar esquemas mixtos de trabajo a distancia y presencial entre sus actuales empleados.

En el mismo sentido, Galeazzi detalla que entre las empresas de servicios hay trabajo que se realiza por proyectos y en distintos puntos del país. “Un trabajador podría hacer uso de su derecho a la reversibilidad y podría pedir volver de cualquier lugar lejano; esto va en contra de la experiencia que tenemos: es una ley que, aun con buenas intenciones, comete errores en las apreciaciones”, dice.

Los consultados por LA NACION abogan por una "bilateralidad" en la discusión de la reversibilidad
Los consultados por LA NACION abogan por una “bilateralidad” en la discusión de la reversibilidad Crédito: Shutterstock

Los consultados por LA NACION abogan por una “bilateralidad” de la reversibilidad: es decir, que no pueda ser una decisión solamente del empleado, sino que haya una instancia de negociación en la que el trabajador pueda adaptarse al pedido, y eventualmente rechazarlo si no hay condiciones de infraestructura suficientes, por ejemplo.

Otro punto que cuestionan los empresarios tiene que ver con la provisión de herramientas de trabajo para el empleado. En ese sentido, la ley plantea que el empleador debe proporcionar “el equipamiento -hardware y software-, las herramientas de trabajo y el soporte necesario para el desempeño de las tareas y asumir los costos de instalación, mantenimiento y reparación”, o la “compensación por la utilización de herramientas propias de la persona que trabaja”.

La ley también establece que la persona que está empleada bajo la modalidad del teletrabajo tendrá “derecho a la compensación por los mayores gastos en conectividad y/o consumo de servicios que deba afrontar”.

Tal como está redactado, Esteban Carcavallo, socio de Bomchil Abogados, entiende que las herramientas que se brinden para teletrabajar pasarían a considerarse parte del salario de los empleados porque no aclara que sean no remunerativas. Es decir, de esta manera serían un costo más, porque quedarían incluidas en el cálculo del aguinaldo y en una eventual indemnización por despido, por ejemplo.

El abogado interpreta que la definición de teletrabajo que plantea la ley hace que estos derechos sean generales para todas las personas sin importar cuántas horas teletrabajan, es decir, “para el que lo hace en modalidad remota toda la semana y el que tiene el beneficio un día al mes por decisión corporativa”, lo que complicaría todavía más la posibilidad de planear una buena política de trabajo a distancia para las firmas.

El derecho a la desconexión digital es otro de los puntos en los que hay grises en el debate del sector privado
El derecho a la desconexión digital es otro de los puntos en los que hay grises en el debate del sector privado Fuente: AP – Crédito: Dan Pelle

El derecho a la desconexión digital es otro de los puntos en los que hay grises en el debate del sector privado. En condiciones extraordinarias, en las que el teletrabajo no se eligió sino que se impuso por causas de fuerza mayor, casi un 40% de las personas que está realizando sus tareas en esta modalidad durante la cuarentena admite que está trabajando más horas que antes, según una encuesta de Quiddity, la división de investigación de mercado, opinión pública y big data del grupo Untold. Pero la norma no regulará para tiempos de aislamiento, sino para lo que viene después.

El comentario generalizado es que debería haber cierta flexibilidad a la hora de plantear el derecho a la desconexión, o al menos cierta libertad para manejarlo en sectores donde hay emergencias fuera del horario de 9 a 18.

Para Cessi, la cámara de empresas del software, por ejemplo, el derecho a la desconexión no sería un inconveniente, admite su presidente, Sergio Candelo, aunque admite que la rigidez a la hora de aplicarlo va en contra de la dinámica diaria en el trabajo del sector, en la que se puede dar, por ejemplo, que un colaborador esté en un momento de esparcimiento, “desconectado” parcialmente, durante su horario laboral.

Para el sector del software en particular, que está acostumbrado a trabajar en este esquema, la norma hará que talento altamente calificado elija trabajar para clientes extranjeros en modalidad “freelance” ante la dificultad de que una empresa argentina decida contratarlo en modalidad de teletrabajo por las contingencias que eso pasaría a significar si se aprueba la ley.

Por otro lado, los consultados también se refirieron al artículo que refiere a las tareas de cuidado. Las personas que trabajen bajo esta modalidad y que acrediten tener a su cargo, de manera única o compartida, el cuidado de personas menores de 13 años, personas con discapacidad o adultas mayores que convivan con la persona trabajadora y que requieran asistencia específica, “tendrán derecho a horarios compatibles con las tareas de cuidado a su cargo y/o a interrumpir la jornada”, dice la norma.

Por otro lado, los consultados también pusieron en duda el artículo que refiere a las tareas de cuidado
Por otro lado, los consultados también pusieron en duda el artículo que refiere a las tareas de cuidado Crédito: Shutterstock

Para Puig, por un lado este punto es injusto para quienes realizan tareas de forma presencial, pero también implicaría una traba para el desarrollo profesional de las mujeres, hoy mayoritariamente a cargo de las tareas de cuidado. El argumento de los empresarios es que eso llevaría a que se privilegie contratar a hombres para teletrabajar. Sin embargo, en la norma no está indicado que haya diferencias de género ni que haya obligatoriedad de hacer uso de este derecho por parte del empleado.

Finalmente, los líderes de las cámaras empresariales también se refirieron a lo que ellos consideran dos “errores” en la génesis del proyecto. Por un lado, consideran que se está legislando en un período extraordinario, en el que el teletrabajo adquiere algunas características que habitualmente no tiene, ya que en la normalidad prepandemia nadie estaba “confinado” en su hogar como hoy, para algo que entrará en vigencia cuando se vuelva a la normalidad (más específicamente, 90 días después de que termine el ASPO). “Teletrabajo no es igual a teletrabajar en pandemia”, dice Puig.

Por el otro, aseguran que se sienten excluidos del debate, cuando en realidad son ellos mismos los que deben implementar la norma luego en sus espacios de trabajo. Claudio Cesario, presidente de la Asociación de Bancos de la Argentina (ABA), afirma que el Congreso está a punto de hacer “fracasar” a la herramienta del teletrabajo. “Entendemos que los senadores tienen la obligación y el deber, antes de sancionar esta ley, de escuchar a todos los sectores que van a conformar el teletrabajo: empleadores, entre ellos empresas grandes y pymes, y trabajadores”, sostiene.

FUENTE LA NACION

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