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Internacional

Misterio, mentiras y personajes turbios rodean el asesinato del presidente haitiano

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 La autopsia del cuerpo de Jovenal Moïse habría encontrado signos de tortura. El jefe de su custodia viajó varias veces a Bogotá en los últimos meses. Y nadie está investigando al poderoso jefe de las bandas criminales de Puerto Príncipe que había prometido un magnicidio

Una escolta custodia al director general de la Policía de Haití, Leon Charles (REUTERS/Ricardo Arduengo)Una escolta custodia al director general de la Policía de Haití, Leon Charles (REUTERS/Ricardo Arduengo)

El que avisa no traiciona y Barbecue había avisado. Jimmy Cherizier, más conocido por su sobrenombre gracias a su afición por asar a sus víctimas, el temido líder del cartel Federación G9, anunció a fines de junio desde su bunker del barrio popular de La Saline que iba a lanzar una revolución contra las élites empresariales y políticas del país. No nombró directamente al presidente haitiano Jovenel Moïse, pero dijo que habría un magnicidio. Cuando Moïse apareció muerto en la residencia de gobierno de las afueras de Puerto Príncipe en la madrugada del 7 de julio, todos los ojos dentro de Haití se volvieron hacia Barbecue. Pero de golpe, en un país de “una violencia con niveles sin precedentes”, de acuerdo a las Naciones Unidas, y un presidente que se había mantenido en el gobierno pese a los innumerables llamados a su renuncia, aparece otra versión estrambótica de lo sucedido. La policía y la mayoría de la elite política descartó de plano la participación de cualquier pistolero haitiano como los que Barbecue tiene en su disposición de a cientos. “Se trata de un complot venido desde el exterior”, dijeron mientras se disputan el asiento presidencial vacante.

La versión oficial habla de un pelotón de más de 25 ex comandos colombianos con entrenamiento especial en Estados Unidos que entró en la madrugada a la residencia de Moïse, lo mató, hirió a su esposa y escapó sin tener un plan determinado de “extracción”, como se dice en la jerga del espionaje. La policía los apresó unas horas más tarde. Los comandos habrían sido reclutados por un oscuro médico haitiano-americano para quedarse con el poder. Un relato que en Haití hace mover la cabeza en señal de duda. “Nadie cree esta disparatada versión ¿Cómo es que ningún guardia de seguridad del presidente tuvo ni siquiera un raspón?”, se pregunta el ex senador Steven Benoit. Y el ministro del gabinete de Moïse, Mathias Pierre, tiene otros interrogantes: “¿Cómo puede ser que nadie haya detectado a 25 extranjeros que no hablan creole y que estuvieron en Port-au-Prince por un mes? ¿Dónde consiguieron los numerosos autos que usaron?”.

Algunos de los comandos colombianos apresados en Haití tras el asesinato del presidente. (Colprensa Externos)Algunos de los comandos colombianos apresados en Haití tras el asesinato del presidente. (Colprensa Externos)

Las autoridades haitianas sostienen que Christian Emmanuel Sanon, un médico y pastor que dividía su tiempo entre Florida y Haití, conspiró junto a un grupo de políticos y agentes de seguridad para tomar las riendas del país una vez asesinado Moïse. Durante una redada en la residencia de Sanon en Puerto Príncipe, dicen, la policía encontró seis fundas de armas largas, unas 20 cajas de balas y una gorra de la DEA, la agencia antinarcóticos de Estados Unidos, lo que sugiere una vinculación al asesinato porque los sicarios que asaltaron la casa del presidente se hicieron pasar por agentes de ese organismo. Pero no hay explicaciones sobre cómo Sanon -que no ocupaba ningún cargo electo- planeaba asumir el poder una vez asesinado el presidente. También es difícil entender cómo podría haber contratado a un equipo de mercenarios para llevar a cabo el asalto, dado que se había declarado en bancarrota ante la justicia del estado de Florida. Sin embargo, hay pruebas de que varios de los principales sospechosos del atentado se reunieron con Sanon para discutir las principales políticas de un supuesto futuro gobierno haitiano.

Parnell Duverger, 70, un profesor retirado del Broward College de Florida, le dijo al New York Times que había participado en unas 10 reuniones por Zoom y en persona con Sanon y otros expertos para “pensar el futuro de nuestro país”. Aunque insiste en que “de ninguna manera se mencionó un golpe de Estado y mucho menos un asesinato”. El consultor de Naciones Unidas, Frantz Gilot, que también estuvo en una de las reuniones asegura que jamás se habló de usar la violencia de ninguna manera: “¡¡¡Jamás, jamás, jamás!!!”, escribió en un mail.

Entre los participantes de esos encuentros estuvieron otros dos personajes que la policía haitiana señala como coautores del magnicidio. Uno es el reclutador de los mercenarios, Antonio Intriago, dueño de la empresa de seguridad CTU Security. El otro, Walter Veintemilla, dueño de una pequeña empresa bursátil de Miramar, también en Florida, Worldwide Capital Lending Group. Dicen que fue quien financió la operación. Y los dos están relacionados con James Solages, uno de los detenidos en Haití que es señalado como el traductor de los colombianos.

El médico haitiano Christian Emmanuel Sanon acusado por la policía de ser el ideólogo del asalto que terminó con la muerte del presidente Moïse.El médico haitiano Christian Emmanuel Sanon acusado por la policía de ser el ideólogo del asalto que terminó con la muerte del presidente Moïse.

En abril, Intriago se puso en contacto con un sargento retirado del ejército colombiano, Duberney Capador –muerto en el enfrentamiento con la policía haitiana-, y le pidió que reuniera un grupo de ex comandos para “proteger a personas importantes en Haití”, según cuenta la hermana del colombiano, Yenny Carolina Capador. “Vamos a ayudar a la recuperación del país, en términos de seguridad y democracia”, escribió Capador en el mail que envió a varios de sus ex camaradas. El salario sería de 2.700 dólares por mes, una suma mucho más alta de la que podrían cobrar en cualquier trabajo de seguridad en Colombia. Los familiares de los ex soldados ahora presos en Haití dicen que aceptaron el trabajo a pesar de que no sabían a dónde se dirigían ni a quiénes protegerían específicamente.

Los 25 comandos viajaron a Puerto Príncipe entre principios de mayo y el 6 de junio. Y allí Capador les dijo que lucharían contra las bandas criminales, asegurarían infraestructuras cruciales y protegerían a dignatarios e inversionistas, con el respaldo de una importante empresa estadounidense. Pero se pasaron todo el mes siguiente confinados en una casa de campo haciendo ejercicio, tomando clases de inglés y cocinando, según los mensajes que les enviaban a sus familias. En un momento apareció el traductor Solages quien se presentó como un emisario de Worldwide Capital y describió a la empresa como un conglomerado multinacional con 200 filiales que colabora con los gobiernos en la seguridad y la reconstrucción de decenas de países de todo el mundo, incluidos Estados Unidos, España, Somalia e Irak. Una fábula, teniendo en cuenta la historia de rechazo de cheques y deudas que tiene la empresa. Incluso, dicen los familiares, que nunca pagaron el total de los salarios prometidos.

Duberney Capador Giraldo, el ex comando colombiano que reclutó a sus ex camaradas en una foto tomada en el cuartel de Tolemaida cuando aún revestía en el ejército colombiano. Jenny Capador Giraldo/Handout via REUTERS.Duberney Capador Giraldo, el ex comando colombiano que reclutó a sus ex camaradas en una foto tomada en el cuartel de Tolemaida cuando aún revestía en el ejército colombiano. Jenny Capador Giraldo/Handout via REUTERS.

La versión oficial continúa así: la policía llega a la residencia del presidente tras recibir un llamado de emergencia de uno de los guardias del palacio alrededor de la 1:00 de la mañana. Dicen haber escuchado unos disparos y a alguien que gritaba en inglés: “DEA operation! Everybody back up!” (Esta es una operación de la DEA, todos atrás). También dicen haber visto un convoy de cinco vehículos que escapaban por la ruta de Kenscoff, que lleva al centro de Puerto Príncipe. Otro numeroso grupo policial lo interceptó en la mitad del camino. Los comandos colombianos dejaron los autos y escaparon hacia un edificio ubicado sobre una colina con un enorme cartel en la puerta que reproduce un salmo de la Biblia. Supuestamente, llevaban secuestrados y como escudos a dos agentes de la Unidad de Seguridad del Palacio Nacional (USGPN). La policía rodeó la zona y esperó hasta que amaneciera para comenzar unas negociaciones de las que no hay ninguna información. Fueron “liberados” los dos traductores haitianos-americanos y los dos guardias del presidente. Estos dijeron que en el interior había 25 comandos con rifles de asalto de 5.56 mm. A las tres de la tarde comenzó el asalto con enorme cantidad de disparos y lanzamiento de granadas. En el combate habrían muerto los comandos Duberney Capador y Mauricio Javier Romero, veterano de 20 años en el ejército colombiano combatiendo a las FARC. Otro de los muertos podría ser Germán Rivera García, también militar retirado.

Luego hay un episodio muy extraño en el que 18 de los comandos logran escapar del edificio de dos pisos en el que estaban parapetados y se refugiaron en la cercana embajada de Taiwán. Después de un corto tiroteo, se rindieron. Y de acuerdo a un video subido a las redes sociales, otros dos comandos fueron apresados por los vecinos del barrio popular de Jalousie. Supuestamente, la acción se saldó con tres comandos muertos, y otros 21 colombianos y dos haitiano-americanos presos.

La primera dama, Martine Moïse, quedó herida y fue evacuada de inmediato a un hospital de Miami. Es la principal testigo, pero sólo envió un mensaje culpando del hecho a la “oligarquía haitiana que se opone a la lucha contra la corrupción” que había lanzado, supuestamente, su marido. Y apareció en una foto en Twitter con el rostro demacrado y la mirada perdida. En tanto, el extraño personaje Christian Sanon, según su abogado, dijo que estaba preparándose para ser candidato presidencial en las elecciones que debían realizarse en septiembre, pero negó cualquier implicancia en el asesinato. La DEA también dijo no tener nada que ver con el asunto, aunque admitió que uno de los detenidos había sido su informante.

Colombianos implicados en el asesinato del presidente de Haití Jovenel Moïse. Cortesía Policía Nacional de Colombia.Colombianos implicados en el asesinato del presidente de Haití Jovenel Moïse. Cortesía Policía Nacional de Colombia.

Y hay dos informaciones salidas de Colombia que son muy intrigantes. La primera, dada a conocer por el general Jorge Luis Vargas, el jefe de la policía colombiana, es que el asesor de Seguridad y hombre cercano a Moïse, Dimitri Hérard, realizó varios viajes desde enero hasta junio a Bogotá. Lo hizo triangulando los vuelos a través de Quito, Ciudad de Panamá y Santo Domingo, como si hubiera querido desviar la atención. El otro, es que la autopsia que se realizó al cuerpo de Moïse muestra signos de tortura. Tenía un brazo quebrado y heridas graves en la cara, además de varios balazos.

Mientras tanto, una larga lista de políticos haitianos se pelean por quedarse con el sillón presidencial, el gran jefe de las bandas que asolan y controlan todos los barrios de Puerto Príncipe, Barbicue, está desaparecido y nadie está convencido de que lo que se dice tenga alguna cercanía con lo que sucedió. El racconto de estos hechos está opacado por una gruesa neblina de datos inverosímiles.

Gustavo Sierra
FUENTE : INFOBAE
FOTOT TAPA : NOTIUTI.COM

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Internacional

EL RECUERDO DE LA PERIODISTA MARPLATENSE QUE VIVIO EL HORROR DEL 11-S

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Las sirenas, las corridas, las personas cubiertas de polvo. Pero sobre todo el olor. Un olor a humo constante, dulce, muy fuerte, que lo impregnaba todo. Ésos son los primeros recuerdos que se le vienen a la mente a Patricia Muñoz, periodista marplatense radicada hace 28 años en Estados Unidos que el 11 de septiembre de 2001 trabajaba a medio kilómetro del World Trade Center (WTC), en el momento en que dos aviones secuestrados por terroristas identificados con Al Qaeda impactaban en las Torres Gemelas de Nueva York.

“A los 6 meses volví a ese lugar y todavía se sentía ese olor en el aire; necesité varias semanas, si no meses, para procesar todo eso”, dice en una entrevista con LA CAPITAL.

“Ese martes era un día hermoso, esa semana habían comenzado las clases –reconstruye-. Mi jefe era chileno así que estábamos hablando de que en Argentina se celebraba el ‘Día del Maestro’ y que en Chile era el aniversario del atentado contra Salvador Allende”.

Patricia -que tenía 35 años- traducía y redactaba noticias financieras en español para la compañía Dow Jones desde una oficina ubicada en el Harborside Financial Center –una extensión del WTC del otro lado del Río Hudson-, a 15 minutos de las Torres en tren y media hora de a pie.

A las 8.46, mientras elaboraba el comentario de preapertura de los mercados, escuchó el estruendo de un golpe y, desde un ventanal que daba al World Trade Center, vio salir humo de la Torre Norte.

Pensó que se trataba sólo de un incendio.

“Una de las premisas en Dow Jones es que para que algo sea noticia tiene que ‘mover los mercados’. Mi jefe pensó que esto no los movería, así que cada uno siguió con lo que estaba haciendo”, repasa.

Pocos minutos después llegó el segundo sacudón.

Entonces vio el avión: era el vuelo 175 de United Airlines con destino a Los Ángeles comandado por cinco miembros de Al Qaeda que, a más de 800 kilómetros por hora, se metía de lleno en la Torre Sur, dejando en claro que se trataba de un atentado.

“El polvo del aire se quedaba pegado en la nariz”

Imposible imaginar en ese primer instante la magnitud de lo que estaba pasando, difícil pensar que se trataba del peor ataque terrorista hacia Estados Unidos, un suceso que, a poco de iniciado el siglo XXI, marcaría a fuego la historia mundial.

Luego se supo que los aviones secuestrados fueron 4 y que, además de las Torres Gemelas, impactaron en el Pentágono de Washington y en un campo de Pensilvania, dejando un total de 2.977 muertos y más de 25 mil heridos.

“Estábamos en New York”, dice Patricia. “Y siempre pasa algo en New York. Dos días antes teníamos a un francés colgado de la Estatua de la Libertad con un paracaídas”, recuerda.

Por eso -asegura- “tardamos un poco en caer. Creo que el humo estuvo por mucho tiempo y lo tapó todo; el día que se fue y quedó el agujero donde estaban las Torres nos dimos cuenta de que ahí había algo enorme”.

Lo que siguió después es conocido.

“Nos evacuaron a todos. La calle era un caos total, un descontrol de sirenas, había gente llena de polvo y el polvo del aire se te quedaba pegado en la nariz”, recapitula.
Y agrega que “durante semanas tuvimos ese olor a humo constante, como dulce, muy raro. Y las luces… ya en la ruta se veían los reflectores porque los rescatistas estaban toda la noche buscando cuerpos”.

“Necesité varias semanas, si no meses, para procesar todo eso”, sostiene la periodista marplatense.
“A los 6 meses volví al lugar y todavía se sentía ese olor en el aire”, remarca.

“Todo el mundo se vio afectado de alguna manera”

Ese 11 de septiembre el mundo siguió la caída de las Torres a través de las pantallas de TV, decenas de personas fotografiaron o filmaron diferentes secuencias y aún hoy sigue apareciendo material inédito con registros del momento.

Patricia cuenta que “nosotros teníamos celulares pero nadie tenía conexión porque las antenas estaban en el World Trade Center, así que cuando me pude comunicar con mi marido ya había sacado a las chicas (que tenían 2 y 5 años) de la escuela y mi vieja ya había llamado, desesperada”.

También se acuerda de que recién pudo regresar a su casa a la medianoche, cuando despejaron las rutas.
“Tuve que devolver varios llamados y, al día siguiente, volver a mi lugar de trabajo”, revive.

El ventanal de su oficina por el que vio el ataque quedó cerrado porque a muchas personas les producía dolor evocar esa imagen.

“Todo el mundo quedó afectado de alguna manera”, considera.

“Yo vivo en un pueblo muy chiquito, en Old Bridge. Allí perdimos a 8 personas y hay pueblos que perdieron a muchísima gente”, acota.

“El miedo duró poco”

Dos décadas después, Muñoz describe las impresiones que le dejó el atentado.

“Tuve la sensación de que esto iba a cambiar la historia de Estados Unidos, y realmente así fue”, resalta.

Y analiza que “acá había una sensación de que todo lo malo que pasaba, pasaba afuera, entonces fue duro para mucha gente entender que no estaban tan seguros acá, que no era tan fácil aislarse del mundo y protegerse”.

La periodista, que actualmente trabaja en la Universidad estatal Rutgers de New Jersey, destaca en ese sentido que lo que más afectó a la sociedad estadounidense fue la pérdida del sentimiento de seguridad.
Yo siempre cuento que vengo de un país en el que la gente está acostumbrada a que las cosas salgan mal, y que por eso tiene un plan B, C, D y E. Pero acá creen que todo va a salir bien todo el tiempo”, dice, y explica que “luego vi que el miedo duró poco porque había que salir adelante, había que levantar el país, algo muy propio del orgullo norteamericano”.

“En ese momento –recuerda- el presidente George Bush dijo: ‘todo el mundo al shopping a gastar plata porque es la única manera en que saldremos adelante. Si todos se encierran en sus casas con miedo y dejan de comprar, esto se paraliza y ganan ellos’”.

“Ése fue el mensaje”, concluye.

El debate a 20 años

A 20 años del atentado a las Torres Gemelas y el Pentágono, cada decisión vinculada a conmemorar el 11 de septiembre es puesta a consulta y debate social.

“Cada cosa pequeña que se hace era y es una conversación, es todo muy sensible”, dice Patricia Muñoz desde Nueva York.

En ese marco recuerda que, después del 11-S, “estuvimos una semana en la que lo único que mostraba la televisión durante las 24 horas eran las Torres cayendo. Al año se dejaron de mostrar, incluso se borraron de las películas, y a los 5 años se volvió a hablar nuevamente del tema”.

“Al mismo tiempo se empezó a debatir qué iba a pasar en New York, si se haría un cementerio, un Memorial, cómo se iba a conservar…”, relata a LA CAPITAL.

Y explica que “hace 10 años se decidió que se terminaba la recordación del 9/11 y que, en cambio, se empezaba a enseñar el 9/11 en las escuelas porque ya los chicos que entraban no lo habían vivido”.

En este aniversario volverán a brillar las luces: se trata de dos haces de luz azul que simulan a las Torres Gemelas.

“Con el tema del Covid viene todo más controlado, pero sí los familiares van a leer los nombres de las personas fallecidas, lo cual ya la convierte en una ceremonia de casi 3 horas”, cuenta Patricia.

Y destaca que “todavía hay gente en New York que ese día no va a trabajar, que se toma el día de forma especial”.

FUENTE: Nota de la periodista Luciana Mateo, protagonista de la historia para La Capital.

 

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FUNCIONARIOS DE SANIDAD SUSPENDEN EL PARTIDO BRASIL – ARGENTINA ENTRANDO AL CAMPO DE JUEGO. LA SELECCION RUMBO AL AEROPUERTO

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Lo ocurrido en el partido por las eliminatorias del mundial Qatar 2022 entre Argentina y Brasil sirve para entender definitivamente que el futbol no está por encima de las leyes.

Hace muchos años que los organismos que rigen el fútbol mundial pretenden colocarse por encima de las leyes de los países, como si FIFA, CONMEBOL, UEFA, CONCACAF o las ligas locales -en nuestro caso la AFA– fuesen estados supranacionales que se rigen por sus propias normas y con  criterio de soberanía jurídica.

Nada más lejos de la realidad y nada tan propio de un actividad comandada por personas que hacen de la moral pública, el respeto institucional y el cumplimiento de las leyes un festín de burlas e incumplimientos que solo el fanatismo de los seguidores del fútbol -que convierte en irracionales a los seres humanos a la hora de expresar amor a sus colores- puede terminar por ocultar o soslayar.

Si a ello le sumamos un periodismo inculto e incapaz de enhebrar un pensamiento que no pase por la genuflexión a los ídolos de turno y la falta de voluntad de aprender, estudiar y tratar de tener una mirada un poco menos epitelial que la de los barrabravas, tendremos un cóctel explosivo que terminará dejando el amargo sabor de la soberbia, la brutalidad y la confusión mental.

Un periodismo que clamaba que las autoridades brasileñas «debieron avisar antes» como si la publicidad de las leyes no fuese, en el mundo entero, «aviso» suficiente de la obligatoriedad de cumplirlas. O como, en el paroxismo de la estupidez y la incultura, afirman en TyC Sports que «el gobierno de Brasil se permitió pasar por arriba de normas dictadas por la CONMEBOL» (sic).

Solo así puede entenderse que, pese a la intimación del estado soberano del Brasil, acerca de la obligatoriedad por parte de cuatro jugadores argentinos de cumplir con una cuarentena fijada por un decreto presidencial, las autoridades de la AFA y de la CONMEBOL hayan resuelto que una decisión de ambas organizaciones podía pasar por encima del ordenamiento legal del país anfitrión.

La Confederación Brasilera de Fútbol supo ser más prudente: los jugadores de su seleccionado que pertenecen a clubes del Reino Unido no fueron convocados por Tite para evitar que a ellos les ocurriese lo que terminó aconteciendo con los argentinos. No todos son tan burros ni todos tan soberbios…

Y así, mientras el mundillo argentino perorateaba dentro y fuera de la cancha hablando de injusticias, confundiendo asociaciones futboleras con estados constitucionales y soberanos, haciendo un guiso en el que un comunicado de la CONMEBOL se cocinaba con el mismo hervor que una ley brasilera y pretendían «análisis finos» frente a una torpe violación de parte de la delegación argentina de una disposición legal clara y pública del estado brasilero, que terminó en este verdadero papelón.

Y aunque sea antipático decirlo -es sabido que no hay nada que enfurezca más a un argentino que una verdad que no le conviene- si se respetan los reglamentos vigentes nuestro seleccionado perderá los puntos ya que abandonó el campo de juego, cosa que los brasileros se cuidaron mucho de hacer, y ello es lo que fijan las normas internacionales.

Para la FIFA si un partido se abandona antes del medio tiempo, el partido se volverá a jugar, a menos que, en opinión del árbitro, uno o ambos equipos participantes hayan provocado el abandono del partido. 

¿Alguien puede creer que la continuidad del team brasilero en la cancha no esté vinculada a un claro consejo legal de su dirigencia para no abandonar el campo, y por consiguiente el partido, habilitando la posibilidad de seguir el encuentro en otra fecha?. Los únicos que se fueron, y por lo tanto abandonaron, son los nuestros.

Pero ese ya es otro tema y se verá que es lo que ocurre. Por ahora lo importante es que entendamos de una vez por todas que el fútbol no está por encima de la ley, que sus organizaciones pueden ser multinacionales pero no están por sobre los estados y que ya es hora que cosas como la compraventa de seres humanos, la prohibición de que los clubes federados recurran a las leyes nacionales cuando ven afectados sus derechos y la organización de acontecimientos internacionales no son parte de un mundo propio y mucho menos que de una visión caprichosa del estado de derecho. Fuente: Adrian Freijo para Libre Expresion.

 

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ORGULLO DE PLATA MARPLATENSE

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En el Centro Acuático de Tokio, Matias de Andrade hizo historia para el deporte Argentino y de Mar del Plata ganando la medalla de plata en los 100 metros espalda categoría S6 de natación. En su segunda final consecutiva de Juegos Paralímpicos -previamente lo hizo en Río de Janeiro 2016- cronometró 1:15.40 para subirse al podio y revalidar los antecedentes internacionales que posee hace una década.
Desde la serie eliminatoria De Andrade mostró un gran nivel. Tanto, que mejoró en un segundo su mejor marca personal con 1:14.38, lo que le permitió acceder a la final con el segundo mejor tiempo.

Año tras año, competencia tras competencia, el nadador marplatense ha mostrado consistencia en su performance en los 100 espalda. Y en su tercer Juego Paralímpico logró su tan anhelada medalla en el máximo evento deportivo a nivel mundial. Una medalla que, para Mar del Plata, se negaba desde Atenas 2004, cuando Betiana Basualdo fue bronce en los 100 metros libres categoría S2.

Matías De Andrade tiene en su palmarés tres medallas en Juegos Parapanamericanos. Fue plata en Guadalajara 2011 y Toronto 2015, y oro en Lima 2019.
3 de septiembre de 2021

Matías De Andrade se metió en la historia grande de los Juegos Paralímpicos.

En el Centro Acuático de Tokio, Matias de Andrade hizo historia para el deporte Argentino y de Mar del Plata ganando la medalla de plata en los 100 metros espalda categoría S6 de natación. En su segunda final consecutiva de Juegos Paralímpicos -previamente lo hizo en Río de Janeiro 2016- cronometró 1:15.40 para subirse al podio y revalidar los antecedentes internacionales que posee hace una década.


Desde la serie eliminatoria De Andrade mostró un gran nivel. Tanto, que mejoró en un segundo su mejor marca personal con 1:14.38, lo que le permitió acceder a la final con el segundo mejor tiempo.

Año tras año, competencia tras competencia, el nadador marplatense ha mostrado consistencia en su performance en los 100 espalda. Y en su tercer Juego Paralímpico logró su tan anhelada medalla en el máximo evento deportivo a nivel mundial. Una medalla que, para Mar del Plata, se negaba desde Atenas 2004, cuando Betiana Basualdo fue bronce en los 100 metros libres categoría S2.

Matías De Andrade tiene en su palmarés tres medallas en Juegos Parapanamericanos. Fue plata en Guadalajara 2011 y Toronto 2015, y oro en Lima 2019.

Es doble medallista en campeonatos Mundiales de paranatación: plata en México 2017 y bronce en Londres 2019, y además finalista en Montreal 2013 y Glasgow 2015.

Y tiene tres participaciones en Juegos Paralímpicos con un 12° puesto en Londres 2012, la 7ma colocación para el diploma en Río 2016 y ahora la medalla de plata en Tokio 2020. El Atlantico

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