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Murió Lucho Avilés, pionero del periodismo de espectáculos

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Tenía 81 años. Nacido en Uruguay, desarrolló una extensa trayectoria en los medios de nuestro país: a su lado hicieron sus primeras armas referentes como Jorge Rial y Marcelo Polino, entre otros

El periodista uruguayo Lucho Avilés murió este sábado a los 81 años. Almorzaba con amigos en la Asociación Argentina de Caza y Conservacionismo, en Belgrano, cuando en un momento se retiró de la mesa y terminó desvaneciéndose. Los médicos del SAME que llegaron al lugar constataron que había sufrido un infarto masivo.

Tres semanas atrás Avilés se había roto dos costillas al caerse en la calle, pero la recuperación -que en un principio lo obligó a tomar fuerte calmantes- había sido muy favorable.

Fue su colega Gabriel Levinas quien informó la triste noticia a través de su cuenta de Twitter. De inmediato, otros famosos acercaron sus condolencias. “No lo puedo creer. Fue un maestro. Más allá de chicanas y desencuentros. Me enseñó mucho. Me dio la primera oportunidad en la tele. Un cabrón querible“, lo recordó Jorge Rial, mientras que Susana Roccasalvo le agradeció haber aprendido con Avilés “cómo se hace espectáculos”.

Susana Recosalvo y Lucho Avilés, en pantalla

Jorge Rial y Lucho Avilés, en los primeros tiempos de “Intrusos”

Jorge Rial y Lucho Avilés, en los primeros tiempos de “Intrusos”

Lucho solía contar que su mujer, María del Carmen Festa (con quien tuvo un hijo, Álvaro Avilés), lo había apodado Highlander. ¿La razón? A lo largo de su vida había superado más de 30 operaciones, entre ellas, de pulmón, corazón e intestino. Este mediodía María del Carmen estaba en su casa cuando recibió el llamado de un amigo de un amigo de la familia: fue por él que supo de la muerte del hombre que la acompañó por más de cuatro décadas. Se conocieron en 1974 y se casaron diez años después.

Lucho Avilés y su mujer, María de Carmen (Foto: Verónica Guerman)

Lucho Avilés y su mujer, María de Carmen (Foto: Verónica Guerman)

Nacido el 30 de abril de 1938 en Montevideo, Luis César Avilés Volante -tal su verdadero nombre- creó ciclos de chimentos inolvidables, como Indiscreciones, que llegó a registrar 30 puntos de rating, una cifra inalcanzable hoy día para cualquier programa, sin importar horario ni canal. Y junto a Pinky también estuvo al frente de El pueblo quiere saber, un prestigioso ciclo de entrevistas.

En diciembre de 2012, con 73 años, decidió alejarse de la televisión (su última conducción fue en el cable, con Convicciones) para priorizar su salud y dedicarse a la escritura. Y es que al fin había sido en ese campo, el periodismo gráfico, donde Lucho dio sus primeros pasos como periodista en Argentina, país al que llegó en 1965, cuando consiguió trabajo como redactor en el Diario Crónica.

En la pantalla chica desembarcó con el programa Feminísima, en el viejo Canal 2 de La Plata. Allí, entre los chimentos, encontró su lugar. O más bien, lo creó: se lo considera el gran pionero en esta rama del periodismo. Pero este gran amante del tango lamentaba que aquel estilo que había acuñado ya no existiera, según su óptica.

Lucho Avilés, con Pilar Smith; a ella le concedió su última entrevista: fue este viernes, en el Día del Periodista

Lucho Avilés, con Pilar Smith; a ella le concedió su última entrevista: fue este viernes, en el Día del Periodista

“No hay programas de espectáculos. Son programas de polémicas, de controversias entre distintas vedetongas, de hacer pelear al que está en el piso con el que está en el móvil. Pero yo no veo que vayan a ver espectáculos de teatro, o que vaya a ser entrevistada Virginia Lago, por ejemplo”, decía Lucho, quien miraba poca televisión porque solía ir a cenar afuera con amigos.

Porque Avilés, pese a lo que muchos podían llegar a considerar, tenía un límite claro en la lucha por el rating: “Deshacer un hogar o afectar a menores de edad”, advertía sobre su manera de abordar las noticias que involucran a la farándula. “Tampoco soy de tener escándalos o polémicas públicas. Si disiento con alguien, será alrededor de una mesa“.

Y la definición no parece casual. Porque de aquellas confidencias que suelen contarse en una sobremesa, Lucho Avilés hizo escuela. Y ya no habrá ninguno igual.

Lucho Avilés, el pionero (Foto: Verónica Guerman)

Lucho Avilés, el pionero (Foto: Verónica Guerman)

FOTO TAPA EL DESTAPE

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Telefe y Flow ponen fecha al estreno de “Los internacionales”

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Desde el miércoles 20 de mayo por Telefe y el jueves 21 la serie completa en Flow. La serie está protagonizada por Cecilia Roth y Juan Pablo Shuk

 

El próximo miércoles 20 de mayo a las 23.15 h Telefe presenta “Los Internacionales”, la serie protagonizada por Cecilia Roth y Juan Pablo Shuk, coproducción de Viacom International Studios (VIS), The Mediapro Studio, Telecom y Olympusat. Al día siguiente del estreno, todos los capítulos estarán disponibles para ver a demanda desde cualquier dispositivo en Flow.

“Los Internacionales” es la primera serie policial de ficción ambientada en la crisis política y económica argentina de 2001. Basada en una historia real sobre la novela periodística de Nahuel Gallota La conexión Bogotá, la ficción narra la historia de una banda de ladrones colombianos que deciden viajar a Argentina para llevar adelante una sucesión de robos. En 2001, muchos argentinos se ven obligados a quitar sus ahorros y pertenencias de los bancos frente a la profunda crisis política y económica. El equipo de Los Internacionales aprovecha el caos para llevar adelante operativos en departamentos y casas, haciéndose de importantes sumas de dinero y joyas, y transformándose así en una leyenda.

Rodada en Bogotá y en Buenos Aires, esta gran producción involucró a más de 200 profesionales durante 65 jornadas. “Los Internacionales”, encabezado por Cecilia Roth –una de las actrices más reconocidas y premiadas de habla hispana- y Juan Pablo Shuk –Narcos, Pasión de Gavilanes, El Ministerio del tiempo, Escobar El Patrón del mal- cuenta también con un elenco estelar, integrado por Rafa Ferro, Boy Olmi, Carlos Santamaría, Gustavo Garzón, Rami Herrera, Sebastián Osorio, Camilo Amores, Christian Vega, Laura Perico y Susana Varela.

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30 años sin ALF

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La cuarentena habilita la nostalgia y un soci@ de Página/12 se animó a recordar un clásico de la televisión. Lucas es licenciado en Ciencias Sociales y Humanidades y un amante del cine y las series.

El 24 de Marzo de 1990 la NBC transmitió el último episodio de Alf. Uno de los finales más tristes que se pudo haber escrito para una sitcom. Habría que repasar otros finales de este estilo de series para verificar si hay alguno que nos haya dejado un gusto tan amargo como éste. Pero no se tratará acá de analizar el último episodio de Alf sino de entender los motivos por los cuales la serie tuvo éxito, de qué otras producciones se nutrió y en qué se diferenció del resto.

Muchas sitcoms han explorado, y explotado, la idea de generar comicidad con una fórmula que no puede fallar: la del protagonista en un universo ajeno. La forma en que puede interactuar alguien foráneo en un lugar nuevo y extraño se pude ver en otras producciones realizadas décadas atrás como Mi marciano favorito (1963) o Mi bella genio (1965), relacionadas a la ciencia ficción y la fantasía. Pero también podemos nombrar a El príncipe del Rap (1990) o La Niñera (1993), donde esta extrañez funciona desde un punto de vista económico, social y cultural: el primero cuenta las historias de un chico pobre, proveniente de un barrio espeso de Filadelfia, que va a vivir con sus tíos ricos de Bel-Air, la segunda las de una mujer de clase media, media-baja, que se encuentra sin empleo y de casualidad termina trabajando como niñera para una familia inglesa, y muy fina, en un barrio acomodado de New York. Incluso indagando un poco más podemos notar cómo esa misma idea está tan presente en Friends (1994) si pensamos a la figura de Rachel como el personaje al que más protagonismo le dieron los autores a lo largo de las diez temporadas: la serie comienza con la llega de ella a las vidas de los otros cinco amigos y cómo tiene que adaptarse a sus nuevas circunstancias, dejando atrás los caprichos de niña malcriada y ganándose la vida como mesera de un café. Alf también parte de la misma premisa. En este caso se trata de un extraterrestre que cae en el planeta Tierra, más precisamente en un suburbio Estados Unidos, y es adoptado por una típica familia de clase media y tendrán que aprender a convivir con sus extravagancias.

Otra sitcom que gozó de la misma popularidad, y cuya temática y cercanía temporal la asemejan, fue Mork y Mindy (1978) de la cadena ABC. Otra vez: Mork, el extraterrestre interpretado por el entonces joven e inquieto Robin Williams, es enviado al planeta Tierra como castigo para poder aprender cada día algo nuevo. En el primer capítulo vemos a este personaje que llega en su cápsula aterrizando de noche en una plaza. En ese mismo lugar Mindy, una joven de 21 años, estaba teniendo una cita fallida con un chico que intentó propasarse con ella. Es en ese contexto que los personajes que dan nombre a la serie se conocen y comienzan a convivir. Un conjunto de características hacen que no se parezca a Alf. En cuanto a lo extradiegético se puede decir que el contexto en el que fue hecha la serie era al menos efervescente y alocado (varias historias pueden relatarse acerca de las condiciones en que Robin Williams llegaba al set de filmación, etc.). Sin embargo, lo que nos interesa es el guión. Mork y Mindy parte de la base de que si bien Mork tiene más preponderancia que Mindy por lo antes expuesto, ambos son los protagonistas y se espera desde el primer episodio que se casen y tengan hijos mitad alienígenas mitad norteamericanos. Pero lo más interesante es se trataba de una serie juvenil (ambos tienen veintitantos) y está destinada a un público habitués de los bares penumbrosos con shows de stand-up y a espectadores de otras series como Taxi (1978), también transmitida en su comienzo por la cadena ABC.

Alf, en cambio, pertenece al ámbito familiar y se mantiene alejado de esos excesos de la juventud. Porque los Tanner, tanto Willy como Kate, están en otra sintonía. Ya pasaron los dorados años juveniles y en la actualidad están viviendo en una cómoda casa en las afueras de la ciudad al cuidado de dos hijos y un ser de otro planeta. En un capítulo la familia proyecta una grabación cacera en Super 8 que nos remite a la década de 1960 y donde vemos a Kate y Willy en su pasado hippie. Cumpliendo con ciertas reglas tácitas de la sociedad, en este caso norteamericana, esa etapa fue superada, ha sido la transición hacia lo que son hoy: Kate, una ama de casa (capítulos adelante tendrá un trabajo remunerado) y Willy, un asistente social. Algo que también está presente en una gran sitcom, un tanto olvidada, llamada Lazos de Familia (1982). Aquí también los padres de familia, y lo vemos en la presentación y en diversos flashbacks, habían sido unos hippies cuyas ideas revolucionarias estarían, años después, a las antípodas de la ideología promulgada por su hijo mayor, Alex, el joven republicano interpretado por Michael J. Fox. Sin embargo, en Alf ese pasado sólo se hizo presente en un solo episodio y no será un elemento que se repetirá en el desarrollo posterior. Hasta este momento podríamos decir que es una mezcla entre Mork y Mindy y Lazos de Familia. Pero hay más.

Si pensamos en Alf como una especie de peluche gigante que se mueve y habla podemos vincularlo a Plaza Sésamo (1972) o a El Show de los Muppets (1977), programas infantiles que emitía la televisión norteamericana y que el último tuvo una gran recepción en todo el mundo. Crean a este “muñeco”, o algo que superficialmente no se vea como un humano (no es el Tio Martin de Mi Marciano Favorito ni es Mork), y logran captar a un público infantil. Pero no es la Rana René. A simple vista puede parecer un personaje sólo destinado a los niños y niñas de los ochenta que pasaban horas frente al televisor, sin embargo Alf se comporta como un adulto y hace bromas como tal. En el primer capítulo le hace tomar cerveza a Brian, el niño de seis años, por poner un ejemplo bien extremo. No lo quería emborrachar, sino que el extraterrestre se estaba comportando por fuera de los parámetros establecidos en ese mundo que a priori le es ajeno.

Al mismo tiempo que ese mundo se presenta como algo extraño para este ser, Alf es un personaje occidentalizado o, más bien, completamente norteamericano. Si exploramos en su comportamiento nos damos cuenta que está más cerca de ser un buen compañero para Trevor (el extrovertido vecino que mira football y toma cerveza en su sillón) que de Willy, un nerd fanático de las tecnologías y el universo, cuya personalidad es más apacible. Actúa conociendo la idiosincrasia del yanqui promedio de los años ochenta, con cierto conservadurismo, más verborrágica y de una clase social que se antepone a la tranquila y (un tanto) progre familia Tanner. Reúne condiciones, entonces, que incluyen a espectadores que se ven representados cuando por ejemplo Alf toma el teléfono y llama para quejarse de que cancelaron el tradicional programa de polka que escuchaba a diario. O también, en diferentes momentos cuando el extraterrestre se apropia de los mitos culturales del país: en un episodio cree haber visto a Elvis Presley, cuando sabemos que había muerto diez años antes. Y tomo este último ejemplo porque entiendo que es el que nos vincula a esa cultura (lo mismo podría decirse si otro ícono fuese representado) ya que conocemos a Elvis, sabemos que murió y que mucha gente dijo alguna vez que fue visto (incluso acá, en Carlos Paz).

Por estos motivos, los elementos tomados de las series antecesoras y la construcción de características personales y únicas, tanto en la estética del personaje como en la construcción de cada guión, es que Alf llegó a ser lo que es. Una sitcom mítica, que tuvo sus parodias y homenajes (Los Simpson, por ejemplo, “volvió en forma de fichas”, o, también, en Las Locuras del Extraterrestre de 1988, con Emilio Disi, Javier Portales y Nico de Brigada Cola), aunque trastabilló después con una película que viene a cerrar la historia de 1990, Alf: The Proyect (1996). A 30 años de su triste final no estaría mal recordarla viendo, donde se pueda, algún capitulo que nos haga un poco más felices.

Por Lucas Carlos , soci@ de Página/12.

¿Cuál es tu superpoder? Escribinos a gonzalez.c@octubre.org.ar y contanos en qué temática sos crack, nerd o un curioso incansable. 

FUENTE : PAGINA 12

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The Last Dance rompe todos los récords de audiencia y es furor en Netflix

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En plena cuarentena mundial, ESPN y Netflix lanzaron The Last Dance, el documental sobre el último año del equipo más glorioso de la NBA, los Chicago Bulls de Michael Jordan. Y como era de esperarse, los primeros dos capítulos rompieron todos los récords de audiencia.

El estreno en la cadena ESPN, registró un promedio de 6.1 millones de espectadores, teniendo como principal mercado el estado de Chicago con rating de 12.1. Por otra parte, el día del estreno en Netflix, 25 de los 30 de las tendencias en Twitter se basan en el documental.

Por otra parte, el documental sumó 9 millones de interacciones entre Facebook, Instragram y Twitter. Vale recordar que el estreno mundial iba a ser en junio, pero los productores decidieron adelantarlo, teniendo en cuenta el contexto mundial y que prácticamente todo el mundo está en sus casas.

FUENTE : DIARIO MARCA

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