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Sabina Frederic aseguró que había efectivos porteños en la zona que no intervinieron. También apuntó contra el SAME. “El atacante era un enfermo mental y un enfermo mental no es un delincuente”, analizó

FOTO : Sabina Frederic, ministra de Seguridad (Adrián Escandar)

La ministra de Seguridad de la Nación, Sabina Frederic, apuntó contra el gobierno porteño al analizar los hechos que rodearon el asesinato del policía Juan Roldán en plena avenida Figueroa Alcorta.

Según aseguró la funcionaria en diálogo con Ernesto Tenembaum, en radio Con Vos, en la zona donde se perpetró el crimen había varios efectivos de la Policía de la Ciudad que evitaron entrometerse en el hecho pese a que la seguridad de las calles de la Capital Federal depende exclusivamente de ellos.

El atacante era un enfermo mental y un enfermo mental no es un delincuente. Por eso mi reflexión es: ¿por qué no aparecieron el SAME ni la Policía de la Ciudad?”, se preguntó, y agregó: “Esa persona era conocida en el barrio, ya había pasado por la montada en medio de su delirio. (…) La policía que tiene que actuar es la Policía de la Ciudad, y la Federal va a resolver el problema por omisión de otros actores, tuvieron que correr 200 metros”.

La ministra señaló, además, que no existe ninguna prohibición para que la fuerza porteña o alguna otra policía provincial adquiera y utilice pistolas Taser. A la par, señaló que Sergio Berni no le realizó ningún pedido formal para utilizar ese tipo de armas no letales pese a que declaró públicamente lo contrario.

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“Las Taser llegaron al Ministerio de Seguridad a fin de febrero, llegaron 100, y yo derogo el protocolo de (Patricia) Bullrich porque era ambiguo, porque nombra a las Taser como armas no letales, y es una falsa definición, son armas menos letales y nosotros autorizamos su uso (según se informó, para grupos especiales, como el GEOF). La Policía Federal no hace trabajo de seguridad ciudadana, sino la Policía de la Ciudad, y no sé por qué no tienen Taser”, amplió la funcionaria.

Luego de estas declaraciones, la ex ministra de Seguridad Patricia Bullrich volvió a criticar a su sucesora en el cargo: “Si tiene algo de respeto por el asesinato de Juan Roldán, deje la confrontación política de lado, ministra Frederic. Falleció un oficial al que usted debía cuidar, y si no actuó fue por la falta de respaldo que sienten por parte de ustedes. Su comentario genera odio y no soluciones”, afirmó a través de las redes sociales.

Patricia Bullrich, ex ministra de SeguridadPatricia Bullrich, ex ministra de Seguridad

Ayer, los restos del inspector Roldán fueron inhumados con guardia de honor y una ceremonia de homenaje en el cementerio de Chacarita. El cortejo fúnebre partió pasadas las 10.30 de la casa funeraria O’Higgins, del barrio porteño de Belgrano, donde sólo lo despidieron sus parientes más íntimos, entre ellos, su madre Elba, su esposa Carolina y su hijo de 4 años.

El coche que trasladó los restos llegó pasadas las 11.15 al cementerio custodiado por motos y hasta por un helicóptero de la fuerza, e ingresó por la entrada de la avenida Jorge Newbery y Caldas, donde decenas de camaradas y vecinos lo recibieron con aplausos, mientras sonaba la banda de la Policía Federal Argentina (PFA). En su ingreso, se realizó un minuto de silencio y se escuchó la marcha fúnebre, mientras la formación de honor hacía la venia. Además, en la formación de honor estaba “Místico”, el caballo que cuidaba y tenía asignado Roldán como miembro del Cuerpo de Policía Montada.

La despedida al oficial Roldán en el cementerio de la ChacaritaLa despedida al oficial Roldán en el cementerio de la Chacarita

Roldán tenía 33 años -nació el 19 de julio de 1987 en Capital Federal-, era padre de un hijo de 4 años e ingresó a la PFA el 1 de febrero de 2006. En su paso por la institución, cubrió los siguientes destinos: comisaría 52da., comisaría 5ta., Delegación San Martin, Ex División Prevención Conurbano San Martín, Subdelegación 25 de Mayo y el Departamento Cuerpo Policía Montada.

Por otro lado, con relación a Rodrigo Facundo Roza (51)el atacante que asesinó al policía y que murió horas más tarde, no figura en la causa -hasta el momento- que era una persona con problemas psiquiátricos, de acuerdo señalaron fuentes judiciales a Infobae.

La familia del acusado aseguró que sufría esquizofrenia y que se encontraba bajo tratamiento en un servicio de medicina prepaga, cuyas oficinas la jueza Alejandra Provitola ordenó allanar a la Policía de la Ciudad en busca de su historia clínica. Además, se encontraron cajas de medicación vacías en el allanamiento al departamento de la calle Salguero que Roza compartía con su madre.

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Además de Frederic, el secretario de Seguridad, Eduardo Villalba, también se refirió a la tragedia y, sobre todo, a la discusión sobre el uso de las pistolas Taser, y aseguró que los dirigentes que “hacen apología” de este tipo de armas están realizando un “carancheo” y se quejó de que “ninguno se las puso en la mano a un policía”.

“Esas pistolas no se utilizaron nunca acá. Los que hacen apología de las pistolas Taser nunca se las pusieron en la mano a un policía”, sostuvo el funcionario nacional en declaraciones a radio Futurock, y lamentó que “a veces se habla desde la fantasía o desde el carancheo: ocurrió un hecho lamentable y a las dos horas ya había dirigentes tuiteando sobre las pistolas Taser”.

En ese sentido, subrayó que “la jurisdicción que quiera comprar pistolas Taser y además banque la juridicidad de su uso, las puede usar”.

FUENTE : INFOBAE

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Alberto dejó en claro que la grieta goza de buena salud

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El presidente eligió centrar su discurso en denuncias contra la anterior administración y la descalificación de la oposición. Lo electoral superó al sentido común.

Un discurso casi de barricada, centrado en la descalificación de la oposición y una crítica cerrada que no solo abarcó a la administración anterior sino que se remontó hasta los tiempos del megacanje de Fernando De la Rúa y disparó la novedad de el inicio de una querella criminal contra quienes asumieron la deuda externa en tiempos de la presidencia de Mauricio Macrifue la respuesta de Alberto Fernández a quienes aún dudaban sobre el tono de su mensaje en la apertura del año legislativo nacional.

Insistiendo reiteradas veces en un supuesto espíritu conciliador -al que demolía sistemáticamente con sus denuncias, sus descalificaciones y en no pocos casos claras tergiversaciones de los hechos- el mandatario cerró la puerta a cualquier instancia de diálogo, poniendo seriamente en duda la posibilidad de constituir el Consejo Económico Social en medio de semejante clima de conflicto, aunque sobre el final de su alocución intentó esgrimirlo como el camino a seguir.

Pocas veces un presidente utilizó este tipo de actos y ese recinto para romper lanzas tan violentamente con los opositores. Todo en Alberto Fernández pareció resumir el conocido pensamiento de Cristina Kirchner y su convicción de que la ruptura con quienes no acompañan el pensamiento y acción de gobierno es el único camino viable hacia el éxito del sector que representan.

La primera conclusión sería que en esta Apertura del 139º período de sesiones ordinarias el ocupante de la Casa de Gobierno rindió definitivamente sus módicas banderas de independencia y enterró el nonato «albertismo» hasta nueva oportunidad. Cada mandoble contra los opositores se constituyó entonces en una promesa de lealtad a «la Jefa» y en una puerta abierta a un país que deberá acostumbrarse a una larga campaña plagada de descalificaciones, persecuciones y pérdida de calidad institucional.

Desde el inicio del discurso fue posible entender lo que venía: el jefe de estado solo dedicó algunos minutos al grave asunto de las vacunas VIP y lo hizo para resaltar que todo lo realizado por él y su gobierno fue lo correcto, mientras que la oposición exageró algo que no iba más allá de algún error puntual. Frente al escándalo nacional Alberto optó por avisar que todos estaban equivocados…menos él.

«Si se cometen errores, la voluntad del Presidente es corregirlos de inmediato», dijo el mandatario para dar por zanjada la cuestión y comenzar sus ataques a todos los que piensan distinto al respecto y consideran que el único esfuerzo oficial estuvo destinado a esconder los hechos y minimizar el daño.

Y punto…tema superado y a otra cosa.

Tras fijar su belicosa posición el presidente comenzó a desgranar el largo informe de lo hecho y lo por hacer, aunque ya nadie prestaba atención a un aspecto casi burocrático que la historia ha dejado en claro que no suele ser más que un cúmulo de buenas intenciones. La suma de los informes de cada ministerio suele convertirse en una especie de pintura angelical de una república a la que sus habitantes perciben diabólica; y como nadie se toma jamás el trabajo de comparar entre lo prometido y lo realizado, estos discursos solo sirven para dejar una imaginaria muestra de un país que en realidad no existe.

Pero si algo era esperado era el punto referente a la reforma del Poder Judicial. Y Alberto no se hizo desear…

«El Poder Judicial de la Nación está en crisis» comenzó afirmando, para desgranar lo que a su juicio son privilegios de sus miembros. Claro que no olvidó lanzarse contra los miembros de la Corte Suprema a la que acusó de provocar «hechos llamativos» que los medios concentrados se dedican a esconder, pidiendo además la detención del fiscal Stornelli. Y habló de un entramado entre jueces, fiscales y periodistas para perseguir y espiar opositores, dictando teórica sentencia en una cuestión que aún está en etapa investigativa. 

Para terminar de clarificar el sentido de sus palabras pidió al Congreso que asuma el control del Poder Judicial, en lo que no puede dejar de mirarse como una ruptura fáctica de la independencia de poderes. Pero…¿alguien podía dudar de que esa demanda llegaría de la boca del presidente con la principal interesada en «domar» a la justicia sentada a su izquierda y Sergio Massa, al que le señaló la demora que sus proyectos de control tiene en Diputados, a su derecha?.

En el recorrido de las obras realizadas y por realizarse -con mayor presencia de estas últimas ya que mucho se insistió en el discurso en el freno producido hasta ahora por la pandemia- Fernández no dejó de comparar sus prioridades e intenciones con las de la anterior administración, lo que disparó más de un incidente verbal en el recinto con las respuestas desde el estrado incluidas. Algo que pareció resultar cómodo para la intención del orador que no era otra que comenzar a ser mero representante de uno de los sectores en violenta pugna en la Argentina.

Tal vez la única excepción a la regla, en un tema que despierta un interés directo en la población en su conjunto, fueron los anuncios acerca de un nuevo sistema de cálculo de tarifas de servicios públicos y la aparente prolongación en el tiempo de una política moderada de actualización -habló de un debate parlamentario que no podrá resolverse en lo que queda del año- aunque nada quedó puntualmente claro acerca de como sigue esta traumática historia que afecta cotidianamente a los argentinos. Habrá que esperar las aclaraciones pertinentes.

Mucho se dirá y se escribirá sobre los anuncios puntuales, que ciertamente parecieron disociados de la realidad que viven los ciudadanos, pero todo ello quedará eclipsado por el mensaje más nítido que dejó la apertura de sesiones: Alberto ha renunciado a su vocación de cerrar la grieta -si es que alguna vez existió esa intención- y se prepara a ser parte activa de los enfrentamientos que vienen.

Claro que siguiendo su ya vieja costumbre, concluyó presentándose a sí mismo como «el hombre que sembró la semilla de la unidad del país». Algo difícil de entender después de tanto mandoble y descalificación volcados en el discurso.

Y eso solo, es suficiente para que la sociedad comience a preocuparse.

Por Adrián Freijo –

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SALVE ARGENTINA, BANDERA DE LA PATRIA

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Mucho más que un símbolo, la bandera argentina es tal vez el último hito de unidad de los argentinos. Su historia, la impronta de su creador y la identificación con los valores que representa encierran un mensaje que debemos entender.

 

El 27 de febrero de 1812 el General Manuel Belgrano, en las barrancas de Rosario, a orillas del río Paraná, enarboló por primera vez la bandera argentina.

Sus colores celeste y blanco, provienen de la escarapela nacional. La historia cuenta que la bandera originaria se ha perdido y algunas versiones hablan de que tenía dos franjas; otras, dicen que eran tres pero no está claro cuál era su disposición.

Belgrano izó por primera vez la bandera junto a las baterías Libertad e Independencia y fue jurada por los soldados.

Comunicado este hecho al Triunvirato, Belgrano partió a hacerse cargo del ejército del Norte, sin tomar conocimiento de que el organismo público le negaba la posibilidad de usar la nueva bandera, por la difícil situación reinante.

Recién luego del 9 de julio de 1816, una vez declarada la independencia de las Provincias Unidas del Río de la Plata, más precisamente el 20 de julio, su uso oficial fue aprobado por el Congreso.

El 25 de febrero de 1818, se agregó el sol, en homenaje al Dios Inca Inti (Dios del Sol). Sus 32 rayos dorados, están contenidos en negros bordes, alternándose un rayo recto y otro ondulado. La bandera con el sol fue usada para instituciones y eventos oficiales y de las Fuerzas Armadas hasta 1985, en que se dispuso su colocación en todas las banderas argentinas.

En tiempos del virreinato se produjeron dos invasiones inglesas a Buenos Aires. Durante 46 días, desde el mes de junio hasta el mes de agosto de 1806, la ciudad de Buenos Aires estuvo gobernada por ingleses.

Así era la bandera enarbolada por Manuel Belgrano a orillas del Paraná el 27 de febrero de 1812

Hasta ese momento, el único distintivo que llevaban los soldados patriotas para diferenciarse del ejército realista era una escarapela con los colores celeste y blanco. Manuel Belgrano -que estaba en Rosario con la misión de preparar a la tropa para defender los pasos del río Paraná de cualquier ataque realista- pensó que una buena manera de entusiasmar a los soldados era contar con una bandera propia que tuviera los colores de la escarapela. Así surgió la idea de mandar a coser una.

Hay muchas versiones acerca del origen de los colores de la bandera y la escarapela. Celeste y blanca era la cinta que usaba el rey de España cruzándole el pecho, los mismos colores tenían el escudo de la ciudad de Buenos Aires y las cintas repartidas el 25 de mayo. Después de la Revolución de Mayo, toda persona que quería demostrar que estaba a favor de la revolución se colocaba cintas celestes y blancas en algún lugar visible: las damas en el cabello, en los bordes de los rebozos, o en los abanicos; los hombres se las colocaban en los sombreros o en las solapas de los sacos.

Cuando la nueva bandera flameó frente al Paraná, Belgrano dijo a los soldados: «Esta será la divisa con que marcharán al combate los defensores de la patria».

Bandera aprobada por el Congreso de Tucumán en 1816.

Una de las tareas que tuvo el Congreso de Tucumán después de declarar la independencia fue acordar cuál sería la insignia que reemplazaría a la bandera española. Así decía el decreto expedido por el Congreso el 25 de julio de 1816: «Las Provincias Unidas, después de la declaración solemne de su independencia, tomarán como peculiar distintivo la bandera celeste y blanca».

En 1818 el Director Supremo Juan Martín de Pueyrredón resuelve cambiar aquellos colores dispuestos en Tucumán y así lo decreta. Las franjas de los extremos son de un azul más intenso que el celeste original. Esta modificación se debe a una consulta realizada a expertos en heráldica, la disciplina que se ocupa de estudiar los colores que deben llevar las banderas y los escudos. Los expertos rechazaron el celeste y determinaron que el color correspondiente debía ser un azul más oscuro.

Por disposición del Director Supremo se cambió el celeste por un azul intenso

Al igual que la que usamos actualmente, llevaba como distintivo militar un sol en el centro. Las franjas de los extremos son de un azul más intenso que el celeste original. Esta modificación se debe a una consulta realizada a expertos en heráldica, la disciplina que se ocupa de estudiar los colores que deben llevar las banderas y los escudos. Los expertos rechazaron el celeste y determinaron que el color correspondiente debía ser un azul más oscuro.

Finalmente se volvió a colocar en el fuerte de Buenos Aires en 1852, una vez que el gobierno de Rosas cayó como consecuencia de la batalla de Caseros, la bandera celeste y blanca tal cual la conocemos hoy y que fuera la aprobada en 1816 en el Congreso de Tucumán. Durante la secesión de Buenos Aires (1852-1861), los dos gobiernos -el de la Confederación y el de Buenos Aires- utilizaron la misma bandera.

Desde entonces el país se ha visto sometido a mil tensiones y la decadencia terminó por enseñorearse en su tierra y en su gente. Solo la bandera, lejos de facciones y fanatismos, parece hoy unirnos a todos bajo un mismo color que adquiere por tanto una dimensión mayor a la del símbolo: es a la vez esperanza, pasado y punto de encuentro.

Algo que deberemos entender y poner en práctica para superar, por fin, aquella tristeza de Manuel Belgrano que en su hora final deslizó un rezo laico que hoy debe ser recordado en boca de cada argentino con sentido de trascendencia: ¡¡¡Ay, Patria mía!!!.

FUENTE : LIBRE EXPRESION

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CUANDO LA IMPOTENCIA DISPARA EL PAPELÓN

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Pocas veces un presidente argentino tuvo un paso tan fallido por el exterior como el que protagonizó un Alberto Fernández histérico, fuera de foco y además, otra vez, mal informado.

La impotencia suele ser mala consejera del soberbio. Mientras en los seres humanos suele disparar tristeza, pesimismo y decepción en el omnipotente opera como acicate a las reacciones estentóreas, impensadas y pretendidamente propias de un ser superior. Claro que, inevitablemente, terminan en un papelón: no hay nada más ridículo que el que jura no haber robado el dulce de leche con la aureola del manjar en torno a sus labios.

Y así, manchado y en evidencia, se mostró Alberto Fernández cuando tuvo la malhadada idea de ponerse a contestar sobre temas de la política interna durante su visita a México y en presencia del propio mandatario azteca Andrés López Obrador. Cuando todo aconsejaba echar mano a la clásica salida diplomática y simplemente afirmar que no iba a hablar de cuestiones nacionales en casa ajena, el mandatario la emprendió contra quienes critican a su gobierno por el escándalo del llamado «Vacunatorio VIP» y, como suele ser habitual debido a su volátil carácter, terminó desnudando ante el mundo entero todo el odio que genera la irreparable grieta en el país y que lo tiene, mal que le pese, como uno más de los protagonistas centrales.

Por mucho que se esfuerce en parecer un moderado, Alberto Fernández no pierde ocasión para poner sal en la herida de las divisiones y descalificar, amenazar y estigmatizar a todos los que no piensan como él y su gobierno.

Fuera de sí, con fingida frialdad que no pudo ocultar su furia, se refirió despectivamente a los fiscales que estudian las más de doce denuncias presentadas por la violación de las normas vacunatorias. Él, que suele jactarse de su conocimiento del Derecho Penal y de su condición de docente de la UBA en la materia, pareció olvidar por un instante que es obligación de los funcionarios denostados el analizar toda denuncia que llega a sus manos. Luego verán si la rechazan o siguen adelante en su tratamiento…

“No existe ese delito y no se puede construir. Si quieren trabajar, hay muchos delitos para investigar como los peajes de Macri, el terrible y lamentable endeudamiento que la Argentina vivió, el vaciamiento del Congreso, el negocio de los parques eólicos y la responsabilidad de un ministro que mandó un submarino en el que murieran 44 tripulantes” disparó Fernández, soslayando deliberadamente que las presentaciones judiciales recorren no uno sino varios delitos posibles que van desde la gravísima asociación ilícita hasta el abuso de poder. ¿ Qué sabe entonces si alguno de ello puede existir?, ¿no es una frivolidad impertinente querer minimizar el trabajo de la justicia diciendo que «no existe el delito de adelantarse en una cola»?.

Ello sin olvidar que todas y cada una de las causas enunciadas como «olvidadas» están hoy siendo investigadas por la justicia y en plena instrucción penal…

Mientras Alberto Fernández sale por el mundo a operar una vez más como tapadera de los verdaderos organizadores de este disparate (Ver:La Cámpora, las vacunas «vip» y el caso Mar del Plata) el propio presidente de los EEUU Joe Biden toma el caso argentino y el peruano para pedir que los procesos de asignación de la vacuna sean transparentes en el mundo entero.

Parece imposible que el presidente argentino comprenda que en el mundo existe un código ético muy diferente al que, sin límite ni pudor, rige en nuestro país las relaciones entre los todopoderosos gobernantes y el golpeado pueblo.

Y para cerrar la triste jornada Alberto sostuvo que «le pido a los fiscales que vuelvan a leer el código penal. No sé quién los aprobó ni en que universidad, pero ya hicieron demasiadas sinvergüenzadas». Por un momento pasó por nuestras cabezas la imagen de una presidente anterior que, preguntada por alumnos de una universidad americana sobre casos de corrupción y su abultada fortuna, no tuvo mejor idea que descalificar a sus interlocutores diciendo «chicos, por favor, estamos en Oxford no en La Matanza».

Algunos parecen haber incorporado el papelón a su bagaje ideológico…lastima que nos involucran a todos.

FUENTE : LIBRE EXPRESION

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