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Opinión

Patricia Bullrich polemizó: “El policía tiene que hacer lo que hizo Chocobar”

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La ministra de Seguridad realizó una contundente defensa del policía que mató por la espalda a un joven que había atacado con un cuchillo a un turista en La Boca y señaló: “Las fuerzas de seguridad no son las principales culpables en un enfrentamiento”

La ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, volvió a defender este martes a Luis Oscar Chocobar, el policía que mató por la espalda a un ladrón que había participado de un ataque con cuchillo a un turista, en un intento de robo en el barrio porteño de La Boca.

“Si hay una persona que metió diez puñaladas, que no acató la voz de alto, que siguió corriendo con un arma y podía agarrar a cualquier tercero, el policía tiene que hacer lo que hizo Chocobar”, comentó.

La semana pasada, el presidente Mauricio Macri recibió en Casa Rosada a Chocobar y lo respaldó en su accionar, luego que el efectivo contara que el ladrón se abalanzó corriendo con un cuchillo en su mano para atacarlo. Sin embargo, horas después, un video mostró que los disparos se efectuaron cuando el joven atacante escapaba y los balazos fueron por la espalda.

Escuchá la entrevista completa

En este marco, la funcionaria brindó una entrevista al periodista Ernesto Tenembaum, en Radio con Vos y mantuvo su respaldo a Chocobar: “Actuó de acuerdo a todos los protocolos y manuales que hemos elaborado sobre doctrina policial”.

El periodista y la ministra mantuvieron algunos contrapuntos durante la entrevista.

Y agregó: “Cada vez que hay una persona con cuchillo, el policía no debe acercarse nunca a menos de seis metros. Es una doctrina internacional, ratificada por todos”. En la misma línea, la funcionaria acotó: “Esta doctrina policial la hemos enseñado el año pasado en las escuelas policiales del país. Esto lo digo porque a partir de un video mal editado y recortado, se analiza algo que es absolutamente poco profesional. No entienden que Chocobar estaba en la persecución de un delito que seguía, que existía, que estaba infraganti”.

Bullrich luego explicó por qué considera que aún había riesgo en la situación y justificó los disparos mortales de Chocobar: “Esa persona que había acuchillado a un turista, podía hacer lo mismo con cualquier otra persona. Consideramos desde el Ministerio de Seguridad que la acción realizó el policía no es legítima defensa. Está mal encuadrado el caso. Es una acción de cumplimiento de deber de funcionario público”.

Más adelante, generalizó la decisión de apoyar a Chocobar con una política de Estado: “Este caso ratifica una mirada que tiene nuestro gobierno: las fuerzas de seguridad no son las principales culpables en un enfrentamiento. Estamos cambiando la doctrina de la culpa de la Policía. Y estamos construyendo una nueva doctrina: el Estado es el que realiza las acciones para impedir el delito”.

La funcionaria luego amplió: “Vamos a invertir la carga de la prueba. Hasta ahora, el policía que estaba en un enfrentamiento iba preso. Nosotros estamos cambiando la doctrina y hay jueces que no lo entienden. Lo vamos a cambiar en el Código Penal. Vamos a sacar la legítima defensa para los casos de policías”.

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Opinión

La justicia irrumpió en la Argentina y ¿la mala política salió por la ventana?

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Una mañana en la que el accionar de la justicia hizo foco en dos cuestiones manchadas por lo peor de la política. Tarde, pero al fin, el estado dijo presente.

La localidad Guernica, en la provincia de Buenos Aires, y un campo en Entre Ríos fueron los dos sitios en los que esta mañana la sociedad posaba sus ojos para saber si la justicia tenía algún sentido en el país.

La ajada imagen de la Corte Suprema de la Nación, siempre dubitativa y buscando equilibrios que se parecen más al interés personal de sus miembros que a la administración de justicia, y la podredumbre que emana de Comodoro Py, sus operadores políticos, sus jueces prostibularios y sus fallos oportunistas, terminaron por generar en la sociedad la convicción de vivir en un país sin equidad ni estado de derecho.

Y la equivocada visión de muchos funcionarios públicos que creen que la función del estado es desproteger a quien algo tiene para resolver su propia incapacidad de resolver las necesidades y derechos de los más desposeídos -que además suponen un extenso sector social que las malas políticas estatales hace crecer día a día- alimentaron la convicción de que «el negocio del pobrismo» volvería a caminar por sobre el estado de derecho y la propiedad privada.

Un escenario plagado de desposesión y marginalidad -Guernica- frente a otro en el que la disputa era sobre miles de hectáreas de campo de una familia poderosa y disfuncional que además tiene, por derecha y por izquierda, vinculaciones con el poder. Un cóctel explosivo y la posibilidad de comenzar a definir la Argentina que viene.

Y una vez más -de la mano de una justicia silenciosa y seria que queda siempre opacada por las agachadas de tanto magistrado que trajina los sets televisivos y las portadas de los principales medios compitiendo con las estrellas del jet set- el estado de derecho se impuso, y lo hizo de la mano de dos fallos serios, ajustados y dignos de ser analizados por todos si lo que buscamos es claridad en los conceptos de la juridicidad en la que todos pretendemos vivir.

Tanto el presidente de la república como su ministra de Seguridad o el propio gobernador de la provincia Axel Kicillof debieron abandonar raudamente sus posturas duales y sospechosamente tibias y apresurarse en fijar posición en favor del derecho a la propiedad. Si hubo algún intento de soslayarlo, modificarlo o ignorarlo quedó en el arcón de los recuerdos de la mano de magistrados que supieron ajustarse a lo que dice la Constitución y las leyes que reglamentan su ejercicio.

Ni siquiera los postreros intentos por demorar ambos desalojos –siempre basados en abstractas mediaciones en la que el estado aparece invariablemente protegiendo los intereses de los ocupantes ilegales en nombre de una paz social que estos mismos han quebrantado– tuvieron esta vez efecto: en el caso de Guernica el tribunal insistió en el inmediato desalojo, al tiempo que señalaba las reiteradas ocasiones en las que los abogados de los usurpadores habían mostrado una única intención dilatoria y sin ánimo de llegar a acuerdo alguno, y en el de la familia Etchevehere con un fallo que apenas se tomó el tiempo necesario para ser redactado, sin utilizar los plazos procesales a los que el juez tenía derecho, demostrando lo grave y urgente que para el tribunal era el hecho de que el titular de legítimos derechos fuese privado de los mismos.

Lo que siempre pedimos: justicia, estado de derecho y celeridad.

Párrafo aparte para el impecable accionar de las fuerzas de seguridad de la policía provincial en la toma de Guernica. Profesionalismo, cuidado de la integridad ajena y capacidad de responder a la violencia generada por algunos grupos de activistas, con la justa represión que fija la ley y que tantas veces se evita para no correr el riesgo de afectar la integridad de un delincuente -los usurpadores lo son- y terminar con serias afectaciones a la carrera y la libertad individual de los agentes del orden.

Queda ahora el mayor de los desafíos que es el de no caer en la trampa de otra grieta y comenzar todos a preocuparnos por como resolver las urgentes necesidades de tantas familias que nada tienen y que en su abandono terminan siendo presa fácil de lo peor de la política, cuando no de miserables especulaciones inmobiliarias que los colocan como carne de cañón. Su dolor e impotencia debe ser el de todos los argentinos de bien y subirlos al camino del progreso y la integración social un objetivo común sin el que este país tampoco tendría razón de ser. Guernica es la postal de la Argentina perdedora…

Una mañana que muestra un país distinto, más afín a la mirada que de él tiene la inmensa mayoría de los argentinos, y que solo presenta ahora la duda acerca de si podremos mantenerlo en el tiempo y convertirlo en realidad.

Y la prueba irrefutable de la importancia de la justicia como reguladora de la vida cotidiana de cada uno de nosotros. Incluidos los políticos y funcionarios…

ADRIAN FREIJO

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Opinión

COMUNICADO DE CAPRICA : IMPUESTOS DISTORSIVOS AFECTAN LA INDUSTRIA AUDIOVISUAL

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La industria audiovisual afectada por el cepo cambiario y los impuestos sobre la moneda extranjera
30% del impuesto País más 35% es igual a un 65 % de incremento en los costos

Los Productores y Realizadores Independientes de Contenidos Audiovisuales nucleados en CAPRICA hemos sido afectados y mostramos nuestra disconformidad con la resolución de la AFIP que agrega una retención a cuenta de ganancias del 35% sobre las operaciones de compra con moneda extranjera (Resolución General 4815/2020), la que ya había sido gravada con el 30% del impuesto solidario.
Las medidas adoptadas sobre el cepo ya existente -limite de compra más impuesto país- han encarecido el valor de los servicios que utilizamos como insumos de nuestra labor, ya que se aplican a los pagos de los prestadores de streaming, herramientas de Apple, Microsoft, Google Play, programas específicos así como también a las plataformas como Youtube, Facebook, los juegos de PlayStation y Netflix, etc.
Enfatizamos que en la industria audiovisual hay gastos en moneda extranjera inherentes a la actividad y que el límite de 200 dólares mensuales -que incluye los consumos con la tarjeta de crédito- pueden ser superados y creemos que esto no solo encorseta la libertad de compra y restringen tu capacidad operativa sino que afecta nuestro trabajo.
Por lo tanto, hacemos pública nuestra situación y desconformidad y pedimos que sea considerada la situación particular de nuestra actividad.

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Opinión

Lo que Cristina piensa, lo que Cristina dice, lo que Cristina calla

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Tan sorpresivamente como aquella tarde en que comunicó que Alberto sería el candidato, la ex presidente publicó una carta en la que expresa mucho más de lo que dice.

La reaparición pública de la ex presidente -que por cierto compensa con creces esa sensación de ausencia que se le endilgaba durante la larga cuarentena y la aguda crisis económica del último mes- sirvió como un señuelo al que se abalanzaron con igual entusiasmo los fanáticos de uno y otro lado de la grieta que nunca podrán ver ni analizar más allá de su propia nariz.

Pero separadas las aguas del fanatismo, quedan lecturas importantes y profundas a las que hay que entrar dejando colgado en el perchero tras la puerta el prejuicio y la simplificación. Porque lo que transmite la larga misiva pública de Cristina es seguramente uno de los hechos políticos más trascendentes de los últimos tiempos y permite entender la gravedad del momento por el que atraviesa un país al borde del abismo.

La vicepresidente no deja frente sin señalar ni sector sin advertir acerca de cual es su mirada en este momento. Se puede interpretar que lo allí escrito tiene mucho de convicción de que quienes creen apoyarla están empujando al gobierno de Alberto hacia un aislamiento que puede llevarlo al fracaso, llenando el país de gestos y acciones que proyectan una imagen de intolerancia y desprecio por la convivencia que a ella le costó el poder, el escarnio y la grieta.

La vicepresidenta reconoce que entre otras cosas durante su gobierno gran parte de la sociedad –incluidos “no pocos dirigentes del peronismo”– cuestionó sus formas y su falta de diálogo. Y aunque niega que esto haya sido así, es la primera vez que acepta que ello representó una limitación tan fuerte que la obligó a tomar la decisión de consagrar la candidatura de Alberto y construir una alianza con Sergio Massa, a quien ahora ve tomando un protagonismo excesivo y del que sospecha quiere volver a presentarse ante la sociedad como el único capaz de cerrar la etapa de la intemperancia.

Y ese temor se agranda cuando observa el enojo que causan actitudes como las usurpaciones y tomas de tierra y la indefinición de la administración central frente al tema. Cuando habla de «de funcionarios o funcionarias que no funcionan», además de descargar su reconocida tirria por Santiago Cafiero a quien le endilga frivolidad e inacción, dispara al corazón de la encargada del área de Justicia, Marcela Losardo, y también ante quien hasta hace poco aparecía como propia tropa pero en los últimos tiempos ha recibido, hasta ahora en privado, las más ácidas críticas de parte de la ex presidente: la ministro de Seguridad Sabrina Frederic.

A la primera le endilga inacción y pérdida de capacidad negociadora con la justicia -«piensa como docente en un despacho en el que se debe actuar como política» suele quejarse ante los más cercanos- y a Frederic la incapacidad de resolver cualquier conflicto con otro planteo que no sea la inacción y el retiro del estado como gestor de la seguridad. «Esto enoja a la gente y ahí siempre aparece Massa con cara de tener todas las soluciones y nos hace quedar como inútiles o violentos» le dijo en su despacho del Senado a Eduardo Valdés, que mucho tuvo que ver en la decisión de reaparecer por medio de la carta, cuando el legislador fue a transmitirle la molestia «del amigo en Roma» por el creciente protagonismo del tigrense.

Pero es en la situación económica en la que Fernández de Kirchner hace pie para dar el que tal vez sea su paso más importante de la última década: reconocer que de la crisis solo se sale con un acuerdo entre todos los actores de la realidad y poner fin a la era del voluntarismo cambiario -que signó su mandato, el de Macri y ahora el de Alberto- aceptando que «la economía bimonetaria es, sin dudas, el más grave problema que tiene nuestro país”. Algo impensado en la Cristina del cepo, el ninguneo al dólar y las críticas al «abuelito amarrete».

Como ninguno de sus antecesores pone en claro que mientras no resolvamos la cuestión cambiaria no habrá salida económica posible y, ahora sí,  avisa que la solución será imposible “sin un acuerdo que abarque al conjunto de los sectores políticos, económicos, mediáticos y sociales de la República Argentina”.

Y para que no queden dudas de su convicción invita a la mesa del diálogo a los sectores mediáticos a quienes por primera vez acepta como coprotagonistas de la realidad y no como culpables de todos los males. Impensado apenas ayer…

“El sistema de decisión en el Poder Ejecutivo hace imposible que no sea el Presidente el que tome las decisiones de gobierno”, argumentó Cristina Kirchner en un párrafo que bien puede ser tomado por los cultores de la teoría destituyente -que siguen sosteniendo que lo que viene es similar a lo ocurrido en los 70 entre Juan Perón y Héctor Cámpora– como un reconocimiento a la necesidad de su presencia formal y definitiva en el despacho principal de Balcarce 50.  Nada más lejano de la realidad…

Con su carta Cristina intenta sostener al presidente en su sitio y a la vez blanquear una certeza generalizada que hasta el momento no había encontrado un sitio concreto por el cual ser canalizada: la alianza de gobierno tiene un líder y ese líder es ella misma.

Que lo entienda Alberto, que lo sepan sus ministros y que también tome nota de ello Sergio Massa. A todos les avisa que tienen un papel institucional que cumplir, que están equivocando el camino y que ella no necesita cargo o despacho para hacer valer su influencia.

“Nunca nos movió el rencor” sostiene utilizando el plural mayestático común a quienes miran la realidad desde un plano superior. E inmediatamente recuerda que por “responsabilidad histórica con el pueblo” decidió armar un frente político con quienes la criticaron durante su gestión, con quienes “prometieron cárcel a los kirchneristas en actos públicos” (Massa) y hasta con quienes “escribieron y publicaron libros” en su contra (Vilma Ibarra, mano derecha del actual mandatario). Para que no queden dudas…

Las reacciones de sorpresa y las febriles consultas entre los miembros del gobierno, los empresarios, los sindicalistas y la oposición, sumadas al impacto mediático de la aparición sorpresiva de la misiva, indican a las claras que más allá de cualquier consideración basada en el prejuicio Cristina Fernández de Kirchner sigue ocupando la centralidad de la vida política nacional. Y que cada aparición suya, cuando ella misma se atreve a dejar de lado los clichés y sobreactuaciones a los que es tan afecta, cambiará el escenario nacional en tanto y en cuanto no aparezca un nuevo liderazgo o la sociedad deje de girar -a favor o en contra- en torno a su figura.

Todos deberán ahora modificar sus estrategias para evitar quedar fuera de foco.

El gobierno, más allá de algún retoque en el gabinete, ajustando mucho la acción y buscando unidad de pensamiento. Está avisado públicamente por ella que «no es fácticamente posible que prime la opinión de cualquier otra persona que no sea la del Presidente a la hora de las decisiones”.

La oposición tendrá que recoger el guante de la convocatoria al diálogo -ya aceptado por los empresarios y, con algunas disonancias sorprendentes, por los sectores sindicales- si no quiere que su eterna denuncia acerca de un gobierno cerrado sobre si mismo se termine volviendo en su contra.

Y los propios -ese variopinto universo de jóvenes que estiran su juventud y líderes sociales que pasan sus horas entre combates y refrigerios- abrir la sesera lo suficiente para entender que la lealtad a su líder pasa ahora por moderar, dialogar y buscar acuerdos y no enfrentamientos. 

Porque lo que la carta deja, en definitiva, es -con el estilo a veces chocante de quien la firma- un claro reconocimiento de lo que está ocurriendo, de los errores cometidos por unos y otros y de la necesidad de tirar todos juntos del carro.

Algunos dirán «un triunfo de Cristina líder» y otros contestarán «por fin aceptó que sola no puede». ¿Importa?…solo a los que están parados de uno y otro lado de esta grieta insoportable.

La síntesis la deja la misma ex presidente en el final de su larga exposición: “Nos guste o no nos guste, esa es la realidad y con ella se puede hacer cualquier cosa menos ignorarla”.

Punto…

ADRIAN FREIJO

LIBRE EXPRESION

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