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Peñarol resurgió en el clásico y se cruzarán en el repechaje

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Después de tres cuartos equilibrados, en los 10′ finales, el “milrayitas” quebró el juego y terminó ganándole con autoridad a Quilmes por 98-85, en la vuelta de Leiva, para cortar la racha de cinco derrotas consecutivas y determinar que tengamos clásicos en el repechaje del Súper 20.

 

La vuelta de Martín Leiva fue completa. Porque más allá del partido que hizo el “Titán”, su regreso fue con un triunfo clásico por 98 a 85, que le permitió cortar la racha de 5 derrotas consecutivas, sacarle una sonrisa al pueblo “milrayitas” y darle una alegría a los amantes del básquet porque con este resultado, habrá al menos dos clásicos más (pueden ser tres) previo al inicio de la Liga Nacional, con el repechaje del Súper 20, para avanzar a la instancia de playoffs. El goleador de la noche fue Eric Flor con 28 puntos, pero las figuras fueron Pettigrew (18) y Corchran (17), que fue determinante en el quiebre de un juego que había sido parejo hasta el cuarto final.

Si no hubiera sido por esa corrida y la “pizza” de Zurschmitten en la última pelota del primer cuarto, los 10′ iniciales hubieran terminado en tablas. En todo sentido, porque fue un parcial sumamente equilibrado, en el que no se pudieron tomar diferencias, alternaton el dominio del marcador y los dos tuvieron un hombre que fue la carta de gol. Steffphon Pettigrew (14) por el lado de Peñarol y Eric Flor (11) por el de Quilmes, que fueron los que mantuvieron a sus equipos en los momentos de fragilidad, con mayor espectacularidad el norteamericano “milrayitas”, con una gran volcada tras capturar un rebote. Con algunos minutos, también mostró sus credenciales Martín Leiva, que fue importante no sólo en el juego, sino en la inyección anímica que le aportó a sus compañeros. El chico, fue 25 a 22 para los de Gutiérrez.

El arranque del segundo parcial mostró mejor al local, Quilmes estaba más enrredado pero se mantuvo con el peso de Basualdo en la pintura y la conducción de Ferreyra. El pivote fue clave y con una buena jugada, volcada y falta de Cochran, lo devolvió al frente al “tricolor” por la mínima: 30-31. Después, hizo explotar la tribuna que da a la avenida de las Olimpiadas con una gran tapa sobre Leiva, lo hizo “sacar” al “Titán” que a la jugada siguiente lo insultó y recibió la falta técnica, llegó a la tercera y obligó a Gutiérrez a sentarlo hasta el final del cuarto. Cuando parecía que Peñarol se iba del partido y Quilmes se alejó por 7 (32-39), apareció el momento “Juani Marcos” del juego. Al pibe no le pesó la conducción, asistió a Cochran, clavó una “bomba” y le sacó una falta ofensiva a Ferreyra que, del otro lado, Diez coronó para igualar en 39, a falta de 3’13.  Hasta el cierre, se alternaron, con buenos pasajes de Cochran por el local y Flor, desequilibrante en el “cervecero”, para que se vayan al descanso largo como lo indicaron los 20′ iniciales: en tablas: 46 iguales.

Toda la intensidad que ofrecieron en los primeros dos cuartos, pareció enfriarse en el vestuario y les costó arrancar el complemento. Bajó el goleo y hubo muchos errores de ambos lados, Gianella llegó a la cuarta falta personal y, de la mano de Pettigrew (que no marcaba desde el primer parcial), el “milrayitas” pudo tomar una leve ventaja de 5 (57-52) que obligó al tiempo muerto de Javier Bianchelli. Al regreso, Eric Flor achicó el margen a un doble con un triple desde el eje y el encuentro empezó nuevamente a tomar temperatura adentro y afuera. El tablero, como toda la noche, palo y palo. Ninguno se pudo cortar, Zurschmitten tomó mucho protagonismo en Peña (8 en el chico), con buenos momentos de Alloatti, mientras que Ruiz mantuvo en juego a Quilmes (6), que llegó al último parcial abajo por 4 (73-69) y cualquier cosa que podía pasar.

Quilmes a pura defensa, Basualdo al límite contra Leiva, le consumía los segundos y obligaba a tiros incómodos o que se le consumiera la cuenta de 24.  Pero lo que consiguió en defensa, no lo supo cristalizar en ataque y Cochran rompió de afuera para levantar a su gente y sacar 5 (76-71), con poco más de 7′ en el reloj. Ante la falta de gol, Bianchelli mandó a Eric Flor. Sin embargo, el “Milrayitas” se encontró con su máxima (7) con un triple de Gianella. El juego se empezó a quebrar, Alloatti le sacó la cuarta a Flor y empezó a tomar distancia. El goleador “cervecero” metió la mano y parecía que se iba, pero los árbitros lo “salvaron” y se la contaron a Sánchez. El “23” era la única carta del “tricolor” que estaba ahogado por su máximo rival que, por el contrario, jugaba mejor, con un Cochran decisivo en defensa y en ataque, con un robo y una volcada que empezó a sellar las cosas (89-78) cuando restaba mucho (3′ 39″), pero que golpeó en lo anímico. Entonces, el resto estuvo demás, se floreó el equipo de Gutiérrez, con todo el banco parado, con los juveniles para cerrar el juego y para decretar al menos dos clásicos más por el Súper 20.

Síntesis

Peñarol (98): Nicolás Gianella 13, Karl Cochran 17, Steffphon Pettigrew 18, Alejandro Diez 4 y Martín Leiva 13 (FI); Nicolás Zurschmitten 12, Tomás Monacchi 0 (x), Alejandro Alloatti 13, Diego Guaita 5, Juan Martín Fernández 0, Juan Ignacio Marcos 3 y Vittorio Fazzini 0. DT: Leonardo Gutiérrez.

Quilmes (85): Nicolás Ferreyra 10, Eric Flor 28, Enzo Ruiz 8, Ricky Sánchez 10 e Iván Basualdo 14 (FI); Omar Cantón 4, Bruno Sansimoni 2, Emiliano Basabe 9, Darío Skidelsky 0 y Juan De La Fuente 0.DT: Javier Bianchelli.

Parciales: 25-22, 46-46 y 73-69.
Árbitros: Juan Fernández, Roberto Smith y Javier Sánchez.
Estadio: Polideportivo “Islas Malvinas”.
No había mejor forma de volver para el pivote, que lo hizo en un clásico y fue con victoria para Peñarol, cortando la racha negativa. (Fotos: Diego Berrutti)

 

Sebastián Lisiecki

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POR PENALES BOCA SE QUEDO CON EL CLASICO

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El equipo de Russo le ganó a River por penales y avanzó a los cuartos de final de la Copa Argentina.

Habrá que creer que sí, que Boca está empezando a revertir la racha con River. Ahora, más palpable que nunca. Por la forma en la que jugó, por la forma en la que llegó, por la manera en la que llevó el partido a los penales, por cómo lo terminó ganando. Boca, de mínima, le perdió el miedo a River. Y transformó un viejo karma en una nueva costumbre: eliminarlo, correrlo de la pelea, festejar lo que antes sufría. El equipo de Russo pasó, está en cuartos de la Copa Argentina. Y en medio de un momento difícil, se dio un gusto de los grandes. De esos que se disfrutan largo, que también marcan la historia, claro que sí.

Que no acertó un tiro al arco en 90 minutos (los tres intentos fueron desviados) será un detalle que marcará el partido pero no el final. Otra vez Rossi se hizo héroe, otra vez los que tenía que patear lo hicieron con personalidad y decisión, y de nuevo, como en el último Súper por la Copa de la Liga, se clasificó Boca por penales (4-1 tras el 0-0). Con sus armas, lo jugó de la manera que más le convenía, quizás de la única manera que podía. Y lo hizo. Lo hizo de nuevo. No sólo no perdió ninguno de los cuatro superclásicos de este 2021, sino que ahora, a la luz de los hechos, podrá decir que lo eliminó cara a cara en dos.

Que de arranque que Boca le complicó la vida a River. Lo asfixió, no lo dejó pensar, no lo dejó crear, lo sacó del libreto. No le permitió generar sus sociedades, las que lo hacen un equipo diferente. Ni De la Cruz para Montiel, ni Paradela para Angeleri, ni ninguno de ellos para Álvarez y Romero. Desde lo estratégico, el Xeneize logró equiparar así las súper diferencias que había en la previa.

 

Con eso, y con enjundia, claro. Porque al buen planteo inicial de Russo, el equipo le sumó actitud, compromiso, presión, una dosis de furia y hasta de rabia, como si hubiera masticado todo lo que se dijo antes, como si se hubiera devorado las encuestas que no lo daban como favorito, como si hubiera canalizado así todo lo que le pasó en este tiempo afuera de la cancha. Y le hizo bien.

River se sorprendió. No se sintió cómodo con la presión y la fricción de su rival ni tampoco con la cancha. Le costó hacer pie, como si este césped mixto del Único de La Plata que también tiene el Monumental no le resultara familiar. Y le costó, además, hacerse cargo del partido, como favorito, como equipo hecho y derecho, y encima mejor plantado en los papeles.

En ese escenario, con Boca mejor durante la primera media hora, el partido se hizo parejo, intenso, movido, pero a la vez, mal jugado. Hasta que River empezó a tomar las riendas. O mejor dicho, hasta que apareció De la Cruz. El uruguayo suele ser la llave que abre huecos donde no los hay y su aparición equilibró las acciones. Aunque no fue constante.

El equipo de Gallardo, igualmente, pareció levantarse, más bien despertarse. Y ahí, en ese tramo, fue que tuvo la chance más clara del PT: esa gran jugada de Álvarez que si no fuera por la intervención justa de Rossi, hubiera terminado en el primer gol de Romero en un superclásico (luego el que falló también fue Zuculini).

Lo mismo pasó en el arranque del segundo tiempo. Esta vez fue Paradela quien rompió la estructura táctica de Boca y los mismos intérpretes, Romero primero y Zuculini después, tuvieron la ocasión de marcar la ventaja. Y ahí, otra vez tapó Rossi, y empezó a convertirse en la figura de la cancha.

Como fuera, River pareció volver a ser River. El equipo intenso, dinámico, que adelanta a sus centrales, que arma sociedades, que impone las condiciones, que acorrala a su rival, que lo va desarmando. Esa de Paradela confirmó que el partido había cambiado. De sensaciones, de juego, de dueño.

Si Boca se había ido al descanso con buenas señales, River lo devolvió al segundo tiempo así, con otras dos chances claras. Es decir, un tres a cero en situaciones que expuso, de alguna forma, lo que el equipo de Russo viene padeciendo hace tiempo: su falta de fuego en el área rival, la ausencia de un nueve que sea nueve, la sequía goleadora que no le permite ganar. De hecho, no acertó un tiro al arco. Y en un Súper. Una situación que desnuda también el desequilibrio en el armado del plantel.

A River le faltó, igual, decisión en el área. O puntería. Extrañó a Suárez y tanto más a Borré, porque Romero esta vez estuvo lejos del que venía siendo, aunque sobre la media hora final tuvo un remate fuerte que pasó cerca del ángulo izquierdo de Rossi. Y una chance más, para completar un global de cinco a cero en situaciones, que de todas maneras no le alcanzó para ganar.

Nota de Sergio Maffei para Ole deportivo.

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DESDE LAS 19 EL CLASICO DE LOS CLASICOS BOCA Y RIVER

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Faltan horas para una nueva edición del Superclásico, esta vez por Copa Argentina, y los hinchas ya lo viven a flor de piel. Tal como ocurre habitualmente, aunque ahora con muchos recaudos sanitarios por la pandemia del Covid-19, “La gente de River” organizó un banderazo para el miércoles 4 de agosto, a las 14, en la puerta del hotel donde se concentra el plantel de Marcelo Gallardo. Justo tres horas antes del encuentro que se llevará a cabo en La Plata.

El Xeneize y el Millonario disputarán una nueva edición del Superclásico, desde las 19, por los octavos de final.

Ambos equipos llegan al Superclásico luego de haber empatado sus respectivos partidos en la Liga Profesional, aunque el Millonario parece mejor parado que el Xeneize. Es que el equipo de Marcelo Gallardo demostró en los últimos encuentros que ha recuperado el nivel futbolístico que supo tener, mientras que el conjunto de Miguel Ángel Russo no termina de encontrar un funcionamiento aceitado y, para colmo, los números no lo ayudan: ganó apenas un partido de los últimos 13 que jugó.

En lo que respecta a la formación, todo indica que River tiene el camino más allanado que Boca, aunque aún tiene una duda: Jorge Carrascal o José Paradela. Además, Julián Álvarez se perfila como reemplazante del lesionado Matías Suárez y pondrán la lupa en Paulo Díaz, quien intensificó en los trabajos en la tarde del martes y sigue sintiendo dolor tras haber sufrido una paralítica en el último partido. En caso de que no llegue, su reemplazante será Jonatan Maidana.

Por su parte, el 11 de Russo es una incógnita. El DT aún no tiene definido el esquema, aunque por estas horas la posibilidad de la línea de tres/cinco defensores late cada vez más fuerte. De ser así, Agustín Sandez ocuparía la banda izquierda, Luis Advíncula, quien fue habilitado esta mañana para jugar, debutaría en el andarivel derecho y, además, se metería en el equipo Carlos Zambrano para acompañar a Carlos Izquierdoz y a Marcos Rojo.

En el medio, Esteban Rolón y Alan Varela se disputan un lugar entre los titulares junto a Diego González y Juan Ramírez. En tanto, la delantera parecería estar firme con Norberto Briasco y Cristian Pavón.

La probable formación de Boca vs. River para el Superclásico de Copa Argentina
Agustín Rossi; Luis Advíncula (fue habilitado esta mañana para jugar), Carlos Zambrano, Carlos Izquierdoz, Marcos Rojo, Agustín Sandez; Diego González, Esteban Rolón o Alan Varela, Juan Ramírez; Cristian Pavón y Norberto Briasco.

La probable formación de River vs. Boca para el Superclásico de Copa Argentina
Franco Armani; Gonzalo Montiel, Paulo Díaz o Jonatan Maidana, Héctor Martínez, Fabrizio Angileri; Bruno Zuculini, Enzo Pérez, José Paradela o Jorge Carrascal; Nicolás De la Cruz, Braian Romero y Julián Álvarez.

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LAS LEONAS VAN POR EL ORO. CUANDO ENTRENAR ESTABA PROHIBIDO…

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Otra final olímpica para Las Leonas. Una más, después de las de Sidney 2000 y Londres 2012. Y de nuevo el rival serán los Países Bajos, como en la última ocasión, pero ahora con un plantel renovado, lleno de ilusiones, confiado en ganar la única medalla que aún no tiene en la vitrina: la de oro.

La Argentina comenzó perdiendo desde el inicio, cuando apenas había pasado un minuto y medio de juego. Sin embargo, la aparición de Noel Barrionuevo en dos oportunidades (a los 18 y a los 36 minutos) selló la victoria celeste y blanca.

Recordemos el contexto adverso en el cual este equipo y todos los olimpistas argentinos hicieron su preparación. Durante mucho tiempo estaban prohibidas las salidas al aire libre, los entrenamientos deportivos y las reuniones. Vimos por las redes videos de Paula Pareto entrenando en su cocina… atletas de todas las disciplinas en las circunstancias mas insólitas. Vimos multas a un canotista que salió a remar solo, por el Delta y fue sancionado… Mientras tanto, aparentemente en la Quinta de Olivos la realidad era otra muy distinta.
Sumado a ello, la casi nula participación del Estado, el inexistente apoyo al deporte nacional. Deporte que debe ser una prioridad en tiempos de males pandémicos mas allá del Covid, como las adicciones y los excesos. Recordamos los saludos y la alegría del Jefe de Gabinete por los primeros logros. Pero también recordamos que un equipo olímpico pudo viajar gracias a la gestión de Santi Maratea quien reunió los fondos necesarios para pasajes y estadía. El equipo de hockey femenino vende su ropa de entrenamiento para poder seguir participando. En nombre de la pandemia se recortaron becas, se quitaron subsidios…
Y nuestros deportistas están allá en Tokio… dando lo mejor a garra y corazón.

Recordemos todo esto cuando pensemos en las medallas, cuando nos ilusionemos con el oro.


Todos ellos ya son de oro… son nuestros deportistas argentinos….

 

XFN no se hace responsable por las opiniones vertidas por sus columnistas

 

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