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Periodismo: Historias de terror

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Esta semana se confirmó la noticia del cierre de la Agencia Diarios y Noticias (DyN), fundada hace 35 años. Más de 100 trabajadores de prensa quedaron en la calle porque así lo decidieron sus principales accionistas: Clarín, La Nación, Río Negro y La Gaceta de Tucumán.

Por falta de recursos no puede ser, si el Grupo Clarín es el más favorecido con la publicidad oficial del macrismo (337,2 millones de pesos sólo durante el primer semestre de 2017), además de que en estos casi dos años la empresa se reempoderó, incrementó sus ganancias y fortaleció sus múltiples negocios.

Cosas raras de la vida, entre más se enriquece el mayor grupo comunicacional de Argentina, más gente despide. En 2016, según Fopea, echó a 180 trabajadores, más que ningún otro medio. 2017 lo comenzó con el cierre de la planta gráfica AGEA: 380 personas más sin laburo. Y en el transcurso del año presionó a sus trabajadores para que aceptaran “retiros voluntarios”.

Mientras se cerraba DyN, la hecatombe asomó en el Grupo Indalo. La empresa pagó salarios en dos cuotas y los trabajadores se declararon en asamblea permanente. La angustia de no poder cobrar y no saber si tendrás trabajo el próximo mes es infame. La situación se agrava porque los argentinos tienen encima la amenaza de una reforma laboral que buscará “bajar costos”. Y los costos, ya lo sabemos, siempre somos los trabajadores.

Indalo incluye C5N y radios como la 10, Pop, Mega y Vale, en donde hubo cese temporal de actividades para reclamar el pago de los sueldos. Aunque ya les empezaron a pagar, la incertidumbre es total. Si lo sabrán los trabajadores de Radio del Plata o Ámbito Financiero. O los del Diario de Paraná, propiedad de la familia Etchevehere, que hace años cobran en cuotas. Capaz que ahora que Luis Miguel fue nombrado ministro de Agroindustria ya le alcanza para pagar completos los salarios.

También están los 30 trabajadores de Radio Continental Tucumán que la semana pasada quedaron en la calle de un día para el otro porque la empresa levantó por completo y sin previo aviso la programación local. Y ni hablar de Radio Emisora Cultural, propietaria de la legendaria Radio Rivadavia y de Radio Uno. La empresa quebró y sus trabajadores están en vilo. En Telefe, mientras tanto, esta semana hicieron un paro sorpresivo ante el temor de más despidos.

¿Y cómo olvidar el cierre del Buenos Aires Herald? ¿Y los despidos en Crónica y el cierre de las revistas de Editorial Atlántida y el periódico El Argentino? ¿Y los contratos precarios y el trabajo en negro?

Un solo dato para ilustrar un panorama desolador: la revista Anfibia anunció que necesitaba un editor y recibió más de 2000 solicitudes. Son más de 2000 periodistas que están buscando trabajo. Y casi no encuentran.

A los despidos masivos o por goteo y la desaparición de medios hay que sumar episodios preocupantes como la supuesta intención del gobierno, revelada en varias columnas y nunca negada por las autoridades, de empujar el cierre de PáginaI12 como represalia por las revelaciones de Horacio Verbitsky sobre el multimillonario y secreto blanqueo de familiares y amigos del presidente y de varios funcionarios. Decenas de periodistas de todo tipo de medios (Nelson Castro, Luciana Geuna, Jorge Fontevecchia, Miriam Lewin, Víctor Hugo Morales y Cynthia García, entre muchos otros), firmaron la solicitada “La información no puede ser silenciada” para alertar sobre el daño irreparable que provocaría esta medida.

Más allá de beneficiar con pauta oficial a medios amigos (como lo hicieron el kirchnerismo y los gobiernos anteriores) y desfilar incesantemente en programas de periodistas oficialistas, el gobierno calla ante episodios alarmantes:

  • Periodistas de diversos medios fueron agredidos por violentos infiltrados en las marchas por la desaparición de Santiago Maldonado. Hay fotos y videos, pero seguimos sin saber quiénes son y por qué no los han detenido.
  • El diputado electo por Cambiemos Fernando Iglesias agredió en las redes sociales (con su habitual estilo pendenciero nunca cuestionado por sus aliados políticos) a los periodistas María O’Donnell y Ernesto Tenembaum.
  • Seis trabajadores de Perfil fueron procesados por ejercer sus derechos sindicales y luego absueltos gracias a la lucha de sus compañeros.
  • La periodista Fabiana Bringas fue patoteada al aire por su jefe, el director de Radio Nacional Córdoba, Orestes Lucero.
  • Los periodistas Germán de los Santos y Hernán Lascano tuvieron que cancelar la presentación de su libro “Los Monos” en Rosario por amenazas de familiares de narcos.
  • El empresario estafador Mariano Martínez Rojas reapareció en horario central como supuesto testigo “arrepentido”. Es el mismo que el año pasado destrozó junto con una patota las instalaciones de Tiempo Argentino y Radio América, caso que sigue impune.

La lista de ataques a la libertad de prensa es larga, tanto como el silencio del gobierno. Las denuncias se empañan por la leyenda urbana que hace creer que, si sólo cierran medios kirchneristas o son atacados periodistas kirchneristas, todo está bien: “se lo merecen”. Alegrarse porque alguien, sin importar quién sea, pierda el trabajo, en principio es miserable. Pero resulta que ni siquiera tienen razón. La crisis abarca todo tipo de empresas, aun las más ricas, aun las más antikirchneristas.

FoPeA reportó casi 1500 despidos de trabajadores de prensa en 2016. Según SiPreBA, fueron más de 2000. En lo que ya coinciden ambas organizaciones es en que, hoy, la cifra se acerca a los tres mil. Son 3000 voces menos. ¿Nos damos cuenta de la gravedad? Sin pluralidad de voces no hay democracia, ni libertad de prensa, ni derecho a la información.

Por eso, defender a los periodistas como trabajadores y al periodismo como oficio no es una cuestión corporativa. Son valores esenciales en cualquier sociedad. En muchos países de América Latina ya hemos padecido el daño que provoca la alianza entre millonarios y poderosos medios concentrados y los gobiernos de turno. Es un escenario en el que, siempre, ganan pocos.

Por: Cecilia González
Fuente: Tiempo Argentino

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Rosario hizo punta con una modalidad propuesta en Mardel Redacción Coronavirus • Desta

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El Concejo Deliberante sesionó en forma virtual. Hace pocos días las concejales Mantero y Morro presentaron un proyecto similar en esta ciudad. Hora de volver al trabajo.

El gobierno de la ciudad no sabe de pandemias. Y más allá de los esfuerzos del Ejecutivo y de la buena voluntad del Legislativo para facilitar, vía decretos de la presidencia del HCD, el arsenal normativo que vaya siendo necesario para avanzar, lo cierto es que la urgencia por normalizar institucionalmente el funcionamiento del municipio se hace cada vez más evidente.

Así parece haberlo entendido la dirigencia rosarina.  El Concejo Municipal de esa ciudad superó con éxito la primera sesión virtual de la provincia de Santa Fe. La tarea no fue fácil y necesitó un arduo trabajo de técnicos y legistas para garantizar la legalidad de la jornada.

Primero había que asegurar que la sesión fuese pública, como es obligatorio, lo cual se resolvió rápidamente con la transmisión por YouTube que se podía seguir desde la página web del propio Concejo.

La otra radicaba en la forma de votación, una cuestión fundamental si las hay. Para tal fin se descartó la votación general y se implementó la nominal. Para dejar constancia del resultado, además de la presidenta del cuerpo, y los secretarios administrativo y parlamentario un escribano dejaba constancia del voto de cada concejal que se emitía por la plataforma Zoom. Y como forma de asegurar lo que allí se decía, después de muchos años volvieron los taquígrafos a desarrollar su trabajo en un cuerpo legislativo.

¿Qué motivo puede esgrimirse para no imitar en General Pueyrredón este ejemplo?. El proyecto de las concejales Paula Mantero y Mercedes Morro ya está presentado, puede ser aprobado en Labor Deliberativa e implementado rápidamente para que, en pocas horas, el Concejo Deliberante pueda estar sesionando «con normalidad» y cerrando el círculo de la institucionalidad en un distrito ávido de respuestas y soluciones.

No es bueno que en la emergencia decrezca el funcionamiento de los poderes tal cual lo indica la Constitución. A la necesidad de equilibrios se suma la de proyectar sobre los ciudadanos una imagen de normalidad que termine por convencerlo que las instituciones están por encima de las urgencias.

Y la tecnología nos permite hoy que nada ocurra cuando todo ocurre. Manos a la obra…

FUENTE : LIBRE EXPRESION

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Miles de jubilados se agolpan ante los bancos argentinos y se exponen a un contagio masivo

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Indignación popular por la falta de previsión en el pago de pensiones
FOTO : Cientos de pensionados y beneficiarios de planes sociales hacen fila frente a un banco de la ciudad argentina de Córdoba, este viernes.TELAM

¿Qué es lo peor que se puede hacer en plena pandemia? Sin duda, aglomerar a miles y miles de ancianos durante horas. Y eso es lo que se hizo el viernes en Argentina. Por una falta de previsión asombrosa, una gran cantidad de jubilados se apiñó ante las sucursales bancarias de todo el país para cobrar su pensión. Fue un desastre que expuso al contagio a las personas de mayor riesgo y redujo sustancialmente los efectos positivos del estricto confinamiento impuesto desde el 20 de marzo.

El presidente Alberto Fernández hizo saber que estaba furioso y desde medios gubernamentales se señaló como responsables al presidente del Banco Central, Miguel Pesce, y al director de la Administración Nacional de la Seguridad Social (Anses), Alejandro Vanoli. El abogado y Defensor de la Tercera Edad, Eugenio Semino, exigió la dimisión inmediata de Vanoli y del secretario de Seguridad Social, Luis Bulit Goñi. El secretario del gremio sindical La Bancaria, Sergio Palazzo, también fue señalado. Los hechos del 3 de abril parecían destinados a convertirse en un hito negativo dentro de la crisis del coronavirus en Argentina.

Las oficinas bancarias se cerraron hace ya dos semanas, en cuanto se decretó el confinamiento. Algunos empleados siguieron acudiendo a sus puestos para mantener la actividad imprescindible, pero el sindicalista más poderoso del sector, Sergio Palazzo, impuso que no se atendiera al público: quería minimizar el riesgo de contagio para los afiliados a La Bancaria. Desde entonces, la población tuvo que manejarse solamente con los cajeros automáticos.

Llegados al final de marzo, el cobro de salarios y pensiones motivó largas filas ante los cajeros. Para muchos jubilados, poco habituados a operar con tarjetas y pantallas, retirar su dinero se convirtió en un suplicio. Para otros, que habían perdido la tarjeta o la contraseña o no las habían tenido jamás, se convirtió en una tarea imposible. Con el fin de reducir las aglomeraciones, el Gobierno decidió que los bancos abrieran el viernes, día 3. Empezaban a solaparse el cobro de las pensiones (siete millones de jubilados), de las ayudas por hijo o embarazo (2,4 millones de beneficiarios) y de los 10.000 pesos concedidos como Ingreso Familiar de Emergencia a más de 11 millones de personas.

Ocurrió lo que ocurrió. Algunos pensionistas comparecieron ya la víspera, dispuestos a pasar la noche ante la puerta del banco. Era casualmente la noche más fresca del incipiente otoño austral. Al amanecer ya había largas filas. Pesó probablemente el recuerdo del “corralito” de 2001-2002, cuando entre los argentinos quedó impresa la convicción de que el último en llegar no cobraría. Cuando abrieron las oficinas, a las 10 de la mañana, los empleados apenas lograban ordenar el ingreso en los locales y las distancias de seguridad se reducían a centímetros. Las imágenes difundidas por televisión eran devastadoras. “Quieren que nos muramos para ahorrarse nuestras pensiones”, gritaba una mujer. Algunos se desvanecían por el cansancio. En localidades como Villa Gesell, provincia de Buenos Aires, la municipalidad llevó sillas y agua. En la Casa Rosada se encendieron todas las alarmas.

El presidente Alberto Fernández, que impuso el confinamiento y paralizó la economía de un país en recesión cuando la pandemia apenas había llegado a Argentina, proclamó esta semana que estaba dispuesto a tomar cualquier medida necesaria para proteger la salud de sus conciudadanos, en especial los más débiles ante la infección, es decir, los ancianos. “Somos un ejemplo para el mundo”, proclamó. En unas horas, toda esa prudencia se derrumbó por una cadena de errores.

Según una reconstrucción efectuada por el medio digital Infobae, a las 8 de la mañana el presidente telefoneó al presidente del Banco Central, Miguel Pesce, para ordenarle que los bancos abrieran también el sábado y el domingo. Pesce, a su vez, telefoneó al sindicalista Sergio Palazzo para comunicarle la decisión. Palazzo se había opuesto hasta el último minuto a la apertura al público de las oficinas, por miedo al contagio de los trabajadores bancarios. Palazzo recibió poco después una llamada del propio presidente, quien le acusó de ser el causante de las aglomeraciones. Según otras fuentes citadas por Clarín, Alberto Fernández amenazó a Palazzo con incluir la banca en la lista de servicios esenciales y obligar a sus trabajadores a abrir cada día.

El director de la Anses, Alejandro Vanoli, fue otro de los culpados. A media mañana, cuando las redes sociales hervían ya de indignación, Vanoli dio vagas explicaciones al canal informativo TN: “No quiero entrar en quién tiene la culpa, es una situación compleja en la que hay que elegir cuál es el menor de los males”. “No se verían largas colas si los jubilados pudieran entrar en los bancos”, añadió, como si aglomerar dentro fuera mejor que aglomerar fuera. Y recordó que la Anses había pedido que solo acudieran a los bancos “los jubilados que tuvieran la necesidad imperiosa de hacerlo de forma presencial”.

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Científicos rusos crean un líquido que elimina el coronavirus en superficies y en el aire

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Científicos rusos crean un líquido que elimina el coronavirus en superficies y en el aire

Los científicos del Centro de Innovación Skólkovo de Rusia han encontrado una forma de combatir bacterias, hongos y virus que también puede ser efectiva contra el nuevo coronavirus SARS-CoV-2, informa el diario Izvéstiya.

Se trata de agua tratada con plasma frío que puede ser usada para procesar máscaras y supercicies, como para pulverizar en el aire. Este liquido, bautizado como Magnaril, detruye las proteínas y, al secarse, no queda nada en la superficie tratada, explican los expertos rusos.

La tecnología consiste en una instalación que produce plasma frío, un gas que contiene partículas cargadas y no cargadas y que ingresa al agua simple. Después, los átomos pierden parte de los electrones y, como resultado, ya no pueden conectarse a la molécula de H2O. Esto lleva a la aparición de varias formas de oxígeno e hidrógeno que destruyen los virus.

Según destaca el medio, el líquido es seguro para los humanos y resulta barato de producir.

¿No sabe si necesita hacerse la prueba del covid-19? Complete nuestro cuestionario para averiguarlo.

FUENTE :RT

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