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Quilmes golpeó primero y se llevó un clásico vibrante: 88-85 a Peñarol

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El Cervecero se llevó una ferviente lucha ante Peñarol en el primer clásico del repechaje. Quilmes fue más en un cierre emotivo, con Flor (23 puntos) como figura.

Flor tuvo otro partidazo y fue el líder del Cervecero (foto: Prensa Peñarol)
Peñarol 85 – Quilmes 88
Quilmes se quedó con el primer round del clásico ante Peñarol después de llevarse un emocionante clásico, lleno de suspenso y con victoria para los de Javier Bianchelli por 88-85. Si bien el Cervecero tuvo un poco más de pulso durante la mayor parte de la noche y hasta estuvo más fino que su rival en la recta final, Peñarol fue fabricando un intento de remontada muy peligroso en el último cuarto y le puso picante al juego. Quilmes igual aguantó, se quedó con el primer cruce del repechaje y el sábado volverán a verse las caras en el segundo asalto. Lo más destacado pasó por Eric Flor (23 puntos), Iván Basualdo (15 tantos y 7 rebotes) y un fantástico aporte desde la banca de Bruno Sansimoni (15 unidades).
Desde la conducción de un inspirado Gianella, Peñarol controló los primeros minutos del partido y eso le permitió sacar una leve ventaja contra Quilmes. El Cervecero combatió de la mano de Ferreyra y el trabajo debajo del aro de Ricky Sánchez, sin embargo no pudo revertir la situación independientemente de mantenerse al acecho. El cambio se vio incluso desde la segunda unidad, porque Peñarol fue más correcto con el ingreso de Zurschmitten y los triples (el propio Gianella antes y sobre el final con Guaita), y eso le permitió llevarse el primer capítulo por 23-16. Aceitado arranque del equipo de Leo.
Pero Quilmes cambió rápido y en el segundo cuarto elevó la vara. Los de Bianchelli defendieron en zona y le quitaron el tiro exterior a Peñarol, complicando a un rival que no pudo descifrar cómo vulnerar ese planteo. El Milrayitas se secó casi por completo, el tridente Ferreyra-Flor-Basabe le dio un envión más fuerte a los quilmeños y todo se dio vuelta en un par de minutos. Quilmes pasó a ganarlo por seis cuando confundió a Peñarol (30-24), para luego complementar su trío con los aportes de Sansimoni y Cantón. Peñarol venía apagado, pero con algunos tiros lejanos de Alloatti, Guaita y Diez se mantuvo al acecho, dentro de un parcial que en calidad de juego bajó bastante pero de todas formas siguió atractivo por lo parejo que ambos se mostraron.
Tras irse al descanso 39-35 arriba, Quilmes salió un poco más inspirado en el reinicio de las acciones y lo hizo notar. Al liderazgo de Flor y Ferreyra se sumó un muy buen trabajo de Basualdo, labor de rol siempre tan determinante pero ahora también con puntos. El buen ingreso de Zurschmitten reavivó a unos Milrayitas demasiado perdidos por momentos, porque el joven cordobés le dio frescura, bajó las pérdidas del equipo y eso defensivamente reubicó a los de Gutiérrez. Quilmes tuvo algunos problemas, primero con Ferreyra (más controlado y sacado de juego con la marca de Zurschmitten) y luego cuando Flor se retiró a descansar (entró Basabe, pero no tan fino como en la primera mitad), sin embargo el ingreso de Sansimoni le hizo muy bien al Cervecero en el final. Soportando, recuperándose a tiempo ante la arremetida milrayitas, Quilmes entró al último cuarto 62-51 arriba.
Y así se ingresó a un último cuarto emocionante, porque mientras Quilmes se apoyaba en un dueto decisivo como Sansimoni (excelente noche, parte de la revolución de los suyos) y Flor, Peñarol tuvo a un inspiradísimo Gianella y fue encontrando espacios, con Pettigrew teniendo buenos pasajes. Pero el promedio seguía siendo muy alto para un Peñarol no acostumbrado a jugar con un goleo proyectado a los 90 tantos (Quilmes le había anotado 73 a seis minutos del final), por lo que tenía que volver a las bases y ajustar defensivamente. Peñarol ajustó y se encontró un show de triples, porque al tremendo aporte de Gianella se sumó lo ya mencionado de Pettigrew y el reingreso de Zurschmitten, y todo eso le dio de comer para volver al partido decididamente.
Quilmes pasó a tener una mayor responsabilidad porque Peñarol se le puso a un doble (79-77) restando dos minutos y el juego entró a jugarse de forma ajedrecística. Desde libres marrados, pasando por intentos desesperados de Peñarol para finalmente darlo vuelta con Cochran desde la línea, la pulseada se la terminó llevando un Quilmes que acertó con unos libres clave, con Ruiz y sobre todo Basualdo para terminar de ganarlo. Fue 88-85 en un final emocionante y lleno de suspenso, con el Cervecero adueñándose del primer asalto y en el arranque de una serie apasionante entre marplatenses.
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LA SCALONETA NO PARA. GOLEADA DE LA SELECCION NACIONAL

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Es imposible de frenar. Messi, su equipo, el entusiasmo, la euforia que estalla en el Monumental. La ovación para Leo, para Dibu Martínez, para De Paul, para Di María, hasta para Scaloni (aplaudido con cantito incluido en pleno partido, sí). Es imposible de frenar esta ola celeste y blanca, ese ritmo, ese empuje, esa precisión en velocidad, esa voracidad. Es imposible de frenar, claro, porque el campeón está así, unido en una misma causa, en un puño apretado gritando por Argentina. La Selección derrocha confianza, optimismo, seguridad, energía, buena salud. Y da placer. Así aplastó a Uruguay 3-0. Y así, dio un paso más, uno enorme, a Qatar 2022.
Si ganó más que un partido es por las condiciones en las que se presentó el juego. Porque ganó (goleó y gustó) ante un rival que armó un cerrojo que parecía imposible de romper. Le ganó a una línea de cinco y a otra de cuatro, tiró una doble pared que buscó quebrarle la paciencia. Le ganó a un adversario que lo hizo sufrir, que puso a prueba a su arquero, cada vez más gigante, con tapadas decisivas . Y le ganó, como si fuera poco, a la presión de la tabla, porque en la previa se habían dado resultados favorables para cortar camino al Mundial. No le pesó.
La Selección se impuso a todo eso. Incluso, a las dudas iniciales de su defensa (luego Romero y Otamendi se afirmaron). Pero hay un aura tan positivo, que no sólo el palo ahora juega a favor (como en la de Suárez). también las asistencias se convierten en goles. En efecto, ese pase de Messi en cachetada para la entrada de Nico González que se le coló a Muslera, cambió el partido, partió a Uruguay, lo hundió. Sin embargo, fue Argentina el que provocó ese derrumbe. Con paciencia, con solvencia, con juego asociado, con decisión. Nunca se apartó de su libreto. Su rival, en cambio, sí se quedó sin él.
Si el gol de Messi fue un mazazo, el de De Paul seis minutos después fue un golpe de nocaut. A partir de ahí, fue todo de Argentina. Pero todo, absolutamente todo. Con un Messi inspirado, picante, imparable. Con un De Paul todoterreno, lugarteniente del capitán, intratable para meter y para jugar. Con un Lo Celso metido, preciso, siempre peligroso. Con un Lautaro Martínez que, sin estar en sintonía, igual selló la goleada. Y con un equipo comprometido, lúcido, en el que los que juegan demuestran por qué juegan y los que entran no desentonan.
El equipo de Scaloni se floreó a tal punto que la gente terminó gritando “ooole” al final del primer tiempo, en el final del partido y en varios pasajes más. Fueron tres, pudieron ser cuatro o cinco (Uruguay le terminó pidiendo clemencia), en el mejor partido de la Selección en las Eliminatorias. Por el rival, por el contexto, por lo que significa, porque en el camino a Qatar hoy le sacó siete puntos a Colombia, el quinto que se clasifica por repechaje (y falta ver los tres de Brasil).


Si ganó más que un partido es por las condiciones en las que se presentó el juego. Porque ganó (goleó y gustó) ante un rival que armó un cerrojo que parecía imposible de romper. Le ganó a una línea de cinco y a otra de cuatro, tiró una doble pared que buscó quebrarle la paciencia. Le ganó a un adversario que lo hizo sufrir, que puso a prueba a su arquero, cada vez más gigante, con tapadas decisivas . Y le ganó, como si fuera poco, a la presión de la tabla, porque en la previa se habían dado resultados favorables para cortar camino al Mundial. No le pesó.


La Selección se impuso a todo eso. Incluso, a las dudas iniciales de su defensa (luego Romero y Otamendi se afirmaron). Pero hay un aura tan positivo, que no sólo el palo ahora juega a favor (como en la de Suárez). también las asistencias se convierten en goles. En efecto, ese pase de Messi en cachetada para la entrada de Nico González que se le coló a Muslera, cambió el partido, partió a Uruguay, lo hundió. Sin embargo, fue Argentina el que provocó ese derrumbe. Con paciencia, con solvencia, con juego asociado, con decisión. Nunca se apartó de su libreto. Su rival, en cambio, sí se quedó sin él.


Si el gol de Messi fue un mazazo, el de De Paul seis minutos después fue un golpe de nocaut. A partir de ahí, fue todo de Argentina. Pero todo, absolutamente todo. Con un Messi inspirado, picante, imparable. Con un De Paul todoterreno, lugarteniente del capitán, intratable para meter y para jugar. Con un Lo Celso metido, preciso, siempre peligroso. Con un Lautaro Martínez que, sin estar en sintonía, igual selló la goleada. Y con un equipo comprometido, lúcido, en el que los que juegan demuestran por qué juegan y los que entran no desentonan.


El equipo de Scaloni se floreó a tal punto que la gente terminó gritando “ooole” al final del primer tiempo, en el final del partido y en varios pasajes más. Fueron tres, pudieron ser cuatro o cinco (Uruguay le terminó pidiendo clemencia), en el mejor partido de la Selección en las Eliminatorias. Por el rival, por el contexto, por lo que significa, porque en el camino a Qatar hoy le sacó siete puntos a Colombia, el quinto que se clasifica por repechaje (y falta ver los tres de Brasil).


“La Scaloneta, la puta que lo parió”, fue el grito que se sumó esta vez al “que de la mano, de Leo Messi…”. Hubo ovaciones para todos. Para los que salieron y para los entraron (porque el DT hasta se dio el lujo de cuidar jugadores antes uno de los rivales más fuertes). Y para cada jugada que tenía olor a gol. Como si todo pasara en Disney y no en el Monumental…

Argentina, en este nivel, no sólo defiende con honores el título de campeón de América. No sólo sigue invicto en 24 partidos. Confirmó que hoy es la mejor selección del continente, aunque la tabla diga lo contrario. Y no sólo mira el Mundial más cerca. Así como está, lo mira con ilusión, con ganas, con esperanza…
Nota del periodista Sergio Maffei para Ole

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ARGENTINA ENFRENTA A URUGUAY EN EL MONUMENTAL

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El seleccionado argentino de fútbol, que lleva 23 partidos invicto, recibirá este domingo a Uruguay, en el partido postergado de la quinta fecha de Eliminatorias Sudamericanas hacia el Mundial de Qatar 2022.

El encuentro comenzará a las 20.30 en el estadio Monumental, que contará con el 50 por ciento de aforo, y arbitraje del chileno Roberto Tobar.

Argentina llega al clásico del Río de la Plata con 19 puntos, único escolta de Brasil (27), y con un invicto de 23 juegos, entre clasificatorios, amistosos y Copa América.

El panorama del lado de Uruguay es otro, ya que si bien se posiciona en el cuarto lugar, dentro de los clasificados a Qatar, tiene 16 unidades y le restan cinco fuera de Montevideo sobre ocho echas.

Para este choque, el DT Lionel Scaloni maneja la opción de sacar a Joaquín Correa del ataque y colocar a Lautaro Martínez, que no estuvo con Paraguay por una molestia muscular y lo esperará hasta último momento.

El delantero del Inter de Milán, hombre clave en el ataque del equipo -un grito cada 146 minutos en 27 partidos-, y se notó sobre todo en el último toque dentro del área, más allá de las buenas apariciones de Correa, compañero también en el club italiano.

Por otro lado, Marcos Acuña, que llegó desde Sevilla con una dolencia y pidió probar contra Paraguay, posiblemente se ausente contra Uruguay, más allá del deseo concreto de ocupar la banda izquierda de la defensa.

Por el lado de Uruguay, las bajas confirmadas son Rodrigo Bentancur -límite de amarillas- y los lesionados José María Giménez y Giorgian De Arrascaeta, lo que obligará a Óscar Washington Tabárez a rearmar su mediocampo y a buscar un referente para la defensa.

Argentina: Emiliano Martínez; Gonzalo Montiel, Cristian Romero, Nicolás Otamendi y Nicolás Tagliafico; Rodrigo de Paul, Guido Rodríguez o Leandro Paredes y Giovani Lo Celso; Lionel Messi, Lautaro Martínez y Ángel Di María. DT: Lionel Scaloni.

Uruguay: Fernando Muslera, Nahitan Nández, Diego Godín, Ronald Araújo o Sebastián Coates y Matías Viña, Matías Vecino, Federico Valverde, Lucas Torreira y Nicolás De La Cruz; Luis Suárez y Edison Cavani o Darwin Núñez DT: Washington Tabárez.

Hora: 20.30.

Árbitro: Roberto Tobar (Chile).

Estadio: Monumental (36.000 habilitados).

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“DIBU MARTINEZ” CANDIDATO A MEJOR ARQUERO DEL MUNDO

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El marplatense Emiliano Martínez es uno de los nominados al premio Lev Yashin, el balón de oro de los arqueros, que desde hace un par de años se sumó al premio mayor -por el que peleará Messi- que otorga la prestigiosa revista francesa France Football. Dibu, figura de la Selección Argentina y del Aston Villa, competirá con otros nueve colegas por el galardón.

Clave durante la Copa América que ganó Argentina, importante para bancar el cero en el arco en la visita a Paraguay por Eliminatorias, a Martínez le llega este gran reconocimiento en el punto más alto de su carrera. A sus grandes condiciones como arquero, “Dibu” le suma una tremenda personalidad que le permite agrandarse en los momentos más calientes, como la definición por penales frente a Colombia.

No la tendrá nada fácil Dibu, ya que sus competidores también tienen un gran nivel y pergaminos. Los otros nominados son: Gianluigi Donnarumma (campeón de la Euro con Italia), Ederson (Brasil), Kasper Schmeichel (Dinamarca), Edouard Mendy (senegalés, ganó la Champions con Chelsea), Thibaut Courtois (Bélgica), Keylor Navas (Costa Rica), Manuel Neuer (Alemania) y los eslovenos Jan Oblak y Samir Handanovic.

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