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Opinión

Ricardo Darín: “A los argentinos nos gustan los turros”

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El actor habló con La Capital a 20 años del estreno de la película “Nueve reinas”. Y reflexionó sobre vicios y costumbres de la argentinidad

Antes de entrevistar a Darín sucede lo siguiente: No hay un periodista, una amiga, un vecino o una tía a quien le digas “hoy le hago la nota a Darín” y no responda “¿en serio?”. Y tampoco faltará la lista de sugerencias para el cuestionario. Te piden que le preguntes sobre la grieta, si le gusta o no el gobierno, si está a favor o no de la cuarentena, si es de Alberto o de Mauricio, si es verdad lo de las dos duchas de agua caliente por día. Los más nostálgicos pedirán que le pregunte por “Mi cuñado”, de cuando era galancito, de cuando conmovió al mundo cine con “El secreto de sus ojos” y no faltará el cholulo o la cholula que querrá saber cómo va su pareja con Florencia Bas, del vínculo con su hijo Chino Darín, del feeling eterno que tiene con Susana, de esto, de lo otro. Pero eso sí, siempre, pero siempre siempre, habrá alguien que te diga que la vez que se enamoraron de Darín fue cuando hizo el chanta más chanta de todos en “Nueve reinas”.

Y ese es el motivo de esta entrevista. Es que “Nueve reinas” cumple mañana 20 años de su estreno en aquel 31 de agosto de 1990 y La Capital convocó a Ricardo Darín para hablar exclusivamente de ese tema. Pero es Darín. Entonces bastará tener un disparador para reflexionar sobre una película que para muchos lo posicionó como un “actor de verdad” para que, en ese tono tan amigable como cada uno de sus personajes, Darín hable ampliamente de “Nueve reinas”, pero a la vez diga frases como “a los argentinos nos gustan los turros”; “entre un chanta y un boludo, el argentino se queda siempre con el chanta” y que, ya en un plano más personal, “siempre me dio incomodidad la palabra éxito”.

Respecto a la pandemia fue crítico con el gobierno nacional al decir que “ya no sabemos si sos absolutamente pro cuarentena o anti cuarentena porque la verdad que las señales que bajan son bastante confusas”, y valoró que la gente empiece a preocuparse por el prójimo ya que por “este individualismo que nos ha alejado tristemente de pensar en los demás hemos llegado adónde hemos llegado”.

En una charla de argentinidad al palo, como cantaría la Bersuit, se sube el telón de su casa y no habla Marcos de “Nueve reinas”, ni el ferretero mala onda de “Un cuento chino”, ni Benjamín de “El secreto de sus ojos”. Habla Darín, y en él también hablan un poco todas sus criaturas. Es una celebridad, es cierto, pero está más cerca nuestro que cualquier otra estrella. Tanto que es capaz de preguntar, fuera de la nota, qué pasa con el humo de las islas y manifestarse en contra de una quema que aún tiene más preguntas que respuestas. Darín responde, el periodista, el vecino, mi amiga y mi tía seguirán preguntando.

¿Cómo estás, todo bien?

Ehhh, bien…¿o tenés tiempo y querés que te cuente?

 Bueno, en parte llamé para que cuentes, pero nos interesa hablar de “Nueve reinas”, que cumple 20 años de su estreno el 31 de agosto y al volverla a ver días atrás sigue resistiendo el paso del tiempo. ¿Tenés la película en la cabeza?

Yo la tengo en la médula, no en la cabeza. Aparte de haberla visto muchas veces y mirá que es raro porque a mí no me gusta colgarme de trabajos en los que participé, pero esta es una película en la que siempre me pasa algo muy significativo: y es que si de repente paso por un canal que la están dando me quedo enganchado sea donde sea. Y tenés razón, no sólo envejece bien, sino que se resignifica todo el tiempo. Sobre todo, lamentablemente en nuestro país, que nosotros somos cíclicos y volvemos a pasar por los mismos lugares y tropezamos con la misma piedra, yo creo que eso la va a convertir -si ya no la convirtió- en una especie de clásico.

Hay algo que atraviesa a Marcos, tu rol, y a varios de los personajes, y es que en algún momento dicen “yo no soy un delincuente”. O sea, roban, mienten, sacan ventaja, pero no les digas delincuente porque es un insulto.

Bueno, eso está intrínsecamente relacionado con el ADN argentino, que no es genuinamente argentino porque hemos abrevado lamentablemente de los italianos, de los rusos, de algunos italianos, de algunos rusos, por supuesto, generalizar siempre es una injusticia. Uno tiene un sinfín de planteos permanentes y reflexiones, a los que estamos obligados por este hacinamiento, digamos de alguna manera, pero cuando te ponés a pensar un poco en lo que significa la coima, viste…

¿A qué te referís puntualmente?

Claro, porque la coima tiene dos caras que se necesitan y se retroalimentan en forma permanente: el que ofrece y el que la toma, pero la dinámica de la coima hace que exista una doble moral. O sea, el que ofrece una coima, más alla de una ventaja -y estoy hablando de una cosa chiquita, no millonaria- establece una amoralidad, no una inmoralidad, es la ausencia total de moral, esa que dice “a mí me conviene porque no pago la multa y a él le conviene también porque cobra un sueldo mínimo”. Y esto del delincuente, lo que digo yo en mi personaje de Marcos o lo que dice el de Alejandro Awada, atraviesa la película porque mete el dedo en la tecla en algo que es muy sensible. Porque un delincuente, como dice Marcos, lo puede hacer cualuqiera, un mono con un chumbo en la mano, cualquier estúpido, lo que se arroga la importancia de la creatividad a partir del talento, como si eso pudiera redimirlo y justificar su accionar, eso es increíble. La verdad es que la película tiene muchos párrafos para analizarlos con detención.

 En la Argentina del 2020 el chanta no es un tipo tan admirado como en los 90, ¿no te parece?

Me gustaría estar de acuerdo con vos, pero no estoy tan seguro, no, porque entre un chanta y un boludo el argentino se queda siempre con el chanta, porque la frase es “qué bien la hizo”. Y en nuestra historia esto ha tocado momentos cumbre, y uno de ellos fue en los 90. Porque en los 90 hubo ejemplos paradigmáticos en los que estuvimos en manos de gente que decíamos “esto no puede ser, este es un farsante, un fantoche, pero qué bien la hace, qué seductor, qué chanta, que pícaro”. A nosotros, si nos apuran un poco, siempre elegimos a un pícaro y no a un tipo honesto, sencillo. Entonces yo tengo mis dudas con respecto a eso, ojalá fuéramos en esa dirección, es un tema cultural, muy de fondo.

 ¿Se podría hacer hoy “Nueve reinas” o estaría un poco fuera de época con frases como “putos sobran, lo que faltan son oferentes” y otras expresiones por el estilo?

No, por supuesto, pero vos fijate que (el director Fabián Bielinsky) no hace distinciones, él apunta a otra cosa, lo que quiere decir es que todo el mundo tiene un precio y para eso utiliza esa frase límite. De todos modos yo creo que la película no se puede aggiornar. Hemos fantaseado a lo largo del tiempo con remakes, continuaciones, series, y yo la verdad que nunca me quise meter porque cuando ves un cuadro que está bien pintado no lo toques, dejalo como está. Vos fijate lo gracioso del caso, yo leí en su momento más de una crítica, no fueron muchas por suerte, pero algunas hablaban de que la película hacía apología del delito y eso es ser mas papista que el Papa, cuando en realidad es todo lo contrario: “Nueve reinas” desenmascara a los chantas, porque fijate que el chanta número uno, que es mi personaje, es el que termina perdiendo. Entonces ¿cómo va a ser una apología si termina mordiendo el barro? Eso depende de algunos genios que se creen que saben de cine o de crítica.

Quizá tiene que ver con una mirada prejuiciosa de la película, cuando lo cierto es que el gran éxito de “Nueve reinas” fue que hizo foco en la realidad.

   Pero claro, mirá, vos sabés que la madre de un amigo mío, y te hablo de la época en la que se estrenó la película, es una mujer divina, Susana, bueno, ella, su hijo y un par de socios, con muy poco dinero, se pusieron un bar una vez y como tenían muy pocos recursos y lo estaban haciendo muy a pulmón en la zona de Palermo, alquilaron un local, construyeron los muebles con sus propias manos, todos lo hicieron muy al uso nostro. Ella, que ya era una genia total, lo ayudaba a su hijo y cuando el bar estaba cerrado iba y acomodaba las mesas, limpiaba las heladeras y le daba una mano para ahorrar un costo fijo más. Una tarde, al poco tiempo que se estrenó la película, estaba sola, con el local cerrado con llave, era un salón amplio, con unas mesas muy policromáticas, nada de estilo, como empezaban a aparecer los bares en esos años 90; y de golpe se apersona un tipo en la puerta del bar, vestido con traje, un maletín, de corbata y le plantea cuánto le salía para hacer una reunión con 25 amigos, que era un reencuentro de ex compañeros del colegio, esas cosas que ocurren después de muchos años. Susana le abre, lo hace pasar, ella pasa del otro lado del mostrardor y mientras charlan el tipo se la ingenia para deslizar la conversación para preguntar si tenía que dejar algo como seña. Ahí ella dice “no, no, no creo que haga falta”. Te estoy hablando de una mujer maravillosa, entonces el tipo mete la mano en el maletín, saca unos billetes y le arma una especie de rollo alrededor de la guita que le estaba ofreciendo. Entonces, en el momento en que va a apretar el botón de esas cajas, ¿viste esas cajas antiguas que hacías clink y se abrían? Bueno, en el momento que va a apretar el botón, ella había visto la película hacía tres días ponele, lo mira y le dice “me la estás haciendo”. Y el tipo le dice “¿qué?”. “Sí, -dice ella- me la estás haciendo, lo vi el otro día en «Nueve reinas»”. Ahí el tipo agarró el maletín y salió corriendo

   En cambio, todo fue un fracaso cuando en Estados Unidos hicieron “Criminal”, una cosa son las calles de Once y otra las de Manhattan.

Sí, se equivocaron en todo y me alegro que se hayan equivocado en todo porque se portaron muy mal con Fabián (Bielinsky), porque él estaba teniendo un representante en Estados Unidos, como suele ocurrir cuando pegás un bombazo con una película y te empiezan a ofrecer representación, y a través del representante él se ofreció de muy buena onda en el nuevo rodaje para darle una mano. Fabián estaba en Los Angeles una vez y le dijo que le gustaría pasar por el rodaje para ver y le dijeron “no,no, está terminantemente prohibido pasar por el rodaje”, así que se ve que le tenían miedo (risas), no sé, eran unos imbéciles, me alegro que la hayan hecho mal, lamentablemente con dos buenos actores (N de la R: John C. Reilly y Diego Luna), pero los que leyeron el guión se equivocaron en todo.

Además Bielinsky cuidó cada detalle de la película para que trascienda el paso del tiempo, como efectivamente ocurrió.

Sí, son todos detalles, el sabía perfectamente qué era lo que quería contar y cómo contarlo. La única cosa que no le salió bien y esto tiene que ver con lo que hablábamos recién de cómo somos los argentinos, o algunos argentinos (risas) y es que él quería que Marcos, mi personaje, no lograra empatía con la audiencia. Es que como era una lacra humana quería que fuera tomado como tal y eso no lo conseguimos porque hasta el final de la peícula la gente está con el personaje porque le gustan los turros, a los argentinos nos gustan los turros, es una cosa increíble (risas), es para ponerse a llorar.

Pero ahí tuviste que ver vos también, por la impronta que le diste al personaje y la empatía que tienen la gente con vos.

No, pero más allá de eso, cuando vos tenés a un personaje tan limítrofe que es tan garca, pero tan garca, porque el tipo no es que garca a los demás, garca a su hermana, garca a su hermano, garca a toda la familia, o sea, es tan garca que además argumenta en favor de por qué los garca. Entonces, cuando tenés un personaje tan limítrofe te causa gracia, porque no podés tener un personaje tan hijo de puta. Es que esas lacras no respetan pelo ni monta, son así.

Vayamos a la actualidad, viste que cuando arrancamos la charla me dijiste “¿o querés que te cuente?”, ahora contame.

No, es un modismo, si hay alguien que no se puede quejar en este mundo soy yo.

¿Pero te genera empatía o rechazo el encierro?

Es una gran incomodidad, por supuesto, que te digan qué tenés que hacer y qué no tenés que hacer, qué podés hacer y qué no podés, y, nada, estamos con el cerebro atomizado porque escuchamos versiones contradictorias. No sabés a quién hacerle caso, ya no sabemos si sos absolutamente procuarentena o anticuarentena, porque la verdad que las señales que bajan son bastante confusas, reconozcámoslo. Yo estuve, como casi todos, totalmente a favor de la cuarentena en un principio por razones obvias, porque cuando tenés una agresión externa que la desconocés, no sabés de dónde viene, es invisible y no te considerás preparado, el miedo te petrifica y todo lo que te dicen lo cumplís en el acto, por las dudas. Pero cuando transcurre un tiempo prudencial y con la mezcla de información que recibís, las cabezas trabajan. Entonces decís, “bueno, ok, yo te hago caso, vamos a hacer lo que decís porque es lo más razonable”, pero cuando ves que la misma gente que te dice que tenés que hacer una cosa hace todo lo contrario, entonces te empezás a poner un poco nervioso. Ahí es cuando decís o me están tomando de boludo o hay alguien que está tomando las directivas en forma equivocada. Acá no importa cómo me siento yo con la cuarentena, porque yo no facturo pero sigo trabajando a futuro, desde mi casa, tengo una situación de privilegio, puedo bancar todavía, puedo aguantar, no sé por cuánto tiempo, pero puedo aguantar. Pero hay mucha gente que no, amerita hacer un examen profundo de la situación y barajar y dar de nuevo, eso es lo que pienso de la situación en este momento.

El tema es que estamos hablando de gente que se está muriendo por el virus, entonces ¿cómo hacemos para pedir más libertades cuando esa libertad puede generar un problema de salud? Hay una línea muy delgada en este punto.

Sí, no sólo a vos te puede generar un problema de salud, sino también a los demás. Y acá lo paradigmático y lo que es altamente significativo es que es una de las pocas primeras veces en que la comunidad se ve obligada a pensar no sólo en sí misma si no también en los demás. Porque el egoísmo de las últimas épocas al que hemos sido sometidos, este individualismo que nos ha alejado tristemente de pensar en los demás y por eso hemos llegado adonde hemos llegado, entonces nos ha interpelado a pensar por primera vez que no está en juego solamente mi salud sino la de mis amigos, la de mi familia, la de mis vecinos, la de mi barrio, la de mi comunidad, la salud de todos. Entonces lo que te digo es que yo no me puedo quejar, pero en realidad me quejo porque estoy muy preocupado por los demás. Trato de mantener las cuestiones de profilaxis, hasta donde puedo desde ya, pero me preocupa mucho la gente, la sociedad, porque estamos en una situación muy, pero muy brava. Pero, como decís vos, cuando está la salud de por medio, y el título superlativo es “Cuidémosnos la salud”, la verdad es que sí, te tenés que quedar quietito y tenés que decir “qué hay que hacer”. Pero a mí me pone nervioso que con el argumento de la salud se están produciendo otro tipo de desmanes colaterales que son bravos. Mirá, estoy viendo en la tevé una detencion a un pibe, un ciclista, de Río Negro o Neuquén, por fuezas policiales y se lo llevan en cana y hay como un desmadre, hay gente que está como subrayando con énfasis la cosa, y hay personas que están sacando lo peor de sí, cuando deberíamos ser más comprensivos que nunca .

Hay un hecho solidario por la pandemia, en el que participás, titulado “Seamos Uno” ¿Seremos uno en medio de esta grieta?

Ojalá, yo a esa palabra no la quiero ni nombrar, pero ojalá seamos uno alguna vez, claro que sí.

  Sos un tipo exitoso, ¿qué es lo bueno y lo malo del éxito?

Siempre me dio cierta incomodidad la palabra éxito, si te sale bien algo está buenísimo, pero es tan terminante esto de decir éxito o fracaso, que no va conmigo.

Volviste a hablar con Fantino por el tema de las dos duchas por día en una nota que a él lo tomaron como villano y a vos como el héroe ¿Qué pensás de eso?

Pero claro, nada que ver, ni él fue villano ni yo héroe, yo le agradecí porque me dejó expresarme. En verdad, esa nota se viralizó en todo el mundo y hoy, te digo la verdad, casi que no me doy ni una ducha por día (risas).

No, no me digas…

(Risas) Claro, de verdad, es que ahora bañarse pasó a ser un gran plan, decí la verdad, en este contexto ¿no es un planazo darte una ducha de agua caliente? Mirá, mi papá decía que hay pocas cosas mejores que una buena ducha. Mi viejo era u tipo que le daba mucho valor a las cosas simples de la vida, ojalá tuviera el diez por ciento de mi viejo.

¿Qué proyecto te cortó la pandemia?

Estoy leyendo muchas cosas, que está todo supeditado a cómo sigue el tema de la pandemia, pero lo confirmado es que voy a hacer la película del Juicio a las Juntas (“1985”), de Santiago Mitre y con el guión coescrito con Mariano Llinás.

¿Y qué personaje harías, de militar o de una de las víctimas?

No, no hago ni de víctima ni de militar, hago del fiscal Julio César Strassera, lo que es una presión y una responsabilidad, pero esta es una película que tengo que hacer. Es una película necesaria.

La historia que llegó hasta Hollywood

“Nueve reinas” es la historia de Marcos (Ricardo Darín), un estafador profesional, y Juan (Gastón Pauls), un novato. Ambos se juntan por casualidad en las calles porteñas, hasta que sale un negocio “de los que se dan una vez en la vida”, como dirá Marcos. Y es venderle unas estampillas muy buscadas a un coleccionista español que está de paso por Buenos Aires. La película de Fabián Bielinsky relata el derrotero por conseguir esas estampillas, primero las falsas,y después las originales. Para que el negocio llegue a buen puerto se incluirá en el trato que la hermana de Marcos, interpretada por Leticia Brédice, pase una noche con el millonario comprador. La historia tendrá un desenlace insólito, en el que el chanta más vil termina siendo víctima, en el contexto de una Argentina caótica de los 90, y el más novato festeja con champagne. La película ganó premios internacionales, tuvo una adaptación fallida con “Criminal”, y hasta un capítulo copiado en la serie británica “Hustle”.

Pedro Squillaci

 

 

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EL ÚLTIMO QUE APAGUE LA LUZ

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Martín Guzmán fue la nueva víctima de una larga cadena de funcionarios que ya se ha cobrado la relación patológica entre el presidente y su vice. Sin embargo, la cabeza que más le interesa a Cristina Kirchner aún no ha rodado.

La renuncia de Martín Guzmán al Ministerio de Economía coloca al presidente Alberto Fernández en una encrucijada terrible cuya salida es muy difícil de predecir, pero que incluye como una de las variantes posibles su propia renuncia anticipada y la eventual asunción de Cristina Kirchner como presidenta de la Nación.

Por más que haya sido Guzmán quien sorprendió ayer con su renuncia, el ministro saliente es la nueva víctima de una larga cadena de funcionarios que ya se ha cobrado la relación patológica entre el presidente y su vice. Esas víctimas ya han sido tantas que nadie podría asegurar que esta sea la última, sobre todo porque la cabeza que más le interesa a Cristina aún no ha rodado. Todo esto se produce, además, en medio de un proceso inflacionario y de inestabilidad cambiaria y financiera que puede precipitarse hacia una crisis terminal. “Si las cosas no se manejan correctamente, es difícil que no se produzca una crisis hiperinflacionaria antes del cambio de Gobierno”, advirtió hace un par de semanas el prestigioso economista Roberto Frenkel. Tal vez los tiempos sean más cortos.

El problema de Fernández es urgente. La nueva crisis se produjo en un marco de inquietante inestabilidad financiera. Los últimos quince días fueron agitados por dos amenazas serias: aumentó la demanda de dólares de todo tipo ante la evidencia de que no habían crecido las reservas en el momento de mayor liquidación, y vencía una cantidad enorme de deuda en pesos, en un marco creciente de desconfianza sobre la capacidad del Gobierno para honrarla. Esos dos elementos produjeron una nueva corrida que aumentó el precio de los dólares paralelos alrededor de un 20 por ciento en menos de un mes. Mientras tanto, en los supermercados faltaban productos y se aceleraban las remarcaciones. En ese contexto difícil, Cristina golpeó y golpeó sin piedad. Sobre el final de la semana, las gestiones del propio Guzmán y del presidente del Banco Central, Miguel Pesce, habían logrado un poco de calma. O, al menos, un poco de tiempo. A un alto costo, el BCRA había logrado aumentar las reservas y renegociado una porción significativa de la deuda. Pero ninguna persona seria podía asegurar que el tema estuviera terminado.

En este clima tan inestable, renunció el ministro de Economía. Eso coloca al Presidente frente a una opción dramática entre dos caminos. El problema es que cualquiera de esas alternativas tiene altas chances de terminar muy mal. Por un lado, Fernández podría ratificar el rumbo trazado por el ministro saliente: acuerdo con el Fondo, reducción del déficit, aumento de tarifas por eliminación de subsidios y ensayar algún plan de estabilización. A última hora del sábado, esa parecía ser la primera preferencia del Presidente. El objetivo sería serenar la ansiedad que produjo la salida de Guzmán en inversores, ahorristas y acreedores, pero eso mismo enojaría a la Vicepresidenta, cuyo poder de demolición es muy evidente.

Alberto Fernández y Martin Guzmán (Crédito: Telam)Alberto Fernández y Martin Guzmán (Crédito: Telam)

El segundo camino sería entregarle el Ministerio de Economía a Cristina Kirchner. Eso alteraría a los mercados y los formadores de precios que, a su manera, también tienen una gran capacidad de daño. La estampida podría ser estremecedora. En cualquiera de los dos casos, la primera pregunta es qué pasará con todos los precios de la economía a partir de mañana lunes: el dólar, los alimentos, y todo lo demás, y cuáles serán las consecuencias sociales del descalabro. Antes de la renuncia de Guzmán, la precaria estabilidad económica -por llamarla de alguna manera- se deslizaba por un camino de cornisa. Ahora, hay un riesgo mucho más serio de que se espiralicen todos los problemas.

Al cierre de esta nota, en los ámbitos oficiales crecía la versión de que Sergio Massa sería el nuevo jefe de Gabinete, Marco Lavagna el nuevo ministro de Economía y Martín Redrado el presidente del Banco Central. Sea ese el esquema, o cualquier otro, los nuevos funcionarios se enfrentarán al desafío de poner en marcha algún tipo de plan de estabilización, en el medio de aguas muy tormentosas donde la hiperinflación estará siempre como amenaza inminente.

¿Puede existir semejante plan cuando el que conduce es un Gobierno derrotado, quebrado por dentro, cuando la poderosa vicepresidenta impulsa sin pudor un proceso destituyente contra el primer mandatario? Para ningún Gobierno es fácil enfrentar una inflación desbocada. Pero es mucho peor si ese Gobierno se conduce como la Armada Brancaleone. No parece una cuestión de nombres. Se trata de un contexto que, en principios, tiene impreso el desastre en su propia dinámica.

La alternativa más razonable consistiría en que el Presidente y la Vicepresidenta fueran conscientes de los riesgos que existen, pudieran saldar sus diferencias puertas adentro y establecieran una estrategia conjunta. Pero no hay ninguna posibilidad de que eso ocurra, si es que alguna vez la posibilidad existió. Durante el acto que encabezó ayer en Ensenada, Fernández de Kirchner utilizó su histrionismo para burlarse del presidente. Solo en los últimos días, seguidores de la Vicepresidenta le han dicho a Fernández que es un “borracho”, que no tiene “pelotas”.

Una de las personas que más lo ha insultado fue Hebe de Bonafini, la presidenta de Madres de Plaza de Mayo que protagonizó un hecho de corrupción escandaloso durante la gestión cristinista. Cristina la sentó ayer en primera fila: un signo ominoso de que la ofensiva, el destrato, los insultos humillantes, continuarán. Se trata de una de las conspiraciones más evidentes contra un presidente desde 1983. Cada gesto de la vice les da la razón a los funcionarios que le han implorado al Presidente que reaccione porque su debilidad lo ponía al borde del abismo y, al mismo tiempo, no calmaba a su enemiga. Fernández no reaccionó.

Cristina Kirchner en EnsenadaCristina Kirchner en Ensenada

La discusión sobre qué hacer con la economía sobrevivirá, naturalmente, a Guzmán. En el mismo acto de ayer, Cristina Kirchner deslizó una idea fuerte. “Tenemos que encontrar los argentinos un instrumento que vuelva a colocar una unidad de cuenta, una moneda de reserva y una moneda de transacción en la Argentina. Si no hacemos esto, estamos sonados. Venga quien venga”. Es una definición demasiado general y técnica, pero por momentos pareciera que estaba sugiriendo algún tipo de dolarización de la economía argentina.

Sin embargo, unos segundos antes de su discurso, los asistentes pudieron escuchar fragmentos cuidadosamente seleccionados de discursos del general Perón: “Si los precios suben, justificadamente, no queda otra que aumentar los salarios. Pero si suben los precios injustificadamente, el remedio consiste en bajar los precios. Lo primero ha de encararse, para resolverlo, en forma absolutamente racional y, por lo tanto, con medidas racionales. Lo segundo, es decir la especulación, deberá combatirse con medidas drásticas de la mayor energía”. Las imágenes recordaban cómo, en los años cincuenta, se clausuraban con fajas pequeños comercios.

Unos días antes, además, La Cámpora difundió un video de homenaje a Perón que arrancaba con la tapa que el día de su muerte publicó el diario Noticias, que pertenecía a los Montoneros, la organización armada a la que, justamente, Perón expulsó de la plaza de Mayo antes de su muerte.

A esa ensalada de ideas, deberá rendirles cuenta el nuevo equipo económico, en medio de una tormenta financiera. No será fácil que apruebe esos exámenes entre otras razones porque esa eventual discusión está atravesada por la evidente decisión de Cristina de dañar al Presidente y, eventualmente, deshacerse de él. ¿Por qué colaboraría si eso le podría dar una vida más a Fernández?

De esa irracionalidad conoce mucho el ministro saliente. Guzmán renunció cansado de no tener el poder necesario para conducir una economía alocada. El disparador final fue la dificultad para elaborar el formulario que deberían llenar aquellos que pretendieran seguir beneficiados por los subsidios al consumo de gas y electricidad. Ese formulario era el paso previo indispensable para la segmentación tarifaria que, durante dos años y medio, el Gobierno no pudo poner en práctica por las sucesivas trabas que imponían los funcionarios que respondían a Cristina Kirchner. El cristinismo exigía cada día una nueva condición. La última era que los subsidios se mantuvieran intocables en la provincia de Santa Cruz.

Antes de eso, por ejemplo, a Guzmán le resultaba inverosímil la crisis que se produjo por el desabastecimiento de gasoil, y que generó un muerto en las rutas. Todos los estudios técnicos indican que el Gobierno impuso un precio ridículamente bajo en comparación con el internacional. Así las cosas, las empresas, entre ellas YPF, eran reacias a importar porque debían hacerlo a pérdida. La escasez más el precio vil generaron una avalancha de demanda, que provocó la crisis. Nicolás Arceo, funcionario clave de la política energética entre 2013 y 2015, acaba de difundir un informe donde sostiene que el Gobierno podría haber subido los precios, o subsidiado, o importado. La demora en tomar esas decisiones provocó los efectos que se conocen.

En el centro del proceso de toma de decisiones que fijó el precio del gasoil, no estableció políticas compensatorias, demoró el gasoducto, el formulario de segmentación, la implementación del plan Gas o la eliminación de subsidios pro ricos, hubo un grupo de funcionarios que dependen de la Vicepresidente. Aquello contra lo que protestaba Guzmán en privado, es lo mismo que Matías Kulfas dijo en público cuando renunció. Ambos se cansaron de esperar a un Presidente que no reaccionaba. O no reaccionaba con la energía suficiente. O no reaccionaba a tiempo. La economía se deterioraba, la inflación aumentaba, y todo seguía como siempre. Así las cosas, hay un alto riesgo de que el nuevo ministro de Economía sea el próximo punching ball de CFK. ¿Por qué alguien querría asumir el cargo en esas condiciones?

Hay una enorme responsabilidad presidencial en este deterioro grave e innecesario. Una y otra vez, en estos dos años y medio, Fernández decidió sacrificar la gestión económica del Gobierno en función de la necesidad de mantener su alianza con Kirchner. Al final de la historia, ambos objetivos fueron dañados. Ni hay unidad ni hay gestión. Desde el comienzo, Fernández sintió que era un presidente débil porque representaba a un sector minoritario del Frente de Todos. Era cierto. Pero también eso podría haber pensado Nestor Kirchner en 2003. Sin embargo, para mal o para bien, ejerció su autoridad.

Hace exactos treinta días, el día de la renuncia de Matías Kulfas, esta columna terminó con el siguiente párrafo: “¿Será Kulfas el último en irse? ¿Cómo leerá Martín Guzmán la decisión que tomó hace unas horas el Presidente? ¿Se sentirá respaldado? En el caso que Guzmán se vaya, ¿será el último en irse? ¿Cómo influirá toda esta maravilla en la demanda de dólares? ¿De qué manera contribuirá para frenar la inflación? Cada día, todo se pone peor”.

Guzmán ya se fue.

¿A quién intentará ahora voltear la vice?

¿No es demasiado evidente?

 

 

 

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Opinión

EL DURO INFORME QUE MUESTRA CÓMO LOS ALIMENTOS SUBIERON MÁS QUE EL BLUE

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La escalada del dólar blue de las últimas semanas pone en zona crítica a la economía. Pese a que el Gobierno nacional minimiza la cotización de este tipo de cambio, un informe muestra que los precios de alimentos básicos subieron igual o más que el dólar libre y aceleran la inflación

Mientras que desde el Gobierno nacional se insiste en que el comportamiento del dólar blue no afecta a la economía porque se trata de una mercado pequeño y marginal -así lo definió el jefe de Gabinete, Juan Manzur-, la realidad parece desmentirlo.

Tras el anuncio de nuevas medidas del Banco Central para endurecer el acceso al dólar a más empresas, los problemas se multiplican en diferentes sectores. El caso más sensible es lo que sucede con la industria de la alimentación con un impacto significativo, no solo sobre los productos del exterior, sino también sobre aquellos que utilizan insumos importados para los empaques.

Un estudio elaborado por la consultora INDECOM muestra que los precios de una serie de productos básicos acompañaron, en junio, la evolución del tipo de cambio paralelo o, incluso, lo superaron.

El trabajo señala que siguiendo la suba del dólar blue, la leche en sachet de 1 litro debería costar U$S 0,58, pero cuesta U$S 0,68, el aceite de girasol de 900 cc debería valer U$S 1,73 y cuesta U$S 1,75 y el pan de molde integral de 350 grs, que debería presentar un precio de U$S 1,34, en las góndolas se observa a U$S 1,37, entre otros.

Lo mismo sucedió con otros productos relevados como la azúcar por kilo, la harina por kilo, la docena de huevos, los fideos secos tirabuzón por 500 gramos, el queso rallado por 130 gramos y el agua mineral sin gas por litro. En todos estos casos, la suba de precios en pesos acompañó el salto del “blue”, lo que implica que las fábricas y comercios ajustan sus lista en base a esa cotización libre y no al cambio oficial que controla el Banco Central.

Miguel Calvete, director de la consultora, explicó que “la imposibilidad de acceder a la compra de divisas acarrea inevitablemente una complicación para importar materias primas y productos manufacturados de origen extranjero que tienen una presencia permanente en la mesa de los argentinos”.

En ese marco, el especialista reconoció que “el sector frutihortícola aparece a priori como uno de los más complicados, al igual que el sector lácteo, las salsas, vinos en cartón y el de los enlatados en todos sus rubros”.

El informe destaca la incidencia de la medida de la entidad monetaria en la comercialización de bananas y paltas es en su mayoría importada, al igual que el atún y las sardinas, entre otras, que además utilizan el sistema importado de “abrefácil”, mismo mecanismo que comparten con muchas bebidas en lata.

En el caso de los lácteos y salsas, el sistema de tetra pak también es importado en su mayoría, lo que puede producir un faltante notorio de uno de los principales alimentos de la canasta básica alimentaria.

Calvete reconoció que muchos puntos de venta “ya están recibiendo poco más de la mitad de los productos que habían solicitado” y agregó que “eso se debe a que las industrias están segmentando las entregas ante la incertidumbre que generó la disposición oficial conocida el pasado lunes”.

El análisis sobre el total de estos nueve productos que integran la canasta básica de alimentos arrojó que en la mayoría de los casos, las subas de precios en dólares fueron superiores al incremento que sufrió esa divisa en la última semana.

El estudio se realizó durante los últimos 4 días sobre folders digitales y webs oficiales de las principales cadenas de supermercados del país.

Calvete advirtió que “si no se toman medidas urgentes, la situación se va a ir agravando cada vez más con el paso de los días” y cerró diciendo que “también se puede proyectar un crecimiento de precios aún más pronunciado en aquellos productos en los que se registren faltantes.”

 

Horacio Alonso

Horacio Alonso

FUENTE : MDZOL.COM

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Opinión

LAS ZONCERAS QUE DICE CRISTINA CUANDO HABLA DE ECONOMÍA

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Es muy difícil entender por qué una persona inteligente como la Vicepresidenta pifia tanto en un tema central. ¿Pifia o miente? ¿En qué medida cree lo que dice o dice lo que cree que le conviene?.

Cristina Kirchner (Franco Fafasuli)

El lunes por la tarde, en Avellaneda, Cristina Kirchner intentaba demostrar -con ciertas dificultades- que las ganancias de las grandes empresas son el principal motivo de la inflación. En ese contexto, la Vicepresidente empezó a juguetear con una expresión desconocida para la mayoría de las personas. “Me puse a mirar la edbita de algunas empresas…”, anticipó. “¿Qué es el edbita de algunas empresas?”, se preguntó. “Cuando voy a mirar, por ejemplo, el edbita…”, insistió. “¡224,3 por ciento de edbita!”, destacó. Tanto énfasis en esa palabrita, tenía un costado, a la vez, complicado y gracioso. Porque, en realidad, nadie en el mundo sabe qué es el “edbita”. A juzgar por el contexto, tal vez Kirchner se refería al ebitda, que es el acrónimo de la expresión “Earning before interest, taxes, depreciations and amortizations” (ganancias antes de intereses, impuestos, depreciaciones y amortizaciones).

Se trata de un desliz menor y disculpable, porque el concepto estaba bien explicado en castellano. Además, a mucha gente le sucede que cancherea y queda pagando. El problema se agravaría, en cambio, si ese pequeño error revelara que la ex presidenta presume de saber mucho de Economía, cuando no tiene idea del asunto. Y sería mucho más grave aún si en función de esa ignorancia de base emprende batallas políticas o embate violentamente contra su propio gobierno. En sus últimas intervenciones, Kirchner ha dado señales de que eso es, precisamente, lo que está ocurriendo. Por eso, seguramente, varios economistas y periodistas que la han defendido en las situaciones más difíciles, empezaron tomar distancia y a manifestar cierta perplejidad frente a sus intervenciones.

He aquí un listado, para nada exhaustivo, de las últimas incongruencias vicepresidenciales:

1. Durante el discurso del lunes, Kirchner sostuvo que ella defendió las reservas argentinas al imponerle a empresas con balance comercial negativo, que desarrollaran proyectos para exportar. El miércoles insistió con ese tema al citar una nota periodística que destacaba la experiencia supuestamente virtuosa de la empresa Newsan. Más allá de ese caso, que merece un análisis más exhaustivo y sobre el cual hay versiones contrapuestas, tal vez corresponda analizar qué pasó con las exportaciones y las importaciones durante la gestión de CFK: no fijarse en pequeños detalles sino en el cuadro general. Los datos del Banco Central indican que, a un valor 100 para 2004, las exportaciones -en cantidades- apenas treparon a 104 para el 2015. Las importaciones, en cambio, aumentaron –también en cantidades- a 242 en el 2011. Los resultados de su gestión en términos de defensa de las reservas, y por lo tanto de la soberanía nacional, fueron muy malos. Es criterioso entonces que otros funcionarios eviten repetir esa experiencia fallida. Pero CFK sostiene que, como usó la lapicera, tuvo éxito; y arma un escándalo cuando no aplican sus recetas. Hay allí un pequeño problemita para todos y todas.

2. Pero los problemas apenas comienzan. El lunes pasado, Cristina Kirchner dijo: “En el ranking de países evasores, de países donde la evasión es muy importante, Argentina ocupa el tercer puesto. En nuestro país la recaudación representa el 28 del PBI cuando debería representar el 45 del PBI. El primer país es Guyana. El segundo lugar del podio está ocupado por Malta, que no es una cerveza ni una marca ni nada… Y el tercero Argentina. Sí. Tercer país evasor en el mundo, junto a Zambia, a Pakistán y no me acuerdo a qué otro país más”.

La historia de cómo CFK llega a esos números es impactante. Unos días antes del acto de Avellaneda, el Instituto Patria difundió un trabajo donde están los datos que nutren a la vice. Ese estudio concluye que, de existir “un eficaz control tributario”, la recaudación aumentaría un 60 por ciento y representaría un 45 por ciento del PBI en lugar del 28 actual. Eso mismo repitió Cristina. Para obtener esas conclusiones, “el Patria” se apoyó en un estudio realizado por la Universidad de las Naciones Unidas, sobre una base de datos del FMI.

Lo que no dicen “el Patria” ni la Vicepresidente es que todos los datos ¡¡¡corresponden al año 2013!!!!. Es decir, que la incapacidad de recaudar como corresponde se debería a su Gobierno y no al actual. El pequeño detalle da sustento a una frase que pronunció esta semana el periodista Alejandro Bercovich: “Se está asesorando con economistas del fondo de la ola”. ¿No lo vieron? ¿Lo ocultan? El cuadro puede verse a continuación: allí, en el encabezado, se lee claramente a qué año pertenecen los datos.

Todos los años, varios organismos internacionales de primer nivel -el Ciat, la Cepal, el BID y la Ocde- elaboran un trabajo llamado “Estadísticas tributarias en América Latina y el Caribe”. El 27 de abril difundieron el correspondiente al período 2010/2020. Los datos de ese informe son brutalmente distintos a los que presentó la Vicepresidenta. En principio, la Argentina aparece como el tercer país que recauda más impuestos como porcentaje del PBI en la región. La Argentina recauda el 29,3 por ciento del PBI, 8 puntos más que el promedio de los países de América Latina y el Caribe. Ese estudio informa que los países de la OCDE recaudan 33 puntos del PBI, ¡doce menos de los que Cristina cree que podrían recaudar la Argentina! ¿De dónde sacaran en “el Patria” esas conclusiones que ella repite? ¿Del edbita?

O sea que, en base a datos que revelarían cómo recaudaba el gobierno que ella presidía 2013, la Vicepresidenta denunció como inoperantes o cobardes a los actuales ministro de Economía, titular de la AFIP y presidente del Banco Central , y pidió sus remociones. Al mismo tiempo, acaba de colocar al frente de la aduana a Guillermo Mitchell, que era el número 2 de la AFIP cuando, según el estudio en el que se apoya el instituto Patria, se recaudaba tan mal. La casa está en orden.

3. Los problemas se profundizan. Luego de su salida del Ministerio de Desarrollo Productivo, Matías Kulfas presentó una carta de renuncia muy crítica hacia la política energética del Gobierno, por la que responsabilizaba a la Vicepresidenta. Horas después, la empresa estatal involucrada, Enarsa, le contestó a Kulfas. Esa respuesta fue respaldada por Cristina, quien la subió a sus redes para darle una máxima difusión. Allí aparece una frase que mezcla el surrealismo con la psicodelia: “Es miópico (sic) sostener que la importación de energía debilita a las reservas internacionales del país”. Ningún economista, de la línea teórica que fuere, podrá entender jamás cómo alguien escribió semejante cosa. ¿De dónde supondrá la Vicepresidenta que salen los recursos para pagar las importaciones? Si alguien realmente cree que importar energía no debilita las reservas, tal vez no se preocupe cuando su país pierde la soberanía energética, que fue exactamente lo que ocurrió cuando Kirchner gobernaba.

Matías Kulfas (Maximiliano Luna)Matías Kulfas (Maximiliano Luna)

4. A principios de mayo, Cristina dio el primer discurso en el que desarrolló su teoría sobre cómo se combate la inflación, en base a su propia experiencia. Dijo entonces: “Tuvimos una devaluación en enero de 2014 y la inflación se nos fue a 38. Pero al año siguiente la bajamos a 24 o 25″. Esa frase ofrece varios flancos. El primero es que se trata de un recorte que omite lo central. Lo que en realidad ocurrió con la inflación desde que Cristina asumió en 2007 no fue, precisamente, que “la bajamos”. En 2006, antes de que ella asumiera, los precios en la Argentina habían subido un 9,8 por ciento. Pocos años después, como reconoce Cristina, habían trepado a casi un cuarenta por ciento. La mala praxis produjo el regreso de la inercia inflacionaria, erradicada en los años noventa mediante la convertibilidad. No había vuelto ni siquiera luego de la trágica ruptura de ese régimen. Pero además, la razón por la que en 2015 hubo menos inflación que en el 2014 no tiene nada que ver con la lapicera de Cristina: simplemente, en 2014 el Gobierno devaluó y al año siguiente no. Lo que parece una discusión histórica tiene efectos determinantes sobre el presente. Porque, contra toda evidencia, ella cree que efectivamente triunfó contra la inflación gracias a la administración de la puja distributiva y entonces recomienda medidas similares a las que, en realidad, causaron el problema.

5. En ese mismo giro, Cristina permite recordar tal vez la única medida significativa que tomó durante su mandato contra la inflación. “Tuvimos una devaluación en enero de 2014 y la inflación se nos fue a 38. Pero al año siguiente la bajamos a 24 o 25″, dijo. El problema de ese ejemplo es que en ese año, el 2014, la inflación oficial, que informó su propio Gobierno, había sido del 23 por ciento y no del 38, ¡15 puntos menos de lo que Cristina reconoce ahora! Esa diferencia se explica porque el Gobierno de Cristina Kirchner, durante largos ocho años, mintió sobre la inflación. Eso logró el milagro de bajar la inflación, que ella recuerda con orgullo, mientras, al mismo tiempo, subían los precios, un detalle que ella olvida.

6. El discurso del lunes tuvo otro gran momento. La Vicepresidenta dijo que todo proceso inflacionario fue precedido por un gran endeudamiento. Para defender esa idea apeló a dos ejemplos: la inflación de la década del 80 que sucedió al endeudamiento producido durante la dictadura, y la actual, que es posterior al endeudamiento de la gestión macrista. La historia ofrece dos contraejemplos muy recientes. El primero es el de la década del 90, cuando la deuda crecía a paso rápido mientras había deflación. El segundo es autobiográfico. Antes de la asunción de CFK, Nestor Kirchner no había endeudado a la Argentina sino, todo lo contrario, la había desendeudado. Entonces: ¿por qué entonces con ella volvió la inflación? Esa pregunta es el elefante del que nunca se habla en los discursos de la Vicepresidenta, pero que puede ver cualquiera que no sea un believer: con ella volvieron la inflación, la restricción externa, la pérdida de la soberanía energética, los déficits gemelos. ¿No debería explicar algo de eso en lugar de presentar como una serie de triunfos lo que, en realidad, fue una cadena de derrotas?

Cristina Kirchner y Alberto Fernandez (Franco Fafasuli)Cristina Kirchner y Alberto Fernandez (Franco Fafasuli)

7. Durante sus últimos discursos, la Vicepresidenta elogió al capitalismo chino, en comparación con el norteamericano, porque incluyó muchas más personas en el mercado, y las sacó de la pobreza. Al mismo tiempo, reclamó aumentos de salarios en la Argentina. Cualquier conocedor superficial del proceso de desarrollo chino, sabe que ese proceso tan espectacular tuvo entre sus rasgos centrales a los salarios bajos. Empresas de todo el mundo se radicaron, entonces, en China para aprovechar esa ventaja. CFK admira la manera en que se desarrolló China pero recomienda lo contrario para la Argentina. ¿Cómo se juntarán las dos ideas? Misterio.

8. En septiembre del año pasado, luego de la debacle oficialista en las primarias, la Vicepresidenta difundió una carta en la que adjudicaba el resultado electoral a un supuesto plan de ajuste del Gobierno. Un ajuste implica que el Estado gaste menos que un año antes. En agosto de 2021, sin embargo, se gastó 66 por ciento más que el mismo mes del año anterior, una diferencia que superaba con creces a la inflación. “Tiene razón Guzmán. No hubo ajuste”, explicó por entonces Alfredo Zaiat, tal vez el periodista más elogiado por CFK en sus discursos.

9. En la misma carta, la ex presidenta había dicho que este Gobierno tiene más reservas que el suyo para enfrentar la presión cambiaria. Su ex viceministro de Economía, Emmanuel Álvarez Agis, explicó que en 2009 Cristina disponía de 45 mil millones de dólares de reservas. En el momento en que Cristina escribió su carta había solo 9 mil millones. ¡Cinco veces menos! De esa magnitud suelen ser los errores de la Vicepresidenta. No se trata solo de confundir ebidta con edbita.

10. La relación de Cristina Kirchner con los números, en realidad, siempre fue complicada. El ejemplo que mejor permite entenderlo es lo que ocurrió con la resolución 125. Esa medida reestructuró el esquema de relaciones políticas y humanas en la Argentina. Muchas familias y amistades se rompieron en ese momento. El peronismo se dividió. Durante siete años, ella agredió a quienes señalaron que aquella medida era un error político y, sobre todo, técnico, de la misma manera que agrede ahora a quienes no acuerdan con su mirada. En el año 2015, durante la campaña electoral por la jefatura de Gobierno porteño, Cristina admitió que la resolución 125 tenía, efectivamente, un problema de cálculos. Por entonces, Martín Lousteau encabezaba una lista opositora. “Ahí está el que nos hacía mal los números de la 125″, dijo Cristina. Finalmente, había llegado el reconocimiento del error. Tardísimo. El daño ya se había producido.

Es muy difícil entender por qué una persona tan inteligente como Cristina Kirchner pifia tanto en un tema central. ¿Pifia o miente? ¿En qué medida cree lo que dice o dice lo que cree que le conviene? Nadie puede responder esas preguntas. Lo cierto es que tantos errores de diagnóstico, y de tanta magnitud, explican muchos de los pesares que viven los argentinos. Gobernar no es solo una cuestión de números, pero los números importan mucho. Si son incorrectos, o si se los interpreta mal, se puede hacer mucho daño.

Claro, se trata de un punto de vista. Como todo. Máximo, el hijo de la vice, hace un tiempo defendió una visión alternativa con una reflexión deslumbrante: “Una cosa son los números y otra el bolsillo de la gente”.

Eso dijo.

Y tiene razón.

Una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa.

 

 

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