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¿Riesgo de híper? Qué inflación prevén FIEL, Agis, Santander y Citibank

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Algunos economistas descartan una suba de precios descontrolada, pero otros consideran que es un escenario posible aunque poco probable después de la pandemia.

Aquel país que sufra más de un 50% de inflación anual puede declararse en hiperinflación. Como le sucede a Venezuela. Como le pasó a la Argentina en el final del gobierno de Raúl Alfonsín en 1989. Como la sufrió Alemania hace 100 años o Zambia, Corea del Norte y Zimbabwe en 2008/2009.

¿La Argentina corre ahora el mismo riesgo? Más allá de algunos economistas escandalosos que lo vaticinan sin dudarlo, los más serios críticos del Gobierno consideran que se trata de un escenario posible pero menos probable. Sostienen que Alberto Fernández y Cristina Kirchner tienen claro el impacto socioeconómico y político que una híper causaría.

En los pronósticos sobre inflación hay dos extremos, entre los que predicen que, tras el 53,8% que dejó Mauricio Macri en 2019, este año habrá una inflación menor al 40% y los que proyectan más del 60%. Aquellos economistas que no descartan una híper, aunque la juzgan menos probable, la ven para 2021, cuando se supone que pase la pandemia.

Juan Luis Bour, economista jefe de la Fundación de Investigaciones Económicas Latinoamericanas (FIEL), es el de los más pesimistas sobre el derrumbe del PBI en 2020 (prevía 12,5% antes del endurecimiento de la cuarentena porteña y del conurbano) y por eso mismo vaticina una inflación del 37,2% y no más. “Mientras mantengas la cuarentena, la demanda de pesos seguirá alta y el exceso se estacionará en depósitos. Cuando se empiece a salir, todo puede cambiar y la demanda de pesos caer. ¿Cuándo ocurre eso? Decir que tenés híper este año requiere que todo vuele por los aires entre octubre y diciembre y que no repriman en forma salvaje”, se refiere Bour a controles de precios y de cambio.

“Podés tener hipercontracción económica que vaya un poco antes de la hiperinflación. Quizá vamos a eso”, advierte Bour, aunque su previsión del índice de precios al consumidor (IPC) en 2021 sea por ahora 60,8% anual, muy alto pero lejos del 50% mensual. “La expansión monetaria actual se da con desplome de transacciones y nada explica el aumento de la demanda de pesos si no es por precaución ante la crisis e imposibilidad de transformar los pesos en otros activos que sean reserva de valor. Todo esto es transitorio. Pero podés evitar la híper secando la plaza de pesos, con tasas altas, o con un programa económico que dé confianza, como lo fueron la convertibilidad y el Plan Austral por un tiempo. ¿Eso vendría después de arreglar la deuda? El plan requiere credibilidad del policy maker (hacedor de política), algo que no parece estar disponible”, castiga Bour a Guzmán. El problema es que en la Argentina tampoco les fue muy bien a ministros de Economía impulsados por el establishment, como Ricardo López Murphy, que fuera economista jefe de FIEL en los 90 antes de su corto paso por el Palacio de Hacienda en el gobierno de Fernando de la Rúa.

Quantum Finanzas, la consultora del ex secretario de Finanzas delarruista Daniel Marx, prevé 37,3% de inflación en 2020 y un descenso al 29,5% en 2021. “Estamos previendo inflación mensual promedio del orden del 2% en el primer semestre y del 3% en el segundo –explica Fernando Baer, economista asociado de Quantum–. Por el momento no estamos previendo escenario de hiperinflación. Si bien la emisión es elevada, hay elementos que nos llevan a descartarla por el momento: las restricciones cambiarias, la fuerte recesión y la caída del ingreso en combinación con los lags (retrasos) en que habitualmente trabaja la política monetaria, en especial en escenarios de incertidumbre como el actual, donde aumenta la demanda por liquidez por precaución”.

Soledad Pérez Duhalde, directora de la consultora abeceb, fundada por el ex ministro de Producción macrista Dante Sica, predice un 38,8% este año y una aceleración en el próximo, “aunque depende mucho de qué haga el Gobierno después de aumentar ahora 78% la circulación monetaria. “Con el consumo reprimido, tarifas y precios congelados, peluquerías y restaurantes sin reactivarse, y precios que no podés medir porque no funcionan actividades o porque los empleados del Indec no pueden salir a relevarlos, prevemos un 1,9% de inflación en junio y 3% mensual a fin de año”, explica Pérez Duhalde.

“Para que haya híper debe darse una crisis de la balanza de pagos (escasez de dólares) porque entraste en default o en una guerra, y te quedás sin oferta porque no podés comprar bienes de afuera”, razona la analista. “Guerra no habrá, pero si hay default, hay riesgo de híper. Si vas a un populismo de IFE (ingreso familiar de emergencia) para todos, ¿quién te lo financia? Tenés riesgo de un fogonazo inflacionario y de llegar al 80% anual, porque tenés un rezago en los precios y tarifas”, continúa Pérez Duhalde, que admite que las personas perciben más inflación que la que marca el IPC porque su canasta de consumo se ha volcado más a los alimentos, que en junio se estabilizaron después de fuertes alzas de marzo a mayo.

El banco español Santander acaba de rebajar su previsión de inflación 2020 del 43% al 41%. Cada vez que se prolonga la cuarentena, el Gobierno deja también en cuarentena la inflación, sostienen en la entidad. En sus pronósticos prevén un poco de aceleración en 2021, pero no una híper, pues consideran que esta se trata de un fenómeno de los 80 asociado a otra productividad, otros precios de commodities y a ciclos de stop and go (parates y reactivaciones de la economía) con crisis de balanza de pagos. También desestiman comparaciones con la Venezuela actual, que carga con desequilibrios macroeconómicos mucho mayores.

LCG, la consultora fundada por el senador Martín Lousteau, pronostica un 39,8% en 2020 y un 54,8% en 2021. “Este año se refleja el efecto del desplome de la actividad, el congelamiento de tarifas y salarios y el ancla cambiaria”, opina la economista jefa de LCG, Melisa Sala, más allá de la paulatina depreciación del peso oficial. “Todo eso no es más que inflación reprimida. No descartamos escenario de híper, pero no lo vemos como el más probable”, añade.

En cambio, el ex viceministro de Economía kirchnerista Emmanuel Álvarez Agis se muestra más optimista: si hay acuerdo por la deuda, la economía caería este año 7,4% y la inflación sería del 24,4%, mientras que en 2021 el PBI se recuperaría 4,2% y el IPC subiría al 30,8%. En caso de consolidarse el default del 22 de mayo pasado con el inicio de juicios en EE. UU., el PBI bajaría en 2020 un 10,3% y la inflación ascendería al 37%, al tiempo que en el año electoral la economía se recuperaría solo el 1,7% con los precios subiendo el 34%. Nada de híper para Álvarez Agis: “Por más o menos diez factores: deuda externa, reservas, inflación mensual, déficit fiscal, depósitos, tipo de cambio real. Deberían estudiar más…”.

Están quienes prevén un 65% de inflación en 2020 pero también descartan la híper, como el norteamericano Citigroup. En ese banco prevén más inflación en el segundo semestre porque opinan que al Central le resultará muy difícil absorber el “océano” de pesos una vez que baje la demanda de dinero por motivo de prudencia, los salarios se descongelen y el consumo se mueva tras la recesión. De todos modos, desestiman una híper porque cuando la economía rebote habrá mucha capacidad ociosa de la industria, alto desempleo y salarios deprimidos.

 

Alejandro Rebossio

ALEJANDRO REBOSSIO

Editor de Economía y columnista económico de Radio Perfil.

https://noticias.perfil.com/

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Economia

Dólar CCL y MEP rebotaron hasta 21,6% en julio (BCRA vendió unos u$s400 millones para contener al oficial)

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El dólar Contado con Liquidación avanzó casi $20 en el mes hasta los $124,10 mientras que el “Bolsa” subió a $122,21. De esta manera, las brechas con el mayorista treparon más de 23 puntos y superaron el 70%.

Tras dos meses con caídas, los tipos de cambio implícitos acumularon un alza en torno al 20% en julio y cerraron en máximos de dos meses y medio, en un mes en el cual, según fuentes del mercado, el Banco Central (BCRA) tuvo que vender unos u$s400 millones para contener al dólar oficial. El contexto de crisis y la incertidumbre respecto a la resolución del canje de deuda contribuyeron a una mayor demanda por parte de los inversores.

El dólar CCL -que surge de la compra y venta de bonos o acciones en la bolsa- trepó un 19,2% ($19,96) a $124,10 en el mes, por lo cual el spread con la cotización mayorista se amplió desde el 47,8% al 71,6%. Se trató del mayor valor desde el 13 de mayo, cuando cerró a $125,76.

En el mismo sentido, el dólar MEP, o Bolsa -similar operación a la del CCL pero dentro del país- saltó un 21,6% a $122,21 en junio, dejando una brecha del 69% frente a la divisa que cotiza en el MULC, cuando en junio había sido del 42,7%.

En el cierre de este viernes, ambas cotizaciones subieron cerca de $2,70.

La disparada de los tipos de cambio implícitos se produjo en momentos en que el mercado espera señales en torno a la propuesta de reestructuración de deuda soberana que vence la semana que viene (martes 4 de agosto). Por ahora, lejos de alcanzar las mayorías necesarias, el Gobierno analiza la posibilidad de anunciar una nueva prórroga al día 28 de agosto.

“Más allá de la decisión del organismo monetario de elevar las tasas de plazo fijo, los dólares financieros extienden el mayor dinamismo reciente, dado que los operadores siguen preocupados por la dinámica monetaria -ante implicancias en la inflación y en el dólar- así como por el canje de deuda”, destacó el economista Gustavo Ber.

Leonardo Svirsky de Bull Market Brokers consideró en diálogo con Ámbito que “la postergación del plazo de las negociaciones para la reestructuración de la deuda impactan negativamente en el mercado”, en base a lo cual aseguró que “toda esa incertidumbre -a la que se suman los temores vinculados a la situación política y social- se traslada a los activos de cobertura”.

Desde Portfolio Personal Inversiones, destacaron que son “necesarias definiciones concretas sobre la reestructuración para poder definir una tendencia” del mercado.

Cabe recordar que, el jueves tras el cierre del mercado, el Banco Central había determinado una suba en la tasa de interés para los depósitos minoristas a plazo fijo y pasó de un mínimo de 30 a 33,06% anual con el fin de incentivar el ahorro en moneda nacional.

La medida fue tomada en la reunión de directorio en medio de una creciente presión para dolarizar carteras ante la crisis por la pandemia del coronavirus y la incertidumbre respecto de la negociación de la deuda.

Así, el rendimiento de los plazos fijos minoristas en pesos será de 33,06% Tasa Nominal Anual, lo que equivale a una tasa mensual de 2,75% y Tasa Efectiva Anual de 38,47%.

Dólar oficial

El dólar turista avanzó un 3,1% durante julio tras cerrar este viernes a $99,31 (16 centavos) en agencias y bancos de la city porteña, según un relevamiento de Ámbito, en línea con el minorista subió también un 3,1% a $76,39 (12 centavos).

En el Banco Nación, el billete -sin el impuesto PAÍS- cotiza sin variaciones a $76, mientras que en el canal electrónico se consigue a $75,95.

Por su parte, en el Mercado Único y Libre de Cambios (MULC), la divisa aumentó un 2,5% en julio, tras cerrar este viernes a $72,32, en una rueda en la que una vez más el Banco Central marcó el ritmo de la rueda con su inicial postura de venta.

Con respecto a la semana anterior, acumuló un alza de 42 centavos, una corrección idéntica corrección a la de la semana anterior; y en lo que va del año suma un 20,75% de suba.

La última rueda de julio mostró un comportamiento similar a las precedentes, con la moneda operando demandada y con renovada asistencia del Banco Central. Los precios mantuvieron durante todo el día el nivel determinado por la regulación oficial, sin apartarse del rango de fluctuación fijado para hoy.

Los máximos, anotados en $72,32, respetaron la postura de venta de la autoridad monetaria y en otra jornada de bajo volumen de negocios, se mantuvieron invariables a lo largo de todo el día. La demanda por cobertura y para atender obligaciones con el exterior ejerció el dominio en el desarrollo de las operaciones requiriendo de nuevas ventas del Banco Central para compensar la insuficiencia de la oferta genuina.

Durante la rueda, la autoridad monetaria terminó con un saldo negativo que fuentes privadas del mercado estiman en unos u$s50 millones; con lo cual durante julio se produjo una sangría cercana a los u$s400 millones.

“La política de administración de la evolución del dólar se mantiene invariable y, dado el contexto local y la falta de definiciones en materia de arreglo de la deuda externa, seguramente se mantendrá sin cambio durante el mes de agosto”, consideró el economista Gustavo Ber.

A nivel global, el dólar extendía el viernes su dramática caída, encaminándose a su mayor desplome mensual en una década mientras los inversores temen que el rebote de la economía estadounidense se vea frustrado por la lucha contra la epidemia del coronavirus.

La debilidad de la moneda estadounidense impulsaba al euro, que tocó los 1,19 dólares, su nivel más fuerte desde mayo de 2018, y disfrutaba de su mayor ganancia mensual desde septiembre de 2010.

Dólar blue

El dólar blue saltó un 7,9% ($10) este mes a $136 según un relevamiento de Ámbito en cuevas del microcentro porteña, tras haber cerrado este viernes sin cambios.

En consecuencia, el billete paralelo cayó a $3 en la semana, luego de alcanzar un pico intradiario de $140 el último viernes.

Cabe recordar que, durante este mes, se produjeron bloqueos de cuentas bancarias en dólares por parte de bancos ante “movimientos inusuales”, efectuados por los “coleros digitales”, que utilizaban luego el mercado informal para efectuar el “pure” (comprar en el oficial y vender en el paralelo aprovechando la brecha cambiaria existente).

La brecha con el dólar mayorista cede hasta el 88%, tras rozar el 95% el 25 de julio, y alcanzar un máximo de 104% a mediados de mayo.

Desde que inició la cuarentena, el blue acumula un alza de $50,50 (desde los $85,50 del 20 de marzo), producto, entre otras causas, de mayores restricciones para operar, no sólo en el Mercado Único y Libre de Cambios, sino también para las operatorias con el dólar CCL y el MEP.

Futuros y Reservas

En el mercado de futuros ROFEX, se operaron u$s1.189 millones. Julio cerró a $72,32, agosto quedó operado a $74,62 a 37,61% TNA. Fin de año bajó 10 centavos y quedó operado en $86,05 con una TNA de 45,33%. Las posiciones de contratos abiertas totalizaron la suma de u$s4.991 millones.

Por último, debido a las ventas del BCRA, las Reservas Brutas Internacionales cayeron el viernes u$s50 millones para cerrar la jornada en los u$s43.338 millones.

AMBITO

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Roberto Lavagna criticó que el Gobierno posibilite la dolarización de la deuda en pesos

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l exministro de Economía Roberto Lavagna advirtió hoy que el Gobierno cometerá un “error grave” si avanza en su decisión de permitir que se puedan dolarizar los bonos en pesos que están en manos de los acreedores de la deuda. A juicio de Lavagna, este gesto a los bonistas, que está incluido en el proyecto de ley de ampliación presupuestaria, “es una anormalidad” que le acarreará al Estado “un costo mayor”.

“Transformar deuda en pesos en deuda en dólares, como se anunció, es un error grave y una anormalidad -publicó Lavagna en su cuenta de Twitter-. Las economías en desarrollo con amplios desequilibrios económicos y sociales, como la nuestra, renegocian sus deudas tratando de reducir la parte emitida en monedas duras y aumentar la emitida en moneda local”.

“Insólitamente -continuó- al crear canales para pasar de deuda en moneda local a deuda en dólares, se está proponiendo lo contrario, lo cual va a resultar a la larga en un costo mayor para nuestro Estado y para todos nosotros”.

“Las monedas duras, de reserva, van a ser uno de los bienes más escasos de la economía argentina muchos años. Por eso hay y habrá restricciones para acceder a ellas. En ese marco, favorecer a unos pocos que participaron de la especulación financiera dándoles la oportunidad de cambiar pesos por dólares, será una fuente de inequidad”.

Esta cuestión desató un fuerte debate hoy en la Comisión de Presupuesto de la Cámara de Diputados; ante este y otros planteos de la oposición, el oficialismo, encabezado por el presidente de la comisión Carlos Heller, pospuso la firma del dictamen del proyecto hasta mañana. De todas maneras, confirmó que la intención es discutirlo este viernes en el recinto.

Los diputados lavagnistas Jorge Sarghini, Graciela Camaño y Alejandro “Topo” Rodríguez fueron enfáticos al rechazar el artículo que permite dolarizar las tenencias de bonos en pesos. El proyecto de ley confirmó sus sospechas de que el Ministerio de Economía pretende hacer un gesto a los bonistas que hoy enturbian la renegociación de la deuda. “Convertir deuda en pesos en deuda en dólares es una decisión equivocada. Es exactamente al revés de lo que se hizo en la renegociación de la deuda que terminó en 2005”, advirtió Lavagna.

Durante la discusión en la Comisión de Presupuesto, Sarghini llevó la voz cantante. “El artículo 7, que permite dolarizar la deuda en pesos, es absolutamente negativo e innecesario en esta ampliación de presupuesto: es negativo si se pretende fortalecer el mercado de capitales doméstico y perjudica la discusión que se está llevando adelante con los bonistas, tanto los que están bajo la ley nacional como extranjera. Genera una tremenda distorsión porque (con este artículo) no se cumple con dos de los tres parámetros (que exige la ley de administración financiera) para la renegociación de la deuda, extensión de los plazos, baja del monto de la deuda y reducción de las tasas de interés”, planteó Sarghini. “Tengo la firme percepción de que esto ya se conocía en el mercado por parte de quienes endurecen la negociación (de la deuda)”, advirtió.

Luciano Laspina, de Juntos por el Cambio, alertó que esta dolarización de la deuda que se habilita en el proyecto está exceptuada de los límites que impone la ley de administración financiera. “Se le delega al Poder Ejecutivo la posibilidad de canjear deuda sin ningún tipo de restricción ni control. Esto es un antecedente muy malo”, enfatizó.

FUENTE: LA NACION

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El campo también quiere mudarse a Uruguay: aumentó la consulta de productores argentinos para invertir y radicarse en el país vecino

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Infobae dialogó con tres consultores uruguayos que confirman la tendencia. Expectativa por la apertura de la frontera una vez que finalice la pandemia

En la otra orilla del Río de la Plata aseguran que en los últimos meses aumentó el número de consultas de productores agropecuarios argentinos para invertir en campos uruguayos. Pero a diferencia de otros momentos, ahora no hay solamente proyectos de desarrollar un negocio, sino también de radicarse y empezar una nueva vida en el vecino país.

Todo empezó en agosto del año pasado, cuando Alberto Fernández consiguió un rotundo triunfo en las elecciones primarias, que fue para el ex presidente Mauricio Macri imposible de revertir dos meses después, y permitió que la fórmula presidencial del Frente de Todos ganara los comicios de octubre. A partir de ese momento, los índices de confianza de los productores argentinos sobre la proyección de su actividad para el mediano y largo plazo, comenzaron a derrumbarse y lo mismo continúa sucediendo en la actualidad, en especial después del intento del gobierno nacional de intervenir y expropiar la empresa Vicentin.

En el mundo agropecuario está muy fresco todavía el recuerdo de la política que desplegó el kirchnerismo hacia el campo. A partir de 2006, con el cierre de las exportaciones de carne vacuna. Y luego, ya en la etapa más álgida, con la confrontación que generó la Resolución 125, de “retenciones móviles a la exportación” de los cuatro principales cultivos de la Argentina, en 2008. La derrota política de Cristina Fernández en ese enfrentamiento derivó en mayores restricciones a la comercialización de la producción y más intervención en los mercados, como sucedió con el trigo y el maíz. En ese momento, desde el gobierno decían que el objetivo era cuidar “la mesa de los argentinos”, algo que no sucedió porque la brecha entre el bajo precio que cobró el productor y los altos valores que pagó el consumidor por los alimentos, no benefició a ninguno de esos sectores.

Ahora, un empujón adicional para el aumento de consultas argentinas en Uruguay fue la cuarentena estricta que nuestro país lleva adelante para prevenir el coronavirus, y la aparición semanas atrás en los medios nacionales del presidente uruguayo, Luis Lacalle Pou, con definiciones concretas y un contundente mensaje sobre las posibilidades que ofrece su país a los inversores extranjeros; seguridad jurídica y reglas de juego claras y mantenidas en el tiempo, para que los negocios sean exitosos. También influyó el aumento de casos de inseguridad rural, especialmente a través de la rotura de silobolsas.

El presidente de Uruguay, Luis Lacalle Pou (EFE/Federico Anfitti/Archivo)
El presidente de Uruguay, Luis Lacalle Pou (EFE/Federico Anfitti/Archivo)

Lo concreto es que en el vecino país, diferentes analistas que dialogaron con Infobae coincidieron en que aumentaron las consultas de productores y empresarios agropecuarios argentinos interesados en invertir en inmuebles rurales de Uruguay. Si bien la cantidad no se ha podido cuantificar todos hablan de un número mayor a otras oportunidades y con una clara diferencia: años atrás el interés era instalarse para producir la tierra, y ahora no solamente es eso, sino también para tramitar la residencia.

Desde hace unos meses que Lacalle Pou propone mejorar las condiciones jurídicas y económicas para atraer capitales extranjeros. Por eso muchos integrantes de la producción agropecuaria nacional tienen la intención de sacar su capital de la Argentina y comprar campos en el vecino país para destinarlo a rentas y luego alquilarlos.

En base a los datos aportados por diferentes especialistas, que son aproximados, reflejan que actualmente en Uruguay hay unas 16.500.000 hectáreas destinadas a la producción agropecuaria, de las cuales el 30% se encontrarían en manos de extranjeros, y ahí los argentinos tendrían una participación del 5% con casi 1.000.000 de hectáreas.

La presencia de argentinos en Uruguay no es de ahora. Muchos recuerdan como a partir del año 2002 y de la mano de las mejores tecnologías que llevaron desde nuestro país los productores y empresas del agro, la producción de soja en Uruguay aumentó en cantidad de hectáreas sembradas, llegando a 1.600.000 hectáreas y actualmente se mantiene muy cerca de dichos niveles. En aquel momento los valores de los campos uruguayos eran muy bajos y con altos precios de la soja. Luego el panorama se revirtió, y los argentinos se alejaron; el negocio ya no era conveniente.

La opinión de los especialistas

Eduardo Blasina, es consultor en Uruguay y trabaja en el negocio agropecuario desde hace años. “Si bien no hemos podido cuantificar hasta el momento la cantidad de llamados desde la Argentina, hay que decir que son muchas las consultas que hemos recibido para la agricultura, ganadería y lechería. Las mismas van desde condiciones para hacer negocios y hasta para radicarse en nuestro país, porque observan que acá hay mejores condiciones para trabajar e invertir, a través de seguridad jurídica, beneficios fiscales y con un gobierno que tiene al campo de aliado”, comentó a este medio.

Guillermo Binello es argentino, Ingeniero Agrónomo y desde hace 12 años está instalado en Montevideo con una consultora que asesora en proyectos de inversión en el agro y además trabaja en la venta y alquiler de campos. En diálogo con Infobae, dijo: “Yo en lo particular ya he recibido entre 10 y 15 consultas concretas de argentinos para invertir en Uruguay, de las cuales ya cerré algunas operaciones. Hay más consultas que negocios cerrados. Acá se habla de que el mercado se empieza a calentar porque se viene la ola argentina y eso seguramente va a impactar en los precios de la tierra”.

Y agregó: “Lo que ofrece Uruguay a diferencia de la Argentina es seguridad jurídica, estabilidad, no hay retenciones a las exportaciones agropecuarias, no existen las restricciones cambiarias, hay menor presión impositiva, reglas de juego que se mantienen en el tiempo y que benefician a las inversiones, y es libre el uso de monedas extranjeras, entre otros beneficios”.

Uruguay, a diferencia de la Argentina, ofrece seguridad jurídica, estabilidad, no hay retenciones a las exportaciones del agro ni restricciones cambiarias, le presión impositiva es más baja, hay reglas de juego que se mantienen en el tiempo y es libre el uso de monedas extranjeras

Por su parte, Davy Dufour que desarrolla su emprendimiento de Agronegocios en la ciudad de Dolores, en el Departamento de Soriano, con el foco puesto en la agricultura, señaló: “A nosotros en particular las consultas que recibimos de argentinos son para desarrollar el negocio ganadero, como así también para la producción mixta, es decir agricultura y ganadería. Nos preguntan mucho sobre las condiciones a invertir y los precios de los campos. Y una novedad es que también preguntan sobre inmuebles en zonas urbanas, que se pueden destinar como vivienda particular o como sede de una futura empresa”.

El consultor sostuvo además que actualmente el precio de la hectárea en Uruguay, especialmente en Soriano, donde se encuentran las mejores tierras productivas, en promedio es de entre 7.000 y 8.000 dólares. En los campos marginales el precio va de 4.000 a 5.000 dólares y para la actividad forestal la hectárea ronda los 2.000 a 3.000 dólares.

Sobre el desarrollo que ha tenido la ganadería en los últimos años en Uruguay, Dufour dijo: “Actualmente es muy importante el engorde a corral. El encierro de la hacienda dura unos 120 días y con una alimentación a granos. El negocio exportador de esa carne es a través de la Cuota 481, que venía muy bien hasta que llegó la pandemia. Además, en el negocio de la exportación de carne vacuna en general Uruguay está caro, y hay países como Australia, Brasil y la Argentina que se encuentran en mejores condiciones para negociar con China, que es el principal comprador. Uruguay, a nivel mundial, se destaca por la trazabilidad que ha implementado y permitió mejorar sus niveles de calidad de carne”.

En relación a lo planteado por Dufour sobre las consultas que recibieron desde nuestro país, Blasina comentó: “Estamos observando que hay muchos argentinos que tienen intenciones de venir a trabajar y a radicarse en zonas como Montevideo o Punta del Este. Ya es una situación que excede a las consultas vinculadas con lo estrictamente agropecuario, porque se expresa claramente el proyecto de empezar una nueva vida en Uruguay”.

Por último, Dufour también se preguntó si el movimiento de consultas se reflejará en negocios reales cuando Uruguay decida la apertura de la frontera una vez que finalice la pandemia del coronavirus: “Si logramos concretar entre un 10 y 15% de las consultas de argentinos que recibimos hasta el momento, seguramente será muy beneficioso para todos”.

Por Juan Martín Melo

FUENTE : INFOBAE

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