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Sepo Ginóbili, la paternidad a los 48 años, lo que le exigen en Instituto y la forma de dirigir que se viene

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Conviviendo con la ansiedad y responsabilidad en tiempos de pandemia, el DT cuenta los días para el nacimiento de su hijo y el inicio de una particular temporada dentro de una burbuja.

Sepo, en la cancha de fútbol, siguiendo los primeros movimientos. Fotos: prensa Instituto, archivo-La Nueva y Sebastián Ginóbili.

Por Fernando Rodríguez

Twitter: @rodriguezefe

Instagram: ferodriguez_

(Ampliación de la nota publicada en la edición impresa)

 

Sepo y Rocío tachan los días en el almanaque, sacan cuentas, sueñan con la llegada de Mateo. El técnico de Instituto se pregunta dónde lo encontrará el 12 de diciembre.

“Estamos en el séptimo mes. Esperemos que no se adelante –ruega Sebastián Ginóbili- porque me va a agarrar adentro de la burbuja”.

   —Me quedo en la burbuja o salgo. ¿Primer conflicto?

—Hace un mes ya se generó, je. Pero bueno, hay algo positivo y es que se juega acá en la ciudad (Córdoba). ¿Te imaginás si me tocara en Santiago o Corrientes? No sé en qué iba a venirme.

Sepo y Rocío esperan por Mateo.

 

   —¿Cómo te encuentra la paternidad, a los 48 años?

—Impecable. La verdad que disfrutamos mucho el momento, más allá de que estuvimos siete meses encerrados, sin contacto familiar. No fuimos a Bahía ni a Sunchales (de donde es Rocío, su mujer). Dentro de la inactividad, nos dio motivos para pensar y movernos.

   —¿Como padre te imaginás parecido a Leandro o a Manu?

—Veremos… Uno se imagina, pero me parece que lo empieza a descubrir cuando tiene a su hijo al lado. Es mucho más fácil con los ajenos que con los propios, por más conducta que uno pueda tener.

   —Bueno, con que te parezcas a Yuyo ya está muy bien.

—Sí, sí. Tenemos buenas expectativas, je.

Se metió en la cancha

La primera semana de trabajos con el plantel, a Sepo lo ayudó a liberar la cabeza, en lo que significa el segundo desafío en la entidad cordobesa.

Mezclaron movimientos en la cancha de fútbol. gimnasio y, finalmente, básquet en cancha, cumpliendo los protocolos correspondientes.

   —¿Se trabaja más en conjunto y casi con prioridad para kinesiólogo y preparador físico?

—Hay que escuchar a los que saben, en cuando a recuperación y vuelta al trabajo. Hicimos zoom como Diego Grippo (médico de la AdC), que un poco nos va aconsejando, y vamos escuchando a los profes… El entrenador tiene que estar atento a todo, no solamente a la parte basquetbolística. También a lo físico y lo humano, porque esto genera una ansiedad diferente. Cada uno está transitando su camino, en algunos casos con familias tocadas por algún enfermo. Y está claro que cualquier problema personal afecta a lo físico y basquetbolístico, así que tenemos que prestar mucha más atención que si fuera una temporada normal.

   —¿Cómo fuiste canalizando la ansiedad?

—Fueron siete meses raros, porque cambiaron los estados y las expectativas. Ni bien terminó teníamos puesta la cabeza en volver a los 20 días. Después sabíamos que se cancelaba… Hace tres meses estábamos viendo si se aprobaba la posibilidad de jugar la temporada…

   —Y eso afecta.

—Todo afecta, porque hay mucha gente que está viviendo con problemas y uno quiere que vuelva la actividad, pero ordenados y cumpliendo las reglas a la perfección. Todo eso genera ansiedad y responsabilidad. También debemos valorar el esfuerzo de los dirigentes, porque estamos en contra de las decisiones del gobierno de no tomar riesgos, así que es una responsabilidad que se mezcla con ansiedad. Es un combo bastante explosivo.

Los cambios

   —¿Qué equipo armaron para lo que viene?

—Creo que armamos un buen grupo de nacionales. La idea es encontrar el buen funcionamiento, juego de equipo, asociado e intenso. Por más que en los papeles uno piensa que formó un buen equipo, nosotros tenemos que entender que será una temporada atípica, en la que todos tendremos que aprender a jugar de esta manera.

   —Con un particular calendario.

—Claro, porque no es lo mismo jugar 18 partidos día y medio de por medio. La idea es tener el plantel más largo posible, darle posibilidades a los más jóvenes, que haya buena rotación… Debemos aprender de otras ligas; por más que la NBA hoy parece otro deporte, la forma de dirigir creo que se va a tener que asemejar mucho.

   —¿En qué básicamente?

—Estructurando un poco los cambios, no pensando únicamente en el rendimiento individual. Me parece que será un trabajo más integral del que veníamos haciendo. El tema de los datos va a ser clave, por eso el ojo del profe y del kinesiólogo tiene que estar fino, más el de los tres entrenadores que estamos en el equipo. Esto, sumado a que vamos a estar 40 días encerrados, con todo lo que genera. Lo importante es mantener comunicación para no hacer lío. Me parece que tendremos que estar mucho más encima del jugador.

   —¿Es difícil con este contexto focalizarse en lo que puede ser el funcionamiento y resultados del equipo?

—Hay que enfocarse en la adaptación al trabajo y evaluar si los jugadores están en buena forma, porque no es lo mismo entrenar en un departamento de tres por tres o salir a correr que hacer básquet de conjunto.

   —Y después ver qué sale.

—Por eso, debemos enfocarnos en llegar a competir de la mejor manera, que puede ser, quizá, en un 80%. Lo bueno, entre paréntesis, es que todos los equipos estamos igual. Entonces, tendremos que encontrar la forma deportiva durante la burbuja. Más que nada ahora es volver a sentirse jugador y readaptar el cuerpo.

El mismo DT

   —El cambio de Bahía Basket a Instituto era significativo en cuanto a tu filosofía de trabajo. ¿Cómo te adaptaste?

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—Me adapté bien. La idea de entrenador no ha cambiado mucho. Obviamente el trato con los dirigentes fue diferente; mi función es más abarcativa que en Bahía Basket, donde había un director deportivo como Pepe y estaba todo encaminado; yo no hacía más que mi trabajo de entrenador, siguiendo la filosofía y objetivo del equipo, los cuales entendía y compartía. Acá tengo que tomar más decisiones, soy yo quien se contacta con los jugadores, con los agentes y estoy encima de la formación del equipo; obviamente que trato de coincidir y ponerme de acuerdo con los dirigentes, pero mucho pasa por mí. Y eso llevó una adaptación.

   —¿Y en el juego?

—En el juego y el día a día, más allá de entrenar a jugadores con más veteranía, la idea era la misma: convencer al jugador de la manera que había que jugar para tener éxito. Y no tuve muchos problemas. Sigo aprendiendo como entrenador, desarrollándome dentro de un marco diferente, con otros objetivos y otras exigencias.

El día de la despedida, Pepe le obsequió un recuerdo, tras seis años de trabajo en conjunto.

 

   —Más allá del camino que se recorre, ¿el resultado siempre manda?

—Acá el resultado manda, no hay vueltas. Exigen ser protagonistas, ganar. Llevan un par de temporadas en las puertas de algunos torneos y la verdad que me transmiten permanentemente la necesidad de ganar. Entiendo las reglas del juego, pero no puedo estar pensando en eso. Mi idea es tratar de conformar el mejor equipo para lograr funcionar, porque es la única manera de ganar. El mismo San Lorenzo, que los últimos años viene ganando, no lo hizo solamente con los nombres, le agregó funcionamiento. Tenés que jugar, rendir y ser regular, ese es parte del desafío. Como primer paso fue bueno; ahora, la idea es dar otro paso y llevar a Instituto a ganar un título.

El propio juego

   —¿Hay una tendencia general y que se asemeja a tu perfil de jugar más por conceptos?

—Lo que está cambiando del juego, más que nada, es la intensidad, el elevar las posesiones, el buscar situaciones de clara ventaja. Ya no pensar tanto en el reloj de 24, algo que antes quería controlarse más bajando el ritmo de juego a partir de subir la bola caminando. Hoy el juego tiende a ser mucho más dinámico y asociado. Aunque no lo sentimos como la NBA, por más que nosotros nos arrimamos un poco para darle libertad y herramientas al jugador para que tome ventajas, sin la necesidad de un pick and roll, o un bloqueo directo o indirecto.

“A veces necesitás del uno contra uno, y los entrenadores, generalmente siendo por demás estructurados, le quitamos esa creatividad al jugador. Por eso, no digo de jugar como la NBA, porque no tenemos los jugadores ni la condición física, pero sí darles la posibilidad de que tomen decisiones más rápido y hacerlos trabajar para lograrlo y crear ventajas, más allá de que no siempre sean para definir”.

Otro bahiense

   —¿Qué te puede dar Gonzalo Torres?

—Ocupa una posición en la que no hay muchos nacionales; a través de los años fue encontrando un crecimiento individual y creo que puede encajar perfecto en nuestro sistema de juego, no solo porque tiene algo de poste bajo, un lugar donde hoy no se juega tanto, y no solo para definir o crear faltas, sino para generar juego. Es un jugador muy dinámico y está en crecimiento. Y, aparte, nos va a dar apertura de cancha en una posición donde generalmente la defensa se cierra y él tiene un tiro importante tanto corto como largo. Tanto él como Nacho Alessio nos van a dar la posibilidad de hacer descansar la bola en el juego interno.

Gonzalo Torres poniéndose en forma para otro desafío.

 

   —¿Qué te faltaría para cerrar el equipo?

—Mi idea es que este sea el equipo. Tenemos 12 jugadores, entre los experimentados y jóvenes. Obviamente las exigencias de acá son de ganar y estamos atentos a poder reforzarlo, pero hoy en día este es el equipo que prepararemos para entrar en la burbuja.

Entre la ansiedad por la llegada de su primer hijo, el inicio de los entrenamientos y la incertidumbre generalizada, Sepo, definitivamente, ya vive en su propia burbuja…

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LEANDRO SOMOZA ES EL NUEVO TECNICO DE ALDOSIVI

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Se terminaron las negociaciones, se pusieron de acuerdo en todo y Leandro Somoza se convirtió en el nuevo entrenador de Aldosivi, con un contrato de dos años. El flamante técnico estaría el domingo observando el partido ante Racing en el “Cilindro de Avellaneda” y su debut se daría nada más y nada menos que frente a Rosario Central, al que renunció después de la segunda fecha por la falta de refuerzos.

Era el apuntado desde un principio por José Moscuzza, e incluso se lo mencionó antes de que diera un paso al costado en el “canalla”. Su buen paso como jugador y la gran imagen que dejó en el club, influyeron para apostar a un técnico que realizó buena parte de su carrera como ayudante de campo de Miguel Ángel Russo en Boca y luego se largó de manera individual.

El viernes pasado se había llegado a un principio de acuerdo, pero se tomaron toda la semana para terminar de ultimar detalles y que no quede nada librado al azar. De todas maneras, el encuentro del domingo lo dirigirá Diego Villar, quien se hizo cargo tras la salida de Martín Palermo en la antesala del comienzo de la Liga Profesional. El “Pipa” trabajó toda la semana y diagramó el equipo, por lo que Somoza estará en el choque frente a Racing en Avellaneda y luego sí se pondrá al frente del plantel.

Lo bueno es que tendrá una semana larga para entrenar y conocer al plantel, porque el siguiente partido del “tiburón” será el lunes 4 de julio, ante Rosario Central, el exequipo de Somoza y que ahora tiene como técnico a Carlos Tevez, lo que le agregará un condimento extra.

 

El mediocampista que ascendió a Primera División con Aldosivi en 2018 y luego anunció su retiro del fútbol, estará acompañado por Diego Monarriz (exDT de San Lorenzo) y Lucas Pagano como ayudantes de campo, y los preparadores físico serán Damián Lanatta y Alejandro Rafael.

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SUSPENDEN LA INDAGATORIA A SEBASTIAN VILLA

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BOCA

Suspenden la indagatoria a Sebastián Villa

La fiscal Vanesa González aceptó postergar la indagatoria a Sebastián Villa. El colombiano había hecho el pedido ya que la citación coincidía con el partido que debe jugar Boca contra Unión. 

En breve, la Justicia pondrá otra fecha para que Villa declare en el marco de la causa en la que el futbolista está imputado por “abuso sexual con acceso carnal”.

Si bien Sebastián Battaglia pondría una formación alternativa en este próximo partido por la Liga Profesional porque el martes 28 juega ante Corinthians en Brasil, Villa podría llegar a tener que concentrar y eso complicaría la posibilidad de presentarse ante la fiscal Vanesa González.

Y con el partido ante Banfield programado para el viernes 1º de julio, la intención es dejar la declaración para después de la serie de octavos de la Copa Libertadores, que se completará el martes 5 de julio con la revancha en la Bombonera. El que definirá será el juez Javier Maffucci Moore.

A su vez, Villa ya cuenta con el permiso otorgado por el juez para salir del país y poder viajar con la delegación de Boca a San Pablo para estar frente al Corinthians.

 

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CONMOCIÓN EN LA NBA: MURIÓ UN EX JUGADOR DE DE 25 AÑOS QUE HABÍA ENGORDADO 65 KILOS EN 36 MESES

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Caleb Swanigan supo defender los colores de Portland y Sacramento entre 2017 y 2019, pero se alejó del deporte y la mala alimentación, sumada a problemas genéticos, le terminaron costando la vida.

Tras su irrupción en la NBA, el caso de Caleb Swanigan llamó la atención por su historia de superación para llegar a vestir los colores de los Portland Trail Blazers luego de ser elegido en el Draft de 2017. Apenas cinco años después de incorporarse a la liga de básquet más competitivo del mundo, su cuerpo cedió: según distintos medios estadounidenses, murió de causas naturales a los 25 años recién cumplidos.

Fue uno de los seis hijos criados por una madre soltera ya que su padre, Carl Swanigan Sr., luchó constatemente contra una adicción al crack. Vivían en refugios para personas sin hogar en Utah o debajo de un puente. Su progenitor falleció en 2013 por complicaciones relacionadas con la diabetes. Tenía 50 años y, según informó ESPN en 2017, Carl Sr. medía 2,07 metros y pesaba casi 227 kilos en el momento de su muerte.

Pero un día Caleb decidió aprovechar su prometedor físico heredado de 2,06 metros y gran contextura física para adentrarse en el mundo del deporte. En ese momento se contactó con Roosevelt Barnes, un viejo amigo de la familia que se dedicaba a promocionar deportistas en la élite del país. En 2010 era un niño obeso al que la vida le había dado la oportunidad de una vida mejor. Siempre luchó contra su peso y él era una de esas personas genéticamente predispuestas a subir fácilmente.

“Una de las últimas veces que lo vi, un día de práctica en el torneo de la NCAA de 2017 en Kansas City, estaba montando una bicicleta estacionaria. Llevaba un buzo, del tipo que usan los luchadores para perder peso antes del pesaje. Incluso entonces, un atleta universitario de solo 20 años, Biggie ya estaba luchando contra las inclinaciones naturales de su cuerpo”, reveló uno de los periodistas del portal USA Today sobre las complicaciones de Caleb a temprana edad.

Caleb defiende una pelota para los Trail Blazers ante la marca de Rui Hachimura (Foto: USA Today)Caleb defiende una pelota para los Trail Blazers ante la marca de Rui Hachimura (Foto: USA Today)

Biggie siguió luchando contra sus problemas genéticos y de alimentación que iniciaron durante su temprana vida en Fort Wayne. Llegó a la Universidad de Purdue en 2015 después de ser nombrado Indiana Mr. Basketball, premio al mejor jugador de dicho estado, mientras asistía a la secundaria de Homestead. Originalmente se comprometió con la Universidad de Michigan, pero terminó en West Lafayette donde jugó dos temporadas con los Boilermakers y fue seleccionado en el primer equipo All-American, ganando el honor del Big Ten Player of the Year en 2017.

“Era un alma buena y un buen hombre. Será extrañado”, publicó en Twitter el director de Purdue, Isaac Haas, quien supo ser compañero de equipo de Swanigan. Biggie además fue uno de los cinco finalistas del Wooden Award, junto a grandes nombres que compiten o que pasaron por la NBA como Lonzo Ball de UCLA, Josh Hart de Villanova, Frank Mason de Kansas y Nigel Williams-Goss de Gonzaga. En tan solo dos años, Caleb estudió en paralelo al deporte y recibió su diploma en Historia de la Educación. Para su familia se convirtió en el distinto, ya que ninguno de sus cinco hermanos logró siquiera terminar la secundaria.

Su primer intento para postularse al Draft de la NBA en 2016 fue dado de baja después de que los ejecutivos de la liga le dijeran que necesitaba perder peso y agregar tiro de campo. A base de esfuerzo y dedicación, hizo ambas cosas y mostró su nuevo cuerpo triunfante y su conjunto de habilidades un año después: fue seleccionado en 2017 con el pick número 26 por parte de los Portland Trail Blazers.

Swanigan disputando un rebote mano a mano con LeBron James (Foto: USA Today)Swanigan disputando un rebote mano a mano con LeBron James (Foto: USA Today)

Caleb jugó dos temporadas en Portland y llegó a disputar un total de 45 partidos oficiales. Fue cambiado a los Sacramento Kings en 2019, con 10 apariciones, antes de que los Trail Blazers lo volviera a repescvar a principios de 2020. Durante su carrera en la NBA, Swanigan trabajó mucho con los jóvenes del área de la ciudad y FoodCorps para promover hábitos alimenticios saludables en las escuelas y eliminar el hambre infantil.

Biggie apareció por última vez en las noticias en 2021, después de que la ex estrella de Homestead se declarara culpable de un cargo menor de drogas en el condado de Whitley y allí se vio el enorme cambio físico que tuvo al pesar cerca de 200 kilos, aproximadamente 65 más que sus últimos partidos en las NBA durante 2019. Ya alejado de la influencia de Roosevelt Barnes, fue condenado a 180 días en la cárcel y se le ordenó completar una evaluación de abuso de sustancias y cumplir con cualquier tratamiento prescrito.

Caleb aguantó todo lo que pudo a las distintas presiones que le presentó la vida hasta que a los 25 años decidió ceder: la oficina forense del condado de Allen le confirmó a la cadena WANE 15 que Swanigan fue encontrado muerto por causas naturales en su domicilio particular de Fort Wayne este martes 21 de junio.

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