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Internacional

Sin vacunas, sin turistas y sin dólares: el imprevisible futuro de Cuba en medio de la frustración y las protestas

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El récord de infectados y muertos por COVID-19 y las restricciones económicas impuestas el mes pasado fueron el caldo de cultivo de la indignación: “Hay condiciones para un levantamiento”, aseguran desde la isla

Las primeras protestas se registraron en San Antonio de los Baños, y pronto se trasladaron a otras ciudades del país, incluido el emblemático malecón de La Habana. (Alexandre Meneghini)Las primeras protestas se registraron en San Antonio de los Baños, y pronto se trasladaron a otras ciudades del país, incluido el emblemático malecón de La Habana. (Alexandre Meneghini)
Las primeras protestas se registraron en San Antonio de los Baños, y pronto se trasladaron a otras ciudades del país, incluido el emblemático malecón de La Habana. (Alexandre Meneghini)Las primeras protestas se registraron en San Antonio de los Baños, y pronto se trasladaron a otras ciudades del país, incluido el emblemático malecón de La Habana. (Alexandre Meneghini)

“Como tu sabes, chico, es algo esperado desde hace 62 años. Pero es como el cuento del pastor y las ovejas. Ya nadie sabe si esto se va a quedar en un día de protesta o en algo más. Está todo muy raro. El gobierno no sabe para dónde va. Un día dice que va a ordenar la circulación de moneda, termina con los CUCs (moneda fuerte que circuló en Cuba hasta el año pasado) y que el dólar será la nueva moneda para comprar en los MLC, las tiendas de “monedas libremente convertibles”. Y unos meses más tarde dice que ya no se pueden usar los dólares. Hay que buscar Euros que están como un 30% más que el dólar. Y cuando los consigues y te vas a los MLC no hay nada para comprar. No hay turismo. No hay vacunas. Ayer mismo, hubo un récord de muertos. La gente está harta. Por eso es que salió a gritar a la calle.

-¿Se van a quedar en la calle? ¿Puede ser una protesta prolongada?

-¿Quién lo puede saber? Hay condiciones para un levantamiento, pero ya hubo varias protestas y luego no pasó nada. Sí, esta vez fue masivo y extendido. Fue mucho más que el Maleconazo del 1994. Pero sólo podemos hacer pronósticos de lotería. Y Díaz-Canel llamó a una resistencia popular. Pueblo contra pueblo. Eso sólo puede hacer que todo termine muy mal.

Esta fue la conversación que mantuve en la noche del domingo con un periodista cubano de una agencia internacional antes de que se cortaran todas las líneas telefónicas y se produjera un apagón de Internet. Es un buen resumen de las condiciones sociales y económicas que llevaron a miles de personas a salir a la calle al grito de “¡Abajo la dictadura!”, “¡No tenemos miedo!” y “¡Patria y Vida!”. Las primeras imágenes salieron de San Antonio de los Baños, sede de la famosa escuela de cine, a unos 30 kilómetros del centro de La Habana. Pronto empezaron a aparecer en las redes sociales videos de varias ciudades del interior. Y finalmente se vio a unos centenares en el Malecón, escenario central de la vida de la capital cubana. Después se mostraron saqueos a una tienda de productos especiales. Se veía a la gente saliendo entre los vidrios con los pocos alimentos que podían llevarse entre los brazos. No se veían televisores LED o heladeras como en otros levantamientos en América Latina.

Fuerte represión de la policía y los servicios de inteligencia del régimen cubano contra las personas que se manifestaron pacíficamente en varias ciudades del país. (AP Photo/Ramon Espinosa)Fuerte represión de la policía y los servicios de inteligencia del régimen cubano contra las personas que se manifestaron pacíficamente en varias ciudades del país. (AP Photo/Ramon Espinosa)

¿Por qué ahora? La posible respuesta es que muchos cubanos ya no tienen nada que perder. El COVID-19 se extiende por la isla y a pesar de la propaganda oficial no hay ni vacunas nacionales ni globales. Pareciera que se enfrentan al dilema de “morir por COVID o morir luchando en la calle”. No es que haya sido expresado así ni que apareciera como una consigna generalizada, pero sí se mencionó en las redes sociales bajo el Hashtag #SOSCuba.

La frustración es también un sentimiento generalizado. Cuando el entonces presidente Barack Obama visitó la isla en marzo de 2016 se creó un halo de esperanza. Después de medio siglo de Guerra Fría, se producía un deshielo. Raúl Castro se abrazó a Obama y fueron juntos a ver un partido de béisbol. Los habaneros estaban un poco más optimistas que en años anteriores. Creían que la apertura era inevitable.

El endurecimiento de las sanciones por parte del sucesor en la Casa Blanca, Donald Trump, terminó con todas esas expectativas. La economía se redujo en un 11% el año pasado y no fue sólo por las restricciones impuestas desde Estados Unidos, la excusa y caballito de batalla de la revolución por seis décadas. Las reformas no tuvieron la repercusión esperada. Incluso se volvieron ineficientes buena parte de las 844 empresas que manejan las Fuerzas Armadas. Equivalen al 30% del total de la economía de la isla y van desde la producción de azúcar hasta hoteles y de granjas hasta fábricas de acero.

Barack Obama visitó a Raúl Castro en Cuba en marzo de 2016 y creó una esperanza de recuperación económica y apertura. La llegada de Donald Trump a la Casa Blanca, terminó con la ilusión. (Reuters)Barack Obama visitó a Raúl Castro en Cuba en marzo de 2016 y creó una esperanza de recuperación económica y apertura. La llegada de Donald Trump a la Casa Blanca, terminó con la ilusión. (Reuters)

Hace cinco años el sector del turismo vivía un boom. en 2016 hubo un aumento de recepción de divisas traídas por los visitantes de casi el 30%. En tres años se sumaron 18.000 camas a la oferta hotelera, el equivalente a 31 hoteles como el famoso Habana Libre de 20 pisos. Hasta el exitoso sitio de alquiler “Airbnb” comenzó a operar con unos departamentos espectaculares en La Habana y la playa de Varadero y Cayo Coco. Florecieron empresarios como Hugo Cancio. Había salido del país en el famoso éxodo del puerto de El Mariel en abril de 1980. Y en ese momento viajaba permanentemente entre Miami y La Habana haciendo negocios. “En la nueva Cuba hay lugar para el entendimiento y la cercanía en todos los sentidos”, me dijo en una entrevista en su fantástico piso con vista al mar. Cuando se enteró en el 2010 que Raúl Castro lanzaba una reforma económica en la isla, fundó la compañía Fuego Enterprises. En unas horas consiguió varios inversionistas. Comenzó por medios de comunicación -una exitosa revista de turismo y lujo- y entretenimiento para pasar en poco tiempo a las transacciones inmobiliarias. La pandemia, las incertidumbres económicas y las nuevas medidas restrictivas impuestas por Miguel Díaz-Canel desde que asumió la presidencia en octubre de 2019, terminaron con todo esto. El turismo se había convertido en el motor de la nueva economía y se diluyó como el agua entre las manos del millón de cubanos (el 20% de la fuerza laboral del país) que trabajaba directa o indirectamente en este sector.

Esto no lo resuelve ni el babalao (santero). Unos pocos se hacen ricos y los otros la miramos desde el Malecón, como lo venimos haciendo desde hace 60 años”, lanzó Emelinda, una maestra jubilada con la que conversé mientras caminábamos por el Paseo del Prado habanero. Las mieles del turismo no llegaban a todos. Mucho menos ahora. Lo único que sigue sacando del hambre son las remesas que llegan del exterior. Un 65% de los cubanos viven de los dólares que le envían sus parientes en el exilio. El otro 35% sobrevive malamente con los sueldos del Estado que sólo alcanzan para comprar en los mercados de frutas y verduras con precios subsidiados. Y mantienen una enorme paciencia habanera. Recuerdo en la calle 21 una cola de más de una cuadra. “Es que llegaron las papas”, me dijo una señora que estuvo más de una hora para que le entreguen medio kilo de ese alimento básico. Los que recibían entonces las mejores mercaderías eran los paladares, esos restaurantes improvisados en casas, que fueron los primeros negocios privados autorizados, y que de a poco se convirtieron en sofisticados restaurantes. Pero sin turistas no hay paladares. Quedaron unos pocos en pie. Apenas un puñado de cubanos puede ir ahora allí para alguna cena-aniversario.

El régimen armó una contramarcha en medio de las protestas y llamó al "combate" para defender su revolución (REUTERS/Colaborador)El régimen armó una contramarcha en medio de las protestas y llamó al “combate” para defender su revolución (REUTERS/Colaborador)

En junio, el gobierno decretó “temporalmente” que ya no se pueden utilizar dólares en efectivo, en una medida que es vista por economistas como la más restrictiva impuesta sobre la moneda estadounidense desde que estuvo penalizada durante el gobierno de Fidel Castro. A partir de ahora, los cubanos tendrán que utilizar otras divisas extranjeras (euros, en el 99% de los casos) para acceder a los escasos productos básicos que solo se encuentran en las tiendas MLC. Ni siquiera los turistas pueden canjear sus dólares en los bancos o en las casas de cambio ni utilizarlos en establecimientos estatales. De esta manera eliminó la medida más importante del plan de reestructuración económica implementado a inicios de año llamado “tarea ordenamiento”, que buscaba incentivar el trabajo, subir los salarios y fortalecer la dolarización. En cambio, disparó la inflación y agravó la escasez de alimentos, gasolina, medicamentos y productos básicos como la harina. Y complica aún más el pago de los vencimientos de la deuda de 5.800 millones de dólares que Cuba tiene con el Club de París, su mayor acreedor.

Las manifestaciones también tienen un sustento social-cultural. Todo comenzó la semana pasado cuando el popular cantante Yotuel Romero, que está fuera de la isla, pidió a sus seguidores que colocaran este fin de semana en sus redes sociales la etiqueta “#SOSCuba” para llamar la atención sobre la situación. Se viralizó. La protesta también tiene, como todo en Cuba, música propia. Se coreó la canción “Patria y vida”, abiertamente contraria al régimen de la isla y sus políticas, es una contraposición a la consigna revolucionaria cubana “Patria o muerte”. Fue creada e interpretado por artistas como Yotuel Romero, Descemer Bueno, Gente de Zona, Maikel Osorbo y El Funky. Hace referencia directa a la irrupción de agentes de a Seguridad del Estado, el 26 de noviembre de 2018, a la sede de la agrupación cultural Movimiento San Isidro para reprimir a los acuartelados que leían poesía y participaban en una huelga de hambre para exigir la liberación del rapero Denis Solís. Al líder del movimiento, Luis Manuel Otero Alcántara, fue recluido contra su voluntad más de un mes en un hospital de La Habana. El perfomer ya había estado en la cárcel y el domingo fue uno de los primeros en movilizar a través de Twitter: “Familia ahora mismo se calentó esta talla. Toda Cuba está en la pista. Me voy pal Malecón”.

Están dadas las condiciones para que ocurra en Cuba lo que sucedió en el Este europeo tras la caída del Muro de Berlín y la Unión Soviética. El resto es absolutamente imprevisible. La primavera árabe fue lanzada por la protesta de un vendedor de frutas tunecino a quien no lo dejaban vender en la calle, el levantamiento en El Líbano comenzó por el impuesto que quería imponer el gobierno a las conversaciones de WhatsApp y en Chile el aumento en las tarifas del metro.

Gustavo Sierra
INFOBAE
FOTOT TAPA : EL ESPAÑOL

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Internacional

EL RECUERDO DE LA PERIODISTA MARPLATENSE QUE VIVIO EL HORROR DEL 11-S

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Las sirenas, las corridas, las personas cubiertas de polvo. Pero sobre todo el olor. Un olor a humo constante, dulce, muy fuerte, que lo impregnaba todo. Ésos son los primeros recuerdos que se le vienen a la mente a Patricia Muñoz, periodista marplatense radicada hace 28 años en Estados Unidos que el 11 de septiembre de 2001 trabajaba a medio kilómetro del World Trade Center (WTC), en el momento en que dos aviones secuestrados por terroristas identificados con Al Qaeda impactaban en las Torres Gemelas de Nueva York.

“A los 6 meses volví a ese lugar y todavía se sentía ese olor en el aire; necesité varias semanas, si no meses, para procesar todo eso”, dice en una entrevista con LA CAPITAL.

“Ese martes era un día hermoso, esa semana habían comenzado las clases –reconstruye-. Mi jefe era chileno así que estábamos hablando de que en Argentina se celebraba el ‘Día del Maestro’ y que en Chile era el aniversario del atentado contra Salvador Allende”.

Patricia -que tenía 35 años- traducía y redactaba noticias financieras en español para la compañía Dow Jones desde una oficina ubicada en el Harborside Financial Center –una extensión del WTC del otro lado del Río Hudson-, a 15 minutos de las Torres en tren y media hora de a pie.

A las 8.46, mientras elaboraba el comentario de preapertura de los mercados, escuchó el estruendo de un golpe y, desde un ventanal que daba al World Trade Center, vio salir humo de la Torre Norte.

Pensó que se trataba sólo de un incendio.

“Una de las premisas en Dow Jones es que para que algo sea noticia tiene que ‘mover los mercados’. Mi jefe pensó que esto no los movería, así que cada uno siguió con lo que estaba haciendo”, repasa.

Pocos minutos después llegó el segundo sacudón.

Entonces vio el avión: era el vuelo 175 de United Airlines con destino a Los Ángeles comandado por cinco miembros de Al Qaeda que, a más de 800 kilómetros por hora, se metía de lleno en la Torre Sur, dejando en claro que se trataba de un atentado.

“El polvo del aire se quedaba pegado en la nariz”

Imposible imaginar en ese primer instante la magnitud de lo que estaba pasando, difícil pensar que se trataba del peor ataque terrorista hacia Estados Unidos, un suceso que, a poco de iniciado el siglo XXI, marcaría a fuego la historia mundial.

Luego se supo que los aviones secuestrados fueron 4 y que, además de las Torres Gemelas, impactaron en el Pentágono de Washington y en un campo de Pensilvania, dejando un total de 2.977 muertos y más de 25 mil heridos.

“Estábamos en New York”, dice Patricia. “Y siempre pasa algo en New York. Dos días antes teníamos a un francés colgado de la Estatua de la Libertad con un paracaídas”, recuerda.

Por eso -asegura- “tardamos un poco en caer. Creo que el humo estuvo por mucho tiempo y lo tapó todo; el día que se fue y quedó el agujero donde estaban las Torres nos dimos cuenta de que ahí había algo enorme”.

Lo que siguió después es conocido.

“Nos evacuaron a todos. La calle era un caos total, un descontrol de sirenas, había gente llena de polvo y el polvo del aire se te quedaba pegado en la nariz”, recapitula.
Y agrega que “durante semanas tuvimos ese olor a humo constante, como dulce, muy raro. Y las luces… ya en la ruta se veían los reflectores porque los rescatistas estaban toda la noche buscando cuerpos”.

“Necesité varias semanas, si no meses, para procesar todo eso”, sostiene la periodista marplatense.
“A los 6 meses volví al lugar y todavía se sentía ese olor en el aire”, remarca.

“Todo el mundo se vio afectado de alguna manera”

Ese 11 de septiembre el mundo siguió la caída de las Torres a través de las pantallas de TV, decenas de personas fotografiaron o filmaron diferentes secuencias y aún hoy sigue apareciendo material inédito con registros del momento.

Patricia cuenta que “nosotros teníamos celulares pero nadie tenía conexión porque las antenas estaban en el World Trade Center, así que cuando me pude comunicar con mi marido ya había sacado a las chicas (que tenían 2 y 5 años) de la escuela y mi vieja ya había llamado, desesperada”.

También se acuerda de que recién pudo regresar a su casa a la medianoche, cuando despejaron las rutas.
“Tuve que devolver varios llamados y, al día siguiente, volver a mi lugar de trabajo”, revive.

El ventanal de su oficina por el que vio el ataque quedó cerrado porque a muchas personas les producía dolor evocar esa imagen.

“Todo el mundo quedó afectado de alguna manera”, considera.

“Yo vivo en un pueblo muy chiquito, en Old Bridge. Allí perdimos a 8 personas y hay pueblos que perdieron a muchísima gente”, acota.

“El miedo duró poco”

Dos décadas después, Muñoz describe las impresiones que le dejó el atentado.

“Tuve la sensación de que esto iba a cambiar la historia de Estados Unidos, y realmente así fue”, resalta.

Y analiza que “acá había una sensación de que todo lo malo que pasaba, pasaba afuera, entonces fue duro para mucha gente entender que no estaban tan seguros acá, que no era tan fácil aislarse del mundo y protegerse”.

La periodista, que actualmente trabaja en la Universidad estatal Rutgers de New Jersey, destaca en ese sentido que lo que más afectó a la sociedad estadounidense fue la pérdida del sentimiento de seguridad.
Yo siempre cuento que vengo de un país en el que la gente está acostumbrada a que las cosas salgan mal, y que por eso tiene un plan B, C, D y E. Pero acá creen que todo va a salir bien todo el tiempo”, dice, y explica que “luego vi que el miedo duró poco porque había que salir adelante, había que levantar el país, algo muy propio del orgullo norteamericano”.

“En ese momento –recuerda- el presidente George Bush dijo: ‘todo el mundo al shopping a gastar plata porque es la única manera en que saldremos adelante. Si todos se encierran en sus casas con miedo y dejan de comprar, esto se paraliza y ganan ellos’”.

“Ése fue el mensaje”, concluye.

El debate a 20 años

A 20 años del atentado a las Torres Gemelas y el Pentágono, cada decisión vinculada a conmemorar el 11 de septiembre es puesta a consulta y debate social.

“Cada cosa pequeña que se hace era y es una conversación, es todo muy sensible”, dice Patricia Muñoz desde Nueva York.

En ese marco recuerda que, después del 11-S, “estuvimos una semana en la que lo único que mostraba la televisión durante las 24 horas eran las Torres cayendo. Al año se dejaron de mostrar, incluso se borraron de las películas, y a los 5 años se volvió a hablar nuevamente del tema”.

“Al mismo tiempo se empezó a debatir qué iba a pasar en New York, si se haría un cementerio, un Memorial, cómo se iba a conservar…”, relata a LA CAPITAL.

Y explica que “hace 10 años se decidió que se terminaba la recordación del 9/11 y que, en cambio, se empezaba a enseñar el 9/11 en las escuelas porque ya los chicos que entraban no lo habían vivido”.

En este aniversario volverán a brillar las luces: se trata de dos haces de luz azul que simulan a las Torres Gemelas.

“Con el tema del Covid viene todo más controlado, pero sí los familiares van a leer los nombres de las personas fallecidas, lo cual ya la convierte en una ceremonia de casi 3 horas”, cuenta Patricia.

Y destaca que “todavía hay gente en New York que ese día no va a trabajar, que se toma el día de forma especial”.

FUENTE: Nota de la periodista Luciana Mateo, protagonista de la historia para La Capital.

 

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Deportes

FUNCIONARIOS DE SANIDAD SUSPENDEN EL PARTIDO BRASIL – ARGENTINA ENTRANDO AL CAMPO DE JUEGO. LA SELECCION RUMBO AL AEROPUERTO

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Lo ocurrido en el partido por las eliminatorias del mundial Qatar 2022 entre Argentina y Brasil sirve para entender definitivamente que el futbol no está por encima de las leyes.

Hace muchos años que los organismos que rigen el fútbol mundial pretenden colocarse por encima de las leyes de los países, como si FIFA, CONMEBOL, UEFA, CONCACAF o las ligas locales -en nuestro caso la AFA– fuesen estados supranacionales que se rigen por sus propias normas y con  criterio de soberanía jurídica.

Nada más lejos de la realidad y nada tan propio de un actividad comandada por personas que hacen de la moral pública, el respeto institucional y el cumplimiento de las leyes un festín de burlas e incumplimientos que solo el fanatismo de los seguidores del fútbol -que convierte en irracionales a los seres humanos a la hora de expresar amor a sus colores- puede terminar por ocultar o soslayar.

Si a ello le sumamos un periodismo inculto e incapaz de enhebrar un pensamiento que no pase por la genuflexión a los ídolos de turno y la falta de voluntad de aprender, estudiar y tratar de tener una mirada un poco menos epitelial que la de los barrabravas, tendremos un cóctel explosivo que terminará dejando el amargo sabor de la soberbia, la brutalidad y la confusión mental.

Un periodismo que clamaba que las autoridades brasileñas «debieron avisar antes» como si la publicidad de las leyes no fuese, en el mundo entero, «aviso» suficiente de la obligatoriedad de cumplirlas. O como, en el paroxismo de la estupidez y la incultura, afirman en TyC Sports que «el gobierno de Brasil se permitió pasar por arriba de normas dictadas por la CONMEBOL» (sic).

Solo así puede entenderse que, pese a la intimación del estado soberano del Brasil, acerca de la obligatoriedad por parte de cuatro jugadores argentinos de cumplir con una cuarentena fijada por un decreto presidencial, las autoridades de la AFA y de la CONMEBOL hayan resuelto que una decisión de ambas organizaciones podía pasar por encima del ordenamiento legal del país anfitrión.

La Confederación Brasilera de Fútbol supo ser más prudente: los jugadores de su seleccionado que pertenecen a clubes del Reino Unido no fueron convocados por Tite para evitar que a ellos les ocurriese lo que terminó aconteciendo con los argentinos. No todos son tan burros ni todos tan soberbios…

Y así, mientras el mundillo argentino perorateaba dentro y fuera de la cancha hablando de injusticias, confundiendo asociaciones futboleras con estados constitucionales y soberanos, haciendo un guiso en el que un comunicado de la CONMEBOL se cocinaba con el mismo hervor que una ley brasilera y pretendían «análisis finos» frente a una torpe violación de parte de la delegación argentina de una disposición legal clara y pública del estado brasilero, que terminó en este verdadero papelón.

Y aunque sea antipático decirlo -es sabido que no hay nada que enfurezca más a un argentino que una verdad que no le conviene- si se respetan los reglamentos vigentes nuestro seleccionado perderá los puntos ya que abandonó el campo de juego, cosa que los brasileros se cuidaron mucho de hacer, y ello es lo que fijan las normas internacionales.

Para la FIFA si un partido se abandona antes del medio tiempo, el partido se volverá a jugar, a menos que, en opinión del árbitro, uno o ambos equipos participantes hayan provocado el abandono del partido. 

¿Alguien puede creer que la continuidad del team brasilero en la cancha no esté vinculada a un claro consejo legal de su dirigencia para no abandonar el campo, y por consiguiente el partido, habilitando la posibilidad de seguir el encuentro en otra fecha?. Los únicos que se fueron, y por lo tanto abandonaron, son los nuestros.

Pero ese ya es otro tema y se verá que es lo que ocurre. Por ahora lo importante es que entendamos de una vez por todas que el fútbol no está por encima de la ley, que sus organizaciones pueden ser multinacionales pero no están por sobre los estados y que ya es hora que cosas como la compraventa de seres humanos, la prohibición de que los clubes federados recurran a las leyes nacionales cuando ven afectados sus derechos y la organización de acontecimientos internacionales no son parte de un mundo propio y mucho menos que de una visión caprichosa del estado de derecho. Fuente: Adrian Freijo para Libre Expresion.

 

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ORGULLO DE PLATA MARPLATENSE

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En el Centro Acuático de Tokio, Matias de Andrade hizo historia para el deporte Argentino y de Mar del Plata ganando la medalla de plata en los 100 metros espalda categoría S6 de natación. En su segunda final consecutiva de Juegos Paralímpicos -previamente lo hizo en Río de Janeiro 2016- cronometró 1:15.40 para subirse al podio y revalidar los antecedentes internacionales que posee hace una década.
Desde la serie eliminatoria De Andrade mostró un gran nivel. Tanto, que mejoró en un segundo su mejor marca personal con 1:14.38, lo que le permitió acceder a la final con el segundo mejor tiempo.

Año tras año, competencia tras competencia, el nadador marplatense ha mostrado consistencia en su performance en los 100 espalda. Y en su tercer Juego Paralímpico logró su tan anhelada medalla en el máximo evento deportivo a nivel mundial. Una medalla que, para Mar del Plata, se negaba desde Atenas 2004, cuando Betiana Basualdo fue bronce en los 100 metros libres categoría S2.

Matías De Andrade tiene en su palmarés tres medallas en Juegos Parapanamericanos. Fue plata en Guadalajara 2011 y Toronto 2015, y oro en Lima 2019.
3 de septiembre de 2021

Matías De Andrade se metió en la historia grande de los Juegos Paralímpicos.

En el Centro Acuático de Tokio, Matias de Andrade hizo historia para el deporte Argentino y de Mar del Plata ganando la medalla de plata en los 100 metros espalda categoría S6 de natación. En su segunda final consecutiva de Juegos Paralímpicos -previamente lo hizo en Río de Janeiro 2016- cronometró 1:15.40 para subirse al podio y revalidar los antecedentes internacionales que posee hace una década.


Desde la serie eliminatoria De Andrade mostró un gran nivel. Tanto, que mejoró en un segundo su mejor marca personal con 1:14.38, lo que le permitió acceder a la final con el segundo mejor tiempo.

Año tras año, competencia tras competencia, el nadador marplatense ha mostrado consistencia en su performance en los 100 espalda. Y en su tercer Juego Paralímpico logró su tan anhelada medalla en el máximo evento deportivo a nivel mundial. Una medalla que, para Mar del Plata, se negaba desde Atenas 2004, cuando Betiana Basualdo fue bronce en los 100 metros libres categoría S2.

Matías De Andrade tiene en su palmarés tres medallas en Juegos Parapanamericanos. Fue plata en Guadalajara 2011 y Toronto 2015, y oro en Lima 2019.

Es doble medallista en campeonatos Mundiales de paranatación: plata en México 2017 y bronce en Londres 2019, y además finalista en Montreal 2013 y Glasgow 2015.

Y tiene tres participaciones en Juegos Paralímpicos con un 12° puesto en Londres 2012, la 7ma colocación para el diploma en Río 2016 y ahora la medalla de plata en Tokio 2020. El Atlantico

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