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Por qué submarinos rusos merodean los cables de Internet en el océano Atlántico

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Mientras Moscú se prepara para desconectarse de Internet como simulacro de guerra cibernética, qué ocurre con los crecientes reportes de sospechosa actividad alrededor del sistema que conecta al mundo y cómo podría ser afectado

 

Luego de que el gobierno ruso anunciara sus intenciones de desconectarse temporalmente de internet como ensayo de seguridad ante una eventual guerra cibernética, diferentes medios recordaron los reportes sobre misteriosos submarinos que en los últimos años han merodeado los cables submarinos de la red global.

Al menos desde que las relaciones entre Occidente y Rusia comenzaron a deteriorase en 2014, cuando Moscú anexó la península de Crimea y fue acusado de intervenir en el conflicto separatista  en Ucrania, los reportes de submarinos ubicados en puntos estratégicos del sistema de conexión han aumentado y provocado preocupación entre los miembros de la Alianza del Atlántico Norte (OTAN), que en respuesta han reactivado un comando naval utilizado en tiempos de la Guerra Fría.

En especial se habla de los mini submarinos Mir-1 rusos, según recuerda la cadena australiana News, que han sido detectados en diferentes puntos estratégicos donde el corte de los cables podría significar una desconexión entre Europa y Estados Unidos o incluso una caída general de internet.

Un daño al sistema de cabes submarinos podría afectar seriamente o incluso cortar el acceso a internet

Un daño al sistema de cabes submarinos podría afectar seriamente o incluso cortar el acceso a internet

Estos aparatos son transportados por submarinos más grandes y desplegados en el fondo del mar.

Una amenaza creciente

Algunos de los primeros reportes surgieron en 2015 en el períodico The New York Times y en el portal Huffington Post, cuando se habló de un creciente interés de submarinos y buques espía de la marina rusa en los cerca de 400 cables submarinos de internet en todo el mundo y a través de los cuales se realizan transacciones por 10 billones de dólares diarios.

“Las razones tácticas son claras. En caso una escalada de tensiones, el acceso al sistema de cables submarinos representa una fuente rica de inteligencia, la posibilidad de crear enormes problemas en la economía del enemigo y una inflada de pecho simbólica para la marina rusa“, señaló en aquel entonces el almirante estadounidense retirado Jim Stavidris al Huffington Post.

Mientras que el portavoz de la marina de Estados Unidos, William Marks, dijo al New York Times que “sería una preocupación escuchar que cualquier país esté manipulado los cables de comunicaciones“, aunque declinó ofrecer más detalles sobre “operaciones clasificadas”.

El mapa de los 420 cables submarinos del sistema actual de comunicación (TeleGeography)

El mapa de los 420 cables submarinos del sistema actual de comunicación (TeleGeography)

En diciembre de 2017 un oficial de las Fuerzas Armadas del Reino Unido advirtió que un ataque en el sistema “afectaría de inmediato y potencialmente en forma catastrófica” a la economía global, reportó News.

A finales de ese mismo año el Washington Post también reportó sobre las actividades rusas cerca de los cables de intenet, recordando que la actividad submarina en general del Kremlin ha llegado recientemente a los niveles más altos desde la Guerra Fría.

Estamos viendo actividad submarina rusa en los alrededores de los cables submarinos en un nivel que nunca habíamos visto. Rusia está claramente aumentando su interés en la infraestructura submarina de la OTAN y sus aliados”, indicó al periódico el almirante Andrew Lennon, comandante de la fuerza de submarinos de la OTAN.

En 2018 los reportes de actividad submarina rusa se multiplicaron y generaron una mayor preocupación entre lo países europeos y la OTAN.

Un minisubmarino ruso Mir 1

Un minisubmarino ruso Mir 1

También lo hizo en los Estados Unidos, aunque, como reporta The National Enquirer, el país no ha denunciado con ímpetu este fenómeno ya que Washington fue el primero en merodear cables submarinos durante la Guerra Fría. En aquel momento algunas de sus unidades, como el USS Halibut, estaban especializadas en acceder a estos sistemas de conexión para obtener inteligencia.

Tal es el peligro advertido por las potencias occidentales que en 2018 Washington aprobó la construcción de un segundo barco especializado en reparación y tendido de cables, e incluyó a un constructor de mini submarinos en sus sanciones a Rusia, señaló el National Enquirer.

De acuerdo a esta misma publicación, los submarinos rusos responden al Directorio de Investigación Submarina Profunda (GUGI) de la marina, y no se conocen exactamente sus capacidades.

¿Cuál es el daño posible?

Cortar los cables es una tarea relativamente sencilla, pero acceder a ellos buscando información requiere de equipos más sofisticados, especialmente para evitar que el agua de mar no llegue al interior.

El submarino ruso Krasnodar (Ministerio Defensa Rusia)

El submarino ruso Krasnodar (Ministerio Defensa Rusia)

Pero aún si un país tuviera la voluntad de cercenar el sistema y colapsar internet,tampoco sería fácil. La destrucción de cables, ya sea por cuestiones climáticas, accionar de los peces o errores del hombre es rutinaria: se cree que sólo en el Atlántico se rompen 50 año al año.

Incluso en 2007 un grupo de pescadores cortaron por accidente el principal cable que conecta a Vietnam, dejando al país con un acceso muy limitado a internet por meses.

Por otro lado, Taiwán, que mantiene una larga disputa política e histórica con China,manifestó a comienzos de este año su temor a que Beijing pudiera cortar los cables submarinos para afectar a la isla, según reportó el medio Asia Sentinel.

“La posibilidad de que China dañe o corrompa cables y otra infraestructura que conecta a Taiwán con el mundo no debe ser subestimada por la comunidad internacional”, destacó en enero el analista Tzeng Yi-suo del Instituto Nacional de Defensa e Investigación en Seguridad, un think tank estatal en Taipei.

Líderes de los países miembros de la OTAN en una cumbre de 2018. La alianza está preocupada por las actividades submarinas de Rusia (Reuters)

Líderes de los países miembros de la OTAN en una cumbre de 2018. La alianza está preocupada por las actividades submarinas de Rusia (Reuters)

Por causa de los frecuentes daños, el sistema opera con un nivel de redundancia alto, es decir que en cualquier momento la capacidad de los cables y su cantidad es superior a la necesaria, para que el tráfico de información puede ser rápidamente redireccionado en caso de un problema.

El esfuerzo para cortarlo totalmente debería, en consecuencia, ser enorme, aunqueexisten algunos puntos estratégicos de mayor concentración donde sería más practicable.

Más verosímil, sostiene The National Enquirer, sería el ataque de Rusia a redes específicas, como el cable DoDIN utilizado por del Departamento de Defensa de Estados Unidos o el SOSUS que la OTAN utiliza apara monitorear movimientos de submarinos.

Otro signo del aumento de las tensiones. Un F-22 Raptor de la fuerza aérea de Estados Unidos interceptando a un bombardero ruso Tu-95 que se acercó al espacio aéreo estadounidense

Otro signo del aumento de las tensiones. Un F-22 Raptor de la fuerza aérea de Estados Unidos interceptando a un bombardero ruso Tu-95 que se acercó al espacio aéreo estadounidense

Las tensiones no se limitan a las profundidades del mar. De hecho, los vuelos de reconocimiento de cazas y bombarderos rusos en las fronteras entre Rusia y la OTAN vienen también en alza, así como también la actividad de la flota de superficie rusa.

Un red vital para la comunicaciones del mundo, pero no la única

Los primeros cables submarinos de comunicación fueron tendidos en 1851 y desde entonces la red global no ha parado de crecer en tamaño y tecnología, conectando a todo el planeta de forma casi instantánea.

En la actualidad hay unos 420 cables que cubren un total de 1.100.000 kilómetros de distancia, de acuerdo al sitio especializado TeleGeography. Convive como una alternativa más barata al sistema de comunicación satelital que seguiría en pie en caso de un colapso del primero.

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Glenn Greenwald: “En The Intercept antes que a periodistas contratamos a expertos en seguridad tecnológica”

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El hombre que destapó el espionaje masivo del Gobierno estadounidense, ahora pone contra las cuerdas al ministro de Justicia de Brasil, Sergio Moro, el juez que sentenció a prisión al expresidente Lula

Por: Naiara Galarraga Gortázar

En los últimos seis años, el abogado Glenn Green­wald (Nueva York, 1967, foto) se ha convertido en una figura fundamental del periodismo de investigación. Instalado en Río de Janeiro desde hace 15 años, a él acudió en 2012 el analista Edward Snowden con los documentos que destapaban los programas de vigilancia masiva del Gobierno de Estados Unidos porque había leído su trabajo. La publicación de esa historia en The Guardian le valió un Pulitzer y derivó en la creación del medio digital The Intercept. Ahí es donde desde hace un mes publica su última gran historia: los mensajes que intercambiaron Sergio Moro, el juez que condenó al expresidente Lula da Silva a prisión y es un símbolo de la lucha anticorrupción, y los fiscales de la investigación Lava Jato, la vertiente brasileña con la que arrancó el caso Odebrecht. Moro colgó la toga para ser ministro de Justicia con el presidente Jair Bolsonaro y acaba de anunciar que se toma cinco días de permiso sin sueldo, a partir del lunes 15 de julio, para resolver “asuntos particulares”. Desde que sacó la exclusiva, Greenwald es un villano para quienes ven a Moro como un héroe. Y viceversa.

El periodista, que ha firmado media docena de libros y es conocido por ser un feroz y heterodoxo crítico del poder y las élites, no teme la polémica, y ha señalado enfáticamente los errores de los demócratas y de los medios tras la elección de Trump. Ha denunciado que el movimiento anti Trump es “la primera #resistencia en la historia que venera a las agencias de seguridad estatales”. Es decir, que ha confiado, entre otros, en el exdirector del FBI Robert Mueller.

En Brasil, Greenwald es además el marido de un diputado de izquierdas, David Miranda, con el que adoptó dos niños y ha formado una familia. Desde que destapó la información de Moro, lleva seguridad armada. El sonido de la lluvia torrencial punteado por ladridos —viven con una veintena de perros— es el trasfondo de esta entrevista en la casa familiar, en Río de Janeiro.

¿Cómo recuerda el instante en que recibió la filtración sobre Sergio Moro?
Fue algo muy parecido a lo que sentí al recibir los archivos de Snowden. Incredulidad. En periodismo logras buenas historias, pero muy rara vez son rompedoras. Esta vez sabía que esto sería una bomba en Brasil porque lo que leía no solo era impactante, sino que implicaba a quien probablemente es la persona más respetada y poderosa del país, más incluso que el presidente. Sabía que iba a ser muy controvertido. Él es probablemente quien da credibilidad y legitimidad al Gobierno de Bolsonaro.

¿Los papeles los depositaron en los buzones de su web?, ¿Lo llamaron?
No puedo contar nada para proteger a la fuente.

“El juez brasileño Sergio Moro sabe que yo sé todo lo que dijo e hizo. Y que lo vamos a contar”

Se dice que el equipo se reunió en un hotel porque el archivo es inmenso y necesitaban secretismo y muchos ojos.
Lo primero siempre es la seguridad. En The Intercept antes que a periodistas contratamos a expertos en seguridad tecnológica. Incluso si la policía brasileña se llevara mi ordenador y mis teléfonos, nunca sería capaz de llegar al archivo porque está seguro, fuera de Brasil, en muchos lugares distintos. Viendo el tamaño, comprendimos que era necesario asociarnos con otros medios, también para asegurar nuestra propia protección.

Se asociaron con el mayor diario, Folha de S. Paulo, y el mayor semanario, Veja.
Sí, y ellos tienen equipos grandes que han cubierto la Operación Lava Jato durante años. Cuantos más periodistas implicas en un tema, más profundo será el periodismo que haces.

The Intercept incluye en su web instrucciones detalladas para que las fuentes puedan hacerles llegar filtraciones.
Sí, pero enfatizamos que no existe la seguridad absoluta, al 100%. Y esto es algo que el propio Sergio Moro acaba de descubrir; él usaba el sistema de mensajes Telegram porque pensaba que era totalmente seguro.

“En Brasil, la gente me asocia con la izquierda y en EE UU a veces creen que estoy a la derecha”

El ministro Moro se ha defendido diciendo que su comportamiento como juez puede sorprender en otros países, pero que es lo habitual, lo tradicional, en Brasil.
Esta tradición que él dice que existe es rechazada por el código de conducta judicial que exige imparcialidad a un juez. Explícitamente se prohíbe lo que él dice que es común y tradicional: básicamente que un juez colabore con una de las partes. Pero más significativo aún resulta que durante los últimos 4-5 años ha habido sospechas, sin pruebas, de que Moro estaba colaborando con los fiscales y él nunca dijo que fuera “una tradición”. Lo negó vehementemente.

¿Le preocupa que su imparcialidad como periodista sea cuestionada porque su marido es político?
Nunca he creído que los periodistas deban fingir no tener opiniones. En cierta medida es más honesto ser abierto sobre tus puntos de vista. Y algo que me parece gracioso es que en Brasil la gente me asocia con la izquierda, mientras que en EE UU a veces creen que estoy en la derecha porque voy a la cadena Fox.

Ha habido una gran campaña intimidatoria en su contra en la que han participado dos hijos del presidente sin que este o el ministro de Justicia lo pararan. ¿Tiene miedo?
En periodismo siempre corres riesgos. Y, si te enfrentas a cualquiera en el poder, puede castigarte o vengarse. Nosotros decidimos que merecía la pena asumir el riesgo. Creo que este Gobierno es represor y autoritario, y creo que Moro ha demostrado que está dispuesto a violar todas las leyes. Pero lo que les hace peligrosos es que ahora se sienten desesperados. Moro sabe que yo sé todo lo que dijo e hizo. Y que lo vamos a contar.

¿Qué le trajo a Brasil?
Vine siete semanas para aclararme. Mi primer marido y yo nos habíamos separado, tenía 37 años, estaba aburrido de ser abogado… Conocí a David el primer día, nos enamoramos y en aquel momento EE UU tenía una ley de Clinton que prohibía al Gobierno federal dar cualquier beneficio a parejas del mismo sexo. David no podía obtener un visado para EE UU. Pero los tribunales de Brasil sí habían creado una norma que daba derecho a la residencia permanente a las parejas del mismo sexo. Brasil era la única opción de estar juntos.

¿El periodismo de investigación es más difícil que en los tiempos de Wikileaks o de Snowden?
En el sentido tecnológico es más sencillo, pero en el legal, más difícil. Una de las genialidades de Wikileaks es que Assange fue el primero en ver que, gracias al almacenamiento digital, las filtraciones masivas de información de instituciones poderosas serían el nuevo motor del periodismo en la era digital. Uno de mis héroes de infancia era Daniel Ellsberg, que filtró decenas de miles de páginas de los papeles del Pentágono. Tardó meses en copiar los documentos clasificados. A Snowden le llevó un par de horas. Pero los poderosos, cada vez más amenazados por esa facilidad para las filtraciones masivas, se están volviendo más agresivos a la hora de criminalizar el periodismo de investigación.

¿Assange es un periodista? Este es un asunto central en el debate sobre su caso judicial.
Creo que ha hecho periodismo. No creo que un periodista deba tener formación específica como la que tiene un médico o un abogado. Cualquier ciudadano puede revelar información de interés público. Assan­ge ha trabajado con periódicos de todo el mundo, The New York Times, The Guardian, El País…, no como una fuente, sino como socio periodístico. No tengo una relación muy estrecha con él, pero soy una de las pocas personas que, pese a criticarle puntualmente, siempre he defendido la importancia de su trabajo. En 2018, David y yo pasamos tres días con él en la Embajada (de Ecuador en Londres).

“Edward Snowden es la persona más feliz que conozco porque tomó una decisión valiente”

¿Y con Snowden?
Tengo mucha relación. Junto a Daniel Ellsberg, Laura Poitras y otras personas creamos una organización para la libertad de la información con la que Snowden trabaja. Estuve en Moscú hace un año y pasamos un día normal como amigos, fuimos al parque Gorki… Cuando le visité la primera vez, estaba bajo una presión extrema y no se sentía cómodo ni siquiera saliendo a la calle. Hoy no puede irse de Rusia porque sería detenido, pero es la persona más feliz que conozco porque, con coraje y sacrificio, tomó una decisión valiente y fue plenamente consciente de ello.

¿Cuánto del presupuesto de The Intercept lo cubren los lectores y cuánto Pierre Omidyar, el dueño de eBay, que financió el proyecto?
Claramente, la mayor parte viene todavía de nuestro fundador. Pero esto se va equilibrando porque crece el apoyo de los lectores. Aquí, en Brasil, ha explotado.

Para sus hijos, ¿cómo es crecer en el Brasil de Bolsonaro con dos padres que además son conocidos?
Pensamos en ello antes de adoptarlos, cuando Bolsonaro aún no era presidente pero ya había un creciente movimiento de la derecha. En Brasil quieren presentar a la comunidad ­LGTBIQ como una amenaza para los niños. La familia que hemos creado dinamita esa demonización. Es nuestra obligación mostrar que las familias LGTBIQ pueden ser completas y felices.
Foto: Ariel Subirá
Fuente: Diario El País

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El Gobierno creó el Comité de Ciberseguridad: Hezbollah y las elecciones nacionales, entre sus prioridades

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Estará integrado por representantes de la jefatura de Gabinete, Cancillería y los ministros de Seguridad, Justicia y Defensa

Mauricio Macri ya asumió que los secretos de Estado pueden violarse a distancia y con una computadora potente y decidió la creación de un Comité de Ciberseguridad para proteger información clave del país y evitar que hackers globales o locales trastornen la vida cotidiana de 40 millones de argentinos.

Este nuevo organismo estará a cargo del secretario de Modernización, Andrés Ibarra,y tendrá representantes de Fulvio Pompeo (Secretaría de Asuntos Estratégicos), Jorge Faurie (Cancillería), Oscar Aguad (Ministerio de Defensa), Germán Garavano (Ministerio de Justicia y Derechos Humanos) y Patricia Bullrich (Ministerio de Seguridad). Aunque no esté mencionado oficialmente, Gustavo Arribas (Agencia Federal de Inteligencia) también aportará a sus expertos en tecnología e informática.

Hezbollah y elecciones generales 

Durante la realización del G20 en Buenos Aires, los principales resortes del Estado recibieron entrenamiento y sofisticado software diseñado en Estados Unidos, Israel y ciertos países de Europa. Bullrich, Aguad y Arribas estuvieron al frente de la defensa de la información en la cumbre de presidentes, y el escudo tecnológico funcionó pese a que estuvieron bajo fuego enemigo durante todo el foro global.

Macri ahora decidió redoblar los esfuerzos tecnológicos y puso como prioridad la defensa cibernética frente a posibles hackeos vinculados a Hezbollah y los comicios generales. El presidente tiene una alianza estratégica con Estados Unidos e Israel, y asimismo pretende que las elecciones transcurran sin incidentes y con información oficial en tiempo real.

Milicianos de Hezbollah en Medio Oriente

Milicianos de Hezbollah en Medio Oriente

Hezbollah es una organización terrorista que opera en Medio Oriente y tiene células dormidas y activas en la Triple Frontera, una zona limítrofe de la Argentina que se encuentra a dos horas de avión hasta Buenos Aires. Acorde a la investigación judicial en el causa AMIA, la organización Hezbollah participó en el ataque a la mutual judía.

El próximo 18 de julio se cumplen 25 años de ese atentado fundamentalista -que dejó 85 muertos y más de 300 heridos–, y Macri decidió crear una registro de organizaciones terroristas colocando a Hezbollah al tope de la lista oficial. Ese decisión de Estado -explican en Balcarce 50- implicará una reacción de Hezbollah que puede significar un masivo ataque cibernético que complique la seguridad y la vida cotidiana en la Argentina.

Además de un plan sistemático para enfrentar hackeos fundamentalistas, el presidente ordenó que se desplieguen los recursos necesarios para evitar que la información electoral corra peligro. No es que haya un peligro específico o puntual, pero Macri conoce qué sucedió con Hillary Clinton durante la campaña presidencial en Estados Unido.

La  Agencia Central de Inteligencia (CIA) confirmó que la candidata demócrata Clinton fue blanco de un equipo de hackers rusos que arruinaron su futuro electoral, y Macri asume que su estrategia geopolítica está mas cercana a la Casa Blanca que al Kremlin. En este contexto, el presidente ordenó que se trabaje 24 por 24 para determinar si los rusos ya están operando en territorio nacional.

Macri y Arribas: los dos están preocupados de la ciberseguridad por eventuales ataques de Hezbollah y hackers rusos. (Adrián Escandar)

Macri y Arribas: los dos están preocupados de la ciberseguridad por eventuales ataques de Hezbollah y hackers rusos. (Adrián Escandar)

No hay manual oficial ni cuarteles centrales

La creación del Comité de Ciberseguridad no significa la aparición de un organismo público con la responsabilidad de proteger los secretos de la Argentina. Tampoco existe un manual de funcionamiento, ni un sistema de software unificado para todo el Estado Nacional, y menos todavía un modelo de entrenamiento común para los funcionarios que trabajarán en el sofisticado terreno cibernético.

Se trata simplemente de una instrucción presidencial destinada a lograr la coordinación de dos secretarias de Estado y cuatro ministerios. El secretario Ibarra conoce de tecnología y Bullrich y Arribas pueden aportar sus expertos, pero no hay un lugar común de clearing de la información clave y diseño de estrategias comunes para enfrentar -como prioridad presidencial- las eventuales operaciones de Hezbollah o los expertos rusos.

Cada ministerio y secretaría remitirá la información estratégica a Ibarra, que a su vez informará al Presidente y mantendrá reuniones periódicas para ajustar los mecanismos de defensa cibernéticos. No hay un plan común ni una instrucción general. Solo una preocupación presidencial a pocos días del aniversario del atentado a la AMIA y a pocas semanas de las PASO.

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El derecho a la libertad de expresión en la era de las redes sociales

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El proyecto del nuevo Código Penal prevé la figura de apropiación de identidad a través de medios informáticos. Suple así un vacío legal que existe hasta el día de hoy.

La aparición hace varios años de las redes sociales ha expandido la posibilidad de difundir las ideas a lo largo del mundo con una velocidad sorprendente. Y así como determinados sistemas evolucionan rápidamente, otros, con los cuales interactúa, parecen quedar estancos.

La tecnología avanza a pasos agigantados, mientras que el sistema legal lo hace de manera muy lenta. Esta situación no puede ser freno para los sistemas novedosos. El derecho no puede frenar a la tecnología. Es responsabilidad de los legisladores adecuar las leyes para que no se produzcan lo que conocemos como vacíos legales.

Muchas veces se producen choques entre las nuevas tecnologías y el viejo derecho. Por ejemplo: el marketing y los novedosos buscadores de hábitos de consumo invaden la intimidad. Los drones se entrometen en la vida privada de los ciudadanos y las redes sociales encuentran su límite en las reglas de la libertad de expresión.

Las redes sociales se han convertido en paraísos democráticos, espacios en los cuales millones de personas expresan sus ideas, casi sin control alguno.

La utilización de las redes sociales y la posibilidad de difundir ideas plantean un nuevo conflicto en cuanto a la necesidad de la intervención del derecho a los fines de regular ese uso, y más específicamente si es necesaria la ultima ratio, el derecho penal.

Existen infinidad de conversaciones, eso ha logrado internet, y ese modo de comunicación no puede ni debe ser controlado. Así lo entendió la Corte de los Estados Unidos de Norteamérica, en el fallo Reno Vs. ACLU: “El gobierno no puede a través de ningún medio interrumpir esa conversación mundial sin barreras”.

¿La expresión de la Corte “sin barreras” implica sin límites? ¿Hasta dónde puede llegar esa afirmación “sin barreras”? ¿Hasta dónde la libertad de expresión, en el contexto de las redes sociales, puede convivir con el sistema legal “sin barreras”? ¿Es necesario un límite? Y en ese caso, ¿cuál sería ese límite?

En Argentina la ley 26032, sobre servicios de internet, en su artículo primero establece: “La búsqueda, recepción y difusión de información e ideas de toda índole, a través del servicio de internet, se considera comprendido dentro de la garantía constitucional que ampara la libertad de expresión”.

La libertad de expresión es un derecho fundamental reconocido en múltiples instrumentos internacionales, entre ellos la Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre; la Declaración Universal de Derechos Humanos y el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, todos incorporados a nuestra Constitución Nacional a través del artículo 75, inciso 22. Nuestra propia Carta Magna también protege ese derecho en sus artículos 14 y 32.

Toda persona tiene, conforme a esos instrumentos, derecho a comunicar sus opiniones por cualquier medio y forma. Por lo tanto, las leyes que penalicen la expresión atentan contra ese derecho; y nadie podrá ser menoscabado de manifestar su propio pensamiento. Aquí quiero subrayar la expresión “propio pensamiento”. Porque las redes sociales han traído dificultades en cuanto el ejercicio de ese derecho.

Porque si bien es un derecho sumamente amplio, la Corte Interamericana de Derechos Humanos reconoce que la libertad de pensamiento y expresión admite ciertas restricciones. Es decir, conductas que por ser abusivas del ejercicio del derecho de expresión pueden ser generadoras de responsabilidad.

En ese sentido, según el artículo 13.2 de la Convención Americana de Derechos Humanos, la libertad de expresión debe asegurar el respeto a los derechos o a la reputación de los demás y a la protección de la seguridad nacional, el orden público o la salud o la moral pública.

Pero las nuevas herramientas de internet han complicado estas circunstancias. Porque las redes han posibilitado el anonimato, pero es un anonimato que a la vez no queda solo en el no conocimiento de quien se expresa; es un anónimo pero cuya rápida difusión puede lograr paradójicamente que su mensaje se propague y sea conocido por muchísimas personas y en muy poco tiempo.

Veamos la ecuación: mensaje anónimo y llegada a infinidad de personas en instantes. Entonces, alguien ocultando su identidad podría dañar la reputación de otro en tan solo segundos.

Pero la situación puede agravarse aún más si, además de esconder la identidad del emisor del mensaje, se escuda en una identidad ficticia a través de la cual simula ser una personalidad pública o de mucha llegada al público general. Bajo el anonimato las personas se animan a decir cosas que, desvelada su identidad, no lo harían.

Claramente las redes sociales permiten crear este tipo de identidades, a través de las cuales puede hacerse pasar por otro para que su opinión llegue a más personas. No es lo mismo emitir un tuit bajo la identidad Juan que hacerlo bajo la identidad Maradona.

Podría decirse que no hay nada malo en ello, pero cuando las opiniones emitidas bajo la identidad de otro perjudican al verdadero titular de la identidad, entonces el derecho debe poner un límite. Y entonces la pregunta es si esa intervención del derecho además justifica que sea penal o solo quedará en una intervención del derecho civil.

Es decir, es necesario llegar hasta la ultima ratio del derecho penal, o basta una mera sanción civil. La discusión está dada en qué ocurre en estos casos, en los cuales alguien anónimo y bajo el pretexto de querer que sus opiniones lleguen a más followers o seguidores, utiliza la identidad de otro; o tan solo lo hace con la intención de perjudicar a quien sustituye.

Este año, el senador Miguel Ángel Pichetto fue protagonista de una situación parecida. Alguien utilizó una cuenta de Twitter que podía confundirse con la del hoy candidato a vicepresidente (@SenadorPichetto), y bajo ese nombre expresó opiniones relacionadas con el aborto, causándole, a criterio del senador, un perjuicio. Es decir que en la actualidad no se trata de un tema que deba ser dejado en el ámbito de la libertad de expresión, sino que va más allá de ello, cruza un límite. Se generan perjuicios y es ahí cuando debe ingresar el derecho.

El proyecto del nuevo Código Penal prevé la tipificación de estas conductas, así, en su artículo 492 establece que se impondrá prisión de seis meses a dos años o seis a veinticuatro días-multa, al que a través de internet, redes sociales, cualquier sistema informático o medio de comunicación, adoptare, creare, se apropiare o utilizare la identidad de una persona física o jurídica que no le pertenezca, con la intención de cometer delito o causar un perjuicio a la persona cuya identidad se suplanta o terceros.

El artículo llena el vacío legal. Sin embargo, se genera una nueva dificultad y es que su figura requiere la intención de cometer delito o causar un perjuicio. Qué ocurre entonces cuando quien usurpa la identidad virtual lo hace solo con la intención de llegar a más personas sin querer causar perjuicio, pero el sustituido sí cree haber sido agraviado o perjudicado. Bien, en esos casos, será la jurisprudencia la que irá marcando el camino, y los límites a este tipo de expresiones.
*El autor es abogado, especialista en Derecho Penal. Secretario del Juzgado Nacional en lo Criminal y Correccional Federal n° 4 de la Capital Federal

Fuente: Infobae

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