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Tarea Fina

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Con mucho trabajo defensivo, Peñarol fue construyendo un triunfo vital y valioso para la tabla ante Boca Juniors por 79-71. La rotación de su largo personal pudo suplir la ausencia de Nicolás Gianella y dominar a los internos de la visita
Autor:Pablo Tosal (ptosal@pickandroll.net)

Todo el primer cuarto fue muy parejo y coincidente también en la velocidad buscada por ambos. Al no estar Nicolás Gianella por una sobre carga en el isquiotibial de la pierna izquierda, Peñarol sabía que Zurschmitten no podía ser revulsivo sino más bien creativo y lógicamente le costó inicialmente adaptarse. Por eso el “milrayitas” lució más lento en los compases iniciales.

En Boca hubo una buscada distribución del juego y todos los jugadores anotaron dos puntos cuando llegó la igualdad en 10 puntos. Mientras que Peñarol se sostuvo con 6 puntos de Lamonte que encontró el tiro de media distancia para superar la pegada marca de Adrián Boccia. A falta de 3 minutos ingresó Vassirani por un improductivo Evans que desperdició mucho debajo del canasto. Mientras Peñarol rotó hasta con 5 jugadores del banco en el primer cuarto.

Las defensas se mantuvieron muy activas pero Peñarol sacó réditos con la polenta del pibe Juan Fernández, que volvió tras la lesión y logró llevarse el primer cuarto 17-16.

El segundo cuarto nació con 8 puntos seguidos de Eduardo Gamboa (dos triples) que abrieron la diferencia a 19-24 para que Leo Gutiérrez tenga que parar el partido con un minuto. Al regreso el entrenador mandó de nuevo Lamonte a la cancha y se produjo el debut de Martín Osimani.

Apareció por un buen momento la figura de Alejandro Alloatti en el local que le dio gol en el poste bajo a su equipo y logró (junto con Pettigrew) cerrar bien en defensa su canasto. Cuando Peñarol descontó el que tuvo que pedir minuto fue el Lobito Fernández (23-24).

Después de que el empate en 26 graficara la paridad del juego, otra vez el reingreso de Evans le dio un mazazo a las aspiraciones de Boca, justo en el momento en que Peñarol encontró sus tiradores externos. Dos triples (uno de Guaita y otro de Lamonte) más la aparición de Leiva lo llevaron a dominar el tanteador 34-28, lo que alargó el parcial para el local a 15-4.

Peñarol aprovechó el envión que dio vuelta el desarrollo y el tablero aguantando bien la mejoría del “xeneize” para quedarse con el primer tiempo por 41-36.

En el tercer cuarto los dos equipos, ya habiéndose sacado los dos round de estudios iniciales, decidieron acelerar un poco más el ritmo, si bien la premisa siempre fue hacer hincapié en el costado defensivo. Sobre todo Peñarol, que logró cerrar cada vez mejor su propio canasto.

Para salir del ahogo Boca empezó a valerse por la iluminación ofensiva de Eduardo “Tucu” Gamboa quien anotó 9 de los 13 puntos para dejar a su equipo solo a dos (51-49) y si bien el partido se hizo parejo, otra vez perdió brillo ofensivo y se trabó con las defensas (Y los nervios). Además hubo bajo vuelo ofensivo en los goleadores naturales de cada equipo, y el marcador empezó a contarse punto por punto. Por eso se festejó tanto el triple de Diego Guaita con que se cerró el tercer cuarto y le dio ventaja a Peñarol de 62-60 a pesar de perder el segmento 21-24.

En el tramo final Peñarol siempre mantuvo una luz de 5 a 8 puntos desde donde pudo administrar el juego. Llevó la delantera repartiendo el goleo y haciendo largo el equipo para que jamás baje la intensidad defensiva. Los posteos de Pettigrew o Leiva para sacar ventajas, las buenas combinaciones en penetración para el poste bajo, generalmente las acciones de 2 vs 2 le favorecieron a Peñarol, que no tuvo una noche encendida en ataque pero trato de ser lo más prolijo posible y si bien perdió 13 pelotas, cumplió con la premisa.

Boca no tuvo gol donde generalmente lo genera: Lampropoulos fue contenido y estuvo errático (1/6), lo mismo que Boccia (3/11) cuyos tiros de media distancia quedaban cortos o largos pero no le dieron gol al equipo. Dependiendo casi exclusivamente de lo que el “Tucu” Gamboa pudiera hacer el equipo perdió fuerza en el costado ofensivo. Y si bien tiró un 50% en triples en equipo (6/12) fueron pocos lanzamientos para compensar lo que no llegó en sus manos habituales.

De este modo Peñarol se queda con un partido que vale doble, ya que Boca lo antecede en la tabla y busca su puesto, sabiendo que en caso de empate siempre quedará por delante. Además, de apoco y gracias a su trabajo principalmente defensivo va escapando de las posiciones del fondo de la tabla.

Crónica: Pablo Tosal
Fotos: Gentileza Demian Schleider Prensa Peñarol

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LA SCALONETA NO PARA. GOLEADA DE LA SELECCION NACIONAL

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Es imposible de frenar. Messi, su equipo, el entusiasmo, la euforia que estalla en el Monumental. La ovación para Leo, para Dibu Martínez, para De Paul, para Di María, hasta para Scaloni (aplaudido con cantito incluido en pleno partido, sí). Es imposible de frenar esta ola celeste y blanca, ese ritmo, ese empuje, esa precisión en velocidad, esa voracidad. Es imposible de frenar, claro, porque el campeón está así, unido en una misma causa, en un puño apretado gritando por Argentina. La Selección derrocha confianza, optimismo, seguridad, energía, buena salud. Y da placer. Así aplastó a Uruguay 3-0. Y así, dio un paso más, uno enorme, a Qatar 2022.
Si ganó más que un partido es por las condiciones en las que se presentó el juego. Porque ganó (goleó y gustó) ante un rival que armó un cerrojo que parecía imposible de romper. Le ganó a una línea de cinco y a otra de cuatro, tiró una doble pared que buscó quebrarle la paciencia. Le ganó a un adversario que lo hizo sufrir, que puso a prueba a su arquero, cada vez más gigante, con tapadas decisivas . Y le ganó, como si fuera poco, a la presión de la tabla, porque en la previa se habían dado resultados favorables para cortar camino al Mundial. No le pesó.
La Selección se impuso a todo eso. Incluso, a las dudas iniciales de su defensa (luego Romero y Otamendi se afirmaron). Pero hay un aura tan positivo, que no sólo el palo ahora juega a favor (como en la de Suárez). también las asistencias se convierten en goles. En efecto, ese pase de Messi en cachetada para la entrada de Nico González que se le coló a Muslera, cambió el partido, partió a Uruguay, lo hundió. Sin embargo, fue Argentina el que provocó ese derrumbe. Con paciencia, con solvencia, con juego asociado, con decisión. Nunca se apartó de su libreto. Su rival, en cambio, sí se quedó sin él.
Si el gol de Messi fue un mazazo, el de De Paul seis minutos después fue un golpe de nocaut. A partir de ahí, fue todo de Argentina. Pero todo, absolutamente todo. Con un Messi inspirado, picante, imparable. Con un De Paul todoterreno, lugarteniente del capitán, intratable para meter y para jugar. Con un Lo Celso metido, preciso, siempre peligroso. Con un Lautaro Martínez que, sin estar en sintonía, igual selló la goleada. Y con un equipo comprometido, lúcido, en el que los que juegan demuestran por qué juegan y los que entran no desentonan.
El equipo de Scaloni se floreó a tal punto que la gente terminó gritando “ooole” al final del primer tiempo, en el final del partido y en varios pasajes más. Fueron tres, pudieron ser cuatro o cinco (Uruguay le terminó pidiendo clemencia), en el mejor partido de la Selección en las Eliminatorias. Por el rival, por el contexto, por lo que significa, porque en el camino a Qatar hoy le sacó siete puntos a Colombia, el quinto que se clasifica por repechaje (y falta ver los tres de Brasil).


Si ganó más que un partido es por las condiciones en las que se presentó el juego. Porque ganó (goleó y gustó) ante un rival que armó un cerrojo que parecía imposible de romper. Le ganó a una línea de cinco y a otra de cuatro, tiró una doble pared que buscó quebrarle la paciencia. Le ganó a un adversario que lo hizo sufrir, que puso a prueba a su arquero, cada vez más gigante, con tapadas decisivas . Y le ganó, como si fuera poco, a la presión de la tabla, porque en la previa se habían dado resultados favorables para cortar camino al Mundial. No le pesó.


La Selección se impuso a todo eso. Incluso, a las dudas iniciales de su defensa (luego Romero y Otamendi se afirmaron). Pero hay un aura tan positivo, que no sólo el palo ahora juega a favor (como en la de Suárez). también las asistencias se convierten en goles. En efecto, ese pase de Messi en cachetada para la entrada de Nico González que se le coló a Muslera, cambió el partido, partió a Uruguay, lo hundió. Sin embargo, fue Argentina el que provocó ese derrumbe. Con paciencia, con solvencia, con juego asociado, con decisión. Nunca se apartó de su libreto. Su rival, en cambio, sí se quedó sin él.


Si el gol de Messi fue un mazazo, el de De Paul seis minutos después fue un golpe de nocaut. A partir de ahí, fue todo de Argentina. Pero todo, absolutamente todo. Con un Messi inspirado, picante, imparable. Con un De Paul todoterreno, lugarteniente del capitán, intratable para meter y para jugar. Con un Lo Celso metido, preciso, siempre peligroso. Con un Lautaro Martínez que, sin estar en sintonía, igual selló la goleada. Y con un equipo comprometido, lúcido, en el que los que juegan demuestran por qué juegan y los que entran no desentonan.


El equipo de Scaloni se floreó a tal punto que la gente terminó gritando “ooole” al final del primer tiempo, en el final del partido y en varios pasajes más. Fueron tres, pudieron ser cuatro o cinco (Uruguay le terminó pidiendo clemencia), en el mejor partido de la Selección en las Eliminatorias. Por el rival, por el contexto, por lo que significa, porque en el camino a Qatar hoy le sacó siete puntos a Colombia, el quinto que se clasifica por repechaje (y falta ver los tres de Brasil).


“La Scaloneta, la puta que lo parió”, fue el grito que se sumó esta vez al “que de la mano, de Leo Messi…”. Hubo ovaciones para todos. Para los que salieron y para los entraron (porque el DT hasta se dio el lujo de cuidar jugadores antes uno de los rivales más fuertes). Y para cada jugada que tenía olor a gol. Como si todo pasara en Disney y no en el Monumental…

Argentina, en este nivel, no sólo defiende con honores el título de campeón de América. No sólo sigue invicto en 24 partidos. Confirmó que hoy es la mejor selección del continente, aunque la tabla diga lo contrario. Y no sólo mira el Mundial más cerca. Así como está, lo mira con ilusión, con ganas, con esperanza…
Nota del periodista Sergio Maffei para Ole

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ARGENTINA ENFRENTA A URUGUAY EN EL MONUMENTAL

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El seleccionado argentino de fútbol, que lleva 23 partidos invicto, recibirá este domingo a Uruguay, en el partido postergado de la quinta fecha de Eliminatorias Sudamericanas hacia el Mundial de Qatar 2022.

El encuentro comenzará a las 20.30 en el estadio Monumental, que contará con el 50 por ciento de aforo, y arbitraje del chileno Roberto Tobar.

Argentina llega al clásico del Río de la Plata con 19 puntos, único escolta de Brasil (27), y con un invicto de 23 juegos, entre clasificatorios, amistosos y Copa América.

El panorama del lado de Uruguay es otro, ya que si bien se posiciona en el cuarto lugar, dentro de los clasificados a Qatar, tiene 16 unidades y le restan cinco fuera de Montevideo sobre ocho echas.

Para este choque, el DT Lionel Scaloni maneja la opción de sacar a Joaquín Correa del ataque y colocar a Lautaro Martínez, que no estuvo con Paraguay por una molestia muscular y lo esperará hasta último momento.

El delantero del Inter de Milán, hombre clave en el ataque del equipo -un grito cada 146 minutos en 27 partidos-, y se notó sobre todo en el último toque dentro del área, más allá de las buenas apariciones de Correa, compañero también en el club italiano.

Por otro lado, Marcos Acuña, que llegó desde Sevilla con una dolencia y pidió probar contra Paraguay, posiblemente se ausente contra Uruguay, más allá del deseo concreto de ocupar la banda izquierda de la defensa.

Por el lado de Uruguay, las bajas confirmadas son Rodrigo Bentancur -límite de amarillas- y los lesionados José María Giménez y Giorgian De Arrascaeta, lo que obligará a Óscar Washington Tabárez a rearmar su mediocampo y a buscar un referente para la defensa.

Argentina: Emiliano Martínez; Gonzalo Montiel, Cristian Romero, Nicolás Otamendi y Nicolás Tagliafico; Rodrigo de Paul, Guido Rodríguez o Leandro Paredes y Giovani Lo Celso; Lionel Messi, Lautaro Martínez y Ángel Di María. DT: Lionel Scaloni.

Uruguay: Fernando Muslera, Nahitan Nández, Diego Godín, Ronald Araújo o Sebastián Coates y Matías Viña, Matías Vecino, Federico Valverde, Lucas Torreira y Nicolás De La Cruz; Luis Suárez y Edison Cavani o Darwin Núñez DT: Washington Tabárez.

Hora: 20.30.

Árbitro: Roberto Tobar (Chile).

Estadio: Monumental (36.000 habilitados).

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“DIBU MARTINEZ” CANDIDATO A MEJOR ARQUERO DEL MUNDO

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El marplatense Emiliano Martínez es uno de los nominados al premio Lev Yashin, el balón de oro de los arqueros, que desde hace un par de años se sumó al premio mayor -por el que peleará Messi- que otorga la prestigiosa revista francesa France Football. Dibu, figura de la Selección Argentina y del Aston Villa, competirá con otros nueve colegas por el galardón.

Clave durante la Copa América que ganó Argentina, importante para bancar el cero en el arco en la visita a Paraguay por Eliminatorias, a Martínez le llega este gran reconocimiento en el punto más alto de su carrera. A sus grandes condiciones como arquero, “Dibu” le suma una tremenda personalidad que le permite agrandarse en los momentos más calientes, como la definición por penales frente a Colombia.

No la tendrá nada fácil Dibu, ya que sus competidores también tienen un gran nivel y pergaminos. Los otros nominados son: Gianluigi Donnarumma (campeón de la Euro con Italia), Ederson (Brasil), Kasper Schmeichel (Dinamarca), Edouard Mendy (senegalés, ganó la Champions con Chelsea), Thibaut Courtois (Bélgica), Keylor Navas (Costa Rica), Manuel Neuer (Alemania) y los eslovenos Jan Oblak y Samir Handanovic.

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