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Opinión

Teletrabajo. Las empresas creen que la ley implica el fin de la modalidad

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Apesar de los reclamos del sector privado, el Senado aprobó hoy la Ley de Teletrabajo. Las cámaras empresarias argumentan que será el fin de un régimen que, a su juicio, hasta el momento viene funcionando bien y que hay condiciones que harían “inviable” la opción de contratar a un teletrabajador.
Las cámaras empresarias argumentan que podría ser el fin de un régimen que, a su juicio, hasta el momento viene funcionando bien Crédito: Shutterstock
El proyecto crispó los ánimos del sector privado, que fue invitado al debate, pero tarde. A mediados de este mes, hubo reunión de la Comisión de Trabajo del Senado en donde se escuchó a algunas entidades, como la Unión Industrial Argentina (UIA).

“Es una verdadera lástima que, a pesar de que se logró visibilizar el tema y de que desde varias entidades hicimos un aporte para genera una mejor ley para todos, salió esta ley que no se entiende a quién quiere beneficiar”, apunta Brenda Puig, líder de la Red de Abogados de Empresa de IDEA.

Para la abogada, a pesar de que la Comisión de Trabajo del Senado convocó a algunas entidades, no hubo una verdadera escucha de los reclamos que había. Añade que cada sector va a seguir trabajando para bajarlo a sus realidades y que espera que la reglamentación “atempere” algunas consecuencias de la norma aprobada hoy.

“Es una ley que no reconoce cuál es la realidad del teletrabajo”, suma Luis Galeazzi, CEO de Argencon, la cámara que nuclea a las empresas que trabajan en la economía del conocimiento. En las compañías de la institución que dirige”más del 90% de las funciones se realizan en modo teletrabajo” y asegura que nunca hubo conflictos laborales. “Al contrario, los trabajadores demandan más tiempo en modo home office”, agrega. A su juicio, eta norma será una “fuente de litigios laborales” y “no ayuda en nada”, especialmente “en un momento en el que es necesario crear más trabajo”.

Edith Pecci, emprendedora del sector de servicios y miembro del Comité de IDEA Pyme, resume sus conclusiones luego de aprobada la ley en una sola frase: “Chau al teletrabajo”. Añade: “Todavía esperamos que, considerando que existe la posibilidad en la reglamentación, se hagan algunos cambios que ayuden”.

Los puntos más polémicos de la ley

En diálogo con LA NACION, representantes de cámaras de distintas industrias hicieron referencia a los puntos que juzgan más polémicos sobre la ley. Tal como está planteada hoy, la norma, que empezaría a regir 90 días después de que finalice el aislamiento social preventivo y obligatorio, establece algunos criterios marco como el derecho a la desconexión digital del empleado, la provisión de elementos de trabajo y la reversibilidad, es decir, la condición que permite al teletrabajador pasar a ser un empleado presencial en cualquier momento de la relación.

Ese último punto es el que más preocupa a los empleadores, hoy más enfocados en achicar metros cuadrados, inversiones en infraestructura y costos fijos que en agrandarlos. En caso de que el teletrabajador quiera pasar a modalidad presencial, “el empleador le deberá otorgar tareas en el establecimiento en el cual las hubiera prestado anteriormente, o en su defecto, en el más cercano al domicilio del dependiente, en el cual puedan ser prestadas”. En caso de que eso no suceda, la norma indica que el empleado podría considerarse despedido.

"Las empresas no quieren tener una cantidad de escritorios vacíos preparados para esta situación, nadie quiere tener un costo hundido"
“Las empresas no quieren tener una cantidad de escritorios vacíos preparados para esta situación, nadie quiere tener un costo hundido” Fuente: LA NACION

“Las empresas no quieren tener una cantidad de escritorios vacíos preparados para esta situación, nadie quiere tener un costo hundido”, señala Puig. “Esto da un nivel de contingencia terrible y mata lo que ya andaba bien”, añade. La abogada explica que, tal como está redactada hoy la ley, se entiende que la reversibilidad aplicaría solo a las personas que hoy están trabajando en formato presencial y pasan al formato a distancia, pero que desean volver a su antigua condición. Los colaboradores que luego se contraten en formato teletrabajador no podrían hacer uso de este derecho.

En ese sentido, Pecci explicó que se generaría una diferencia entre la fuerza laboral actual de las empresas y la potencial. Como el costo de tener espacios “por las dudas” para las pequeñas y medianas compañías es muy alto, elegirían no armar esquemas mixtos de trabajo a distancia y presencial entre sus actuales empleados.

En el mismo sentido, Galeazzi detalla que entre las empresas de servicios hay trabajo que se realiza por proyectos y en distintos puntos del país. “Un trabajador podría hacer uso de su derecho a la reversibilidad y podría pedir volver de cualquier lugar lejano; esto va en contra de la experiencia que tenemos: es una ley que, aun con buenas intenciones, comete errores en las apreciaciones”, dice.

Los consultados por LA NACION abogan por una "bilateralidad" en la discusión de la reversibilidad
Los consultados por LA NACION abogan por una “bilateralidad” en la discusión de la reversibilidad Crédito: Shutterstock

Los consultados por LA NACION abogan por una “bilateralidad” de la reversibilidad: es decir, que no pueda ser una decisión solamente del empleado, sino que haya una instancia de negociación en la que el trabajador pueda adaptarse al pedido, y eventualmente rechazarlo si no hay condiciones de infraestructura suficientes, por ejemplo.

Otro punto que cuestionan los empresarios tiene que ver con la provisión de herramientas de trabajo para el empleado. En ese sentido, la ley plantea que el empleador debe proporcionar “el equipamiento -hardware y software-, las herramientas de trabajo y el soporte necesario para el desempeño de las tareas y asumir los costos de instalación, mantenimiento y reparación”, o la “compensación por la utilización de herramientas propias de la persona que trabaja”.

La ley también establece que la persona que está empleada bajo la modalidad del teletrabajo tendrá “derecho a la compensación por los mayores gastos en conectividad y/o consumo de servicios que deba afrontar”.

Tal como está redactado, Esteban Carcavallo, socio de Bomchil Abogados, entiende que las herramientas que se brinden para teletrabajar pasarían a considerarse parte del salario de los empleados porque no aclara que sean no remunerativas. Es decir, de esta manera serían un costo más, porque quedarían incluidas en el cálculo del aguinaldo y en una eventual indemnización por despido, por ejemplo.

El abogado interpreta que la definición de teletrabajo que plantea la ley hace que estos derechos sean generales para todas las personas sin importar cuántas horas teletrabajan, es decir, “para el que lo hace en modalidad remota toda la semana y el que tiene el beneficio un día al mes por decisión corporativa”, lo que complicaría todavía más la posibilidad de planear una buena política de trabajo a distancia para las firmas.

El derecho a la desconexión digital es otro de los puntos en los que hay grises en el debate del sector privado
El derecho a la desconexión digital es otro de los puntos en los que hay grises en el debate del sector privado Fuente: AP – Crédito: Dan Pelle

El derecho a la desconexión digital es otro de los puntos en los que hay grises en el debate del sector privado. En condiciones extraordinarias, en las que el teletrabajo no se eligió sino que se impuso por causas de fuerza mayor, casi un 40% de las personas que está realizando sus tareas en esta modalidad durante la cuarentena admite que está trabajando más horas que antes, según una encuesta de Quiddity, la división de investigación de mercado, opinión pública y big data del grupo Untold. Pero la norma no regulará para tiempos de aislamiento, sino para lo que viene después.

El comentario generalizado es que debería haber cierta flexibilidad a la hora de plantear el derecho a la desconexión, o al menos cierta libertad para manejarlo en sectores donde hay emergencias fuera del horario de 9 a 18.

Para Cessi, la cámara de empresas del software, por ejemplo, el derecho a la desconexión no sería un inconveniente, admite su presidente, Sergio Candelo, aunque admite que la rigidez a la hora de aplicarlo va en contra de la dinámica diaria en el trabajo del sector, en la que se puede dar, por ejemplo, que un colaborador esté en un momento de esparcimiento, “desconectado” parcialmente, durante su horario laboral.

Para el sector del software en particular, que está acostumbrado a trabajar en este esquema, la norma hará que talento altamente calificado elija trabajar para clientes extranjeros en modalidad “freelance” ante la dificultad de que una empresa argentina decida contratarlo en modalidad de teletrabajo por las contingencias que eso pasaría a significar si se aprueba la ley.

Por otro lado, los consultados también se refirieron al artículo que refiere a las tareas de cuidado. Las personas que trabajen bajo esta modalidad y que acrediten tener a su cargo, de manera única o compartida, el cuidado de personas menores de 13 años, personas con discapacidad o adultas mayores que convivan con la persona trabajadora y que requieran asistencia específica, “tendrán derecho a horarios compatibles con las tareas de cuidado a su cargo y/o a interrumpir la jornada”, dice la norma.

Por otro lado, los consultados también pusieron en duda el artículo que refiere a las tareas de cuidado
Por otro lado, los consultados también pusieron en duda el artículo que refiere a las tareas de cuidado Crédito: Shutterstock

Para Puig, por un lado este punto es injusto para quienes realizan tareas de forma presencial, pero también implicaría una traba para el desarrollo profesional de las mujeres, hoy mayoritariamente a cargo de las tareas de cuidado. El argumento de los empresarios es que eso llevaría a que se privilegie contratar a hombres para teletrabajar. Sin embargo, en la norma no está indicado que haya diferencias de género ni que haya obligatoriedad de hacer uso de este derecho por parte del empleado.

Finalmente, los líderes de las cámaras empresariales también se refirieron a lo que ellos consideran dos “errores” en la génesis del proyecto. Por un lado, consideran que se está legislando en un período extraordinario, en el que el teletrabajo adquiere algunas características que habitualmente no tiene, ya que en la normalidad prepandemia nadie estaba “confinado” en su hogar como hoy, para algo que entrará en vigencia cuando se vuelva a la normalidad (más específicamente, 90 días después de que termine el ASPO). “Teletrabajo no es igual a teletrabajar en pandemia”, dice Puig.

Por el otro, aseguran que se sienten excluidos del debate, cuando en realidad son ellos mismos los que deben implementar la norma luego en sus espacios de trabajo. Claudio Cesario, presidente de la Asociación de Bancos de la Argentina (ABA), afirma que el Congreso está a punto de hacer “fracasar” a la herramienta del teletrabajo. “Entendemos que los senadores tienen la obligación y el deber, antes de sancionar esta ley, de escuchar a todos los sectores que van a conformar el teletrabajo: empleadores, entre ellos empresas grandes y pymes, y trabajadores”, sostiene.

FUENTE LA NACION

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Opinión

PREGUNTAS COMPLICADAS PARA EL FRENTE DE TODOS

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El Gobierno ya está en pleno tiempo de descuento hacia noviembre, y sólo varían algunas interpretaciones sobre qué cabe esperar en los minutos que restan. Para después hay otra historia.

Las metáforas futboleras son lo que, por lejos, más se escucha en estos días y en todas partes: en los despachos oficiales, en los corrillos de la oposición, en la dirigencia, en la militancia de la calle o de los teclados, entre los periodistas y analistas de un palo y otro.

Y está bien. El fútbol es una que sabemos todos porque en sus frases y retratos nos entendemos al toque, acerca de lo que sea y con la política poco menos que a la cabeza.

A éste lo pusieron para llevarse las marcas; éste es de madera, pero por lo menos la rechaza; estamos colgados del travesaño; la defensa no para a nadie; llenémoslos de centros que alguna va a entrar; hay que pararse de contragolpe; el arquero de ellos es flojo por arriba, y el nuestro un colador por abajo; ¿no se da cuenta el técnico?, y sigue un sinfín. Haga cada quien su juego alegórico y póngale nombre político propio, adaptado a las circunstancias. No falla, o aunque sea es didácticamente divertido.

Hay coincidencia absoluta respecto de que dar vuelta el resultado es imposible. Y en que sacar el empate es improbable.

En cambio, en el Gobierno creen, por certeza u obligación, que se puede achicar la diferencia.

Y en la oposición, como saben que eso sí es probable, desempolvaron curarse en salud con típicas y ridículas prevenciones de fraude.

Pero es obvio que sienten el envión del ganador, calculan agrandar la distancia y el oficialismo también sabe que esa eventualidad es factible.

A partir de acá, dividamos el análisis en dos. Que se concuerde o disienta no modifica la necesidad de hacerlo, y ambos tramos ofrecen incertidumbres.

Sin embargo, no son dudas iguales.

Los interrogantes inmediatos son justamente eso. De cortísimo plazo. De resultadismo puro.

El tiempo de descuento no pronostica milagros, ¿pero sí da para que, entre algunas medidas específicas y la reactivación post-pandémica, cierta base que el Frente de Todos desanimó vuelva a las urnas?

¿O el disgusto ya se extendió demasiado y la reacción que demuestre el Gobierno será considerada electoralista, o tardía, o insuficiente?

¿El choque abierto entre el Presidente y CFK terminó de disgustar y bajonear a votantes potenciales del oficialismo?

¿O acaso sirvió para acabar sincerando algunas cosas y sería un elemento de motivación en su núcleo duro?

En el minoritario mundo politizado –que en Argentina significa apasionada y casi monocordemente politizado– se vive de enroscarse con aspectos que a la mayoría de “la gente” le interesa cero.

Las figuras y productos periodísticos de un sector y otro se hablan a sí mismos, sin pretensiones de llegar ni un poco más allá (¿por qué tendrían que hacerlo?, preguntarán con su cinismo interminable quienes juegan al candor de la prensa libre y el periodismo independiente).

Eso no quiere decir, en modo alguno, que no deba prestarse atención a indicadores de lo significativo.

Si Juan Manzur es viscosidad pura porque hasta ayer nomás quiso jubilar a Cristina, y por sus líneas directas con La(s) Embajada(s) y aledaños (así se dice de él, y/o él agranda); si las sacudidas en la Corte esconden esto o aquello; si Aníbal Fernández, incluso antes que su cargo en Seguridad, es por fin el vocero que nunca hubo; si a Kicillof le “intervinieron” el conurbano con los intendentes, porque hacía falta más trabajo o transa territorial; si la mesa judicial del macrismo vuelve a autopercibirse estimulada; si las desconfianzas personales subsistentes al nuevo Gabinete serán superadas o son incorregibles; si la reinvención de apoyarse en los gobernadores merece crédito o escepticismo, y si al cabo esto es un cuerpo ministerial para salir del paso o un signo de que se mantendrá la unidad a toda costa, es muy interesante para mesas, sobremesas, foros y tenidas comunicacionales de quienes creen que la tienen… más clara.

Pero el ánimo popular pasa por otro lado y en noviembre dirá si rectifica parcialmente, o ratifica, o amplía, el golpazo que le pegó al Gobierno a menos de dos años de haber privilegiado sacarse de encima a Macri.

Y ahí viene la segunda parte, que no cambia en ninguna de las tres hipótesis (ni siquiera en la de que el FdT se recuperará un poquito, o un poco estimable como bastante).

¿Por qué?

Porque ninguna altera que se necesitará un liderazgo político muy firme, para decidir cómo habrá de jugarse la final hacia 2023. Y mucho más si el resultado del partido intermedio –que no es un amistoso, porque en la política argentina casi nada lo es– repite o ensancha al de las primarias.

¿Hay probabilidades de que ese liderazgo se concentre en una figura?

No. O no parece.

Quitemos los gustos personales. El ejemplo más grande y seguramente único es que sólo Cristina –por capacidad, por carisma, por antecedentes, por convicción ideológica– sería capaz de encabezar un proceso semejante.

El problema es que sigue sin alcanzar con ella sola, como ya ocurrió hace dos años y como ella reconoció. Guste o no guste.

La movida de CFK en 2019 tuvo la creatividad y potencia, notables, de asumir lo que se requería para conseguir votos.

Y dejó para después, para cuando surgiera, la incógnita de qué sucedería con una jefatura o administración bicéfala del peronismo (bicéfala o algo más, al sumarse las gobernaciones resbalosas de provincias clave, los movimientos sociales, las tribus internas, la relación con los sindicatos, etcétera).

Eso que quedó debajo de la alfombra, a sabiendas de todos, fue dando muestras paulatinas de que en algún momento saldría completamente a la superficie. Y salió, también de momento, poniéndole freno a daños que podían –pueden– ser irreversibles.

La cuestión es que nada modifica que en el Frente de Todos se necesitan precisamente todos; que ninguno de sus integrantes está en condiciones de dejar de tragar sapos –que en la oposición no comen, porque no tienen problemas digestivos– y que el riesgo es el retorno de lo que se había ido en apariencia, excepto creer o sentir que este Gobierno es igual a una derecha desbocada.

Según las PASO, mucha gente sí ya cree o siente que da lo mismo porque, a juicio personal y repetitivo, es eso y no un entusiasmo sensato o irrefrenable con cambiemitas, ni con opciones radicalizadas a derecha e izquierda.

El resultado de noviembre no variará eso; el Gobierno deberá seguir gobernando y, si es improbable que pueda hacerlo bajo el mando férreo de una figura, las que tiene deberán ponerse de acuerdo en proponer un rumbo mucho más claro.

En otras palabras: un liderazgo conceptual que trace cuál modelo de recuperación y desarrollo está dispuesto a afrontar, en los marcos capitalistas, sin ser una fotocopia de lo peor ni una variante poética.

¿Con qué actores empresariales se sentará a negociar en unos casos y comandar siempre, para extraer renta de dónde? ¿Y con cuáles socios del “campo popular”? ¿Y con cuáles del sindicalismo? ¿Y con qué determinaciones en la reglamentación laboral y en la creación efectiva de fuentes de trabajo? ¿Y escapando hacia adelante y cómo de un Congreso y un poder judicial donde, envalentonados, le trabarán cualquier iniciativa que perjudique intereses mayores?

Son apenas algunas preguntas de respuestas muy complicadas.

Es decir, las únicas que en política valen la pena.

Eduardo Aliverti
Por Eduardo Aliverti
PAGINA 12

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Local

EMERGENCIA EN SEGURIDAD: ULTIMO MANOTAZO DEL FDT LOCAL

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El bloque del Frente de Todos local demuestra no haber recibido el mensaje de la gente e insiste con todos los vicios que terminaron poniéndolo de espaldas a la sociedad.



Cualquier camino lleva al Frente de Todos local a la titánica tarea de conseguir apoyos electorales. Tal vez si cambiara su neurótica intención de trabar al gobierno por una actitud que los marplatenses lograsen percibir como positiva la suerte no le sería tan esquiva.

Pero no…los ediles kirchneristas parecen no entender el duro mensaje que los marplatenses y batanenses les dieron en las urnas.

Tras un largo año de entorpecer la acción de gobierno del intendente Montenegro, en un escenario que más que nunca antes en la historia lugareña hubiese requerido de grandeza y capacidad de acompañamiento, la paliza electoral solo sirvió para agudizar las peleas internas, disparar las posiciones más extremas y pretender que los vecinos de General Pueyrredón no entienden nada y por lo tanto no merecen ser escuchados.

Tan mal anda la seguridad en el país que el presidente de su partido, aunque la mayoría de ellos se niegue a reconocerlo y crean que la política comienza y termina con Cristina Kirchner, debió cambiar a su ministra de Seguridad por un hombre ducho en los teje y manejes de la política, con visiones sesgadas sobre la relación estado-delito y al que sin embargo los progresistas seguidores locales recibieron con un «silenzo stampa» digno del perro que esconde el rabo y mira hacia otro lado a sabiendas de que el jarrón que yace hecho añicos en el piso fue empujado por él mientras jugaba.

Hace apenas una semana todo lo que venía de afuera del distrito como política de seguridad era un ejemplo a seguir. ¿Ahora que todo voló por los aires y está al frente del área Aníbal, el compadrito irredento, todo es lo mismo?.

¿O, como ocurre con las barras de la esquina en los barrios, el haber sumado a Nicolás Lauría y Alejandro Carrancio, los que un día comprendieron que nada era como ellos imaginaban y tomaron el atajo, los empuja a tratar de imponer una mayoría que, quedó en claro, nada tiene que ver con las expectativas y el deseo de la comunidad?

¿En serio creen que la ciudadanía no se da cuenta de nada?…

Empecinados en sacar una ordenanza que declare la emergencia en materia de seguridad -con el único interés de machacar acerca de «la falta de política pública municipal en materia de seguridad”– se niegan a siquiera debatir cambios propuestos por el oficialismo e insisten en poner en boca del secretario del área la afirmación falsa de que es fundamental tener la emergencia, aún cuando el propio Horacio García aclaró hasta el cansancio que su afirmación se refería solo a lo administrativo por la necesidad de acelerar los mecanismos de compra de insumos y bienes necesarios para su tarea.

Ya en su momento LIBRE EXPRESIÓN advirtió sobre estas dos cuestiones: la mala fe del bloque del Frente de Todos y la inexperiencia del funcionario municipal en cuestiones políticas, lo que lo lleva en reiteradas ocasiones a hablar sin medir el uso tergiversado que una oposición que solo sabe entorpecer podía hacer de sus palabras (Ver: Fuegos de artificio que ponen la inseguridad en modo campaña). Aquella distracción semántica en su visita a la comisión en el Concejo se vuelve ahora caballito de batalla de quienes buscan poner contra la pared al gobierno municipal.

Y en este país patas para arriba se da la paradoja de que, en nombre del progresismo kirchnerista tan amigo de largos discursos y parrafadas cuando de hablar sobre derechos humanos y de minorías se trata, dos cultores de la mano dura como Sergio Berni y Aníbal Fernández, uno por definición y profesión y el otro por sus innegables contactos con el lumpen del delito, lo que lo lleva a manejar una red de informantes y marginales a los que a cambio de prebendas y concesiones se les permite vivir en los límites de la marginalidad legal, conducen las políticas de seguridad de las jurisdicciones de ese signo mientras en General Pueyrredón lo hace un técnico desapasionado, amigo del diálogo y las estadísticas.

El uso de una cuestión tan delicada en beneficio de posiciones electorales demuestra la falta de empatía con la sociedad. Quien así actúa solo busca el poder como objetivo final de todos sus actos.

Y la gente siempre se da cuenta. ¿O no fue suficiente con el aviso del 12 de setiembre?.

A veces los que se creen más vivos no dan abasto con su gilada…


Nota del periodista Adrian Freijo para Libre Expresion


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UNA ERA DE LOCURA TOTAL: LAS REPERCUSIONES DE LAS PASO

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A la derrota brutal sufrida en las PASO por el Frente de Todos en todo el país, se le sumó la blitz de la vice presidenta Cristina Fernández viuda de Kirchner con una carta incendiaria que volteó a medio gobierno.

Esta semana se expuso como nunca la brutalidad de los actores de las tribus justicialistas, un remedo de ideologías en contraste que unen en un mismo cartabón a los conservadores populistas de las provincias, que son en la práctica los herederos del conservadurismo responsable del “fraude patriótico” de la “década infame” del ’30, con izquierdistas urbanos preocupados por el patriarcado, la libertad de consumo de drogas, o la legalización del aborto.

Quien condensa estas carnestolendas es Cristina Fernández. Tan enojada está la vice presidenta, que eliminó de su cuenta de Twitter su apellido paterno, y dejó sólo el «Kirchner». La carta de quien se siente la dueña del poder a su «presidente designado», es tremenda. Le exige que respete su determinación de ungirlo al cargo de presidente de la nación argentina y que actúe según sus deseos. Luego de amagar con ser él mismo y darle carnadura a la investidura presidencial, Alberto Fernández se allano por completo a sus demandas.

Las exigencias de Cristina son la consecuencia de lo inexorable de los hechos: Alberto Fernández no es un líder. Es un peón en un juego, y en ese juego, él, está en default. No pudo articular la caída de los juicios que pesan sobre Cristina y la conectan al latrocinio perpetrado entre 2002 y 2015 en el que millones fueron robados del erario público. La ciada electoral asumida por el resultado de las PASO es tan grande, que el animal político de olfato más sensible, “la justicia”, ya inició la movida para proceder en causas que están inmovilizadas desde 2019.

En un fallo del viernes 17 de Septiembre, los jueces Farah y Llorens le ordenaron al juez de primera instancia Sebastián Casanello que reviera la situación procesal de Cristina Fernández en la causa conocida como «La ruta del dinero K». Es la primera definición y, de cara a noviembre, ese avispero judicial se va a tornar cada vez más intenso.

En tanto, las definiciones del presidente en el armado del nuevo gabinete con Juan Manzur y Aníbal Fernández sólo aportan mayor negatividad a un gobierno que, con dos años aún por delante, está liquidado políticamente.

A como dé lugar, el fin de esta etapa marca, claramente, el fin de una era. Se terminó el mito de la invencibilidad del PJ unido y la idea peregrina contra todo dato cierto de que, sin el peronismo, no se puede gobernar. Un párrafo para la enorme derrota del gobernador Axel Kicillof: liquidó todo su capital político en sus discursos diletantes y sus torpezas ideológicas.

Sin embargo, la madre de todas las batallas no es en Buenos Aires. Es en las seis provincias que renuevan sus bancas al Senado. Por primera vez desde 1983, el PJ perdería el control de la cámara alta. Esa es la madre de todas las batallas. Fuente: Noticias y Protagonistas

 

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