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Opinión

Una nueva manipulación mediática de Cristina

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Juan Bautista Mahiques, jefe de los fiscales de la Capital, es hijo de Carlos Mahiques, juez de la Cámara de Casación Penal Federal, y hermano de Ignacio Mahiques, fiscal del fuero penal federal. Cristina Kirchner le dedicó un tuit a Juan Bautista, en el que lo señaló como el funcionario del gobierno de Mauricio Macri que había presionado a la jueza Ana María Figueroa, que integra la Cámara de Casación Federal, para que reabriera la causa por la firma del acuerdo con Irán, iniciada por el fiscal asesinado Alberto Nisman. 
Figueroa denunció que en 2015 la presionaron en nombre del gobierno de Macri por el memorándum con el régimen de Teherán. Juan Bautista fue representante del Poder Ejecutivo en el Consejo de la Magistratura durante casi toda la gestión de Macri. Un mes antes de que este terminara su mandato, Mahiques hijo renunció a ese cargo para asumir como jefe de los fiscales en la Capital. El actual procurador capitalino aseguró que nunca habló, ni siquiera socialmente, con la jueza Figueroa.
El aspecto sorprendente del caso es que la propia jueza Figueroa, que siempre simpatizó con el cristinismo, confirmó luego que ella nunca nombró a Juan Bautista Mahiques. Y tiene razón. Nunca lo hizo. Un periodista de la radio AM750, emisora que tiene inocultables simpatías con el kirchnerismo, le deslizó si se estaba refiriendo a Juan Bautista. La jueza no contestó y siguió contando sus presuntos recuerdos.

Es necesario hacer un paréntesis sobre la actitud de Figueroa. El supuesto apriete que ella denuncia ahora habría sucedido en 2015; es decir, en los 20 días de ese año en que Macri fue presidente. Macri asumió el 10 de diciembre de 2015. Una jueza que se precie de tal hubiera hecho una denuncia inmediata de semejante presión indebida. Una denuncia judicial y hasta mediática.

Una jueza de una instancia inferior a la de ella, Sabrina Namer, del Tribunal Oral Federal Nº 8, recibió hace poco una llamada de la Secretaría de Derechos Humanos, que lidera el cristinista Horacio Pietragalla, para recordarle que ellos habían pedido la prisión domiciliaria de Luís D’Elía. La jueza Namer libró un oficio a la secretaría de Pietragalla en el que denunció que recibió una “llamada inapropiada”, lo que significa un apriete en la jerga judicial. Namer dejó sentado en el expediente de D’Elía el apriete del funcionario que envió Pietragalla, que fue Mariano Przybyski, director nacional de Políticas contra la Violencia Institucional. Esa dirección depende de Pietragalla.

¿Por qué Figueroa no tuvo en su momento la valentía de la jueza Namer? ¿Por qué si calló entonces le parece oportuno hablar ahora, cuando han vuelto muchos de sus amigos políticos? “Ella combina a veces fanatismo y resentimiento”, resumió otro juez de la Cámara de Casación que conoce a Figueroa.

El núcleo del problema consiste, de todos modos, en que Cristina Kirchner puso en boca de Figueroa lo que Figueroa no dijo. Peor: puso en su boca un nombre que Figueroa no nombró. Cabe hacer una pregunta: ¿por qué la vicepresidenta se ocupa personalmente de escrachar a Juan Bautista Mahiques, cuyo cargo actual no podría afectarla a ella, ya que tiene jurisdicción sobre la Justicia ordinaria de la Capital? El primer objetivo no es Juan Bautista, sino su hermano Ignacio, el fiscal del fuero penal federal. Ignacio Mahiques escribió, junto con su colega Gerardo Pollicita, el dictamen más duro y preciso que se haya escrito sobre la arbitrariedad para licitar las concesiones de las obras públicas en tiempos de los dos presidentes Kirchner. El beneficiario fue Lázaro Báez. Ese dictamen fue el argumento principal del juez Julián Ercolini para procesar a Cristina Kirchner por asociación ilícita junto con Julio De Vido, José López (el exfuncionario que revoleó bolsos con dólares en un convento de General Rodríguez) y el propio Báez.

Ignacio Mahiques integró el año pasado una terna para cubrir el cargo de juez federal de Mercedes. La comisión de acuerdos del Senado le dio el correspondiente acuerdo, pero el cuerpo, por presión del peronismo, nunca llegó a tratar esa terna. El nuevo gobierno retiró todos los pliegos de futuros jueces que estaban a consideración del Senado. Es muy probable que Ignacio Mahiques no alcance el cargo de juez federal en los próximos años, a pesar de que hace seis meses recibió el premio internacional Gusi Peace Prize International por su desempeño como fiscal.

De paso, Cristina Kirchner crea hechos inexistentes para usarlos como defensa en la causa por el memorándum con Irán, como lo señaló ayer en LA NACION el periodista Hernán Cappiello. El fallecido juez Claudio Bonadio la procesó por traición a la patria en ese expediente, que finalmente la Cámara de Casación, con el voto en contra de Figueroa, reabrió.

El exjefe de los servicios de inteligencia Oscar Parrilli, también procesado en esa causa, adelantó tales recusaciones en declaraciones públicas. Más aún: señaló su certeza de que los dos jueces de Casación (la tercera es Figueroa) que resolvieron reabrir la causa, Gustavo Hornos y Mariano Borinsky, también habían sido presionados por el gobierno de Macri. ¿También por Juan Bautista Mahiques? La jueza Figueroa dejó sin muchos argumentos reales y tangibles a Cristina y a Parrilli, aunque les hizo un favor impreciso e incomprobable.

La aclaración de Figueroa fue una mala noticia para el cristinismo, que se sumó ayer a la decisión de la Suprema Corte de Justicia de la provincia de Buenos Aires que suspendió el fallo del juez Víctor Violini, que excarceló a muchos presos por la pandemia del Covid-19. Unos 2200 presos fueron liberados o enviados a prisión domiciliaria en la provincia de Buenos Aires. Es posible que en los próximos días la Corte ordene que muchos de ellos regresen a la cárcel. El máximo tribunal provincial expuso muchos argumentos jurídicos razonables, pero también señaló la conmoción social que provocaron esas liberaciones o prisiones domiciliarias.

Aunque no lo dijo, la Corte enmendó también a uno de sus miembros, Eduardo de Lázzari, quien el 20 de marzo firmó en su condición de entonces presidente del tribunal una autorización para que un solo juez de un tribunal de Casación (integrado por tres jueces) resolviera sobre libertades y prisiones domiciliarias. Así apareció Violini, que es solo un juez de un tribunal de tres, con fuertes simpatías públicas por el cristinismo. Fue el cristinismo, en su versión política o judicial, la corriente política que dio rienda suelta a la idea de una liberación masiva de presos o al traslado de estos a sus casas para que cumplan la pena de prisión.

El gobernador de la provincia, Axel Kicillof, que nunca militó en la franja que promovió las liberaciones, se manifestó ayer en contra de esa práctica de algunos jueces y le echó la culpa al procurador general (jefe de fiscales y defensores), Julio Conte Grand. El cristinismo viene trabajando para desestabilizar a Conte Grand, que llegó a ese puesto en el gobierno de María Eugenia Vidal. Su designación contó con la consiguiente aprobación parlamentaria que incluyó a la oposición. Kicillof dijo que Conte Grand había elaborado una lista de 1200 presos que podrían cumplir prisión domiciliaria por ser personas de riesgo ante la pandemia. Lo cierto es que de la lista de Conte Grand solo 600 fueron a sus casas, sobre un total de 2200 liberaciones.

Dos conclusiones pueden inferirse. La primera es que existe una manipulación de datos para mejorar la situación judicial de Cristina Kirchner, aunque para eso deba recurrir al escrache de personas que nada tuvieron que ver con nada (caso Mahiques). La otra es que el mismo recurso de deformar la realidad le sirve al cristinismo para desviar la atención de los verdaderos autores de políticas que provocaron un amplio rechazo social (caso Conte Grand). La manipulación de la información y el desprecio por los hechos no son prácticas nuevas ni desconocidas. Forman parte de la panoplia política que ofrece Cristina Kirchner a sus cortesanos.

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Local

EMERGENCIA EN SEGURIDAD: ULTIMO MANOTAZO DEL FDT LOCAL

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El bloque del Frente de Todos local demuestra no haber recibido el mensaje de la gente e insiste con todos los vicios que terminaron poniéndolo de espaldas a la sociedad.



Cualquier camino lleva al Frente de Todos local a la titánica tarea de conseguir apoyos electorales. Tal vez si cambiara su neurótica intención de trabar al gobierno por una actitud que los marplatenses lograsen percibir como positiva la suerte no le sería tan esquiva.

Pero no…los ediles kirchneristas parecen no entender el duro mensaje que los marplatenses y batanenses les dieron en las urnas.

Tras un largo año de entorpecer la acción de gobierno del intendente Montenegro, en un escenario que más que nunca antes en la historia lugareña hubiese requerido de grandeza y capacidad de acompañamiento, la paliza electoral solo sirvió para agudizar las peleas internas, disparar las posiciones más extremas y pretender que los vecinos de General Pueyrredón no entienden nada y por lo tanto no merecen ser escuchados.

Tan mal anda la seguridad en el país que el presidente de su partido, aunque la mayoría de ellos se niegue a reconocerlo y crean que la política comienza y termina con Cristina Kirchner, debió cambiar a su ministra de Seguridad por un hombre ducho en los teje y manejes de la política, con visiones sesgadas sobre la relación estado-delito y al que sin embargo los progresistas seguidores locales recibieron con un «silenzo stampa» digno del perro que esconde el rabo y mira hacia otro lado a sabiendas de que el jarrón que yace hecho añicos en el piso fue empujado por él mientras jugaba.

Hace apenas una semana todo lo que venía de afuera del distrito como política de seguridad era un ejemplo a seguir. ¿Ahora que todo voló por los aires y está al frente del área Aníbal, el compadrito irredento, todo es lo mismo?.

¿O, como ocurre con las barras de la esquina en los barrios, el haber sumado a Nicolás Lauría y Alejandro Carrancio, los que un día comprendieron que nada era como ellos imaginaban y tomaron el atajo, los empuja a tratar de imponer una mayoría que, quedó en claro, nada tiene que ver con las expectativas y el deseo de la comunidad?

¿En serio creen que la ciudadanía no se da cuenta de nada?…

Empecinados en sacar una ordenanza que declare la emergencia en materia de seguridad -con el único interés de machacar acerca de «la falta de política pública municipal en materia de seguridad”– se niegan a siquiera debatir cambios propuestos por el oficialismo e insisten en poner en boca del secretario del área la afirmación falsa de que es fundamental tener la emergencia, aún cuando el propio Horacio García aclaró hasta el cansancio que su afirmación se refería solo a lo administrativo por la necesidad de acelerar los mecanismos de compra de insumos y bienes necesarios para su tarea.

Ya en su momento LIBRE EXPRESIÓN advirtió sobre estas dos cuestiones: la mala fe del bloque del Frente de Todos y la inexperiencia del funcionario municipal en cuestiones políticas, lo que lo lleva en reiteradas ocasiones a hablar sin medir el uso tergiversado que una oposición que solo sabe entorpecer podía hacer de sus palabras (Ver: Fuegos de artificio que ponen la inseguridad en modo campaña). Aquella distracción semántica en su visita a la comisión en el Concejo se vuelve ahora caballito de batalla de quienes buscan poner contra la pared al gobierno municipal.

Y en este país patas para arriba se da la paradoja de que, en nombre del progresismo kirchnerista tan amigo de largos discursos y parrafadas cuando de hablar sobre derechos humanos y de minorías se trata, dos cultores de la mano dura como Sergio Berni y Aníbal Fernández, uno por definición y profesión y el otro por sus innegables contactos con el lumpen del delito, lo que lo lleva a manejar una red de informantes y marginales a los que a cambio de prebendas y concesiones se les permite vivir en los límites de la marginalidad legal, conducen las políticas de seguridad de las jurisdicciones de ese signo mientras en General Pueyrredón lo hace un técnico desapasionado, amigo del diálogo y las estadísticas.

El uso de una cuestión tan delicada en beneficio de posiciones electorales demuestra la falta de empatía con la sociedad. Quien así actúa solo busca el poder como objetivo final de todos sus actos.

Y la gente siempre se da cuenta. ¿O no fue suficiente con el aviso del 12 de setiembre?.

A veces los que se creen más vivos no dan abasto con su gilada…


Nota del periodista Adrian Freijo para Libre Expresion


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Opinión

UNA ERA DE LOCURA TOTAL: LAS REPERCUSIONES DE LAS PASO

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A la derrota brutal sufrida en las PASO por el Frente de Todos en todo el país, se le sumó la blitz de la vice presidenta Cristina Fernández viuda de Kirchner con una carta incendiaria que volteó a medio gobierno.

Esta semana se expuso como nunca la brutalidad de los actores de las tribus justicialistas, un remedo de ideologías en contraste que unen en un mismo cartabón a los conservadores populistas de las provincias, que son en la práctica los herederos del conservadurismo responsable del “fraude patriótico” de la “década infame” del ’30, con izquierdistas urbanos preocupados por el patriarcado, la libertad de consumo de drogas, o la legalización del aborto.

Quien condensa estas carnestolendas es Cristina Fernández. Tan enojada está la vice presidenta, que eliminó de su cuenta de Twitter su apellido paterno, y dejó sólo el «Kirchner». La carta de quien se siente la dueña del poder a su «presidente designado», es tremenda. Le exige que respete su determinación de ungirlo al cargo de presidente de la nación argentina y que actúe según sus deseos. Luego de amagar con ser él mismo y darle carnadura a la investidura presidencial, Alberto Fernández se allano por completo a sus demandas.

Las exigencias de Cristina son la consecuencia de lo inexorable de los hechos: Alberto Fernández no es un líder. Es un peón en un juego, y en ese juego, él, está en default. No pudo articular la caída de los juicios que pesan sobre Cristina y la conectan al latrocinio perpetrado entre 2002 y 2015 en el que millones fueron robados del erario público. La ciada electoral asumida por el resultado de las PASO es tan grande, que el animal político de olfato más sensible, “la justicia”, ya inició la movida para proceder en causas que están inmovilizadas desde 2019.

En un fallo del viernes 17 de Septiembre, los jueces Farah y Llorens le ordenaron al juez de primera instancia Sebastián Casanello que reviera la situación procesal de Cristina Fernández en la causa conocida como «La ruta del dinero K». Es la primera definición y, de cara a noviembre, ese avispero judicial se va a tornar cada vez más intenso.

En tanto, las definiciones del presidente en el armado del nuevo gabinete con Juan Manzur y Aníbal Fernández sólo aportan mayor negatividad a un gobierno que, con dos años aún por delante, está liquidado políticamente.

A como dé lugar, el fin de esta etapa marca, claramente, el fin de una era. Se terminó el mito de la invencibilidad del PJ unido y la idea peregrina contra todo dato cierto de que, sin el peronismo, no se puede gobernar. Un párrafo para la enorme derrota del gobernador Axel Kicillof: liquidó todo su capital político en sus discursos diletantes y sus torpezas ideológicas.

Sin embargo, la madre de todas las batallas no es en Buenos Aires. Es en las seis provincias que renuevan sus bancas al Senado. Por primera vez desde 1983, el PJ perdería el control de la cámara alta. Esa es la madre de todas las batallas. Fuente: Noticias y Protagonistas

 

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Opinión

EL SACUDÓN DE LAS PASO QUE DEJÓ LAS FORMAS DE LADO E IMPACTÓ DE LLENO EN EL GABINETE

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El desaire de las urnas al Gobierno. Los errores de percepción que quedaron al desnudo. Los cambios de protagonistas y de políticas que se vienen. Un debate que jugó al límite para encarrilar las políticas oficiales.

Mucho nervio, mucho enojo o festejo, muchos memes, anochecer de un día agitado diría el ausente John Lennon. El Frente de Todos acusó fuerte el desaire de las urnas, a todo el mundo le salió el DT argentino y hubo los que maldijeron el voto castigo y se multiplicaron los falsos “yo lo dije”, hubo la carta de Cristina Fernández de Kirchner y el malestar del presidente Alberto Fernández y un desenlace con cambios en el gabinete, con un perfil de experiencia en la gestión, como el gobernador de Tucumán, Juan Manzur, o Aníbal Fernández en Seguridad, Daniel Filmus en Ciencia y Técnica y Julián Domínguez en Agricultura. Es difícil saber si tanto ajetreo podrá cambiar el resultado de las PASO, pero sí es seguro que sin reacción, no había cambios.

El Gobierno busca proyectar la idea de mensaje recibido, que seguramente tendrá que completarse con el anuncio de medidas en el plano de la economía. Los cambios no tocaron al equipo económico que deberá diseñar esas medidas. Casi todos los nuevos ministros colaboraron en esas funciones en los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner –al igual que el mismo Alberto Fernández–, aunque la mayoría de ellos no son orgánicos de ninguna de las corrientes más kirchneristas del peronismo.

El mensaje de las urnas en las PASO empezó así a ser traducido en cambios y propuestas. Hubo millones de personas que en 2019 votaron al Frente de Todos y que en las PASO no fueron a votar o eligieron otras boletas. Esa diferencia ominosa implicó un mensaje que fue dimensionado en forma distinta por la vicepresidenta Cristina Fernández y el presidente Alberto Fernández y escaló en una polémica que puso en vilo a todo el oficialismo.

La reacción de ambos demostró que coincidieron en el sentido del mensaje de las urnas, pero no en su urgencia y muchos criticaron las formas como se planteó la polémica.

Se advirtió desde el comienzo el impacto de la pandemia en el plano sanitario y en consecuencia se promovieron acciones especiales, casi épicas, con la creación de miles camas, la construcción de hospitales y con el esfuerzo de los trabajadores de la salud, en cuarentenas y aislamientos, en la provisión de vacunas en el plano mundial contra viento y marea, y en montar un enorme y eficaz operativo de vacunación.

Resulta paradójico que se advirtiera la dimensión en el plano de la salud, pero que no se viera cómo estaba afectando la economía doméstica de la mayoría de los ciudadanos, sumidos muchos de ellos en estado de emergencia. Comerciantes, profesionales y trabajadores vivieron estos meses en una economía de guerra. Y la reactivación que ha comenzado no llega a todos los que fueron afectados, muchos de los cuales ya venían en baja desde el gobierno macrista.

El IFE y las ATP implicaron un enorme esfuerzo financiero y, si bien sirvieron como paliativo, se cortaron antes de que comenzara la reactivación.

La conciencia de la dimensión de la tragedia sanitaria movilizó una campaña de salud extraordinaria, muy superior a una estrategia para situaciones normales y fue bien percibida por la sociedad, a pesar de las dificultades que generó. No hubo esa misma visión para atenuar el impacto destructivo en otros planos de la vida que fueron afectados por la pandemia.

Hubo lecturas sobre el resultado electoral que se tranquilizaban con la excusa de que los votantes del Frente de Todos no habían asistido a los comicios porque no se definía nada en la interna de esa fuerza. Es probable que haya sido una de las causas de esa inasistencia. Pero confiarse en esa sola variable implicaba no ver las otras causas que desmotivaron a los votantes.

El resultado de las PASO puso en evidencia ese error de percepción y lo hizo con cantidades que son inapelables. La magnitud de las cifras de las PASO es una medida de la gravedad de lo que se reclama. Resulta obvio que el impacto de ese resultado tomaría la forma tumultuosa que irritó a muchos. No son situaciones normales. La pandemia disloca lo normal porque genera situaciones drásticas con más de 20 millones de personas por debajo de la línea de pobreza, que requieren soluciones drásticas. En este caso extraordinario por la pandemia, lo que importa no son las formas sino que el Frente de Todos haya tenido la sensibilidad para asumir ese reclamo y buscar respuestas.

El debate sobre las formas es secundario siempre que no se transformen en puja de poder o que desemboquen en ruptura o en el debilitamiento del presidente Alberto Fernández. El debilitamiento del Presidente debilitaría a todos los jugadores de la alianza de gobierno. En ese sentido, todo el mundo puede opinar, pero el que toma las decisiones es el Presidente.

La carta de Cristina es una opinión que puede ser valiosa, pero la decisión definitiva es de Alberto Fernández. Y allí no valen los argumentos de una vicepresidenta distinta porque tiene la mayoría de los votos, porque cada cual recibió de la sociedad una responsabilidad específica y clara.

Presentada la polémica, encontradas las respuestas y aplicadas las medidas correspondientes, la fuerza política tendrá que mostrar a la sociedad que ese debate estaba referido a esas problemáticas y confluir en una gran demostración de unidad. Si la pandemia lo permite, el 17 de octubre sería la oportunidad de hacer esa demostración.

El vocero presidencial Juan Pablo Biondi, que había quedado muy golpeado por la difusión de la fotografía del cumpleaños de la primera dama, Fabiola Yáñez, presentó su renuncia indeclinable. Cristina Kirchner lo acusó en su carta de haber operado en los medios contra ella. La permanencia de Biondi se hizo insostenible.

También fue polémica la decisión de varios funcionarios de la corriente política interna del Frente que se referencia en la vicepresidenta, de poner a disposición del Presidente sus renuncias. Si hubieran sido indeclinables, hubieran puesto al Gobierno frente a una situación de hecho que lo hubiera debilitado en forma irreversible. En cambio, en este caso, la decisión de aceptarlas o rechazarlas estaba en el Presidente, fue una actitud que puede ser polémica pero que expresó con claridad el acatamiento a sus decisiones.

La misma Cristina Kirchner en su carta aclaró que siempre ha sido peronista, además de recordar que ella tuvo un vicepresidente –por el radical Julio Cobos— que le votó en contra y se pasó a la oposición. Y que ella nunca haría tal cosa.

La aclaración implicó un compromiso, podría no haberla incluido y dejar abierta esa posibilidad. Pero al ponerla por escrito en esa carta pública expresó su compromiso con la gestión de Alberto Fernández

El planteo de su carta es que el crecimiento que se va a producir tras la pandemia deberá llegar a todo el mundo y no solamente beneficiar a un sector y señaló que no se pueden postergar las políticas distributivas por las presiones del poder económico. Es un tema propio de la alianza que gobierna y del mismo Alberto Fernández, no se trata de una novedad. La vicepresidenta no lo plantea como tal sino que está haciendo referencia a urgencias y prioridades.

El Gobierno necesitaba reformular la gestión después del revés electoral. Más allá de las formas y los malhumores, el Frente de Todos saldrá fortalecido de un debate que lo proveyó de las herramientas para introducir esos cambios.

 

a encarrilar las políticas oficiales.

Luis Bruschtein
Por Luis Bruschtein
FUENTE : PAGINA 12

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