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US Open: Naomi Osaka, ganó su primer título de Grand Slam

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Naomi Osaka, acaba de ganar su primer título de Grand Slam, nada menos que el Abierto de tenis de Estados Unidos ante la legendaria Serena Williams, pero prefiere taparse el rostro con su gorra. La realidad no es como tantas veces la había soñado. Las sonrisas que regaló a lo largo de la semana y que ya son una de las marcas registradas del circuito de la WTA, cambiaron a una risa nerviosa, que mezclaba nervios con llanto. La ovación que ansiaba recibir había sido tapada por abucheos del público, molesto por el polémico final que provocó Williams, con una discusión interminable con el árbitro portugués Carlos Ramos.

La japonesa sorprendió a Williams en un polémico partido.

La japonesa Naomi Osaka se consagró hoy campeona del Abierto de tenis de Estados Unidos al vencer a la estadounidense Serena Williams por 6-4 y 6-4 en un partido cargado de polémica por un duro cruce entre la ex número uno del mundo y el árbitro portugués Carlos RamoS.

De esta manera, Osaka logró su primer título de Grand Slam con sólo 20 años e impidió que su gran ídola igualara la marca de la australiana Margaret Court, dueña de 24 trofeos grandes. Su ilusión desde siempre era jugar una final del US Open con la campeona de 23 Grand Slam. Lo soñó hace cuatro años, cuando coincidieron en el torneo “Bank of the West Classic”. Aquel día le tomaron las primeras fotografías con la leyenda y compartió una entrevista.

 

Apegada a su madre, fue a la primera persona a la que le dedicó su arribo a la final, pero casi pegada recordó a Williams. “Mamá, lo hice. Te amo y gracias”, gritó la japonesa en la pista, segundos después de ganarle a Madison Keys en las semifinales. De inmediato, la siguió con su ídola: “Serena, te amo”. Y continuó con sus muestras de amor. “Los amo a todos”, cerró con una carcajada en la pista que despertó los aplausos de la multitud el jueves en la pista Arthur Ashe.

Pero no se quedó en eso. “Esto va a sonar un poco mal, pero yo en lo único que estaba pensando es que ‘realmente quiero jugar contra Serena'”, explicó Osaka con una sonrisa cuando la consultaron por cómo había hecho para levantar 13 puntos de break ante Keys. “¿Por qué? Porque es Serena”.

Tal vez por esa idolatría, su dolor era mayor. Aunque un gesto de Serena, al menor, le hizo recuperar la sonrisa. “Me sentía mal porque yo estaba llorando y ella estaba llorando, y acababa de ganar”, explicó la estadounidense. “No estoy segura de que hayan sido lágrimas de felicidad o solo lágrimas de tristeza por el momento. Pensé ‘así no es como me sentí cuando gané mi primer Grand Slam’. Definitivamente no quería que ella se sintiera así”.

“Tal vez fue la madre en mí que dijo: ‘Escucha, acá tenemos que hacer un esfuerzo juntas'”, explicó la jugadora de 36 años.

Pero más alla de la manera, Osaka ya puede presumir de ser la primera japonesa en ganar un Grand Slam. Y con ello, ya no le harán una pregunta que ya no disfruta, de siempre tener que responder sobre su identidad cultural. Ya no deber explicar tantas veces que nació en Osaka, hija de un haitiano y de una japonesa, pero que con tres años se mudó a Nueva York.

En uno de los palcos del estadio, las flamean banderas del pequeño país caribeño. “Como mi padre es haitiano, crecí en un casa haitiana en Nueva York”, contó a lo largo del torneo Osaka, que tiene el color de piel de una haitiana, los ojos de una japonesa y habla el inglés como si se tratara de una estadounidense.

Entiende el japonés, pero prefiere expresarse en inglés. Ese complejo mestizaje la convierte en una jugadora diferente al resto en el circuito femenino. Una atracción en el Tour, porque casos como el suyo no se ven todos los días en el tenis.

“Aunque crecí en una casa haitiana, mi madre es japonesa, así que también me crié en la cultura japonesa. Pero supongo que como he vivido en América, también tengo esa parte”, comentó la jugadora que tiene la doble nacionalidad japonesa-estadounidense.

Desde muy pequeña, Osaka empezó a empuñar y cuando tenía ocho años obligó a su familia a cambiar Nueva York por Florida. Sus padres estructuraron su vida en base al talento de la pequeña tenista y acertaron. Osaka sigue viviendo ahora en el estado del sol y es una de las nuevas perlas del circuito.

La mezcla de las tres culturas la divierte, y rescata las virtudes de cada una de ellas. Osaka se mostró entusiasmada con su alma japonesa. “¿La cultura de Japón? Me gusta todo. Me encanta la comida, todo el mundo es muy simpático”. Pero tampoco escatima en elogios hablando de Haití. “Si conoces a una persona haitiana, te darás cuenta de que son muy positivos. Si tienes un amigo de Haití, hará todo lo que esté en su mano por ti”.

Con el título del US Open, la nipona coronó el mejor momento de su carrera: arrancó la temporada en el puesto 68 del ranking y escaló hasta el 19. Y tras ganar la final en Nueva York, el lunes aparecerá en la séptima posición.

Una de las claves de su explosión fue la incorporación de Aleksandar “Sascha” Bajin a su equipo. El técnico entrenó muchos años con Serena Williams y Caroline Wozniacki. Osaka, según sus propias palabras, es más optimista desde que trabaja con Bajin, que hoy siguió entre lágrimas la gran coronación, más allá del agridulce cierre de su nueva pupila ante su ex dirigida.

FUENTE: MDZ-H.Z.

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LA SCALONETA NO PARA. GOLEADA DE LA SELECCION NACIONAL

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Es imposible de frenar. Messi, su equipo, el entusiasmo, la euforia que estalla en el Monumental. La ovación para Leo, para Dibu Martínez, para De Paul, para Di María, hasta para Scaloni (aplaudido con cantito incluido en pleno partido, sí). Es imposible de frenar esta ola celeste y blanca, ese ritmo, ese empuje, esa precisión en velocidad, esa voracidad. Es imposible de frenar, claro, porque el campeón está así, unido en una misma causa, en un puño apretado gritando por Argentina. La Selección derrocha confianza, optimismo, seguridad, energía, buena salud. Y da placer. Así aplastó a Uruguay 3-0. Y así, dio un paso más, uno enorme, a Qatar 2022.
Si ganó más que un partido es por las condiciones en las que se presentó el juego. Porque ganó (goleó y gustó) ante un rival que armó un cerrojo que parecía imposible de romper. Le ganó a una línea de cinco y a otra de cuatro, tiró una doble pared que buscó quebrarle la paciencia. Le ganó a un adversario que lo hizo sufrir, que puso a prueba a su arquero, cada vez más gigante, con tapadas decisivas . Y le ganó, como si fuera poco, a la presión de la tabla, porque en la previa se habían dado resultados favorables para cortar camino al Mundial. No le pesó.
La Selección se impuso a todo eso. Incluso, a las dudas iniciales de su defensa (luego Romero y Otamendi se afirmaron). Pero hay un aura tan positivo, que no sólo el palo ahora juega a favor (como en la de Suárez). también las asistencias se convierten en goles. En efecto, ese pase de Messi en cachetada para la entrada de Nico González que se le coló a Muslera, cambió el partido, partió a Uruguay, lo hundió. Sin embargo, fue Argentina el que provocó ese derrumbe. Con paciencia, con solvencia, con juego asociado, con decisión. Nunca se apartó de su libreto. Su rival, en cambio, sí se quedó sin él.
Si el gol de Messi fue un mazazo, el de De Paul seis minutos después fue un golpe de nocaut. A partir de ahí, fue todo de Argentina. Pero todo, absolutamente todo. Con un Messi inspirado, picante, imparable. Con un De Paul todoterreno, lugarteniente del capitán, intratable para meter y para jugar. Con un Lo Celso metido, preciso, siempre peligroso. Con un Lautaro Martínez que, sin estar en sintonía, igual selló la goleada. Y con un equipo comprometido, lúcido, en el que los que juegan demuestran por qué juegan y los que entran no desentonan.
El equipo de Scaloni se floreó a tal punto que la gente terminó gritando “ooole” al final del primer tiempo, en el final del partido y en varios pasajes más. Fueron tres, pudieron ser cuatro o cinco (Uruguay le terminó pidiendo clemencia), en el mejor partido de la Selección en las Eliminatorias. Por el rival, por el contexto, por lo que significa, porque en el camino a Qatar hoy le sacó siete puntos a Colombia, el quinto que se clasifica por repechaje (y falta ver los tres de Brasil).


Si ganó más que un partido es por las condiciones en las que se presentó el juego. Porque ganó (goleó y gustó) ante un rival que armó un cerrojo que parecía imposible de romper. Le ganó a una línea de cinco y a otra de cuatro, tiró una doble pared que buscó quebrarle la paciencia. Le ganó a un adversario que lo hizo sufrir, que puso a prueba a su arquero, cada vez más gigante, con tapadas decisivas . Y le ganó, como si fuera poco, a la presión de la tabla, porque en la previa se habían dado resultados favorables para cortar camino al Mundial. No le pesó.


La Selección se impuso a todo eso. Incluso, a las dudas iniciales de su defensa (luego Romero y Otamendi se afirmaron). Pero hay un aura tan positivo, que no sólo el palo ahora juega a favor (como en la de Suárez). también las asistencias se convierten en goles. En efecto, ese pase de Messi en cachetada para la entrada de Nico González que se le coló a Muslera, cambió el partido, partió a Uruguay, lo hundió. Sin embargo, fue Argentina el que provocó ese derrumbe. Con paciencia, con solvencia, con juego asociado, con decisión. Nunca se apartó de su libreto. Su rival, en cambio, sí se quedó sin él.


Si el gol de Messi fue un mazazo, el de De Paul seis minutos después fue un golpe de nocaut. A partir de ahí, fue todo de Argentina. Pero todo, absolutamente todo. Con un Messi inspirado, picante, imparable. Con un De Paul todoterreno, lugarteniente del capitán, intratable para meter y para jugar. Con un Lo Celso metido, preciso, siempre peligroso. Con un Lautaro Martínez que, sin estar en sintonía, igual selló la goleada. Y con un equipo comprometido, lúcido, en el que los que juegan demuestran por qué juegan y los que entran no desentonan.


El equipo de Scaloni se floreó a tal punto que la gente terminó gritando “ooole” al final del primer tiempo, en el final del partido y en varios pasajes más. Fueron tres, pudieron ser cuatro o cinco (Uruguay le terminó pidiendo clemencia), en el mejor partido de la Selección en las Eliminatorias. Por el rival, por el contexto, por lo que significa, porque en el camino a Qatar hoy le sacó siete puntos a Colombia, el quinto que se clasifica por repechaje (y falta ver los tres de Brasil).


“La Scaloneta, la puta que lo parió”, fue el grito que se sumó esta vez al “que de la mano, de Leo Messi…”. Hubo ovaciones para todos. Para los que salieron y para los entraron (porque el DT hasta se dio el lujo de cuidar jugadores antes uno de los rivales más fuertes). Y para cada jugada que tenía olor a gol. Como si todo pasara en Disney y no en el Monumental…

Argentina, en este nivel, no sólo defiende con honores el título de campeón de América. No sólo sigue invicto en 24 partidos. Confirmó que hoy es la mejor selección del continente, aunque la tabla diga lo contrario. Y no sólo mira el Mundial más cerca. Así como está, lo mira con ilusión, con ganas, con esperanza…
Nota del periodista Sergio Maffei para Ole

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ARGENTINA ENFRENTA A URUGUAY EN EL MONUMENTAL

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El seleccionado argentino de fútbol, que lleva 23 partidos invicto, recibirá este domingo a Uruguay, en el partido postergado de la quinta fecha de Eliminatorias Sudamericanas hacia el Mundial de Qatar 2022.

El encuentro comenzará a las 20.30 en el estadio Monumental, que contará con el 50 por ciento de aforo, y arbitraje del chileno Roberto Tobar.

Argentina llega al clásico del Río de la Plata con 19 puntos, único escolta de Brasil (27), y con un invicto de 23 juegos, entre clasificatorios, amistosos y Copa América.

El panorama del lado de Uruguay es otro, ya que si bien se posiciona en el cuarto lugar, dentro de los clasificados a Qatar, tiene 16 unidades y le restan cinco fuera de Montevideo sobre ocho echas.

Para este choque, el DT Lionel Scaloni maneja la opción de sacar a Joaquín Correa del ataque y colocar a Lautaro Martínez, que no estuvo con Paraguay por una molestia muscular y lo esperará hasta último momento.

El delantero del Inter de Milán, hombre clave en el ataque del equipo -un grito cada 146 minutos en 27 partidos-, y se notó sobre todo en el último toque dentro del área, más allá de las buenas apariciones de Correa, compañero también en el club italiano.

Por otro lado, Marcos Acuña, que llegó desde Sevilla con una dolencia y pidió probar contra Paraguay, posiblemente se ausente contra Uruguay, más allá del deseo concreto de ocupar la banda izquierda de la defensa.

Por el lado de Uruguay, las bajas confirmadas son Rodrigo Bentancur -límite de amarillas- y los lesionados José María Giménez y Giorgian De Arrascaeta, lo que obligará a Óscar Washington Tabárez a rearmar su mediocampo y a buscar un referente para la defensa.

Argentina: Emiliano Martínez; Gonzalo Montiel, Cristian Romero, Nicolás Otamendi y Nicolás Tagliafico; Rodrigo de Paul, Guido Rodríguez o Leandro Paredes y Giovani Lo Celso; Lionel Messi, Lautaro Martínez y Ángel Di María. DT: Lionel Scaloni.

Uruguay: Fernando Muslera, Nahitan Nández, Diego Godín, Ronald Araújo o Sebastián Coates y Matías Viña, Matías Vecino, Federico Valverde, Lucas Torreira y Nicolás De La Cruz; Luis Suárez y Edison Cavani o Darwin Núñez DT: Washington Tabárez.

Hora: 20.30.

Árbitro: Roberto Tobar (Chile).

Estadio: Monumental (36.000 habilitados).

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“DIBU MARTINEZ” CANDIDATO A MEJOR ARQUERO DEL MUNDO

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El marplatense Emiliano Martínez es uno de los nominados al premio Lev Yashin, el balón de oro de los arqueros, que desde hace un par de años se sumó al premio mayor -por el que peleará Messi- que otorga la prestigiosa revista francesa France Football. Dibu, figura de la Selección Argentina y del Aston Villa, competirá con otros nueve colegas por el galardón.

Clave durante la Copa América que ganó Argentina, importante para bancar el cero en el arco en la visita a Paraguay por Eliminatorias, a Martínez le llega este gran reconocimiento en el punto más alto de su carrera. A sus grandes condiciones como arquero, “Dibu” le suma una tremenda personalidad que le permite agrandarse en los momentos más calientes, como la definición por penales frente a Colombia.

No la tendrá nada fácil Dibu, ya que sus competidores también tienen un gran nivel y pergaminos. Los otros nominados son: Gianluigi Donnarumma (campeón de la Euro con Italia), Ederson (Brasil), Kasper Schmeichel (Dinamarca), Edouard Mendy (senegalés, ganó la Champions con Chelsea), Thibaut Courtois (Bélgica), Keylor Navas (Costa Rica), Manuel Neuer (Alemania) y los eslovenos Jan Oblak y Samir Handanovic.

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